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    Teologia fundamental
    Realizado por alumnos del Seminario Pontificio de Santiago de Chile. Dirigido por Miguel Angel Ferrada. La religión como categoría fundamental del hombre. La revelación es un llamado de Dios al hombre y una manifestación de sí mismo y de su voluntad.El do

    Agregado: 10 de OCTUBRE de 2002 (Por Freddy A. González C.) | Palabras: 13419 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario
    Categoría: Apuntes y Monografías > Religión >

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    TEOLOGIA  FUNDAMENTAL.

     

    TESIS 1. La religión como categoría fundamental del hombre:

     

                La religión es la referencia o relación originaria y trascendental del hombre con el fundamento de su existencia (H. Fries). Etimológicamente puede significar: re-ligare, atarse; re-legere, reparar con atención en algo; re-eligere, elegir de nuevo. Tomás de Aquino acertamente funde esta tríada en una frase; "La religión importa propiamente en orden a Dios".

     

    - La religión es una referencia originaria y universal: es un fenómeno humano no derivado de otro, sino que al contrario, de la religión brotan otras facetas. V. Frankel lo ha planteado en su conocido libro, "El hombre pregunta por el sentido", la dimensión religiosa es común a todo hombre en cuanto pregunta por el sentido. Es la fuerza primaria de la existencia humana. La G.S. lo expresó bellamente en aquellas preguntas perennes del hombre.

     

    - La religión es una referencia trascendente: el hombre descubre el sentido como algo dado que nos trasciende. No está ni en las cosas, ni en uno mismo. Como realidad trascendente es "numinoso", pertenece a la esfera de lo divino. De ahí que percibiéndolo como fundamento de la existencia, sólo cabe reconocerle y entregarse a él.

     

                ¿Por qué importa a la teología?

     

    1) El hombre religioso es el destinatario de la revelación, es la condición de posibilidad creada para el diálogo de la salvación.

     

    2) Hay una suerte de analogía, así como la gracia supone la naturaleza y la eleva, la revelación supone y eleva la religión.

               

                3) También le interesa como palabra de diálogo con otras religiones

     

    i. El acto religioso y las características en cuanto al objeto y al sujeto:

     

                La religión se expresa a través de gestos y símbolos, es decir, de actos religiosos. El acto religioso es el fenómeno originario por el cual el hombre expresa su referencia hacia lo que lo fundamenta.

     

    a. Tiene tres aspectos constitutivos en cuanto al objeto:

     

    1) Mitos: creencias o narraciones sobre el origen, esto es, algo del pasado, que fundamenta el presente y lo abre hacia el futuro.

     

    2) Ritos: Celebraciones que reviven la realidad del mito en el tiempo y espacio actual.

     

    3) Ethos (ética): Normas de vida conformes al mito. Permiten la convivencia.

     

    b. En cuanto al sujeto podemos señalar las siguientes características:

     

    1) Fenómeno originario, esto es, no derivado ni alienante, fundamental en la plenificación de la existencia de cada persona.

     

    2) Fenómeno universal, es decir, de todo hombre y de todos los hombres. Todo hombre es religioso aunque en muchos puede haber una religiosidad deformada (magia, individualismo, etc.).

     

    3) Abarca toda su existencia, sus dos facetas polares individual y social, personal y comunitario y todas sus posibilidades (palabra, gesto, signos oración...). 

     

    iii. Relación y diferencia de la religión con otras experiencias humanas:

     

    a. Religión y experiencia filosófica:

     

                "Todo hombre busca por naturaleza saber" (Aristóteles), el amor por la sabiduría (filosofía) está como una semilla en todo hombre y en todos los hombres, pero requiere una serie de condiciones para que germine: la admiración, situaciones límites, etc. La religión en cambio es una faceta humana aún más originaria, pues si bien, existen hombres que rechazan un fundamento trascendente concreto, todos requieren de algún fundamento para la existencia. Nadie escapa de aquellas preguntas más fundamentales ante la muerte, el dolor, ante el amor y la felicidad.

                Con todo, la experiencia filosófica profundiza la experiencia religiosa, la hace más humana al radicalizar las preguntas, la clarifica con conceptos, la hace disponible para el diálogo.

     

    b. Religión y experiencia estética:

     

                Sucede algo análogo que con la anterior relación, la experiencia estética está en disposición de todos los hombres, pero requiere de ciertas condiciones que la hagan bullir; mientras que  la referencia a Dios es más básica y nuclear en la existencia, se la puede eludir, pero sólo a cambio de deformarla en alguna suerte de idolatría.

                La experiencia estética complementa la religión, la exterioriza, tanto en expresiones finas, como en el goce del encuentro con Dios en las criaturas.

     

    c. Religión y experiencia política:

     

                Sólo el hombre es un "animal político", lo propio del hombre es vivir en sociedad, ello requiere de relaciones de gobierno y de obediencia para alcanzar su perfección con otros. La religión como la política son experiencias originarias, que se complementan mutuamente: La política requiere de la religión, los fines últimos o trascendentales; la religión requiere de la política para que pueda realizarse en su plenitud (ej. que el Estado promueva, asegure y proteja una auténtica libertad de conciencia y religiosa).

     

    iv. Formas auténticas y tipos deformados de religiosidad:

     

    a. Formas auténticas de religiosidad:

     

                Aquellas que expresan al hombre en su verdad, respetan su dignidad, lo hacen más humano y comunitario. Ello queda asegurado sólo cuando, la religión tiene:

     

    1) Una verdadera trascendencia.

     

    2) Unos ritos en el espacio y en el tiempo.

     

    3) Unas normas éticas de convivencia.

     

    b. Tipos deformados de religiosidad:

               

                Aquellos en que falta:

     

    1) Trascendencia: la religión se vuelve ritualismo vacío, idolatría o superstición.

     

    2) Ritos: la religión se torna un moralismo estéril.

     

    3) Normas morales: Se vuelve un amoralismo que niega la dignidad de la persona (antropofagia, bestialismo, etc.)

     

                En definitiva el hombre no tiene en sus manos ser o no religioso, sino el de encauzar su actualización hacia la verdadera trascendencia o hacia una realidad que la suplante (idolatría).

     

    v. Religiosidad popular:

     

                El documento de Puebla (444) la define como la forma o existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. Esta compuesta de un conjunto de:

     

    1) Hondas creencias selladas por Dios (trascendencia).

     

    2) Actitudes básicas que de estas convicciones se derivan (normas de conducta).

     

    3) Expresiones en que se manifiestan (ritos).

                        

                En América Latina la fe católica  ha tomado la forma de catolicismo o piedad popular, es decir, la respuesta popular a las preguntas religiosas que anidan en todo hombre, mediada por la evangelización cristiana.

                Tiene elementos positivos como: la presencia trinitaria, el sentido de la providencia, la importancia de la muerte del Señor y de la Eucaristía, la presencia de María, etc. Pero también hay en ella elementos negativos que hay que discernir y purificar como: creencias deformadas ancestrales, superstición, influjo del secularismo y consumismo, etc.

     

    Conclusión:

               

                El cristianismo no es una religión que simplemente transmite verdades y normas de conducta, sino ante todo la que vive una experiencia histórica de la manifestación personal de Dios. Precisamente por esto la revelación es uno de los distintivos característicos de nuestra fe. Dios se ha revelado, se ha manifestado en nuestra historia, ha hablado al hombre por medio de hechos y palabras, ha querido mostrarnos la realidad de su ser y su designio amoroso hacia nosotros. Dios se nos revela y nos invita al mismo tiempo a responderle con la fe. Él es quien entabla el diálogo interpersonal que interpela lo más profundo de nuestra existencia.

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

     

    TESIS 2.  La revelación es un llamado de Dios al hombre y una manifestación de sí mismo y de su voluntad:

               

                Revelar es manifestar una verdad, cosa o persona de modo inesperado. Etimológicamente viene del latín re-velare, es decir,  descorrer el velo. La acción de revelar recae directamente en la persona que se revela y la da a conocer.

                La revelación cristiana es el darse a conocer de Dios a los hombres. Su manifestación en el mundo a través de signos, señales, sucesos y personas.

     

    - Es un llamado o invitación a cada hombre y a todos los hombres a participar de su plan salvífico, que en definitiva, es participar de su propia vida.

    - Se da a conocer a sí mismo, en una automanifestación de sí que tiene una historia y un desarrollo.

    - Da a conocer el plan de su voluntad: la comunión en Cristo con cada hombre y con todos.

     

    i. El acontecimiento de la revelación y sus diversos modos y grados de realizarse:

     

    a. El acontecimiento de la revelación:

     

                La revelación es la manifestación histórica de Dios al hombre, manifestación que procede de acuerdo a una maravillosa pedagogía, con etapas, grados (cf. DV 3 y 4). Ella se expresa adecuadamente con dos conceptos:

               

    - Condescendencia divina: abajamiento de Dios a nuestra realidad, palabras y gestos (kénosis).

    - Economía de salvación: Dios va dirigiendo providentemente la historia hacia su plenitud, Cristo.

     

    b. Sus diversos modos y grados de realización son:

     

    1) La revelación por la creación y conservación del Universo: La huella del Creador está marcada en su creación (Sb 13; Rm. 1,12-23), de ahí que, pueda conocerse a Dios con certeza a partir de las criaturas (cf. Dz 1785 y DV 3). Esta forma recibe el nombre de revelación natural o conocimiento natural de Dios.

     

    2) La revelación en la historia de salvación:  La intervención libre de Dios en la historia, en dos momentos o etapas sucesivas en que va preparando su plena autocomunicación al hombre:

     

    - La revelación como origen: Dios se manifiesta gloriosamente en la creación. Dios todo lo crea para la comunión con Él (gracia). Aunque el pecado del hombre frustre aparentemente este plan salvífico original, Dios, sin embargo, lo llama de nuevo a la comunión en la esperanza de la salvación (Gn 3,15).

     

    - La revelación como promesa. Dios irrumpe en la historia y forma poco a poco un Pueblo con quien hace Alianza y a quien le reveló quién era y le hizo promesas de salvación. Estas promesas exigen del hombre y del pueblo una respuesta de fe y el cumplimiento de sus mandatos.

     

    3) Finalmente se revela plenamente en Jesucristo: En el  N.T, donde se llega a la plenitud de los tiempos.  Cristo, es la palabra definitiva de Dios Padre, sobre sí mismo y sobre su designio de salvación, es la máxima y definitiva revelación:

     

    - La Encarnación: camino para revelar y revelarse. Encuentro perfecto de Dios con el hombre.

    - Cristo: Sujeto de la revelación, es el Enviado del Padre; y a la vez, objeto de ella, Él es Dios; sus palabras y su vida  es la Palabra hecha carne.

    - Dimensión Trinitaria: Cristo nos revela a la Trinidad.

    - Esta plenitud de revelación se da por etapas: Predicación, milagros, Misterio Pascual. 

    - La revelación de Cristo abraza su persona y su vida toda; no sólo la doctrina.

    - En cuanto al contenido: en Cristo se ha revelado todo el designio salvífico.  No cabe esperar otra revelación.

    - Y la revelación no sólo es la manifestación del misterio divino, sino que también es la comunicación de la Vida y del Amor de Dios a los hombres en Cristo. Autocomunicación de Dios. Por lo tanto revelación y salvación se implican mutuamente.

     

    ii.  Carácter histórico de la revelación cristiana:

               

    a. La historia es el lugar o escenario esencial de la revelación:

     

                La historia es "el tiempo vivido por el hombre"en el mundo. La revelación ha tenido lugar en la historia, en ella se ha producido la autocomunicación divina, a través de gestos y palabras íntimamente unidos entre sí.

     

    b. La historia como contenido de la revelación:

     

                La historia es también contenido de la revelación, acontecimientos históricos en los que se manifiesta la acción salvífica de Dios, que forman parte esencial de la revelación. Dios ha tejido con el hombre una historia de amor por él, preparando un pueblo en el A.T. y enviando, en la plenitud de los tiempos, a su propio Hijo. Ella exige la respuesta es histórica del creyente.

     

    c. La historia es prueba de la revelación:

     

                La historia es prueba de la revelación pues las palabras expresan el sentido de la acción divina. Actos y palabras íntimamente conexos, así por ejemplo, la cruz corrobora lo revelado en la última cena.

     

    d. Discernimiento crítico de los acontecimientos históricos:

     

                El Problema está en el cómo articular lo absoluto de la verdad divina con lo contingente de la historia. Dios es distinto de la historia. ¿Cómo puede valer para todos los hombres una revelación que se da en un determinado tiempo y cultura? ¿Más aún, si esa cultura es marginal como la judía? Se debe discernir  los signos de los tiempos, que permiten vislumbrar  intenciones permanentes salvíficas de Dios, esto es, situaciones históricas que permiten explicitar e iluminar algunos aspectos de la revelación. Sin caer en la tentación de hacer de la historia un absoluto.

     

    e. Sentido de la historia, aspecto de totalidad:

     

                El cristianismo afirma que la historia es un todo coherente, que tiene un sentido claro y trascendente, que nada ni nadie escapa del sentido final, aunque en apariencia parecieran muchos elementos no encajar con él. El cristiano sabe que esto sólo se alcanzará en la consumación final. Pero también, que todo cuanto hay de noble, bello y verdadero es una anticipación, que lo adelanta en cierto modo.

     

    f. Por lo tanto, la revelación es a la vez sobrenatural y antropológica:

     

     - Sobrenatural: No viene exigida por la naturaleza, ni es descubierta por la sola razón y, ni siquiera al ser conocida se alcanza de lo contenido en ella evidencia racional. Pues su origen y la posibilidad de conocerla es una invitación libre de Dios, una gracia.

               

    - Antropológica: Se dirige a los hombres; ellos la transmiten, la formulan y la interpretan. De ahí que la Sagrada Escritura sea un libro también humano. Y que la fe sea indispensable como respuesta del hombre a Dios que lo invita.

     

     

     

    iii. Intrínseca  vinculación entre revelación por los hechos y por las palabras:

               

                "Muchas veces y por muchos medios habló Dios en el pasado.... y en estos tiempos nos ha hablado por medio de Jesucristo" (Hb 1,1-2).

                Toda la revelación ha sido realizada siguiendo las leyes de la condescendencia divina, de acuerdo como es el lenguaje humano: Hechos y palabras intrínsecamente trabadas. Dios se ha revelado a través de una serie de hechos salvíficos. Pero estos hechos han estado acompañados de la palabra, que manifiesta y explica el sentido del obrar de Dios. A su vez, la fuerza de la palabra procede de los hechos (cf. DV 2). La mayor densidad de esta íntima trabazón se da en Cristo, Palabra encarnada, su obra salvadora se realiza en su predicación y su vida toda.

     

    iv. El lenguaje como problema teológico:

     

                La palabra es el medio privilegiado de relación y diálogo entre los hombres, es su mediación. Es por tanto, la palabra contenido, interpelación, manifestación de la persona. Sin embargo en la comunicación humana, la palabra requiere del gesto.

                La revelación es el lenguaje humano por el cual Dios entra en relación con los hombres, por lo que requiere de mediadores humanos (condescendencia divina). La mediación más plena es la Encarnación de Cristo, palabra eterna y definitiva.

                La filosofía moderna distingue entre lenguaje informativo, que se refiere hechos, y el lenguaje performativo, que informa la  realidad  o  palabra que da el sentido a los hechos. De esta distinción se recoge que la revelación abarca ambas perspectivas, pero que apunta más fundamentalmente a la segunda, pues no es historiografía de Israel y de la Iglesia, sino autocomunicación de sentido, más aún de una vida.

                ¿Puede el lenguaje humano finito expresar a Dios infinito?. Habría que recurrir a la "analogía entis", las criaturas hablan de quien las creó, guardando su triple paso: Afirmación de la semejanza, negación de la desemejanza y eminencia de Dios de todo atributo suyo que resplandece en las criaturas.

                Luego habría que recurrir a la "analogía fidei", esto es, al nuevo contenido que Dios mismo da al lenguaje humano cuando lo usa para comunicarse con el hombre. Cuya máxima expresión es la "analogía crucis": el Misterio Pascual revela quien es Dios.

     

    v. Los signos manifestativos de la revelación.

     

    a. Signos de credibilidad:

     

                La revelación tiene unos signos de credibilidad que permiten que el hombre asienta a ella con un verdadero acto humano (del entendimiento y la voluntad). Es decir, la revelación tiene que ser creíble, porque en ella misma hay signos de autenticidad que vienen a suscitar la opción de fe y a dar sentido a la existencia humana.

     

                El recurso a los signos de credibilidad a cambiado en la teología:

     

    1) Antes del Vaticano II, se los consideraba sólo como motivos externos de credibilidad, basándose en la definición del Vaticano I (Dz 1790): los milagros y las profecías son signos que Dios da al hombre para que asienta con sus potencias humanas a la revelación, ello complementa la acción de la gracia que es el motivo interno de credibilidad.

               

    2) La teología actual insiste que no se trata tanto de la credibilidad de una doctrina, como de la del acontecimiento central de la historia, Cristo. Cristo es el signo de credibilidad por excelencia. Si Él es Dios con nosotros; el signo no puede ser sólo externo a Dios. Los milagros y  las profecías son signos en cuanto expresan a Cristo Jesús, su doctrina, vida, caridad, muerte, toda su persona. Signos en cuanto lo manifiestan y conducen a su encuentro con Él.

     

    -Triple perspectiva de la Persona de Cristo como signo de credibilidad:

    - Histórico-hermenéutica: La historicidad de Jesús,  historicidad del Signo.

    - Antropológica ¿responde Jesús a la cuestión del sentido de la existencia?

    - Teológica-semiológica: presencia de Dios en su vida, en especial Misterio Pascual.

    - La Iglesia es un signo al servicio del Signo, es más signo en la medida que es mayor su fidelidad a su vocación.

               

    vi. Los Milagros:

     

                Los milagros de Jesús son signos de credibilidad que han tenido una gran importancia para la teología y el dogma en la historia de la Iglesia:

     

    a. Vaticano I y teología pre- vaticano segundo:

     

                Para el Vat. I son considerados desde su faceta como motivos extrínsecos de credibilidad (Dz. 1790), usados como recurso de la apologética.

     

    b. Vaticano II y teología actual:

     

                El Vat. II (cf. LG 5), los considera como signos del Reino que testimonian a Cristo. Como gestos privilegiados de la presencia de Dios y de su obra. La fe es supuesto para aceptación del milagro como acto divino. En ellos  se revela la persona de Cristo.

     

                Para el Vat. II tienen una doble función:

     

                            - Portadores de revelación. Signos de la acción de Dios de su salvación.

     

                            - Atestiguan la verdad de Cristo y de su revelación.  Llamado a la fe.

                 

    vii. Necesidad moral de la revelación para el conocimiento de Dios.

     

                El hombre necesita de la revelación para alcanzar su fin último: la visión beatífica, según la expresión tomista, hoy diríamos "ser feliz plenamente" o "amar y ser amado":

     

    1) Es necesaria porque Dios ordenó al hombre a un fin sobrenatural (Dz.1786). Este excede las posibilidades de la razón.

     

    2) Además hay verdades de orden natural que no pueden ser conocidas por todos "de modo fácil,   cierto, sin mezcla de error".

    TESIS 3. El don de la fe como respuesta del hombre a Dios que se revela.

               

                "La fe es la aceptación de la Palabra de Dios, escuchada en la comunidad creyente, como palabra salvadora" (A. Bentué).

     

                En el mundo de hoy, la fe es incomprendida y cuestionada. En el lenguaje común, "creer" es no saber, o un saber aproximado. Kasper lo expresa sintéticamente: El martirio de hoy es creer. Vale la pena preguntarse ¿Tiene algún sentido aún creer?  ¿Es la fe un impulso que determine la historia? A menudo se ven los enunciados de la fe como retos de antiguos ritos. Se dan grandes abismos entre la fe y la experiencia humana.

     

                El Vat I define que "la fe es la obra por la que el hombre presta a Dios mismo libre obediencia cooperando y consintiendo a su gracia, a la que podría resistir (Dz 1791). Para el cristiano la fe es  la actitud adecuada del hombre ante la revelación; la fe equivale a la revelación que ha llegado a su destinatario, a su meta. Fe y Revelación constituyen el misterio del encuentro de Dios y el hombre. Dios que invita al hombre, quien responde a su invitación.

     

    i. La fe es una entrega total y libre a Dios, la cual es posibilitada por la gracia del Espíritu Santo.

     

    a. La fe es un acto humano (cf. DV 5 y Dz 1791), esto es, un acto racional y voluntario, por lo tanto libre, no coaccionado.

     

    b. Compromete al hombre entero; es un sí total a la acción reveladora y salvífica de Dios.

     

    c. Es fidelidad a la revelación en la Escritura:

     

    - Se fundamenta en la promesa.

    - Es gratuita, lo primero en ella es la libre iniciativa divina.

    - Implica también aventura, éxodo del hombre (Como Abraham salir de Ur).

    - Más que intelectual, existencial; no sólo conocer sino una experiencia global.

    - Dinamismo, exige esperar el cumplimiento en el futuro.

    - Tiene una característica personal (ej. fe de Abraham) y comunitaria es la fe de todo un pueblo, es la base de su identidad comunitaria.

     

               

    d. En las Sagradas Escrituras:

     

    - A.T.: No hay un término específico para designar la fe; ésta es descrita como la actitud en que el hombre, confiando en Dios, funda su existencia únicamente en Él (emet, raíz de la aclamación amén). Obediencia y amor, que se traduce en un éxodo, una ruptura y un salto existencial (cf. Abraham).

     

    - N.T.: El apoyarse en Dios del A.T. (continuidad, 6 rasgos comunes) pasa a ser ahora el "creer a Cristo"(discontinuidad, cf. Jn 14,10). Así la fe es la aceptación de Dios en Cristo. Opción radical que exige que Jesucristo sea el objeto de la predicación de la Iglesia Primitiva (kerygma apostólico). El Evangelio de Juan, se puede llamar el Evangelio de la fe, donde se la presenta como un proceso progresivo de iluminación que lleva a creer en Jesús como el Hijo del Padre (cf.Jn 9).

     

     

    ii.. Necesidad de la gracia. Ella hace asentir libremente a lo que Dios revela:

     

                Es una conclusión a la que llega la S.E. y que posteriormente desarrolla el Magisterio: El auxilio del Espíritu Santo es indispensable para la fe (cf. Mi 16,14; Rm 1,5; Jn 15,5; Cartago, Dz 105; Orange II, Dz 176-79; Trento, Dz 827; Vat. I, Dz 1791; y Vat II, DV 5):

     

    a. La fe es un don en su inicio, en su camino y en su fin, pero exige de la colaboración del agraciado para perseverar en ella.

     

    b. La Escritura llama "obediencia de la fe" a esta respuesta a Dios que se revela (cf. Rm. 1,5).

     

    iii. Si en el plano humano la fe tiene una estructura interpersonal, también la fe cristiana posee esta estructura a nivel infinitamente más profundo:

     

    a. Estructura interpersonal de la fe humana:

     

                En el plano humano, creemos lo que nos dicen otras personas; creemos en sus intenciones (ej. su bondad) y nos confiamos a ellas (ej. : pactos, matrimonio). Ello nos muestran que el creer no menoscaba ni la libertad, ni la dignidad de la persona sino que es indispensable para la vida.

     

    b. Estructura interpersonal de la fe cristiana:

     

                Se aplica la misma estructura anterior. Agustín lo expresaba bellamente: "Credere Deo, Deum, in Deum".

     

    1) Credere Deo: "Fides qua creditur". Dios como fundamento de nuestra fe, confiamos en Él porque Él es Dios, creemos por su autoridad y no porque seamos capaces de llegar solos a ver la verdad de lo que se nos revela.

     

    2) Credere Deum: "Fides quae creditur". Dimensión confesional o cognitiva de la fe, es la afirmación de la realidad del acontecimiento de Cristo; el contenido ortodoxo, lo que ha sido transmitido y constituye la confesión de fe en el contenido (cf. Rm. 10. 9), no tanto en las palabras.

     

    3) Credere in Deum: Creer a Dios; su testimonio, su Palabra, en virtud de su autoridad. Aspecto personal de la fe. La fe termina en una persona, en la comunión con ella. Es la opción libre de creer, por la que el hombre se entrega a sí mismo, se confía y se da a Dios en Cristo. La opción de fe es así una opción de confianza, que se entrelaza con la esperanza y el amor.

     

    iv. Carácter eclesial de la fe:

     

                La fe no es un acto aislado. En el bautismo se nos pregunta: ¿qué pides? La fe. Es, a través de la Iglesia, Cuerpo de Cristo (protosacramento), que la fe ha llegado a nosotros. Ella nos engendra en la fe. Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de la transmisión de la fe de los creyentes, pues "fe viene del oído". Por otra parte, la Iglesia nace de nuestra respuesta de fe. Los creyentes se reúnen para formar la Iglesia. Y mi fe ayuda a la fe de otros. La expresión comunitaria de la fe es el "símbolo o profesión de fe".

     

     

     

     

    v. La fe explícita y la fe implícita:

               

                Fe explícita es la que se confiesa de palabra y de obra; y la fe implícita es la que sin ser confesada se vive en sus aspectos más relevantes (cristianos anónimos, según la expresión de K. Rahner). Parece necesaria la confesión explícita de la fe, pues si bien hay "semillas del verbo" más allá de los deslindes visibles de la Iglesia y, si bien todo lo auténticamente humano la Iglesia lo reclama como propio, también en estos confines hay virtudes no ejercitadas, anhelos no satisfechos, defectos, prácticas inhumanas, etc., los cuales requieren ser sanados y elevados por y hacia la fe en Cristo. El cristiano auténtico es un testigo de palabra, pero por sobre todo de obra de la fe, hasta la muerte por ella.

     

    vi. La relación entre fe y religiosidad:

     

                El hombre es naturalmente religioso y está abierto a la trascendencia.  Ello es un presupuesto y una preparación a la fe. Pero es la fe la que nos hace participar en el misterio de Cristo salvador. La gracia de ser llamados por Cristo a su encuentro (cf. Hb 11,6: Dz 1793).

                La declaración conciliar del Vaticano II, Nostrae Aetate, reconoce como fondo común a todas las religiones, el esfuerzo de responder a los enigmas recónditos de la condición humana, una común experiencia religiosa manifestada en la fuerza oculta que preside el curso de las cosas y los acontecimientos, y el reconocimiento de un mismo principio captado en muchas de ellas como Ser supremo e incluso como Padre. De ahí la valoración positiva de la religiosidad, en todo lo que tenga de buena, verdadera y bella, como un terreno fértil, donde Dios ha esparcido las semillas, que esperan germinar, crecer y ser cosechadas en la fe en Cristo.

     

    vii. Relación entre la gracia y los motivos de creer: fe y razón: 

     

    a. Puntos centrales:

               

    1) La fe no es un acto irracional sino que es un auténtico acto humano. Aunque haya siempre una cierta obscuridad en ella, no es un acto ciego. Como acto humano, ha de ser consciente. Requiere de la luz de la inteligencia para discernir los signos de credibilidad, y justificar la opción libre de creer.

     

    2) La revelación no contradice la razón, hay ciertos signos de credibilidad en ella, por los que la razón puede aceptar el acontecimiento de la revelación.

     

    3) Pero es la gracia la que hace ver en esos signos una vocación personal a la fe, es decir, la razón por sí sola no llega a la fe, requiere necesariamente del auxilio de la gracia: iluminación y fortaleza para creer.

     

    4) Con todo, la razón puede comprender los "preámbulos de la fe".

     

    b. Doctrina del Vaticano I:

     

    Siguiendo las enseñanzas de Santo Tomás, la  opción de fe requiere:

     

    1) Conocimiento racional de signos (inmanencia)

     

    2) Iluminación de la gracia (trascendencia). De ahí su definición de fe como "Creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia" (así la recogió el Vat I, Dz 1789).

               

    3) Pero esto no significa que el motivo de creer esté en la "intrínseco verdad de las cosas", sino en la autoridad de Dios que revela. De ahí que la fe sea cierta, más que todo conocimiento humano (Dz 1789)

     

    4) "La fe busca comprender" (S. Anselmo): Formular, profundizar lo que se cree.

     

    5) Nunca hay verdadera contradicción entre fe y ciencia, fe y razón; pues la verdad es una (Dz 1799). De modo que si de hecho pareciera producirse, ésta no es sino aparente, muestran la debilidad de nuestro conocimiento y la necesidad de apertura para mostrar el auténtico contenido de la fe cristiana.

     

    viii. La postura de:

     

    a. Racionalismo:  Sobrevalora la razón. La razón que es autónoma, no se requiere de otro tipo de conocimiento para llegar a Dios (XVII - XVIII). Seminacionalismo (Hermes, Günther) prácticamente razón y fe se identifican.

     

    b. Fideísmo: Subvalora a la razón, reaccionando frente al racionalismo. Sólo por fe es posible conocer a Dios; la sola razón no puede demostrar nada.

     

    c. Tradicionalismo: La razón, por sí misma,  no llega a conocer a Dios. Toda creencia religiosa nos llega por tradición que proviene del estado primitivo (paraíso).

    d. Modernismo: Sobrevalora las pruebas racionales de la fe, la evolución histórica del dogma y la experiencia  humana. Reduce la fe a un sentimiento religioso, es la  evolución de experiencia religiosa de los pueblos. Su error está en sobrevalorar la experiencia humana como origen de las verdades religiosas

               

    ix. Límites de la razón y su verdadero papel respecto del acto de fe:

     

    1) La razón es incapaz de captar por sí sola las verdades de fe. Requiere de una iluminación especial.

     

    2) Puede, no obstante, captar los preámbulos de la fe con su luz propia.

     

    3) Iluminada por la gracia y movida por ella puede avanzar en la comprensión de los misterios de la fe. Los cuáles, sin embargo, siempre escapan de su total dominio y comprensión.

     

    En conclusión:

               

                La fe de María. María realiza de la manera más perfecta la obediencia de la fe. Ella creyó a Dios, para quien "nada es imposible"; creyó en su Palabra, y se entregó toda a Ella (toda su vida, un peregrinar en la fe) "Dichosa la que ha creído...". Fe de María también expresa el carácter eclecial o comunitario de la fe.

     

    TESIS 4. La Tradición de la revelación cristiana.

     

    a. La tradición un fenómeno humano:

     

                El hecho de la tradición está presente en todas las religiones: ritos, mitos, doctrinas transmitidos de generación en generación. Antes de ser un fenómeno religioso, es un hecho humano, por medio del cual se forman las culturas y toma cuerpo la historia. El hombre, como ser histórico, mantiene recuerdo del pasado;   reconoce el presente como significativo para el futuro; y, al mismo tiempo, en la medida que valora el futuro, tiene interés por conservar el pasado. Transmitir es, por lo tanto, un acto vital. Lo que concuerda más con su etimología griega "paradosis" o acto de transmitir (entrega), que con su etimología latina "traditio", el contenido trasmitido.

     

    b. La tradición de la revelación en la Iglesia:

     

                La tradición de la revelación en la Iglesia es una realidad viva y vivificante, transmisión de aquella vida que la Iglesia ha recibido del Padre, la cual cuida y de cual se alimenta: Cristo. El fundamento de toda tradición en la Iglesia es la entrega que hace el Padre de su Hijo, la  protoparadosis (cf. Rm 8,32).

                La tradición queda confirmada en la Escritura: El A.T. es la gran tradición judaísmo puesta por escrito (cf. Dt 26, 5- 11). El N.T. es la tradición que los apóstoles recibieron de Jesús y que trasmitieron a sus sucesores puesta por escrito (cf. 1 Co 10-11). La tradición que viene de Cristo, la Iglesia la trasmite en cada generación hasta la  Parusía. De ahí que haya que distinguirse entre:

     

    1) Tradición divina o protoparadosis: La entrega del Hijo al mundo por amor a la humanidad (dimensión vertical de la tradición, Jn 3,15).

     

    2) Tradición divino-apostólica: Jesús instituyó apóstoles (Mc 3,13) y después de su resurrección los envió a predicar, "aquello que os he enseñado hasta los confines del mundo" (dimensión horizontal de la tradición, Mt 28,16-20).

     

    3) Tradición eclesial: Es la misma tradición apostólica que se prolonga en el ámbito de la Iglesia, a través de un proceso humano guiado por la asistencia del Espíritu Santo a quienes tienen la misión de enseñar en la Iglesia (Magisterio).

     

    c. Problema de  Lutero:

     

                Propugna la Sola Escritura como única regla de fe, es decir, principio único de divina determinación existencial y, sin Tradición (y Magisterio) como contextos normativos de interpretación de la Escritura.. Todo lo demás son  tradiciones humanas. Aunque da valor a los 5 primeros siglos de tradición, considerada como incontaminada, pero a otro nivel que la Biblia. En realidad ello obedece a la incapacidad del reformador de discernir la Tradición ante el abuso de las "tradiciones" de la decadencia eclesial en que vivía.

     

    d. Respuesta de Trento:

     

                El Evangelio es la norma de la fe, éste se recibe por la Escritura y por la Tradición, deben ser tratados ambos con igual piedad. Ya se balbucea lo que sólo en el Vaticano II se expondrá con la unicidad de la fuente de la revelación y dos formas según las cuales esta fuente se nos comunica: Escritura y Tradición. Trento acepta así la Tradición como dato esencial y normativo para la fe.

               

     

    e. Vaticano II: Dei Verbum

     

                La DV enseña la unidad orgánica entre Escritura, Tradición e Iglesia en la transmisión de la Revelación (cf. DV 7 y 8).

     

     

     

    ii. El Espíritu Santo es el dinamizador de la Tradición:

     

                La Tradición es dinámica, tiene un progreso, el se debe a la acción del Espíritu Santo (cf. DV 8). La Tradición es más que una comunicación oral, la revelación se trasmite en toda la vida de la Iglesia bajo el influjo del Espíritu: Liturgia, escritos, disciplina, etc. En este proceso distinguimos dos acciones propias del espíritu Santo: