EL SOL:
NUESTRA ESTRELLA


El Sol emite luz visible, una forma de radiación electromagnética que nuestros
ojos pueden percibir, pero también rayos infrarrojos y ultravioletas, que
resultan invisibles pero cuyos efectos podemos sentir en la piel. Esta variedad
de radiaciones y, sobre todo, su intensidad nos hacen comprender que el Sol es
una estrella, es decir, un cuerpo celeste dotado de una potente fuente interna
de energía, y no un planeta como la tierra, que se limita a reflejar la luz
recibida.
Ocupa una posición periferica de nuestra galaxia, a unos 27000 años luz del
centro, en torno al cual gira a una velocidad de alrededor de 225 km/s. Así
pues, cumple una revolución completa en 200 o 250 millones de años (igual a 1
año cósmico).
A diferencia de la mayor parte de las estrellas de la Vía láctea, que
frecuentemente pertenecen a sistemas binarios o múltiples, el nuestro es un
astro solitario.
Su radio es aproximadamente de 690000 km, más de cien veces superior al radio
terrestre, pero de todas formas es una estrella bastante pequeña en comparación
con supergigantes como Betelgeuse, en Orión, que tiene un radio 1100 veces
mayor. Pero existen estrellas de dimensiones todavia mas reducidas. Por su
elevada temperatura interior (15 millones de grados), se puede afirmar que el
Sol está constituido de gases ionizados.
las interrogantes aún existentes sobre nuestro astro
son muchas. La primera entre todas es la relativa a su vida: ¿por cuanto tiempo
continuará el Sol proporcionando a la Tierra la energía vital? El proceso vital
del Sol es el mismo que proporciona la energía para una bomba H y el propio Sol
es comparable a la explosión controlada de millones y millones de bombas de
hidrógeno que estallan ininterrumpidamente. Sólo puede decirse una cosa: cuando
este ciclo se interrumpa y el Sol se apague, habrán transcurrido ciertamente
miles de millones de años. Y probablemente, antes de entonces, la humanidad se
habrá establecido en otra galaxia. La misión solar El satélite "Solar
Maximum Mission", lanzado en órbita terrestre por la NASA en febrero de
1980 para estudiar las manchas solares y sus efectos en nuestro planeta. El
satélite, capaz de fotoqrafiar con procedimientos especiales la actividad solar
y en particular las erupciones, ha permitido a los científicos profundizar en
los conocimientos sobre los procesos de la energía solar. Instrumentos
extremadamente precisos permiten además medir la intensidad de las radiaciones
solares y su influencia sobre el clima terrestre. El satélite ha sido lanzado,
como ya se ha dicho, a principios de 1980 para aprovechar el periodo de máxima
actividad solar (1979-1981), que tiene un ciclo que se repite cada once años.
La "Solar Polar Mission" (Misión Solar Polar). Este programa, que
tiene como objetivo la exploración del espacio tridimensional alrededor del
Sol, prevé el empleo de sondas espaciales que viajarán fuera del plano de la
eclíptica (el plano ecuatorial del Sol sobre el cual se han alineado las
órbitas de los planetas) y sobre los polos del Sol. La "Solar Polar
Mission" podrá proporcionar importantísimas informaciones sobre los
fenómenos solares (viento solar, rayos cósmicos, campos magnéticos) que tanto
influyen sobre nuestro planeta La NASA y la ESA construirán, respectivamente, cada
una de las dos sondas que serán lanzadas en tandem desde el "Space
Shuttle". Aprovechando el impulso gravitacional de Júpiter para obtener la
energia necesaria para salir del plano de la ecliptica, cada sonda lleqará a
las cercanias del Sol después de un viaje de tres años y, en el periodo de tres
meses, sobrevolará los polos. Para la NASA, la misión está dirigida desde el
Jet Propulsion Laboratory.