Sigmund Freud
El
médico austríaco Sigmund Freud desarrolló teorías centrales para el
psicoanálisis, la psicología de la sexualidad humana y la interpretación de los
sueños. A pesar de que sus teorías, aparecidas a finales del siglo XIX, fueron
muy controvertidas en su época, posteriormente fueron aceptadas ampliamente.
Quizás su contribución más importante sea el haber establecido una conexión
entre los comportamientos humanos anómalos y el inconsciente.
Freud, Sigmund
(1856-1939)
Médico
y neurólogo austríaco, fundador del psicoanálisis. Su trabajo con Jean Charcot,
dedicado al tratamiento de la histeria mediante la hipnosis, encauzaría
definitivamente sus intereses hacia el estudio científico de los trastornos
mentales.
Los comienzos del psicoanálisis
Freud
va a dedicar sus esfuerzos en explicar las enfermedades mentales de forma
psicológica y no fisiológica, campo que denominaría ‘psicoanálisis’. La
publicación de la obra Estudios sobre la histeria (1893) marcó el
comienzo de esta teoría, formulada sobre observaciones clínicas: los síntomas
se consideraban manifestaciones de energía emocional no descargada, asociada
con traumas psíquicos olvidados.
Poco
tiempo después aplicaría el método de ‘asociación libre’, idóneo para
comprender los procesos mentales inconscientes. Utilizando estas asociaciones
para interpretar los sueños formuló sus teorías sobre la sexualidad infantil,
planteamientos que fueron muy controvertidos. Desarrolló la teoría de la
transferencia, proceso por el cual las actitudes emocionales, establecidas
durante la infancia por las figuras de los padres, son transferidas en la vida
adulta a otros personajes. El final de este periodo viene marcado por la
aparición de su obra La interpretación de los sueños (1900) en
la que expone todos los conceptos fundamentales en que se asientan las teorías
y las técnicas psicoanalíticas.
Hacia
1906, Freud contaba con un reducido número de alumnos y seguidores como Alfred
Adler, Otto Rank, Abraham Brill, Eugen Bleuler y Carl Jung.
Reconocimiento internacional
El
creciente reconocimiento del movimiento psicoanalítico provocó la creación en
1910 de la Asociación Psicoanalítica Internacional. Mientras tanto, el
movimiento ganaba adeptos en Europa y Estados Unidos, a pesar de las
disensiones de algunos de sus discípulos en desacuerdo con sus tesis sobre el
origen sexual de las neurosis.
Su
principal contribución fue el enfoque radicalmente nuevo en la comprensión de
la personalidad humana. Fundó una nueva disciplina médica y formuló
procedimientos terapéuticos que aún hoy se aplican en el tratamiento de las
neurosis. Entre otras obras, destacan: Tótem y Tabú (1913), Psicología de masas (1920) y
Moisés y
el monoteísmo (1939).
Sus ideas
1-
Consciente –
Inconsciente
La psicología clásica no aceptaba más que fenómenos psíquicos
conscientes. Freud descubre otros niveles psíquicos: el preconsciente y el
inconsciente.
·
El nivel preconsciente contiene elementos psíquicos que no
están en un momento determinado en nuestra consciencia, pero pueden estarlo
porque no tenemos sobre ellos control global. Lo descubrió a partir de los
“actos fallidos”.
·
El nivel inconsciente, de mucha mayor relevancia, está separado
de los otros dos niveles por una raya continua. Todos sus contenidos están
sepultados y separados del preconsciente y del consciente. Es la censura la que
impide que esos contenidos, intolerables parta la conciencia, salgan a la luz.
Se manifiesta fundamentalmente por la histeria y por la actividad de los
sueños.
2-
Estructura de la
personalidad
La estructura psíquica humana está compuesta por una pluralidad de
niveles psíquicos. Los niveles son:
·
El ELLO. Es la parte instintiva de nuestra
personalidad. Son las pulsiones básica constituida por la sexualidad y por la
agresividad. Además, en el ELLO habitan todas las represiones producidas en el
individuo. Su principio de funcionamiento es el principio de placer. Si no
consigue satisfacción, está irrealizado. Es la dotación biopsíquica que el
individuo trae al mundo.
·
El SUPER-YO. Representa la exigencia ética y moral de
la persona. Aquí residen todas las interiorizaciones culturales y morales desde
la infancia. Constituye el ideal del YO y actúa en forma de conciencia,
alabando o desaprobando las conductas. Funciona según el principio del deber o
la moralidad. Se forma a partir de la interiorización de las prohibiciones se
los padres. En trono a los cinco o seis años de vida, aparece el padre como
“rival” en su posesión de la madre. Pero, por otra parte, el niño necesita de
la seguridad del padre. El conflicto se supera por medio de una interiorización
de la imagen del padre. Éste es un momento fundamental para a adquisición del
SUPER-EGO. Es, cronológicamente, la tercera instancia que se forma.
·
El YO. Son los elementos conscientes. Tiene
como misión adaptarnos a la realidad; por eso funciona según el principio de la
realidad. Surge en los primeros años de la vida; es, por tanto, la segunda
instancia que forma. El niño al principio es un manojo de instintos que buscan
satisfacción, pero es la misma realidad la que impide esa realización. Estas
experiencias son las que van a ir configurando su YO.