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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Sexualidad.: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 984 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Educación > |
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Para que la información sexual que deben dar los
padres a sus hijos sea realmente formativa, tiene que promover conductas e ir
acompañada de juicios críticos que apelen a principios y valores.
La educación, el "cultivo" del ser humano, comienza muy
tempranamente.
En el ser humano todo se educa, se "cultiva"; nada surge
por generación espontánea. Somos la resultante de una interacción entre lo
genético y lo ambiental. Dada una determinada programación genética, ésta se
expresará en la medida en que el ambiente lo facilite o lo bloquee.
El crecimiento y desarrollo se logran gracias a la acción de
estímulos que actúan sobre los distintos planos de la persona (físico,
psicoafectivo, espiritual, social). Los estímulos necesariamente deben ser
mediatizados por los afectos. El ser humano puede carecer de muchas cosas o
tenerlas en su mínima expresión, pero no puede carecer de amor.
La educación de los hijos la realizan los padres; desde los
primeros momentos ayudan a poner en acto las potencialidades humanas; viviendo
con sus hijos, compartiendo experiencias, estando presentes, se convierten en
sus modelos identificatorios en todos los terrenos. Durante los primeros años,
por medio de los padres, logran tener una idea del mundo que los rodea; de lo
que es lindo o feo; bueno o malo; valioso o sin valor.
Se tiende a pensar que la educación de la sexualidad se inicia en
la adolescencia, lo que es un error. Los años previos son fundamentales para
educar al niño en la capacidad de postergar la satisfacción de sus impulsos; la
capacidad de comunicación; el establecimiento de vínculos; las virtudes
humanas; en definitiva, en educar su corazón.
Por otra parte, la sexualidad es una característica básica de la
persona, por lo que educando a ésta se educa su sexualidad.
En la adolescencia se produce una serie de cambios físicos,
psicoafectivos, espirituales, sociales; se instala la fertilidad y emerge el
impulso sexual con las características del adulto. La forma de vivir estos
cambios tendrá mucho que ver con la forma en que se hayan desarrollados las
etapas previas. El cultivo de las capacidades humanas desde las más tempranas
edades no podrá impedir la crisis, pero seguramente colaborará en una correcta
resolución. En esta etapa, lo que cobra relevancia es la
"información" sexual. Esta, para ser realmente educativa, tendrá que
ser formativa, es decir, promover conductas; deberá ir acompañada de juicios
críticos que apelen a principios y valores.
No se puede desconocer el ambiente que rodea a los adolescentes.
Estos están bombardeados por una serie de estímulos, que dada su intensidad y
frecuencia de acción de "condicionantes", se transforman en
"determinantes". Se ha generado una "cultura adolescente",
con pautas muy específicas, a las que es difícil interponer alternativas.
Las propuestas que se les presentan sólo parecen estar dirigidas a
pasarla bien; a vivir el momento; es el reinado de las emociones y de lo
efímero. No se tiene en cuenta que en esta etapa de la vida se delinean los
ideales y se bosqueja el proyecto de vida.
Pero los padres también forman parte del ambiente. Su actitud,
dedicación y compromiso tienen enorme repercusión en los hijos, ya que permiten
que se desarrollen como personas armónicas, firmes, conocedoras de su valer,
respetuosas de sí mismas y de los demás.
Los padres se muestran desorientados y hasta eclipsados. Es
comprensible que el ambiente externo los haga dudar, ya que no están exentos de
su influencia. Pero esta realidad exige una conducta más activa y comprometida;
requiere reflexionar y pensar; informarse y formarse; incentivar al máximo la
comunicación con los hijos, dando la cara a la realidad.
Sin embargo, los padres, en muchas ocasiones, "prefieren no
opinar", temen "parecer de otra era", tienen temor de expresar
sus valores, aquello que los llevó a jugar su partida en la vida de determinada
manera; tienen miedo de manifestar su testimonio. Permanentemente los
adolescentes viven situaciones derivadas de responder sin reflexionar a los
"imperativos" sociales.
Se asiste a una serie de conductas en las que no se vive la
sexualidad en forma integral, sino que se instrumenta un aspecto de ésta: la
genitalidad. Se levantan banderas de "libertad", sin tener en cuenta
las consecuencias de los actos, es decir, la responsabilidad; se reclaman
permanentemente derechos sin tener en cuenta que existen obligaciones.
Se tiende a señalar a los adolescentes, como riesgo de su
actividad sexual, la posibilidad de embarazos adolescentes o la adquisición de
enfermedades de transmisión sexual. Estos riesgos son reales y es importante
remarcarlos, pero no se puede dejar de señalar también las heridas
psicoemocionales que se derivan de las conductas a destiempo, en muchos casos
forzadas, no pensadas, desatinadas, desvinculadas del amor. Esto último hace
que no se logre armonía y plenitud en el desarrollo de la sexualidad.
Las relaciones sexuales que no son expresión del amor, que no
tienen en cuenta la procreación, que no generan placer y no se realizan con
responsabilidad, habitualmente tampoco producen salud. (Salud: estado de
bienestar físico, psíquico y social y no solamente carencia de enfermedad.
OMS.)
El hombre, como ser racional, puede conocerse, aceptarse y ejercer
un control inteligente y político sobre su persona; puede orientar sus impulsos
y no ser dominado por ellos. Tiene la posibilidad de postergar, sublimar y
actuar cuando puede cumplir con los fines de los actos. Para el adolescente, la
propuesta de abstención de relaciones sexuales no es imposible ni obsoleta.
El camino de su educación indudablemente no va a estar
representado por una línea recta, sino que éste tendrá curvas y contracurvas,
bajadas y subidas, pero lo llevarán a buen puerto siempre que no pierda de
vista adónde quiere llegar.
Los jóvenes de hoy son los hombres y mujeres del mañana; son los
padres y madres de las nuevas generaciones. Hay mucho en juego. Todo lo que se
haga por ellos nunca será demasiado.
Por Zelmira Bottini de Rey
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