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UNIDAD 6

El saber teológico

La Teología es la disciplina que trata de expresar los contenidos de una fe religiosa presentados como un conjunto coherente de proposiciones.

Filosofía y Teología

Conocimiento espontáneo y conocimiento filosófico: La filosofía es una ciencia de especie única.  Las demás ciencias siempre se preocupan de un solo aspecto de la realidad (son particulares en su objeto), mientras que la filosofía mira a la realidad como tal.  Intenta entender el significado último de la realidad del ser, de la existencia, de la vida, tratando de obtener las explicaciones últimas, las causas últimas o primeros principios de la realidad.  En resumen, hay tres niveles de conocimiento natural al hombre: 1) sentido común; 2) ciencia; 3) filosofía.  Los tres están al alcance de cualquier persona puesto que son características de la inteligencia humana; además, son naturales, a diferencia de la fe, que es sobrenatural.  A pesar de que la fe es dada directamente por Dios al hombre, también es conocimiento; precisamente por ser dada por Dios es sobrenatural.  Los otros tres grados de conocimiento son naturales en el sentido de que el hombre puede adquirirlos por medio de sus facultades, de la sensibilidad y de la inteligencia en contacto con la realidad.  La teología, es el uso de la razón iluminada por la fe para tratar de entender mejor aquello que creemos.  Ahora bien, como Dios, que es la felicidad última del hombre y explicación última del significado del mundo, forma parte del contenido de las explicaciones o causas últimas de toda la realidad.  Así pues, la filosofía y la teología tienen en común el ser sabiduría.  Por la sabiduría entendemos el modo más alto tipo de conocimiento al que el hombre puede aspirar; el conocimiento de todas las cosas por sus causas últimas.  En este sentido estricto, no es posible que el hombre adquiera la sabiduría, ya que requiere una mente divina.  Este conocimiento total de todas las cosas es imposible para una inteligencia finita: sin embargo, el hombre puede perseguir esta sabiduría, intentar conocer cada vez más, mejor y con mayor profundidad.  Esto lo hacemos en dos niveles:: a nivel natural, por medio de la filosofía, que es precisamente amor a la sabiduría.  Esto es lo que la palabra “filosofía” quiere decir: “fhilo” es un término griego que significa “amigo de”. Y “sofhia” significa sabiduría.  La filosofía es la búsqueda de la sabiduría.  El conocimiento filosófico siempre puede aumentar: en extensión, en profundidad, en su ámbito de estudio, etc.  Pero Dios, en su misericordia y bondad, ha decidido comunicar directamente al hombre una participación de su sabiduría.  Es sólo una participación, puesto que no tenemos una inteligencia infinita.  De igual modo que nos creó y nos hizo participar del ser, también quiere que participemos de su sabiduría, de su conocimiento, y nos revela lo que sabe: la revelación divina que aceptamos por la fe.  Por tanto, al aceptar la revelación divina poseemos una sabiduría muy superior a la filosofía, que sólo es una sabiduría natural.  Pero la razón la seguimos usando para profundizar en el entendimiento de la revelación divina, y así, aunque el conocimiento por fe es superior al que podamos adquirir por la sola razón, la fe no sustituye a la razón, sino que está en continuidad con ella.  Decimos que la razón es elevada por la fe, y esto es exactamente lo que hace la teología con la filosofía.  La filosofía es producto de la sola razón, la teología es producto de la razón iluminada por la fe.  La teología ayuda, eleva y da mayor profundidad a la filosofía.  Esta filosofía iluminada por la teología (la razón iluminada por la fe) es capaz de ver las explicaciones internas de la realidad con una luz mucho más clara: la luz de la fe.  Pero esto también significa que la teología utiliza la filosofía.  Así como la fe es dada a la razón, hay que usar la razón para aceptar esa fe.  Decimos que la fe es sobrenatural y libre: libre porque  no estamos obligados a creer.  Además es razonable porque encaja a la perfección con la razón; está ajustada a la razón.  Si fuera de otra manera no constituiría una “revelación”, no nos revelaría nada.

 La dimensión religiosa del hombre

  La dimensión religiosa abarca lo que concierne al ser de Dios y de la persona individual y socialmente considerada. La búsqueda religiosa implica el eco del anhelo profundo del espíritu: vivir con plenitud y trascendencia, experimentar la perfección, estar en comunión con lo divino.

  El hombre es un ser naturalmente religioso, tiene el deseo de Dios en su corazón. Dios ha creado a la humanidad para atraerla hacia sí. La comunión con él es la aspiración suprema y el fin último para toda persona. San Agustín decía: “tú mismo le incitas a ello (alabarte), haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en ti”. Este deseo de Dios es también una meta, porque la exigencia más profunda e integral, la que abarca todos los órdenes de la vida y en particular lo moral, pues implica que cada uno busque a Dios con un corazón generoso y una conducta recta.

  La persona, por su alma espiritual, es imagen de su creador. Por la capacidad de su espíritu está abierta a la trascendencia, a la verdad, y al bien último. Sólo en él encontrará el hombre la saciedad de verdad. Viniendo de Dios y yendo hacia él no vive una vida plenamente humana si no desarrolla libremente su vínculo religioso. La Iglesia nos enseña a respetar las religiones no cristianas y cristianas separadas, apreciando lo que es acertado y noble en sus creencias, porque expresan parte de la plena verdad de Dios. También es importante no ser indiferente o relativista con respecto a la religión cristiana que Jesucristo instauró para darnos la salvación a todos los pueblos. Por eso se deben poner todos los medios para conocer la doctrina y los valores del cristianismo. Si bien la dimensión religiosa es natural, se puede observar el fenómeno contrario de la negación de la existencia de Dios y del sentido religioso de la vida. La unión con Dios, a la que aspira por naturaleza, puede ser desechada bajo dos formas: el ateísmo sistemático o el secularizante.

  El ateísmo sistemático es una justificación ideológica sobre la inexistencia de Dios y sobre lo alienante de la religión.

  El ateísmo de tipo práctico consiste en vivir como si Dios no existiera, sin relacionar el orden temporal con el religioso.

  Al despojarse la vida de referencia a lo trascendente adviene la relativización de los valores. Ser ateo encierra al hombre en el más acá, y suplanta con otras respuestas los interrogantes e ideales que plantea la dimensión religiosa.

  Es de radical importancia tener una religiosidad fundada, conociendo las verdades de nuestra religión en un mundo donde lo religioso es difícil y el blanco de tantas objeciones y versiones engañosas. Para llevar lo que queremos a la coherencia de vida, se debe unir lo religioso con la formación profesional, en esto encontramos otro fundamental motivo para estudiar la teología, que se implementa en la UCA como un servicio, es decir, como el testimonio de otros que le enseñan a buscar a Dios a los alumnos.

  La posibilidad natural de conocer a Dios

  ¿Existe Dios? ¿Podemos conocerlo tal cuál es? Ambas preguntas siempre se las ha formulado la humanidad. Es posible conocer a Dios en un plano racional y natural. La Santa Iglesia mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz de la razón a partir de las cosas creadas. El hombre puede conocer a Dios por el ejercicio de la razón natural, cuando esta se aplica a entrever en el Cosmos y en el propio ser humano la existencia de un ser originante, entendiéndolo como su causa primera.

  La inteligencia descubre la causa a través de sus efectos. Esta causa primera es concebida como un ser trascendente cuyos atributos superan los de las realidades del mundo y al que todos convienen en llamar Dios.

  Dios es comprendido como un ser de absoluta superioridad de naturaleza, comparado con otro ser. Por el descubrimiento de las creaturas la presencia de Dios se hace lúcida y constituye lo que llamamos revelación natural. Para entender lo que es la revelación natural es preciso tener en cuenta tres elementos: primero son los seres visibles, cuya existencia es el resultado de un acto creador de Dios; el segundo elemento es la presencia de Dios, que sostiene a sus creaturas en la existencia, y por medio de ellas quiere dejarse descubrir; el tercer elemento es el hombre, a quien ha dotado de inteligencia y en cuyo corazón ha impreso el deseo de encontrarlo.

  Dios es eterno y necesario. El hombre es el ser que mejor manifiesta la existencia y los atributos de la naturaleza de su autor divino. Aunque la inteligencia no siempre está favorablemente dispuesta para el planteo religioso. Este planteo requiere cierta capacidad de contemplación y de inclinación al bien, porque la revelación natural no conduce a encontrar a Dios con evidencia. A estos problemas se suman otros factores, procedentes de la mentalidad general y las costumbres, como el materialismo, el consumismo, el psicologismo, y el indiferentismo religioso.

  La vía natural es insuficiente para descubrir a Dios en toda la hondura de su naturaleza. Este nivel de conocimiento adviene a la inteligencia del hombre gracias a un modo superior de automanifestación divina: la revelación sobrenatural.

La religión es la referencia o relación originaria y trascendental del hombre con el fundamento de su existencia (H. Fries). Etimológicamente puede significar: re-ligare, atarse; re-legere, reparar con atención en algo; re-eligere, elegir de nuevo. Tomás de Aquino acertamente funde esta tríada en una frase; "La religión importa propiamente en orden a Dios".

 La religión es una referencia originaria y universal

- La religión es una referencia trascendente

 El hombre religioso es el destinatario de la revelación, es la condición de posibilidad creada para el diálogo de la salvación.

 El cristianismo no es una religión que simplemente transmite verdades y normas de conducta, sino ante todo la que vive una experiencia histórica de la manifestación personal de Dios. Precisamente por esto la revelación es uno de los distintivos característicos de nuestra fe. Dios se ha revelado, se ha manifestado en nuestra historia, ha hablado al hombre por medio de hechos y palabras, ha querido mostrarnos la realidad de su ser y su designio amoroso hacia nosotros. Dios se nos revela y nos invita al mismo tiempo a responderle con la fe. Él es quien entabla el diálogo interpersonal que interpela lo más profundo de nuestra existencia.

La revelación sobrenatural

La verdad de la Revelación cristiana, que se manifiesta en Jesús de Nazaret, permite a todos acoger el « misterio » de la propia vida. Como verdad suprema, a la vez que respeta la autonomía de la criatura y su libertad, la obliga a abrirse a la trascendencia. Aquí la relación entre libertad y verdad llega al máximo y se comprende en su totalidad la palabra del Señor: « Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres » La Revelación cristiana es la verdadera estrella que orienta al hombre que avanza entre los condicionamientos de la mentalidad inmanentista y las estrecheces de una lógica tecnocrática; es la última posibilidad que Dios ofrece para encontrar en plenitud el proyecto originario de amor iniciado con la creación. El hombre deseoso de conocer lo verdadero, si aún es capaz de mirar más allá de sí mismo y de levantar la mirada por encima de los propios proyectos, recibe la posibilidad de recuperar la relación auténtica con su vida, siguiendo el camino de la verdad.

 En el Concilio Vaticano II , dirigiendo su mirada a Jesús revelador, se ha ilustrado el carácter salvífico de la revelación de Dios en la historia y han expresado su naturaleza del modo siguiente: « En esta revelación, Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos para invitarlos y recibirlos en su compañía. El plan de la revelación se realiza por obras y palabras intrínsecamente ligadas; las obras que Dios realiza en la historia de la salvación manifiestan y confirman la doctrina y las realidades que las palabras significan; a su vez, las palabras proclaman las obras y explican su misterio. La verdad profunda de Dios y de la salvación del hombre que transmite dicha revelación, resplandece en Cristo, mediador y plenitud de toda la revelación ».

La revelación de Dios se inserta, pues, en el tiempo y la historia, más aún, la encarnación de Jesucristo, tiene lugar en la « plenitud de los tiempos ». A dos mil años de distancia de aquel acontecimiento, siento el deber de reafirmar con fuerza que « en el cristianismo el tiempo tiene una importancia fundamental ». En él tiene lugar toda la obra de la creación y de la salvación y, sobre todo destaca el hecho de que con la encarnación del Hijo de Dios vivimos y anticipamos ya desde ahora lo que será la plenitud del tiempo.

  Dios habla a los hombres

  Dios es origen y cumplimiento de  la vida humana, también la inteligencia es capaz de  conocer a Dios a través de  las criaturas. Sin embargo hay dos problemas: la endeble disposición humana para hacer este descubrimiento y el límite de  la razón para acceder a verdades que la sobrepasan por tratarse de  misterios sobrenaturales. Tales dificultades no cambian el hecho de  que la persona está creada para conocer y amar a su autor. Dios sale al encuentro del hombre mediante la revelación sobrenatural y el don de  la fe.

  La revelación divina establece una relación interpersonal entre Dios, que manifiesta su ser y su amor, y los hombres. Al revelarse, el Señor quiere alcanzar a la humanidad y salvarla. El sentido de  la existencia humana no se vería nunca suficientemente esclarecido sin la palabra reveladora de  Dios. Por eso –dice el Vaticano II- realmente el misterio del hombre sólo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado, porque Jesucristo manifiesta plenamente al propio hombre y le descubre la grandeza de  su vocación. 

La Revelación es la manifestación directa de Dios; es decir, revelación de Dios  o de la voluntad divina a la humanidad. La revelación puede presentarse bajo la forma de una visión, con frecuencia acompañada de palabras, o puede ser únicamente verbal. En el Antiguo Testamento, Moisés vio una zarza ardiendo y oyó la voz de Dios que procedía de ella (Éx. 3). Ciertos acontecimientos históricos pueden también ser comprendidos como revelaciones, por ejemplo, el éxodo del pueblo de Israel de Egipto o la vida de Jesucristo. La revelación general hace referencia al conocimiento de Dios comunicado a través del orden de la naturaleza.  En toda revelación, el elemento crucial es el encuentro con lo divino, que es la tarea que la doctrina y la tradición religiosas han de interpretar y expresar.

  Contenido, modo y sentido de  la revelación

  Revelar significa remover un velo, es un término que sugiere que un secreto es descubierto. La acción divina de  revelar se realiza de  un modo sobrenatural, sobrepasando la capacidad de  la razón humana y por la libre iniciativa de  Dios. Dios revela los misterios gratuitamente. Se denomina misterio a aquella verdad oculta para la inteligencia del hombre, hasta el momento en que Dios mismo la da gratuitamente a conocer, y esto, en la medida que él juzgue apropiado. Los misterios propiamente tales pertenecen a un orden sobrenatural, pero Dios, además, ha querido asegurar al hombre el conocimiento de  algunas verdades de  orden natural (por ejemplo, la existencia de  Dios). Por el modo de  ser clasificadas, no tanto por su contenido, estas verdades son consideradas reveladas.

 En el origen de nuestro ser como creyentes hay un encuentro, único en su género, en el que se manifiesta un misterio oculto en los siglos (cf. 1 Co 2, 7; Rm 16, 25-26), pero ahora revelado. « Quiso Dios, con su bondad y sabiduría, revelarse a sí mismo y manifestar el misterio de su voluntad (cf. Ef 1, 9): por Cristo, la Palabra hecha carne, y con el Espíritu Santo, pueden los hombres llegar hasta el Padre y participar de la naturaleza divina ».Ésta es una iniciativa totalmente gratuita, que viene de Dios para alcanzar a la humanidad y salvarla. Dios, como fuente de amor, desea darse a conocer, y el conocimiento que el hombre tiene de Él culmina cualquier otro conocimiento verdadero sobre el sentido de la propia existencia que su mente es capaz de alcanzar.

La razón ante el misterio

 De todos modos no hay que olvidar que la Revelación está llena de misterio. Es verdad que con toda su vida, Jesús revela el rostro del Padre, ya que ha venido para explicar los secretos de Dios;  sin embargo, el conocimiento que nosotros tenemos de ese rostro se caracteriza por el aspecto fragmentario y por el límite de nuestro entendimiento. Sólo la fe permite penetrar en el misterio, favoreciendo su comprensión coherente. Desde la fe el hombre da su asentimiento a ese testimonio divino. Ello quiere decir que reconoce plena e integralmente la verdad de lo revelado, porque Dios mismo es su garante. Esta verdad, ofrecida al hombre y que él no puede exigir, se inserta en el horizonte de la comunicación interpersonal e impulsa a la razón a abrirse a la misma y a acoger su sentido profundo.

Para ayudar a la razón, que busca la comprensión del misterio, están también los signos contenidos en la Revelación. Estos sirven para profundizar más la búsqueda de la verdad y permitir que la mente pueda indagar de forma autónoma incluso dentro del misterio. Estos signos si por una parte dan mayor fuerza a la razón, porque le permiten investigar en el misterio con sus propios medios, de los cuales está justamente celosa, por otra parte la empujan a ir más allá de su misma realidad de signos, para descubrir el significado ulterior del cual son portadores. En ellos, por lo tanto, está presente una verdad escondida a la que la mente debe dirigirse y de la cual no puede prescindir sin destruir el signo mismo que se le propone.

Podemos fijarnos, en cierto modo, en el horizonte sacramental de la Revelación y, en particular, en el signo eucarístico donde la unidad inseparable entre la realidad y su significado permite captar la profundidad del misterio. Cristo en la Eucaristía está verdaderamente presente y vivo, y actúa con su Espíritu, pero como acertadamente decía Santo Tomás, « lo que no comprendes y no ves, lo atestigua una fe viva, fuera de todo el orden de la naturaleza. Lo que aparece es un signo: esconde en el misterio realidades sublimes ».

  Etapas de  la revelación

  La revelación sobrenatural se realiza gradualmente por etapas que van preparando a la humanidad para la recepción de  Jesucristo. Las dos etapas fundamentales en que Dios habla a los hombres son la antigua y nueva alianza  (AT y NT).

  La revelación es un gesto por el que Dios nos manifiesta su palabra, su verdad; nos expone una parte insignificante de  la verdad que nos ayuda a la perfección. Una alianza es un pacto que sellan las personas, pueblos o gobiernos, pautando responsabilidades mutuas y beneficios. El Testamento designa una decisión de  legar algo, dejar un bien valioso, análogamente se habla de  Antiguo y Nueva Alianza, y Antiguo y Nuevo Testamento. Para señalar los dos momentos tanto de Alianza como de su palabra para iluminar el recíproco compromiso.

 La Biblia, también llamada Santa Biblia, libro sagrado o Escrituras, de los cristianos. La Biblia consta de dos partes: el Antiguo Testamento y los 27 libros del Nuevo Testamento.

El antiguo testamento abarca desde la creación del mundo hasta la historia del Pueblo que Dios prepara para la venida del salvador, quien nacerá  en este pueblo pero vendrá para liberar a la humanidad de  la opresión del pecado.  El nuevo testamento es la etapa final y perfecta de  la revelación sobrenatural: el evangelio. Por la  presencia de  su hijo entre los hombres, Dios sella la Alianza Nueva con los hombres. Jesucristo es la buena noticia de  la salvación: Él es el evangelio. Jesucristo, dios y hombre, es la palabra de  Dios por excelencia

El término Biblia llegó al latín del griego biblia o ‘libros’, forma diminutiva de byblos, el término para ‘papiro’ o ‘papel’ que se exportaba desde el antiguo puerto fenicio de Biblos. En la edad media, los libros de la Biblia eran considerados como una entidad unificada.

 El Nuevo Testamento incluye los cuatro Evangelios; los Hechos de los Apóstoles, que es la historia de los primeros tiempos del cristianismo; las Epístolas, o cartas, de Pablo y otros autores; y el Apocalipsis o Libro de la Revelación. Algunos libros identificados como epístolas —en particular la Epístola a los Hebreos— son en realidad tratados teológicos.

La transmisión oral y escrita de  la palabra de  Dios .

La revelación sobrenatural se encuentra contenida en dos formas , que constituyen lo que se denomina tradición oral y escrita .

  La tradición es siempre la trasmisió de  algo valioso del pasado a una nueva generación , que , a su vez , luego de  conservar y aprovechar lo recibido , se ocupará de  trasmitirlo a los que vengan despues . E$n el caso de  la palabra de  Dios , su trasmisión se denomina tradición , y ésta se realiza en forma oral y escrita . (cf.CATIC 80-83).

 La revelación divina se produce ante testigos de  la palabra de  Dios , tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento .Estos testigos recibían de  Dios una revelación para transmitirlo íntegra . La retenían en su memoria , el Espíritu Santo actuaba sobre ellos . Los testigos de  las enseñanzas divinas , las predicaban constantemente , y así se iban formando los relatos que todos aprendían . Pero la condición oral es endeble , ya que con el tiempo se pueden alterar las ideas .

  Entonces , Dios proporciona otro medio de  conservar su mensaje , que es más seguro para evitar las alteraciones : la forma escrita . Tal forma escrita contiene la misma revelación que la oral , sólo que no la abarca por completo , pues se consignan menos cosas . 

   La Biblia se conservó y trasmitió primero de  manera oral – la tradición oral – que posterirmente se consignó por escrito – tradición escrita o Sagrada Escritura – formando los libros actuales de  la Biblia .

  Los libros de  la Biblia , fueron escritos bajo una acción específica del espíritu santo que se denomina Inspiración . La sagrada Escritura – por eso se llama así – tiene a dios como autor principal y de  esa manera su contenido es la palabra inspirada por dios .

   Los hagiógrafos son los escritores humanos de  los textos . Estos son los autores secundarios de  la Biblia , que reciben el influjo de  la inspiración divina , pero que además aportan sus rasgos personales y culturales , el género literario , material de  tradiciones y su labor redaccional .

   La Sagrada Escritura es ,entonces , el fruto de  una larga gestación y fija ción , en la que la revelación asume las leyes de  la historicidad . Esto hace delicada la tarea de  comprender sus textos apropiadamente , es decir :interpretando sus temas , encontrando la unidad del mensaje de  la salvación y reconociendo la verdad revelada por medio de  géneros literarios muy diversos

  La puesta por escrito de  la revelación es lo que entendemos por sagrada Escritura , es decir , la Biblia , con sus dos grandes partes : el Antiguo y el Nuevo Testamento . Biblia significa conjunto o colección de  libros .

   Se denomina canon de  la Escritura al elenco de  los libros que la componen , reconocidos desde la época de  los Apóstoles como inspirados por el Espíritu santo . El canon del Antiguo Testamento consta de  46 libros :históricos , proféticos , sapienciales y poéticos . El canon neotestamentario contiene 27 libros :cuatro evangelios , los hechos de  los apóstoles , numerosas cartas de  San pablo y de  otros apóstoles ,y el Apocalipsis .

  El Nuevo Testamento se originó en la predicación de  los Apóstoles .

La sagrada escritura en la vida de  la Iglesia

La Sag rada Escritura hace resonar la palabra de  Dios en la Iglesia y el mundo. El creyente lee con piedad la palabra de  Dios. Es tan grande el poder y la fuerza de  la palabra de  Dios que constituye el sustento y vigor de  la Iglesia, la firmeza de  la fe para sus hijos, alimento del alma, fuente clara y perdurable de  vida espiritual.

La Sagrada Escritura nos presenta con sorprendente claridad el vínculo tan profundo que hay entre el conocimiento de fe y el de la razón. Lo atestiguan sobre todo los Libros sapienciales.

Para interpretar la Biblia se requiere la enseñanza de  la Iglesia, que enseña e interpreta la Escritura con autoridad gracias al auxilio del Espíritu Santo ya que Él ha inspirado los libros sagrados. La interpretación cabe sobre todo al Papa y los Obispos, que por misión de  Jesucristo suceden a los apóstoles.

La Iglesia va asimilando progresivamente el mensaje de  la salvación contenido en la Escritura por diversos medios: *meditación, *liturgia, *catequesis, *predicación, etc.

LA FE, DON DE  DIOS Y RESPUESTA DEL HOMBRE

El Concilio Vaticano I enseña, pues, que la verdad alcanzada a través de la reflexión filosófica y la verdad que proviene de la Revelación no se confunden, ni una hace superflua la otra: « Hay un doble orden de conocimiento, distinto no sólo por su principio, sino también por su objeto; por su principio, primeramente, porque en uno conocemos por razón natural, y en otro por fe divina; por su objeto también porque aparte aquellas cosas que la razón natural puede alcanzar, se nos proponen para creer misterios escondidos en Dios de los que, a no haber sido divinamente revelados, no se pudiera tener noticia

La fe, que se funda en el testimonio de Dios y cuenta con la ayuda sobrenatural de la gracia, pertenece efectivamente a un orden diverso del conocimiento filosófico. Éste, en efecto, se apoya sobre la percepción de los sentidos y la experiencia, y se mueve a la luz de la sola inteligencia. La filosofía y las ciencias tienen su puesto en el orden de la razón natural, mientras que la fe, iluminada y guiada por el Espíritu, reconoce en el mensaje de la salvación la « plenitud de gracia y de verdad » (cf. Jn 1, 14) que Dios ha querido revelar en la historia y de modo definitivo por medio de su Hijo Jesucristo.

El conocimiento de fe, en definitiva, no anula el misterio; sólo lo hace más evidente y lo manifiesta como hecho esencial para la vida del hombre: Cristo, el Señor, « en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la grandeza de su vocación »,(18) que es participar en el misterio de la vida trinitaria de Dios

La fe , don de  Dios y respuesta del hombre

La fe tiene una primera dimensión de  regalo de  Dios , descendente , y una segunda dimensión , de  respuesta humana , ascendente . Pero la fe es también una realidad recibida y compartida comunitariamente , siendo la misma y única para toda la Iglesia .

 La fe , don sobrenatural

  Dios no solamente concede al hombre el don de  su revelación , sino también una virtud sobrenatural –la fe- que lo capacita para adherir a los misterios que no puede comprender por su sola razón natural . La fe es una gracia dada pór Dios , que nos ayuda con el auxilio interior del Espíritu Santo . Este auxilio mueve nuestro corazón hacia dios .

   Para el cristiano , creer en Dios es aceptar que El es el Padre eterno , que quien El ha enviado , su Hijo , Jesucristo , es el Vervo divino , que se ha hecho hombre para nuestra salvación Es creer, también en el espíritu santo y en las demás partes del credo.

La fe, como respuuesta  humana

Creer es un acto auténticamente humano porque es consciente y libre.

El Concilio enseña que « cuando Dios revela, el hombre tiene que someterse con la fe ». Con esta afirmación breve pero densa, se indica una verdad fundamental del cristianismo. Se dice, ante todo, que la fe es la respuesta de obediencia a Dios. Ello conlleva reconocerle en su divinidad, trascendencia y libertad suprema. El Dios, que se da a conocer desde la autoridad de su absoluta trascendencia, lleva consigo la credibilidad de aquello que revela. Desde la fe el hombre da su asentimiento a ese testimonio divino.

Por esto el acto con el que uno confía en Dios siempre ha sido considerado por la Iglesia como un momento de elección fundamental, en la cual está implicada toda la persona. Inteligencia y voluntad desarrollan al máximo su naturaleza espiritual para permitir que el sujeto cumpla un acto en el cual la libertad personal se vive de modo pleno. En la fe, pues, la libertad no sólo está presente, sino que es necesaria. Más aún, la fe es la que permite a cada uno expresar mejor la propia libertad.

La persona al creer lleva a cabo el acto más significativo de la propia existencia; en él, en efecto, la libertad alcanza la certeza de la verdad y decide vivir en la misma.

La libertad de  la fe consiste en que nadie debe estar obligado a abrazar la fe en su contra. El hombre debe responder voluntariamente a Dios. La obediencia de  la fe es un asentimiento libre. La fe es darle la vida a nuestra fe en Cristo. La fe es más abarcadora que el conocimiento.  La fe debe transformar nuestra vida según el modelo de  Cristo . Creer es un exigente programa de  vida.

La fe no es un acto irracional:

              Porque buscamos algunos motivos para creer (milagros, profecías cumplidas, etc)

              Tratamos de  de  comprender los misterios con esfuerzo racional (creer eleva la razón por encima de  su capacidad natural al asumir verdades de  origen revelado...) Creer hace más inteligente y no más irracional.

              La verdad naturalmente cognoscible por la inteligencia no se contradice con la verdad que Dios revela. (Dios no se contradice, le otorgó inteligencia al hombre para que alcance la verdad y la fe para abrirse a los misterios)

La fe es necesaria para la salvación y la perfección humana

La fe es eclesial

 La fe es una cato personal, pero también es por esencia un acto eclesial.

¨      La fe se recibe de  la Iglesia con el bautismo, que nos hace hijos de  un mismo padre y miembros del cuerpo Místico de  Cristo.

¨      La Iglesia, nuestra madre, es también la educadora de  nuestra fe.  Las diferentes comunidades (familia, parroquia, uca, etc) en  que el creyente está ubicado a lo largo de  su vida resultan importantes y complementarios.

¨      La comunidad eclesial, alimentada en la fe, es la espontánea transmisora de  los valores de  la fe. Asimismo las dificultades o tentaciones de  la fe siempre se pueden superar con la ayuda de  Dios, con nuestro esfuerzo y con el indispensable apoyo de  la comunidad eclesial.

¨      Debemos cultivar la fe meditandola, convirtiéndola en sabiduria. Esto no lo podemos lograr aislados, sino en el encuentro comunitario

¨      Además compartimos la fe de  la iglesia porque pertenecemos a la Comunión de  los Santos, formada por los cristianos vivos y los cristianos muertos.

¨      María tambien colabora junto con los antos, alentandonos y rogando a Dios para que nos de  una fe creciente.

¨      Pero Jesús, mediador y sacerdote eterno,  es quien intercede permanentemente ante Dios.

¨      La fe es eclesial porque somos responsables de  dar y compartir con los demás el don de  la palbra de  Dios. Evangelizar fuera y dentro de  la Iglesia, es un rasgo esencial de  la fe.

La teología  como sabiduría y ciencia de  la revelación

La teología es una ciencia y fundamentalmente una sabiduría, ya que se orienta a la salvación

TEOLOGÍA Y CIENCIA  
Teólogos tan diferentes como el italiano santo Tomás de Aquino en el siglo XIII y el teólogo suizo Karl Barth en el siglo XX han mantenido que la teología es una ciencia. Sin embargo, los dos se preocuparon por subrayar que hay ciencias de muchos tipos. La teología parece una ciencia, puesto que en el estudio de sus contenidos se aplican procedimientos metodológicos, críticos e intelectuales, aunque difieren por completo de los de las ciencias naturales y también de las humanas, ya que su objeto final, Dios, no es accesible a la investigación empírica. Por lo tanto, el problema de establecer un método riguroso de razonamiento sobre Dios es crucial en teología. Aquino emprendió su sistema filosófico presentando cinco pruebas de la existencia de Dios como base de todos sus demás argumentos. Barth, por otra parte, comenzó con la revelación de Dios o su propia comunicación (la palabra de Dios), pensando que sólo así se podría evitar el peligro de aproximarse a Dios como si fuera un simple objeto de investigación. Los seguidores del método de Barth sostienen que una ciencia debe empezar con determinados supuestos y que el supuesto de un Dios que se comunica consigo mismo es el punto de partida más adecuado para la teología; los que siguen el ejemplo de Aquino sostienen que la integridad espiritual exige que el teólogo comience con la cuestión de si existe Dios.

 Santo Tomás de  Aquino pensaba que la teología es una ciencia, superior a todas las demás, pero que procede, como cualquier otra ciencia, a partir de principios evidentes que no es preciso demostrar y que son el fundamento de toda demostración. Sin duda, los principios de la teología no son evidentes por sí mismos para el hombre, ya que son los artículos de la fe; pero lo son para Dios: la teología es una ciencia subordinada a la ciencia divina. Esta relación razón-fe se había convertido en el gran tema del pensamiento medieval.

Respuesta.- La existencia de Dios se puede demostrar por cinco vías:

1ª vía: el movimiento en el mundo exige  un primer motor

En el mundo es necesario que se de el principio de causalidad, por lo que es necesario que exista un motor inmóvil par que el movimiento se produzca y no halla nada que pueda hacer que este motor no genere movimiento. A sí mismo se cumple es principio de la potencia activa, por el cual todo lo que está en potencia pasa a acto pero al existir un primer motor inmóvil tiene que estar ya en acto y generar otro, y esto solo es posible por medio de un ser superior al que llamamos Dios.

2ª vía: la causalidad en el mundo exige una causa primera

Se basa en la casualidad eficiente o lo que causa el movimiento. Si se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera, y, por tanto, ni efecto último ni causa eficiente intermedia, cosa que es falsa. Por lo que es necesario que exista una causa eficiente primera, a la que todos llaman Dios.

3ª vía: la contingencia de los seres reclama un ser necesario

Todos los seres no pueden existir desde siempre puesto que habrá un tiempo en el que no hayan existido. Pero es forzoso que exista algo que sea necesario por sí mismo y que no tenga fuera de sí la causa de su necesidad, sino que sea causa de la necesidad de los demás, a lo cual todos llaman Dios.

4ª vía: los seres imperfectos del mundo reclaman un ser perfectísimo

Al haber cosas que son mas o menos perfectas necesitamos algo que tenga la perfección absoluta para poder acercarse o alejarse de esa perfección. Existe, pues, algo que es para todas las cosas causa de su ser, de su bondad y de todas sus perfecciones, y a esto llamamos Dios.

5ª vía: el orden del mundo exige un ordenador

Si la naturaleza tiende al equilibrio pero no tiene inteligencia ni es casualidad tiene que haber algo que le de la intencionalidad para tener esa tendencia al equilibrio. Luego existe un ser inteligente que dirige todas las cosas naturales a su fin, Dios.

La palabra evangelio tiene su origen en el término griego evangelion ("buena nueva")


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