Realizado por alumnos del Seminario Pontificio de Santiago de Chile. Dirigido por Miguel Angel Ferrada. La religión como categoría fundamental del hombre. La revelación es un llamado de Dios al hombre y una manifestación de sí mismo y de su voluntad.El do
TEOLOGIA FUNDAMENTAL.
TESIS 1. La religión como
categoría fundamental del hombre:
La religión es la referencia o relación originaria y
trascendental del hombre con el fundamento de su existencia (H. Fries).
Etimológicamente puede significar: re-ligare, atarse; re-legere, reparar con
atención en algo; re-eligere, elegir de nuevo. Tomás de Aquino acertamente
funde esta tríada en una frase; "La religión importa propiamente en orden
a Dios".
- La religión es una
referencia originaria y universal: es un fenómeno humano no derivado de otro,
sino que al contrario, de la religión brotan otras facetas. V. Frankel lo ha
planteado en su conocido libro, "El hombre pregunta por el sentido",
la dimensión religiosa es común a todo hombre en cuanto pregunta por el sentido.
Es la fuerza primaria de la existencia humana. La G.S. lo expresó bellamente en
aquellas preguntas perennes del hombre.
- La religión es una
referencia trascendente: el hombre descubre el sentido como algo dado que nos
trasciende. No está ni en las cosas, ni en uno mismo. Como realidad
trascendente es "numinoso", pertenece a la esfera de lo divino. De
ahí que percibiéndolo como fundamento de la existencia, sólo cabe reconocerle y
entregarse a él.
¿Por qué importa a la teología?
1) El hombre religioso es el
destinatario de la revelación, es la condición de posibilidad creada para el
diálogo de la salvación.
2) Hay una suerte de analogía,
así como la gracia supone la naturaleza y la eleva, la revelación supone y
eleva la religión.
3) También le interesa como palabra de diálogo con otras
religiones
i. El acto religioso y las
características en cuanto al objeto y al sujeto:
La religión se expresa a través de gestos y símbolos, es
decir, de actos religiosos. El acto religioso es el fenómeno originario por el
cual el hombre expresa su referencia hacia lo que lo fundamenta.
a. Tiene tres aspectos
constitutivos en cuanto al objeto:
1) Mitos: creencias o
narraciones sobre el origen, esto es, algo del pasado, que fundamenta el
presente y lo abre hacia el futuro.
2) Ritos: Celebraciones que
reviven la realidad del mito en el tiempo y espacio actual.
3) Ethos (ética): Normas de
vida conformes al mito. Permiten la convivencia.
b. En cuanto al sujeto podemos
señalar las siguientes características:
1) Fenómeno originario, esto
es, no derivado ni alienante, fundamental en la plenificación de la existencia
de cada persona.
2) Fenómeno universal, es
decir, de todo hombre y de todos los hombres. Todo hombre es religioso aunque
en muchos puede haber una religiosidad deformada (magia, individualismo, etc.).
3) Abarca toda su existencia,
sus dos facetas polares individual y social, personal y comunitario y todas sus
posibilidades (palabra, gesto, signos oración...).
iii. Relación y diferencia de
la religión con otras experiencias humanas:
a. Religión y experiencia
filosófica:
"Todo hombre busca por naturaleza saber"
(Aristóteles), el amor por la sabiduría (filosofía) está como una semilla en
todo hombre y en todos los hombres, pero requiere una serie de condiciones para
que germine: la admiración, situaciones límites, etc. La religión en cambio es
una faceta humana aún más originaria, pues si bien, existen hombres que
rechazan un fundamento trascendente concreto, todos requieren de algún
fundamento para la existencia. Nadie escapa de aquellas preguntas más
fundamentales ante la muerte, el dolor, ante el amor y la felicidad.
Con todo, la experiencia filosófica profundiza la
experiencia religiosa, la hace más humana al radicalizar las preguntas, la clarifica
con conceptos, la hace disponible para el diálogo.
b. Religión y experiencia
estética:
Sucede algo análogo que con la anterior relación, la
experiencia estética está en disposición de todos los hombres, pero requiere de
ciertas condiciones que la hagan bullir; mientras que la referencia a Dios es más básica y nuclear en la existencia, se
la puede eludir, pero sólo a cambio de deformarla en alguna suerte de
idolatría.
La experiencia estética complementa la religión, la
exterioriza, tanto en expresiones finas, como en el goce del encuentro con Dios
en las criaturas.
c. Religión y experiencia
política:
Sólo el hombre es un "animal político", lo
propio del hombre es vivir en sociedad, ello requiere de relaciones de gobierno
y de obediencia para alcanzar su perfección con otros. La religión como la
política son experiencias originarias, que se complementan mutuamente: La
política requiere de la religión, los fines últimos o trascendentales; la
religión requiere de la política para que pueda realizarse en su plenitud (ej.
que el Estado promueva, asegure y proteja una auténtica libertad de conciencia
y religiosa).
iv. Formas auténticas y tipos
deformados de religiosidad:
a. Formas auténticas de
religiosidad:
Aquellas que expresan al hombre en su verdad, respetan su
dignidad, lo hacen más humano y comunitario. Ello queda asegurado sólo cuando,
la religión tiene:
1) Una verdadera
trascendencia.
2) Unos ritos en el espacio y
en el tiempo.
3) Unas normas éticas de
convivencia.
b. Tipos deformados de
religiosidad:
Aquellos en que falta:
1) Trascendencia: la religión
se vuelve ritualismo vacío, idolatría o superstición.
2) Ritos: la religión se torna
un moralismo estéril.
3) Normas morales: Se vuelve
un amoralismo que niega la dignidad de la persona (antropofagia, bestialismo,
etc.)
En definitiva el hombre no tiene en sus manos ser o no
religioso, sino el de encauzar su actualización hacia la verdadera
trascendencia o hacia una realidad que la suplante (idolatría).
v. Religiosidad popular:
El documento de Puebla (444) la define como la forma o
existencia cultural que la religión adopta en un pueblo determinado. Esta
compuesta de un conjunto de:
1) Hondas creencias selladas
por Dios (trascendencia).
2) Actitudes básicas que de
estas convicciones se derivan (normas de conducta).
3) Expresiones en que se
manifiestan (ritos).
En América Latina la fe católica ha tomado la forma de catolicismo o piedad
popular, es decir, la respuesta popular a las preguntas religiosas que anidan
en todo hombre, mediada por la evangelización cristiana.
Tiene elementos positivos como: la presencia trinitaria,
el sentido de la providencia, la importancia de la muerte del Señor y de la
Eucaristía, la presencia de María, etc. Pero también hay en ella elementos
negativos que hay que discernir y purificar como: creencias deformadas
ancestrales, superstición, influjo del secularismo y consumismo, etc.
Conclusión:
El cristianismo no es una religión que simplemente
transmite verdades y normas de conducta, sino ante todo la que vive una
experiencia histórica de la manifestación personal de Dios. Precisamente por
esto la revelación es uno de los distintivos característicos de nuestra fe.
Dios se ha revelado, se ha manifestado en nuestra historia, ha hablado al
hombre por medio de hechos y palabras, ha querido mostrarnos la realidad de su
ser y su designio amoroso hacia nosotros. Dios se nos revela y nos invita al
mismo tiempo a responderle con la fe. Él es quien entabla el diálogo
interpersonal que interpela lo más profundo de nuestra existencia.
TESIS 2. La revelación es un llamado de Dios al
hombre y una manifestación de sí mismo y de su voluntad:
Revelar es manifestar una verdad, cosa o persona de modo
inesperado. Etimológicamente viene del latín re-velare, es decir, descorrer el velo. La acción de revelar
recae directamente en la persona que se revela y la da a conocer.
La revelación cristiana es el darse a conocer de Dios a
los hombres. Su manifestación en el mundo a través de signos, señales, sucesos
y personas.
- Es un llamado o invitación a
cada hombre y a todos los hombres a participar de su plan salvífico, que en
definitiva, es participar de su propia vida.
- Se da a conocer a sí mismo,
en una automanifestación de sí que tiene una historia y un desarrollo.
- Da a conocer el plan de su
voluntad: la comunión en Cristo con cada hombre y con todos.
i. El acontecimiento de la
revelación y sus diversos modos y grados de realizarse:
a. El acontecimiento de la
revelación:
La revelación es la manifestación histórica de Dios al
hombre, manifestación que procede de acuerdo a una maravillosa pedagogía, con
etapas, grados (cf. DV 3 y 4). Ella se expresa adecuadamente con dos conceptos:
- Condescendencia divina:
abajamiento de Dios a nuestra realidad, palabras y gestos (kénosis).
- Economía de salvación: Dios
va dirigiendo providentemente la historia hacia su plenitud, Cristo.
b. Sus diversos modos y grados
de realización son:
1) La revelación por la
creación y conservación del Universo: La huella del Creador está marcada en su
creación (Sb 13; Rm. 1,12-23), de ahí que, pueda conocerse a Dios con certeza a
partir de las criaturas (cf. Dz 1785 y DV 3). Esta forma recibe el nombre de
revelación natural o conocimiento natural de Dios.
2) La revelación en la
historia de salvación: La intervención
libre de Dios en la historia, en dos momentos o etapas sucesivas en que va
preparando su plena autocomunicación al hombre:
- La revelación como origen:
Dios se manifiesta gloriosamente en la creación. Dios todo lo crea para la
comunión con Él (gracia). Aunque el pecado del hombre frustre aparentemente
este plan salvífico original, Dios, sin embargo, lo llama de nuevo a la
comunión en la esperanza de la salvación (Gn 3,15).
- La revelación como promesa.
Dios irrumpe en la historia y forma poco a poco un Pueblo con quien hace
Alianza y a quien le reveló quién era y le hizo promesas de salvación. Estas
promesas exigen del hombre y del pueblo una respuesta de fe y el cumplimiento
de sus mandatos.
3) Finalmente se revela
plenamente en Jesucristo: En el N.T,
donde se llega a la plenitud de los tiempos.
Cristo, es la palabra definitiva de Dios Padre, sobre sí mismo y sobre
su designio de salvación, es la máxima y definitiva revelación:
- La Encarnación: camino para
revelar y revelarse. Encuentro perfecto de Dios con el hombre.
- Cristo: Sujeto de la
revelación, es el Enviado del Padre; y a la vez, objeto de ella, Él es Dios;
sus palabras y su vida es la Palabra
hecha carne.
- Dimensión Trinitaria: Cristo
nos revela a la Trinidad.
- Esta plenitud de revelación
se da por etapas: Predicación, milagros, Misterio Pascual.
- La revelación de Cristo
abraza su persona y su vida toda; no sólo la doctrina.
- En cuanto al contenido: en
Cristo se ha revelado todo el designio salvífico. No cabe esperar otra revelación.
- Y la revelación no sólo es
la manifestación del misterio divino, sino que también es la comunicación de la
Vida y del Amor de Dios a los hombres en Cristo. Autocomunicación de Dios. Por
lo tanto revelación y salvación se implican mutuamente.
ii. Carácter histórico de la revelación cristiana:
a. La historia es el lugar o
escenario esencial de la revelación:
La historia es "el tiempo vivido por el
hombre"en el mundo. La revelación ha tenido lugar en la historia, en ella
se ha producido la autocomunicación divina, a través de gestos y palabras
íntimamente unidos entre sí.
b. La historia como contenido
de la revelación:
La historia es también contenido de la revelación,
acontecimientos históricos en los que se manifiesta la acción salvífica de
Dios, que forman parte esencial de la revelación. Dios ha tejido con el hombre
una historia de amor por él, preparando un pueblo en el A.T. y enviando, en la
plenitud de los tiempos, a su propio Hijo. Ella exige la respuesta es histórica
del creyente.
c. La historia es prueba de la
revelación:
La historia es prueba de la revelación pues las palabras
expresan el sentido de la acción divina. Actos y palabras íntimamente conexos,
así por ejemplo, la cruz corrobora lo revelado en la última cena.
d. Discernimiento crítico de
los acontecimientos históricos:
El Problema está en el cómo articular lo absoluto de la
verdad divina con lo contingente de la historia. Dios es distinto de la
historia. ¿Cómo puede valer para todos los hombres una revelación que se da en
un determinado tiempo y cultura? ¿Más aún, si esa cultura es marginal como la
judía? Se debe discernir los signos de
los tiempos, que permiten vislumbrar
intenciones permanentes salvíficas de Dios, esto es, situaciones
históricas que permiten explicitar e iluminar algunos aspectos de la
revelación. Sin caer en la tentación de hacer de la historia un absoluto.
e. Sentido de la historia,
aspecto de totalidad:
El cristianismo afirma que la historia es un todo
coherente, que tiene un sentido claro y trascendente, que nada ni nadie escapa
del sentido final, aunque en apariencia parecieran muchos elementos no encajar
con él. El cristiano sabe que esto sólo se alcanzará en la consumación final.
Pero también, que todo cuanto hay de noble, bello y verdadero es una
anticipación, que lo adelanta en cierto modo.
f. Por lo tanto, la revelación
es a la vez sobrenatural y antropológica:
- Sobrenatural: No viene exigida por la naturaleza, ni es descubierta
por la sola razón y, ni siquiera al ser conocida se alcanza de lo contenido en
ella evidencia racional. Pues su origen y la posibilidad de conocerla es una
invitación libre de Dios, una gracia.
- Antropológica: Se dirige a
los hombres; ellos la transmiten, la formulan y la interpretan. De ahí que la
Sagrada Escritura sea un libro también humano. Y que la fe sea indispensable
como respuesta del hombre a Dios que lo invita.
iii. Intrínseca vinculación entre revelación por los hechos
y por las palabras:
"Muchas veces y por muchos medios habló Dios en el
pasado.... y en estos tiempos nos ha hablado por medio de Jesucristo" (Hb
1,1-2).
Toda la revelación ha sido realizada siguiendo las leyes
de la condescendencia divina, de acuerdo como es el lenguaje humano: Hechos y
palabras intrínsecamente trabadas. Dios se ha revelado a través de una serie de
hechos salvíficos. Pero estos hechos han estado acompañados de la palabra, que
manifiesta y explica el sentido del obrar de Dios. A su vez, la fuerza de la
palabra procede de los hechos (cf. DV 2). La mayor densidad de esta íntima
trabazón se da en Cristo, Palabra encarnada, su obra salvadora se realiza en su
predicación y su vida toda.
iv. El lenguaje como problema
teológico:
La palabra es el medio privilegiado de relación y diálogo
entre los hombres, es su mediación. Es por tanto, la palabra contenido,
interpelación, manifestación de la persona. Sin embargo en la comunicación
humana, la palabra requiere del gesto.
La revelación es el lenguaje humano por el cual Dios
entra en relación con los hombres, por lo que requiere de mediadores humanos
(condescendencia divina). La mediación más plena es la Encarnación de Cristo,
palabra eterna y definitiva.
La filosofía moderna distingue entre lenguaje informativo,
que se refiere hechos, y el lenguaje performativo, que informa la realidad
o palabra que da el sentido a
los hechos. De esta distinción se recoge que la revelación abarca ambas
perspectivas, pero que apunta más fundamentalmente a la segunda, pues no es
historiografía de Israel y de la Iglesia, sino autocomunicación de sentido, más
aún de una vida.
¿Puede el lenguaje humano finito expresar a Dios
infinito?. Habría que recurrir a la "analogía entis", las criaturas
hablan de quien las creó, guardando su triple paso: Afirmación de la semejanza,
negación de la desemejanza y eminencia de Dios de todo atributo suyo que
resplandece en las criaturas.
Luego habría que recurrir a la "analogía
fidei", esto es, al nuevo contenido que Dios mismo da al lenguaje humano
cuando lo usa para comunicarse con el hombre. Cuya máxima expresión es la
"analogía crucis": el Misterio Pascual revela quien es Dios.
v. Los signos manifestativos
de la revelación.
a. Signos de credibilidad:
La revelación tiene unos signos de credibilidad que
permiten que el hombre asienta a ella con un verdadero acto humano (del
entendimiento y la voluntad). Es decir, la revelación tiene que ser creíble,
porque en ella misma hay signos de autenticidad que vienen a suscitar la opción
de fe y a dar sentido a la existencia humana.
El recurso a los signos de credibilidad a cambiado en la
teología:
1) Antes del Vaticano II, se
los consideraba sólo como motivos externos de credibilidad, basándose en la
definición del Vaticano I (Dz 1790): los milagros y las profecías son signos
que Dios da al hombre para que asienta con sus potencias humanas a la
revelación, ello complementa la acción de la gracia que es el motivo interno de
credibilidad.
2) La teología actual insiste
que no se trata tanto de la credibilidad de una doctrina, como de la del
acontecimiento central de la historia, Cristo. Cristo es el signo de
credibilidad por excelencia. Si Él es Dios con nosotros; el signo no puede ser
sólo externo a Dios. Los milagros y las
profecías son signos en cuanto expresan a Cristo Jesús, su doctrina, vida,
caridad, muerte, toda su persona. Signos en cuanto lo manifiestan y conducen a
su encuentro con Él.
-Triple perspectiva de la
Persona de Cristo como signo de credibilidad:
- Histórico-hermenéutica: La
historicidad de Jesús, historicidad del
Signo.
- Antropológica ¿responde
Jesús a la cuestión del sentido de la existencia?
- Teológica-semiológica:
presencia de Dios en su vida, en especial Misterio Pascual.
- La Iglesia es un signo al
servicio del Signo, es más signo en la medida que es mayor su fidelidad a su
vocación.
vi. Los Milagros:
Los milagros de Jesús son signos de credibilidad que han
tenido una gran importancia para la teología y el dogma en la historia de la
Iglesia:
a. Vaticano I y teología pre-
vaticano segundo:
Para el Vat. I son considerados desde su faceta como
motivos extrínsecos de credibilidad (Dz. 1790), usados como recurso de la
apologética.
b. Vaticano II y teología
actual:
El Vat. II (cf. LG 5), los considera como signos del
Reino que testimonian a Cristo. Como gestos privilegiados de la presencia de
Dios y de su obra. La fe es supuesto para aceptación del milagro como acto
divino. En ellos se revela la persona
de Cristo.
Para el Vat. II tienen una doble función:
-
Portadores de revelación. Signos de la acción de Dios de su salvación.
-
Atestiguan la verdad de Cristo y de su revelación. Llamado a la fe.
vii. Necesidad moral de la
revelación para el conocimiento de Dios.
El hombre necesita de la revelación para alcanzar su fin
último: la visión beatífica, según la expresión tomista, hoy diríamos "ser
feliz plenamente" o "amar y ser amado":
1) Es necesaria porque Dios
ordenó al hombre a un fin sobrenatural (Dz.1786). Este excede las posibilidades
de la razón.
2) Además hay verdades de
orden natural que no pueden ser conocidas por todos "de modo fácil, cierto, sin mezcla de error".
TESIS 3. El don de la fe como
respuesta del hombre a Dios que se revela.
"La fe es la aceptación de la Palabra de Dios,
escuchada en la comunidad creyente, como palabra salvadora" (A. Bentué).
En el mundo de hoy, la fe es incomprendida y cuestionada.
En el lenguaje común, "creer" es no saber, o un saber aproximado.
Kasper lo expresa sintéticamente: El martirio de hoy es creer. Vale la pena
preguntarse ¿Tiene algún sentido aún creer?
¿Es la fe un impulso que determine la historia? A menudo se ven los
enunciados de la fe como retos de antiguos ritos. Se dan grandes abismos entre
la fe y la experiencia humana.
El Vat I define que "la fe es la obra por la que el
hombre presta a Dios mismo libre obediencia cooperando y consintiendo a su
gracia, a la que podría resistir (Dz 1791). Para el cristiano la fe es la actitud adecuada del hombre ante la
revelación; la fe equivale a la revelación que ha llegado a su destinatario, a
su meta. Fe y Revelación constituyen el misterio del encuentro de Dios y el
hombre. Dios que invita al hombre, quien responde a su invitación.
i. La fe es una entrega total
y libre a Dios, la cual es posibilitada por la gracia del Espíritu Santo.
a. La fe es un acto humano
(cf. DV 5 y Dz 1791), esto es, un acto racional y voluntario, por lo tanto
libre, no coaccionado.
b. Compromete al hombre
entero; es un sí total a la acción reveladora y salvífica de Dios.
c. Es fidelidad a la
revelación en la Escritura:
- Se fundamenta en la promesa.
- Es gratuita, lo primero en
ella es la libre iniciativa divina.
- Implica también aventura,
éxodo del hombre (Como Abraham salir de Ur).
- Más que intelectual, existencial;
no sólo conocer sino una experiencia global.
- Dinamismo, exige esperar el
cumplimiento en el futuro.
- Tiene una característica
personal (ej. fe de Abraham) y comunitaria es la fe de todo un pueblo, es la
base de su identidad comunitaria.
d. En las Sagradas Escrituras:
- A.T.: No hay un término
específico para designar la fe; ésta es descrita como la actitud en que el
hombre, confiando en Dios, funda su existencia únicamente en Él (emet, raíz de
la aclamación amén). Obediencia y amor, que se traduce en un éxodo, una ruptura
y un salto existencial (cf. Abraham).
- N.T.: El apoyarse en Dios
del A.T. (continuidad, 6 rasgos comunes) pasa a ser ahora el "creer a
Cristo"(discontinuidad, cf. Jn 14,10). Así la fe es la aceptación de Dios
en Cristo. Opción radical que exige que Jesucristo sea el objeto de la
predicación de la Iglesia Primitiva (kerygma apostólico). El Evangelio de Juan,
se puede llamar el Evangelio de la fe, donde se la presenta como un proceso
progresivo de iluminación que lleva a creer en Jesús como el Hijo del Padre
(cf.Jn 9).
ii.. Necesidad de la gracia.
Ella hace asentir libremente a lo que Dios revela:
Es una conclusión a la que llega la S.E. y que
posteriormente desarrolla el Magisterio: El auxilio del Espíritu Santo es indispensable
para la fe (cf. Mi 16,14; Rm 1,5; Jn 15,5; Cartago, Dz 105; Orange II, Dz
176-79; Trento, Dz 827; Vat. I, Dz 1791; y Vat II, DV 5):
a. La fe es un don en su
inicio, en su camino y en su fin, pero exige de la colaboración del agraciado
para perseverar en ella.
b. La Escritura llama
"obediencia de la fe" a esta respuesta a Dios que se revela (cf. Rm.
1,5).
iii. Si en el plano humano la
fe tiene una estructura interpersonal, también la fe cristiana posee esta
estructura a nivel infinitamente más profundo:
a. Estructura interpersonal de
la fe humana:
En el plano humano, creemos lo que nos dicen otras
personas; creemos en sus intenciones (ej. su bondad) y nos confiamos a ellas
(ej. : pactos, matrimonio). Ello nos muestran que el creer no menoscaba ni la
libertad, ni la dignidad de la persona sino que es indispensable para la vida.
b. Estructura interpersonal de
la fe cristiana:
Se aplica la misma estructura anterior. Agustín lo
expresaba bellamente: "Credere Deo, Deum, in Deum".
1) Credere Deo: "Fides
qua creditur". Dios como fundamento de nuestra fe, confiamos en Él porque
Él es Dios, creemos por su autoridad y no porque seamos capaces de llegar solos
a ver la verdad de lo que se nos revela.
2) Credere Deum: "Fides
quae creditur". Dimensión confesional o cognitiva de la fe, es la
afirmación de la realidad del acontecimiento de Cristo; el contenido ortodoxo,
lo que ha sido transmitido y constituye la confesión de fe en el contenido (cf.
Rm. 10. 9), no tanto en las palabras.
3) Credere in Deum: Creer a
Dios; su testimonio, su Palabra, en virtud de su autoridad. Aspecto personal de
la fe. La fe termina en una persona, en la comunión con ella. Es la opción
libre de creer, por la que el hombre se entrega a sí mismo, se confía y se da a
Dios en Cristo. La opción de fe es así una opción de confianza, que se
entrelaza con la esperanza y el amor.
iv. Carácter eclesial de la
fe:
La fe no es un acto aislado. En el bautismo se nos
pregunta: ¿qué pides? La fe. Es, a través de la Iglesia, Cuerpo de Cristo
(protosacramento), que la fe ha llegado a nosotros. Ella nos engendra en la fe.
Cada creyente es como un eslabón en la gran cadena de la transmisión de la fe
de los creyentes, pues "fe viene del oído". Por otra parte, la
Iglesia nace de nuestra respuesta de fe. Los creyentes se reúnen para formar la
Iglesia. Y mi fe ayuda a la fe de otros. La expresión comunitaria de la fe es
el "símbolo o profesión de fe".
v. La fe explícita y la fe
implícita:
Fe explícita es la que se confiesa de palabra y de obra;
y la fe implícita es la que sin ser confesada se vive en sus aspectos más
relevantes (cristianos anónimos, según la expresión de K. Rahner). Parece
necesaria la confesión explícita de la fe, pues si bien hay "semillas del
verbo" más allá de los deslindes visibles de la Iglesia y, si bien todo lo
auténticamente humano la Iglesia lo reclama como propio, también en estos
confines hay virtudes no ejercitadas, anhelos no satisfechos, defectos,
prácticas inhumanas, etc., los cuales requieren ser sanados y elevados por y
hacia la fe en Cristo. El cristiano auténtico es un testigo de palabra, pero
por sobre todo de obra de la fe, hasta la muerte por ella.
vi. La relación entre fe y
religiosidad:
El hombre es naturalmente religioso y está abierto a la
trascendencia. Ello es un presupuesto y
una preparación a la fe. Pero es la fe la que nos hace participar en el
misterio de Cristo salvador. La gracia de ser llamados por Cristo a su
encuentro (cf. Hb 11,6: Dz 1793).
La declaración conciliar del Vaticano II, Nostrae Aetate,
reconoce como fondo común a todas las religiones, el esfuerzo de responder a
los enigmas recónditos de la condición humana, una común experiencia religiosa
manifestada en la fuerza oculta que preside el curso de las cosas y los
acontecimientos, y el reconocimiento de un mismo principio captado en muchas de
ellas como Ser supremo e incluso como Padre. De ahí la valoración positiva de
la religiosidad, en todo lo que tenga de buena, verdadera y bella, como un
terreno fértil, donde Dios ha esparcido las semillas, que esperan germinar,
crecer y ser cosechadas en la fe en Cristo.
vii. Relación entre la gracia
y los motivos de creer: fe y razón:
a. Puntos centrales:
1) La fe no es un acto
irracional sino que es un auténtico acto humano. Aunque haya siempre una cierta
obscuridad en ella, no es un acto ciego. Como acto humano, ha de ser
consciente. Requiere de la luz de la inteligencia para discernir los signos de
credibilidad, y justificar la opción libre de creer.
2) La revelación no contradice
la razón, hay ciertos signos de credibilidad en ella, por los que la razón
puede aceptar el acontecimiento de la revelación.
3) Pero es la gracia la que
hace ver en esos signos una vocación personal a la fe, es decir, la razón por
sí sola no llega a la fe, requiere necesariamente del auxilio de la gracia:
iluminación y fortaleza para creer.
4) Con todo, la razón puede
comprender los "preámbulos de la fe".
b. Doctrina del Vaticano I:
Siguiendo las enseñanzas de
Santo Tomás, la opción de fe requiere:
1) Conocimiento racional de
signos (inmanencia)
2) Iluminación de la gracia
(trascendencia). De ahí su definición de fe como "Creer es un acto del
entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida
por Dios mediante la gracia" (así la recogió el Vat I, Dz 1789).
3) Pero esto no significa que
el motivo de creer esté en la "intrínseco verdad de las cosas", sino
en la autoridad de Dios que revela. De ahí que la fe sea cierta, más que todo
conocimiento humano (Dz 1789)
4) "La fe busca
comprender" (S. Anselmo): Formular, profundizar lo que se cree.
5) Nunca hay verdadera
contradicción entre fe y ciencia, fe y razón; pues la verdad es una (Dz 1799).
De modo que si de hecho pareciera producirse, ésta no es sino aparente,
muestran la debilidad de nuestro conocimiento y la necesidad de apertura para
mostrar el auténtico contenido de la fe cristiana.
viii. La postura de:
a. Racionalismo: Sobrevalora la razón. La razón que es
autónoma, no se requiere de otro tipo de conocimiento para llegar a Dios (XVII
- XVIII). Seminacionalismo (Hermes, Günther) prácticamente razón y fe se
identifican.
b. Fideísmo: Subvalora a la
razón, reaccionando frente al racionalismo. Sólo por fe es posible conocer a
Dios; la sola razón no puede demostrar nada.
c. Tradicionalismo: La razón,
por sí misma, no llega a conocer a
Dios. Toda creencia religiosa nos llega por tradición que proviene del estado
primitivo (paraíso).
d. Modernismo: Sobrevalora las
pruebas racionales de la fe, la evolución histórica del dogma y la
experiencia humana. Reduce la fe a un
sentimiento religioso, es la evolución
de experiencia religiosa de los pueblos. Su error está en sobrevalorar la
experiencia humana como origen de las verdades religiosas
ix. Límites de la razón y su
verdadero papel respecto del acto de fe:
1) La razón es incapaz de
captar por sí sola las verdades de fe. Requiere de una iluminación especial.
2) Puede, no obstante, captar
los preámbulos de la fe con su luz propia.
3) Iluminada por la gracia y
movida por ella puede avanzar en la comprensión de los misterios de la fe. Los
cuáles, sin embargo, siempre escapan de su total dominio y comprensión.
En conclusión:
La fe de María. María realiza de la manera más perfecta
la obediencia de la fe. Ella creyó a Dios, para quien "nada es
imposible"; creyó en su Palabra, y se entregó toda a Ella (toda su vida,
un peregrinar en la fe) "Dichosa la que ha creído...". Fe de María
también expresa el carácter eclecial o comunitario de la fe.
TESIS 4. La Tradición de la revelación
cristiana.
a. La tradición un fenómeno
humano:
El hecho de la tradición está presente en todas las
religiones: ritos, mitos, doctrinas transmitidos de generación en generación.
Antes de ser un fenómeno religioso, es un hecho humano, por medio del cual se
forman las culturas y toma cuerpo la historia. El hombre, como ser histórico,
mantiene recuerdo del pasado; reconoce
el presente como significativo para el futuro; y, al mismo tiempo, en la medida
que valora el futuro, tiene interés por conservar el pasado. Transmitir es, por
lo tanto, un acto vital. Lo que concuerda más con su etimología griega
"paradosis" o acto de transmitir (entrega), que con su etimología
latina "traditio", el contenido trasmitido.
b. La tradición de la
revelación en la Iglesia:
La tradición de la revelación en la Iglesia es una
realidad viva y vivificante, transmisión de aquella vida que la Iglesia ha
recibido del Padre, la cual cuida y de cual se alimenta: Cristo. El fundamento
de toda tradición en la Iglesia es la entrega que hace el Padre de su Hijo,
la protoparadosis (cf. Rm 8,32).
La tradición queda confirmada en la Escritura: El A.T. es
la gran tradición judaísmo puesta por escrito (cf. Dt 26, 5- 11). El N.T. es la
tradición que los apóstoles recibieron de Jesús y que trasmitieron a sus
sucesores puesta por escrito (cf. 1 Co 10-11). La tradición que viene de
Cristo, la Iglesia la trasmite en cada generación hasta la Parusía. De ahí que haya que distinguirse
entre:
1) Tradición divina o
protoparadosis: La entrega del Hijo al mundo por amor a la humanidad (dimensión
vertical de la tradición, Jn 3,15).
2) Tradición
divino-apostólica: Jesús instituyó apóstoles (Mc 3,13) y después de su
resurrección los envió a predicar, "aquello que os he enseñado hasta los
confines del mundo" (dimensión horizontal de la tradición, Mt 28,16-20).
3) Tradición eclesial: Es la
misma tradición apostólica que se prolonga en el ámbito de la Iglesia, a través
de un proceso humano guiado por la asistencia del Espíritu Santo a quienes tienen
la misión de enseñar en la Iglesia (Magisterio).
c. Problema de Lutero:
Propugna la Sola Escritura como única regla de fe, es
decir, principio único de divina determinación existencial y, sin Tradición (y
Magisterio) como contextos normativos de interpretación de la Escritura.. Todo
lo demás son tradiciones humanas.
Aunque da valor a los 5 primeros siglos de tradición, considerada como
incontaminada, pero a otro nivel que la Biblia. En realidad ello obedece a la
incapacidad del reformador de discernir la Tradición ante el abuso de las
"tradiciones" de la decadencia eclesial en que vivía.
d. Respuesta de Trento:
El Evangelio es la norma de la fe, éste se recibe por la
Escritura y por la Tradición, deben ser tratados ambos con igual piedad. Ya se
balbucea lo que sólo en el Vaticano II se expondrá con la unicidad de la fuente
de la revelación y dos formas según las cuales esta fuente se nos comunica:
Escritura y Tradición. Trento acepta así la Tradición como dato esencial y
normativo para la fe.
e. Vaticano II: Dei Verbum
La DV enseña la unidad orgánica entre Escritura,
Tradición e Iglesia en la transmisión de la Revelación (cf. DV 7 y 8).
ii. El Espíritu Santo es el
dinamizador de la Tradición:
La Tradición es dinámica, tiene un progreso, el se debe a
la acción del Espíritu Santo (cf. DV 8). La Tradición es más que una
comunicación oral, la revelación se trasmite en toda la vida de la Iglesia bajo
el influjo del Espíritu: Liturgia, escritos, disciplina, etc. En este proceso
distinguimos dos acciones propias del espíritu Santo: