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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Política y perspectiva de Sheldon Wolin: 1. La filosofía política como forma de indagación, 2. Forma y sustancia, 3. Pensamiento político e instituciones políticas, 4. La filosofía política y la índole de lo político, 5. El vocabulario de la filosofía política, 6. Visión e imaginación política, Agregado: 24 de MAYO de 2000 | Palabras: 1665 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Polítíca > |
Resumen
Ficha nº 1: Política y perspectiva de Sheldon Wolin
Filosofía
política y filosofía
1.
La
filosofía política como forma de indagación.
Históricamente,
la diferencia fundamental entre filosofía y filosofía política ha radicado en
un problema de especialización y no de método o de temperamento.
La
filosofía puede ser diferenciada de otros métodos de extraer verdades porque
pretende referirse a verdades públicamente alcanzadas y públicamente
demostrables. Al mismo tiempo, una de las cualidades esenciales de lo político
es su relación con lo “público”. La íntima conexión existente entre
instituciones políticas e intereses públicos ha sido incorporada a la práctica
de los filósofos; se ha considerado la filosofía política como una reflexión
sobre cuestiones que preocupan a la comunidad en su conjunto.
2.
Forma
y sustancia
Si
pasamos ahora al objeto de la filosofía política, aún el más superficial examen
de las obras maestras de la literatura política nos revelará la continua
reaparición de ciertos temas problemáticos como por ejemplo: las relaciones de
poder entre gobernantes y gobernados, la índoles de la autoridad, los problemas
planteados por el conflicto social, la jerarquía de ciertos fines o propósitos
como objetivos de la acción política, y el carácter del conocimiento político.
Los problemas que experimenta el filósofo político cuando intenta circunscribir
un objeto de estudio que, en realidad, no puede ser circunscrito obedece a dos
razones principales. En primer lugar, una institución política, por ejemplo, se
halla expuesta a influencias de tipo no político, de modo que explicar dónde
comienza lo político y dónde termina lo no político para a ser un problema
desconcertante. En segundo lugar, hay una difundida tendencia a utilizar,
cuando describimos fenómenos no políticos, las mismas palabras y conceptos que
cuando hablamos de asuntos políticos.
Las
prácticas establecidas y los ordenamientos institucionales han proporcionado a
los autores políticos sus datos básicos. Las ideas y categorías que empleamos en
el análisis político no son del mismo orden que los “hecho” institucionales, ni
están “contenidos” en los hechos sino que representan un elemento agregado.
Conceptos como “poder”, “autoridad”, “consenso” y demás no son “cosas” reales.
3.
Pensamiento
político e instituciones políticas.
El
filósofo se ve respaldado y restringido al mismo tiempo por la circunstancia de
que las sociedades poseen cierto orden, cierto grado de ordenamiento, que
existe al margen de que los filósofos filosofen o no. En otras palabras: los
límites y la esencia del objeto de estudio de la filosofía política están
determinados, en gran medida, por las prácticas de las sociedades existentes.
Entendemos por “prácticas” los procesos institucionalizados y procedimientos
establecidos que se emplean habitualmente para resolver asuntos públicos. Lo
importante para la teoría política es que estas prácticas institucionalizadas
cumplen una función fundamental en cuanto a ordenar y dirigir la conducta
humana y determinar el carácter de los sucesos.
El
espacio
político es el lugar donde se relacionan las fuerzas tensionales
de las sociedad, como en un tribunal, una legislatura, una audiencia
administrativa o el congreso de un partido político.
El
tiempo
político es el período dentro del cual tienen lugar la decisión,
la resolución o el acuerdo. Los ordenamientos políticos proporcionan así un
marco dentro del cual se vinculan espacial y temporalmente las actividades de
individuos y grupos.
Las
instituciones políticas proporcionan las relaciones internas entre las “cosas”
o fenómenos de naturaleza política, y que la filosofía política trata de
formular enunciados significativos respecto de esas “cosas”.
4.
La
filosofía política y la índole de lo político
Casi
todos los grandes enunciados de la filosofía política han sido propuestos en
épocas de crisis, o sea, cuando los fenómenos políticos son integrados por las
formas institucionales con menos eficacia que antes. El colapso institucional
pone en libertad, fenómenos que hacen que los comportamientos ya acontecimientos
políticos tomen un carácter algo aleatorio, y destruyen los significados
habituales que había formado parte del antiguo mundo político. Las teorías de
Platón, Maquiavelo y Hobbes, por ejemplo, evidencian una relación de “desafío y
respuesta” entre el desorden del mundo y el papel del filósofo político como
encargado de encuadrar ese desorden del filósofo político como encargado de
encuadrar ese desorden.
El
carácter común del orden político se ha reflejado tanto en la gama de temas que
los teóricos juzgaron adecuados a su materia como en el modo en que tales temas
han sido tratados en la teoría política está presente en la creencia básica de
los teóricos: el poder político se ocupa de los intereses generales compartidos
por todos los integrantes de la comunidad; la autoridad política se diferencia
de otras formas de autoridad en que habla en nombre de una sociedad considerada
en sus características comunes; la pertenencia a una sociedad política
simboliza una vida de experiencias comunes; y el orden presidido por la
autoridad política debería extenderse a lo largo y a lo ancho de la sociedad en
su conjunto.
Actividad
política incluye:
a)
Una
forma de actividad centrada alrededor de la búsqueda de ventajas competitivas
entre grupos, individuos o sociedades;
b)
Una
forma de actividad condicionada por el hecho de tener lugar dentro de una
situación de cambio y relativa escasez;
c)
Una
forma de actividad en la cual la prosecución de beneficios produce consecuencia
de tal magnitud que afectan de modo significativo a la sociedad en su conjunto
o a una parte sustancial de ella.
5.
El
vocabulario de la filosofía política
Los
nexos entre los conceptos de la teoría política y la experiencia política
sugieren que una teoría política no es una construcción arbitraria, porque sus
conceptos se vinculan con la experiencia en diversos puntos.
Aunque
el vocabulario del teórico político lleva consigo rastros de lenguaje y
experiencia cotidianos, es en gran medida el producto de los esfuerzos
creadores del teórico. Esta estructura de significados contiene no solamente
conceptos políticos sino también una sutil fusión de las ideas filosóficas uy
políticas, una metafísica oculta o latente. El teórico político ha utilizado
siempre sinónimos; en ves de espacio político quizás haya escrito acerca de la
ciudad, el Estado o la nación; en lugar de tiempo, puede haberse referido a la
historia o a la tradición; en lugar de energía, puede haber hablado de poder.
El conjunto de estas categorías puede ser denominado metafísica política.
El
concepto de espacio político también involucraba la cuestión decisiva de los
ordenamientos destinados a zanjar los problemas surgidos del hacho de que una
gran cantidad de seres humanos, poseedores de una identidad cultural común,
ocupaban una misma zona determinada.
Por
diversos medios, una sociedad procura estructurar su espacio: mediante sistemas
de derechos y obligaciones, distinciones sociales y de clase, restricciones y
prohibiciones legales y extralegales, beneficios y castigos, permisos y tabúes.
Estos ordenamientos sirven para señalar a las leyes caminos a lo largo de los
cuales pueden desarrollarse sin perjuicio (o con provecho) los movimientos
humanos.
6.
Visión
e imaginación política
Desde
la revolución científica de los siglos XVI y XVIII, fue el primer tipo de
visión, la “objetiva”, destinada a informar de modo desapasionado, la
relacionada comúnmente con la observación científica. Esta concepción de la
ciencia es errónea, pues subestima el papel que cumple la imaginación en la
construcción de teorías científicas.
La
posibilidad de que los teóricos
políticos no haya advertido que introducían la imaginación o la fantasía en sus
teorías es fácilmente descartable. En cambio, creían que la fantasía, la exageración, incluso la extravagancia, nos
permiten a veces ver cosas que de otro modo no se advierten.
La
mayoría de los pensadores políticos han opinado que la imaginación era un
elemento necesario en la teorización, porque advirtieron que, para que el
intelecto pueda manipular los fenómenos políticos, deben ser presentados en lo
que cabe denominar “su plenitud mejorada”. Los teóricos nos han dado cuadros en
miniatura de la vida política, cuadros en los cuales ha sido eliminado cuanto
era extraño al propósito del autor.
7.
Una
tradición de discurso
Una
tradición ininterrumpida de pensamiento político presenta muchas ventajas,
tanto para el pensador político como para el actor político. Los proporciona la
sensación de transitar por un mundo familiar, cuyo territorio ya ha sido
explorado; y donde no lo ha sido, existe igualmente una amplia variedad de
indicios respecto de las rutas alternativas. También permite la comunicación
entre los contemporáneos sobre la base de un lenguaje común, aún cuando se lo
encuentre traducido a diferentes dialectos.
8.
Tradición
e innovación
Una
teoría política consiste en una serie de conceptos ligados por una especie de
principio de representación que asigna acentos y modulaciones. Cualquier
desplazamiento o alteración importante del principio de representación, o
cualquier énfasis exagerado en uno o varios conceptos, da como resultado un
tipo de teoría diferente.
En
el juego que tiene lugar entre los conceptos políticos y experiencia política
cambiante, no puede dejar de haber una modificación en las categorías de la
filosofía política. Esto explica, en parte, la frecuencia con que presenciamos
el espectáculo de dos teóricos políticos que situados en puntos diferentes de
la historia, utilizan los mismos conceptos, pero expresan con ellos cosas muy
distintas; cada uno responde a un conjunto diverso de fenómenos. Como resultado
de esto, cada filosofía política importante lleva en sí algo de exclusivo, así
como algo de tradicional.
Al
abordar las ideas persistentes del pasado, es inevitable que un filósofo
político impregne su propio pensamiento de ideas y situaciones anteriores,
análogamente entrelazadas con las que las precedieron. En este sentido, el
pasado nunca es totalmente sustituido; se lo recupera constantemente, en el
momento mismo en que el pensamiento humano parece ocupado en los problemas
peculiares de su época. El resultado es una “coexistencia de elementos
diversos”, en parte nuevos, en parte heredados, lo viejo destilándose en lo
nuevo, y lo nuevo recibiendo la influencia de lo viejo.
La
filosofía política es una evolución intelectual dentro de la cual
sucesivos pensadores han agregados
nuevas dimensiones al análisis y comprensión de la actividad política. Investigar
esa evolución no es una búsqueda de antigüedades, sino una forma de educación
política.
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