Trabajo Práctico
Tema: Religiones
Profesor: Rafaldo
Alumno: Federico Domingues
Religión, en términos generales, forma de vida o creencia
basada en una relación esencial de una persona con el universo, o con uno o
varios dioses. En este sentido, sistemas tan diferentes como budismo,
cristianismo, hinduismo, judaísmo y shinto pueden considerarse religiones. Sin
embargo, en un sentido aceptado de una forma corriente el término religión
se refiere a la fe en un orden del mundo creado por voluntad divina, el acuerdo
con el cual constituye el camino de salvación de una comunidad y por lo tanto
de cada uno de los individuos que desempeñen un papel en esa comunidad. En este
sentido, el término se aplica sobre todo a sistemas como judaísmo, cristianismo
e islam, que implican fe en un credo, obediencia a un código moral establecido
en las Escrituras sagradas y participación en un culto. En su sentido más
específico el término alude al sistema de vida de una orden monástica o
religiosa.
Es imposible
encontrar una definición satisfactoria de religión o una forma realista de
clasificar los diversos tipos de lo que llamamos religión a causa de las
importantes diferencias de función entre los diversos sistemas conocidos. Un
examen y comparación general de religiones sería por lo tanto engañoso si el
material a evaluar fuera asumido en su totalidad como de la misma naturaleza.
Es un accidente histórico que los primeros estudiosos europeos de culturas
extranjeras o primitivas utilizaran el término religión para denominar un fenómeno
del que sólo tenían un conocimiento rudimentario. Llegaron a la conclusión de
que las otras culturas debían tener instituciones del mismo tipo y papeles que
las que tenían el cristianismo o el judaísmo en sus respectivas culturas.
Afirmaciones y creencias tan arraigadas como prematuras constituyen el origen
de gran parte de tales discrepancias.
Un examen de las
religiones a la luz de los conocimientos más avanzados debe comenzar por lo
tanto limitando el término religión a aquellas instituciones para las
que ha sido utilizado de forma habitual: el judaísmo y sus variantes, el
cristianismo y el islam. Aunque esta limitación resulte algo arbitraria tiene
sin embargo el mérito de facilitar una significación más clara limitándola a
instituciones que tengan numerosos puntos de coincidencia.
El siguiente paso
será examinar las llamadas religiones identificadas en otras culturas, fijando
el grado de equivalencia con el término en su acepción más restringida y
utilizando después nuevos sistemas para clasificarlas cuando no se haya
encontrado correspondencia. Dicha correspondencia no es cuestión de acuerdo o
desacuerdo doctrinal, por ejemplo, en cuanto a nociones de Dios o de conducta
moral. Es cuestión de decidir si las instituciones a las que se ha llamado religiones
tienen la misma función en sus diversos contextos culturales como, por ejemplo,
las que cumple una institución como el cristianismo en Occidente.
Otra dificultad
que se presenta al intentar examinar las religiones desde el punto de vista
histórico es la noción común de la denominada religión primitiva, como forma de
sentimiento y práctica religiosa humana más antigua y elemental. Sin embargo,
no es seguro asumir que las formas no occidentales de cultura que carecen de
desarrollo tecnológico sean por ello representativas de los primeros pasos en
la carrera humana hacia las ideas espirituales. Cuanto más se sabe sobre
diferentes criterios de culturas, más dificultades aparecen para adecuarlas en
un sencillo esquema evolutivo o en un sistema de criterios claro.
Se va a
relacionar el tratamiento de la religión con un informe comparativo de las tres
formas principales de conciencia sobre la relación humana con el universo o la
deidad; una fundada en las religiones primitivas, otra en las religiones definidas
de una forma más común, y la tercera, en los diversos sistemas orientales de
creencias y prácticas que pueden calificarse como 'caminos de liberación'. Los
ritos sociales y morales quedan fuera del ámbito de este articulo.
Religiones
primitivas
La diversidad de
sentimientos y comportamientos conocidos como religión primitiva constituyen un
tipo de conciencia que la civilización occidental ha perdido.
Mundo
interior y exterior
El rasgo
principal de la conciencia religiosa primitiva, según se ha estudiado en
pueblos polinesios y africanos, es la ausencia de cualquier frontera definida
entre el mundo espiritual y el natural, y por lo tanto entre la mente humana o
ego y el mundo circundante. El filósofo francés Lucien Lévy-Bruhl llamó a esta
ausencia de límites participación mística, indicando una
sensación de fusión entre el organismo humano y su medio ambiente. Este
sentimiento puede describirse como correspondiente en su campo a la moderna
comprensión intelectual de la interrelación de la humanidad y la naturaleza en
la ciencia de la ecología. Una ausencia de límites similar predomina también
entre los mundos de la experiencia consciente y del sueño, o entre la voluntad
individual y las emociones espontáneas y los impulsos de la psique. Como
resultado, el mundo exterior en su conjunto está cargado de poderes que pueden
llamarse mentales o espirituales. Los objetos materiales, como rasgos estables
y comprensibles del mundo exterior, no existen, ya que todas las cosas parecen
comportarse de un modo tan caprichoso como los acontecimientos en los sueños.
Descontrolados, cuando los contenidos de la experiencia se encuentren en este
estado de ánimo, parecerán tan vivos, misteriosos y fascinantes, así como
terroríficos, que toda la naturaleza se verá bañada por una atmósfera
impresionante y misteriosa. El historiador religioso alemán Rudolf Otto se
refirió a una atmósfera así llamándola 'numinosa'.
Atmósfera
numinosa
En un sentido más
amplio, la atmósfera numinosa está ligada al mundo natural en su totalidad y a cada
objeto dentro de él. Un buen ejemplo puede verse en shinto, una religión
'primitiva' que se practica actualmente en la sofisticada civilización de
Japón. El término shinto (en japonés, shin, 'espíritu') significa 'el camino de
los dioses' o 'el camino del espíritu'. Según shinto, cada roca, animal, o
corriente tiene su propio shin o kami (en japonés, 'dios' o 'diosa'). Sin
embargo, es una equivocación llamar dios a kami en alguno de los sentidos que la
palabra tiene en Occidente; de igual forma el término shin significa 'espíritu'
sólo en un sentido muy vago, ya que se utiliza con frecuencia como una simple
exclamación, similar a '¡maravilloso!'. Shinto no tiene sistema de doctrina,
credo, ni ideas religiosas formuladas; se preocupa por expresar admiración,
respeto y temor hacia todo lo que existe. Esta preocupación implica el
tratamiento de cada cosa como si fuera una persona, no siempre en el sentido de
que esté habitada por algún fantasma o espíritu con forma humana, sino en el
sentido de tener una vida misteriosa propia y autónoma que no hay que dar por
supuesto.
Como es obvio
algunas entidades como el sol, la luna, el océano y ciertas montañas y lugares
de peculiar fuerza y belleza parecen cargadas con mayor fuerza de la atmósfera
numinosa que otras. Como la intensidad de lo numinoso es distinta en cada lugar
particular, también los aspectos o cualidades de la atmósfera difieren. Los
antropólogos utilizan a menudo las palabras polinesias mana y tabú para tipificar los
aspectos positivos y negativos de lo numinoso. Cuando aparece como mana
es potente y práctica, pero si lo hace como tabú es temible y prohibida.
En las religiones
primitivas no sólo las cosas externas y lugares sino también los seres humanos
resultan a veces susceptibles de ser cargados con lo numinoso de una forma
peculiar. El tipo de persona dotada de acceso especial al mana, o aspecto terrenal de
poder en estas religiones, es el chamán o hechicero. Este papel es muy
diferente del sacerdote o pastor en una religión como el cristianismo, ya que
el poder del chamán no tiene un origen tradicional sino personal. Es su propio
descubrimiento particular realizado en solitario a partir de las relaciones con
los sueños.
Lo numinoso es
más que la sensación de temor y misterio en presencia de un mundo extraño. La
ausencia de una frontera clara entre la mente humana y su entorno, en un mundo
en el que tanto los acontecimientos exteriores como los interiores parecen
suceder, provoca éxtasis y miedos. Entre los navajos, por ejemplo, este aspecto
cautivador de lo numinoso es llamado hozon, término referido a una sensación de
intensa belleza y de paz, que puede ser evocada con rituales de canto, danza y
pintura en la arena. Estos rituales de magia compasiva, ya sean para provocar hozon,
lluvia o buenas cosechas, tienen su origen en el mismo sentimiento de fusión
entre el mundo humano y el natural y entre los acontecimientos de la mente y
los del mundo exterior.
Ritual
El ritual tiene
un importante papel en las culturas primitivas, aunque no sea reconocible en
sentido alguno como diferente de la llamada actividad práctica. Es más bien un
intento para influir o armonizar uno mismo con el ciclo de la naturaleza
mediante la representación dramatizada o simbólica de acontecimientos tan
fundamentales como la salida y puesta del sol, la alternancia de las
estaciones, el cambio de fases de la luna, la siembra y la cosecha anual.
Además, el ritual supone la interpretación externa de los grandes temas míticos
que en estas culturas ocupan el lugar de las doctrinas religiosas. El ritual,
como aparece en las religiones primitivas, puede por lo tanto describirse como
una forma de arte que expresa y celebra la significativa participación de la
humanidad en los asuntos del universo y de los dioses.
En culturas donde
prevalece este tipo de sentimiento sobre el mundo, ninguna esfera de la vida es
reconocible de un modo concreto como religión. La religión está tan implicada
en lo cotidiano que es imposible distinguir lo sacro de lo profano. Sólo
aparecen grados mayores o menores de lo sagrado. La religión no existe como
actividad específica y los miembros de estas culturas tendrían una enorme
dificultad para referirse a su religión. No podrían distinguir los rituales
previos a una buena caza de lo que la cultura occidental llamaría pura técnica
de caza. Formas simbólicas de lanzas, barcos y utensilios domésticos no
constituyen para ellos adornos superfluos sino partes funcionales del objeto,
que evocan a mana para su uso práctico.
Mito
Estas culturas
tampoco tienen doctrinas religiosas o conceptos abstractos sobre la naturaleza
del numinoso y su diferencia de todo lo demás. Espíritu es un sentimiento más
que una idea; su lenguaje más apropiado no consiste en conceptos sino en
imágenes. Así pues, en lugar de doctrina religiosa hay mito, o un conjunto
asistemático de historias transmitidas de generación en generación, puesto que
estos relatos representan en forma indefinida el significado del mundo. Según
las primeras interpretaciones antropológicas del mito, como la del antropólogo
escocés sir James Frazer, los dioses y héroes míticos personifican los cuerpos
celestes, los elementos; y los llamados espíritus de las cosechas y los rebaños
y los mitos son explicaciones ingenuas de la naturaleza. Una interpretación
posterior es la aportada por el psicólogo y psiquiatra suizo Carl Gustav Jung,
que sugirió que los mitos se basan en sueños y fantasías que dan expresión
concreta a los procesos psicológicos inconscientes. Según Jung el inconsciente
psicológico, como el cuerpo humano, tiene más o menos la misma estructura en
todos los pueblos. Esta uniformidad justifica los extraordinarios parecidos
entre los temas mitológicos de culturas de todo el mundo que no están
relacionadas entre sí. Estaba convencido además de que esos procesos inconscientes
determinan el desarrollo mental y espiritual de las personas, y que por esta
razón la imaginería mitológica y su representación en el ritual, es un tipo de
sabiduría destinado a consagrar el orden de la vida. Por eso, al creer que una
danza tribal ayuda a la salida del sol, la representación del rito ofrece a los
miembros de la tribu un significado, el de desempeñar un papel significativo en
la marcha del universo en su totalidad.
Una explicación
del mito, en cierto modo similar, ofreció el investigador cingalés Ananda
Coomaraswamy en sus estudios sobre cultura india e indonesia; creyó que los
grandes temas míticos eran parábolas de una filosofía intemporal, un
conocimiento intuitivo del destino y la naturaleza humana que siempre ha estado
accesible a quienes en verdad desean sondear las profundidades de la mente
humana. La filósofa americana Susanne K. Langer sostiene que el mito
proporciona el primer ejemplo de ideas generales y, por lo tanto, de
pensamiento metafísico. Según Langer el lenguaje está mejor capacitado para
expresar ideas nuevas por medios metafóricos que por medios literales. Quizá
haya que abandonar la suposición de que los mitos solar y de la fertilidad son
intentos rudimentarios para explicar fuerzas naturales, como las explica la ciencia.
Así como las culturas con mitos no distinguen entre espíritu y naturaleza, o
religión y vida, tampoco discriminan verdad simbólica o fantasía de verdad
literal o realidad. No se trata de confundir mito con realidad, puesto que la
idea de realidad literal aún no se ha planteado.
Las
religiones
Las religiones
surgen en culturas donde sus componentes han desarrollado un fuerte sentido de
diferenciación entre mente humana y entorno natural, conciencia subjetiva y
realidad objetiva, y por lo tanto entre espíritu y materia. Este sentido de
diferenciación va ligado al desarrollo de civilizaciones agrícolas estables,
donde la división del trabajo requiere que los individuos desempeñen papeles
diferentes en la comunidad. En las culturas cazadoras, cada individuo varón es
maestro en todas las artes necesarias para la supervivencia, pero en las
culturas agrícolas se requiere un grado de cooperación mucho mayor entre
individuos con diferentes artes y papeles. Tal cooperación exige a su vez
formas más precisas de comunicación entre las personas y por lo tanto de
convención, o común acuerdo, respecto a los símbolos de comunicación, en
especial a lo que atañe al lenguaje y a su cometido.
Lenguaje,
convención y roles
Un lenguaje es
más eficaz cuanto más amplio es su vocabulario. Un gran número de palabras
indica además un alto grado de conciencia en la distinción entre cosas y entre
acontecimientos diversos. Cada palabra es el signo distintivo de un tipo de
experiencia, y el fundamento de la clasificación consiste en que discrimina
unas cosas de otras. La necesidad de desempeñar diferentes papeles en la
comunidad también distingue a unos individuos de otros y para evitar
confusiones requiere que los individuos se identifiquen con sus deberes. Muchos
nombres, por ejemplo herrero, panadero, sastre, carpintero y calderero,
indicaban en principio roles desempeñados en sociedad. La palabra latina persona procede del término que confería valor
simbólico a las máscaras que llevaban los actores en el teatro grecorromano, y
a su vez cada una de las máscaras identificaban los papeles que interpretaban
los actores. Las personas desarrollaron una conciencia de su unicidad y
separación de los demás, basada en parte en la aceptación de roles particulares
en la sociedad.
La separación de
los individuos por el rol y la creciente percepción de la distancia respecto al
mundo por el lenguaje, se produjo a través de una convención, que es a la vez
divisiva y cohesiva. Sin embargo las convenciones son complejas y se aprenden
con cierta dificultad. Por eso las diferencias pactadas por la sociedad tienen
que ser respetadas, lo mismo que ocurre con los niños, que deben ser
disciplinados para aprender un idioma y para manejar las reglas de los juegos,
del protocolo o las morales. La propia vida de la comunidad depende de la
observación de las convenciones de comunicación. La instrumentalidad de una
religión consiste además en garantizar el sistema completo de convenciones o
las reglas de pensamiento y lenguaje, conducta y rol. Para el judaísmo y el
cristianismo la idea de salvación es inseparable de la idea de pertenecer a una
comunidad, la del llamado pueblo elegido; es decir, la Iglesia, considerada
como un conjunto de miembros o una asamblea (en latín ecclesia) sea Israel o la
comunión de los santos.
Las relaciones
entre un sistema de convención social y un sistema de creencias sobre el
universo requieren una explicación adicional. La convención social incluye
recursos como gramáticas, vocabularios, números y signos, sin los cuales una
persona puede percibir el mundo pero no pensar sobre él. El lingüista americano
Benjamin Lee Whorf sugirió que la estructura del lenguaje, es decir del
instrumento de reflexión de una persona, determina la opinión de ese individuo
sobre la estructura de la naturaleza. Por eso es comprensible que tanto las
tradiciones religiosas semíticas como la indo-aria conciban el universo como si
hubiera sido creado por la palabra de Dios. Si el mundo es explicado, dominado
y descrito por el pensamiento, es natural suponer que haya sido creado por el
pensamiento, y que las leyes de la naturaleza que la reflexión descubre son la
palabra o la ley de Dios, subyacente al mundo como una pauta primordial.
Puesto que una
cultura elabora una imagen coherente y ordenada del mundo, es natural que sus
miembros crean que el poder de lo numinoso que está tras el mundo sea coherente
y ordenado, y que tenga unidad. Su comprensión progresiva de que el orden
natural del mundo tiene un modelo inteligente aparece acompañada de la
sensación de que ellos no inventaron este modelo, aunque lo hubieran
descubierto, que alguien debe conocer en su totalidad. Por lo tanto ellos lo
atribuyen a una inteligencia diferente de la propia. Cuanta más gente aprecia
la complejidad del modelo más se maravilla de la inteligencia que hay en su
trasfondo, y a partir de ahí se comienza a formular una concepción madura de
Dios, como un ser que excede en sabiduría y poder, y que es inmensurable y más
grande que cualquier mortal. De esta forma, contemplando la maravilla de su propia
estructura física, el salmista de la Biblia escribió: "maravillosa por
extremo es para mí esta ciencia; sublime; no la entiendo" (Sal 139,6).
Teísmo
Religión en este
sentido, es teísmo, sin excepciones. Implica la creencia en un dios personal,
vivo y espiritual, distinto del mundo que ha creado de igual forma que la mente
humana se siente distinta de aquello que conoce. Existen, sin embargo, diversas
formas de teísmo. El Antiguo Testamento muestra un progreso desde henoteísmo
(creencia según la cual existe una deidad suprema y otras inferiores) a
monoteísmo (creencia de que este dios es el único Dios y al que se debe temor y
fidelidad absolutos). Otras variantes son el politeísmo, creencia en muchos
dioses derivada del paganismo y que suele incluir al menos una vaga percepción
de que lo mucho es un aspecto de lo uno; el panteísmo, creencia de que Dios
engloba todas las cosas en el universo (aunque este tipo de creencia sea en la
historia una idea filosófica más que una creencia religiosa); y panenteísmo,
una creencia según la cual cada criatura es un aspecto o una manifestación de
Dios, que es concebido como el actor divino que desempeña a la vez los
innumerables papeles de humanos, animales, plantas, estrellas y fuerzas de la
naturaleza.
La religión es
por lo tanto fe comunitaria en, y conformidad con, el modelo que el pensamiento
descubre o ha sido revelado, como voluntad o mandamiento de la inteligencia que
se encuentra más allá del universo. La comunidad se vincula a este modelo como
pauta de vida, que consiste en tres elementos: el credo, el código y el culto.
Credo es la fe en el modelo revelado y en la inteligencia divina que lo
constituyó. Código es el sistema de leyes humanas y morales que cuentan con
sanción y autorización divina, que incluye las reglas de participación activa
en sociedad. Culto es el ritual de ceremonias o actos simbólicos por medio de
los cuales la comunidad pone su conciencia en armonía con la mente de Dios, ya
sea mediante danzas ceremoniales o reconstrucciones dramatizadas de las
acciones de Dios, o por el sacrificio de alimentos celebrados en común por Dios
y su pueblo. La misa cristiana o la comunión procede de este último tipo.
Salvación
La salvación
religiosa es en síntesis la idea de la incorporación a una comunidad divina, a
través del sometimiento a los deseos de Dios. En fases posteriores de la
tradición semítica, la salvación comenzó a englobar la idea de la supervivencia
más allá de la muerte, primero mediante la resurrección milagrosa del cuerpo y
después, como resultado de las influencias griegas, en virtud de la mortalidad
inherente del alma. Sin embargo, la salvación quedaba subordinada y
condicionada al ingreso en la comunidad divina. Después de la muerte, aquellos
que no se han incorporado son proscritos espirituales enviados, por ejemplo, al
gehena judaico, al infierno cristiano o al iblis islámico. Por otra parte, la
salvación después de la vida mortal es concebida como un estado de íntima unión
con Dios en el que, sin embargo, se mantiene la personalidad diferente de cada
miembro.
Aunque se
considera que salvarse depende del cumplimiento de una regla de vida, todas las
tradiciones religiosas reconocen que por sus propias facultades las personas no
puede cumplir las condiciones de salvación. Las escrituras hebreas, que
judaísmo, cristianismo e islam consideran de revelación divina, contienen la
idea de una caída inicial, o pecado original, cometido por el primer hombre y
la primera mujer, Adán y Eva, y como consecuencia, la voluntad humana está en
esencia pervertida por el egoísmo y la soberbia. Por lo tanto, la salvación es
imposible sin ayuda divina. Las tres religiones enseñan lo mismo, que Dios es
sobre todo amor y misericordia y que su objetivo final es la redención de toda
la humanidad. Cuando los individuos se arrepienten de sus faltas, Dios ofrece
su gracia con generosidad; es decir, la salvación considerada como un premio
para quienes no la merecen. En la tradición cristiana, el único mediador o
dador de gracia es el Jesús de Nazaret histórico, considerado como la
personificación humana o encarnación del propio Dios. Jesús ama tanto al mundo
que viene a sufrir su dolor, a soportar su carga, y a transformarlo desde
dentro.
Por lo tanto, en
el presente esquema de clasificación, judaísmo, cristianismo e islam pueden
llamarse las tres 'religiones mundiales', es decir, religiones que tienen como
ideal la totalidad de la especie humana.
Otras creencias
de carácter más local se adaptan a la definición de religión, aunque estén más
vinculadas concretamente con determinados esquemas de cultura. Estas creencias
surgen de la comunidad sij en India y el zoroastrismo, la religión de los
persas, en India e Irán. Entre ciertas formas de religión, que ya no se
practican, figuran los cultos de Ra y Osiris del antiguo Egipto y los misterios
clásicos del mundo grecorromano.
Los
caminos de la liberación
En Asia existen
ciertos tipos reconocidos de experiencia espiritual que en Occidente tienen
lugar sólo de una forma casual y con un reconocimiento mínimo de las
tradiciones religiosas oficiales. Estos tipos de experiencia no deberían
identificarse siempre con el misticismo, o el sentimiento de unión con Dios,
que puede producirse en un contexto teístico y religioso. Por lo tanto parece
más apropiado utilizar un concepto como 'caminos de liberación' para describir
estas formas de experiencia espiritual, ya que todas ellas se ocupan de la
emancipación de la conciencia humana de ideas y sentimientos provocados por los
condicionamientos sociales. Es decir, por los propios sistemas de convención
que garantiza una religión, en el sentido habitual del término. Estos caminos,
sin embargo, no deberían ser considerados antirreligiosos, ya que no pretenden
destruir la religión y la convención sino utilizarlas sin verse condicionados
por ellas. Intentan superar el concepto del mundo, adquirido a través del uso
del pensamiento y el lenguaje; consideran que este concepto favorece divisiones
y diferencias y tiende a hacer que las personas desatiendan su inseparabilidad
del universo total. Entre los principales caminos de liberación están los que
aparecen en el hinduismo (de forma muy clara en el vedanta y el yoga), el
budismo y el taoísmo.
Hinduismo
Dentro de la
complejidad cultural del hinduismo, que se puede considerar panenteísta,
existen una serie de darshana o puntos de vista también
legítimos, que el individuo puede adoptar. Los más notables son el vedanta,
basado en las doctrinas de los Upanisad, un conjunto de escritos poéticos; y el
yoga, una forma de meditación que se considera nativa de la India. Tanto el
vedanta como el yoga se ocupan de la liberación del mundo, considerado como una
ilusión de realidad.
Lo más frecuente
es que no se estudie el vedanta o el yoga hasta que el individuo ha llegado a
la mitad de su vida, se ha establecido en su casta, que puede ser considerada
su rol o vocación, y está preparado para transmitir sus obligaciones sociales a
los hijos. Por eso el vedanta y el yoga no suelen enseñarse a los niños, como
se hace con las Escrituras y las creencias de una religión como el
cristianismo, sino sólo a los adultos ya disciplinados en los caminos de la
sociedad. Estos caminos implican renunciar en concreto a la propia identidad,
abandonar la tarea de mantener las obligaciones sociales y prepararse para
morir, y esto se explica porque la muerte, cuando le llega a una persona que
todavía cree que es un individuo aislado, se considera una calamidad.
Según el vedanta,
la idea de que el mundo es una pluralidad de cosas distintas es considerada maya
o una ilusión, producto de la forma convencional de pensamiento. Puesto que maya
tiene la significación original de 'medir', el mundo se considera medido o
señalizado por estas divisiones y clasificaciones de la experiencia humana, que
hacen posible las palabras y las ideas. Para describir una curva complicada hay
que medirla como si constituyera una serie de puntos distintos. De la misma
forma, para describir y pensar sobre la naturaleza hay que desglosarla en
unidades o términos manejables; es decir, cosas y acontecimientos. Este procedimiento,
útil en todo caso, sugiere que los acontecimientos son separables entre sí, que
uno podría suceder sin el otro, y que el placer podría existir sin dolor o la
vida sin la muerte. Una impresión parecida predomina respecto a la
separabilidad de las cosas.
El vedanta
sostiene que todas las distinciones son relativas entre sí y que contrarios
como el conocedor y lo conocido, o el sujeto y el objeto, son distinciones tan
indisolubles como las dos caras de una moneda. En otras palabras, el mundo sólo
se puede separar en cosas independientes mediante el pensamiento. En la
realidad concreta el mundo es una unidad inseparable o, de forma más precisa,
una no dualidad, ya que la unidad es también un pensamiento o idea que sólo
existe en relación con la idea de diversidad. El verdadero estado del mundo no
es unidad o multiplicidad. El verdadero estado del mundo es más bien
inmensurable, indescriptible e indefinible.
Un hombre, por lo
tanto, puede reconocer que en su más profunda consciencia (atmán, en hinduismo)
no es ese individuo separado sino un brahman o la indefinible totalidad. Sin
embargo ha sido inducido a considerarse como un ser separado por el necesario
carácter divisivo del pensamiento. No se puede decir qué es el brahman, ya que
la realidad básica del mundo no pertenece a clase alguna a la que se pueda
aplicar una palabra. Aunque un brahman no pueda ser captado en palabras o
ideas, puede sin embargo ser experimentado, y la realización de esta
experiencia es la función del yoga. Esta realización consiste en la llamada
unificación de consciencia; es decir, en la renuncia transitoria de todo
pensamiento divisivo y en el abandono de todas las ideas y conceptos sobre la
vida. El mundo podrá ser experimentado entonces en su estado original, real e
inseparable.
Este tipo de
experiencia no significa, como podría suponerse, dejar la mente en blanco, lo
mismo que la realidad concreta de la naturaleza no es la colección de cosas
separadas que concibe el pensamiento, ni un mero espacio vacío. Si el estudioso
de las religiones comparadas fuera a preguntar a un cristiano y a un vedantista
por sus ideas de lo que es real con carácter definitivo, el vedantista quedaría
en silencio o diría lo que no es, mientras que el cristiano describiría los
atributos positivos de Dios, es decir, su amor, sabiduría e inteligencia. El
estudioso podría asumir por lo tanto que este último reconoce un Dios que
existe de un modo demostrable, y el primero un dios que es casi nada en
absoluto.
Se utilizan dos
diferentes modos de hablar para caracterizar experiencias espirituales. La
expresión religiosa se parece a intentar describir el color a una persona ciega
diciendo con qué color podrían compararse, por ejemplo, las variaciones de
temperatura. La vía de liberación intenta al parecer describir a la persona
ciega lo que no es color. Ambas formas de hablar serían válidas. Una religión
expresa la realidad última en términos específicos tales como los del
pensamiento y la imaginación, y de este modo su concepto de Dios queda
determinado y definido. Una vía de liberación dejaría el pensamiento al margen,
en favor de la experiencia directa y del sentimiento, y por esta causa su
concepto sería indeterminado e indefinido.
Budismo
El budismo, la
doctrina de Gautama Buda, surge como un movimiento de clarificación y reforma
del hinduismo.
En muchos
aspectos, los objetivos del budismo son los mismos que los del vedanta y el
yoga. Gautama Buda, sin embargo, evitó dar nombre, incluso el más simple, a
aquello que se considera básicamente real, ya en su aspecto universal en cuanto
brahman como en su aspecto humano, el yo más profundo o atmán. Creía que tales
términos eran transformados en ideas y formas de pensamiento con tanta
facilidad que restarían valor a la experiencia directa. Su doctrina era que las
personas sufren a causa de la avidya, o ignorancia, de la total
relatividad del mundo de las cosas y los hechos. El pensamiento es avidya
ya que es un proceso de ignorancia, es decir, no puede concentrase en ningún
aspecto de la experiencia sin ignorar todos lo demás. Es una forma de
contemplar la vida faceta por faceta y no como totalidad, y conduce a su vez al
apresamiento (trishna, en el budismo) o intento de arrebatar las partes
deseables de experiencia del conjunto; sin embargo, puesto que el bien se halla
siempre asociado al mal, esta separación jamás puede realizarse. Del mismo
modo, no se puede experimentar un sólido sin un espacio circundante, estando
espacio y sólido relacionados entre sí. Abandonar la codicia conduce al ideal
budista de nirvana, que Gautama Buda se negó a definir excepto en términos
negativos, como el vedantista define la liberación.
La doctrina de
Gautama Buda conduce a un malentendido al que vedanta es propenso también: que
se puede buscar la liberación como un escape del sufrimiento o como un
permanente estado de beatitud. Líderes religiosos budistas posteriores, en
especial los de la escuela Mahayana, corrigieron este malentendido señalando
que la búsqueda del nirvana como un escape seguía siendo codicia. Por eso su
ideal del individuo sabio iba más allá del más antiguo concepto hindú de
abandono del mundo, es decir, del mundo social, como preparación para la
muerte. Incluía el regreso a la actividad plena de la sociedad una vez
liberado, hasta el punto en que, libre del miedo, uno pudiera dedicarse a
practicar actos de compasión con quienes siguen en la esclavitud de maya.
Sin embargo la doctrina budista propugna moralidad y piedad, no como un
mandamiento sino como una acción voluntaria, a la que la persona libre se
compromete sin esperanza de recompensa ni temor a recibir un castigo. En el
budismo no aparece ningún pensamiento donde se presente la conducta moral como
obediencia a un modelo divino, ya que considera las normas morales como reglas
de gramática, es decir, convenciones humanas necesarias para la existencia
social, aunque sin ninguna autoridad absoluta.
Aunque Buda no
dio nombre a lo que consideraba realidad absoluta, los maestros budistas
posteriores hablaron del verdadero estado del mundo como sunyata, o 'vacío', significando
más en concreto 'vacío de cualquier característica definible' o
'inclasificable'. Esta actitud filosófica no equivale en sentido alguno al
ateísmo o nihilismo occidentales, ya que lo que está vacío no es la propia
realidad sino cada una de las ideas en que la mente humana intenta apresarla.
Taoísmo
Atribuido a los
filósofos chinos Lao-tsé y Zuang-zi, el taoísmo es la forma específica china de
un camino de liberación. En ciertos aspectos se parece al budismo y esa es la
razón de que se utilizaran términos taoístas en la traducción de textos
budistas del sánscrito al chino. Sin embargo, se aparta más aún que el budismo
de los conceptos occidentales de una religión; debe su origen a filósofos
adscritos a una corriente surgida del fácil de seguir escepticismo filosófico
chino, que estudia la utilidad de la discriminación intelectual y lingüística,
y tiene poco que ver con los dioses, los espíritus o los cultos. Como el
vedanta y el yoga, el taoísmo fue adoptado en general por personas mayores que
habían desempeñado su papel en sociedad según los esquemas básicos de
convención proporcionados por el confucianismo en China. En común con el
budismo Mahayana, el taoísmo permite el regreso del sabio liberado a los
asuntos materiales. Su texto principal, el Tao Tê -King o Daodejing, atribuido a
Lao-tsé, fue escrito como un manual de consejos para los gobernantes.
El verdadero
taoísmo, tal como aparece en las doctrinas de Lao-tsé y Zuang-zi, debe
distinguirse con el máximo cuidado del culto taoísta de adivinación, alquimia y
magia, que solo tiene de taoísta el nombre; es más bien una supervivencia de la
religión china nativa. El taoísmo puro nunca llegó a organizarse y ha seguido
siendo la obra de investigadores y filósofos independientes, tanto en China
como en Japón, durante más de 2.000 años. Considera el universo natural como la
operación del tao, que elude toda comprensión verbal e intelectual. La
experiencia del tao debe realizarse a través de guan ('contemplación
silenciosa de la naturaleza') y de wu-wei ('la ausencia de tensión mental y
física'), que representan el equivalente a la actitud budista del no
apresamiento. El taoísmo subraya con insistencia la unión del individuo y la
naturaleza, sugiriendo que el control del entorno puede lograrse no luchando sino
cooperando con él, como un marinero que cambia el rumbo de su embarcación
cuando el viento se pone en contra. El taoísmo es la filosofía subyacente en el
jujitsu, la llamada forma cortés de defenderse basada en el empleo de la propia
fuerza del adversario para derrotarlo. De la misma forma, enseña que uno debe
controlarse confiando, más que oponiéndose, en los sentimientos e instintos
naturales propios, canalizándolos en la dirección que uno quiera que tomen en
lugar de resistirse a ellos.
Religión
comparada
El estudio de las
tradiciones religiosas del mundo coincide con la expansión política y económica
de Europa occidental.
Primeros
investigadores occidentales
Los misioneros
jesuitas del siglo XVII incluían con especial relevancia a los italianos Matteo
Ricci en China y Roberto de Nobili en India, y el español san Francisco Javier
en Japón. En el siglo XVIII se despertó un gran interés entre los
investigadores y los filósofos por las traducciones latinas de textos
confucionistas y taoístas realizadas por los jesuitas. Durante cierto tiempo se
idealizó la cultura china, especialmente por los deístas, que encontraron en
ella pruebas para su tesis de que la moralidad podía crecer sin religión
dogmática. Entre los pioneros en este campo están los filósofos alemanes Johann
Gottfried von Herder y George Friedrich Wilhelm Hegel, y el filólogo británico
Friedrich Müller. Su trabajo lo continuaron el filósofo británico Edward Caird
en The
Evolution of Religion (1894) y el teólogo holandés Cornelius Petrus
Tiele en Elements
of the Science of Religion (1897-1899). Pero debe destacarse la obra
del filósofo y psicólogo estadounidense William James en Las variedades de la experiencia
religiosa (1902), primer estudio serio de psicología de la religión.
Siglos
XIX y XX
En los siglos XIX
y XX hubo notables aportaciones especializadas al estudio de la religión
comparada en los trabajos chinos realizados por el investigador francés Noël
Julien, llamado Stanislas Julien, y por el misionero jesuita Leon Wieger; en
los estudios budistas del indianista y filólogo holandés Jan Hendrik Kern y del
orientalista británico Thomas William Rhys Davis; en el estudio del vedanta del
filósofo e investigador de sánscrito alemán Paul Deussen; los estudios sobre
taoísmo y confucianismo del misionero y sinólogo británico James Legge, y en
los estudios relativos a la India del investigador sánscrito sir Monier
Monier-Williams.
Gran parte de la
obra sobre religiones comparadas la emprendieron misioneros que buscaban puntos
en común entre las creencias ajenas y el cristianismo, así como algunas pruebas
de la superioridad espiritual del cristianismo. Los filólogos realizaron otro
trabajo, cuyo interés residía en la forma lingüística más que en el contenido
de los escritos sagrados de otras culturas. Sin embargo, el conflicto
progresivo entre religión y ciencia en el mundo occidental a finales del siglo
XIX y principios del XX tuvo como resultado un general descontento de las
variantes fundamentalistas de la creencia cristiana. Este descontento llevó a
su vez a una actitud más comprensiva hacia el resto de las religiones. En este
siglo, el estudio de las formas de liberación, en particular, ha realizado
importantes avances, ayudado sobre todo por la obra de eminentes investigadores
asiáticos como los indios Surendra Nath Dasgupta y sir Sarvepalli
Radhakrishnan, los japoneses Daisetzu Teitaro Susuki y Junjiro Takakusu, el
chino Fung Yu-lan y el cingalés Ananda Coomaraswamy.
En las tres
décadas anteriores a su muerte, el nombre del historiador de las religiones
norteamericano, de origen rumano, Mircea Eliade se convirtió en sinónimo de los
estudios comparativos. Investigó lo sagrado en creencias, ritos y experiencias
religiosas de todos los pueblos y de todas las culturas.