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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El golpe de estado de 1966: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 9656 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
Aspectos
civiles y militares (Javier Luna)
Como habíamos planteado en la
primera parte de nuestro trabajo, es nuestro objetivo confirmar o rechazar una
hipótesis desarrollada por nosotros. La hipótesis en cuestión se refería al
grado de apoyo que tuvo el golpe de estado de 1966 por parte de la población.
Suponemos que el golpe de estado de 1966, al igual que todos los otros, tuvo
mayor aceptación entre las clases media y alta. Esto lo afirmamos debido a que
estas clases son las que estaban en mejor situación económica, con lo cual
tenían ciertos privilegios que las clases inferiores no tenían y es lógico que
los quisieran conservar. Sin embargo, la clase obrera, que en su mayoría era
partidaria del partido peronista, vio en el posible golpe de estado la oportunidad
para que Perón regresase y retomase nuevamente el poder en el partido político
y en el gobierno. A causa de esto también propondremos como hipótesis que este
golpe de estado tuvo también un gran apoyo en la clase obrera.
En cuanto a los aspectos militares
haremos mención del grado de aceptación y acatamiento que hubo entre las
propias tropas cuando se realizó el golpe y veremos cuáles fueron los objetivos
y consecuencias a lo largo del gobierno de facto.
El golpe de junio
de 1966 tenía relación con cambios que se produjeron dentro de las fuerzas
armadas. Estos cambios, incluían logros profesionales y una nueva ideología de
“desarrollo socioeconómico y seguridad nacional”. El resultado de esto fue un
alto grado de autoafirmación institucional y un desagrado de los oficiales por
las instituciones liberales. Este golpe llenó el deseo de cambio que se había
estado propagando por medio de la prensa, la televisión y la radio. Al gobierno
de Illia se lo percibía como incapaz de contener el caos socioeconómico o de
impedir los avances del peronismo y de la subversión comunista. De esta manera
el golpe fue apoyado por los ciudadanos de buena posición y produjo que los
militares argentinos fueran bautizados por el Buenos Aires Herald como
“los revolucionarios mejor educados de América Latina” (Rouquié, Alain; Poder
militar y sociedad política en la Argentina, capítulo 7).
Así, las fuerzas
armadas designaron al retirado general Juan Carlos Onganía como presidente. Los
objetivos del nuevo gobierno eran restaurar la autoridad del gobierno, el orden
social y estabilizar y reactivar la economía.
En primer lugar
hablaremos de los planes económicos que se intentaron desarrollar durante los
años de facto. Los principales objetivos de la Revolución Argentina eran estabilizar,
reactivar y expandir la economía. Para alcanzar estos objetivos los economistas
de Onganía pretendían llevar a cabo unas medidas que ayudarían a alcanzar lo
que deseaban. Estas medidas eran: desestatalizar la economía en favor de la
empresa libre y la economía de mercado; eficiencia de mercado; eficiencia de la
burocracia del gobierno y de las empresas del sector público; austeridad
fiscal; reducción de la expansión monetaria y eliminación del déficit de las
empresas públicas.
El gobierno había
anunciado su preferencia por una economía de mercado libre, a pesar de lo cual,
impuso un congelamiento de precios y salarios. Al mismo tiempo anunció un
aumento de los servicios (luego de haber aumentado los salarios). Estas
políticas tenían como objetivo reducir las presiones inflacionarias y aumentar
la confianza en las políticas económicas del gobierno y la economía.
Estas medidas
fueron aceptadas por la CGT (la cual dejó de lado su Plan de acción) y por la
comunidad empresaria. La cooperación demostraba en gran medida la confianza que
le otorgaban los sectores sociales relevantes. Este apoyo demostrado hacia las
políticas adoptadas permitió alcanzar la estabilización y resultaron exitosas
en todo 1968, 1969 e incluso 1970. Sin embargo a fines de 1968 se produjo el
primer enfrentamiento, ya que se demandaban mejoras salariales y se organizaron
manifestaciones y huelgas junto con estudiantes y activistas de izquierda.
Luego de ciertas tratativas el problema fue resuelto por cierto tiempo.
Sin embargo, en
mayo de 1969 se produjo el “Cordobazo”, el cual marcó el fin del plan de
estabilización y la renovación de la inflación de precios y salarios. La
consiguiente inestabilidad política y los cambios en las políticas económicas
(se produjeron seis cambios de equipos económicos en tres años), fueron la
causa y el efecto de la inestabilidad económica. Con esto podemos concluir que
el plan de estabilización duró mientras Onganía tuvo el poder suficiente para
contener las demandas de los trabajadores y asegurar la cooperación
empresarial. Las políticas de los dos gobiernos militares que siguieron fueron
de corta duración e inefectivas.
Al final del
trabajo hemos añadido dos tablas las cuales muestran el cambio en el costo de
la vida y la variación anual en los salarios reales. Con ellas pretendemos
mostrar que las políticas adoptadas no tuvieron un verdadero éxito.
Ahora pasaremos a hablar de los aspectos
civiles del golpe de estado de 1966. Cuando Onganía asumió los únicos sectores
que se comportaron de forma hostil fueron la Universidad de Buenos Aires (ya
que era sabido que el gobierno amenazaba sus privilegios al pensar que era un
centro de “infiltración comunista”) y los partidos de izquierda. El resto de la
población mostraba una gran aprobación al golpe, con la esperanza de una
reactivación económica. Esta situación se extendió hasta 1968, año en el cual
comenzaron enfrentamientos entre los sectores obreros y Onganía. Luego se
produjo un desencadenante de los problemas internos: “el Cordobazo”. Esto
aconteció como consecuencia de la intolerancia y la mala previsión de las
autoridades políticas y universitarias. Debido a la represión, profesores y
estudiantes comenzaron a interesarse críticamente en la realidad
socioeconómica, cultural y política de la nación. Estos hechos se vieron
influenciados por los acontecimientos de Francia en 1968. Fue así que la
comunidad estudiantil se convirtió en una fuerte voz de oposición. Surgieron
así organizaciones estudiantiles entre las que se destacó el Frente Estudiantil
Nacional (FEN) y el Frente de Agrupaciones Universitarias de Izquierda (FAUDI).
También aparecieron nuevas tendencias dentro de la Iglesia, la cual había
apoyado desde un comienzo al gobierno actual. Estos nuevos sacerdotes se oponían
a las políticas del gobierno militar.
Sin embargo, la oposición más fuerte surgió
por medio de las guerrillas. A pesar de que el objetivo del gobierno era traer
orden al país, no lo consiguió, como se puede comprobar con la cantidad de
grupos guerrilleros, entre los que podemos destacar al Ejército Revolucionario
Popular (ERP), las Fuerzas Armadas de Liberación (FAL), las Fuerzas Armadas
Peronistas (FAP), los Montoneros y otros. Las tendencias de estos grupos eran
claramente de izquierda. Los jóvenes que se unían a estos grupos, lo hacían ya
que no podían encontrar otro medio para expresar sus demandas. La aparición en
gran escala de estas fuerzas guerrilleras coincidió con el declive del gobierno
de Onganía.
Por último hablaremos del grado de
acatamiento que hubo dentro del ejército. Como se pudo ver, al darse el golpe
de estado, la mayor parte de los militares estaba de acuerdo con el mismo. Sin
embargo, cuando el gobierno de Onganía se encontraba en crisis se podían ver
diferentes vertientes causadas por los diferentes pensamientos surgidos a lo
largo de los cuatro años de gobierno militar. Estas ideas sostenían que los
militares podían tener un gobierno propio sin gobernar realmente. Este
pensamiento se debía a que Onganía afirmaba que una participación política de
las fuerzas armadas significaría politización, fragmentación y
desprofesionalización. Pero el general Alejandro Agustín Lanusse, junto con
otros comandantes, se dio cuenta de que la insatisfacción dentro de las fuerzas
armadas había llegado al punto de la insurrección con lo cual decidió, acabar
con el gobierno del momento e intentar volver a un gobierno democrático
constitucional. Para empezar, derrocó a Onganía, aunque esta vez no se
retiraron a los cuarteles sino que decidieron expandir su rol político. Fue así
que el general Roberto Marcelo Levingston fue designado con el fin de llevar a
cabo estos objetivos, para evitar más enfrentamientos y conseguir que las
fuerzas armadas continuasen bajo órdenes. Sin embargo, Levingston no cumplió
con las metas dispuestas, lo que produjo secuestros, asesinatos de oficiales
militares y el asesinato de líderes sindicales “colaboracionistas”. Estos
hechos ahondaron más en la división del ejército, ya que algunos miembros de
éste apoyaban los intentos de Levingston y, en cambio, los comandantes en jefe
estaban irritados por la demora del presidente en presentar un plan político
para llamar a elecciones. Fue así que los mismos comandantes que lo habían
puesto en el cargo se mostraron en disidencia y lo destituyeron. De esta
manera, asumió Lanusse, quien había sido el promotor, desde el “Cordobazo”, del
llamado a elecciones. Sus medidas incluían al llamado Gran Acuerdo Nacional
(GAN), el cual crearía un clima de tolerancia en el proceso de restaurar el
orden constitucional. Sin embargo los partidos políticos se opusieron a ciertas
medidas, en especial Perón. Mas, la fuerza opositora más importante seguía
siendo la guerrilla, la cual, en especial el ERP y Montoneros, a pesar de las
concesiones de Lanusse desconfiaba del compromiso que éste había asumido con el
pueblo. En cuanto a los militares, Lanusse logró mantener el control del
ejército excepto en dos ocasiones en las cuales pequeños núcleos se alzaron
contra su poder pero fueron rápidamente sofocadas. Esto demostró que los
militares tuvieron disidencias con
respecto a ciertos asuntos relacionados con la política.
En primer lugar, tomamos el libro de Botana,
Braun y Floria, El régimen militar.
Elegimos este libro ya
que su contenido nos fue de gran utilidad para desarrollar los temas abordados.
A lo largo del texto recopila los editoriales políticos de la revista Criterio,
pertenecientes al período que abarcó los años 1966 a 1973. A través de estos editoriales
pudimos comprender en gran medida tanto el proceso político, el tránsito de un
régimen autoritario a un gobierno popular, el comportamiento de los grupos de
presión y del poder cultural, así como
la inserción de nuestro país en Latinoamérica.
Este texto fue
realizado en los primeros meses de 1973 con lo cual se ve afectado por la
cercanía de los acontecimientos del régimen militar. Sin embargo esto nos
asegura que los hechos no han sido olvidados ni se ha perdido una gran cantidad
de información.
Como segunda elección
tomamos a Darío Cantón, en su libro La política de los militares argentinos: 1900 - 1971.
En este texto, Cantón
aborda la temática de la política militar pero sólo alcanza hasta el año 1971,
con lo cual no completa el período del gobierno de facto. Sin embargo al tomar
los cinco primeros años contribuyó a brindarnos la información necesaria para
verificar o refutar nuestra hipótesis.
A lo largo del texto
se desarrolla la temática de la “Revolución Argentina” y el Proyecto Nacional.
Trata sobre el desarrollo económico que se produjo durante la época del
gobierno militar mas al no terminar de analizar el período los datos brindados
son incompletos y no podemos obtener un balance total de la gestión.
El libro se escribió en 1971, con lo cual la cercanía de los
acontecimientos debe haber influido en gran medida en la obra y la no –
conclusión del período militar no permitió, de la misma manera, el análisis
total de este gobierno.
Luego usamos el libro de Rubén Perina, Onganía,
Levingston y Lanusse; Los militares
en la política argentina.
En este libro, Perina
analiza el desempeño de los militares en los cargos políticos, centrándose en
el gobierno de facto de 1966 a 1973.
El autor escribió la
obra en 1983, con lo cual tiene una visión más amplia de los hechos
distinguiéndose de los otros autores citados en este aspecto. El haber dejado
pasar el tiempo para escribir este libro le permitió obtener una visión más
clara de los acontecimientos de la época. Analiza a lo largo del relato el
desempeño de cada militar en el poder y hace revisión de cada uno de los
objetivos individuales de ellos. Luego realiza una síntesis y conclusión de
cada uno de los presidentes de facto del período con lo cual nos ayudó a tener
una visión más específica de cada gobernante.
Por último utilizamos
el libro de Alain Rouquié, Poder militar y sociedad política en la Argentina.
En esta obra el autor
analiza como el ejército se inserta en la sociedad política y termina
influyendo en esta pese a no tener intenciones de hacerlo en apariencia.
Al igual que el libro
antes citado, este se realizó varios años después del golpe para ser
específicos en 1986, con lo cual también permitió que la cercanía de los
acontecimientos no lo afectara en gran medida. Como ya dijimos esta obra nos sirvió
también para ver la inserción del ejército en la vida civil y entender qué
grado de apoyo tenía por parte de la sociedad civil.
Una de las fuentes que
utilizaremos fue un reportaje aparecido en la revista Gente de noviembre de 1984
llamado “El retiro de Onganía fue el prólogo del golpe”, en el cual se entrevista
al general Manuel Laprida. En este artículo el entrevistado remarca como el
retiro del general Onganía pudo precipitar los hechos que ocurrieron el 28 de
junio de 1966. Así mostramos que los
militares tenían una gran influencia en la sociedad argentina, a pesar de que
estos tenían la intención de mantenerse aislados de la misma y no intervenir en
los asuntos de ésta. También intentamos
demostrar que ante una decisión política contraria a sus designios tomaban una
actitud hostil contra el gobierno que podía terminar en un golpe de estado.
Esta entrevista fue realizada en 1984, sin
embargo no nos asegura la veracidad de los hechos ya que los militares se
encontraban bajo mucha presión, luego de la vuelta de la democracia en 1983.
Como segunda
fuente utilizamos el “Discurso de Pistarini”, el cual fue enunciado el 29 de
mayo de 1966 en la Plaza San Martín. En él, Pistarini hace mención al rol que
supuestamente ocupa el ejército en la sociedad. Expresa que el ejército es
parte inseparable de la sociedad y que está investido legalmente con la
responsabilidad de asegurar la libertad y la paz interior. De esta manera justificaba
de antemano el golpe que se realizaría un mes después, argumentando que la
República Argentina se encontraba en un caos total y necesitaba de “mano firme”
para traerle orden al país.
Esta fuente nos es de
gran utilidad ya que nos mostró el discurso militar argentino de la época, de
manera que nos fue útil para determinar si los pensamientos teóricos expresados
por los militares coincidían con su mentalidad.
Otras fuentes que
tomaremos fueron artículos de la revista Gente. Entre ellos podemos nombrar “El
Cordobazo según Lanusse” en el cual se citan párrafos del libro Mi
Testimonio, escrito por el general Lanusse. En el pudimos ver la
visión que tenía Lanusse de los hechos ocurridos en Córdoba. El opinaba que el
levantamiento era realizado por subversivos que de alguna manera habían logrado
convencer a la población para que manifestara con ellos. Luego expresa que los
subversivos eran pocos ya que al haber aparecido las tropas, los pobladores se
retiraron. Esto nos muestra la opinión de un militar con respecto a un
importante acontecimiento.
Conclusión
A lo largo del trabajo
hemos podido, en parte, comprobar nuestra hipótesis y por otra parte,
refutarla.
Habíamos planteado que
el grado de apoyo había sido alto tanto en las clases altas y medias como en
las clases obreras. Esto ha sido comprobado, ya que como hemos visto, los
únicos opositores del golpe al principio fueron los estudiantes de la
Universidad de Buenos Aires y los partidos de izquierda.
Durante parte del gobierno de Onganía, las
masas apoyaron su gestión, pero cuando las medidas que tomó los afectaron
negativamente, se volvieron contra el gobierno provocando el cambio de
éste.
En cuanto al grado de
aceptación y acatamiento que hubo dentro de las filas podemos confirmar que
cuando se produjo el golpe el apoyo era casi total mas a lo largo del gobierno
la aceptación fue cambiando. Podemos notarlo más que nada durante el período en
el cual Levingston y Lanusse gobernaron. Cuando el primero estaba en el poder,
tomó ciertas medidas que le granjearon la simpatía de ciertos sectores,
especialmente los que no tenían intenciones de retirarse del poder, y la
enemistad de otros, los comandantes en jefe, los cuales querían volver
definitivamente a un gobierno democrático. Cuando Lanusse dirigió el gobierno
tuvo una gran influencia sobre los militares y logró mantener a todas las
tropas bajo sus órdenes. Sin embargo, tuvo dos levantamientos que pudo sofocar
sin dificultades.
Es así que al mismo
tiempo hemos confirmado ciertas hipótesis y hemos rechazado otras.
Partidos
políticos: peronismo (Fernando Scolnik)
En esta parte final de nuestro
trabajo nos proponemos responder a los objetivos planteados al comenzar el
mismo, narrando la historia del peronismo en los años correspondientes al golpe
militar que estamos estudiando.
Para analizar al
peronismo en el período 1966-1973 nos es necesario remitirnos a estudiar, al
menos en algunos aspectos, los años inmediatamente anteriores al golpe de
estado de 1966. Podemos constatar, a través de los resultados electorales de la
elección presidencial de 1963, que el peronismo, a pesar de estar proscripto,
era un movimiento que estaba fuertemente arraigado en la ciudadanía. En dicha elección, que sin embargo fue la
peor del movimiento entre 1957 y 1963, el peronismo obtuvo algo menos del 24
por ciento de los votos (en blanco), mientras que la victoriosa UCRP obtuvo el
25 por ciento de los mismos. Si consideramos que una parte de los votos
peronistas apoyaron a Illia, cabe afirmar que el peronismo era la principal
fuerza política del país. Otro aspecto importante de los años previos al golpe
es el intento de retorno que Perón llevó a cabo en 1964. Este intento fracasó,
por causas cuya explicación exceden el objetivo de nuestro trabajo, pero sirve
para indicar que el general tenía la clara intención de regresar al país, lo
cual es importante tener en cuenta para el análisis de los años posteriores.
La dirección sindical
identificó como enemigos al marxismo y al socialismo, lo cual la acercaba a las
Fuerzas Armadas, y de esta afinidad surgió una “alianza”. Entonces se abandonó
la idea de intentar el retorno de Perón y Augusto Timoteo Vandor se propuso
disputarle al general el liderazgo del movimiento peronista. Un aspecto que
favorecía a Vandor en esta confrontación era la prohibición de los partidos
políticos, con lo cual el sindicalismo quedaba como el único lugar disponible
para el peronismo. Se produjo un enfrentamiento electoral entre ambos, apoyando
cada uno de los contendientes a un candidato a gobernador por la provincia de
Mendoza; y en esta disputa electoral Perón venció con claridad a Vandor,
mostrando que su liderazgo seguía vigente. Luego, la alianza antes mencionada
apoyó el golpe militar que llevó a la presidencia a Juan Carlos Onganía. De
esta manera, se llegó a un cogobierno: el presidente poseía apoyo militar y
Vandor respaldo obrero.
Si bien Vandor fue el
que logró disputarle más seriamente el liderazgo a Perón, también surgieron a
partir de la proscripción del peronismo numerosos partidos neoperonistas, los
cuales se dividían en dos partes: los que permanecieron siempre independientes
de Perón y del verticalismo (el llamado neoperonismo duro) y los que fracasaron en el intento de lograr
una importante trascendencia (neoperonismo blando). Del primer grupo mencionado
los más importantes fueron el Movimiento Popular Neuquino, el Movimiento
Federal Democrático, el Movimiento Popular Salteño y el Movimiento Popular
Mendocino. Del segundo grupo destacamos al Tres Banderas de Jujuy y Entre Ríos
y la Línea Flores-Luján.
Dado que el
neoperonismo se desarrolló en lugares sin numerosa población obrera y que,
además, nunca surgió un caudillo a nivel nacional, nunca hubo una organización
que pudiera asemejarse al partido político antes dirigido por Perón.
La dirección del sector obrero se dividió en tres corrientes
luego del fracaso de un plan de lucha de febrero de 1967: quienes no querían ni
creían que la resistencia fuera posible; los herederos de la resistencia peronista,
que pretendían enfrentar al gobierno a cualquier costo; y los que rodeaban a
Vandor, quienes pretendían luchar para luego negociar. Vemos de esta manera que
el movimiento obrero, base del movimiento peronista, se encontraba dividido.
Seguramente Perón lo notó y por eso, temiendo la disolución del movimiento,
convocó a la unidad al escribir La hora de los pueblos, en 1968. En este
libro sostiene que el movimiento peronista no debe ser pasivo, que debe estar
siempre del lado de los obreros, y que, para lograr una unidad de acción no
debe estar dividido. Con seguridad comprendió el general que su regreso sería
imposible si su movimiento estaba disuelto.
Dividida la dirección sindical,
el movimiento obrero entró en crisis y la cantidad de días de paro por año
decreció notablemente en los primeros años del gobierno de Onganía. Se logró así llegar a un clima de paz
social, más por la represión que por el consenso. La relación entre el gobierno
y los sindicatos, excepto los participacionistas, se fue desgastando y la clase obrera volvió a movilizarse,
enfrentándose en Córdoba con la policía el 13 y el 14 de mayo de 1969 y el 29
del mismo mes en el “Cordobazo”. Este movimiento, ya explicado, demostró que el
peronismo era una gran fuerza política vigente, ya que luego del mismo se logró
la unidad del movimiento obrero, que, como vimos, era uno de los objetivos de
Perón. Unido el movimiento y muerto Vandor (asesinado por un comando no
identificado al mes siguiente del “Cordobazo”), Perón estaba en una buena
situación de liderazgo que, sumada a la debilidad del gobierno militar luego
del “Cordobazo”, le permitían pensar en volver a intentar el regreso. Los
disturbios de mayo de 1969 y el accionar de un nuevo grupo guerrillero, los
Montoneros (quienes secuestraron y asesinaron al general Aramburu), llevaron a
que las Fuerzas Armadas reemplazaran en junio de 1970 a Onganía por Roberto M.
Levingston. En su discurso inaugural, el nuevo presidente dejó en claro la
intención de terminar la etapa con una convocatoria a elecciones. Se iniciaba así
un proceso que terminaría con los gobiernos militares, dando paso a un gobierno
democrático.
Evidentemente, la
dirigencia sindical también percibió la debilidad del gobierno militar: los
paros nacionales se hicieron más frecuentes y se solicitó el regreso a la
democracia. Hacia fines de 1970, se construye “La hora del pueblo”, documento en el cual se
acordaba, con representantes del peronismo, el radicalismo, el socialismo
argentino, la democracia progresista, el bloquismo sanjuanino y el conservador
popular, entre otras cosas, finalizar
con las proscripciones electorales.
En marzo de 1971
Levingston fue depuesto por las Fuerzas Armadas luego de desacuerdos con sus
pares y una ola de disturbios sociales. Su lugar lo ocupó el general Alejandro
Agustín Lanusse, con cuya presidencia se continuó la transición a la
democracia.
Hay otro factor que es
importante tener en cuenta: la guerrilla. Ésta contribuyó a que los militares
se inclinaran levemente hacia el peronismo para evitar algo que, según ellos,
podía ser aún peor: el socialismo. Pero, ¿no era Perón socialista? Según
sostiene Mariano Ben Plotkin en Perón, del exilio al poder, Perón
representaba a un socialismo nacional y cristiano, que se oponía al socialismo
internacional y marxista (comunismo). Debemos suponer entonces que lo que los
militares temían más era este segundo tipo de socialismo. Los dirigentes
permitieron, por estas razones, el reingreso del proletariado a la política
argentina. Lanusse comprendió que para evitar la guerra civil era necesario
aceptar al peronismo.
El sindicalismo ya no se encontraba
centralizado (por el surgimiento de líderes obreros en el interior), el
gobierno militar no tenía el apoyo que tuvo al surgir en 1966 y los comandos
guerrilleros, si bien causaban gran impacto social con sus acciones, no eran
una fuerza social que pudiera llegar a imponerse y llegar a gobernar por sí
sola. Perón aparecía entonces como la única persona capaz de lograr la paz
social.
Así, el general se encontró fortalecido. Lanusse
intentó negociar con éste una candidatura presidencial de transición y un lugar
institucional para las Fuerzas Armadas en el futuro régimen, entre otras cosas,
pero el general no aceptó. Las Fuerzas Armadas, a juicio de Perón, ya no se
encontraban en condiciones de negociar ya que la juventud, la guerrilla y el
sindicalismo no tradicional llevaban adelante una oposición frontal contra
éstas, lo cual debilitaba su gobierno. Finalmente, los participacionistas se
unieron al peronismo, quedando Lanusse aislado.
En estas circunstancias
regresó al país el líder del movimiento peronista en noviembre de 1972. Estuvo
poco tiempo, en el cual logró un acuerdo democrático con Ricardo Balbín y
organizó el Frente Justicialista de Liberación, imponiendo él mismo la fórmula
presidencial (encabezada por Cámpora).
Perón no fue candidato
debido a que fue proscripto por violar la cláusula que establecía que el
candidato a presentarse debía estar en el país el 25 de agosto. Sin embargo,
ésta no parece ser la verdadera razón de su proscripción ya que Cámpora pudo
presentarse, estando él en la misma situación que el líder del movimiento
peronista. Entonces debemos buscar otra explicación: Perón fue proscripto
porque Lanusse ya había afirmado que quería una presidencia de transición, y aunque
éste estaba débil no había sido totalmente vencido y logró prohibir la
candidatura del general.
En estas condiciones
se dieron las elecciones del 11 de marzo de 1973 en las cuales triunfó Cámpora
con algo menos del 50% de los votos. Y el 25 de mayo de ese año asumió el
presidente electo, poniendo fin a un largo período de gobiernos militares y
comenzando un nuevo gobierno peronista, que sería el principio del camino
democrático a recorrer hasta el regreso de Juan Domingo Perón a la presidencia
de la nación.
Analizaremos ahora los
materiales seleccionados con los cuales trabajamos en el transcurso de nuestra
investigación sobre el peronismo en el período 1966-1973.
Uno de los libros que
utilizamos es Los cuatro peronismos, de Alejandro Horowicz. Esta obra es
un estudio muy completo de la historia del peronismo, de manera tal que nos
resultó muy útil. Centramos nuestra atención en la parte correspondiente al
segundo y tercer peronismos (ya describimos en la segunda parte de nuestro
trabajo las divisiones que hizo Horowicz para el estudio del peronismo). Los cuatro
peronismos, al ser un análisis completo en el sentido de que analiza
la relación entre el peronismo y otros partidos políticos, entre este partido y
las fuerzas militares y los asuntos internos del partido, nos sirve para
responder a los objetivos que nos habíamos propuesto al comenzar nuestra
investigación. Como ya explicamos anteriormente la obra mezcla diferentes
perspectivas históricas, dado que fue escrita y luego corregida por última vez en
1991. Esto contribuye al buen desarrollo de la explicación de la historia ya
que contiene impresiones del autor rescatadas por él mismo sin que exista una
importante diferencia temporal entre el proceso analizado y el análisis hecho
sobre el mismo, pero además contiene un análisis hecho con una mejor
perspectiva histórica, hecho cuando los protagonistas de los hechos ya no eran
personajes salientes de nuestra política, lo cual contribuye a que los hechos
hayan sido analizados con mayor objetividad. De esta manera, vemos que el
libro, si bien es de gran valor, debe ser considerado como una obra subjetiva,
ya que analiza un período de la historia en el cual el autor era joven, un
período vivido por el autor. Esta subjetividad se ve reflejada en el texto (por
ejemplo, se realizan muy pocas críticas a Perón).
Otro libro utilizado
en nuestra investigación es Perón del exilio al poder. Este libro, que
es una compilación de ensayos de diferentes autores hecha por Samuel Amaral y
Mariano Ben Plotkin, es más objetivo que Los cuatro peronismos. Esto puede deberse
a dos razones: una de ellas es que el trabajo fue realizado a principios de
esta década, con lo cual los autores no están tan afectados emocionalmente por
el paso reciente de los hechos; la otra razón es que algunos de los autores son
extranjeros, con lo cual tienen una menor relación afectiva que los
historiadores argentinos. Sostenemos que esta obra es objetiva, dentro de lo
posible, debido a que se realizan críticas de manera pareja a todos los
protagonistas de la época analizada y no se percibe una inclinación de los
autores a favor de alguna persona o fuerza política. Para finalizar el análisis
de esta obra, debemos decir que se realizan en ella análisis muy buenos con
observaciones sutiles e hipótesis interesantes.
La Argentina de Perón a Lanusse
1943-1973, de Félix Luna, es un libro que fue escrito durante el
gobierno de Lanusse. La obra en sí es un análisis por momentos superficial
(dada la brevedad de la misma), pero nos es útil porque nos sirve como testimonio
de la época y como contraposición al libro de Horowicz (ya que Félix Luna es de
tendencia radical). Particularmente, centramos nuestra atención en la
explicación que hace Luna del neoperonismo y de las búsquedas de una salida
electoral.
La hora de los pueblos, un
libro escrito por Juan Domingo Perón en 1968, es una fuente que utilizamos para
analizar los mensajes que el general enviaba desde su exilio en Madrid. Es un
texto argumentativo, de propaganda política, en el cual critica el autor al gobierno
militar y explica lo que, a su juicio, se debería hacer. Para comprender las
intenciones de Perón al escribirlo es importante notar que el texto estaba
dirigido al pueblo argentino. En la obra convoca a la unidad del movimiento
peronista, lo cual es indispensable para el desarrollo de las políticas
adoptadas por Perón en su intento de retornar al país. Finalmente, esta obra
nos muestra cómo era la comunicación entre el líder exiliado y su movimiento,
cómo hacía Perón para mantener su liderazgo desde Madrid.
Otra fuente que
utilizamos y que también es útil para conocer las intenciones de Perón es un
artículo publicado en el número 43 de la revista Perón el hombre del destino,
dirigida por Enrique Pavón Pereyra, llamado “1970: la propuesta justicialista”.
En él se cita una declaración del Comando Superior Peronista, dada a conocer
por Perón después del golpe militar de junio de 1970. Analizando el mensaje que
da se percibe que muy probablemente Perón ya intuía el fin del gobierno militar
y estaba preparando el terreno para volver (hay que considerar que fue escrito
durante el exilio del general). Al igual que La hora de los pueblos,
tiene la función de ser un mensaje político. Utilizamos este artículo para
responder a dos de los objetivos que nos planteamos en la primera parte del
trabajo (el análisis del papel desarrollado por Perón en el exilio y los
intentos realizados para que éste pudiera regresar al país).
Otra fuente que
utilizamos es una estadística obtenida de El estado burocrático autoritario, de
Guillermo O´Donnell. Ésta es una fuente muy objetiva en un sentido pero
subjetiva en otro. Es objetiva porque simplemente presenta los datos
estadísticos de las respuestas que fueron dadas a distintas preguntas. Pero es
subjetiva porque presenta las respuestas dadas a determinadas preguntas,
formuladas de determinada manera. Muchas veces la manera de preguntar
influye en las respuestas. También la organización de los datos en diferentes
categorías es algo subjetivo, ya que se pueden mostrar los datos obtenidos de
diferentes maneras, causando distintos efectos en el lector.
Nos proponemos en
esta parte final del trabajo extraer conclusiones, acordes a los objetivos
planteados en la primera parte del mismo, a partir de lo estudiado en las diversas
fuentes y libros consultados.
El primer objetivo que
nos habíamos planteado era estudiar la participación de Perón en la política
argentina. La hipótesis propuesta anteriormente resultó ser correcta: el
general tuvo una participación indirecta (no ocupó cargos, dado que estaba
exiliado, pero sí pudo influir sobre su movimiento y los miembros de su
partido; más correcto sería decir que influyó sobre los miembros de lo que
antes era su partido, ya que el mismo fue prohibido durante muchos años del gobierno
militar).
En cuanto a los
líderes del movimiento peronista no exiliados concluimos que éstos se dividían
en dos grupos: por un lado estaban quienes acataban sin discusión las órdenes
de Perón enviadas desde el exilio; por otro lado estaban quienes se mantuvieron
independientes del líder del movimiento peronista. Esto se aplica tanto para
los dirigentes sindicales como para los integrantes de los partidos
neoperonistas. Con respecto a estos últimos vimos que se dividían en duros y blandos, correspondiendo esta división a
independientes y fieles a Perón respectivamente. También vimos que el liderazgo
de Perón fue discutido por algunos dirigentes, siendo el caso más sobresaliente
el de Augusto Timoteo Vandor.
Si bien se hicieron
esfuerzos para intentar el regreso de Perón a la Argentina, muchos de éstos
fueron realizados por el general mismo. En otro caso, vimos que el fallido
intento del general de volver en 1964 fue acompañado por Vandor. Sin embargo,
cabe sospechar que el dirigente sindical lo hizo por interés personal para
favorecerse él mismo (si Perón retornaba debería adherir a la política de
Vandor, ya que el movimiento obrero era entonces la única fuerza organizada del
peronismo).
Para finalizar las
respuestas a los objetivos planteados debemos afirmar que la identificación del
pueblo con el peronismo, y especialmente con Perón más que con otros
dirigentes, se mantuvo vigente durante el exilio del general. Esto fue lo que
le permitió ser la única persona capaz de lograr la paz social luego del fin
del gobierno militar. Era la persona indicada debido a que, entre otros
factores ya explicados, su movimiento lo seguía apoyando. Afirmamos que la
identificación del pueblo con Perón era mayor que con otros dirigentes ya que,
si bien su liderazgo fue discutido, jamás ningún dirigente logró imponerse
sobre el general. Como afirma Samuel Amaral en la conclusión de su obra, no
hubo una ruptura entre Perón y el peronismo.
Para concluir, queremos extraer algunas
conclusiones que, si bien no responden a los objetivos planteados, nos parecen
importantes mencionar para cerrar el trabajo. Sostenemos que el movimiento
peronista no se disolvió, a pesar del exilio de su líder, por diversos motivos:
uno de ellos es que la identificación de los militantes peronistas con Perón
era muy grande (debido, seguramente, a la obra social realizada por el general
en sus años de gobierno, aunque esto excede ya los objetivos de nuestro
trabajo); el segundo motivo es que existía un interés por mantener el
movimiento unido, dado que, quien lograse liderarlo (ya sea Perón o algún otro
dirigente), tendría un gran poder político.
Partidos
políticos: radicalismo (Pablo Sosa)
En esta última parte del trabajo nos
proponemos desarrollar la situación del Partido Radical durante el golpe militar
de 1966. Como ya ha sido expresado anteriormente, expondremos las posiciones
adoptadas por el partido y por sus líderes y las posturas tomadas ante la
acción de las Fuerzas Armadas.
Para comenzar nos remontaremos a los años previos al golpe militar, analizando
el período presidencial de Arturo Umberto Illia. Éste pertenecía al Partido
Radical del Pueblo y ganó las elecciones del 7 de julio de 1963. Hay que tener
en cuenta que, anteriormente, en 1962, los militares habían derrocado a
Frondizi y llegó al poder, luego de éste, José María Guido. También es
importante recordar el hecho de que el peronismo estaba proscripto y de que
Juan Domingo Perón estaba exiliado. Otra consideración a tener en cuenta es la
división del Partido Radical, en U.C.R.P. (del Pueblo) y U.C.R.I.
(Intransigente). Esta división, producida en 1956, fue el resultado de
diferencias ideológicas y de rivalidades entre los principales dirigentes del
partido. En las elecciones de 1963, Illia ganó con sólo el 26% de los votos, lo
cual nos permite deducir que, aunque proscripto, la influencia peronista era
todavía muy importante y se manifestaba un descontento muy grande en las masas
populares.
Durante la presidencia de Arturo
Illia se produjeron cambios muy favorables en materia económica y política,
reactivándose la economía y fijándose pautas para su reordenamiento. El
presidente tenía un plan de trabajo a largo plazo, para lograr ese crecimiento económico. En este período disminuyó
el índice de desocupación, se tendió al pleno empleo, aumentó el producto
interno bruto, se produjo una distribución más equitativa de las riquezas y se
mejoraron los salarios. Illia tenía dos preocupaciones fundamentales: la salud
y la educación. Con respecto a la primera se estableció la ley de medicamentos,
y con respecto a la segunda, se asignaron al área educativa los porcentajes más
altos de la historia argentina. Este progreso en el orden económico estaba
dirigido hacia las clases populares, tendiendo a la equitativa distribución de
la riqueza. Como es de suponer, estas medidas no eran del agrado de los
sectores de privilegio ( como podemos observar en el cuadro IV-27 donde se muestra
las tendencias de las diferentes clases). Estos sectores estaban formados por
la clase alta y por la cúpula militar. Fueron apoyados y presionados por los
intereses del gobierno norteamericano que, como nos lo contó Ricardo Illia,
hermano del ex presidente Arturo Illia, estaba muy preocupado porque no se
repitiera en América un movimiento izquierdista como el de Cuba en 1959. A tal
efecto, adoctrinó a las fuerzas militares de Latinoamérica, orientándolos a
reafirmar los principios de seguridad nacional, para lo cual se superpone el
poder militar al civil.
El 22 de noviembre de 1965 renunció
el comandante en jefe del ejercito, el
general Juan Carlos Onganía, por circunstancias no claras. Fue evidente,
igualmente, que esta renuncia se debió a su posterior designación como
presidente, el 28 de junio de 1966. Ese mismo día se sancionó el decreto nº 6
sobre la disolución de todos los partidos políticos. Este decreto fue seguido
por la Ley 16.894, del 1º de julio de 1966, que prohibió la existencia de
asociaciones de personas que constituyeran partidos políticos, todo tipo de
actividades que constituyeran actos políticos partidarios, así como también el
empleo de símbolos, siglas y signos. A pesar de estas prohibiciones, la U.C.R.P.
no dejó de actuar, haciéndolo sin locales, sin fondos, sin sus archivos ni
libros; y a cuatro meses del golpe se logró reunir un plenario del Comité
Nacional. La declaración, de ese 16 de noviembre, insistía en el empeño por
alcanzar la unidad nacional. Únicamente con ella se aseguraría la democracia
representativa en el orden constitucional, la justicia social con libertad, el
desarrollo pleno de nuestra economía y de nuestra cultura y una política
internacional independiente.
En este nuevo período de gobierno militar se produjo también la
persecución a los obreros, estudiantes y militantes políticos. Se congelaron
los salarios pero no los precios, aumentaron las “villas miserias” y regresa la
“olla popular”. Se desnacionalizó la industria y el comercio, se contrajeron
las importaciones, aumentó la deuda externa, cayó el producto bruto interno;
todo esto provocó que la presión impositiva sobre las familias y empresas
resultara insoportable. Por todas las medidas tomadas por este gobierno Raúl
Alfonsín lo acusó de “antipopular, antidemocrático y antiargentino”.
El Partido Radical continuó
reuniéndose en la clandestinidad. Su presidente era Ricardo Balbín, quien
sostenía que para que se volviera a la democracia había que juntarse, uniendo
la fuerza de todos los partidos, incluso el peronismo. Como el Partido Radical
había atraído “antiperonistas”, las ideas de Balbín de que no había salida
política sin la libertad electoral para el peronismo, no eran aceptadas por
esta sección del partido. Balbín proponía la convivencia, a pesar de haber sido
una de las víctimas principales del peronismo, había sido perseguido y
encarcelado. También en 1962, quebrado el orden constitucional, Balbín había
convocado a los partidos y a la Confederación del Trabajo, para elaborar una
salida basada en la conjugación de comunes denominadores. Como podemos observar
la base de la política balbinista está en la convivencia entre partidos y la
verdadera democracia, donde no hubiera represiones. Hacia 1969 Balbín expresa
claramente que el régimen no cree ni quiere al pueblo argentino, que del mismo
régimen proviene la violencia hacia el pueblo y que le está cerrando todas las
posibilidades de progreso al país, por lo que hay que devolver al pueblo el
régimen democrático.
Anteriormente, en 1968, se formó la
Comisión Coordinadora Radical para servir a los fines de la liberación
nacional. El Movimiento de Agitación y Lucha, el F.R.A.G.U.A., el Movimiento
Crisólogo Larralde, el Centro de Estudios Políticos y el Movimiento Hipólito
Yrigoyen fueron los nucleamientos del Partido Radical del Pueblo, que juntos
formaron esta comisión que adoptó ciertos lineamientos de conducta entre los
que se planteó la no aceptación al golpe militar ni a una salida electoral
condicionada, un apoyo a los objetivos de la C.G.T., trabajar por la defensa
del patrimonio nacional y los intereses populares e impulsar una política
internacional independiente, para lograr una emancipación de los bloques
imperialistas. Esta comisión se reunió el 18 de setiembre de 1968 y algunos de
los presentes fueron Victor De Martino, Carlos Alberto Giacobone y Juan Gauna
(importantes dirigentes radicales).
En la revista Inédito del 24 de enero de
1968, se declara un ultimátum al gobierno escrito por un radical, quien planteó
la obligación del gobierno de rectificar su política, porque de lo contrario se
produciría una lucha con el fin de reintegrar la democracia en el país.
El 8 de julio de 1970 los militares
terminaron deponiendo a Onganía, y en su lugar colocaron al general Roberto Levingston.
Éste estableció diálogos con ex presidentes y con líderes sindicalistas y
empresarios. En varios de sus discursos aparecía la promesa de un plan político
para la “redemocratización” a un plazo de cuatro a cinco años.
En febrero de 1970 el radicalismo
efectuó su último plenario clandestino. Se reunió el Comité Nacional y se
aprobó lo que se denominaron “pautas escenciales”.
El director del Partido Radical,
Ricardo Balbín, continuaba con su idea de unir fuerzas con los demás partidos.
Al mismo tiempo en España el general Perón intentó establecer contactos con
dirigentes radicales. Perón, en un principio, no tomó en cuenta a Balbín,
tratando de mediar con dirigentes menores. Hacia 1970 el “delegado personal” de
Perón era Jorge Daniel Paladino, y a través de un amigo en común, se contactó
con Enrique Vanoli, quien era el secretario del Partido Radical del Pueblo.
Empezaron a contactarse y luego Paladino entrevistó a Balbín, informándole a
Perón de la reunión. Perón le expresó a Balbín, por medio de Paladino, su
interés en una unión radical-peronista, a lo que el líder radical le respondió
que la coincidencia no debía ser exclusivamente entre radicales y peronistas,
sino que debía darse entre todos los partidos. Perón aceptó el acuerdo y se
produjeron en adelante una serie de conversaciones secretas entre radicales y
peronistas. Como resultado, el 11 de noviembre de 1970 se dio a conocer
públicamente el documento “La hora del pueblo”. Este manifiesto fue firmado por
la Unión Cívica Radical del Pueblo, por el Movimiento Nacional Justicialista ,
por el Partido Demócrata Progresista, por el Partido Socialista Argentino, por
el Partido Conservador Popular y por la Unión Cívica Radical Bloquista. En esta
reunión se expresó la clara e inmediata necesidad de establecer elecciones
generales en todo el país para que el pueblo eligiera a sus dirigentes y
volviera la democracia.
Pocos meses después de la firma del
acta el general Levingston fue depuesto por la Junta de Comandantes en Jefe. Lo
sucedió el general Alejandro Lanusse, que era el presidente de aquella
comisión. Desde el inicio de su gestión, Lanusse, se abocó fundamentalmente a
solucionar el problema político. En este período se notó un cambio de rumbo. El
presidente se comprometió con los
partidos políticos de retomar el camino de la institucionalización. Al día
siguiente del cambio de gobierno la Junta citó al dirigente radical Arturo Mor
Roig. Balbín le indicó a éste que asistiera, pero que no contrajera ningún
compromiso. Al final se le propuso a Arturo Mor Roig el Ministerio del
Interior. Éste lo consultó con Balbín, quien le dijo que no aceptase. Pero
Paladino, que se enteró de la propuesta, se comunicó con Enrique Vanoli y le
dijo que Balbín debía reflexionar, porque Mor Roig debía aceptar. Se decidió
convocar a “La hora del pueblo”, que finalizó con la resolución de que Mor Roig
debía aceptar el cargo. Arturo Mor Roig, como nuevo Ministro de Economía,
anunció el 12 de abril de 1971 la rehabilitación de la actividad política por
medio de la ley 18.975. También designó
la Comisión Asesora para el Estudio de la Reforma Institucional y le fijó el
día 31 de mayo como plazo final, con el objetivo esencial de crear las
condiciones para el establecimiento de una democracia auténtica. Además, en
este período, se produjo la restitución de bienes y de fondos de los partidos,
por medio de la ley 19.109 del 5 de julio de 1971. De esta manera se obtuvieron
beneficios para los partidarios, como pases libres en el transporte estatal. Se
inició también un proceso de reinstitucionalización, por la sanción de la ley
19.102 del 30 de junio de 1971.
En el Partido Radical del Pueblo
había una fuerte oposición a Balbín. Existían tres tendencias: el sector
balbinista, un sector liderado por Mor Roig y un sector encabezado por Raúl
Alfonsín . El segundo grupo proponía una apertura democrática tendiente a
formar un sistema pluralista y moderno. El sector que estaba liderado por Raúl
Alfonsín adoptó una línea popular muy próxima al larraldismo. A pesar de estas
oposiciones, en las elecciones para presidente del partido del 16 de junio de
1971, Balbín es reelegido.
A continuación presentaremos un análisis crítico sobre los textos que
consultamos para analizar la situación del Partido Radical durante el golpe de
1966.
Nos fue de gran utilidad el libro Radicalismo,
un siglo al servicio de la patria. Uno de los autores de éste texto
es un militante radical. En su contenido se nota una muy importante influencia
ideológica. En la primera parte hay un breve análisis de la historia del
partido, desde sus inicios. Esta reseña nos fue de mucha utilidad para ubicar el período dentro de la historia
del país y del partido mismo. Otra ventaja que nos presenta esta publicación es
la presentación de los hechos más significativos de este período y de los más
importantes líderes radicales. El problema de esta primera parte es que al ser
tan breve no nos permite hacer un análisis muy profundo del tema. La segunda
parte esta conformada por documentos de la época, como reportajes, entrevistas,
declaraciones y cartas. De esta parte utilizamos algunas fuentes que nos
permitieron tener ver el pensamiento de la época y los discursos políticos sin
ninguna alteración posterior.
Otro libro que utilizamos fue Historia
Política Argentina 1955-1988. Aquí se desarrolla el tema con
bastante objetividad, ya que se trata de una autora que es profesora de
historia e investigadora. Esta “objetividad” se ve manifestada en el texto.
Además esta publicación posee un análisis del tema, que aunque simple, es bastante
completo. Para lo cual divide el período en diferentes partes, como la
situación política , militar, económica, los partidos políticos, etc. Dentro de
este último analiza la relación de éstos con los diferentes gobiernos
militares. La utilización de este texto nos permitió analizar de manera
completa las prohibiciones impuestas, la situación del partido en cada
presidencia y las diferentes posturas ante las fuerzas armadas.
Consultamos también la publicación Historia del
radicalismo, los números 38 y 39. Los directores de esta publicación
son radicales, por lo que en los artículos notamos una subjetividad muy
importante, por lo que conviene considerarlos con cierta cautela. En el
artículo “La subversión condenada” se analizan los hechos que llevaron al
derrocamiento de Illia, la postura radical ante el gobierno militar y los
primeros hechos llevados a cabo por este gobierno. En “La hora del pueblo y su
historia”, se relatan los acontecimientos previos que llevaron a esta reunión
llamada “La hora del pueblo” ,quienes participaron en ella y qué se decidió a
partir de ese acuerdo entre los partidos políticos. En el artículo “El
Radicalismo ante la “revolución argentina””, se describe la situación de la U.C.R.P. durante los
gobiernos militares, como las reuniones clandestinas .En este artículo se hace
un desarrollo muy importante y extenso del partido en el período que nos
concierne, hecho por radicales. El artículo “La situación era insostenible para
el régimen de Onganía” es el resultado del Comité Nacional de febrero de 1970,
donde se aprobó lo que se denominaron las Pautas Esenciales para la acción de
la U.C.R.P.. El otro artículo “Deben hablar los hechos” es la Declaración de la
mesa directiva del Comité Nacional de la U.C.R.P. del 27 de marzo de 1971, por
la crisis del 22 de marzo de ese año que determinó la caída de Levingston. En
estos artículos se desarrollan ampliamente los temas referentes a la posición
del partido frente a los gobiernos militares y sus intentos por reintegrar la
democracia, éste desarrollo pertenece a la época misma en que ocurrieron estos
hechos, por lo que nos es de gran utilidad para observar la postura radical de
la época.
La otra publicación consultada fue
la revista Inédito,
de la que usamos los números 36, 73 y 80. Los directores de esta revista son
radicales y se trata de una publicación clandestina, por lo que los artículos
relatan lo sucedido en el partido, en un momento en el cual estaba prohibido.
Pertenecen a esta revista los artículos “Ultimátum al gobierno”, “U.C.R.P.:
Adelante!” y “El radicalismo de la capital exige al gobierno” . En este último
se señalaron los puntos a cumplir, y se indicó la intolerancia a la
continuación del régimen autoritario. El segundo es un importante informe en el
que se cuenta la deliberación de plenario del Comité Nacional de fines de
febrero, donde se fijaron estrategias de acción y líneas de pensamiento. Estos
artículos , por pertenecer a una revista partidaria, que fue prohibida en la
época, nos son de mucha utilidad para el análisis del Partido Radical; y como
los anteriores artículos son narraciones subjetivas de los acontecimientos.
Conclusión:
En esta parte final del trabajo nos
proponemos extraer conclusiones referentes a los objetivos planteados en la
primera parte.
Analizamos la presidencia de Arturo
Illia, desde su asunción, en 1963, hasta que es depuesto por los militares en
1966, por razones de orden económico y político. También analizamos la política
llevada a cabo por este gobierno, en el orden interno y externo. Su política de
reactivación de la economía, su intento por un reparto equitativo de las
riquezas, la baja en el índice de desempleos, el aumento del producto bruto
interno y su plan de independización de los centros imperialistas.
Analizamos a continuación los
diferentes hechos sucedidos en el país y en el partido. Estos hechos como la
sucesión de los gobiernos militares y las diferentes resoluciones sacadas en
los Comité Nacionales reunidos en este período, de manera clandestina.
Plateamos también asunto referente a la reunión llamada “La hora del pueblo”,
en la cual se reunieron los diferentes partidos, convocados por el presidente
del Partido Radical, Ricardo Balbín, con el fin de reinstaurar lo antes posible
la democracia en la República.
Intercalando con estos temas
analizamos las diferentes posturas dentro del partido, adoptadas por sus más
importantes líderes, como Balbín, Mor Roig y Alfonsín.
Luego de analizar
los aspectos civiles y militares y los partidos políticos (radicalismo y
peronismo) del período 1966-1973, podemos extraer ciertas conclusiones
generales de la época, considerándolas conclusiones particulares de cada uno de
los temas estudiados.
Queremos destacar en
esta parte final de nuestro trabajo los aspectos originales y recurrentes del
golpe de estado analizado.
Uno de los aspectos recurrentes que
señalaremos es que el golpe de 1966, al igual que otros golpes de la historia
de nuestro país, fue apoyado por las clases medias y altas de la sociedad
argentina. Esto se debió, en parte, a que estas clases no querían perder sus
privilegios. Como aspecto original, referido a este mismo tema, cabe destacar
que el golpe fue apoyado también por la clase obrera (dado que esta clase vio
en el nuevo gobierno la posibilidad de un retorno futuro al peronismo). También
es singular la importante decadencia del nivel universitario luego de “la noche
de los bastones largos”.
Con respecto al
gobierno militar, algunos de los aspectos recurrentes son las intenciones de
rescatar los valores de la iglesia, de desarrollar la economía, etc.
Uno de los aspectos
indudablemente originales del período es la situación política. Se dio el caso
particular de que el partido más apoyado del país estaba proscripto, lo cual
generó una situación política muy particular, con las características que ya
señalamos anteriormente. Es destacable también el hecho de que el gobierno
militar concluyó con el regreso al país de una de las figuras políticas más
importantes de la historia argentina.
Como pocas veces en la historia los
mandatarios militares se vieron en necesidad de negociar con otros actores
políticos para obtener apoyo político o solucionar algún problema como, por
ejemplo, lograr la paz social en el país (sobre el final de la Revolución
Argentina). Los acuerdos que debieron hacer los gobernantes militares son
originales debido a que tuvieron que negociar con una persona que, aunque
estaba exiliada, conservaba gran poder político, situación que no se dio
durante otros gobiernos militares. También debieron llegar a acuerdos con
dirigentes sindicales, lo cual tiene similitudes con las negociaciones llevadas
a cabo con Perón, dado que en ambos tipos de arreglos se buscaba tener el apoyo
del mismo sector de la sociedad (la clase obrera).
Con respecto al radicalismo, como al resto de
los partidos políticos, uno de los aspectos recurrentes es la prohibición de
los mismos durante el gobierno militar.
Otro de los aspectos originales es el hecho
de que el radicalismo colaboró para la restauración de la democracia, siendo el
partido plenamente consciente de que en elecciones libres era muy probable que
resultase victorioso el peronismo.
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