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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Cronicas indigenas: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2657 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Profesora: Amalia Iniesta
Alumnos: Dorio, Julieta
García Tiberti, Federico
Año y División: 5º 8ª
Comienzan los
preparativos de Motecuhzoma para encontrarse con Cortés. En Huitzillan se
lleva a cabo el encuentro, donde Cortés y Motecuhzoma sostienen un diálogo en
donde el último le da a entender al primero que es venerado por su dios,
demostrándole, su pueblos, afectuoso trato. Al entrar los conquistadores a
Tenochtitlán, apresan a Motecuhzoma, entrando, luego, en la Casa Real. Es ahí
cuando estos le reclaman al apresado el oro de la ciudad, el cual funden,
destruyendo artesanías originales.
El texto de Sahagún consiste en entrevistas
realizadas a los más ancianos de la población indígena. Haciéndolo de esta
manera intentaba recuperar la historia de la conquista mexicana desde el punto
de vista de los conquistados. Este relato fue extraído del Códice Florentino,
libro XII, capítulos XVI y XVII.
En el caso de Fernando de Alva Ixtlilxóchitl, sus obras fueron
escritas por él, siguiendo sus propias ideas sobre el tema, o de la tradición
oral de sus antepasados. Este texto fue extraído de la relación XIII: “De la
venida al mundo de los españoles y principios de la ley evangélica”.
Ambos textos narran los hechos ocurridos durante
la llegada de los españoles a México.
Pero Sahagún volcó en sus escritos la forma en la
que los españoles consiguieron conquistar a los aborígenes: aprovecharon la
cordialidad del pueblo y tomaron prisionero a su rey (aparte de apresar a
Itzcuaulitzin) e impartían órdenes de servidumbre para con los españoles,
argumentando que el origen de esas órdenes se encontraba en el rey Motecuhzoma,
quien, en realidad se hallaba cautivo. Después de implantar el terror sobre la
población autóctona, los conquistadores saquearon todo aquello que fuera de
valor, inclusive la corona del rey.
Ixtlilxóchitl no proporciona demasiados
detalles acerca de todo el contexto de
la conquista, pero también expresa en sus textos la condición de los vernáculos
con respecto a los españoles: eran esclavizados y obligados a entregar sus objetos
realizados a partir de metales preciosos a sus conquistadores.
En la
versión del español, los españoles juegan un papel de amos y señores del
territorio indígena, en donde sus verdaderos dueños eran sometidos a la
esclavitud. Para el otro autor, los españoles eran servidos por los nativos,
pero no da connotación alguna de crueldad.
Plano
axiológico: los españoles son buenos. Esto se suma a que
los indígenas creen que Cortés es Quetzalcoatl (debido a su apariencia física)
que viene a reinar:
“Señor
nuestro: te has fatigado, te has dado cansancio: ya a la tierra has llegado.
Has arribado a tu ciudad México”
Tras descubrir su verdadera
personalidad los creen seres crueles, ambiciosos, y sólo interesados en el oro:
“...prendieron llama a todo lo que restaba [...] por valioso
que fuera...”
“...como si fueran bestezuelas.”
“...dominados por la avidez.”
Plano
praxeológico:
los extranjeros no valoran la cultura azteca. A la hora de recoger las
riquezas, no les interesa el arte mexicano, ya que no dudan en fundir las
estatuillas con tal de quedarse con el oro que hay en ellas. Esto se demuestra
sólo en los hechos, ya que no hay testimonios españoles en estas crónicas.
Plano
epistémico:
Ambas culturas se muestran indiferentes a la cultura ajena.
La introducción sirve de precedente a los textos
presentados a continuación. Es una especie de resumen subjetivo.
El relato de los informantes de Sahagún cumplen un
papel principal en la estructura del texto. Ésta misma consta de seis partes.
Por último, se presenta el testimonio de Fernando
de Alva Ixtlilxóchitl.
La sintaxis de estos
textos se asemeja a la utilizada por los indígenas. Los circunstanciales se
repiten a lo largo del texto. El mismo está lleno de paralelismo:
“Allí llegan a su término, allí está la meta.”
El uso dado es diferente
al dado por nosotros:
“Cuando hubo
amanecido, luego se dio pregón de todo lo que se necesitaba para ellos...”
Hay un refuerzo de las ideas mediante
aliteraciones:
“...en tu
asiento, en tu sitial...”
“Lo van apretando, lo van llevando en cerco...”
Abundan las enumeraciones, a veces se resumen en una sola oración;
en otras ocasiones se da una serie de oraciones cuya única función es enumerar:
“Y cuando hubieron llegado a la casa del tesoro, llamada Teucalco,
luego se sacan afuera todos los artefactos tejidos de pluma, tales como,
travesaños de pluma de quetzal, escudos finos, discos de oro, los collares de
los ídolos, las lunetas de la nariz, hechas de oro, las grebas de oro, las
ajorcas de oro, las diademas de oro.”
Los diálogos se presentan como discursos
directos.
Son simples y dan una idea de las vestiduras de
ambas culturas.El primero, muestra el encuentro de Motecuhzoma con Cortés; el
segundo, el acto de fundición de los objetos de oro de los indios. Principalmente se
describen atuendos y joyas. Este tipo de descripciones son relativamente
cortas.
Biografía de fray Bernardino de Sahagún
Nacido en la villa de Sahagún (León) en el año 1499,
este eclesiástico español, padre de la
antropología en el Nuevo Mundo, tuvo desde joven noticia del florecimiento que
había alcanzado allí el monasterio benedictino de los santos Facundo y Metodio.
Enviado a estudiar a la Universidad de Salamanca, se adentró en lo mejor del
humanismo renacentista. Fue entonces cuando optó por ingresar en la orden
franciscana.
Ordenado sacerdote, se embarcó con rumbo a México en compañía de otros franciscanos en 1529. Apenas llegado, estableció contacto con indígenas de lengua náhuatl en la ciudad de México, Xochimilco, Tlalmanalco, valle de Puebla y de modo especial en Santiago Tlatelolco. Allí, desde 1533, comenzó a organizarse un colegio del que se derivaron significativas aportaciones culturales. En 1536 se abrió éste formalmente con el nombre de Colegio Imperial de Santa Cruz de Tlatelolco. Entre los maestros que se asignaron a dicho establecimiento estuvieron los
bien conocidos franciscanos Andrés de Olmos, Juan de
Gaona, el propio fray Bernardino de Sahagún y otros.
Propósito principal del Colegio fue educar en él a
jóvenes nahuas de las familias principales de la región central para que
influyeran más tarde en sus respectivas comunidades. Por una parte se
transmitían allí a los indígenas las disciplinas del trivium y el cuatrivium.
Por otra, con la presencia de maestros indígenas, los estudiantes y los frailes
se adentraban en materias como la farmacología tradicional, el arte de la
pintura de los antiguos códices y los textos portadores de la sabiduría moral
de Mesoamérica.
Hacia 1545 o 1546, al tiempo de la gran cocoliztli o
peste que azotó a la Nueva España,
Sahagún conversando con algunos ancianos en el Colegio, obtuvo de ellos
testimonios de gran interés. Preguntándoles verosímilmente qué hacían o a quién
invocaban en caso de pestes, los ancianos le dieron a conocer una oración de
gran dramatismo dirigida a Tezcatlipoca implorando misericordia. Así fue como
dio principio fray Bernardino a sus indagaciones sobre la cultura náhuatl.
Retirándose por algunos años del Colegio para
trabajar en la evangelización de algunos grupos indígenas, retornó al mismo
para proseguir su docencia y sus pesquisas. Hacia 1554 o 55, hizo que sus estudiantes
transcribieran la relación que algunos indios principales le dieron acerca de
los principales hechos de la conquista. Ese texto, de gran dramatismo, sería
incluido en su recopilación que se conoce como Códice florentino. De ella
proviene el núcleo principal de testimonios que integran la Visión de
los vencidos. Unos cuantos años después, en 1558, recibió de su
prelado mayor el mandamiento de reunir todo aquello que pudiera arrojar luz
sobre las que describió como "cosas naturales, humanas y divinas" de
los antiguos mexicanos. Para ello se trasladó al pueblo de Tepepulco acompañado
de varios de sus antiguos discípulos cuyos nombres conservó: Antonio Valeriano,
Alonso Bejarano, Martín Jacobita, Pedro de San Buenaventura, Diego de Grado,
Bonifacio Maximiliano y Mateo Ceverino. En Tepepulco se entrevistó con los
principales indígenas, los que le señalaron varias personas hábiles y
experimentadas con quien pudo platicar para que le diesen razón de lo que
quería saber. Sahagún llevaba consigo una minuta o cuestionario que abarcaba
los grandes campos sobre los que buscaba información. Como él mismo lo señala,
aquellos ancianos o principales que le fueron asignados, le informaron por
medio de pinturas, es decir valiéndose de sus libros o códices que iban comentando
delante de él. Sus estudiantes copiaron las pinturas y las declaraciones de
ellas. Así reunió Sahagún un primer caudal de testimonios que luego habría de
enriquecer.
El propósito del fraile era proceder, según lo dice,
al modo del médico que quiere curar a un enfermo. En este caso él y los otros
frailes serían los médicos que, para erradicarlas, debían tener noticia precisa
de las idolatrías, ritos, supersticiones, ceremonias y agüeros de los indios.
El que procediera Sahagún con tal propósito ha sido objeto modernamente de
diversas formas de crítica. Éstas son por una parte anacrónicas ya que se están
refiriendo a quien era un fraile del siglo XVI que había venido precisamente
para evangelizar a los naturales de la Nueva España. Por otro lado, puede
afirmarse que con el paso del tiempo Sahagún llegó a interesarse directamente y
por sí misma en la cultura indígena. Eso lo da a entender en varios lugares de
su obra, como en uno en que expresa que un discurso de los sabios indígenas
aprovechará más que los sermones que predican los frailes.
Después de dos años de pesquisas en Tepepulco, volvió
al Colegio de Santa Cruz en Tlatelolco. Allí repitió y amplió su investigación
con los sabios indígenas que encontró. Una tercera vez volvió a inquirir y
cotejar estando en el convento de San Francisco de México. Así, según él lo
escribió, los testimonios recogidos pasaron por triple cedazo. El fruto de tan
larga y bien planeada investigación fue un cúmulo muy grande de folios con
pinturas y textos en náhuatl acerca de los distintos aspectos de la cultura
material e intelectual de los nahuas: dioses, ritos, sacerdotes, fiestas,
calendario, augurios, testimonios de la Antigua Palabra, conocimientos
astronómicos, cosas humanas y de parentesco, costumbres de los señores,
oficios, educación y crianza, medicina, comercio, alimentación, botánica,
animales, metales y piedras preciosas, orígenes étnicos, himnos y cantares y
una versión netamente indígena de la historia de la conquista.
Bernardino de Sahagún, que dedicó mucho de su vida a
estos trabajos, experimentó no pocas contradicciones, algunas de ellas de parte
de sus hermanos franciscanos. Acusábanle algunos de incurrir en gastos muy
grandes, pagando escribanos y empleando considerables cantidades de papel y
tinta. Sahagún sometió entonces sus papeles al examen de varios religiosos para
que dieran un dictamen acerca de ellos en el capítulo provincial. En 1570 el
provincial fray Alonso de Escalona, recogió todos sus libros y estos se
esparcieron por toda la provincia. Fue así como otros, entre ellos el
protomédico de Felipe II, doctor Francisco Hernández, pudieron aprovecharse de
ellos. Recuperados dichos papeles gracias a la protección del visitador
franciscano fray Rodrigo de Sequera, obtuvo el apoyo necesario para hacer una
transcripción en limpio de cuanto había reunido. Fue así como se elaboró en el
Colegio de Tlatelolco el que se llama hoy Códice florentino, por conservarse en la
Biblioteca Medicea Laurenziana de Florencia.
El padre Sequera llevó consigo a España esos
manuscritos sin que Sahagún alcanzara a saber dónde habían ido a parar. Por ese
tiempo llegó también una real cédula de Felipe II, de fecha 22 de abril de
1577, en que ordenaba se le recogieran a Sahagún todos los papeles que aún
tuviera en su poder con objeto de que fueran remitidos al Consejo de Indias, ya que no debía consentirse que, "persona alguna
escriba cosas que toquen a supersticiones y maneras de vivir que estos indios
tenían".
Sahagún dispuso otros trabajos como el Libro de los
coloquios, en el que al modo de una recreación prototípica, se
reconstruyen los diálogos que debieron tener los primeros franciscanos con los
sabios indígenas sobrevivientes acerca de materias religiosas. La única obra
que alcanzó a ver publicada fray Bernardino fue su Salmodia Christiana que vio
la luz en México en 1583.
Anciano ya más que octogenario, Sahagún no escapó a
otros problemas, resultado de los conflictos internos entre algunos
franciscanos de la provincia del Santo Evangelio de México. Todavía en los
últimos años de su vida continuó revisando los papeles que a pesar de todo pudo
conservar. El 5 de febrero de 1590 falleció en Tlatelolco.
Por la metodología que diseñó y puso en práctica para
el conocimiento de una cultura, por los testimonios que allegó tomando siempre
en cuenta el modo de proceder indígena a base de las pinturas de sus libros y
las lecturas o comentarios de ellos, por haber procedido con un enfoque crítico
confrontando una y otra vez esos testimonios y, en suma, por haber propiciado
una doble presentación de ellos, la original en lengua náhuatl y otra en
español para comprensión de los europeos, fray Bernardino fue en verdad
iniciador de las investigaciones antropológicas en el Nuevo Mundo. Fray Bernardino de Sahagún puede
considerarse como el máximo investigador de todo lo que atañe a la cultura
nahua, dedicando toda su vida a la recopilación y posterior escritura de las
costumbres, modos, lugares, maneras, dioses, lenguaje, ciencia, arte,
alimentación, organización social, etc. de los llamados mexicas.
Quizá el valor más importante de
su obra es que las fuentes de su información fueron directas, es decir, de la
propia boca de los indígenas que, tanto a él como a sus alumnos, relataron y
confirmaron todo lo referente a su cultura. El método de Fray Bernardino fue
totalmente científico, además de haber escrito su obra en tres lenguas: latín,
castellano y nahuatl.
Sin las investigaciones de
Sahagún habríamos perdido gran parte de nuestra herencia cultural.
De entre todos los cronistas tetzcocanos
sobresale este historiador y traductor mexicano, descendiente
directo del soberano Ixtlilxóchitl II de Texcoco (población situada al este de
la actual Ciudad de México) nació en 1578, en San Juan Teotihuacán, cerca de
Tetzcoco. Estudiante del colegio de Santa Cruz de Tlatelolco; fue
intérprete de nahuatl en el Tribunal de la Inquisición y llegó a ser gobernador
de Tlalmanalco. Gracias a su atracción hacia las antigüedades de Texcoco, reunió noticias y manuscritos,
consultó con ancianos y leyó obras de historiografía española y de los tiempos
grecorromanos y bíblicos. Con fray Juan de
Torquemada estudió códices, como el Tlotzin, Quinatzin y Xólotl. Fue también poeta. El
virrey español de México le encargó escribir las historias de los pueblos
indígenas de México, para lo cual reunió gran cantidad de códices, manuscritos
y otras noticias, que ordenó y preparó para su publicación. Algunos de sus
manuscritos se guardan todavía inéditos. Fue investigador incansable de las fuentes
de la tradición en nahuatl. A pesar de que se le ha atribuído ser propenso a
fantasías, sus documentos, serán siempre de consulta necesaria. Alva
Ixtlilxóchitl murió en la Ciudad de México en el año 1650.
ÍNDICE
Análisis
de las Crónicas Indígenas- Texto VIII.........................................2
Comparación entre el texto de Sahagún y el de Alva Ixtlilxóchitl........2
La
otredad............................................................................................................2
Estructura del
Texto.........................................................................................3
Biografía de fray
Bernardino de Sahagún....................................................4
Biografía de Fernando de
Alva Ixtlilxóchitl................................................7
| ||||
| X | ||||