![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Historia de la Reforma: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3059 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
|
Reforma, gran
revolución religiosa del siglo XVI en la Iglesia cristiana, que terminó con la
supremacía eclesiástica del Papa en el mundo católico y propició la
instauración de las iglesias protestantes. Aunque el movimiento data de
principios del siglo XVI, cuando Martín Lutero desafió la autoridad papal, las
circunstancias que llevaron a esa situación se remontan muy atrás y conjugan
complejos elementos doctrinales, políticos, económicos y culturales.
Condiciones que precedieron a
la Reforma:
A partir de la
revitalización del Sacro Imperio romano por Otón I en el año 962, los papas y
emperadores se vieron involucrados en una continua contienda por la supremacía
terrenal. Este conflicto concluyó, a grandes rasgos, con una victoria para el
papado, pero creó profundos antagonismos entre Roma y el Imperio germánico que
aumentaron durante los siglos XIV y XV debido a un mayor desarrollo del
sentimiento nacionalista alemán. La animosidad provocada por los impuestos
papales y por la sumisión a los delegados eclesiásticos papales se extendió a
otras zonas de Europa. En Inglaterra el principio del movimiento hacia una
independencia absoluta de la jurisdicción papal empezó con la promulgación de
los estatutos de Mortmain en 1279, Provisors en 1351 y Praemunire en 1393 que
redujeron, en gran medida, el poder de la Iglesia en el control del gobierno
civil sobre las tierras, en el nombramiento de cargos eclesiásticos y en el
ejercicio de la autoridad judicial. Se atacó con audacia al propio papado,
arremetiendo contra la venta de indulgencias, las peregrinaciones, la excesiva
veneración a los santos y los bajos niveles morales e intelectuales de los
sacerdotes. Se tradujo la Biblia al inglés y se comenzó a predicar en inglés,
en lugar del latín. La ejecución del reformista religioso Jan Hus por herejía
en 1415 desencadenó de inmediato el estallido de las guerras husitas, que
revelaron una violenta expresión del nacionalismo bohemio. Estas luchas fueron
precursoras de la guerra civil religiosa en Alemania en la época de Lutero. En
Francia, en 1516 un concordato entre el rey y el papa puso a la Iglesia
francesa, de forma sustancial, bajo la autoridad real. Los concordatos firmados
con otras monarquías nacionales también prepararon el camino para la aparición
de iglesias nacionales autónomas.
Ya en el siglo XIII, el papado se había hecho vulnerable a los ataques y reproches de los reformistas debido a la codicia, inmoralidad e ignorancia de muchos de sus miembros. Las extensas posesiones de la Iglesia, libres de cargas, que constituían, según cálculos diversos, entre una quinta y una tercera parte de las tierras de Europa, estimularon la envidia y el resentimiento por parte del campesinado pobre. La llamada cautividad babilónica de los papas en Avignon durante el siglo XIV y el consiguiente Gran cisma provocaron graves daños en la autoridad de la Iglesia. Los miembros de la Iglesia reconocieron la necesidad de una reforma; se debatieron ambiciosos programas que proponían la reorganización de la totalidad jerárquica en el concilio de Constanza, desde 1414 a 1418, pero ningún programa consiguió el apoyo de la mayoría y no se instituyeron cambios radicales en esta época.
El humanismo, que comenzó en el siglo XV
en Italia a principios del renacimiento, desplazó el escolasticismo como
filosofía principal de la Europa occidental y privó a los líderes de la Iglesia
del monopolio sobre el aprendizaje que antes habían ostentado. Eruditos como el
italiano Lorenzo Valla evaluaron de forma crítica las traducciones de la Biblia
y otros documentos que eran la base del dogma y tradición de la Iglesia. La
invención de la imprenta con tipos de metal móviles, incrementó en gran medida
la circulación de los libros y extendió las ideas de renovación espiritual por
toda Europa. Los humanistas que vivían fuera de Italia, como Erasmo de
Rotterdam en los Países Bajos, Tomas Moro en Inglaterra, Johann Reuchlin en
Alemania y Jacques Lefèvre d'Étaples en Francia, aplicaron nuevas normas a la
evaluación de las prácticas de la Iglesia y al desarrollo de un conocimiento
más preciso de las Escrituras. Estos estudios eruditos sentaron las bases sobre
las que el teólogo Martín Lutero y el reformista Calvino reivindicaron que la
única autoridad religiosa posible era el juicio individual aplicado al estudio
de la Biblia.
Alemania y la Reforma
luterana:
La Reforma protestante fue emprendida en Alemania por
Lutero en 1517, al publicar sus 95 Tesis que desafiaban la teoría y la práctica
de las indulgencias papales.
Las autoridades papales ordenaron a Lutero que se retractara
y se sometiera a la autoridad de la Iglesia, pero él replicó con mayor
radicalidad, haciendo un llamamiento a la reforma, atacando el sistema
sacramental y recomendando que la religión se mantuviera en la fe individual
basada en las normas contenidas en la Biblia. Amenazado de excomunión por el
papa, Lutero quemó ante sus seguidores el decreto papal de excomunión. Este
acto de desafío simbolizaba una ruptura definitiva con todo el sistema de la
Iglesia católica. En un intento por frenar la marcha de las revueltas, el
emperador Carlos V y los príncipes alemanes y eclesiásticos se reunieron en
1521 en la Dieta de Worms e instaron a Lutero a retractarse. Éste se negó una
vez más y fue declarado fuera de la ley. Durante casi un año permaneció
escondido, escribiendo panfletos donde exponía sus principios y traduciendo la
Biblia al alemán. Aunque sus obras habían sido prohibidas por edicto imperial,
fueron distribuidas en público y se convirtieron en poderosos instrumentos para
hacer de las grandes ciudades alemanas centros del naciente movimiento
luterano.
El movimiento reformista se extendió vertiginosamente
entre el pueblo, y cuando Lutero abandonó su retiro, fue recibido en su casa en
Wittenberg como un líder revolucionario. Alemania se había dividido por motivaciones
religiosas y económicas. Aquellos que estaban más interesados en preservar el
orden tradicional, como el emperador, algunos príncipes y el alto clero,
apoyaron a la Iglesia católica. El luteranismo estaba apoyado por los príncipes
del norte de Alemania, el bajo clero, los comerciantes y los sectores del
campesinado, quienes aprovecharon la situación como una oportunidad para
obtener una mayor independencia tanto de las esferas religiosas como de las
económicas. La guerra abierta entre las dos facciones estalló en 1524 con el
comienzo de la Guerra de los Campesinos. La guerra era en suma un intento por
parte de éstos de mejorar su mísera situación económica. Lutero desaprobó la
utilización de sus demandas de reforma para justificar una revuelta social y
aunque en un principio procuró buscar una salida pacífica al conflicto, pronto
se volvió contra los campesinos y en un panfleto titulado “Contra las hordas de
campesinos asesinos y ladrones, 1525”, les condenó por recurrir a la violencia;
lo que le hizo ganar el apoyo de numerosos nobles. Los campesinos fueron
derrotados en 1525. En la Dieta de Spira (1526) el Emperador concedió que los
estados reglamentasen a su libre albedrío, y sólo en sus dominios, la cuestión
religiosa. Tres años después, en 1529, la mayoría católica obtuvo la revocación
del acuerdo, lo que hizo que los luteranos elevaran hasta el Emperador su más
enérgica protesta. Desde entonces se les empezó a llamar protestantes,
denominación que posteriormente se extendió a todos los grupos reformistas
opuestos al dirigismo de Roma.
En 1530 el erudito alemán y reformista religioso
Melanchthon concibió un estatuto conciliatorio de los dogmas luteranos,
conocido como la confesión de Augsburgo. Aunque no consiguió reconciliar las
diferencias entre los católicos y los luteranos, se estableció como fundamento
de la nueva Iglesia luterana y su credo. Con posterioridad, se produjeron una
serie de guerras con Francia y los turcos que evitaron que Carlos V dirigiera
sus ejércitos contra los luteranos, pero en 1546 el emperador quedó libre de
compromisos internacionales y aliándose con varios príncipes alemanes declaró
la guerra contra la Liga de Esmalcalda, una asociación defensiva constituida
por los príncipes protestantes. Las fuerzas católicas tuvieron éxito al
principio, derrotando a los protestantes en Mühlberg. No obstante, más tarde,
Carlos V fue obligado a firmar la paz. La guerra civil religiosa terminó con la
Paz de Augsburgo en 1555. Esta declaraba que los gobernadores de los Estados
germánicos podrían elegir entre el catolicismo y el luteranismo como religión
de su territorio, a la que deberían adscribirse todos sus súbditos. El
luteranismo, por entonces la religión de cerca de la mitad de la población
alemana, consiguió al final el reconocimiento oficial y así, el antiguo
concepto de una comunidad cristiana unida en el terreno religioso en Europa
occidental bajo la suprema autoridad del Papa fue desbancado.
Escandinavia:
En los países escandinavos, la Reforma tuvo lugar de
forma pacífica a la vez que el luteranismo se extendía hacia el norte desde
Alemania. Las monarquías de Dinamarca y Suecia apoyaron al movimiento
reformista y rompieron por completo con el papado. En 1536, una asamblea
nacional celebrada en Copenhague abolió la autoridad de los obispos católicos
en toda Dinamarca y en las tierras de Noruega e Islandia. Cristian III, rey de
Dinamarca y Noruega, invitó al reformista alemán Bugenhagen, a que organizara
una Iglesia nacional luterana en Dinamarca siguiendo las premisas de la Confesión
de Augsburgo. En Suecia, los hermanos Petri dirigieron el movimiento para la
adopción del luteranismo como religión estatal, lo que ocurrió en 1529 con el
apoyo de Gustavo I Vasa, rey de Suecia y por la decisión de la Asamblea sueca.
El temprano movimiento reformista suizo, contemporáneo a
la Reforma en Alemania, fue conducido por el pastor suizo Ulrico Zuinglio,
quien se hizo famoso en 1518 por su vigorosa denuncia de la venta de
indulgencias. Zuinglio expresó su oposición a los abusos de la autoridad
eclesiástica mediante sermones, conversaciones en la plaza del mercado y
disputas públicas ante el ayuntamiento de la ciudad. Como hicieron Lutero y
otros reformistas, Zuinglio consideraba la Biblia la única fuente de autoridad
moral y se esforzó por eliminar todo lo que el sistema católico no tuviera
sustento en lo ordenado por las Escrituras. Bajo su liderazgo, en Zürich, desde
1523 a 1525, se quemaron reliquias, se abolieron las procesiones, así como la
adoración a las imágenes y a los santos, se liberó a los sacerdotes y monjes de
sus votos de celibato y la misa fue reemplazada por un servicio eucarístico más
sencillo. Estos cambios, mediante los que la ciudad se rebeló contra la Iglesia
católica, fueron realizados adoptando medidas legales mediante votaciones del
ayuntamiento de Zürich. Otras ciudades suizas, como Basilea y Berna, adoptaron
reformas análogas, pero el campesinado conservador de los cantones de los
bosques se mantuvo fiel al catolicismo. Estallaron dos breves conflictos entre
los cantones protestantes y los católicos en 1529 y en 1531. Se estableció la
paz y a cada cantón se le permitió elegir su religión. El catolicismo
prevaleció en las regiones montañosas del país y el protestantismo en las
grandes ciudades y valles fértiles. Esencialmente, esta misma división persiste
hoy en Suiza.
Ginebra:
En la generación que sucedió a la de Lutero y Zuinglio,
la figura dominante de la Reforma fue Calvino, teólogo protestante francés. En
1536 se estableció en la nueva e independiente República de Ginebra. Calvino
lideró la estricta instauración de las medidas de reforma instituidas tiempo
atrás por el Consejo de la ciudad de Ginebra e insistió en promulgar nuevas
reformas. La organización de la Iglesia de Calvino se inspiraba en modelos
democráticos e incorporó ideas de gobierno representativo. Pastores,
profesores, presbíteros y diáconos fueron elegidos para ocupar puestos
oficiales por los miembros de la congregación. Para reforzar la disciplina de
la moral, Calvino instituyó una rígida inspección de conducta familiar. El
vestido y comportamiento personal de los ciudadanos estaban prescritos hasta el
más mínimo detalle. Para animar a la lectura y comprensión de la Biblia, se
proporcionó a todos los ciudadanos una educación elemental.
La reforma en Francia se inició a principios del siglo
XVI bajo el liderazgo de Lefèvre d'Étaples. Como Lutero, Lefèvre d'Étaples
estudió la Epístola a los Romanos de san Pablo y fundamentó sobre esa lectura
su creencia en la salvación por la sola fe individual; negó también la doctrina
de la transubstanciación. En 1523 tradujo el Nuevo Testamento al francés. Muchos
protestantes influyentes huyeron de Francia y se asentaron en Suiza hasta que
consiguieron reforzarse en número y filosofía gracias a la reforma calvinista
de Ginebra. Más de 120 pastores educados en Ginebra por Calvino regresaron a
Francia antes de 1567 para ganar prosélitos al protestantismo. En 1559, los
delegados de 66 iglesias protestantes en Francia se reunieron en un sínodo
nacional en París para redactar una confesión de fe y una regla disciplinaria
basadas en las puestas en práctica en Ginebra.
De ese modo se organizó la primera Iglesia nacional protestante de Francia. La división del país entre facciones protestantes y católicas llevó a una serie de guerras civiles (1652-1698). Bajo el protestante Enrique IV, rey de Francia, los protestantes triunfaron durante un corto periodo, pero en vista de que más de una novena parte de los franceses seguían siendo católicos, el rey pensó en la necesidad urgente de convertirse al catolicismo y afianzarse en el trono. Sin embargo, protegió a sus seguidores, publicando en 1598 el Edicto de Nantes, que garantizaba a los protestantes mínima autonomía. El edicto fue revocado en 1685 y el protestantismo fue de hecho erradicado del país.
Inglaterra:
La revuelta inglesa contra Roma se diferenciaba de las demás
en dos aspectos. En primer lugar, Inglaterra era una nación, en el sentido
moderno de la palabra, con un Gobierno central fuerte; así pues, en vez de
dividir el país en facciones regionales o partidos y desembocar en una guerra
civil, la revuelta fue nacional, es decir que el rey y el Parlamento se unieron
para transferir a aquél la jurisdicción eclesiástica que el papa había ejercido
con anterioridad. En segundo lugar, mientras que en los países continentales la
campaña para la reforma religiosa entre el pueblo precedió y causó la ruptura
política con el papado, en Inglaterra la escisión política se produjo primero
como resultado de la decisión personal de Enrique VIII al divorciarse de su
primera mujer y el cambio en la doctrina religiosa tuvo lugar posteriormente
durante los reinados de Eduardo VI e Isabel I. Enrique VIII deseaba divorciarse
de su mujer, Catalina. Su matrimonio con Catalina, que se hubiera considerado
ilegal bajo la ley eclesiástica puesto que ella era la viuda del hermano del
rey, había sido permitido únicamente por dispensa papal. Enrique adujo que la
dispensa papal contravenía la ley eclesiástica y que el matrimonio era por lo
tanto nulo. El papa defendió la validez de la dispensa y se negó a anular el
matrimonio, tras lo que Enrique pidió el consejo de reformistas nobles y de las
facultades de las grandes universidades europeas.
Ocho facultades universitarias apoyaron su petición. El
rey aceleró el curso de los acontecimientos al casarse con Ana Bolena en 1533 y
dos meses más tarde obtuvo del arzobispo de Canterbury su divorcio de Catalina.
Enrique fue entonces excomulgado por el papa, pero tomó represalias obteniendo
en 1534 el permiso del Parlamento para aprobar un acta que nombraba al monarca
y a sus sucesores jefes supremos de la Iglesia de Inglaterra, estableciendo así
una Iglesia nacional anglicana independiente. Posteriores legislaciones
cancelaron los ingresos del papa y terminaron con su autoridad política y
religiosa en Inglaterra. Entre 1536 y 1539 los monasterios fueron suprimidos y
sus propiedades requisadas por el Estado. Para prevenir la expansión del
luteranismo obligó al Parlamento a aceptar en 1539 la Acta de los Seis
Artículos que convirtió en herético el hecho de negar los principales dogmas
teológicos del catolicismo medieval. La obediencia al papado siguió
considerándose delito.
Bajo Eduardo VI, las doctrinas y prácticas protestantes
aborrecidas por Enrique VIII fueron introducidas en la Iglesia anglicana. El
Acta de los Seis Artículos fue revocada en 1547 y los reformistas continentales
fueron invitados a predicar en Inglaterra. En 1549 fue publicado un Libro de
Oración Común en inglés y considerado de uso obligatorio para dar unidad al
servicio de la Iglesia anglicana. En 1552 se publicó un segundo Libro de
Oración y se adoptó un nuevo credo de 42 artículos. María I intentó restaurar
el catolicismo como religión estatal y durante su reinado murieron en la
hoguera muchos protestantes. Otros se trasladaron a países continentales, donde
sus opiniones religiosas, a menudo se radicalizaban a través del contacto con
el calvinismo. Se llegó a un acuerdo final bajo Isabel I en 1563. El protestantismo
fue restaurado, y se persiguió a los católicos. Los 42 artículos del credo
anglicano, adoptados bajo Eduardo VI, quedaron reducidos a los actuales 39. Este
credo es protestante y más próximo al luteranismo que al calvinismo, pero la
organización episcopal y ritual de la Iglesia anglicana es la misma, en
esencia, que la de la Iglesia católica.
Resultados de la Reforma:
A pesar de la diversidad de las fuerzas revolucionarias
en el siglo XVI, la Reforma tuvo resultados muy importantes allí donde triunfó.
En general, el poder y las riquezas perdidas por algunos nobles y por la
jerarquía católica pasaron a la clase media y a los monarcas. Varias regiones
de Europa ganaron independencia política, religiosa y cultural. Incluso en
países como Francia y lo que hoy es Bélgica, donde el catolicismo se mantuvo,
se desarrolló un nuevo individualismo y nacionalismo en materia cultural y política.
El énfasis protestante con respecto al juicio personal en el ámbito religioso
aumentó el desarrollo de los gobiernos democráticos basados en la elección
colectiva realizada por votantes individuales. La destrucción del sistema
medieval favoreció a la banca y al comercio al eliminar las tradicionales
restricciones religiosas y abrió el camino para el crecimiento del capitalismo
moderno. Durante la Reforma, las lenguas nacionales y la literatura avanzaron
en gran medida debido a la extensa difusión de la literatura religiosa escrita
en las lenguas vernáculas en lugar del latín. La educación popular también fue
estimulada gracias a las nuevas escuelas fundadas por Colet en Inglaterra,
Calvino en Ginebra y los príncipes protestantes en Alemania. La religión ya no
era tanto una parcela privilegiada del alto clero sino una expresión directa de
las creencias de la gente. Sin embargo, la intolerancia religiosa no disminuyó
y los enfrentamientos religiosos continuaron siendo frecuentes durante cerca de
un siglo.
| ||||
| X | ||||