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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Santo Tomas.: La ciudad, origen y formas de poder y sus preferencias teoricas. Agregado: 23 de ABRIL de 2000 | Palabras: 1709 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
SANTO TOMÁS
La Edad Media proponía un sistema político
homogéneo y exclusivo, fundado sobre la idea de una comunidad constituida por
Dios y comprensiva de toda la humanidad. Un retorno a los conceptos de Estado y
derecho del pensamiento antiguo, que es, al mismo tiempo una anticipación del
renacimiento ver ejercer sobre el pensamiento una doble acción destructora y
renovadora.
La
intervención de Santo Tomás es decisiva a este respecto. Su gran audacia
consiste en otorgar confianza a las fuentes paganas, a Aristóteles, Cicerón, a
los juristas romanos. Históricamente marca el fin del sacerdotalismo medieval.
Significa el reconocimiento de un derecho profano y la personalidad natural del
Estado.
Su
obra es ante todo teológica y filosófica. No contiene exposiciones políticas de
conjunto.
LA CIUDAD:
Obra
de la naturaleza y de la razón. Desde el principio Santo Tomás afirma la
existencia y el valor de la ciudad en sí misma. La sociedad política es natural
al hombre, porque éste es también por naturaleza un animal cívico. Hay otras
sociedades como la Escolástica que provee a la procreación, a la conservación y
a la educación del niño. Pero no basta al hombre en mayor medida que otras
sociedades a las que pertenecerá voluntariamente. También los animales, como en
el caso de las abejas se establecen y se mantienen en sociedad, gracias al
instinto natural que liga a cada participante con el grupo y le asigna en su
seno una función.
Contrariamente,
a diferencia del resto de las criaturas sólo el hombre es un “animal político”.
Su vida exige para desenvolverse y perfeccionarse, la seguridad frente a los
enemigos exteriores e interiores, el orden legal que concede a cada uno lo que
le es debido y permite la abundancia por individuos o, mejor dicho, por
sociedades humanas que no se convierten en siervos sino que permanecen libres
en una sociedad mayor de la que son miembros vivientes: Se puede hablar a este
respecto de organismo social, puesto que cada elemento posee una actividad y
una vida propia que le permite, inclusive bajo la dependencia de otro moverse y
eventualmente resistirla. A la inversa, cuando la pieza de un mecanismo está
privada de actividad, sufre pasivamente el impulso que recibe, sin tener medio
para oponerse a él.
EL ORIGEN Y LAS FORMAS DE PODER
Para
la unidad humana, natural y racional. Que constituye la ciudad, se necesita un
poder político. Existe en sí mismo, en tanto sea conforme a la naturaleza y no
en cuánto proceda de otro poder humano que le fuera superior. Tiene a dios en
su origen, pero a dios como creador de la naturaleza.
Santo
Tomás de Aquino, ha formulado esta teoría del origen del poder en un
encadenamiento de dos silogismos:
·
Poder mayor: La sociedad es una exigencia de la
naturaleza del hombre, ser moral, razonable, religioso, social;
·
Poder menor: Para vivir en sociedad se necesita una
autoridad superior que ordene a cada miembro con vistas al bien común.
Conclusión:
La autoridad procede de Dios. Mas la trasferencia de esta autoridad, divina en
su esencia, es humana en sus modos. Pasa por el pueblo, Santo Tomás formula
claramente la teoría que más tarde será calificada de “soberanía inicial” del
pueblo. La comunidad misma es, necesariamente, el primer sujeto del poder. Ella
puede- y a menudo de hecho, debe- transmitirlo a una o varias personas
determinadas por un tiempo limitado, e incluso, preferentemente, por un período
definido.
De
este modo se encuentran diferenciadas concretamente las diversas formas de
gobierno. Distingue tres tipos específicos de gobiernos puros: la monarquía, la
aristocracia y la democracia. Y tres formas derivadas: la tiranía, la
oligarquía y la demagogia. Acentúa el carácter moral de la distinción al
separar los gobiernos que actúan derechamente de los que lo hacen injustamente
con relación al bien común, que es el fin de la sociedad.
Según
el mismo esquema se diferencian el “poder político” y el poder despótico. El
poder político existe en las provincias o villas gobernadas, ya sea por uno
solo, ya sea por varios, con arreglo a determinadas leyes o convenciones. El
poder despótico es ilimitado, igual que el del amo sobre el esclavo. Por último
discierne entre las dos una tercera forma de poder real que no es ni político
ni despótico. El príncipe gobierna sin ley, pero su libertad es prudente. Saca
de su corazón la inspiración de sus actos e imita así a la divina providencia.
LAS
PREFERENCIAS TEÓRICAS DE SANTO TOMÁS
Prefiere
la monarquía en razón de sus concepciones teológicas; ya que el ejercicio real
del derecho del monarca es comparable a la acción de Dios y la constitución
monárquica es la misma que Cristo ha querido para su iglesia; filosóficas: el
arte imita a la naturaleza y ésta tiende a la unidad. La sociedad política debe
modelarse conforme a ella. Todo proviene de la unidad y vuelve a la unidad. La
superioridad del poder está mejor asegurada, como también la organización
porque lo que es uno en sí aventaja a lo que está compuesto de múltiples
elementos; históricas: el pasado prueba que las provincias y las ciudades sin rey
son presas de discordias y marchas a la deriva.
Sin
embargo, aún cuando el gobierno de uno solo es el mejor, se convierte en el
peor si se desvía de su fin. El egoísmo de un rey lo aísla de la multitud. La
historia de los hebreos, cuál la de Roma, demuestra las lamentables
desviaciones del gobierno de uno. Sucede también frecuentemente que, no
participando de ninguna manera en las responsabilidades del gobierno y
sometiéndose completamente a la autoridad real, los súbditos de una monarquía
trabajan sin entusiasmo e incluso se desinteresan del bien común. Sí, pues, en
teoría, la monarquía pura representa el sistema ideal, de hecho el régimen
mixto resulta preferible.
El
régimen mixto: El gobierno mixto, combinación de las tres formas puras de
gobierno presenta dos ventajas: por una parte es bueno que los ciudadanos
tengan una parte en el gobierno, de ese modo se conserva la paz social y se
consigue que todos se interesen por la constitución del país y la defiendan;
por otra parte, la mejor organización será aquella que combine con la unidad de
acción propia de la monarquía, la superioridad del mérito propia de la
aristocracia y lo que hoy llamaríamos la libertad política y la igualdad civil
propia de la democracia. El mejor régimen será pues, aquél en que un solo jefe,
puesto a la cabeza del Estado, de la virtud de un determinado número de
magistrados intermedios que colaboren en la administración, donde en fin, todos
los ciudadanos, participando de la soberanía como electores, sean elegidos para
todas las magistraturas, tanto para la suprema como para las subordinadas.
Por
su sabio equilibrio este régimen mixto se encuentra bastante cerca de la
“democracia constitucional” contemporánea, tal como lo aceptará Pío XII en su
mensaje radial de la Navidad de 1944. No sin razón Maritain presentará a Santo
Tomás como el primer demócrata: “ De la forma auténtica de la democracia, la
filosofía de Santo Tomás es la primera filosofía auténtica la democracia que
haya existido”.
Una
politología intemporal: La politología tomista está integrada formalmente en el
conjunto de la obra del doctor Angélico. Depende doctrinalmente de ella; está
ligada a su sistema teológico y filosófico. Una vez probado en metafísica, que
la naturaleza, obra de Dios, imita a la razón divina y que la razón humana,
obra de dios, debe imitar a la naturaleza para imitar a Dios, todo lo que es
conforme a la naturaleza aparece como bueno y todo lo que no es conforme con
ella aparece como malo. Una vez admitido, en teología, que la naturaleza
humana, marcada por el pecado, necesita de la gracia para rehacerse y
perfeccionarse, la naturaleza del hombre, con sus tendencias y hábitos, se
ofrece al legislador a fin de que desarrolle lo que ella inicia, rectifique lo
que de ella se aparte y mantenga y conserve lo que ella organiza.
Por
consiguiente la politología se convierte en una de las ciencias prácticas y
entre ellas las hace figurar Santo Tomás cuando establece su clasificación de
las diversas disciplinas. El ordenamiento de las acciones voluntarias, dominio
general de la filosofía de las costumbres, se divide en tres partes: la
primera, que considera las obras del individuo, es la moral individual o ética;
la segunda, que contempla las obras de la colectividad familiar es la moral
doméstica; la tercera, que se fija en
las obras de la colectividad civil, es la moral cívica o política.
La
política práctica desciende así de lo universal y de lo general a lo
contingente y a lo particular, pero en el nivel de las cosas humanas no existe
ninguna demostración cierta. Hay que contentarse con conjeturas y
probabilidades. Por eso Santo Tomás, como Aristóteles recomiendan tomar los hechos como punto de partida.
Desgraciadamente, ese conocimiento de los hechos tan extendido en Aristóteles,
es demasiado a Santo Tomás. Es a través del estagirita como el doctor angélico
conoce las instituciones y la vida
pública. Se trata, pues excepto en algunos pasajes, de una concepción
ideológica de la Ciudad. Cuando se ocupa de las instituciones de su tiempo,
produce la impresión de un enchapado poco acorde con el conjunto de sus
construcciones.
Intelectualmente,
la vuelta a Aristóteles representa un esfuerzo prodigioso generalmente coronado
por el éxito. Históricamente, la enseñanza en la escuela deja de un lado las
transformaciones que se producen. Mientras Santo Tomás y sus discípulos exponen
su tesis, se realiza la constitución municipal de las villas y se provoca el
desarrollo de las clases medias. Por su parte, la realeza cumple una nueva
evolución pues la lucha contra el sacerdocio romano y la oligarquía feudal la
lleva a buscar el apoyo de los burgueses.
Lógicamente,
la llamada a los “estados” contra el sacerdotalismo habría debido conducir a
una monarquía moderada, ya que no popular. Estaba germinando, en aquella
situación, una concepción colectiva de la soberanía y una teoría de la
representación. De hecho abortará y la liquidación del sacerdotalismo
conducirá, entre las vacilaciones de la declinante Edad Media, al absolutismo
principesco.
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