G. Orwell,
1984
La historia se
desarrolla en un estado totalitario, en el que el poder manipula y controla
absolutamente todo lo que se refiere al pueblo. La continua vigilancia a la que
todos son sometidos llega a tal importancia que incluso interviene en los sentimientos
y acciones mas intimas y primitivas. Para este estado, lo más importante es el
poder, con lo que todo es sacrificable para conseguirlo.
El “Gran Hermano” es
una figura que intimida, por su omnipresencia al pueblo, quien vive sometido a
un estricto régimen y bajo una mentira; constantemente se habla de la guerra
que están viviendo, de los cambios de aliados y enemigos, pero en realidad todo
es una farsa, pues el pueblo se mantiene mas unido si cree que lucha contra el
mismo enemigo. El objetivo de la guerra no es conseguir poder y territorios,
deben destruir el individualismo para conseguir una sociedad obediente, sin
recursos, para mantener así su poder.
Sus vidas están
envueltas de miseria y monotonía, bajo la influencia de su líder y bombardeados de absurdas noticias con un
sentido subliminal o rigurosos controles sobre personas y existencias. Todas
sus pertenencias (casas, comida, objetos personales,...) se las proporciona el
sistema. Tan solo una pequeña parte de
la población, los jefes de los partidos políticos y cargos semejantes, tienen
una vida un poco más acomodada.
Todos los partidos políticos defienden la
misma ideología. Desde pequeños estan enseñados de esa manera, y podríamos
comparar los adolescentes de esta sociedad con las juventudes hitlerianas. Están
sometidos ha un cambio total de mentalidad, incluso el vocabulario esta
estipulado. Deben ser pasivos y
obedientes al “Gran hermano” (ejemplo
de ello es la incapacidad de decisión propia, las telepantallas y el saludo que
deben hacer cuando aparece su líder), quien quiere una sociedad en bloque,
apartada del individualismo; el sexo está prohibido (la reproducción se lleva a
cabo mediante “niños probeta”), pues si logran separar al hombre de su familia
y anular los sentimientos, lograran que solo sean leales al partido.
Toda desobediencia de
lo estipulado se condena bajo “el crimen mental”; incumplir las normas tiene
como consecuencia una horrible tortura,
tras la cual intentan “lavarles el cerebro” y tan solo les queda la
esperanza de un fusilamiento rápido. Los condenados a esto, aparecen por las
telepantallas como grandes delincuentes o presos enemigos, les hacen acusarse
de crimenes y delitos que no han cometido, y sostener así la mentira sobre la
guerra. Sus torturas y muertes son un
gran espectáculo para el pueblo.
Winston Smith aparece
como símbolo de la rebelión contra el poder político. Su relación con esa chica
desafía las leyes, pues además de sexo, hay sentimientos.
Desea mantener la
esencia del hombre, que tanta insistencia en destruir tiene el Estado. Para él
la verdad es la libertad, poder decidir, hablar. Cree que la unión del
proletariado salvara al pueblo del cruel sistema en el que están obligados a
vivir; pero a medida que el relato avanza, se cansa de este desafío a la
autoridad, que mas tarde solamente le causará dolor.
En la conversación que
mantienen mientras Winston es torturado por su supuesto delito, se nos desvelan
muchos detalles sobre el funcionamiento y los objetivos de esta sociedad. No desean que hagan las cosas para dejar de
sufrir, quieren que los individuos crean realmente lo mismo que “El Gran
Hermano”. Es entonces cuando aparece esta frase: “solo se demuestra la
superioridad sobre otro hombre infrinjiéndole dolor”.
Él mantiene sus
ideales, y aunque su compañera le ha traicionado y él a sido brutalmente
torturado, no acaba aceptado acríticamente lo que le imponen, tan solo le queda
esperar su muerte.
A continuación, introduzco
a modo de apéndice ciertas frases que considero muy interesante.
La guerra es la paz; la
libertad es la esclavitud; la ignorancia es la fuerza.
Para el futuro o para
el pasado; para la época en la que se pueda pensar libremente, en que los
hombres sean distintos los unos de los otros y no vivan solitarios... Para cuando
la verdad exista y lo que se haya hecho
no pueda ser deshecho.
El crimental (crimen de
la mente) no implica la muerte; es crimental es la muerte misma.
Hasta que no tengan
consciencia de su fuerza, no se rebelaran, y hasta después de haberse rebelado,
no serán conscientes.
La libertad es poder
decir libremente que 2 y 2 son 4. Si se concede esto, todo lo demás vendrá por
sus pasos contados.
Débora
Martín Vera
1º
Bat. “D”