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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Cambios en los ideales y modelos de la juventud (período 1930 -1: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2672 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
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Cambios en los ideales y
modelos de la juventud (período 1930 -1946)
Es posible abordar el ciclo
histórico abierto con el derrocamiento de Hipólito Yrigoyen para descubrir en
él tendencias profundas y persistentes, entre ellas una muy significativa, el
ocaso de las prácticas políticas tradicionales. Se trata de un proceso
dinámico, el de la declinación de los partidos políticos frente a otras fuerzas
que cubrían sus claros, factores de poder y grupos de presión, cuya creciente
influencia en los mecanismos de decisión pasaría a convertirse en un dato
irreversible de la estructura política argentina.
La importancia básica que le
atribuimos al fenómeno reformista es la de haber constituido una verdadera
escuela política en una sociedad global que no facilita las enseñanzas de ese
tipo: cantidad de jóvenes han aprendido mediante su militancia en las distintas
agrupaciones juveniles los rudimentos de un programa y de un método, que luego
con fortuna dispar han intentado aplicar. Después de todo, el movimiento
reformista es una de las escasas tradiciones progresistas con que cuenta la
juventud estudiosa argentina.
La posición general de los
reformistas en lo político durante el último medio siglo puede resumirse en
términos de nacionalismo y antiimperialismo, populismo y anticonservadorismo,
anticlericalismo y antimilitarismo.
Además de sus éxitos en materia
educativa, el movimiento reformista original tuvo ramificaciones políticas.
Estimuló el interés político de los estudiantes, y llevó directamente a la
formación de la FUA al nivel nacional. También puso a los dirigentes
estudiantiles en contacto con los políticos nacionales, especialmente
socialistas y radicales que apoyaron a los Reformistas.
La trayectoria militante del
reformismo entre 1930 y 1946 y apuntar sus conexiones con la política activa.
Las diversas corrientes reformistas debaten sus principios en el Segundo
Congreso Nacional de Estudiantes(1932). Hubo intentos aislados de convertir al
reformismo en fuerza política.
González pensó que estaban dadas las
condiciones para organizar un gran partido popular de base reformista, que
tendría doctrina orgánica, tradición y hasta dirigentes fogueados; pero su
fracaso se explica por la desconfianza juvenil hacia la “política grande”, por
la posición un tanto paternalista y mesiánica del universitario de la época
frente al resto de la sociedad, y fundamentalmente porque comenzaba a
evidenciarse la crisis de los partidos políticos, que en modo alguno
representaban ya los intereses ni la voluntad del pueblo.
El panorama, a poco de consolidarse
el gobierno del general Uriburu, había sufrido en el plano universitario
variaciones de considerable magnitud: los setembrinos más eufóricos estaban de
“de vuelta” de su fervor revolucionario, y cerraban filas reconstituyendo la
F.U.A., o apoyaban la candidatura de Palacios como presidente de la Universidad
de La Plata. Muchos de los militantes se incorporaron a partidos opositores,
quebrando la unidad de las fuerzas reformistas. El país se les hace presente
con innegable peso, y continuarán en la política “grande” su vocación.
Pero la resistencia buscaba
canalizarse también por derroteros más positivos, como lo fue el Segundo
Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios(1932), importante desde el
punto de vista de la discusión teórica de fondo que se llevó a cabo entre las
tendencias reformistas que no habían hallado un punto de confrontación concreto
desde 1918. Estableció un principio que todavía sigue teniendo vigencia, al
proclamar: “El Segundo Congreso mantiene la afirmación de que la Reforma
Universitaria es parte indivisible de la Reforma Social”.
En dicho Congreso tomó cuerpo la
disidencia con el pensamiento general reformista hasta ese entonces, provocada
por un grupo muy bien preparado intelectualmente(aunque minoritario), que
postuló fórmulas extremas, teñoricamente correctas pero que llevaban a recaer
en actitudes negativas en el terreno práctico: así, desdeñar las
“reivindicaciones inmediatas” a la espera de la gran revolución. Ese grupo, que
se constituiría en setiembre de 1931 y clausuraría su periplo en agosto de
1935, se llamó “Insurrexit”, heredero de otro anterior que diez años atrás
llevaba su mismo nombre, se formó sobre la base de activistas juveniles
comunistas, en su período ultraizquierdista(también en el orden nacional). El
avance del fascismo y el nazismo combinados, a través de Europa, provocaría
entre otras causas la obsesiva idea de unidad que sería motor del comunismo
criollo durante muchos años por venir, en sus afanes de integrar gobiernos de
coalición, o campañas unitarias a favor de tal o cual medida. De ahí que
“Insurrexit” no tuviera más sentido en el plano universitario, y su disolución
fue rápida. Con todo, y pese a su evidente sectarismo, puede afirmarse que la
crítica “insurrecta” no fue estéril, pues curó definitivamente a los
estudiantes de sus veleidades mesiánicas, inivitándolos a asumir, frente a
otros grupos sociales, una posición más modesta pero acaso más efectiva en la
tarea común de liberación. También fijó los verdaderos alcances de la “teoría
de las generaciones” entonces en boga, centrando la explicación del problema
universitario en la lucha de clases.
A partir de 1936, y hasta 1943-45,
la tensión internacional iba a pesar de manera decisiva en las actividades
estudiantiles, como pesó en el plano de la política general del país.
Contra la conducción alvearista del
radicalismo habría de levantarse un gꗬÁIఊሤ¿ကЀⱽ
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Las conexiones entre el movimiento
reformista y la política nacional, de sus diversos canales comunicantes, y de
las formas que adoptó en el tiempo la mentada comunión: escepticismo ante los
partidos políticos existentes; intento de copamiento por parte de alguno de
ellos del alzamiento cordobés del 18; tentativas de fundar un Partido Nacional
Reformista; incorporación de militantes universitarios a los partidos
existentes, radicalismo, socialismo, comunismo; apoyo “externo” a determinados
candidatos o programas de corte reformista.
Sin embargo, en la medida en que los
estudiantes universitarios dejaron las cuestiones educativas para ocuparse de
problemas más amplios, sociales, económicos y políticos, su eficacia disminuyó
apreciablemente.
A mediados de 1930 los estudiantes
habían lanzado una intensa campaña para lograr el retiro del presidente
Yrigoyen. Favorecieron la ejecución de un golpe militar y en un principio
dieron su apoyo al régimen revolucionario del general Uriburu. Pero pasaron a
la oposición en cuanto se puso en claro que Uriburu no iba a devolver
inmediatamente el gobierno a los civiles. El movimiento estudiantil se opuso a
los gobiernos conservadores de 1932-43, pero con poco efecto. Su oposición fue
mucho más firme contra el primer régimen peronista; esta oposición se dirigía
contra el mismo Perón, su gobierno en general y su política universitaria en
particular.
La Reforma, nacida en 1918 como
movimiento romántico, anticlerical, generacional y orgullosamente egocéntrico,
dio pronto con sus límites infranqueables. El fracaso y la adversidad desde
1930, el enfrentamiento de los universitarios con el peronismo desde 1945.
Los moderados éxitos en la esfera
interna de la Universidad, participación en la problemática de la nación
toda(más los errores que los dispersos aciertos), enseñaron a los jóvenes
universitarios a aceptar un papel más modesto en las tareas de liberación.
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progresivo acercamiento con los países vecinos y contribuir a la pacífica
cooperación mundial; y emancipar al país del imperialismo;
d)
justicia
distributiva
e)
nivel
de vida de las clases trabajadoras: asegurar a todo habitante un mínimo de
condiciones necesarias para la conservación y desarrollo de su persona.
f)
La
juventud universitaria cree que en los
núcleos de sustancia democrática estña en potencia la energía necesaria para
promover el engrandecimiento nacional y reanudar la tradición de nuestra
estirpe.
La elevación del
nivel de vida de las clases obreras, su emancipación económica y espiritual, procederá
a crear un nuevo derecho. La utopía de la justicia social se habrá abierto
camino entre los hombre y llegarán a abolirse la miseria, la desigualdad, la
ignorancia y la guerra, frutos monstruosos de una organización destinada a
desaparecer. Los estudiantes tienen reservado un puesto en esa lucha.
La cadena de prejuicios se va
rompiendo: entre las masas obreras y estudiantiles, el mismo ideal de
renovación social teje lazos de unión indestructible. Los estudiantes acuden
ahora a las universidades buscando conocimientos, bases espirituales para una
sociedad mejor, y no los “grados universitarios” o los títulos profesionales
que por el anquilosamiento, la veꔀ쀆됇됀耀爀0(Ȁ✀!ዿഀ䈀椀戀氀椀漀最爀愀昀愀㨀Ԁ䴀愀爀椀漀Ԁ䴀愀爀椀漀ꇿ䘀ᬀ䘀甀攀渀琀攀 搀攀 瀀爀爀愀昀漀 瀀爀攀搀攀琀攀爀⸀䰀吀Š䰀ༀ吀攀砀琀漀 搀攀 戀氀漀焀甀攀ጀༀ̤̀萎萏搒Ũࠀ䌀ᡊ洀ै
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Durante
mucho tiempo se ha dado por sentado que: 1. Los estudiantes universitarios de
la Argentina estaban mucho más politizados que el resto de la juventud de la
misma edad, y 2. Que la universidad es el agente de esta politización. Se
dispone actualmente de considerable cantidad de datos que confirman la primera,
pero no la segunda.
Esto
lleva a Nasatir a concluir que “una parte considerable de las diferencias que
se observan entre la población de estudiantes y la de no estudiantes, al menos
en lo que se refiere a su interés político, se debe a factores anteriores a la
experiencia universitaria. Las diferencias en el interés político están
asociadas al nivel de educación y el tipo de ocupación del padre del joven”.
Coincidentemente un estudioso argentino saca como conclusión de los mismos
datos que “el impacto de la vida universitaria sobre el interés politico tiende
a ser mínimo”.
Existe
una correlación entre la participación y el status socioeconómico, las
características de la organización familiar y los rasgos de la personalidad.
En
las épocas de gobiernos estables, por la fuerza o por el concenso, o por mezcla
de ambos, el movimiento estudiantil tiende a perder significación, en tanto que
la cobra muy alta en momentos críticos.
Las diversas formas de
participación, de interés y de compromisos políticos se relacionan con la
ideología política.
Los estudios de Soares sobre la
conducta política de los estudiantes indica que el princiapl correlato de los diferentes
grados de participación de los estudiantes universitarios son las variaciones
ideológicas. Para ser más explícitos; en las universidades estudiadas, los
izquierdistas(radicales) tienden a participar en forma más intensa que los
conservadores. En segundo lugar, la diferencia entre ambos sectores es mayor en
las formas más intensas de participación. Los estudiantes radicales y los
conservadores tienen diferentes imágenes del rol estudiantil. Si las hipótesis
enunciadas son acertadas, es más probable que los estudiantes conservadores se
opongan a la actividad política de los movimientos y de las organizaciones
estudiantiles. En consecuencia, los estudiantes conservadores también adoptarán
una actitud más crítica frente a la relación directa entre la política
estudiantil y los partidos políticos nacionales.
No sólo la ideología radical está
relacionada con una participación e interés más amplios en los asuntos
políticos en general, sino que el radicalismo está estrechamente ligado, con la
afiliación partidaria y la participación activa en mitines, manifestaciones,
asambleas, etc. Por lo tanto, si se trata de estimar el alcance real del
radicalismo estudiantil por las manifestaciones masivas, saltarán a la vista
graves alteraciones, ya que los grupos de extrema izquierda probablemente estén
mucho más representados entre los manifestantes, huelguistas, etc.
Las movilizaciones más grandes por
los partidos políticos se relacionan, por supuesto, con una mayor
participación. Por consiguiente, podría suponerse que es más probable que
comparados con los menos activos, los estudiantes más activos pertenezcan a
partidos políticos. Como los radicales son más activos que los liberales o los
conservadores, la conclusión, obvia es que habrá una proporción mayor de radicales
movilizados por los partidos políticos.
Por lo tanto, parece justificable
afirmar que el radicalismo conduce a una participación intensa. Las
consecuencias de este hecho son claras; manteniendo constantes los otros
factores, los partidos políticos radicales tienen una influencia sobre la vida
estudiantil sin proporción con el apoyo numérico que recibe del estudiantado.
No sólo tienen entre sus seguidores a los estudiantes más activos y que
participan más, sino que son capaces de movilizar por medio de la afiliación
formal a una porporción mayor de sus partidarios ideológicos.
Este problema tiene interesantes
implicaciones cuyo valor aquí es simplemente colateral. Por ejemplo: hasta qué
punto la opinión pública sobre los estudiantes universitarios está deformada
como consecuencia del carácter selectivo de la información masiva que concentra
la atención en los aspectos más visibles y, por lo tanto, más extremos de la
vida política estudiantil? Hasta qué punto tanto la política nacional como la
universitaria son más sensibles a las formas más visibles de participación
antes que a los parámetros ideológicos de la población estudiantil total?
EL alcance de la política
estudiantil de extrema izquierda en los países subdesarrollados puede haber
sido exagerado. Sin embargo, si concebimos el problema en términos de poder,
observamos que es precisamente la mayor participación de los estudiantes
radicales lo que permite que las ideologías radicales ejerzan en la universidad
y en la política estudiantil en medida que no guarda relación con su fuerza
numérica. Cuando la participación estudiantil en la administración de la
universidad es ampliamente aceptada y consentida, grupos relativamente pequeños
de estudiantes radicales pueden lograr una influencia asombrosa sobre la vida
nacional. Esta influencia se ve facilitada más aún por el hecho de que la
condición de radicales aumenta la probabilidad de una integración entre la vida
profesional y la vida nacional, y que desde este punto de vista es
perfectamente natural utilizar la organización estudiantil en la universidad
como un medio de lograr fines ideológicos dentro de la sociedad general.
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ꀀꄀ글쨀쬀䜀一伀倀Ԁ1眀117頀颀颀麀颀颀颀颀portaría
transformarla en un factor estático, de valor neutro, cuando no en una pieza de
museo.
La juventud universitaria no cumple
plenamente con la misión histórica que tiene asignada, por su juventud(que la
hace dueña del porvenir), y por su cultura(que le permite penetrar con mayor
seguridad en los problemas políticos-sociales), si se estanca en su evolución y
continúa teniendo como finalidad la crítica de concepciones políticas o
sistemas universitarios de plena decadencia, superados por la cultura de la
época.
La política crítica
anterior, si bien encierra algún valor, porque impide los intentos de retorno
de concepciones caducas y en pugna con la realidad, carece de la relevancia que
tiene el estudio de la situación actual, la comprensión de sus posibilidades y,
sobre todo, la acción teórico-práctica encaminada a ejercer influencia,
influencia decisiva en la marcha de los acontecimientos históricos.
En otras palabras, la juventud debe
sentirse actora de la historia y no pretender únicamente juzgarla.
Bibliografía:
Brignardello, Luisa A.: El
movimiento estudiantil argentino. Buenos Aires, Macchi, 1972
Ciria, Alberto-Sanguinetti, Horacio: Los
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Ciria, Alberto-Sanguinetti, Horacio: La Reforma Universitaria 1918-1983. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1983
Ciria, Alberto-Sanguinetti, Horacio: Universidad y estudiantes. Buenos Aires, Depalma, 1962
Ciria, Alberto: Partidos y poder en la Argentina moderna 1930-1946. Buenos Aires, Hispamérica, 1986
Clementi, Hebe: Juventud y política en la Argentina. Buenos Aires, Siglo veinte, 1982
Crítica, del 2 de agosto de 1937
Crítica, del 22 de julio de 1937
Gallo, Edit-Giacobone, Carlos: Radicalismo, un siglo al servicio de la patria. Buenos Aires, U.C.R. Biblioteca, Archivo histórico y Centro de Documentación Comité de la provincia de Buenos Aires, 1991
Giudici, E.: “La década del ’30 al ’40. Testimonios”, en Todo es historia, Nº 154, Buenos Aires, marzo de 1980
Inglese, Juan Osvaldo-Yegros Doria, Carlos L.: Universidad y estudiantes. Buenos Aires, Libera, 1965
Sanguinetti, Horacio: “Exitos y fracasos de la Reforma Universitaria”, en Todo es Historia, nº147, Buenos Aires, agosto de 1979
Snow, Peter: Fuerzas y poder en la Argentina. Buenos Aires, Emecé, 1983
Soares, Glaucio Ary Dillon: “Las minorías activas: estudio de su ideología y actividad” en Revista de Desarrollo Económico, nº26(julio-setiembre de 1967, volumen 7)
Solari, Aldo E.: Estudiantes y política en América Latina. Caracas, Monte Avila Editores, 1968
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