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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El Romanticismo: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 1991 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Monografía
Sobre El Romanticismo
Romanticismo (literatura), movimiento literario que dominó la literatura
europea desde finales del siglo XVIII hasta mediados del XIX. Se caracteriza
por su entrega a la imaginación y la subjetividad, su libertad de pensamiento y
expresión y su idealización de la naturaleza. El término romántico se empleó por
primera vez en Inglaterra en el siglo XVII con el significado original de
'semejante al romance', con el fin de denigrar los elementos fantásticos de la
novela de caballerías muy en boga en la época.
Orígenes e
inspiración
Hacia finales del
siglo XVIII los gustos literarios en Alemania y Francia se alejan
progresivamente de las tendencias clásicas y neoclásicas. Los autores
románticos encuentran su primera fuente de inspiración en la obra de dos
grandes pensadores europeos: el filósofo francés Jean-Jacques Rousseau y el
escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe.
El
espíritu romántico
Fue precisamente
Rousseau quien estableció el culto al individuo y celebró la libertad del
espíritu humano al afirmar "Siento antes de pensar". Goethe y sus
compatriotas, el filósofo y crítico Johann Gottfried von Herder y el
historiador Justus Möser, incidieron en aspectos más formales, colaborando en
una serie de ensayos titulados Von deutscher Art und Kunst (Sobre el
estilo y el arte alemán, 1773), una obra en la que ensalzan el espíritu
romántico manifestado en las canciones populares alemanas, la arquitectura
gótica y las obras de Shakespeare. Goethe se propuso imitar la libertad estilística
de Shakespeare en su Götz von Berlichingen (1773), un drama
histórico sobre un caballero rebelde del siglo XVI. La obra, que justifica la
insurrección contra la autoridad política, inauguró el movimiento literario
conocido como Sturm und Drang (tormenta e impulso), considerado como
precursor del romanticismo alemán. En esta tradición se inscribe también la
célebre novela de Goethe Las desventuras del joven Werther (1779).
Esta obra, que figura entre las principales referencias del movimiento romántico,
exalta los sentimientos hasta el punto de justificar el suicido por un amor no
correspondido, y establece un tono y un estado de ánimo imitado por los autores
románticos tanto en sus obras como en su vida personal: una tendencia al
frenesí, a la melancolía, al hastío del mundo y a la autodestrucción.
El
estilo romántico
El prólogo a la
segunda edición de las Baladas líricas (1800), escrito por los
poetas ingleses William Wordsworth y Samuel Taylor Coleridge, se considera el
manifiesto literario del romanticismo. En él se destaca la importancia del
sentimiento y la imaginación en la creación poética y se rechazan las formas y
los temas literarios convencionales. De este modo, en el desarrollo de la
literatura romántica de todos los países predomina la imaginación sobre la
razón, la emoción sobre la lógica y la intuición sobre la ciencia, lo que
propicia el desarrollo de un vasto corpus literario de notable sensibilidad y
pasión que antepone el contenido a la forma, estimula el desarrollo de tramas
rápidas y complejas y se presta a la fusión de géneros (la tragicomedia y la
mezcla de lo grotesco y lo sublime), al tiempo que permite una mayor libertad
estilística.
Las convenciones
clásicas, como las famosas tres unidades de la tragedia (tiempo, espacio y acción),
cayeron así en desuso, y la creciente demanda de lirismo y espontaneidad,
cualidades que los seguidores del romanticismo encontraron en la poesía popular
y los romances medievales, generó un enorme rechazo de la regularidad métrica,
la rigidez formal y otros aspectos de la tradición clásica. En la poesía
inglesa el verso libre sustituyó al pareado que dominó la poesía del siglo
XVIII. Los primeros versos del drama Hernani (1830), obra del gran escritor
romántico francés Victor Hugo, se alejan de las normas de versificación
francesas del siglo XVIII, mientras que en el prefacio a su Cromwell
(1827), un documento crítico de gran importancia en sí mismo, Hugo no sólo
defiende su ruptura con la estructura dramática tradicional, sino que justifica
además la introducción del elemento grotesco en el arte. Los escritores
románticos sustituyeron también a los héroes universales de la literatura
dieciochesca por héroes más complejos e idiosincrásicos. Gran parte del teatro,
la novela y la poesía romántica se entregan a la celebración del "hombre
corriente" de Rousseau.
Los grandes temas
románticos
Con la difusión
del movimiento romántico a los demás países de Europa, ciertos temas y
actitudes, a menudo entremezclados, se sitúan en el centro de las
preocupaciones de los escritores del siglo XIX.
Anarquismo
Gran parte de los
movimientos libertarios y abolicionistas de finales del siglo XVIII y
principios del XIX tienen su origen en conceptos de la filosofía romántica como
pueden ser el deseo de liberarse de las convenciones y la tiranía, y el gran
valor de los derechos y la dignidad del ser humano. Del mismo modo que los
temas racionales, formales y convencionales característicos del neoclasicismo
estaban abocados al rechazo, los regímenes autoritarios que favorecieron y
auspiciaron este movimiento hubieron de enfrentarse inevitablemente a
importantes revueltas populares. La política y los temas sociales fueron claves
en la poesía y la prosa románticas en todo el mundo occidental, y fructificaron
en documentos humanos, notables por su vigor y su vigencia en el mundo actual.
El año de 1848 estuvo marcado en Europa por el estallido de graves revueltas
políticas, y la corriente romántica fluyó con fuerza en Italia, España,
Austria, Alemania y Francia.
En Guillermo
Tell (1804), del dramaturgo alemán Friedrich von Schiller, un oscuro
montañés medieval se convierte en símbolo inmortal de la lucha contra la
tiranía y el gobierno extranjero. En la novela Los novios (1827), del
escritor italiano Alessandro Manzoni, una pareja de campesinos derrota
finalmente el feudalismo en el norte de Italia. Lord Byron y Percy Bysshe
Shelley, que encarnan para los lectores de poesía inglesa la figura del poeta
romántico por antonomasia (tanto en su estilo vital como en sus obras), protestaron
airadamente contra los males políticos y sociales de la época y defendieron la
causa de la libertad en Italia y Grecia. El poeta ruso Alexandr Serguéievich
Pushkin, cuya admiración por las obras de Byron es manifiesta, alcanzó la fama
con su 'Oda a la libertad' y como muchos autores románticos fue perseguido por
subversión política y condenado al exilio.
El desencanto
generalizado de los románticos con la organización social se plasmó a menudo en
la crítica concreta de la sociedad urbana. La casa del pastor (1844), del poeta
francés Alfred de Vigny, manifiesta la convicción de que una morada humilde
posee más dignidad que un palacio. Anteriormente Rousseau había afirmado que
las personas nacen libres, pero la civilización las encadena. Este sentimiento
de opresión se expresó con frecuencia en la poesía, como revela la obra del
visionario inglés William Blake, quien en su poema 'Milton' (c. 1808) habla de
los "oscuros molinos satánicos" que comenzaban a desfigurar la
campiña inglesa; o el largo poema de Wordsworth El preludio (1850), que
alude a
"… las sofocantes y atestadas guaridas urbanas donde el corazón
humano enferma".
Naturaleza
Uno de los rasgos
principales del romanticismo fue su preocupación por la naturaleza. El placer
que proporcionan los lugares intactos y la (presumible) inocencia de los
habitantes del mundo rural se observa por primera vez como tema literario en la
obra 'Las estaciones' (1726-1730), del poeta escocés James Thomson. Esta obra
se cita a menudo como una influencia decisiva en la poesía romántica inglesa y
su visión idílica de la naturaleza, una tendencia liderada por el poeta William
Wordsworth. El gusto por la vida rural se funde generalmente con la
característica melancolía romántica, un sentimiento que responde a la intuición
de cambio inminente o la amenaza que se cierne sobre un estilo de vida.
La
pasión por lo exótico
Imbuidos de un
nuevo espíritu de libertad, los escritores románticos de todas las culturas
ampliaron sus horizontes imaginarios en el espacio y en el tiempo. Regresaron a
la edad media en busca de temas y escenarios y ambientaron sus obras en lugares
como las Hébridas de la tradición ossiánica, como en la obra del poeta escocés
James MacPherson, o el Xanadú oriental evocado por Coleridge en su inacabado 'Kubla
Jan' (c. 1797). Una obra decisiva fue la recopilación de
antiguas baladas inglesas y escocesas realizada por Percy Thomas; sus Reliquias de
poesía inglesa antigua (1765) ejercieron una influencia notable,
tanto formal como temática, en la poesía romántica posterior. La nostalgia por
el pasado gótico se funde con la tendencia a la melancolía y genera una
especial atracción hacia las ruinas, los cementerios y lo sobrenatural.
El
elemento sobrenatural
El gusto por los
elementos irracionales y sobrenaturales figura entre las principales
características de la literatura inglesa y alemana del periodo romántico. Esta
tendencia se vio reforzada en un sentido por la desilusión con el racionalismo
del siglo XVIII, y en otro por la recuperación de una abundante cantidad de
literatura antigua (cuentos populares y baladas) realizada por Percy y los
eruditos alemanes Jacob y Wilhelm Karl (Grimm y el escritor danés Hans
Christian Andersen o el español Gustavo Adolfo Bécquer, que tanto influyó en
los poetas hispanoamericanos. A partir de estos materiales surge, por ejemplo,
el motivo del doppelgänger (el doble). Muchos escritores románticos,
especialmente los alemanes, se mostraron fascinados con este concepto, que en
cierto modo refleja la preocupación romántica por la propia identidad. El poeta
Heinrich Heine escribió un poema apócrifo titulado 'Der Doppelgänger' (1827);
otra obra basada en el mismo tema es El elixir del diablo (1815-1816), una
novela corta de E. T. A. Hoffmann; y lo mismo cabe afirmar de La increíble
historia de Peter Schlemihl (1814), de Adelbert von Chamisso, un
relato sobre un hombre que vende su sombra al diablo. Mucho tiempo después el
gran maestro ruso Fiódor Mijáilovich Dostoievski escribió su famosa novela El doble
(1846), un estudio sobre la paranoia de un modesto oficinista.
La coincidencia
del periodo romántico con la revolución de independencia en Hispanoamérica
favoreció la importación y amplia difusión del movimiento, pero no fue de
"las ideas sino de los tópicos, no del estilo sino de la manera, del
subjetivismo sentimental". Según un crítico moderno fue más un calco que
una ideología.
Los patriotas hispanoamericanos que vivieron en Londres, a principios de siglo, regresaron cargados de influencias y modelos. Las señas de identidad del romanticismo hispanoamericano fueron: nacionalismo, exaltación de lo autóctono, lucha por la libertad, denuncia social y moral.
El
declive del romanticismo
Hacia mediados
del siglo XIX el romanticismo comienza a dar paso a nuevos movimientos
literarios: los parnasianos y el simbolismo en la poesía y el realismo y el
naturalismo en la prosa, pero siguió cultivándose en toda Europa y América, sin
su carga original audaz, como un calco repetitivo y con gran éxito de lectores.
El romanticismo
español
El romanticismo
llega a España con retraso con respecto al resto de los países europeos, y no
es particularmente fecundo. Su desarrollo está condicionado por la situación
política marcada por el absolutismo de Fernando VII. El erudito José Joaquín de
Mora, exiliado en Francia, envió a los Bochl de Faber, entonces en Cádiz los
primeros romances protorrománticos, y más tarde, durante su exilio en Londres
(1823), junto con Alcalá Galiano y Blanco White, fue uno de los impulsores del
romanticismo español. Tras la muerte del monarca y el regreso de los exiliados
se señala el año de 1834 como fecha del triunfo del romanticismo en España. Se
estrenan entonces La conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa, Macías
de Larra y se publican las Poesías de Salas y Quiroga. Algunos
críticos señalan el fin del auge romántico en las letras españolas hacia 1844,
año del estreno del Don Juan Tenorio de Zorrilla. El principal
exponente del romanticismo en España, que supo sintetizar en su vida y su obra
el espíritu romántico, fue José de Espronceda, considerado por algunos el
primer gran poeta español moderno. Entre sus principales obras cabe mencionar Poesías
(1840), donde reúne las composiciones realizadas hasta ese momento, y El diablo
mundo (1840).
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