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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Trabajo de Socialismo: Socialismo Agregado: 02 de OCTUBRE de 2002 (Por Noe) | Palabras: 1125 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |



EL SOCIALISMO CIENTÍFICO
Gracias a Karl Marx y a Friedrich Engels, el
socialismo adquirió un soporte teórico y práctico a partir de una concepción
materialista de la historia. El marxismo sostenía que el capitalismo era el
resultado de un proceso histórico caracterizado por un conflicto continuo entre
clases sociales opuestas. Al crear una gran clase de trabajadores sin
propiedades, el proletariado, el capitalismo estaba sembrando las semillas de
su propia muerte, y, con el tiempo, acabaría siendo sustituido por una sociedad
comunista.
En 1864 se fundó en Londres la Primera
Internacional, asociación que pretendía establecer la unión de todos los
obreros del mundo y se fijaba como último fin la conquista del poder político
por el proletariado. Sin embargo, las diferencias surgidas entre Marx y Bakunin
(defensor del anarquismo y contrario a la centralización jerárquica que Marx
propugnaba) provocaron su ruptura. Las teorías marxistas fueron adoptadas por
mayoría; así, a finales del siglo XIX, el marxismo se había convertido en la
ideología de casi todos los partidos que defendían la emancipación de la clase
trabajadora, con la única excepción del movimiento laborista de los países
anglosajones, donde nunca logró establecerse, y de diversas organizaciones anarquistas
que arraigaron en España e Italia, desde donde se extendieron, a través de sus
emigrantes principalmente, hacia Sudamérica. También aparecieron partidos
socialistas que fueron ampliando su capa social (en 1879 fue fundado el Partido
Socialista Obrero Español). La transformación que experimentó el socialismo al
pasar de una doctrina compartida por un reducido número de intelectuales y
activistas, a la ideología de los partidos de masas de las clases trabajadoras
coincidió con la industrialización europea y la formación de un gran
proletariado.
Los socialistas o socialdemócratas (por aquel
entonces, los dos términos eran sinónimos) eran miembros de partidos
centralizados o de base nacional organizados de forma precaria bajo el
estandarte de la Segunda Internacional Socialista que defendían una forma de
marxismo popularizada por Engels, August Bebel y Karl Kautsky. De acuerdo con
Marx, los socialistas sostenían que las relaciones capitalistas irían
eliminando a los pequeños productores hasta que sólo quedasen dos clases
antagónicas enfrentadas, los capitalistas y los obreros. Con el tiempo, una
grave crisis económica dejaría paso al socialismo y a la propiedad colectiva de
los medios de producción. Mientras tanto, los partidos socialistas, aliados con
los sindicatos, lucharían por conseguir un programa mínimo de reivindicaciones
laborales. Esto quedó plasmado en el manifiesto de la Segunda Internacional
Socialista y en el programa del más importante partido socialista de la época,
el Partido Socialdemócrata Alemán (SPD, fundado en 1875). Dicho programa,
aprobado en Erfurt en 1890 y redactado por Karl Kautsky y Eduard Bernstein,
proporcionaba un resumen de las teorías marxistas de cambio histórico y
explotación económica, indicaba el objetivo final (el comunismo), y establecía
una lista de exigencias mínimas que podrían aplicarse dentro del sistema
capitalista. Estas exigencias incluían importantes reformas políticas, como el
sufragio universal y la igualdad de derechos de la mujer, un sistema de protección
social (seguridad social, pensiones y asistencia médica universal), la
regulación del mercado de trabajo con el fin de introducir la jornada de ocho
horas reclamada de forma tradicional por anarquistas y sindicalistas y la plena
legalización y reconocimiento de las asociaciones y sindicatos de trabajadores.
Los socialistas creían que todas sus demandas
podían realizarse en los países democráticos de forma pacífica, que la
violencia revolucionaria podía quizás ser necesaria cuando prevaleciese el
despotismo (como en el caso de Rusia) y descartaban su participación en los
gobiernos burgueses. La mayoría pensaba que su misión era ir fortaleciendo el
movimiento hasta que el futuro derrumbamiento del capitalismo permitiera el
establecimiento del socialismo. Algunos —como por ejemplo Rosa Luxemburg—
impacientes por esta actitud contemporizadora, abogaron por el recurso de la
huelga general de las masas como arma revolucionaria si la situación así lo
requería.
El SPD proporcionó a los demás partidos socialistas
el principal modelo organizativo e ideológico, aunque su influencia fue menor
en la Europa meridional. En Gran Bretaña los poderosos sindicatos intentaron
que los liberales asumieran sus demandas antes que formar un partido obrero
independiente. Hubo, pues, que esperar hasta 1900 para que se creara el Partido
Laborista, que no adoptó un programa socialista dirigido hacia la propiedad
colectiva hasta 1918.
EL SOCIALISMO
UTÓPICO
Las ideas llamadas socialistas, que buscaban la
igualdad de condiciones para todos los hombres, no eran nuevas para
entonces. Su origen se remontaba al mundo griego, especialmente la obra de
Platón, y a autores del siglo XV que plantearon teóricamente esa posibilidad
como Tomas Moro en La utopía y Tomás de Campanela en La ciudad del sol, entre
otros. Muchas de tales ideas fuero retomadas por la ilustración.
Las duras condiciones de la revolución industrial y la
gran injusticia social que generó estimularon una nueva forma de pensamiento
igualitario: el socialismo utópico, llamado así por su romanticismo e
idealismo. Concebía, una sociedad perfecta y la creación del reino de la
felicidad, del cual debían participar todos los hombres sin excepción. El
socialismo utópico tuvo así un marcado carácter moralista y ético.
Uno de sus principales representantes fue robert Owen
(1771-1858), una excepción para su época. Rico empresario, duelo de fábricas,
creía en la bondad natural del hombre y que en él influía el medio ambiente.
Por eso se dedicó a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de sus
obreros, creó escuelas y sistemas de salubridad, disminuyó el consumo de
alcohol, moderó el trabajo infantil y mantuvo salarios altos. Como socialista
utópico se opuso radicalmente al individualismo, al que consideró fuente del
mal social. Con su fortuna intentó hacer experimentos aún más radicales
teniendo en cuenta sus éxitos iniciales: creó cooperativas, introdujo el
trabajo social y fue el padre de la legislación industrial.
Por otro lado, el francés Claude Henri, conde de Saint
– Simon (1760-1825), participante en la guerra de independencia norteamericana,
pensaba que la nueva sociedad debía asentarse sobre la industrialización y que
sus dirigentes debían ser científicos. Su tarea consistía en dirigir la
sociedad hacia un bien común, basado en el derecho comunitario al trabajo, la
propiedad, la herencia, la libertad personal y el derecho a competir.
Otros socialistas utópicos importantes fueron Louis
Blanc (1811-1882), que propuso sustituir la industria privada por almacenes de
trabajo social a la manera de un socialismo de Estado; Pierre – Joseph Proudhon
(1809-1865), para quien la propiedad era un robo, por lo que proponía
sociedades mutualistas basadas en la libertad y la igualdad.
Por
esta época también comenzaron a tomar fuerza los ‘clubes de mujeres’ que
preconizaban la necesidad de rescatar los derechos de la mujer. Se
distinguieron en esta tarea Flora Tristán, las hermanas Charlotte y Emily
Bronte (1816-1855,1818-1848), George Sund (Aurore Dupin, 1804-1876) y otras que
contaron con el apoyo de los socialistas.
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