![]() |
Haga click para publicitar en Alipso.com |
| Buscando Secundarios
| Universidades
| Carreras
| Test
Orientación Vocacional | Medios
| Profesores particulares
| Institutos
| Campus Material Monografias | Exámenes Secundarios | Exámenes Universitarios | Enlaces | Enviar material | Diversión Postales | Humor | Descargas | Juegos Comunidad Foros | Institucional Publicite | En su sitio | Contáctese Cursos en Buenos Aires Cursos de Informática | Cursos de apoyo al CBC | Carreras y Cursos de Diseño, Comunicación, Arte y Fotografía |
|
|
Imprimir apunte |
Recomendar a un amigo |
Recordarme el recurso |
|
Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Shakespeare: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 3141 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
William Shakespeare
Vida
Resulta imposible llevar
a cabo una exposición completa y rigurosa de la vida de este famoso autor
inglés, pues son muy pocos los datos comprobados que se tienen de él. Se
mantiene tradicionalmente que nació el 23 de abril de 1564, y se sabe a ciencia
cierta que fue bautizado al día siguiente, en Stratford-upon-Avon. Tercero de
ocho hermanos, fue el primer hijo varón de un próspero comerciante, y de Mary
Arden, hija a su vez de un terrateniente católico. Probablemente, estudió en la
escuela de su localidad y, como primogénito varón, estaba destinado a suceder a
su padre al frente de sus negocios. Sin embargo, según un testimonio de la
época, el joven Shakespeare tuvo que ponerse a trabajar como aprendiz de
carnicero, por la difícil situación económica que atravesaba su padre. Según
otro testimonio, se convirtió en maestro de escuela. Lo que sí parece claro es
que debió disfrutar de bastante tiempo libre durante su adolescencia, pues en
sus obras aparecen numerosas y eruditas referencias sobre la caza con y sin
halcones, algo poco habitual en su época y ambiente social. En 1582 se casó con
Anne Hathaway, hija de un granjero, con la que tuvo una hija, Susanna, en 1583,
y dos mellizos —un niño, que murió a los 11 años de edad, y una niña— en 1585.
Al parecer, hubo de abandonar Stratford ya que le sorprendieron cazando
ilegalmente en las propiedades de sir Thomas Lucy, el juez de paz de la ciudad.
Se supone que llegó a
Londres hacia 1588 y, cuatro años más tarde, ya había logrado un notable éxito
como dramaturgo y actor teatral. Poco después, consiguió el mecenazgo de Henry
Wriothesley, tercer conde de Southampton. La publicación de dos poemas eróticos
según la moda de la época, Venus y Adonis (1593) y La violación
de Lucrecia (1594), y de sus Sonetos (editados en 1609 pero que ya
habían circulado en forma de manuscrito desde bastante tiempo atrás) le
valieron la reputación de brillante poeta renacentista. Los Sonetos
describen la devoción de un personaje que a menudo ha sido identificado con el
propio poeta, hacia un atractivo joven cuya belleza y virtud admira, y hacia
una oscura y misteriosa dama de la que el poeta está encaprichado. El joven se
siente a su vez irresistiblemente atraído por la dama, con lo cual se cierra un
triángulo, descrito por el poeta con una apasionada intensidad que, no
obstante, no llega a alcanzar los extremos de sus tragedias, sino que, más bien,
tiende al refinamiento en el análisis de los sentimientos de los personajes. De
hecho, la reputación actual de Shakespeare se basa, sobre todo, en las 38 obras
teatrales de las que se tienen indicios de su participación, bien porque las
escribiera, modificara o colaborara en su redacción. Aunque hoy son muy
conocidas y apreciadas, sus contemporáneos de mayor nivel cultural las
rechazaron, por considerarlas, como al resto del teatro, tan sólo un vulgar
entretenimiento.
La vida de Shakespeare
en Londres estuvo marcada por una serie de arreglos financieros que le
permitieron compartir los beneficios de la compañía teatral en la que actuaba,
la Chamberlain’s Men, más tarde llamada King’s Men, y de los dos teatros que
ésta poseía, The Globe y Blackfriars. Sus obras fueron representadas en la
corte de la reina Isabel I y del rey Jacobo I con mayor frecuencia
que las de sus contemporáneos, y se tiene constancia de que sólo en una ocasión
estuvo a punto de perder el favor real. Fue en 1599 cuando su compañía representó
la obras de la deposición y el asesinato del rey Ricardo II, a petición de un
grupo de cortesanos que conspiraban contra la reina Isabel, encabezado por un
ex-favorito de la reina, Robert Devereux, y por el conde de Southampton, aunque
en la investigación que siguió al hecho, la compañía teatral quedó absuelta de
toda complicidad.
A partir del año 1608,
la producción dramática de Shakespeare decreció considerablemente, pues al
parecer se estableció en su ciudad natal donde compró una casa llamada New Place.
Murió el 23 de abril de 1616 y fue enterrado en la iglesia de Stratford.
Obra
Aunque no se conoce con
exactitud la fecha de composición de muchas de sus obras, su carrera literaria
se suele dividir en cuatro periodos: 1) antes de 1594; 2) entre 1594 y 1600; 3)
entre 1600 y 1608; y 4) desde 1608. Dada la dificultad para fechar con
exactitud sus obras, estos periodos son aproximativos y están basados en que el
autor extraía los temas de sus obras de crónicas de su tiempo, así como de
cuentos y narraciones ya existentes, tal y como era costumbre en aquellos años.
Primer periodo
Se caracterizó
fundamentalmente por la experimentación. Sus primeras obras teatrales, al
contrario de lo que ocurrió con sus obras de madurez, poseían un alto grado de
formalidad y, a menudo, resultaban un tanto predecibles y amaneradas.
Probablemente, sus
primeras obras fueron cuatro dramas que tenían como trasfondo los
enfrentamientos civiles en la Inglaterra del siglo XV, un estilo muy popular en
la época. Estas cuatro obras, Enrique VI, Primera,
Segunda y Tercera parte (hacia 1590-1592) y Ricardo III (hacia 1593), tratan de
las funestas consecuencias que para el país tuvo la falta de un liderazgo
fuerte y de un proyecto nacional, debido al egoísmo de los políticos de la
época. El ciclo se cierra con la muerte de Ricardo III y la subida al trono
de Enrique VII, fundador de la dinastía Tudor, a la que pertenecía
la reina Isabel. En cuanto a estilo y estructura, contienen numerosas
referencias al teatro medieval y otras a las obras de los primeros dramaturgos
isabelinos, en especial Cristopher Marlowe, a través de los cuales conoció las
obras del dramaturgo clásico latino Séneca. Esta influencia, que se manifiesta
en sus numerosas escenas sangrientas y en su lenguaje colorista y redundante,
especialmente perceptible en Tito Andrónico (hacia 1594), una tragedia
poblada de justas venganzas, que posee una puesta en escena muy detallista.
Durante este primer
periodo escribió numerosas comedias, entre las cuales cabe resaltar La comedia
de las equivocaciones (hacia 1592), una divertida farsa que,
imitando el estilo de la comedia clásica latina, basa su interés en los errores
de identidad que provocan dos parejas de gemelos y los equívocos que se
producen respecto al amor y a la guerra. El carácter de farsa ya no resulta tan
evidente en La
doma de la bravía (hacia 1593), una comedia de caracteres. Por otro
lado, Los
dos hidalgos de Verona (hacia 1594) basa su atractivo en el uso del
amor idílico, mientras que Trabajos de amor perdidos (hacia 1594)
satiriza los amores de sus personajes masculinos, así como su entrega a los
estudios con el fin de no caer en las redes del amor. El modo en que están
construidos sus diálogos ridiculiza el estilo artificial y redundante del
novelista y dramaturgo John Lyly, las convenciones cortesanas de la época y,
quizá, también las discusiones científicas de Walter Raleigh y sus seguidores.
Segundo periodo
En este periodo, marcado
por una profundización en su individualidad como autor teatral, escribió
algunas de sus obras más importantes relacionadas con la historia inglesa y las
denominadas comedias alegres, así como dos de sus mejores tragedias. Entre las
primeras cabe destacar Ricardo II (hacia 1595), Enrique IV, Primera y segunda parte
(hacia 1597) y Enrique V (hacia 1598), que cubren un
periodo de tiempo inmediatamente anterior al de su Enrique VI. La primera es un
estudio alrededor de la figura de un débil, sensible y teatral, aunque
agradable rey que pierde su reino en manos del que sería Enrique IV. En las dos partes de
Enrique IV, éste reconoce sus
culpas y expresa sus temores sobre su hijo, que le sucederá con el nombre de
Enrique V, temores que se demuestran infundados porque éste demuestra una gran
responsabilidad y sentido moral sobre sus deberes como monarca. En una
magistral alternancia de escenas serias y cómicas, el obeso caballero Falstaff
y el rebelde Hotspur ponen de manifiesto los dos extremos entre los que el
príncipe encontrará el equilibrio. La introducción, en distintas proporciones,
de elementos trágicos y cómicos para expresar amplios espectros de caracteres
se convertiría en uno de los recursos favoritos del autor inglés.
Entre las comedias de
este periodo sobresale Sueño de una noche de verano (hacia 1595),
una obra plagada de fantasía en la que se entremezclan varios hilos
argumentales centrados respectivamente en dos parejas de nobles amantes, en un
grupo de despreocupados cómicos y en una serie de personajes pertenecientes al
reino de las hadas, entre los que se encuentran Puck, el rey Oberón y la reina
Titania. En El
mercader de Venecia (hacia 1596), por otro lado, se puede encontrar
otra sutil evocación de atmósferas exóticas similar a la de la obra anterior.
En ella aparecen retratadas las cualidades renacentistas de la amistad viril y
el amor platónico que se oponen a la amarga falta de humanidad de un usurero
llamado Shylock, cuyas desdichas terminan despertando la comprensión y la
simpatía del público. El tipo de mujer de ingenio rápido, calidez y
responsabilidad personificado en Porcia reaparecería, más adelante, en las
comedias alegres del segundo periodo, mientras que, por el contrario, la
ingeniosa comedia Mucho ruido y pocas nueces (hacia 1599) deforma, según la
opinión de muchos críticos, en el tratamiento un tanto insensible, a los
personajes femeninos. Sin embargo, las comedias de madurez Como gustéis (hacia 1600) y Noche de
Epifanía (hacia 1600) se caracterizan por su lirismo, su ambigüedad
y por el atractivo de sus bellas, encantadoras e inteligentes heroínas. En Como gustéis,
Shakespeare describe el contraste entre las refinadas costumbres de la corte
isabelina y las de las áreas rurales del país de un modo rico y variado, aunque
no excesivo, y construyó una compleja trama argumental basada en las relaciones
entre la realidad y la ficción y entre los distintos personajes, trama que
utilizó para comentar las distintas debilidades del género humano. En este
sentido, Como
gustéis se asemeja a Noche de Epifanía, en la cual el lado
cómico del amor aparece ilustrado por las desventuras de dos parejas de amantes
rodeadas de numerosos personajes secundarios que actúan como comparsas cómicos.
Otra de las comedias de este segundo periodo, Las alegres casadas de Windsor
(hacia 1599), es una farsa sobre la vida de la clase media en la cual reaparece
el personaje de Falstaff como víctima cómica.
Dos grandes tragedias,
muy distintas entre sí por su naturaleza, marcan el comienzo y el final de este
segundo periodo. Por un lado, Romeo y Julieta (hacia 1595) muy famosa
por su poético tratamiento de los éxtasis amorosos juveniles, pone en escena el
trágico destino de dos amantes, forjado por la enemistad de sus familias y por
lo temperamental de sus propios caracteres. Por el otro, Julio César (hacia 1599) es
una tragedia sobre la rivalidad política, muy intensa, aunque en menor medida
que las tragedias posteriores.
Tercer periodo
En él, el dramaturgo
inglés escribió sus mejores tragedias y las llamadas comedias oscuras o
amargas. Las tragedias de este periodo son las más profundas de todas sus obras
y aquellas en las que la poesía de la lengua se convierte en un instrumento
dramático, capaz de registrar las evoluciones del pensamiento humano y las
distintas dimensiones de una situación dramática. Hamlet (hacia 1601), su obra
más universal, va más allá de las otras tragedias centradas en la venganza,
pues retrata de un modo escalofriante la mezcla de gloria y sordidez que
caracteriza la naturaleza humana. Hamlet siente que vive en un mundo de engaños
y corrupción, sentimiento que le viene confirmado por el asesinato de su padre
y la sensualidad desenfrenada de su madre. Estas revelaciones le conducen a un
estado en el que los momentos de angustia e indecisión se atropellan con
frenéticas actuaciones, situación cuyas profundas razones continúan hoy siendo
motivo de distintas interpretaciones.
Otelo, el moro de Venecia (hacia 1604) retrata el
surgir y el expandirse de unos injustificados celos en el corazón del
protagonista, un moro que es el general del ejército veneciano. El supuesto
motivo de sus celos, su inocente esposa Desdémona, es utilizada por Yago, el
lugarteniente de su marido, para destruir su carrera militar llevándole al
borde de la locura. El rey Lear (hacia 1605), concebido en un
tono más épico, describe las consecuencias de la irresponsabilidad y los
errores de juicio de Lear, dominador de la antigua Bretaña, y de su consejero,
el duque de Gloucester. El trágico final llega como resultado de entregar el
poder al hijo malvado y no al bondadoso. Como contrapunto, la hija, Cordelia,
pone de manifiesto un amor capaz de redimir el mal por el bien, pero ella muere
en un final sobrecogedor. La idea de que el mal se destruye a sí mismo, sin
embargo, se ve reforzada por el funesto destino de las hermanas de Cordelia y
del oportunista hijo del duque de Gloucester. Antonio y Cleopatra (hacia
1606), otra de las grandes tragedias, se centra en otro tipo de amor, la pasión
del general romano Marco Antonio por Cleopatra, reina de Egipto, glorificada
por algunos de los versos más sensuales de toda la producción shakesperiana. Macbeth
(hacia 1606), en cambio, describe el proceso de un hombre esencialmente bueno
que, influido por otros y debido también a un defecto de su propia naturaleza,
sucumbe a la ambición y llega hasta el asesinato. A lo largo de la obra,
Macbeth, por obtener y, más tarde, retener el trono de Escocia, va perdiendo su
humanidad hasta llegar al punto de cometer todo tipo de imperdonables actos.
Otras tres obras de este
periodo revelan la amargura contenida en estas tragedias, pues sus personajes
no poseen categoría trágica ni grandeza alguna. Así, Troilo y Cressida (hacia
1602), la más efectista de sus obras, pone de manifiesto, de un modo muy
clarificador, el abismo que extiende entre lo ideal y lo real, tanto en el
terreno político como individual, mientras que en Coriolano (hacia 1608), otra
tragedia ambientada en la antigüedad, el legendario héroe romano Cayo Marcio
Coriolano aparece como un personaje incapaz de seducir a las masas o de
dominarlas por la fuerza. Igualmente amargo, Timón de Atenas (hacia 1608)
narra la historia de un personaje reducido a la misantropía por la ingratitud
de sus sicofantes. Debido a la fluctuante calidad de su escritura, se ha
avanzado la hipótesis de que esta obra fuera escrita en colaboración con otro dramaturgo,
posiblemente Thomas Middleton.
Las dos comedias de este
periodo son también algo oscuras. De hecho, se las ha llamado “las obras
problemáticas”, pues no entran claramente en ninguna categoría, ni presentan
desenlaces demasiado inteligibles. A buen fin no hay mal principio (hacia
1602) y Medida
por medida (hacia 1604) tienen en común, además, el hecho de
cuestionar la moral oficial.
Cuarto periodo
Comprende las
principales tragicomedias románticas. Hacia el final de su carrera, el
dramaturgo inglés creó numerosas obras en las que, a través de la intervención
de la magia, la piedad, el arte o la gracia, sugiere con frecuencia la
esperanza en la existencia de una redención para el género humano. Estas obras
están escritas, por lo general, con una gravedad que las aleja de las comedias
de los periodos anteriores, pero suelen tener finales felices en forma de
reuniones o reconciliaciones. Estas tragicomedias basan parte de su atractivo
en el carácter exótico y alejado en el tiempo de los escenarios en los que se
desarrollan, y resultan mucho más simbólicas que cualquiera de las obras
anteriores de su autor. Para muchos críticos literarios, las tragicomedias
shakesperianas representan un giro de tuerca más en el desarrollo creativo del
autor, aunque otros opinan que se debieron sólo a cambios acaecidos en las
modas teatrales de la época.
La tragicomedia
romántica Pericles,
príncipe de Tiro (hacia 1608), retrata a un personaje abatido por la
pérdida de su esposa y por la persecución de su hija. Tras innumerables y
exóticas aventuras, el desagraciado Pericles consigue reunirse por fin con
ambas. En Cimbelino
(hacia 1610) y El cuento de invierno (hacia 1610), los personajes soportan
también grandes sufrimientos aunque al final consiguen la felicidad. La más lograda,
quizá, de las creaciones derivadas de este peculiar punto de vista sea la
última de las obras que consiguió completar y aquella en la que alcanzó las más
altas cimas de lirismo poético, La tempestad (hacia 1611), una
tragicomedia a través de cuyo desenlace se pueden comprender los beneficiosos
efectos de la alianza entre la sabiduría y el poder. En esta obra, Próspero,
duque de Milán, expulsado de su reino por su hermano y condenado al exilio en
una lejana isla, utiliza sus poderes mágicos para confundir al usurpador de su
ducado y crear una relación de amor entre su propia hija, Miranda, y el hijo
del rey de Nápoles, cómplice del golpe de Estado.
Dos obras finales, el
drama histórico Enrique VIII (hacia 1613) y Los dos
nobles caballeros (hacia 1613 y publicada en 1634), la historia de
dos jóvenes caballeros enamorados de una dama, atribuidas a Shakespeare,
parecen ser más bien fruto de su colaboración con John Fletcher.
Importancia literaria
Hasta el siglo XVIII,
Shakespeare fue considerado únicamente como un genio difícil. Se han propuesto
teorías según las cuales sus obras fueron escritas por alguien de una educación
superior, tal vez por el estadista y filósofo sir Francis Bacon, o por el conde
de Southampton, protector del autor, o incluso por el dramaturgo Christopher
Marlowe, el cual, según la opinión de algunos estudiosos, no murió en una
reyerta de taberna, sino que huyó al continente, donde siguió escribiendo. A
pesar de la controvertida identidad de Shakespeare, sus obras fueron admiradas
ya en su tiempo por Ben Jonson y otros autores, que vieron en él una brillantez
destinada a perdurar en el tiempo; Jonson dijo que Shakespeare “no era de una
época, sino de todas las épocas”. Del siglo XIX en adelante, sus obras han
recibido el reconocimiento que merecen en el mundo entero. Casi todas sus obras
continúan hoy representándose y son fuente de inspiración para numerosos
experimentos teatrales, pues comunican un profundo conocimiento de la
naturaleza humana, ejemplificado en la perfecta caracterización de sus
variadísimos personajes. Su habilidad en el uso del lenguaje poético y de los
recursos dramáticos, capaz de crear una unidad estética a partir de una
multiplicidad de expresiones y acciones, no tiene par dentro de la literatura
universal. Autores teatrales ingleses posteriores, como John Webster, Philip
Masinger y John Ford tomaron prestadas ideas de sus obras, y su influencia en
los autores de la restauración, en especial sobre John Dryden, William Congreve
y Thomas Otway resulta más que evidente. Por otro lado, en numerosos escritores
de nuestro siglo, como Pinter, Beckett y George Bernard Shaw se ven las huellas
de Shakespeare.
| ||||
| X | ||||