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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La teoria de la literatura.: EL CONCEPTO DE LITERATURA, por Víctor Aguiar e Silva. Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 1349 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
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TEORÍA LITERARIA I
Cap I: EL CONCEPTO DE LITERATURA
Víctor
Aguiar e Silva
La teoría
de la literatura (resumen – PÁG 16 a 42)
La función poética del lenguaje es el proceso que
crea un universo de ficción que no se identifica con la realidad. Se caracteriza por el hecho de
que el
mensaje crea imaginariamente su propia realidad; a través de
un proceso intencional genera un universo de ficción que no se identifica con
la realidad empírica (lo “real”).
En el lenguaje literario el contexto extraverbal
(o contexto
“real”) y la situación dependen del lenguaje mismo, pues el lector no
conoce nada acerca de ése contexto ni de ésa situación antes de leer el texto
literario.
El lenguaje literario es semánticamente autónomo, “porque tiene poder
suficiente para organizar y estructurar mundos expresivos enteros”. Por
eso, precisamente el lenguaje literario puede ser explicado pero no
verificado: éste lenguaje constituye un discurso de contexto cerrado y
semánticamente orgánico, que impone una verdad propia.
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Entre el mundo imaginario creado por el lenguaje
literario y el mundo real, hay siempre vínculos, pues la ficción literaria no
se puede desprender jamás de la realidad empírica, que es propia, de estructura y
dimensiones específicas. No se trata de una deformación del mundo real,
pero sí
de la creación de una realidad nueva, que madure siempre una
relación de significado con la realidad objetiva.
El lenguaje connotativo se opone al denotativo, el cual es predominantemente
intelectual o lógico y característico de la ciencia, la filosofía, el
derecho, etc. En efecto, la connotación no es exclusiva del lenguaje
literario, pues se verifica en muchos dominios y niveles lingüísticos
(la “ironía” de Mafalda, ése gran personaje de Quino, por ejemplo).
WILLIAM WATSON caracterizó al lenguaje literario con
el término de “ambigüedad”, pero nos parece más apropiado utilizar el término
“plurisignificación”, para referirnos a su característica de portador de múltiples
dimensiones semánticas, en contraposición a los lenguajes monosignificativos:
utilizados por la matemática, la física, la lógica, etc., donde la palabra
tiene un solo significado). Ésta plurisignificación literaria se constituye a
base de los valores literales (literalidad = significado real de una
palabra. El significado “del diccionario”), es decir, el lenguaje literario conserva y
trasciende simultáneamente la literalidad de las palabras.
La plurisignificación del lenguaje literario se
manifiesta en dos planos:
·
un plano vertical
o diacrónico (por la vida histórica de las palabras, la riqueza que el curso
de los tiempos ha depositado en ellas)
·
un plano
horizontal o sincrónico (donde la palabra se compara con las obras de su misma especie,
tenor: las relaciones conceptuales que las palabras contraen con los demás
elementos de su contexto verbal). La obra literaria es una estructura y la
palabra sólo cobra valor al integrarse a ésta unidad estructural.
La plurisignificación puede
realizarse tanto en una parte como en la totalidad de la composición. La
multisignificación se registra sólo en ciertas palabras, aunque contribuye al
significado global del tema.
Un poema, una novela, un drama
nunca presentan un significado rígido y unilineal, porque encierran siempre
múltiples implicaciones significativas. “La lengua simbólica, a la que pertenecen las obras
literarias, es por su estructura una lengua plural, y su código está
constituido de forma que cualquier palabra, cualquier obra por él engendrada,
posee significados múltiples” (Roland Barthes, de Crítica y
verdad, representante de la nueva crítica francesa, la cual atribuye
importancia capital a la pluralidad de significados de la obra literaria).
El lenguaje literario siempre
busca transgredir la regla. La actividad del hombre tiende inevitablemente al
hábito y a la rutina. Ésta tendencia se refleja en la actividad lingüística, y
por eso el lenguaje coloquial, como otras formas de lenguaje, se caracteriza
por una acentuada estereotipación. El lenguaje literario, en cambio, se define
por la recusación intencionada de los hábitos lingüísticos y por la exploración
inhabitual de las posibilidades significativas de una lengua. Recientemente, el
formalismo ruso ha visto la esencia de la literatura en la lucha contra ésa
rutina. (Recuérdese que el formalismo ruso critica ferozmente la función
poética de las obras literarias).
Después de lo expuesto, entonces,
quedarán excluidas de la literatura las obras despojadas de intenciones y
cualidades estéticas: obras jurídicas, históricas, científicas, filosóficas,
reportajes periodísticos, etcétera. Según Warren y Wellek, “el núcleo central
del arte literario ha de buscarse en los géneros tradicionales: lírico, épico y
dramático, ya que se remite a un mundo de fantasía, de ficción”.
Algunas obras ocupan una posición
ambigua, participando en la existencia literaria: biografías, ensayos,
memorias. No basta con que una obra esté escrita con elegancia o en estilo puro
para que, ipso
facto (“en el momento”), ascienda a la categoría de literatura,
aunque en ella puedan existir accidentalmente elementos estéticos. Por tal, no
consideraremos literatura a las obras jurídicas, históricas, pedagógicas, etc.
Lo que verdaderamente ha cambiado
no ha sido el concepto ni la naturaleza del objeto literario, sino el concepto
de sermón, de historia, etc. “La historia no crea literatura”, dice Fernão
Lopes, - casualmente historiador -, quien fundamenta que la
historia escrita se convierte a literatura cuando el cronista recrea
imaginariamente acontecimientos y personajes históricos.
Luego de ver la naturaleza de la
obra literaria, enfocamos hacia sus posibilidades y propósitos. El objeto
material de la teoría literaria es la literatura, el cual no se identifica con
el objeto formal de la historia literaria ni con el de la crítica literaria.
La teoría literaria se integra en las ciencias del
espíritu; cuenta con un objeto, métodos y meta que no son los mismos de las
ciencias de la naturaleza. El desconocimiento de ésta verdad muestra que muchas
veces las historias literarias conceden demasiada atención a aspectos y
elementos no literarios de las personalidades y obras que estudian: “se da más
importancia al hombre de cierta configuración mental representativa, que a lo
que realmente atañe a la historia literaria: el artista y sus sentimientos
convertidos en fuentes de emociones estéticas e imaginación” (Prado
Coelho).
·
Ciencias de la naturaleza: el mundo natural como objeto de estudio, y
las leyes universales que lo rigen. Objetividad, rigor y exactitud son sus
aspiraciones.
·
Ciencias del espíritu: el mundo creado por el hombre en el transcurso
de los siglos. Subjetividad.
El arte, según Benedetto Croce, es intuición lírica
y expresión de la personalidad, individualidad pura. Pero si esto es realmente así,
¿cómo explicar la capacidad comunicativa propia de la poesía? : aquí reside la
objeción fundamental contra la doctrina e Croce y las teorías que en ella se
inspiran.
Como dijo T.S. Elliot en su famoso
ensayo La
tradición y el talento individual, la obra poética es incomprensible
si no se considera sus relaciones con las obras del pasado, con el orden de la
literatura, donde actúa la obra poética, modificándolo y enriqueciéndolo. El
secreto, las dimensiones peculiares del cosmos de un poema radican en las
estructuras comunitarias del lenguaje
que el poeta utiliza.
Croce identifica poesía con lenguaje y estética con
lingüística. Siguiendo los puntos de vista de Humboldt, el lenguaje es energía,
y no producto. El lenguaje es creación perpetua, nacida de la “necesidad
interna de conocer y de buscar una intuición de cosas”, y es expresión y
“objetivación individual de lo individual”. De éste modo, Croce se sitúa en la importancia del
dominio del habla, despreciando el dominio de la lengua, y desconociendo la
existencia de estructuras y sistemas lingüísticos, de un saber que
es condición y producto de la actividad lingüística. Negando, entonces, toda objetividad a
la lengua como sistema, como realidad autónoma, cae en la exageración contraria
cuando olvida que “objetivismo” no significa “materialismo” (la
lengua es un objeto inmaterial, abstracto, y el idealismo filosófico puede
perfectamente conciliarse con el objetivismo y hasta con el estructuralismo
lingüístico – Coseriu).
La literatura, entonces, sin dejar
de constituir un saber válido en sí mismo, se convierte en una disciplina
preliminar ampliamente fructífera para los diversos estudios literarios
particulares y éstos contribuirán a corregir y fecundar los principios y las
conclusiones de la teoría de la literatura.
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