RELACIÓN NIÑO-FAMILIA
Autora: Dra. Hebe
Psicología es, según la definición
académica, tratado, doctrina del alma. Parte de a filosofía que trata del alma,
sus facultades y operaciones. Por ex‑ 1 tensión todo lo que atañe al
espíritu. Manera de sentir de una persona o un pueblo. Hablando de pueblos o
naciones, la síntesis de sus caracteres espirituales y morales. Partimos de
premisas de fuerte raigambre humanística, para llegar, paulatinamente, al
conocimiento científico del hombre. Ambas culturas se funden hoy y cada vez más
definidamente, en la búsqueda de una verdad básica donde apoyar la futura
preparación del hombre, para pulir su esencia, aguzar sus medios de defensa y
convivencia dentro de la comunidad, despojándolo de su natural estimulando sus
condiciones, haciéndolo apto para cumplir deberes inherentes a su propio yo, a
la vez que satisfaciendo todas las proyecciones positivas de su ego".
Crear un individuo útil y querido en la sociedad en la cual le toque
desempeñarse.
Todos sabemos el importante papel que la
especie desarrolla en las relaciones humanas. La adolescente que suspira por el
espigado galán desde su metro cuarenta escaso de estatura, el joven deportista
que sueña con la ultima manifestación de arte abstracto de su amada, no hacen
más que buscar el complemento esencial para que el posible fruto de su amores
sea un ser anatómica y mentalmente compensado, es decir, que dotado de las
características de uno y otro, mejore y eleve sus facultades.
De vital importancia es para la pareja humana
conocer asimismo todas las imperfecciones individuales propias, y de su cara
mitad. Familiarizarse con ellas para estar libres de futuras sorpresas, saber
que ambos aportaran a la probable descendencia no solo sus peculiaridades
físicas y psíquicas, sino también muy posiblemente, las reacciones histéricas
de mamá o la avaricia del suegro. De esta no muy alegre comprobación parte lo
inexacto de esa común aseveración que reza: "Yo no me caso con su familia
me caso con ella".
Conscientes del aporte con que dotaremos a
nuestros hijos, no dejemos de reconocer que todo ser normal y equilibrado
tiene a lo largo de su vida innumerables ocasiones conflictuales. Manejar los
conflictos conocerlo en su real valor, resolverlo sin exterioridades, es
privilegio del hombre equilibrado.
Por y para el logro de este deseado objetivo
toda nuestra confianza, nuestro amor, nuestros esfuerzos*
Y entremos en materia. Se anuncia un niño en
el panorama familiar. Supongamos que se trate de un primogénito La madre llora
de alegría el padre se enfrenta con una realidad concreta, aparentando
regocijada calma, los tíos aportan el ajuar, los abuelos piensan en la carrera
que seguirá el futuro nieto. Repuesta de la emoción es la futura madre la que
ha de organizar el rompecabezas. Asegurarse de que su marido no se sienta
desplazado por el intruso, inculcar en sus hermanos y cuñados el sentido de lo práctico en cuanto a ropa
de bebé se refiere, organizar ‑he aquí lo más escabroso en este momento‑los
arrebatos pasatistas de los abuelos. Inducirlos, informarlos, crear en ellos el
actual sentido y la orientación de la psicopedagogía actual. Nada de fajas. Al
niño no lo deforman, pero lo traban y molestan. Nada de brazos. Para adaptarse
al medio y evitar incomodidades para el bebé y sus padres, el niño debe
permanecer en su cuna. Solo luego de mamar estará permitido que la tía y la
abuela lo tenga', un ratito en brazos. En esta postura se cumplirá la primer
etapa de la digestión, que escasamente insumirá diez‑ minutos por reloj. Al niño se
le hablará dulcemente, sin pellizcarlo ni zamarrearlo, verdaderas agresiones a su invalidez.
Los días de frío intenso el baño se
suplantará por una limpieza prolija con lociones adecuadas o suero fisiológico.
Pero los días templados o calurosos al bebé viste tal como lo hacemos nosotros.
Pero volvamos al embarazo:
Éste es el momento en que la futura mamá lee
textos de psicología infantil, prepara un ajuar útil y funcional sin muchas
puntillas y bordados que luego no tendrá tiempo de acondicionar y que para nada
favorecen al niño se somete a
revisaciones periódicas, conociendo y cobrando fe en su medico especialista,
comenzará sus clases de "Parto sin Temor", donde principios yogas de
respiración controlada y relajación muscular permitirán afrontar el parto como
una maravillosa e impostergable experiencia de la cual se alegrará
infinitamente en lo futuro, descartando viejos "tabúes" con su carga
de tensiones. La nueva vida exige: madurez emocional, examen de conciencia
frecuente que le permitirá adquirir mayor objetividad sobre ella misma y el
mundo circundante, promoviendo un clima hogareño pacífico lo más posi9ble; dieta equilibrada, reposo, cuidados, que
repercutirán de manera positiva sobre el sistema nervioso del niño, en
formación a partir del noveno día de vida uterina, insustituible y sin
repuestos validos, por lo menos conocidos hasta hoy, y que desde ese momento
debemos respetar la higiene mental del hombre comienza desde el embarazo de la
madre. La madre equilibrada es la que
espera a su hijo en plenitud de fe. Íntimamente contenta, pero sin alardes
exteriores. Es la que no oculta su estado a partir del momento en que lo conoce
y da por cierto, pero tampoco aquella que al mes usa mocasines y camina sobre
sus talones, en desmedido alarde maternal. Es la que no sufre el embarazo como
un castigo, porque la madre madura no tiene ningún inconveniente físico ni
psíquico. La que se queja de dolores, vómitos, mareos están, generalmente,
rechazando su estado subconscientemente por lo que le podrá acarrearle de
responsabilidad, de limitaciones en su libertad personal o económica, o por
otras razones que no es el caso reseñar aquí.
Se ocupara de donde y como vivirá si hay
comodidad, si sufrirá necesidades no siempre materiales, pero si de presencia
o conocimiento (hay niños deshidratados, porque madres bien informadas en
muchos aspectos, se olvidan de darle de beber). No podemos ignorar que llegan a
hospitalizarse a la capital, niños de hasta 8 y 10 años que no conocen la leche
ni la carne, elementos básicos de cualquier dieta equilibrada, por pertenecer a
hogares ten míseros que no pueden cubrir sus necesidades más inmediatas.
Mamá seguirá pensando si el niño por venir
tendrá lugar para jugar. Si ella tendrá tiempo y ganas de llevarlo a la plaza.
Como futuro miembro de una comunidad convendrá asesorarse sobre los requisitos
para asociarlo a una institución de bien público, asegurar sus estudios en una
compañía especializada. Esto parecerá apresurado y aventurado, pero son medidas
actuales que van más allá del mimo elemental. Los hijos no son un presente de
la Naturaleza, sino una larga y costosa adquisición, que, últimamente, no ha de
pertenecernos como tal, Un hijo no es un accidente, sino la suma de decisión
más amor. Sabemos que muchas veces no es así. La aceptación del primer
postulado sindica la lucha de los que bregamos, de una manera u otra, por la
obtención de un hombre mejor.
A medida que se combate la enfermedad, la
epidemia, se organiza higiénicamente la sociedad, aumentan los problemas de
conducta, de carácter, de comportamiento y se altera la convivencia. Ello ha
hecho que se comenzara por analizar concienzudamente el medio donde se gesta y
desarrolla el individuo, renovando en ocasiones destruyendo otros patrones hoy
inaceptables por elementales y negativos.
Así llegamos a una conclusión valedera. Una
cosa es lo que el adulto cree que el niño necesita. Otra, lo que el niño
precisa realmente. Claro ejemplo de este principio lo da el niño al rechazar el
juguete caro, reemplazándolo por tapas, envases o cartones, ya que en él la
necesidad reside en jugar, en manifestarse a sí mismo a través de su
imaginación, Esto es más importante que
el juguete en sí, que lo limita a su forma y función. Hoy los padres no
desconocen el riesgo de la improvisación en cuanto a educación se refiere, lo
relativo de la buena voluntad y lo peligroso de seguir la vieja escuela
tradicionalista que durante siglos rigió una conducta que hoy re quiere ser
reemplazada. El solo intento de la información y el interés que despiertan las
nuevas técnicas educacionales conforman un auspicioso comienzo. La posición de
muchos que aseguran que "la gente de antes no ‑tenia complejos"
se equipara a la de los que piensan" la alergia es un invento de esta
época mientras estornudan copiosamente, lagrimean o se rascan la urticaria.
Para unos y otros diremos que lo Único que ha cambiado es la definición del
fenómeno no el fenómeno en sí. Ser buenos padres ha dejado ser tina suma de
sueños y buenas intenciones, para convertirse en el deseo de saber, de
despertar a una responsabilidad autentica que nos señala que los cinco primeros
años de vida son fundamentales para la futura personalidad adulta, que la vida
del niño es un ensayo general coordinado y metódico que lo condiciona
definitivamente para su actuación comunitaria
y personal. Que durante los primeros meses el niño vive "con la
corteza cerebral de su madre", por lo cual le es indispensable la figura
rectora de ella o de quien la reemplace. Alguien que lo libre del desamparo
psíquico‑fisiológico en que comienza su experiencia vivencial; que se
ocupe de 61, lo acompañe, lo acaricie, lo llame por su nombre. Observen bien
que para estos requisitos, simplemente conque el adulto se acerque al niño,
desarrolle cerca de él su actividad
cotidiana sin necesidad de tenerlo en brazos. Meciéndolo o alzándolo
solo en aquellas ocasiones en que su llanto punzante acuse un dolor y luego de
mamar durante breve plazo. Estas nociones y propósitos conforman una conducta,
una función inteligentemente cumplida en el terreno irreemplazable del afecto y
el equilibrio familiar. Es importante acotar aquí que al niño debe hablársele
serena, pausada y claramente desde el principio. El pretenderá imitarnos por lo
que debemos acercarle el conocimiento de los vocales y las primeras consonantes
de fáciles pronunciación como la m y la p, sin nasalizar, emitiendo claramente,
y dejando las jerigonzas sentimentales que solo confunden al niño creándole
graves problemas de comunicación con quienes no comprenden el idioma parental,
y desgraciadamente y muy a menudo este se revela y manifiesta en el trato
escolar, limitando y desconcertando al pequeño que tiene ya razones sobradas
para sentirse abrumado en este medio desconocido, y no siempre apto para
satisfacer sus necesidades. Oportunamente volveremos al tema. Es fundamental
para la educación del bebé la disciplina y el método. Respetar las horas de sus
comidas, acostumbrarlo a prescindir de la mamada durante por lo menos 6 horas
de descanso nocturno, complementar la administración del pecho con mamaderas ‑administradas
en la cuna", elevando el nivel de la cabeza. Hacer del acto de mamar, una
especie de rito en que la madre esté tranquila, serena, relajada evitando
nerviosismos concretándose al hecho de alimentar a su pequeño fisiológica y
afectivamente, evitando en ese momento la charla por teléfono o el programa
televisivo, hechos que el niño captara intuitivamente y que para nada satisfacerá
su necesidad afectiva de presencia materna. Tampoco debe hacerle más cómoda la
succión oprimiendo el seno, porque la educación comienza con la aceptación del
propio esfuerzo para ganar el sustento. Si ha sufrido un choque, una conmoción,
un disgusto, la madre debe postergar por unos minutos el amamantamiento, tomar
un vaso de agua, tenderse de espaldas
en la cama, relajar sus músculos y tratar de superar el mal momento, recobrando
el equilibrio psíquico necesario para que no se frustre ella y su hijo en la
más hermosa y armónica relación de mutua dependencia conocida.
Podemos iniciar al bebé en el gusto por el
ejercicio físico, si al cambiarlo le hacemos flexionar rítmicamente sus
rodillas, sus brazos, girar la cabeza y reclinarla sobre el pecho, ponerlo boca
abajo, movimientos estos que lo desentumecerán y le darán tonicidad a sus músculos.
Acostumbrémoslo a la al aire y al sol
manteniéndolo mientras esté despierto en lugares claros y ventilados, sin
corrientes y con temperatura templada. En invierno podrá tomar sol en sus
piernitas y hasta el cuello a través de la ventana cerrada cuando la
temperatura no se lo permita, para que lo goce lo goce sin la alarma del
estornudo, El niño se defiende más cuanto más entrenadas estén sus defensas.
Así es preferible que peque por falta de abrigo y no por exceso, si de pecar se
trata. Asimismo el pequeño debe acostumbrarse al ruido propio de la casa y las
vecindades. Su oído es afinado y debemos evitarle sobresaltos, consecuencia de
portazos, chillidos, golpes. De vital importancia es el lugar que el niño
ocupara en la casa para dormir. De tener una habitación independiente el
problema se soluciona automáticamente. Desgraciadamente entonces esto no es
nada comun. Lo ideal seria situar la cuna o el
cochecito cerca de la puerta de nuestra habitación, pared por medio con
la puerta abierta, o entornada esta de no ser posible por la adecuación
espacial. Muchas madres se resisten sistemáticamente a este procedimiento. En
todos casos deben saber que es totalmente contraindicado que el niño permanezca
en la habitación de los padres superados los 8 meses de vida. Interfiere en
las relaciones maritales sin proponérselo y siendo su presencia nefasta para
las efusiones conyugales, perturbando su psiquismo con una captación
subconsciente su mundo interior, Madurez en los padres es reconocer la
independencia gradual del hijo, que comienza desde su nacimiento y su
orientación existencial, hasta el derecho de ser respetado en su
individualidad, plasmándose como un ser ajeno a nuestros gustos y modalidades.
Encaminarlo como el niño lo necesita y en tal sentido, no hacia lo que nosotros
soñamos para él. Lo que para el padre puede constituir un éxito, para el hijo,
de quien lo separan 20 años y que a la vez esta más dotado que él para absorber
experiencia y cuya sensibilidad es de extraordinaria agudeza en la inmensa mayoría
de los casos, puede constituir ese mismo ideal un concepto de frustración y
fracaso. Esta es una de las más graves desubicaciones de los padres con
respecto al niño, que se prolongan en la etapa adolescente* La educaci0n
integral actúa con visión de futuro, insisto. Interesa amar al hombre de mañana
en el niño de hoy, y todo lo mayor que sea la normalidad de su vida infantil,
tanto más segura su posibilidad de dicha en lo por venir.
Sobre la necesidad de amar al niño más ella
de su realidad actual, comprende, inducirlo positivamente, aceptar la época en
que le ha tocado vivir, tan distinta de la que nos correspondió a nosotros, y
tan infinitamente distante técnica y científicamente de la de los abuelos, dice
un notable psicopedago italiano, el Dr. Cammelli: "Mientras nosotros estamos en la época de la bicicleta
nuestros hijos viven en la época del reactor". Necesario es captar que las
diferencias entre padres e hijos están basadas en el enfoque temporal distinto
frente a iguales situaciones y problemas. De plantearse estos y la
improvisación al respecto es contraindicada, malsana y perjudicial. Solo un
terapeuta prestigiado estará en condiciones de marcar rumbos a padres e hijos. Los consejos
de "entre casa" no deben ponerse en vigencia antes de asegurarnos de
su validez.
Es interesante e instructivo ver en los
debates públicos con referencia a estos temas como en el profesor o
conferenciante puede proyectarse el auditor
Ya apoyando su orientación o su tesis, ya
negándola más obstinadamente al
identificar en 61 alguna figura rectora que le atribula a través de
alguna vivencia conflictual no superada. Además del deseo de ilustración se
encuentra en el auditorio la a imperiosa necesidad de intercambio emocional, la
anhelada comunicación que es común a todo ser humano. De ahí la importancia de
la calidad y cantidad de conocimientos que se ofrezcan es obligación
indeclinable del técnico o profesional, que a la vez se verá obligado a
agudizarse y captar todo cuanto su publico se halle dispuesto a brindarle.
Para cultivar una conciencia, es
imprescindible poseerla. El especialista y la lectura pueden ayudar a
satisfacerla, siempre y cuando cada cual la sienta
en sí y esté ávido de nutrirla. Y esta ayuda
será o no positiva en la medida del interés que se tenga de trabajar sobre un
enunciado, y no de satisfacer con fórmulas mágicas los problemas familiares.
Hoy que muchos chicos rebaten sólida y
justicieramente la educación proporcionada en el hogar ‑hecho que
configura una maduración positiva‑ producen un prurito conflictual en los
padres. Conviene acotar que estas manifestaciones son deseables en cuanto a
evitar que la acusación se repliegue en la conciencia y no cobre la forma de un
resentimiento no manifestado, que enfríe y coarte el normal desarrollo
efectivo.
La adolescencia es el estado en que se
contraen nuevas responsabilidades y la vez estas son equilibradas con mayores
derechos. Hoy el dialogo, a pesar de las interrupciones, suele reanudarse, y
padres e hijos sienten necesidades en la de mutua comunicación y comprensión.
Cosas que hace sombra, 20, 30, 40 años quedaban limitadas y frenadas hoy
conocen su verdadera dimensión gracias al inteligente aporte de ambas partes.
La divulgación psicológica no crea ni inventa problemas, simplemente los saca a
la luz haciendo que el chico los exteriorice en casa en lugar de hacerlo rojo
con los amigos o los parientes, cuanto más lejanos, mejor. El hecho de que hoy
los menores ensayen la critica, es todo una garantía de franqueza. Si esta
crítica es acusada como impacto se escapa el grito represor o la cachetada
inoportuna, lo fundamental es que papá o mama sepan que están procediendo mal
injusta y compulsivamente. Y ni los espejos‑ en estos casos la psiquis
doliente del niño‑suelen devolvernos la propia imagen. Claro que esta
actitud no invalida la consulta con la almohada liada y el ulterior cambio de
conducta, que no debe postergarse para después. El equilibrio de nuestros chicos no admite prorroga,
empecemos por admitir que los conceptos varían, que lo que antes era insolencia
hoy es liberación y que de nosotros
depende encontrar los elementos de juicio que nos acerquen al niño y nos ayuden
a esclarecer sus problemas. Al adolescente hay que aclararle el cómo y el
porque de nuestras actitudes evitando en todo lo posible la arbitrariedad en
nuestros estados anímicos. Debemos coincidir en que situaciones que antaño
parecían triviales, hoy nos consta, son de vital importancia. Volviendo a la
comunicación familiar, hemos dicho que el diálogo se inicia entre madre e hijo
con el aprendizaje de las vocales y no debe cesar más. Solo quién ha iniciado y
mantenido el contacto humano a través de la palabra tierna y confidente, puede
gozar de los frutos de la mutua comprensión que es condición indispensable de la más
ideal felicidad* Y llegamos así a un punto importantísimo. La salud mental.
Sepamos que la paternidad no implica el general concepto de prisión sexual. No
debe serlo. En cambio es, eso sí, una obligación inexcusable pero libremente
aceptada. Ante todo el niño debe estar seguro del amor de sus padres, no-solo a
través de sus cuidados o su protección material, sino por sus besos y caricias
en las que el contacto físico corrobora la necesidad de amor filial. Jamás
hagamos participes de los desacuerdos conyugales al niño, no perturbaremos
impunemente su necesidad de normalidad. No lo amenacemos con la posibilidad de
su soledad como castigo, ni con el medico, la inyección, el dentista o el
vigilante creando mitos deformantes en su fértil imaginación. No exageremos.
Demos a las cosas su valor real. No conturbemos su paz con nuestros problemas
de oficina, nuestra ambición, nuestros deseos malogrados. No hagamos del
rezongo, la protesta, la insatisfacción, el descontento y la crítica inútil
nuestra razón de vida y el apoyo moral de nuestra conciencia. Las posiciones
adultas de desconfianza, confianza, rechazo o negativismo se harán patrimonio
educacional de su descendencia por el conocido efecto dominó. No viva como graves situaciones pasajeras y
hechos intrascendentes que superará Ud. una semana después pero que se
incorporaran al recuerdo de su hijo, quitándole el sentido de proporción y
ecuanimidad. No olvide el valor de la risa.
Si la sonrisa nos obliga a distendernos para
practicarla y es nuestro mejor pasaporte de simpáticos la risa franca hará de
Ud. una persona amada por todos y en especial por sus chicos. Conozca y
comparta el gozo de las cosas simples que la vida nos regala a manos llenas si
sabemos verlas con los ojos del espíritu. La luz del sol, las flores, el canto
de los pájaros, las bellezas de la Naturaleza la bondad y el altruismo son
realidades tangibles. Solo que sobre ellas no se efectúa una publicidad
adecuada y a fuerza de contemporizar con el milagro lo hacemos cotidiano.
No nos gocemos asimismo, don la broma, la
pulla o la critica que hacemos a nuestros pequeños, sobre todo en presencia de
extraños. Hasta los cinco años y aun después los niños son irascibles y no las
soportan. Todavía están en la etapa de lo absoluto y resulta natural que no
acepten aquello que no pueden comprender. En contraposición, signo de madurez
implica reconocer nuestros errores e imperfecciones, más absolutamente cuanto
menos víctimas de ellos se nos haya hecho.
De gran importancia es la inestimable
condición del buen humor. Si no gozamos de sus beneficios, pensemos que sus
aliados más eficaces son la tolerancia y la sonrisa, elementos no siempre
suficientemente recalcados. Pocas manifestaciones hacen que un niño se sienta
más seguro y a gustos condiciones que a la vez acrecientan la inteligencia y la
personalidad. No obstante, hay que saber diferenciarlo de la tontería, la
vacuidad y el mal gusto que suelen confundirse con el humor y cuyos resultados
son tan negativos, como positivos aquellos. Los temas de guerras, enfermedades
y crisis económicas solo deben ser motivos ocasionales de charlas. No un
sonsonete constante, solo logrará neurotizarnos, ya que si bien la conciencia
colectiva del problema es una forma de acercarnos a la solución, importa en
este cambio más la acción que el reconocimiento y la queja. Hablamos de tiempo
de transiciones y crisis, negativizándolos, sin la convicción de que ellos son
necesarios para ampliar el horizonte del hombre y las actuales formas de la
convivencia. El adulto insiste en la critica del nuevo sistema, mientras el
niño lo acepta y asimila naturalmente por no poseer puntos anteriores de
referencia.
Dos grandes constantes tienen la generalidad
de los padres copio lograr el hijo que quieren, y como ese hijo se logrará la
vida. Anteponen un sueño y una esperanza a una realidad: la salud mental‑
del hijo.
Conocí a un chico que contestaba parcamente
a la pregunta de que le gustaría ser cuando fuese grande con un rotundo: Bueno,
Quería ser un hombre bueno. Es aquí donde se revela intuitivamente que el niño
acondicionaba la bondad como derivado de la salud mental y como anhelo de un
ideal claramente signado. Educamos a fin de que el niño sea capaz mañana de
ocupar y justificar su puesto dentro de la comunidad a la que pertenece. Uno de
los puntales de la muy mencionada e importante salud mental esta dada por las características y tendencias de
nuestras relaciones con los demás, con el mundo que nos rodea. Uno de los
síntomas más concretos de la neurosis es el aislamiento de los seres que
frecuentamos y aun de aquellos a quienes amamos, señal inequívoca de fuertes
tensiones interiores. Y de fundamental importancia es para la superación de
estos estados la actitud que adopten lo demás frente a esta situación de
fracaso, frustración o accidente. Aquí hace su aparición la comparación, el
sentido de inferioridad y por ende la autocompasión. Inconscientemente se busca
el equilibrio perdido en la justificación del móvil que desató la crisis
emotiva, ante uno mismo y ante los demás. Si no se encuentran se inventan, se
repiten y quien padece es el primero en creer en un hecho ficticio. Aquí
comienza el principio de la mitomanía, una forma de evasión frente a la
realidad que nos circunda, nos aprisiona, nos cercena hasta aniquilarnos. Y
así, junto a la integridad moral peligra y a menudo desaparece, la salud
mental.
La rebeldía es otra manifestación que oscila
entre los más puros objetivos dignos de ser estimulados, y la inmadurez
individual. Cuando de ella se hace tina bandera sin catalogación de‑ los
valores que debemos defender ardientemente y aquellos que nos urgen respetar.
Pero es dolencia agresiva de muy difícil solución cuando el niño es tratado y
reprimido con violencia, rechazando cualquier manifestación de fuerza o
imitándola tenazmente. El rebelde que por lo general es abiertamente agresivo o
se muestra compungido ente el reto para cortar luego la cortina nueva de mamá o
el tapizado del sillón de papá, vengándose contra la proyección de
sus progenitores en aquello que aprecian y no contra el objeto dañado en sí,
como habitualmente se supone. Este caso necesita más que ningún otro,
paciencia, ternura, buenos modales y conocimiento de su problema, amen de una
mano fuerte y justa que lo encauce. Es por lo general el niño a quien se le
exige más de lo que él esta en condiciones de dar, o que no esta muy seguro de
nuestro afecto y quiere llamar nuestra atención de alguna manera, De allí la
recomendación que antecede.
Si bien es importante saber ganarse la vida,
impostergable real izarse como hombre
normal. Por lo tanto con un umbral psicológico sólido haremos del niño un ser
integral si tenemos fe en él. Fe en su potencialidad creadora y su perfeccionamiento,
en su capacidad, en su fuerza física, en su audacia. El niño podrá adquirir
estas experiencias en sus primeros meses de vida, si a la falta de grandes
espacios posee un lugar determinado
aunque pequeño aislado de peligros como enchufes, proximidad de la plancha,
aguas hirvientes, cuchillos, drogas. Un lugar donde el niño pueda gatear,
sentarse, dar unos pasos, desparramar sus juguetes -que enseñaremos
gradualmente a guardar en un cajón para tal fin‑ En lo posible e este
sitio estará pintado con pinturas lavables para limpiar con facilidad las
manchas y marcas que dejaran las manitas sucias. Desprovisto de adornos o
colocados a prudente altura, objetos tan tentadores para la curiosidad del niño
como frágiles para su seguridad física y psíquica. Solo después de los 3 años
puede mamá libertar el jarro chino confiscado y previo conocimiento de su
forma, su color, y la delicadeza de su tapa incluirlo en la decoración soñada y
postergada hasta que el pequeño este en condiciones de conocer y adaptarse a
sus limitaciones físicas. Cumplidos los dos años es el momento indicado para
enseñarle a servirse de los pasamanos. El niño ya se aprehende fuertemente, y
esa seguridad aunada a la costumbre de mirar el escalón que pisa,
convenientemente vigilado a distancia, y poniendo nuestra potencialidad en la
urgencia del ademán para sostenerlo‑que casi nunca es necesario y no en
las desmedidas precauciones a base de suspiros entrecortados, exclamaciones
violentas o maldiciones contra los que indicamos. Al nene no hay que llevarlo
aúpa para ahorrarnos nosotros la inseguridad, transfiriéndosele a él, que
a se preguntará cuál es la razón de
nuestras prohibiciones y el atávico terror a la escalera. Esta es una forma
concreta y sustancial que le permitirá tomar conciencia de su incipiente
independencia a la vez que se entrenará en el arduo camino de la propia responsabilidad,
Cuando el niño esta solo o tiene que compartir sus juegos
con otro niño, ya sea su hermano o un amigo ocasional, suele mostrar sus principios agresivos. Apelemos al
entretenimiento en común, interviniendo imperceptible pero efectivamente creando
una actividad que les interese y les induzca a la cooperación
Un niño, para ser normal, requiere una vida
de rutina horaria, solo interrumpida los días de fiestas y salidas y siempre
en transgresiones leves. La TV, los libros y revistas previamente seleccionadas
por papá y mamá para los mayorcitos, y siempre aquellos de común acuerdo.
Otro tema insoslayable es
el de la individualidad. Estemos siempre listos a escuchar al hijo, Su
necesidad de comunicación es siempre imperiosa e impostergable. No lo
desoigamos con el pretexto de nuestras tareas y preocupaciones. No lo
interrumpamos para enseñarle que a su vez no debe interrumpir las
conversaciones de sus mayores. Solo respetándolo amándolo confiando en él, lo
educaremos cabalmente. De todos estos principios que atañen directamente a la
salud mental en el orden psíquico y físico. La fe es la más importante. Los dones espirituales como el amor, la
amistad, el razonamiento, el llamado del arte, solo cobrarán potencialidad si
la persona más influyente en la vida del, niño las sostiene y estimula con su
fe en ellos.
El ser humano se logra y manifiesta
enteramente cuanto mayor es el estímulo de lo que lo rodea. La fe es al hombre
lo que la tierra a la semilla. Sin ella no podrá germinar, frustrándose
irremediablemente La reacción del menor ante la injusticia o la prepotencia
asumen formas alarmantes para la mentalidad adulta. Tener fe en el niño
implica creer en lo que no hemos visto ni presenciado, pero que intuimos como
posible y valedero. Solo apelaremos a su amor a través de la fe, que es la más
pura manifestación de éste. Y no nos baste con sentirla. Hagámosla sentir al
niño reiterándola ante él y los demás cuantas veces lo necesite de su comprobación. Símbolo
ejemplarizante, constituye un elemento educacional sin contraindicaciones.
Por el contrario, no
agredamos a los niños con la desconfianza. Desconfianza en su conducta en la
casa durante nuestra ausencia, desconfianza de su comportamiento escolar, de
sus amigos, del mandado que no sabemos si será capaz de realizar y de la
exactitud del vuelto, hasta la desconfianza en su honestidad, su altruismo, su
sentido del bien, configuran el panorama infantil del neurótico, el inseguro,
el conflictual, el enfermo de la voluntad. Enseñar tampoco significa
sobreproteger, hacer las cosas por ellos, llenarlos de advertencias
innecesarias y traumatizantes. Cuando el niño intenta alguna experiencia
personal no es capaz de medir las consecuencias adversas. Indicarlas y
preverlas sin falsas insistencias es privilegio de padres centrados.
No venguemos en los hijos nuestra
insatisfacción afectiva. Ellos no tienen la responsabilidad de la cantidad ni
de la calidad del amor que lloramos por perdido, o lo que es peor, por no
gustado. Convirtamos nuestro desposeimiento en buen amor para ellos. A su vez
ellos volcaran ese preciado tesoro del sentimiento afectivo sobre sus propios
hijos y nosotros repondremos nuestro déficit al ser queridos por más seres
puros durante más largo tiempo
Rompamos el esquema
severidad muchas veces injustificadas y la violencia, negativa y arbitraria
con que fuimos educados. No transfiramos nuestra tristeza, experiencias como
represalia subconsciente ‑o no-, esforzándonos sin violencia, gradual y
pausadamente hacia una superación digna de nuestra condición de seres dotados de
pensamiento y voluntad. El deseo de auto trascendencia con que nos proyectamos
en nuestros hijos será valedero solo en la medida que ellos reproduzcan,
mejorándola, nuestra propia imagen. Cuanto más estos se liberen de nuestras
traumatizaciones, temores, ‑ frustraciones, más hemos adelantado en el
camino que nos lleva a la condición humana.
Hay personas que declaran abiertamente que
los niños los molestan e incomodan. Son los que llevan la carga de su
misantropía. Quien rechaza al hombre en su faz inicial más pura e inocente
niega su contacto con el mundo exterior. Es vulgar la costumbre de que los
padres quieren a los hijos sólo por tenerlos. Si bien el niño nace con el
instinto materno que revela en sus juegos. Las niñas con las muñecas, instinto
que hogar y escuela promueven, el varón acata la paternidad como impuesta. Es
un accidente no siempre agradable y una forma de impuesto que paga a sus
necesidades de índole amatoria.
Otra particularidad se
ofrece al observador:
Hay dos grandes grupos amatorios. El que ama
a los chicos y el que ama a sus chicos. Estos últimos defienden continuamente a
los suyos de la agresión ajena culpando siempre a los demás de las situaciones
ingratas o desagradables en las que los pobrecitos se han visto envueltos
víctimas de su inocencia o de la picardía ajena. Creen que los hijos propios
son distintos y absolutos. Estos tipos de padres acarrean con tan perniciosa
actitud la desubicación social y el célebre complejo de superioridad en sus hijos.
Actitud amplia, gesto franco, manifestación cordial son
patrimonios de los que aman a los niños, ejerciendo una patria
potestad para con todos los muchachos. En el adulto ve el niño a una posible
figura rectora que vincula a papá o mamá cuanto más necesitado se encuentre de
la legitimidad del vínculo parental. No basta con ser padre. Lo fundamental es
el sentimiento propio de la paternidad y una palabra dicha a tiempo, un
oportuno y medido estimulo, son recuerdos 9 que se atesoran y gozan porque
justifican a menudo toda una existencia. Con tacto, y sin enfrentar al menor
con la posible inconducta de sus progenitores
y es mucho lo que podemos hacer por el sobrino, el hijo del amigo o el del
vecino que está siempre dispuestos a querernos, admirarnos, a imitarnos. El
niño esta más ávido de consideración y cariño que sus padres dispuestos a
escuchar buenos consejos. Saber acercarnos a unos y otros cuando nuestra
solidaridad nos lo indique claramente sin producir choques ni enfrentamientos,
conducta esta muy comprometida y poco ejercitada habitualmente, es inestimable
condición de los que batallamos el egoísmo y la indiferencia, dolorosa realidad
de un pueblo que escoge el slogan que reza: "No te metás..." o
el "a mi que...".