La historia de la informatica, de los comienzos a la primera calculadora, de las calculadoras mecanicas a los ordenadores, la maquina diferencial de Babbage, las calculadoras electromecanicas, los ordenadores electronicos, la preimra, segunda, tercera y c

INTRODUCCIÓN A LA HISTORIA DE LA
INFORMATICA
En el
presente trabajo abordaremos someramente la evolución, desarrollo y
complejización del cálculo automático a través de la historia. Como elemento
fundamental del trabajo científico, la posibilidad de mecanización de las
operaciones matemáticas ha sido un objetivo largamente perseguido por
profesionales de las matemáticas, ingenieros, inventores, astrónomos y demás
científicos. Incluso los funcionarios públicos, militares, estudiantes e
investigadores... Todos ellos han buscado una forma de acelerar los tediosos
procesos de cálculo, sobre todo los más repetitivos, que exigen una ingente cantidad
de tiempo sin tener una dificultad que lo justifique.
Como
elemento consustancial a la fabricación de máquinas calculadoras, nos
detendremos también en algunos hitos en la historia de la automatización
mecánica. Muchas veces ha sido el bajo nivel de los conocimientos y técnicas de
fabricación lo que ha retardado la aparición de máquinas de calcular, por la
falta de piezas lo suficientemente calibradas y precisas. El desarrollo de los
mecanismos automáticos corre paralelo al de la construcción de máquinas
calculadoras, que es, en suma, el objetivo de estudio de este trabajo. También
nos detendremos en determinados avances en el mundo de las matemáticas,
esenciales para obtener una aplicación práctica de las máquinas.
Como
memoria de curso que es, no aspiramos sino a una descripción de los momentos
históricos que consideramos fundamentales en el desarrollo de máquinas
calculadoras.
1.- DE LOS COMIENZOS A LA PRIMERA
CALCULADORA.
El hombre aprendió a contar con los dedos. Es la
forma más fácil, la más asequible y la primera que se le ocurre hasta a los
niños de hoy en día. Al tener diez dedos entre las dos manos, la base 10 se
convirtió en la base numérica más usada. Para representar números más grandes
que diez se usaron diversos métodos, desde un auxiliar que contara con otros
diez dedos hasta la extensión a falanges, dedos de los pies, brazos u otras
partes del cuerpo. Algunos pueblos (bastantes de entre los mesopotámicos)
utilizaron otros sistemas de numeración, principalmente en base 60 (sexagesimales).
Pero la base 10 y el sistema posicional triunfaron como expresión numérica,
especialmente después de la introducción de la numeración arábiga; el sistema
de numeración parece que fue inventado por los hindúes en los siglos I o II
d.C.. Los árabes lo tomaron de ellos y lo transmitieron a la península ibérica;
desde allí fue pasando al resto de Europa, donde el primero que usó numeración
arábiga fue el monje Geribert D’Aurillac, posteriormente papa Silvestre II (h.
938-1003), siendo generalizados por el matemático italiano Leonardo Fibonacci
(h. 1175-1240) en su celebérrimo Liber abaci
(ca. 1202), en el que muestra los
conocimientos aprendidos de los árabes durante sus viajes. La numeración
arábiga es, sin duda, mucho más flexible para el cálculo que la numeración
romana, e introduce en el cálculo el concepto de valor posicional del número,
decisivo a la hora de enfrentarse con cantidades grandes.
LAS MÁQUINAS CALCULADORAS.
Aunque parece ser que no fue la primera máquina
calculadora corresponde a Blaise Pascal (1623-1662) el mérito de haberla dado a
conocer al mundo. La tradición quiere que Pascal construyera la máquina para
ayudarse en la tediosa labor de hacer largas sumas mientras ayudaba a su padre,
intendente de finanzas en Rouen: he aquí la conexión entre el cálculo
repetitivo y su proceso de automatización.
La
máquina de Pascal era una sumadora mecánica, compuesta por varias series de
ruedas dentadas accionadas por una manivela. La primera rueda correspondía a
las unidades, la segunda a las decenas, etc... y cada vuelta completa de una de
las ruedas hacía avanzar 1/10 de vuelta la siguiente. La máquina, de la que se
hicieron varios modelos con fines comerciales, funcionaba por el principio de
adición sucesiva; mediante otro procedimiento, incluso restaba. Se introduce
así el concepto de saldo o resultado acumulativo, que se sigue usando
hasta nuestros días: la máquina proporciona de manera automática (con el giro
de la manivela) el resultado, dispuesto para leerse y sin participar en el
proceso de toma de decisión (compárese con la regla de cálculo, donde el
operador ha de decidir dónde coloca la pieza móvil de la regla). La máquina de
Pascal efectúa el cálculo de forma mecánica, ofreciendo el resultado final.
Gottfried
Leibniz (1646-1716) amplió los horizontes de las máquinas calculadoras
diseñando una máquina multiplicadora. La máquina de Leibniz no sólo contaba con
ruedas dentadas sino que éstas eran de forma altamente ingeniosa: tenían los
dientes escalonados, de forma que la multiplicación no se hacía por sumas
sucesivas, sino en un solo movimiento de manivela. La calculadora de Leibniz
sumaba, restaba, multiplicaba y dividía de manera automática. Desgraciadamente,
el nivel técnico de la época no permitió construirla.
Un nuevo
paso fue dado en 1709 por Giovanni Poleni y su máquina
aritmética, en la que los cálculos mecánicos se realizan en virtud
del movimiento de caída de un peso, limitándose el operador a introducir los
datos y anotar el resultado. El principio de funcionamiento fue esencial para
el desarrollo de las calculadoras: se programa el cálculo y la máquina hace el
resto. Y es lo que hacemos aún hoy.
El
fundamento de la máquina de Leibniz, la rueda
escalonada, sirvió posteriormente para construir la primera
calculadora práctica: el aritmómetro
de Charles Thomas, de 1820. En esencia era la calculadora de Leibniz. pero no
hasta esa fecha se consigue la suficiente precisión técnica como para
construirla. Una variante posterior de la rueda escalonada de Leibniz, la rueda Odhner (1875), se popularizó en
Estados Unidos, industrializándose la fabricación de máquinas calculadoras.
Poco a poco se introdujeron nuevos sistemas de introducción de datos (el
teclado, en 1884) y perfeccionamientos diversos en los sistemas (el impresor de
datos, en 1875 por Barbour). Las máquinas mecánicas de calcular triunfaban.
2.- DE LAS CALCULADORAS MECÁNICAS A LOS
ORDENADORES.
LA MÁQUINA DIFERENCIAL DE BABBAGE.
Hasta ahora hemos visto máquinas que permiten
realizar operaciones aritmeticas
básicas, tales como sumar, restar, multiplicar y dividir, mediante el
concurso de un operador humano que ponga en marcha el mecanismo de cálculo.
Estas máquinas son muy útiles (y lo han sido hasta el día de hoy) para hacer
más llevadera la contabilidad con grandes columnas de sumas y algunas otras
operaciones matemáticas sencillas.
El salto
lo dio Charles Babbage (1792-1871). En 1822 construyó su máquina diferencial, un nuevo modelo de
sumadora que permitía, utilizando el método
de las diferencias, resolver polinomios de segundo grado. Era la
primera máquina proyectada para hacer algo más que sumar y restar, aunque era
lo que realmente hacía. Proporcionaba la solución a un problema matemático; y
trabajando por aproximaciones representaba una manera de resolver problemas
distintos.
Pero era
un problema, y sólo uno, lo que
la máquina diferencial de Babbage podía resolver. El siguiente paso era una
máquina de propósito general, que permitiera introducir como datos tanto el
problema como los datos del mismo propiamente dichos. El mismo Babbage diseñó
sobre el papel una máquina analítica,
que resolvería problemas de todo tipo, pues contemplaba la posibilidad de
introducir el programa (y el problema a tratar con él) al mismo tiempo que los
datos, realizándose las operaciones en el centro de proceso (llamado molino). Pero otra vez las deficiencias
técnicas de la época impidieron hacer realizable la máquina analítica hasta la
aparición de los ordenadores electrónicos.
3.- LAS CALCULADORAS ELECTROMECÁNICAS.
Los problemas fundamentales de las calculadoras
mecánicas eran tres: la necesidad de un operador humano para el suministro
mecánico de datos (introducir las tarjetas), la falta de flexibilidad en el
programa (que venía impuesto por el diseño de la máquina) y el proceso de
cálculo, que seguía siendo mecánico (la máquina tabuladora de Hollerith leía datos por procedimientos eléctricos,
pero sumaba mediante elementos
mecánicos). Las calculadoras electromecánicas solucionaron por primera vez
estos problemas.
El
fundamento de todo fue la utilización del código binario, que necesitaba
solamente de dos elementos de cálculo (el 0 y el 1, el paso o la ausencia de
corriente). A mediados del siglo XIX el matemático inglés George Boole
(1815-1864) elaboró la teoría del álgebra de
la lógica o álgebra booleana en 1847. El álgebra de Boole es una
herramienta imprescindible para el establecimiento de decisiones lógicas; su
plasmación en circuitos eléctricos la realizó Claude Shannon en 1938. Además,
funciona perfectamente con un código binario (en el desarrollo lógico de la
teoría, sí o no; en un circuito eléctrico, paso o ausencia
de corriente; en código binario, 0 ó 1).
Para
implementar el código binario, definitivamente asentado en los procesos de
automatización del cálculo, en un sistema eléctrico se usaron los relés. El
relé no es más que un interruptor, que se puede accionar por procedimientos magnéticos o
electromagnéticos. Como todo interruptor no tiene más que dos posiciones:
abierto o cerrado. Un buen sistema para soportar trabajo con código binario,
donde el relé abierto no permite
el paso de corriente y se hace equivaler al 0 binario, y el relé cerrado permite el paso de corriente,
equivaliendo al 1 binario.
Con base
los sistemas de relés se construyeron las primeras calculadoras
electromecánicas. Leonardo Torres Quevedo dio a la luz su aritmómetro electromecánico, la primera
calculadora del mundo a base de relés, que proporcionó la evidencia práctica
del uso de los relés: rapidez de cálculo, posibilidad de introducir circuitos
lógicos e incipiente memoria, aunque falló en la implementación del programa,
que seguía dependiendo de las características físicas de la máquina. George
Stibitz construyó en 1923 una sumadora de relés que funcionó en los
laboratorios Bell, el Complex Calculator,
con introducción de datos por medio de teclado; posteriormente fue mejorado con
el Model 3, un verdadero
prototipo de ordenador que solucionaba problemas de polinomios introducidos
previamente mediante teclado o cinta perforada, tal y como pretendía Babbage
con su máquina analítica.
Mientras
en los Estados Unidos se seguían desarrollando calculadoras mecánicas para
compilar tablas de tiro artillero, en Alemania, Konrad Zuse, tras construir en
1938 una calculadora completamente mecánica (la Z1) y mejorarla añadiendo 200
relés (la Z2, en 1939) fabricó en 1941 en el Instituto Experimental Alemán de
Aeronáutica la primera calculadora programable de propósito general utilizando
relés: la Z3, el antepasado más directo de los ordenadores electrónicos. Los
programas se introducían mediante cinta perforada y los resultados se leían en
un tablero; trabajaba en binario, disponía de memoria y hacía cálculos en coma
flotante. Fue el primer “ordenador”, en el sentido que aceptaba variaciones de programa:
ya no era necesario limitarse a las especificaciones físicas de la máquina,
sino que el procedimiento de cálculo o programa
era suministrado por los operadores. Zuse ideó incluso un lenguaje de
programación, el Plankalkül.
La
culminación de las calculadoras electromecánicas fue el Mark-1. Era un
calculador gigantesco, desarrollado en 1944 por I.B.M. y el profesor Howard
Aiken (1900-1973) de la Universidad de Harvard. Contenía tres millones de
relés, medía 15 metros de largo por 2,5 de alto, sumaba dos cifras en 0,3
segundos, las multiplicaba en 4 segundos y las dividía en 12. Se le
suministraba el programa por medio de cinta perforada y daba las respuestas en
tarjeta perforada o imprimiendo en máquinas de escribir. Era todo lo más que se
podía hacer con la tecnología de la época.
4.- LOS ORDENADORES ELECTRÓNICOS.
Las limitaciones de las calculadoras
electromecánicas venían dadas por la lentitud (relativa, claro está) de las
operaciones con relés. Al ser un elemento mecánico su velocidad de trabajo
venía condicionada por la velocidad del interruptor que realmente eran. La
sustitución de los relés por las válvulas de
vacío solventó el problema, y abrió el paso a los ordenadores
electrónicos.
LA PRIMERA GENERACIÓN.
La válvula de vacío o diodo, inventada en 1904 por J. A. Fleming, es en esencia un
interruptor en el que el paso de corriente no se verifica por la unión de dos
piezas metálicas sino por el paso o no de una corriente de electrones. Al
desplazarse los electrones a una velocidad cercana a la de la luz (para lo que
se hace el vacío dentro de la válvula) la velocidad de reacción de la válvula
es aproximadamente de milésimas de segundo, considerablemente menor que la del
relé, que no deja de ser un interruptor mecánico.
El
primer ordenador a base de válvulas de vacío fue el ENIAC (Electronic Numerical Integrator and Calculator),
construido entre 1936 y 1946 en la Universidad de Pensylvania, por John W.
Mauchly y John P. Eckert; tenía 18.000 tubos de vacío, pesaba tres toneladas,
consumía 150 Kw (que producían un calor insoportable) y ocupaba una planta
entera de la Escuela Moore de Electrónica (180 m2). Tenía menos
memoria que el Mark-1, pero hacía su trabajo de una semana en una hora. Era
igualmente un calculador universal, pero el programa había que establecerlo
cambiando circuitos y conexiones de las válvulas, lo que dadas las dimensiones
suponía paseos considerables. Y si uno sólo de los 18.000 tubos de vacío se
fundía (lo que ocurría con espantosa frecuencia), el sistema dejaba de
funcionar hasta que se sustituyese. Se utilizó para compilar tablas de tiro
artillero.
Pero fue
el primer ordenador electrónico.
El
problema del ENIAC era la dificultad de programación. Cualquier cambio en el
programa debía reflejarse en las conexiones entre las válvulas de vacío. Los
siguientes esfuerzos se encaminaron a facilitar la labor del programador.
John von
Neumann (1903-1957), interesado en el proyecto de la bomba atómica, necesitaba
un calculador rápido y de fácil programación. Gracias a su prestigio, la
Universidad de Princeton construyó el EDVAC (Electronic
Discrete Variable Automatic Computer), que fue terminado en 1949.
Utilizaba lógica binaria y, lo más importante, estaba gobernado por programas
introducidos mediante cinta perforada, con lo que se evitaba el continuo
trasiego de conexiones. Semejantes al EDVAC fueron el Mark-II de la Universidad
de Manchester y el BINAC de Eckret y Mauchly. A partir del UNIVAC (Universal Automatic Computer) de Eckret y
Mauchly (un ordenador comercial con memoria y programas, distribuido por la
Remington Rand Co.), los ordenadores se hacen lo suficientemente rápidos y
versátiles como para entrar en el mercado. Es la primera generación de
ordenadores electrónicos, caracterizada por grandes instalaciones, mucho
cableado y consumo y poca potencia de cálculo
LA SEGUNDA GENERACIÓN.
El siguiente paso fue la miniaturización.
En 1948,
Shocley, Bardeen y Brattain, de los Laboratorios Bell, inventan el transistor. En principio funciona de forma
parecida a la válvula de vacío, solo que no se recalienta (ni se funde, por
tanto), tiene un tiempo de reacción mucho menor (del orden de décimas de
millonésima de segundo) y es mucho más pequeño (entre diez y veinte veces menor
que la válvula). Se desarrollan ordenadores transistorizados y se introducen
memorias externas de núcleos de ferrita y banda magnética. Aparecen los
primeros lenguajes de programación y la competencia en el mercado comienza a
ser considerable.
LA TERCERA GENERACIÓN.
Es la del circuito integrado.
El
circuito integrado no es más que la mínima expresión del transistor. Se basa en
las propiedades de los semiconductores, que funcionan como transistores, pero
que tienen un tamaño pequeñísimo (15 ó 20 transistores en unos pocos milímetros
cuadrados). El modelo 360 de I.B.M. ejemplifica el nacimiento de esta
generación. Las velocidades de cálculo se disparan al nanosegundo (10 -9
segundos), las memorias externas al megabyte (2 13 posiciones de
memoria) y se generalizan los periféricos variados: impresores, lectores de
tarjetas, lectores ópticos, discos flexibles de almacenamiento... Nacen los
lenguajes de alto nivel, de sintaxis fácilmente comprensible por el
programador.
5.- CONCLUSIÓN.
Formalmente se distinguen otras dos generaciones
de ordenadores, que basan su diferencia en el nivel de integración de los
circuitos electrónicos. Hoy por hoy estaríamos inmersos en la quinta
generación, de altísimo nivel de integración, velocidades de cálculo
asombrosas, sistemas de almacenamiento de memoria muy masivos y sistemas de
salida y entrada de datos espectaculares. Se investigan posibilidades de
inteligencia artificial, reproducción de redes neuronales, comunicación directa
de seres humanos con los procesadores.... El ordenador está profundamente imbricado
en todos los procesos de la vida diaria: la educación, el ocio, el trabajo. Se
está investigando en tecnología óptica, donde la velocidad de proceso sería la
de la luz (300.000 kms./s), la más alta que el ser humano puede manejar.
El
hombre ha desarrollado mecanismos para auxiliarse en la tarea puramente humana
de pensar. Desde contar con las manos hasta los ordenadores actuales todo ha
consistido en liberar a la mente humana de las tareas repetitivas y tediosas,
avanzando progresivamente hasta la colaboración en las más habituales
actividades diarias. El cálculo automático es hoy un hecho.
CRONOLOGÍA
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ca. 1202
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Leonardo Fibonacci escribe el Liber abaci. Se difunde la numeración
arábiga en Europa.
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1452-1519
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Leonardo da Vinci. Diseñó una máquina
sumadora, que no pudo ser construida.
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1617
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John Napier descubre los logaritmos e
inventa las tablillas de multiplicar.
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1621
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William Oughtred inventa la regla de cálculo,
basada en los logaritmos de Napier; es la primera calculadora analógica.
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1623
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William Schickard construye una máquina
sumadora, probablemente la primera del mundo
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1642
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Blaise Pascal construye su máquina
sumadora, la primera con fines comerciales.
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1671
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Gottfried Leibniz diseña la calculadora universal. No se construyó
por falta de tecnología adecuada.
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1709
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Giovanni Poleni construye la máquina aritmética, que efectúa los
cálculos por un mecanismo de pesas.
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1722
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Basilio Bouchon inventa la cinta de
papel perforada sobre cilindro, aplicada al telar. Falcon, en 1728, lo
perfecciona. Vaucanson, en 1805, mejora el sistema.
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1805
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Joseph Jacquard automatiza los telares
mediante las cintas de papel perforado, que suministran los dibujos de las
telas. Es el primer sistema automático de introducción de datos en una
máquina.
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1820
|
Charles Xavier Thomas consigue fabricar
el aritmómetro, que no es más
que la calculadora universal de
Leibniz.
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1822
|
Charles Babbage construye la máquina de diferencias, que soluciona
polinomios de segundo grado.
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1847
|
George Boole elabora la teoría
algebraica lógica.
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1852-1939
|
Leonardo Torres Quevedo. Su aritmómetro electromecánico soluciona
ecuaciones mediante relés.
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1875
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Se patenta la rueda Odhner, industrializándose la
producción de sumadoras. Barbour inventa el impresor de datos.
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1884
|
Se introduce el teclado en las máquinas
sumadoras.
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1887
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Hermann Hollerith construye su máquina tabuladora, el primer equipo
automático de tratamiento de datos.
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1904
|
J. A. Fleming inventa la válvula de
vacio.
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1923
|
George Stibitz construye el Complex Calculator, la primera sumadora
de relés. Posteriormente, el Model 3,
que resuelve polinomios introducidos con cinta perforada.
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1941
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Konrad Zuse construye el Z3, la primera
calculadora electromecánica de propósito general.
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1944
|
Howard Aiken e I.B.M. desarrollan el
Mark-1, la última calculadora electromecánica.
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|
1946
|
Mauchly y Eckert construyen el ENIAC,
el primer ordenador electrónico.
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1948
|
Shockley, Bardeen y Brattain inventan
el transistor.
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1949
|
Mauchly y Eckert construyen para la
Remington Rand Co. el UNIVAC, el primer ordenador electrónico
comercializab |