Introducción
A finales del siglo XIX y principios del
siglo XX Europa vivía una situación de inestabilidad caracterizada por la
aparición de corrientes nacionalistas y la rivalidad económica y política entre
distintas naciones, todo esto llevó al estallido de la Primera Guerra Mundial.
En éste estado de guerra España decidió no intervenir i se mantuvo al margen.
No obstante no se pudo evitar que la opinión pública se manifestase a favor o
en contra de la guerra i que al mismo tiempo se definieran por un bando u otro.
La Revolución Rusa de 1917 tuvo un gran impacto en la sociedad europea del
tiempo, especialmente en la clase obrera que veía en ella el camino a seguir
para un futuro mejor. La desarticulación
económica después de la I Guerra Mundial y la amenaza del comunismo
surgido de la Revolución Rusa, provocaron el resurgimiento del fascismo como
una importante fuerza política. El fascismo consiguió apoyo en todos los
sectores de la sociedad, pero con especial intensidad entre los miembros de la
clase media que temían la amenaza de la revolución comunista, de los
empresarios que tenían temores similares, de los veteranos licenciados que no
habían conseguido adaptarse a la vida civil, y de violentos jóvenes
descontentos. En
España, el grupo fascista radical Falange Española fue originariamente hostil a
la Iglesia católica romana, aunque después, bajo la dirección del dictador
Francisco Franco, se unió a elementos reaccionarios y pro-católicos. En España
se vivía también una situación política inestable, con fuertes conflictos
sociales que desencadenaron en la Guerra Civil Española. En ello el arte se vio
afectado i empezaron a surgir las vanguardias artísticas, que eran las
diferentes rupturas con los modelos de belleza dominantes que se produjeron en
Europa durante el primer tercio del siglo XX. Sus principales características
eran la rotura con lo anterior y el deseo de novedad y de experimentación.
Así pues en el siguiente trabajo hemos intentado plasmar
el reflejo que tiene ésta situación inestable europea en el arte, i por
supuesto el que en él tiene la dictadura de Franco.
Arte en libertad, las vanguardias
Con el nombre de
vanguardias se conocen las diferentes rupturas con los modelos de belleza
dominantes que se produjeron en Europa durante el primer tercio del s. XX. Las
denominamos en plural porque no constituyen un estilo artístico único, sino que
son tendencias o movimientos.
Los primeros
movimientos artísticos del siglo XX, aquellos que se extienden en el tiempo
desde 1910 hasta el estallido de la II Guerra Mundial se conocen con el nombre
de VANGUARDIAS HISTÓRICAS o ISMOS.
Son muchos los nombres
que se suceden, los artistas que colaboran en unos y otros movimientos y que pasan
de uno a otro movimiento para no quedarse adscrito dentro de ninguna tendencia,
todo es efímero, todo cambia. Lo que
sucede entre 1900 y 1910 queda perfectamente definido en el libro de Valeriano
Bozal "Los primeros diez años (1900-1910, los orígenes del arte
contemporáneo)" en la frase "diez años en los que ya, pero todavía
no", es decir, la vanguardia todavía no es, pero se están poniendo las
bases para que se produzca esta ruptura, pues este es uno de los rasgos de la
vanguardia su carácter de ruptura, los grandes maestros como Klimt, Degas,
Munch, Matisse están llevando a cabo sus aportaciones más innovadoras, son diez
años de plenitud, pero hay que esperar a los dos últimos años de la década para
lo que hemos denominado VANGUARDIA emerja con entidad propia.
Sus características principales son:
la ruptura con lo anterior, el deseo de novedad y experimentación. Representan
una desavenencia total: del color, de las normas, de la composición y del
lenguaje estético. Este cambio se produce, también, desde una ideología, ya que
comporta una pendencia de pensamiento y de valores.
En 1932 surgió el grup d’Amics de l’Art Nou
(ADLAN) a partir de una tertulia de escritores y artistas que se reunía en el
Hotel Colón de Barcelona, su principal objetivo era la promoción de toda clase
de actividades relacionadas con las artes plásticas, la música, el teatro y la
literatura de vanguardia. La personalidad principal del grupo era Joan Prats,
organizador y animador de actividades artísticas. El ADLAN organizaba
regularmente exposiciones de Salvador Dalí, Pablo Ruiz Picasso, Joan Miró,
Alexander Calder, entre otros, y conciertos en que se podía escuchar la música
más vanguardista (Arnold Schönberg, Robert Gerhard, Manuel Blancafort). El
estallido de la Guerra Civil interrumpió sus actividades y el grupo
desapareció.
La relación entre el arte catalán y
el arte vanguardista había empezado en dos pueblos de la Catalunya norte:
Cotlliure y Ceret. En Cotlliure pintaron artistas fauvistas como Matisse y
Marquet. En Ceret cubistas como Picasso y Braque. Pero el hecho que provocó la
llegada a Barcelona de numerosos artistas artistas europeos fue la Primera
Guerra Mundial.
Huyendo del conflicto vinieron a la capital catalana Picabia, Gleizes,
laurencin, Avenarius, Charchoune y otros. se reunían en las galerías Dalmau y
colaboraban en la publicación vanguardista ‘391’. La Exposición de Arte Francés
de 1917 fue una muestra del soporte de los artistas que no tenían posibilidades
de trabajar en París por la guerra. Estos contactos fueron muy fructíferos para
los artistas como Gonzalez o Miró.
La revista “Dau al Set” fue la
propuesta más vanguardista de la cultura catalana de los años 40. Tuvo como
precedente la revista “Algol”
(1947). Dau al Set fue creada en 1948, fundada por los pintores Joan Ponç,
Modest Cuixart, Antoni Tapies, el entonces impresor y posteriormente pintor
Joan-Josep Tharrats, el poeta Joan
Brossa, y l’escriptor Arnau Puig. Sobre todo en los primeros años, el
factótum de la revista fua Joan Brossa, el cual propuso el nombre. El contenido
incluía artículos, pequeños ensayos, poemas, dibujos, todo bajo una óptica
vanguardista. Organizaron exposiciones de los miembros del grupo y también
otras de divulgación de otros autores, como la de homenaje a Paul Klee. En 1951
empezó una segunda etapa que duró hasta el fin de la revista, en 1956.
Dentro de las vanguardias se
incluyen una serie de tendencias artísticas o escuelas artísticas, nacidas a
principios del siglo XX, tales como el cubismo, surrealismo, etc. con el
propósito de hallar nuevas formas de expresión estética. A continuación vamos a
estudiarlos.
El cubismo
Movimiento artístico
que se manifestó sobre todo en pintura, cuyo objetivo principal era el de
alejarse de la representación naturalista y conseguir plasmar de modo
simultáneo sobre la superficie del cuadro un objeto visto desde múltiples
ángulos. Desarrollado principalmente por Georges Braque y Pablo Picasso hacia
1907, alcanzó su apogeo alrededor de 1914 y continuó evolucionando durante la
década de 1920. Al rechazar la representación realista seguida desde el renacimiento,
el cubismo significó un cambio crucial en la historia del arte, convirtiéndose
en el precursor de la abstracción y de la subjetividad artística. Fue una
revolución contra el sentimentalismo y el realismo de la pintura tradicional,
contra la importancia que se daba al efecto de la luz y el color y contra la
ausencia de formas, características del impresionismo. Los cubistas rechazan la
perspectiva y el movimiento y le dan primacía a la línea y la forma. Se inspiró
fundamentalmente en el arte de las tribus de África y Oceanía.
Los cubistas seguían
la sentencia del postimpresionista francés Paul Cézanne, que afirmaba que
“todas las formas de la naturaleza parten de la esfera, el cono y el cilindro”
y está influido por el afán constructivo y geometrizante de George Seurat. La
expresión más frecuente dentro del cubismo presenta un enfoque analítico y
abstracto del tema; el artista determina y pinta las formas geométricas básicas
que componen el objeto, sobre todo el cubo o el cono, o los planos básicos que
revelan las formas geométricas subyacentes. Otra fase de la pintura cubista (el
cubismo sintético) presenta un objeto desde diferentes ángulos, imposibles de
ver simultáneamente en realidad, unificados en una estructura compositiva. En
ninguno de los dos cubismos, analítico o sintético, se pretende reproducir en
detalle el aspecto real de los objetos. Entre los retratos y naturalezas
muertas cubistas destacan los instrumentos y los arlequines ya que eran fáciles
de diseccionar de forma geométrica. Para evitar todo efecto naturalista y
emocional, el cubismo utilizó durante su primer periodo, o periodo analítico,
una paleta muy restringida de grises, marrones, verdes y amarillos, o recurrió
a obras pintadas en diferentes tonalidades de un mismo color. Después de 1914,
durante el periodo sintético, muchos cubistas introdujeron colores más
brillantes en sus obras.
Además de Pablo
Picasso y Georges Braque, otros pintores cubistas importantes fueron: Albert
Gleizes, Robert Delaunay, Fernand Léger, Francis Picabia, Marcel Duchamp, Roger
de La Fresnaye y Juan Gris. Entre los escultores cubistas más importantes, que
aplicaron a la escultura los mismos principios artísticos que los pintores, se
cuentan Pablo Picasso, Raymond Duchamp-Villon, Jacques Lipchitz y Alexander
Archipenko. Y entre los incontables artistas influidos por las ideas y técnicas
cubistas se encuentran Maurice de Vlaminck, Stuart Davis y Lyonel Feininger.
La provocación
En marzo de 1928 se presentó el “Manifest
Groc”, firmado por Salvador Dalí, el escritor Lluís Montanyà y el crítico de
arte Sebastià Gasch. Se rehusaba todo
aquello que representase la tradición y se reclamaba la atención al cine, al
deporte, al jazz, el gramófono... A todo aquello que implicaba la vida moderna.
El manifiesto no era un programa concreto de un nuevo movimiento artístico.
Sino que seguía la línea de las proclamaciones futuristas que con carácter
propagandístico, se habían redactado desde principio de siglo. El manifiesto
levantó una ola de protestas, que hasta llegaron a acentuar el escrito
dogmático y fascista. En el resto de España, el documento apareció en diversas
publicaciones y fue mejor aceptado. García Lorca lo aplaudió desde su revista
‘Gallo’.
El surrealismo
Movimiento artístico y literario fundado por el poeta y crítico francés
André Breton. Breton publicó el Manifiesto surrealista en París en el año
1924 y se convirtió, acto seguido, en el líder del grupo. El surrealismo surgió
del movimiento llamado Dadá, que reflejaba tanto en arte como en literatura la
protesta nihilista contra todos los aspectos de la cultura occidental. Como el
dadaísmo, el surrealismo enfatizaba el papel del inconsciente en la actividad
creadora, pero lo utilizaba de una manera mucha más ordenada y seria.
Literatura surrealista
Los surrealistas
reclamaron entre sus antepasados literarios más representativos la figura del
conde de Lautréamont, autor de una obra titulada Los cantos de Maldoror
(1868-1870). Además de Breton, la mayoría de los más distinguidos escritores
franceses de principios del siglo XX se vincularon con el movimiento, entre los
que se encuentran Paul Éluard, Louis Aragon, René Crevel y Philippe Soupault.
Escritores jóvenes en aquel tiempo como Raymond Queneau se vieron influidos por
estos puntos de vista.
Los escritores
surrealistas más puristas utilizaron el automatismo como forma literaria, es
decir, escribían palabras según venían a su mente. No alteraban lo que
escribían para no interferir en el puro acto de la creación. Los artistas
dejaban fluir libremente su pensamiento para establecer una vía de comunicación
con el subconsciente de sus lectores. Un típico ejemplo de escritura
surrealista lo constituye el proverbio de Paul Éluard que reza “los elefantes
son contagiosos”. El uso estricto del automatismo psíquico fue modificado más
tarde por el uso del consciente, sobre todo en pintura con símbolos derivados
de la psicología freudiana. Como sus precursores los dadaístas, los
surrealistas rompieron con las reglas del trabajo y su conducta personal para
liberar su verdad interior.
Surrealismo en arte
En pintura y
escultura, el surrealismo es una de las principales tendencias del siglo XX.
Reivindica, como sus antecesores en las artes plásticas, a pintores tales como
el italiano Paolo Uccello, el poeta y artista británico William Blake, y al
francés Odilon Redon. En el presente siglo también son admiradas y a veces
expuestas como surrealistas ciertas obras de Giorgio de Chirico, del ruso Marc
Chagall, del suizo Paul Klee, y de los franceses Marcel Duchamp y Francis Picabia,
así como del español Pablo Picasso, aunque ninguno de ellos formó parte del
grupo. A partir del año 1924 el alemán Max Ernst, el francés Jean Arp así como
el pintor y fotógrafo estadounidense Man Ray se incluyen entre sus miembros. Se
unieron por un corto periodo de tiempo el francés André Masson y el español
Joan Miró. Ambos pintores fueron miembros del grupo surrealista pero, demasiado
individualistas para someterse a los dictados de André Breton, se desligaron en
1925. Más tarde, se incorporó el pintor franco-estadounidense Yves Tanguy, así
como el belga René Magritte y el suizo Alberto Giacometti. El pintor catalán
Salvador Dalí se asoció en 1930, pero más tarde fue relegado por la mayoría de
los artistas surrealistas, ya que estaba más interesado en la comercialización
de su arte que en las ideas del movimiento. A pesar de que durante cierto
tiempo fue el artista más renombrado del grupo, su obra fue tan personal que
constituye una de las muestras más representativas del surrealismo.
La pintura surrealista
es muy variada de contenidos y técnicas. Dalí, por ejemplo, transcribe sus
sueños de una manera más o menos fotográfica, inspirándose en la primera etapa
de la pintura de De Chirico. Las esculturas de Arp son grandes, lisas y de
forma abstracta. De otra parte, Miró, miembro formal del grupo durante una
corta etapa, representó formas fantásticas que incluían adaptaciones de dibujos
infantiles. El pintor ruso-estadounidense Pavel Tchelichew pintó cuadros y
también creó numerosas escenas para ballets. En la década de 1940, coincidiendo
con el exilio en México de artistas españoles influidos por el surrealismo, así
como la visita de Bretón, que recorrió el país acompañado de Diego Rivera y el
político soviético Liev Trotski, el movimiento se extendió de forma relativa y
limitada entre círculos intelectuales mexicanos (véase Remedios Varo).
La rama surrealista
estadounidense está constituida por el grupo conocido como ‘los realistas
mágicos’, bajo el liderazgo del pintor Paul Cadmus. El escultor Joseph Cornell
comenzó como surrealista, pero más tarde persiguió una forma de expresarse más
individual. Una colección representativa de la obra gráfica de los surrealistas
se encuentra en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA).
El artista más
importante dentro del surrealismo es Salvador Dalí aun que también Picasso
juega un papel importante.
Artistas
Juan Gris (Madrid,
13 marzo 1887 - 11 mayo 1927)
Biografía
Pintor español que desarrolló su actividad principalmente en París,
considerado como uno de los maestros del cubismo.
Su verdadero nombre
era José Victoriano González Pérez. Nació en Madrid el 23 de marzo de 1887, y
estudió en la Escuela de Artes y Oficios de su ciudad natal. Trabajó para
diversas publicaciones como Blanco y Negro y Madrid Cómico. En 1906 se
trasladó a París (Francia), donde conoció a Pablo Picasso y a Georges Braque.
Los primeros años se ganó la vida dibujando para las revistas L’Assiette
du Beurre y Charavari. Sus primeras obras cubistas
datan de 1912, año en el que expuso en el Salón de los Independientes de
Barcelona su Homenaje a Picasso y firmó un contrato en exclusiva con el
marchante Daniel-Henry Kahnweiler, que expiró en 1914. Al año siguiente pasó el
verano con Picasso en Céret, Francia, periodo en el que empezó a desarrollar la
técnica del papier
collé (formas recortadas en papel y pegadas al lienzo).
Junto con Picasso y Braque es considerado
uno de los pintores más representativos del Cubismo.
Durante la
I Guerra Mundial (1914-1918) trabajó en París, donde realizó su primera
exposición individual en 1919. Entre 1922 y 1924 hizo escenografías para dos
ballets de Sergei Diáguilev, Les tentations de la Bergère (Las
tentaciones de la pastora) y La colombe (La paloma), al tiempo que
continuaba pintando. Después de 1925 utilizó sobre todo el gouache y la acuarela y
realizó algunas ilustraciones para libros. Durante la década de 1920 empeoró
seriamente su salud y murió, con apenas cuarenta años, en Boulogne-Sur-Seine el
11 de mayo de 1927.
Un ejemplo típico de
su técnica de papier collé es Vasos y periódico (1914, Museo de Arte del
Smith College, Northampton, Massachusetts, Estados Unidos). Parte de sus
pinturas cubistas son naturalezas muertas, entre las que se incluyen Guitarra y
botella (1917, Museo de Arte de Filadelfia, Estados Unidos), El tablero de ajedrez (1917, Museo
de Arte Moderno, Nueva York, Estados Unidos) y Botella y frutero (1919,
Museo Thyssen-Bornemisza, Madrid, España). También trató otros temas, como
muestra en El
fumador (1913, Museo Thyssen-Bornemisza). Sus teorías pictóricas se
encuentran recogidas en numerosos artículos y conferencias.
Obras
Retrato de José Gris
1916. Óleo sobre lienzo, 116x 73 cms. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Gris como en otros cuadros de esta época ha optado
por una ran planitud, con ello parece renegar de la calidad de objeto de lo
representado para que éstos pasen a considerarse pintura. No se ha detenido en
esta consideración ante un tema donde el objeto es lo fundamental: el retrato,
ampliando las fronteras de su lenguaje pictórico que se puede emplear en
cualquier tema. En este cuadro hay un nuevo elemento con respecto a las
investigaciones de estos años. No se preocupa sólo por el volumen – planitud
(retratado) y la
tridimensionalidad - bidimensionalidad (habitación
donde posa el retratado), ahora hay una preocupación evidente por la luz en su
calidad de claridad y sombra. La luz le ayuda a construir el cuadro, al
convertir el espacio y el niño en zonas claras u oscuras. Los negros se
utilizan para remarca la pierna, la parte detrás y el pecho así como la
prominente sombra de la figura, elementos que salen al primer plano. La
trasparencia ue conforma una plano vertical como si de un reflejo de cristal o
espejo se tratase, que además equilibra la figura en relación a la habitación
que también se ha pintado en un plano inclinado, esta transparencia no crea
sensación de profundidad sino que es otra forma de unir planos en la imagen. La
sombra de José se objetualiza al estar nítidamente perfilada y la figura la
sombra y la habitación se muestran como si fueran planos. El colorido a pesar
de ser muy frío: grises y negros, se hace cálido al introducir el contrapunto
del blanco para partes de la cara, las manos y usar la gama del gris en su
vertiente hacia el blanco y no hacia el negro.
La ventana del pintor
1925. Óleo sobre lienzo. 100 x 81 cms. Museo de
Arte de Baltimore, Maryland.
En La ventana del pintor Gris recopila
algunos de sus motivos favoritos: la paleta del pintor, la guitarra, la pipa,
fruta y naipes. Estos símbolos de los sentidos aparecen delante de una ventana
abierta.
En este cuadro sigue manteniendo la sencillez de
las propuestas de 1915. Una mesa sobre la que hay una serie de objetos. La mesa
se convierte en el alféizar de la ventana. Los objetos van apareciendo,
metiéndose unos en otros: la mesa en el mantel y la paleta y los naipes, la
paleta en el frutero y la guitarra, el frutero y la guitarra en la ventana.
Todos los objetos adoptan una disposición ascendente, de ahí el formato en
vertical, pero el formato no va a limitar a utilizar esta composición pues
tiene bodegones con elementos similares y con formato en horizontal, la única
diferencia es que no tiene que hacer que unos objetos se monten en otros,
simplemente se meten unos en otros. Cada uno de los objetos se constituye en
otro volumen de plano, cada objeto se dispone desde un punto de vista
diferente: la guitarra de forma lateral al igual que el frutero, la paleta y la
mesa de frente, las cartas adquieren diferentes posiciones reproduciendo así la
sensación de movimiento y desorden que se produce durante el juego.
La imagen ha ganado en
sencillez compositiva e impacto visual y se ha alejado de la complejidad
técnico-formal de 1915-16. Gris ha utilizado el sombreado para construir el
plano y la representación, para lograr la unión imposible de diversos objetos.
La capacidad de representación figurativa se encuentra en la capacidad de los
planos de mostrarlos, construirlos y encajarlos como si fueran piezas de un
puzzle.
Su cubismo se ha ido
haciendo más sintético y monumental, alejándose de la visión múltiple de planos
con la que Picasso inició el movimiento. Los objetos que muestra Gris se alejan
de la singularidad de mostrar un objeto que per pertenece a una persona, usa objetos
autónomos que se prolongan y se desdoblan unos en otros, desdoblamiento y
prolongación que afectará incluso a las sombras como hemos vistos en el retrato
de su hijo.
La plaza Ravignan
(o Naturaleza muerta en
un paisaje de 1915)
1915. Óleo sobre lienzo. 116 x 89 cm. Museo de Arte
de Filadelfia. ???
Es un cuadro que deja de manifiesto la
vuelta al color que ya se apreciaba desde finales de 1912, al igual que la
planitud del espacio y la presencia de espacios recortados superpuestos. En
tonalidades frías como le es característico crea un juego de verdes, ocres,
azules, grises, todos utilizados para producir efecto de placidez y calma. Un
cuadro de una gran profundida espacial a pesar de su planitud, debido a la
introducción de espacios interiores y exteriores. Parace como si la mesa de la
habitación saliera a la plaza. Gris ha colocado en el centro del cuadro la mesa
y los objetos que hay sobre ella, objetos fácilmente reconstruibles como el
periódico, el frutero, la botella, el vaso. Las paredes que acogen dicha mesa
están rodeándola y para aludirlas utiliza la reprocducción del papel que las
decora. La introducción de dos elementos en vertical a ambos lados le permite
que la calle entre o que la habitación salga, pues se ha optado por una indefinición
en ese aspecto. Las verticales son un cuadro y una barandilla, esta última
sería la del balcón que da a la calle y el cuadro el que adorna una de las
paredes que conforman la habitación y cierran la ventana. El paisaje urbano no
se limita a ser representado
estrictamente por el espacio que la ventana permite ver, sino aquel que las
paredes nos dejan ver, pero existe y que nuestro intelecto sabe que existe,
pues el cuadro además de visual es conceptual -esta fue la gran innovación
cubista-, la única diferencia es que el espacio que el ojo percibe está en
azul, aquel que no ve, pero existe, está en una gama de negros y grises (la
farola de la derecha, la ventana del edificio enfrente a la izquierda). Se ha
elegido un momento nocturno que se deduce de la gama de colores elegida y el
marca claroscuro de los objetos que parecen iluminados artificialmente con la
frialdad que dicha iluminaicón produce y que contrasta con la calidez del
interior aunque tratado en su gama fría, el rojo y el azul del frutero están
muy cercanos y separados por negros. Remata la composición una franja de hojas
muy antinaturalista que casi parecen una cenefa y que ayudan a la introudcción
del exterior dentro de la habitación. La verticalidad de la naturaleza muerta
crea gran agilidad y movimiento que contrasta con la rotundidad que transmiten
los objetos conformados a base de cilindros y conos. Esta naturaleza muerta
sigue manteniendo la división y superposición de planos tan típica del cubismo
analítico, mantiene el efecto de imágenes vistas por un cristal roto y
recolocado, estructura que no se usa ni en la representación de la plaza, ni en
el cuadro o barandilla y que está muy reducida en el papel pintado de la
habitación.
Una obra como tantas
otras del artista orientada al equilibrio y que llevaron a Picasso a decir de
él que era "un pintor que sabía lo que quería".
Pablo Ruiz Picasso (1881-1973)
biografía y estilo
Pintor y escultor español, considerado uno de los artistas más
importantes del siglo XX. Artista polifacético, fue único y genial en todas sus
facetas: inventor de formas, innovador de técnicas y estilos, artista gráfico y
escultor, siendo uno de los creadores más prolíficos de toda la historia, con
más de 20.000 trabajos en su haber.
Periodo de formación
Picasso nació en
Málaga el 25 de octubre de 1881, hijo de María Picasso López y del profesor de
arte José Ruiz Blasco. Hasta 1898 siempre utilizó los apellidos paterno y
materno para firmar sus obras, pero alrededor de 1901 abandonó el primero para
utilizar desde entonces sólo el apellido de la madre. El genio de Picasso se
pone ya de manifiesto desde fechas muy tempranas: a la edad de 10 años hizo sus
primeras pinturas y a los 15 aprobó con brillantez los exámenes de ingreso en
la Escuela de Bellas Artes de Barcelona, con su gran lienzo Ciencia y
caridad (1897, Museo Picasso, Barcelona), que representa, dentro aún
de la corriente academicista, a un médico, una monja y un niño junto a la cama
de una mujer enferma; ganó una medalla de oro.
Periodo azul
Entre
1900 y 1902 Picasso hizo tres viajes a París, estableciéndose finalmente allí
en 1904. El ambiente bohemio de las calles parisinas le fascinó desde un primer
momento, mostrando en sus cuadros de la gente en los salones de baile y en los
cafés la asimilación del postimpresionismo de Paul Gauguin y del simbolismo de
los pintores nabis. Los temas de la obra de Edgar Degas y Henri Marie Raymond
de Toulouse-Lautrec, así como el estilo de este último, ejercieron una gran
influencia sobre Picasso. El cuadro Habitación azul (1901, Colección Phillips,
Washington) refleja el trabajo de ambos pintores y, a la vez, muestra su
evolución hacia el periodo azul, así llamado por el predominio de los tonos
azules en las obras que realizó durante estos años. En ellas reflejará la miseria
humana, con trabajadores extenuados, mendigos, alcohólicos y prostitutas,
representados con cuerpos y formas ligeramente alargadas, recordando el estilo
de El Greco.
Periodo rosa
Poco después de
establecerse en París en un desvencijado edificio conocido como el
Bateau-Lavoir, Picasso conoce a su primera compañera, Fernande Olivier. Con
esta feliz relación Picasso cambió su paleta hacia tonos rosas y rojos; los
años 1904 y 1905 se conocen, así, como periodo rosa. Sus temas se centraron en
el mundo del circo, que visitó con gran asiduidad, creando obras como Familia de
acróbatas (1905, National Gallery, Washington). En la figura del
arlequín, Picasso pintó su otro yo, su alter ego, práctica que repitió también
en posteriores trabajos. De su primera época en París datan su amistad con el
poeta Max Jacob, el escritor Guillaume Apollinaire, los marchantes Ambroise
Vollard y Daniel Henry Kahnweiler y los ricos estadounidenses residentes en
Francia Gertrude Stein y su hermano Leo, quienes se convirtieron en sus
primeros mecenas. Todos ellos fueron retratados por el pintor.
Protocubismo
En el verano de 1906,
durante una estancia de Picasso en Gosol, Andorra, su obra entrará en una nueva
fase marcada por la influencia del arte griego, ibérico y africano. El célebre
retrato de Gertrude Stein (1905-1906, Museo Metropolitano de Arte, Nueva York)
revela un tratamiento del rostro en forma de áscara. La obra clave de este
periodo es Las
señoritas de Avignon (1907, Museo de Arte Moderno, Nueva York), tan
radical en su estilo —la superficie del cuadro semeja un cristal fracturado—
que no fue entendido, incluso, por los críticos y pintores vanguardistas de
aquel momento. Frente a la pintura tradicional, Picasso rompe en esta obra con
la profundidad espacial y la forma de representación ideal del desnudo
femenino, reestructurándolo por medio de líneas y planos cortantes y angulosos.
Cubismo analítico y sintético
Inspirados por el
tratamiento volumétrico de las formas pictóricas de Paul Cézanne, Picasso y
Georges Braque pintaron en 1908 una serie de paisajes dentro de un estilo que
un crítico describió después como si hubieran sido hechos a base de “pequeños
cubos”, imponiéndose así el término cubismo. Entre 1908 y 1911 trabajaron en
estrecha colaboración dentro de esta línea de descomposición y análisis de las
formas, desarrollando juntos la primera fase del cubismo, conocida como cubismo
analítico. La paleta monocromática prevaleció en estas representaciones de
motivos totalmente fragmentados, mostrados de modo simultáneo desde varios
lados. Los temas favoritos de Picasso fueron los instrumentos musicales, las
naturalezas muertas y sus amigos, entre los que destaca el retrato de uno de
sus marchantes, Daniel Henry Kahnweiler (1910, Instituto de Arte de
Chicago). En 1912 realiza su primer collage, Naturaleza muerta con silla de paja
(Museo Picasso, París), combinando pasta de papel y un trozo de hule sobre un
lienzo pintado sólo en algunas zonas, que representa un vaso, un periódico, una
pipa, una ostra y un limón. Esta técnica señala la transición hacia el cubismo
sintético. Esta segunda fase del cubismo es más decorativa, y el color
desempeña un papel más destacado, aunque nunca de manera exclusiva. Dos obras
de 1915 demuestran la simultaneidad de estilos que utilizó: Arlequín
(Museo de Arte Moderno) es un cuadro cubista sintético, mientras que un dibujo
de su marchante, Vollard (Museo Metropolitano de Arte), está realizado dentro
de lo que se conoce como estilo ingrista, así denominado porque emula las
formas artísticas del pintor francés Jean August Dominique Ingres. De 1923 es
su Arlequín
con espejo (Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid). Obra de su llamado
periodo clásico (1921-1925), anunciado, en parte, en los dibujos ingristas y
consecuencia de su estancia en Italia en 1917.
Escultura cubista
El busto de bronce de Fernande
Olivier (también llamado Cabeza de mujer, 1909, Museo de Arte
Moderno) muestra la consumada habilidad técnica de Picasso en el tratamiento de
las formas tridimensionales. También realizó conjuntos —como Mandolina y
clarinete (1914, Museo Picasso, París)— formados por fragmentos de
madera, metal, papel y otros materiales, explorando con ello las hipótesis
espaciales planteadas por la pintura cubista. Su Vaso de ajenjo (1914, Museo
de Arte Moderno) es una escultura en bronce coloreada que representa un vaso de
ajenjo sobre el que aparece colocada una cucharilla de plata y la reproducción
exacta de un terrón de azúcar; tal vez se trate del ejemplo más interesante de
escultura policromada cubista realizado por Picasso, anticipando con ella tanto
sus posteriores creaciones de objetos encontrados del tipo Mandril y joven (1951, Museo
de Arte Moderno), como los objetos Pop art de la década de 1960.
Realismo y surrealismo
Durante la
I Guerra Mundial, Picasso viajó a Roma para realizar los decorados de los
ballets rusos de Sergei Diáguilev. Conoció allí a la bailarina Olga Koklova,
con la que se casó poco después. Dentro de un estilo realista, figurativo, en
torno a 1917 Picasso la retrató en varias ocasiones, al igual que a su único
hijo legítimo, Pablo (por ejemplo, en Pablo vestido de Arlequín, 1924, Museo
Picasso, París) y a sus numerosos amigos. A comienzos de la década de 1920
pintó una serie de cuadros con figuras robustas, pesadas, escultóricas, dentro
del que se ha denominado estilo ingresco, como por ejemplo Tres mujeres en la fuente
(1921, Museo de Arte Moderno) y obras inspiradas en la mitología, como Las flautas
de pan (1923, Museo Picasso, París). Al mismo tiempo creó también
extraños cuadros de bañistas inflados e informes, con cabezas muy pequeñas y
grandes cuerpos, así como retratos de mujeres en actitudes violentas,
convulsas, indicando a menudo con ellas sus propias tensiones vitales. Aunque
siempre declaró que no era surrealista, en muchos de sus cuadros se pueden
apreciar cualidades y características propias de este movimiento artístico,
como en Mujer
durmiendo en un sillón (1927, Colección Privada, Bruselas) y Bañista
sentada (1930, Museo de Arte Moderno).
Pinturas: 1930-1935
Varios cuadros cubistas
de comienzos de la década de 1930, en los que predomina la armonía de líneas,
el trazo curvilíneo y un cierto erotismo subyacente, reflejan el placer y la
pasión de Picasso por su nuevo amor, Marie Thérèse Walter, con la que tuvo a su
hija Maya en 1935. Marie Thérèse, retratada muy a menudo en actitudes de
reposo, fue también la modelo del famoso cuadro Muchacha ante el espejo
(1932, Museo de Arte Moderno). En 1935 Picasso llevó a cabo la serie de
grabados Minotauromaquia,
un bellísimo trabajo en el que mezcla los temas del minotauro y las corridas de
toros; en esta obra, tanto la figura del toro como la del caballo destripado
anuncian las imágenes del Guernica, el gran mural considerado por la
mayoría como una de las obras artísticas individuales más importante del siglo
XX.
La II Guerra Mundial y los años de posguerra
El estallido y
posterior desarrollo de la II Guerra Mundial contribuyeron a que la paleta
de Picasso se oscureciera y a que la muerte fuera el tema más frecuente en la
mayor parte de sus obras. Así lo vemos, por ejemplo, en Bodegón con calavera de buey
(1942, Kunstsammlung Nordrhein-Westfalen, Düsseldorf) y en El osario (1945, Museo de
Arte Moderno). Conoce por entonces a la pintora Françoise Gilot, con la que
tendrá dos hijos, Paloma y Claude; ambos aparecerán retratados en numerosas obras
que recuperan los primeros estilos de Picasso. Su última compañera sentimental,
a la que también retrató en bastantes ocasiones, fue Jacqueline Roque, a la que
conoció en 1953 y con la que se casó en 1961. Desde entonces residió casi
siempre en el sur de Francia.
Últimos trabajos: recapitulación
Muchos de los últimos
cuadros de Picasso están basados en las obras de los grandes maestros del
pasado como Diego Velázquez, Gustave Courbet, Eugène Delacroix y Édouard Manet.
Además de en la pintura de cuadros, Picasso trabajó también en cientos de
litografías que realizó en la imprenta de Fernande Mourlot. Se interesó también
por la cerámica, y así, en 1947, en Vallauris, realizó cerca de 2.000 piezas.
Durante este tiempo Picasso hizo también importantes esculturas: El hombre
del carnero (1944, Museo de Arte de Filadelfia), un bronce a tamaño
natural, y La
cabra (1950, Museo de Arte Moderno), también en bronce, obra de
enorme fuerza. En 1964 llevó a cabo la maqueta de Cabeza de mujer, una
monumental escultura levantada en 1966 en acero soldado en el Civic Center de
Chicago. En 1968, y a lo largo de siete meses, creó las notables series de 347
grabados con los que retornó a sus primitivos temas: el circo, las corridas de
toros, el teatro y las escenas eróticas.
A lo largo de toda su
vida la obra de Picasso se expuso en innumerables ocasiones. La más inusual de
ellas fue la que le dedicó el Louvre en 1971 con motivo del 90 cumpleaños del
artista; hasta entonces nunca se había expuesto en el museo parisino la obra de
ningún artista vivo. Picasso murió el 3 de abril de 1973 en Notre-Dame-de-Vie,
su residencia cercana a Mougins.
El clasicismo de Picasso
Mi idea con la
presentación de los cuadros que aquí mostramos es poner de manifiesto el
"clasicismo" dePicasso, sus elementos innovadores y de ruptura, pero
sin perder el horizonte del lenguaje clásico. ¿A qué nos referimos con lenguaje
clásico?
El Clasicismo puede ser
entendido como una representación estilística, es decir, como una manera de
pintar donde se utiliza la simetría, el volumen, la frontalidad, la perpectiva
cónica-central, la representación mimética de los objetos, es decir tal y como
los percibe el ojo, y que se está utilizando desde el Renacimiento hasta el
siglo XX.
Por Clásica también es
aquella obra, aquel cuadro que mediante recursos estilísticos anticlásicos
puede conseguir que una obra este presente la solidez, la consistencia física
de las cosas, de los objetos, es decir lo que los objetos son sin adjetivar, se
elimina la adjetivación prescindiendo del tiempo.
Picasso sería
representante de ese segundo clasicismo, es decir, su obra es intemporal, pues
uno de los elementos que le caracteriza es la ausencia de detalles, de
adjetivo, de particularidades, de concreccines. Es decir, cuando pinta un vaso,
pinta el vaso, no el vaso concreto que utiliza en su casa para beber, la
esencia del vaso, independientemente del lenguaje que utilice para
transmitirlo: cubista cuando esta en sus etapas cubistas, surrealista cuando se
acerca a los surrealistas, aunque en Picasso siempre se mantiene el horizonte
de la referencia figurativa, raya la abstracción en ocasiones pero nunca llega
a ser abstracto. La única excepción en la adjetivación de los objetos se
refiere a la animalización que además va a ser el rasgo definidor del ser
humano, como animal, y la figura humana es el tema central de todo arte
considera clásico o clasicista.
Así tenemos que Picasso
va a lograr el Clasicismo utilizando recurso anti-clásicos o que enmascaran ese
clasicismo. Su clasicismo no será nunca aparente, no se percibe a primera
vista, incluso tras una primera aproximación a su obras. A este rasgo no
escapan ni sus primeras obras más tradicionales. Una análisis estilístico de su
obra no pone en evidencia su pose clásica pues es un gran transgresor de esas
reglas que ha aprendido en sus años de formación en Barcelona y en Madrid en la
Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, pero es un aprendizaje que no le
sirve para su propósito, no es útil para los albores del siglo XX.
Obras
Les demoiselles
d´Avignon
1906-1907. Óleo sobre lienzo. Museum of Modern Art.
New York.
Es un cuadro que desde que fue pintado ha
sufrido varias interpretaciones. Voy a dejar reflejada sólo tres de ellas.
1.- La interpretación más convencial es la de
Kahnweiler quien dice que es un cuadro inacabado, sería el cuadro que inicia el
Cubismo si analizamos las dos figuras femeninas de la derecha y el bodegón, son
figuras que ya representan la tridimensionalidad a través de la
bidimensionalidad del cuadro.
2.- La interpretación de Barr. Acepta la postura de
Kahnweiler, pero con un matiz, piensa que el cuadro no es aún inicio del
Cubismo, sino que es una obra de transición donde se están llevando a cabo
experimentos, es el cuadro donde se dirime la batalla que concluye con la
aparición del Cubismo.
3.- La interpretación de Goldin. Propone que no es
un cuadro cubista, ni siquiera precursor del Cubismo , defiende que es un
cuadro donde hay una búsqueda de equilibrio entre la representación de la
estructura abstracta que supone un cuadro y la representación de la objetividad
aliada al intimismo.
El tema del cuadro
también ha sido fruto de diferentes interpretaciones, dichas interpretaciones
están en relación con los dibujos preparatorios del cuadro. El cambio principal
entre estos bocetos y el cuadro final es que en los dibujos aparecen unas
figuras masculinas: un marinero y un estudiante de medicina, figuras
identificadas por detalles que aprecen o desaparecen según el dibujo de que se
trate. Siguiendo los dibujos se hace más factible la interpretación de que es
una escena que transcurre en un prostíbulo, sobre todo al
estar tan cercana a una obra como El harén. En el
cuadro no aparecen esas figuras masculinas y con ello el efecto que se consigue
es que el espectador en lugar de contemplar una habitación con unas
prostitutas, pase a ser mirado por ellas, ellas son las que le interrogan, son
quienes le solicitan un posicionamiento.
Este es uno de los rasgos
fundamentales del arte del siglo XX, el espectador nunca más contempla una obra
por la mera contemplación de la misma, tendrá que tomar partido, para terminar
la imagen, para opinar sobre la imagen, para participar en la creación de la
imagen que llegara a convertirse en una instalación.
En el cuadro priman dos aspectos: el primitivismo y
la disgregación espacial
- El primitivismo se ve en el rostro de estas
mujeres y en el uso de la combinación de colores:
ocre-rosado y azul claro.
El primitivismo de los rostros tiene una doble vertiente: las dos figuras
de la derecha muestran una relación más clara con la escultura negra, sobre
todo de corte oceánico,
mientras que las dos centrales y la de la izquierda
nos llevan a la estatuaria ibérica. El interés de Picasso en este tipo de arte
radica en el sentido totémico y las formas simplificadas. Picasso traduce una
aproximación romántica hacia estas obras pues no se queda en los rasgos
estilístico, hay un elemento de expresividad, en el fondo estos rostros tienen
algo de máscaras y como tal pasan a ser objeto de culto, parte de un rito.
Para Picasso el arte primitivo es algo emocional,
por eso traspasa los límites de la forma, estas máscaras nos producen una
sensación de miedo, excitan el sentimiento y es el aspecto que a Picasso le
interesa destacar en este cuadro. En este primitivismo estaría recogiendo lo
que de misterio y salvaje encontramos en el arte oceánico.
En cuanto al color, es el
color que se usa para pintar las máscaras oceánicas, es decir, aquellas
máscaras de las colonias oceánicas francesas donde el juego de los rosas y
blanco apastelados son muy frecuentes. Para lograr plasmar la textura de
máscaras en estos rostros, Picasso va a introducir un nuevo elemento: la
respiración en blanco, deja una zona en blanco, un límite entre dos colores sin
pintar, de forma que se ve el lienzo, pasando a convertirse el lienzo en
elmento plástico en si mismo. Esta herramienta le permite así introducir la
sensación de profundidad utilizando el cuadro.
- La disgregación espacial va a traer como
consecuencia que el cuadro deje de ser la narración de una historia y pase a
ser la construcción de objetos que se ofrecen a nosotros. La unidad del cuadro
tiene que venir dada por el espectador, es nuestra mirada la que los reune y la
que le da sentido. Steinberg utiliza una metáfora fantástica al hablar del
cuadro como una mano, donde cada uno de los dedos que sería cada una de las
mujeres es diferente, pero todos juntos, conforman la unidad de la mano, siendo
la mirada la que organiza de forma arquitectónica y constructiva el cuadro,
pues estas figuras no respetan los puntos de vista naturalista. Picasso
introduce diferentes puntos de vista en atención a una composición autónoma
respecto de la percepción naturalista: la figura en cuclillas con el rostro
completamente de espalda y dada la vuelta es una postura anatómicamente
imposible, la segunda figura de la izquierda, está tumbada y a la vez se la ha
levantado.
Las Meninas
1957. Óleo sobre lienzo. 194 x 260 cms. Museo
Picasso. Barcelona.
Después de la I Guerra
Mundial Picasso, quizás desbordado o desconcertado por los nuevos rumbos que
están tomando las creaciones vanguardistas decide volverse clásico y para ello
vuelve a la pintura, a la historia de la pintura y a reflexionar sobre ella,
adelantándose a lo que años después iba a ser un rasgo común del panorama
artístico. Será clásico en relación a el arte contemporáneo, a otros artistas y
a si mismo. Clásico en el sentido de intemporalidad, de imagen que atraviesa la
fugacidad del tiempo y perdura. Esa perdurabilidad se consigue prescindiendo de
lo accidental y mostrando aquello que lo define, que lo conforma. En las
vaguardias esto se ha concretado en una radical puesta en cuestión del lenguaje
plástico y Picasso más que ningún otro artista nunca se detuvo en la búsqueda de
ese lenguaje, que siempre fue incesante, ahora reinterpretando obras de
artistas del pasado, reflexionando con ese lenguaje sobre ellas, y abriendo así
una nueva vía al clasicismo. La reflexión no es arbitraria pues selecciona
aquellos temas que en relación con la naturaleza, la búsqueda de seguridad y
confianza resulta más inmediata.
Esta revisión histórica
comienza con Mujeres de Argel, obra de Delacroix, quizás sí hay un
acontecimiento externo que le marca para iniciar estas series de interpretación
de obras de grandes artistas del pasado: Matisse con quien le unía un profundo
afecto a quien visitaba y con quien charlaba de forma regular, acaba de morir
en noviembre de 1954, Picasso comienza este cuadro en diciembre y los recursos
matissianos están presentes.
Picasso trabajó en la serie de Las Meninas
desde el 17 de agosto al 30 de diciembre de 1957. Picasso no hace sólo una
reinterpretación en el cuadro, hace 58 cuadros, que finalmente donó al Museo
Picasso de Barcelona en 1968. Durante los primeros meses de trabajo en estos
cuadros no dejó que nadie, excepto Jacqueline los viera.
Picasso se va a permitir
además de la reinterpretación de la obra, la introducción de algunos elementos
nuevos en el cuadro como palomas, retratos de Jacqueline. Entre otras licencias
hay un elemento que destaca: la disposición del cuadro, Picasso opta por un
formato horizontal, en lugar del vertical que uso Velázquez, este formato es
más narrativo, se ve así obligado a extender la imagen, bajar los techos y
destacar la figura del pintor casi gigantesco.
Para intensificar la
sensación espacial y crear un recinto cúbico ha extendido la pared de la
derecha destacando los ventanales como había hecho Velázquez. Ha creado una
construcción donde lo que importa es la relación espacio, en este caso del
estudio y los personajes.
Guernica
1937. Óleo sobre lienzo. 349 x 777 cms. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Como dijimos en la
introducción, ninguna obra de arte surge aislada, al margen del tiempo y el
momento que la vio crecer, el Guernica quizás, menos que ninguna otra. Pintada
para el Pabellón de España en la Exposición Internacional celebrada en París en
1937, pabellón montado con carácter propagandístico por parte de la República
Española y que iba a atraer a una gran cantidad de visitantes, visitantes que
iban a una Exposición y que pasaban delante de un mural que parecía un gran
cartel, nada que ver con el visitante que hoy en día se dirige a un museo y ve
la obra. Este es un elemento a tener en cuenta cuando vemos el cuadro.
Este cuadro fue creado para la colectividad,
para que lo contemplase un gran número de personas, de ahí su tamaño y la
reducción a la gama del blanco al negro. Es un cuadro que busca producir un
efecto sobre muchas personas, personas de todo tipo. La obra lo consigue, es un
cuadro ante el que nadie se queda indiferente, ante el que se opina por ello ha
pasado a ser una obra fundamental del arte de nuestro siglo, pero fue un cuadro
creado como cartel publiciatiario para poner de manifiesto la injusticia y la
barbarie del bombardeo de Guernica el 26 de abril de 1937 a las cinco menos
veinte de la tarde. Guernica, una población vizcaina de 7000 habitantes a 30
km. de Bilbao, patria de las libertades vascas, pues ante su famoso roble los monarcas
españoles y sus representantes juraban los fueros vascos. Los motivos del
bombardeo fueron de índole ejemplarizante y experimental, se utilizaron bombas
incendiarias y poderosos explosivos, sólo quedaron indemenes el 10 por ciento
de los edificios y el número de muertos nunca se calculó.
Un factor a tener en
cuenta, sobre todo a raíz de la polémica que este cuadro está alcanzando es que
el cuadro fue encargado a Picasso antes de que se produjera el bombardeo, fue
encargado por la II República con ese afán propagandístico antes aludido, para
manifestar la oposición al alzamiento nacional y a la guerra que éste había
provocado, aunque también es cierto que Picasso no empezó a pintar hasta que se
produjo el bombardeo, y lo hizo de forma ferviente y casi acelerada y en el
plazo de un mes termino la obra, por eso hay que ampliar el significado y la
lectura de esta obra que no reivindica la crueldad de una masacre concreta sino
que se convierte en un alegato contra la crueldad y la injusticia de la guerra
y contra la barbarie propia del fascismo y el nacional-socialmismo que más
adelante iba a azotar toda Europa.
Este cuadro es el cuadro
pacifista por antonomasia y ante el cual no podemos quedarnos indiferentes,
quizás mi propia experiencia sirva de ejemplo para evidenciar la fuerza del
cuadro. Durante mis años de bachillerato -en plena transición democrática- este
cuadro era el cuadro que decoraba muchos de los hogares de los demócratas más
abanderados. Siempre pensaba: qué razón les impulsaba a tener esa obra gris y
amorfa llena de distoriones. La primera vez que vi el cuadro en el Casón del
Buen Retiro no puede reprimir las lágrimas por la fuerza con que la brutalidad
y la crueldad a la que el hombre puede llegar estaban allí encarnada en esas
imágenes, en esos símbolos o iconos por otro lado tan tradicionales: el toro,
el caballo, la mujer caída con el niño en brazos. Para expresar esa brutalidad
humana hay que recurrir a la fealdad, a la desmembración y el
resquebrajamiento, al blanco y negro para no dejar ningún ápice de duda a la
interpretación, a la vacilación, a la impasibilidad, de forma que las entrañas,
los sentimientos o del que comtempla tienen que quedar "tocados",
"trasmutados". Picasso consciente de ello imprime unas dimensiones
considerables al cuadro, y el uso del blanco y el negro, aunque está no fue la
opción incial del
artista como demuestran los numerosos bocetos que
se exhiben junto al cuadro.
La elaboración del cuadro
comienza el 1 de mayo de 1937 y podemos ver la evolución del mismo gracias a
las fotografías que tomaba Dora Maar. Desde los primeros bocetos aparecen todas
las figuras de la obra final: el toro, la mujer con la luz, el guerrero en el
suelo, el caballo. El 8 de mayo introduce a la madre con el niño, y el caballo
muerto que cae sobre el guerrero. El 11 de mayo empieza a pintar sobre el
lienzo definitivo hasta el 4 de junio.
Joan Miró (Barcelona, 1893 - Mallorca, 1983)
Biografía
Miró, al igual que Picasso es uno de los
pintores españoles más conocido internacionalmente y que alcanzó el éxito y el
reconocimiento internacional fuera de España. Pero a diferencia del malagueño
su vida privada no es extraordinaria, ni singular, está transcendida de
cotidianeidad. Quizás sea por eso que existen algunos tópicos erróneos en relación
a su biografía.
Nació en Barcelona el 20
de abril de 1893 en el Passatge del Crèdit nº 4, donde su padre tenía un taller
de orfebrería y relojería, por tanto es catalán y no mallorquín como en
ocasiones se dice, aunque es en Mallorca donde se traslada a vivir en 1956 y
donde reside hasta su muerte en la navidad de 1983.
1907 Siguiendo los deseos de su padre se
matricula en la Escuela de Comercio de Barcelona, y además asiste a las clases
de la Escuela de Bellas Artes de La Lonja, donde recibe clases de Modesto
Urgell y Josep Pasco.
1910 Empieza a trabajar de contable en la
droguería Dalamau y Oliveres, trabajo al que no consigue adaptarse y le provoca
una crisis nerviosa.
1911 Como consecuencia de la grave enfremedad que
sufre se trasalda a decansar a la casa de campo que su familia había adquirido
recientemente en Motroig, un pueblo de Tarragona a pocos kilómetros del mar.
Ahora es cuando decide edicarse completamente a la pintura.
1912 Se matricula en la Escola D,Art dirigida por
Francisco Gali. Academia que proponía una educación artística integral, donde
además de aprender dibujo y pintura se discutía sobre la obra de Van Gogh,
Cézanne, Gaugin, etc. Galí proponia tocar las cosas, los objetos, las personas
para después pintarlas y dibujarlas, de forma que se ampliaba la experiencia
sensorial para después ser capaces de traducir visualmente todas las
sensaciones. Sus excursiones al campo no eran para tomar apuntes o esbozos,
sino que se paseaba, se tocaba música, se leía poesía, etc. Es decir, se
proponían unos métodos muy distintos a los académicos. También en este año conoce la obra de los
Cubistas por la exposición que tiene lugar en la galería Dalmau, entre otros
expusieron Gleizes, Gris, Duchamp.
1917 Conoce a Picabia, quien se refugia en
Barcelona huyendo de los efectos de la I Guerra Mundial, también conoce a Max
Jacob. Es el primer contacto personal de Miró con los surrealistas, aunque ya
conocía la obra de Apollinaire y Paul Reverdy.
1918 Es el año de su primera exposición
individual en la galería Dalmau donde deja entrever la influencia del
expresionismo alemán, aunque ese mismo año, unos meses después se produce un
cambio radical en su obra fruto de la impresión que le produce el paisaje y la
obra del "Aduanero" Rousseau.
1919 En Marzo se traslada a París donde estaba su
amigo Llorens Artigas y nada más llegar visita a Picasso. A partir de este año su vida transcurre
entre París donde pasa el invierno y Montroig donde pasa los meses de verano.
Esta dualidad de hábitos de vida se va a traducir en su pintura en una presencia
e inspiración profunda de la naturaleza en la que busca y necesita un contacto
directo que será constante en toda su obra, esta necesidad le hace llevarse
hierba de Mointroig en la maleta para terminar el Cuadro La Granja y la
abstracción -aunque odiaba que le llamaran o considerasen un pintor abstracto-
que surge como lenguaje del Surrealismo que empezara a desarrollar fruto de la
amistad y colaboración con Masson con quien entra en contacto en 1920, pues
tiene el estudio enfrente del suyo en el 45 de la rue Blomet. No traba amistad con Masson hasta 1924, con
otros surrealistas formaban el grupo Blomet, que era el grupo heterodoxo. El
surrealismo de Miró no surge del sueño y de la liberación de la mente sino que
surge de las ideas que subyacen debajo de la superficie, de la apariencia, de
la realidad. Con él comparte la idea que un cuadro no tiene que dar una
representación "inmediata" de la realidad. A pesar de su afinidad
creativa Miró nunca estuvo integrado plenamente en el grupo pues veía un
marcado matiz de intolerancia tanto en la teoría como en la práctica. El mismo
dijo en sus conversaciones con Raillard no iba porque el ambiente le parecía
triste.
1927 Puede disponer por primera vez de su propio
estudio en París, hasta entonces había estado utilizando el estudio de Pablo
Gargallo, situado en la Rue Tourlaque, 22, en pleno Montmartre, teniendo ahora
como vecinos a Magritte, Paul Eluard, Jean Arp.
1928 Es el año en que conoce a Alexander Calder,
tendrán una amistad que se desarrolla a lo largo de toda su vida. Hace un viaje
a Holanda donde quedó cautivado pro la obra de Vermeer de Delft y otros
pintores holandeses del siglo XVII que le inspiran "Interior
holandés" en donde es capaz de escapar a la representación de la realidad
externa a través de la representación de los detalles más íntimos de esa
realidad externa que representa.
1929 Es el año en que inicia las primera
litografías y el año de su boda con Pilar Juncosa.
1930 Año que marca el distanciamiento con los
Surrealistas, cuando estos se politizan y entran en una batalla que a Miró no
le interesaba, su batalla están en lo revolucionario de sus cuadros donde
muestra el testimonio de la esperanza de una forma de civilización superior. La
brutalidad de sus obras durante la década de los 30 es un aviso de aquello que
iba a suceder... Son años de inicio de una abstracción más acentuada,
enfatizando su siempre deseo de REDUCIR, sin abandonar el dramatismo.
1936 La Guerra Civil Española, que estalla el 18
de julio, le sorprende en París. Este hecho le impide volver a Barcelona.
1937 Realiza una obra para el Pabellón Español de
la República en la Exposición Universal de París: El faucheur o el Segador, un
mural hoy desaparecido.
1938 Afectado por la victoria del General Franco
y el comienzo de la II Guerra Mundial, Miró se retira a una casa solitaria de
Varengeville-sur-Mer en Normandía. Estas dos guerras las sufrió como verdaderos
tormentos que sólo aparecerán reflejados en sus cuadros, y deseos de escapar a
la realidad que le llevan a refugiarse en la noche, la música y las estrellas
inaugurando una serie de gouches denominados Constelaciones.
1939 En el mes de Enero inicia las constelaciones
y las termina en Septiembre de 1941, ya en Mallorca a donde después de
múltiples tensiones familiares decide trasladarse una vez que París ha sido
tomada por los alemanes. En Mallorca inicia su gran exilio interior.
1944 Comienza a trabajar en cerámica.
1947
Año
de su primera estancia en New York durante 8 meses, donde entabla una
afectuosa amistad con Jackson Pollock,
a pesar de que Pollock no hablaba ni castellano ni francés, ni Miró inglés. Se
produce entre ellos un entendimiento mutuo de su pintura. Para Miró resulta vivificante, y queda fascinado por
el tamaño de los cuadros y el grado de libertad que este hecho introduce en
ellos.
1948
Viaja
a París, después de 8 años de ausencia, empieza a trabajar con litografías
e ilustra con 80 láminas el libro de
Paul Eluard A toute épreuve que se
publica en 1950.
1954 Es galardonado con el Primer Premio de
Pintura de la Bienal de Venecia.
1955 Fija su residencia en Mallorca en la casa
que el arquitecto Sert le diseña en lo alto de una colina, el mismo arquitecto
que había diseñado el Pabellón Español durante la Exposición Universal de París
de 1937 y el creador del Museo de Miró en la ciudad condal.
1958 Realiza los murales en cerámica para la sede
de la UNESCO en París.
1959 Inicia una etapa enormemente fructífera que
marca una ruptura con las anteriores. Ahora el gesto y el grafismo se imponen
al signo. Su forma de expresión se va haciendo cada vez más directa. Vuelve a
Estados Unidos con motivo de las Exposiciones Retrospectivas que de él se
llevan a cabo en el Museum of Modern Art de New York y en los Angeles. Además
se le concede el Gran Premio de la Fundación Guggenheim.
1960 Pinta la serie Bleue I, II y III donde el
color y la escritura son los protagonistas. Vuelve a viajar a Estados Unidos.
1965 Viaja por cuarta vez a Estados Unidos. Se
inaugura la Foundation Maeght en Sant-Paul-de-Vence en Francia y su Laberinto
es decorado por cerámicas y esculturas de Miró.
1966 Viaja por primera vez a Japón.
1967 Quinto y último viaje a Estados Unidos.
Impresionado por los acontecimientos que tiene lugar en París, está informado
de la situación y quiere conocer el espíritu que los impulsa, para ello
mantiene conversaciones con sus nietos e intenta comprender las inquietudes de
la juventud de ese momento.
1968 Segundo viaje a Japón.
1972 Exposición Magnetic Fields en la Guggenheim
de New York.
1983 Muere el 25 de Diciembre en Mallorca.
Obras
La masía
1921-1922. Óleo sobre lienzo. 132 x 147 cms.
Colección de Mrs. Ernest Hemingway. New York.

La primera visita de Miró
a París data de 1920. Fue tal el impacto que la ciudad y sus pintores le
produjeron que dejo de pintar durante una temporada. Este cuadro fue iniciado
en Montroig y terminado en París. Tardo unos años en encontrar comprador y no
fue otro que Ernest Hemingway quien dijo que no lo cambiaría por ningun otro
cuadro del mundo.
Es un cuadro que se
enmarca dentro de un contexto de pintura "naif" que estaba
desarrollando durante estos años, en ese sentido se emparenta con Paisaje con
un asno, esa sensación proviene de la singularidad con la que se ha pintado
cada motivo y el deseo de mostrar las partes o elementos fundamentales de cada
uno de ellos. Para ello altera la disposición convencional de figuras y
objetos: hace desaparecer la pared del establo para dejar ver aquello que hay
dentro, muestra las raíces de los árboles, varía las perspectivas de los
objetos de forma que unos aparecen de frente, otros de perfil como la regadera
y el cubo, o la escalera y los pájaros que hay sobre ella dentro del establo.
Los objetos están represeantados con claridad, precisión y nitidez
imprimiéndoles solidez onírica. Este es el elemento específico de Miró y su
obra y que le diferencia de los demás Surrealista, en él es el sueño el que da
solidez material a los motivos, nos permite ver su verdad y consistencia a
través de su singularidad.
Esta obra además
evidencia que la leyenda sobre la torpeza de Miró a la hora de dibujar es falsa
y queda claramente desmentida.
También muestra un
elemento que es constante en su obra, la preocupación por la naturaleza, un
sentimiento cósmico que huye de lo grandioso y sublime para refugiarse en lo
auténtico y humilde, la unión con la naturaleza a través de las pequeñas cosas.
El carnaval del Arlequín
1924-25. Óleo sobre lienzo. 66 x 93 cms.
Albright-Knox Art Gallery. Buffalo.
En este cuadro se empieza
a sistematizar el lenguaje que es característico de Miró y por el que es
universalmente conocido. El final del proceso son formas muy abstractas en
muchos casos, y alejadas del referente del que partieron, pues lo sorprendente
en Miró es que en el proceso de metamorfosis todas las figuras salen de la
naturaleza, aunque sólo veamos líneas que conforman siluetas.
El mismo Miró en sus
conversaciones con Raillard nos evidencia el proceso de metamorfosis de este
cuadro. Raillard ve en este cuadro y en un personaje de Tierra Labrada un
diablo, para Miró, ese personaje es un lagarto, lagarto al que en Tierra
Labrada ha puesto un sombrero y en Carnaval del Arlequín unas alas -hablamos
del personaje que sale de una caja que es a la vez un dado-. En esa
conversación hay dos elementos a destacar para Miró: estos personajes son
animales y el hecho que sea una cosa u otra lo es para él, pero para el
espectador puede ser otra cosa y esa interpretación es legítima y además la
indefinición de la forma lo permite, como veremos más adelante este rasgo de su
obra llega hasta sus últimas consecuencias en los cuadros Azul I, Azul II y
Azul III.
Los animales son objeto
de interés para los Surrealistas, aunque es difícil establecer una relación de
continuidad con ellos, parece mera coincidencia pues el tratamiento es
distinto. Para los surrealistas, a través de la influencia de Lautreamont, lo
que de los animales y la naturaleza se extrae es lo monstruoso y lo violento.
Estos tres elementos desaparecen en la obra de Miró, quien opta por mostrar lo
grotesco, humorístico y lúdico que hay en un carnaval donde la realidad queda
disfrazada y la apariencia es engañosa, debajo de la máscara se esconde otra
forma, que a su vez puede esconder otra forma, otra realidad; Miró lo que hace
es mostrarnos su realidad. La transformación es lúdica, Miró, llega a comentar
que el triángulo negro que se ve por la ventana es la torre Eiffel.

A pesar del aparente
desorden en el que los diferentes personajes se sitúan hay un orden de carácter
cromático, un juego zigzagueante de azules, amarillos, blancos y rojos.
Siguiendo el colorido saltamos de un personaje a otro, pero sin que haya una
imagen, o una dirección del recorrido que prime sobre la otra, todo está
permitido. Miró consigue en este cuadro plasmar la autonomía de las figuras y a
ella se une la autonomía de los signos gráficos que no representan nada, una
línea zigzagueante, un perfil, una mancha son elementos que le sirven para
enlazar unas figuras con otras y crear una vinculación puramente plástica.
Espero que paséis un rato divertido viendo el cuadro y que hayan desaparecido
los prejuicios que pudieraís tener referentes a Miró.
El pájaro migratorio
26 de mayo de 1941. Gouache y pintura al aguarrás
sobre papel. 46 x 38 cms. Colección particular.
Los acontecimientos de
España y Europa hicieron que sus cimientos y su equilibrio interior se
tambaleara, esto hizo que Miró se encerrara en sí mismo deliberadamente según
confesión de 1948. El ciclo de Constelaciones, al que pertenece este cuadro se
pintó entre el 20 de enero de 1940 y el 12 de Septiembre de 1941 y como fruto
de un retiro absoluto. Mujeres, pájaros y estrellas pueblan los lienzos en unas
secuencias que mantiene una cadencia en una ocasiones en avance
resplandeciente, brillando aquí y allá en colores vivos, siempre de forma
inesperada. Los fondos sugieren un espacio vibrante, enorme, la luz del
atardecer, con su mezcla cromática que parece desvanecerse, desaparece hacia la
oscuridad, imprimiendo un aire interestelar. El orden en el que se mueven las
figuras incesantemente en un enredo de encuentros y distanciamientos, parece
responder a una gravitación planetaria. El sentido del movimiento se logra
separando las partes que se unen en el transcurso de su trayectoria más o menos
orbital.
En este caso vemos dos figuras, ala derecha
una mujer, identificada por la forma estrellada del centro que siempre se asocia
con el sexo femenino. La figura de la derecha sería un hombre. Ambos tienen
aspecto de verdaderos monigotes, casi como si de un pájaro se tratase, por las
formas picudas en que terminan sus rostros, ambos contemplan el cielo con los
brazos abiertos como si del cielo fuera a aparecerles la respuesta que están
esperando y que les permita explicar los absurdos y brutales acontecimientos
que están viviendo durante estos días, como si en el cielo todo fuera armonía y
hacia ese cielo o esa constelación quisieran emigrar, marcharse
definitivamente, para no seguir sufriendo. El título sin duda nos da la clave
para entender a esos personajes, pues en Miró en ningún momento pretende ser
hermético y que su mensaje no llegue al espectador y de ahí los títulos tan evocadores
y líricos de sus cuadros y sobre todo de esta serie. El cuadro que precede a
este se llama Mujeres al borde de un lago irisado por el paso de un cisne.
Influido por esa
presencia cósmica y por la música, únicos consuelos durante estos días de encierro
solitario, el ritmo musical se trasmite en las diferentes formas que acompañan
a estos dos seres, si como tal puede considerárseles. La búsqueda del ritmo se
relaciona con la importancia que concedía a la poesía, entre la que no
establece ninguna diferencia con la pintura, llegando a crear cuadros que él
denominaba cuadros-poesía.
Salvador Dalí Figueras (Gerona 1904 - Figueras 1989)
Biografía
1904 Nace
Salvador Dalí, el 11 de mayo en la calle Motoroli de Figueras. Se le da el
mismo nombre que a otro hijo nacido diez años antes y que murió en 1901 a la
edad de 7años de meningitis. Este hecho será traumático en su biografía y en
sus conversaciones nos hablará del otro-yo, esto le crea gran desestabilidad
emocional al tener que llevar de pequeño flores a una tumba que tiene su
nombre.
1911 Acude a la edad de siete años a la escuela
publica del maestro Traiter cuyos métodos no son nada pedagógicos.
1912 A pesar de tener un padre republicano, federal
y laico envía al joven Salvador a la escuela religiosa de los Hermanos de la
Doctrina Cristiana. En este año ya tiene su primer estudio en la azotea de su
casa, entre otras cosas hace una reproducción en barro de la Venus de Milo.
1914 Pasa a cursar Bachillerato en los Hermanos
Maristas donde se hace famoso por sus excentricidades y falta de afición a los
estudios. Ese mismo año cae enfermo y sus padres le envían a Casa de los
Pichot, familia de pintores y músicos, amigo.s de la familia y en el Moli de la
Torre descubre el Impresionismo francés, el Puntillismo, la obra de Modesto
Urgell y Fortuny, accede a la revista "L’Espirit Nouveau" donde ve
reproducciones de los cuadros cubistas de Juan Gris.
1919 Se lleva a cabo la primera exposición de su
obra en el Teatro de Figueras, donde unos años después se construirá el Museo
Dalí.
1921 Muere su madre Felipa, acontecimiento que
hunde a toda su familia en la tristeza y que causará dos reacciones muy
contradictorias en años posteriores, por un lado le lleva a afirmar que
"Me era totalmente necesario alcanzar la gloria para vengar la afrenta que
representó para mí la muerte de mi madre, a la que adoraba
religiosamente". Eso fue después que años antes el grupo Surrealista le
impusiera, como a todos sus miembros, rechazar públicamente su pasado, su familia
y sus amistades. Para ello Dalí presenta un cuadro con la forma de un Sagrado
Corazón sobre el que escribe "Yo escupo sobre mi madre". Esto provoca
la ira de su padre que le expulsa del hogar en 1929, año del incidente.
También en 1921 viaja a Madrid con su padre y su
hermana para hacer el ingreso en la Real Academia de Bellas Artes de San
Fernando. Dalí se aloja en la Residencia de Estudiantes donde aparece vestido
de luto con unas patillas largas y melena, viste pantalones bombachos de
cazador y en las piernas lleva unas bandas que en Cataluña se llaman
"mulataire" que usaban los excursionistas y cazadores. Acude
asiduamente al Museo del Prado y entra en contacto con la obra de Freud. Es
aceptado en el grupo de la Residencia formado entre otros por Lorca, Buñuel,
Moreno Villa, etc., cuando ven en su habitación un cuadro en estilo cubista.
Cambia en su pintura y en su forma de pensar que se traduce en su forma de
vestir: se corta el pelo y se lo peina engominado, desaparecen las patillas y
viste trajes de corte inglés, aunque este cambio fue adoptado contradiciendo la
opinión de sus compañeros, pues el aspecto de Dalí llamaba la atención y en
ocasiones provocaba enfrentamientos y altercados que le ponían nervioso, pero
que divertían terriblemente a Buñuel.
1923 Es expulsado de San Fernando por apoyar a la
cátedra vacante a Vázquez Díaz.
1924-25 Acude a las clases de la Academia Libre,
fundada por Julio Moisés y sita en el pasaje de la Alhambra. Ese verano expone
en la Galería Dalmau y la críticia es unánime en elogios hacia el pintor de 21
años.
1925-26 Es readmitido en San Fernando. El 11 de
abril y hasta el 28 de ese mes lleva a cabo su primer viaje a París con su
"Tieta" y su hermana, Buñuel les recibe en la capital francesa y le
presenta al grupo de españoles que reside en la ciudad y consigue ver a
Picasso. De regreso en Madrid, en junio se niega a ser examinado de Historia
del Arte "por tres ignorante catedráticos". Este hecho hace que le
expulsen definitivamente de la Real Acaemia de San Fernando. A partir de ahora
el escándalo y la execentricidad presiden su vida.
1929 Se marcha nuevamente a París, en esta ocasión
para rodar junto a Luis Buñuel Un perro andaluz. Presenta su primera Exposición
en París prologada por Andre Breton. En verano vuelve a Cadaqués donde recibe
la visita de Luis Buñuel, el matrimonio Magritte y el matrimonio Eluard. Es el
primer encuentro entre Dalí y Gala y deciden no volver a separarse. Pinta el
retrato de Paul Eluard, El gran masturabador y Los placeres iluminados.
Desarrolla en varios escritos el método paranoico-crítico y pinta conforme a
él.
1930 Se presenta La Edad de Oro. La Liga de
Patriotas se manifiesta contra la película y se destruyen los cuadros que
decoran el vestíbulo de Dalí, Miró, Tanguy y Max Ernst. Ilustra el Segundo
Manifiesto surrealista.
1933 Se marcha a New York con Gala. Expone en la
Galería Julien Levi y a su regreso a París es expulsado del movimiento
surrealista a lo que Dalí responde "No podéis expulsarme porque Yo soy el
Surrealismo".
1936-39 Vive en Italida durante la Guerra Civil
española. Recibe con frialdad la muerte de García Lorca y pinta entre otros
Venus de Milo con Espejos, El Enigma de Hitler. Nuevo viaje a Estados Unidos.
Escándalo en relación a la modificación del escaparate de los grandes almacenes
Bonwit-Teller. Cuando estalla la II Guerra Mundial, se instala en Arcachon y
cuando los alemanes invaden Francia, se traslada a España, va a ver a su padre
y sigue camino hacia Lisboa para viajar hasta Estados Unidos donde reside hasta
1948.
1948 Regresa a España y se produce una vuelta al
clasicimo en su obra. Pinta las primeras obras religiosas, las dos versiones de
Madonna de Port Lligat. Escribe el manifiesto místico donde explica el arte
nuclear. Dalí esta cada día más marcado por una necesidad de destacar y acentúa
su excentrismo y su interés por el dinero y el poder.
1959 Inicia su ciclo de pintura histórica con El
sueño de Cristóbal Colón.
1966 La Galería de Arte Moderno de New York le
dedica la mayor retrospectiva a un pintor vivo. Su obra y su vida empieza a ser
todo especulación y una vez más en busca de la notoriedad se proclama contrario
a la comercialización del arte. No se interesa por la pintura que le es
contemporánea.
1970 Publica Dali, por Dalí. Ya han comenzado las
obras para construir el Museo Dalí de Figueras.
1974 Se inaugura el Museo Dalí de Figueras,
coronado por una gra cúpula geodésica obra de Pérez Piñero, es su segundo museo
pues en 1971 se inauguró otro en Cleveland, Ohio.
1979 Con motivo de su 75 cumpleaños se celebra una
retrospectiva en el Centro Pompidou de París, será uno de los últimos
acontecimientos públicos a los que acuda el pintor, siendo ya miembro de la
Academia Francesa de Bellas Artes.
1982 Gala muere el 10 de Octubre, Dalí abandona la
pintura y su actividad pública se reduce.
1989 El 24 de Enero muere Dalí en su castillo de
Pubol y es enterrado al día siguiente en el teatro-museo de Figueras.
Obras
Muchacha en la ventana
1925. Óleo sobre cartón. 105 x 74,5 cm. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Coetáneo de Muchacha de espaldas este cuadro
replantea el juego espacial doble donde es el personaje quien introduce al
espectador en el paisaje, viendo el espectador ambos; en este caso vemos la
habitación y la muchacha nos introduce en el paisaje que ella contempla de
espaldas al espectador, al igual que hace el monje de Friederich, o cualquiera
de sus otros personajes, pero la comparación con el pintor alemán debe
detenerse ahí.
Dalí crea un paralelismo
entre el ser humano y la arquitectura, donde se plasma un concepto ensimismado,
casi onírico de la realidad, una atmósfera que le hacer a los pintores
metafísicos italianos, por la contundencia de formas a través del dibujo y la
luz que imprimen al cuarto y al paisaje. Esta rotundidad no le lleva a olvidar
los detalles, haciendo un trabajo muy cuidado en la representación de la
cabellera de su hermana Ana María, cabello tratado casi con el cuidado de una
miniatura. La figura de espaldas simboliza para Dalí la una idea profética y será
la pose que adopte más adelante Gala en gran cantidad de cuadros, adquiriendo
un carácter casi obsesivo que culmina en el cuadro titulado Mi mujer desnuda
contemplando su cuerpo convertido en escaleras, tres vertebras de una columna,
cielo y arquitectura, cuadro de 1954.
Muchacha de espaldas
1925. Óleo sobre lienzo. 104 x 74 cm. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Tanto este cuadro como Muchacha en la
ventana del mismo año, pertenecen a la etapa que Santos Torroella ha denominado
Etapa Ana María al utilizar a su hermana como modelo de los cuadros. Este
cuadro puede considerarse anticipo de los planteamientos de la nueva
Objetividad, antes de que se publicara en España la obra "Realismo
mágico" de Fraz Roh. Quizás el objetivismo daliniano, siempre realizado en
tono clasicista provenga de su admiración por Ingres, pues esa influencia se ve
en las obras que expone en la Galería Dalmau en este año. También se acerca a
los planteamientos vertidos en la revista Valori Plastici, en este cuadro se
hace más evidente en el paisaje del fondo que ayuda a estabilizar la
composición pero crea una perspectiva falsa, equivoca y desnuda que agudiza la
sensación de irrealidad. También evidencia la influencia del Picasso cubista,
pero presciendiendo de los rasgos expresionistas y la deformación arbitraria.
Dalí regulariza las imágenes y eso lleva a Santos Torroella a relacionar estos
cuadros con los retratos que Picasso está realizando de Olga Koklova.
El prodigioso dominio del
dibujo, un elemento siempre presente en la obra de Dalí, parece acrecentar la
sensación de irrealidad propia del Realismo.
Este cuadro se relaciona
también en temática y la solución plástica que adopta en el Retrato de Luis
Buñuel.
El gran masturbador
1929. Óleo sobre lienzo. 110 x 150,5 cm. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
En 1929 Dalí realiza un
segundo viaje a París donde permanece dos meses. El motivo del viaje es filmar
Un perro andaluz junto a Luis Buñuel y es el viaje que le permite entrar en
contacto definitivo con el grupo surrealista.
Este cuadro siguiendo la
clasificación de Santos Torroella sería el cuadro que cierra la etapa
lorquiana. Es un cuadro que como la mayor parte de la obra de Dalí responde a
un estímulo biográfico exterior, toda su obra será una contemplación de si
mismo.

Ese verano de 1929 Dalí
está en Cadaqués y recibe la visita del pintor Magritte y su mujer y del poeta
Paul Eluard y Gala. En Cadaqués se produce el primer encuentro en solitario
entre Dalí y Gala.
Este cuadro es el
compendio y resumen de todas las obsesiones de Dalí, quien conocía la obra de
Freud y ha afianzado ya su relación con los Surrealistas por ello se permite
utilizar, aunque transformándolo a su antojo y para su conveniencia las ideas
de Freud pues en ellas encuentra las explicaciones a su personalidad, sus
problemas y obsesiones sexuales. Este cuadro es una autoafirmación, es el
cuadro en el que saca la luz pública sus más íntimas preocupaciones, hasta
rayar en la osadía, osadía que ningun otro miembro del grupo Surrealista se
había atrevido a mostrar. Es el Dalí que perdura hasta su muerte y al que los
propios surrealistas acabarían por expulsar de su círculo.
El cuadro juega, sobre
todo, con la ambigüedad de las imágenes. Esa ambigüedad que en principio pasa
desapercibida por la contundencia del dibujo, la claridad de las imágenes
utilizadas, cuando en realidad nada es lo que parece. Esta ambigüedad culmina
con la creación del metódo paranoico-crítico que está a punto de surgir y del
que este cuadro puede considerarse antecedente.
La figura principal del
cuadro es el autorretrato del pintor, un autorretrato estilizado, pero con los
rasgos más característicos de Dalí: cara amarilla como la cera, una enorme
nariz, rostro alargado. Un autorretrato que a partir de ahora repetira
constantemente. Adheridos al autorretrato hay unos objetos: una langosta o
saltamonte enorme con el vientre plagado de hormigas, un anzuelo, una cabeza de
león, unos guijarros, conchas de playa, emergiendo de ese autorretrato de lo
que sería el cuello una figura de mujer de rasgos muy modernistas, rostro que
se aproxima a unos genitales masculinos enfundados en unos calzoncillos muy
ceñidos.
Todos los elementos son simbólicos.
Los saltamontes aterrorizan a Dalí desde su infancia y en este caso se ha
enfatizado la forma fálica del mismo. Dalí tenía grandes problemas sexuales de
definción, Lorca se enamoró de él y nunca quedo claro la implicación de su
relación, que para Dalí como todo lo sexual tenía un componente de amenaza, el
anonismo es la forma de solucionar esa implicación amenzadora en donde la mujer
devora al hombre. La implicación del deseo sexual se representa en la cabeza
del león, que se encuentra debajo de la "fantasía fellatoria" que
ahora ya se encarna en forma de mujer, junto a un lirio, que tradicionalmente
encarna la pureza, es decir, la masturbación como la forma pura de la relación
sexual. El anzuelo puede significar los intentos de su familia por retenerle a
su lado, y volver a un modo de vida tradicional del que él da muestras de
querer desprenderse defintivamente. Su relación con Gala está presente en esas
figuras que al fondo del cuadro se abrazan, serían el recuerdo de los paseos
que dieron por la playa, los días que ella se quedó en Cadaqués sin Paul
Eluard, esta idea se reafirma con la presencia de piedras y jigarros, es su
recuerdo del pasado. El presente, la soledad que provoca esta ensoñación está
representada en la figura solitaria de la izquierda. Las pestañas del
autorretrato representarían la contraposición entre el sueño anodino de una
consumación física irremediable y el sueño esperanzador de que nuestros deseos
se cumplan.
Las hormigas que pueblan
el saltamontes pueden verse como una alusión a la muerte, en donde el impulso
sexual sería su forma de superación.
Es un cuadro que frente a
la diversidad de elementos que contiene logra una gran sensación de unidad, a
esa sensación ayuda el tratamiento espacial que imprime Dalí en el cuadro y que
será el habitual de ahora en adelante. Fondos inmensos, con una línea del
horizonte baja o alta en el cuadro, pero siempre dos espacios que no se dividen
de forma cortante sino que son una prolongación de cielo y tierra hacia un
entorno profundo, hacia un horionte de profundidad inconmensurable, un espacio
que el francés Ives Tanguy lleva hasta sus últimas cosecuencias logrando
plasmar horizontes infinitos sin por ello ocultar la planitud del cuadro.
El enigma sin fin
1938. Óleo sobre lienzo. 114,5 x 146,5 cm. Museo
Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Este cuadro es uno de los
muchos cuadros en los que Dalí va a utilizar el método paranoico-crítico y que
como modo de representación sustituye al Automatismo que los Surrealistas con
Breton y Masson a la cabeza estaban defendiendo. El automatismo consistía en
extraer lo irracional del inconsciente, no ejerciendo un control racional en el
proceso de creación. La forma que adoptó en la mayoría de las ocasiones fue de
grafismo, dejando vagar a la mano sobre el papel bien utilizando un lápiz o un
pincel, intentado que de esta forma aflorasen imágenes no-pensadas.
El método de Dalí se
fundamenta en las teorías de Freud. La paranoia es la enfermedad en que el
enfermo revela de forma espontánea aquella imagen que para él conforma la
realidad, es una imagen deformada por sus obsesiones y problemas, que adquiere
una nueva apariencia como fruto de la fusión entre el deseo y la realidad. El
deseo de cómo quiere el paranoico que sean las cosas y la realidad tal cual es,
en las deformaciones paranoicas hay imágenes y formas procedentes de la
realidad, no hay una ensoñación pura. Es decir, el enfermo interpreta la
realidad de un modo determinado que se repite una y otra vez. Un aspecto
asociado a la paranoia es la concatenación de fenómenos y la causa última de
ésta sería la disfunción entre los deseos y la realidad. El método
paranoico-crítico consistiría en la extracción consciente de los elementos que
conforman el mundo interior del paranoico. Dalí lo va a materializar a través
de la imagen doble, es decir, va a crear una imagen que sin transformar su
apariencia externa conforme una segunda imagen, de forma que el espectador al
contemplarlas pueda discernir ambas imágenes. Según Lucía García de Carpi, Dalí
proponía plasmar "las imágenes de la irracionalidad concreta". Según
el propio Dalí sería "una representación tal de un objeto que sea al mismo
tiempo, sin el menor cambio físico, ni anatómico, la representación de otro
completamente distinto".
El enigma sin fin es un ejemplo muy complejo
de esta técnica. Por un lado tenemos un paisaje, una playa con unas montañas al
fondo y una barca varada en la orilla. Las montañas del fondo se transforman,
en un segundo nivel de visualización en la figura de un filósofo pensando con
la mano apoyada en la cara. Esta figura enlaza un tercer nivel de visualización
conformando la figura de un galgo, tomando como pierna delantera la quilla de
la barca. A esa concatenación de imágenes es a lo que Dalí denomina imágenes encadenadas.
La barca de la playa es la barriga de una mandolina y la mujer sentada es la
peana de un frutero con peras y a la vez es un rostro (nariz, boca y barbilla)
cuyos ojos están formados por dos pequeñas barcas.
Para mostrarnos todo este
laberíntico mundo utiliza la técnica de la pintura realista de un Velázquez o
un Vermeer de Delft. Una vez más plasma la ambigüedad en un cuadro lleno de
sombras con una gama cromática muy oscura: verdes, donde la iluminación es
totalmente irreal y anti-naturalista, y además nocturna, lo que ayuda a que el
verismo de las imágenes se transforme en visión fantasmagórica irreal y no
sepamos en que universo nos movemos. Este
modo de representación se vio impulsado con la visita que Dalí hizo en julio de
1938 al Dr. Freud en Londres, a quien dejó entusiasmado con su obra y que ayudó
a transformar la visión tan negativa que de los surrealista tenía, sin embargo
este acontecimiento no fue bien visto por los miembros del grupo surrealista.
Esta forma de
representación se ve ya muy claramente en El hombre invisible, cuadro de 1929 a
diferencia de El enigma sin fin de colorido claro, como iluminado por un sol de
mediodía, pero está conformado por un mayor número de objetos y figuras y desde
entonces en muchos otros, pues Dalí no introduce transformaciones
significativas en su obra a partir de ahora. Tampoco se nos puede escapar la presencia de Gala que en su obra
se hace omnipresente. Gala aparece en forma de busto a la derecha del cuadro,
parece estar vigilando los espectros. La presencia de Gala en su obra llega a
sacralizarse en los cuadros de Madonna de Port Lligat obras de 1948 y 1949 en
donde unifica a su musa con la vida, como si las dos fueran una.
Una
vanguardia bajo el franquismo
Cuando se hace referencia al arte franquista,
cuando se habla de franquismo y arte, surgen instintivamente determinadas
imágenes, determinados emblemas: el Valle de los Caídos, la imaginería
falangista de Sáenz de Tejada, los libros escolares, la pintura de género, los
retratos ecuestres del Dictador, tal o cual cartel sobre el baile, sobre la
moral o sobre los sombreros que no usaban los rojos...
Sería
muy burdo reducir el franquismo a sus primeras y más aberrantes manifestaciones
culturales, o negarse a reconocer que tras un periodo de uso intenso, tal
quincallería ideológica se haría, si no inexistente, sí residual. Como dice
Solá-Morales, en contrapartida «hay que dejar la ilusión de que haya existido
con perfiles nítidos una vanguardia artística o específicamente arquitectónica,
cuya actitud comportase, por principio, una oposición a la política
franquista». Está cada vez más claro que, en el seno mismo de la
intelectualidad del Régimen, fue madurando la idea de que el rígido control
estatal de la cultura no resultaba posible ni, sobre todo, conveniente. Hay, pues, toda
una historia perdida de la vanguardia, el tiempo en que se le abrieron las
puertas y su nunca definible relación con la disidencia. Rebeliones solitarias
y transformaciones institucionales se engarzan en una lógica que algunos han
querido escamotear, interesados en un razonamiento maniqueísta 3. El presente
texto quisiera contribuir a la comprensión del camino que va del reducto
orsiano de 1942 a los éxitos ambiguos de 1958, pasando por la disidencia de
1948 o el (por hablar brechtianamente) cambio de rueda de 1951. Que a partir de
1958 el Régimen encuentre, en la exhibición de su normalidad cultural, más o
menos moderna, un argumento propagandístico para encubrir su excepcionalidad
totalitaria en lo político, no impide que la etapa entonces culminada haya de
ser considerada, aunque pueda parecer contradictorio á algunos, como una etapa
de relativa (y positiva) normalización cultural. Siempre es preferible la luz
del día, aunque sea un día vigilado por Arias Salgado, a las catacumbas.
Las catacumbas
Durante
los primeros años de franquismo, rara fue la voz que se alzó para defender, o
siquiera justificar, los «excesos» de una vanguardia habitualmente asimilada a
la locura por la ideología del buen sentido. La vanguardia era
presentada por Pompey o Junoy (que la conocían bien) como una conspiración
internacional de «comunistas, judíos y demás ralea», enfrentada al eterno arte
español. La Academia triunfa, triunfando con ella la pacatería, el
aburrimiento, la estulticia ostentosa. No me extenderé sobre ello, pues es tema
ya tratado en anteriores capítulos de este libro.
¡Cualquiera
exponía entonces a Picasso o a Miró! Incluso Dalí prefiere abstenerse, a pesar
de sus proclamas de fe franquista. Los supervivientes de la vanguardia o
callan o realizan una obra de simple supervivencia, u olvidan sus antiguas
opciones.
Giménez
Caballero se había quedado solo, embarcado desde Circuito Imperial (1929) y
sobre todo desde Arte y estado (1935), en un proyecto vanguardista
y fascista a un tiempo, de clara estirpe marinettiana. Sus ideas no parece que
gozaran de especial audiencia, en la medida en que el lado vanguardista de
Falange (Aizpurúa, Cossío, Guillén Salaya, Ponce de León, el propio Giménez
Caballero, incluso un cierto Ledesma Ramos) ni se había articulado nunca como
tal, ni tenía ninguna posibilidad práctica frente al predominio de los
orteguianos, de los decadentes o, en el peor de los casos, del arribismo
académico y «apolítico». El surrealismo impregna, sin embargo, la obra poética
de Cunqueiro y la del mejor Ruano, mientras José Caballero o Domingo Viladomat
crean un estilo de ilustración falangista surrealizante y daliniana.
Eugenio d’ors: un proyecto necesario
Ferrant, Vázquez Díaz,
Cossío, Mateos, Solana, Palencia, Caneja, permanecían, sin embargo, en España.
Miró regresaría en 1940. Cabía suponer que los pronósticos de la crítica más
reaccionaria no se cumplirían, y que en un breve lapso de tiempo volvería a
existir en nuestro país un arte que tuviera algo que ver con el arte moderno.
La primera tentativa de retomar un hilo, fuera cual fuera, tuvo a Eugenio d’Ors
por guía: me refiero a la Academia Breve de Crítica de Arte (1941), a sus
Salones de los Once, a sus Exposiciones Antológicas. «El mejor critico de arte
de todos los tiempos» y sus discípulos luchaban, en frase de Sánchez-Camargo,
«por una España con más sensibilidad». Sin duda la frase, entre frívolae
ingenua, parece invitar a un desplante demagógico. Pero la vía de análisis más
coherente nunca es el «Sonroja hablar de arte» bozaliano. ¿Cuándo puede, según
esa vía, no sonrojar el arte? En el caso que nos ocupa, de arte es precisamente
de lo que hay que hablar si no queremos perdernos en la tragedia histórica que
asolaba al país, tragedia en la que el arte ni entraba ni salía.
Entre
los once académicos de 1941, encontramos personalidades mundanas (hasta el
embajador de Japón, Yakishiro Suma, el mismo que acaba de rescatar del olvido
la rocambolesca historia de la Red To), junto a escritores y críticos como José
María Alfaro, Luis Felipe Vivanco, Enrique Azcoaga, Eduardo Llosent y Marañón.
José Camón Aznar y el propio Eugenio d’Ors. Ninguno de ellos (salvo Azcoaga,
en un cierto sentido) se hallaba vinculado a la vanguardia de 1936. Ahora, por
las especiales circunstancias del país, nadie se podrá permitir ser más moderno
que ellos. En su proclama inicial, olvidando tantas y tantas realizaciones de
la preguerra, llegan a atribuirse el papel de poner al día una España que
habría perdido el norte con Goya. Una manera cínica de darle justificación
histórica más general a algo que, sin el 18 de julio, nunca hubiera sido
necesario ni pensable siquiera.
La
Academia Breve sería, pues, importante, dentro de la historia que fue y no de la
que pudo ser, como el único reducto algo actual, o mejor dicho, algo menos
inactual que otros del país. El que entre sus miembros de 1954 (año de su
disolución) figuren Ferrant, Gaya Nuño, Llorens Artigas, Gullón, Santos
Torroella, indica bien a las claras que allí se aglutinó un núcleo representativo
y avanzado. Sortear un cuadro de Caballero y verlo devuelto por el irritado
poseedor del boleto premiado, exponer al Millares de las pictografías prologado por
Mourlane, recuperar las vanguardias históricas ante un público en el que igual
estaban Girón o Serrano Súñer: éstos fueron algunos de los retos orsianos. En
la Academia Breve y en sus Salones de los Once sí que tuvo el maestro más de
una oportunidad de convertir la anécdota en categoría. Aquel que, en 1907, se
declaraba «partidari decidit de les influencies extrangeres a Catalunya’,
aquel que años más tarde seguiría considerando pequeño-burgués todo
nacionalismo, iba a tener, en 1942, la ocasión de desempeñar un papel algo más decente, por
decirlo de alguna manera, que la mayoría de sus correligionarios
circunstanciales. Respecto a la España autárquica de su tiempo, Eugenio d’Ors
era al menos una figura cosmopolita.
La
misma anécdota fundacional indica bien a las claras contra qué van
a estar las instituciones orsianas. Junto a espectaculares recuperaciones
históricas (Nonell, Gargallo, Solana, Torres García, María Blanchard, Barradas,
Miró, Dalí, los noucentistas), el grueso de los Salones será seleccionado
entre la nueva pintura figurativa: Zabaleta (al que Aguilera Cerni llama con
razón «el divo de aquellas instituciones), Eduardo Vicente, Palencia, la
Escuela de Madrid, los Indalianos. Tampoco hay que olvidar que los Salones
serán, a partir de 1949, la plataforma más eficaz de la vanguardia, exponiendo
entre otros a Tápies, Saura, Millares, Cuixart, Oteiza.
Eugenio
d’Ors y sus colaboradores tenían claro que su actividad estaba supliendo la
inactividad oficial. Por ello, nunca dejaban de manifestar que su misión (una
palabra muy de la época) quedaría cumplida cuando se esbozara ese relevo
institucional por el que tanto hicieron. Presentando el Salón de 1949 (el
primero decididamente moderno, en el que exponían Saura, Tápies,
Cuixart, Miró, Oteiza, Torres García y otros) D’Ors constatará que los tiempos
de la oficialización se avecinan: «Ya las manifestaciones más audaces de la
abstracción son patrocinadas por los gobernadores civiles, benditas por
Lozoya y acarreadas hacia los más lejanos confines por Macarrón»á. Palabras
parecidas saludarían, dos años después, la ¡ Bienal Hispanoamericana. La era de
la élite conservadora de una (discreta) antorcha tocaba a su fin. El arte
moderno ya no necesitaba, para ser admitido, de la inmunidad orsiana.
Indigenismo:
modernos, pero menos
En
el paulatino reencuentro del público con el arte moderno, los nombres que
supusieron el <colmo> de la modernidad en torno a 1945, nos suenan un
poco a antigualla: Ortega Muñoz, Eduardo Vicente, Zabaleta, Palencia. Sin que
se pueda decir de ninguno de ellos que sea mal pintor (Ortega Muñoz y Zabaleta
tienen cuadros notables), su destino inevitable ha sido el éxito fácil y tópico:
su España era un poco la de la Feria del Campo. Más que criticarles por el escapisnto o
indigenismo
racial de su visión de España (lo que llevaría a pedir, en la línea
del realismo social y de la denuncia, otra visión de España) cabría analizar sus
fórmulas demasiado evidentes, sus tics pictóricos, sus síntesis que no lo eran
y, en definitiva, su incapacidad para, a partir de elementos nacionales, ir a
lo universal. La Andalucía populista de Zabaleta, con su encanto y todo, no
justifica el que Eugenio d’Ors viera en él a nuestro Cézanne.
El
caso más significativo de que sólo en una perspectiva autárquica era posible
todo aquello, es el de Benjamín Palencia. Pintor interesante durante los años
20 y 30, en 1940 podía representar un punto de referencia menos anacrónico que
otros, podía quizá transmitir la pequeña parte de la herencia que en él había
sobrevivido a la guerra. En torno suyo se aglutina un Convivio, una nueva Escuela
de Vallecas (¡pero qué distinta de la que integraban Alberto y él antes de la
guerra!), con nombres como Alvaro Delgado, Francisco San José, Carlos Pascual
de Lara, Agustín Redondela... Aún en 1953, Palencia se atreverá a proponer una
nueva escuela: «me comprometería a hacer de un reducido grupo de muchachos
jóvenes, la atracción artística de Europa». En su propia obra, Palencia irá
amoldándose a las exigencias del mercado. Aunque nunca rompe del todo con la
vanguardia (colabora en alguna ocasión con Ferrant) su visión policroma y fauve de
España mucho tenía de fórmula. En cuanto a la Escuela de Vallecas y a la
Escuela de Madrid, ninguno de sus representantes pasa de ser historia. Según
dicen, la de Lara podía haber sido más brillante. Junto con Lago y Valdivieso,
integró un trío muy activo en torno a 1950, sobre todo como ilustradores en
revistas seuistas. Si la mayoría de los «vallecanos» habían cogido el lado más auve de
su maestro, con algunas incursiones expresionistas (Alvaro Delgado ilustra Pueblo
cautivo, el célebre libro clandestino de poemas presumiblemente
escritos por Nora), Lara asimilará la lección de los italianos tal como se
había manifestado en Valori Plastici y, sobre todo, en
Campigli. Este italianismo vagamente pos-cubista, junto al magisterio de Daniel
Vázquez Díaz, dio lugar a toda una figuración más bien académica, florenciente
durante los años 50. El éxito de un Guayasamín se explica por ello. Todos
estos fenómenos, de puro interés histórico, no afectan en cambio a la pintura
de alguien que a primera vista podría parecerles próximo como es Caneja. Su
vida es distinta a la de la mayoría de aquellos pintores; su pintura, sobre una
base cubista, se propone —y consigue— alcanzar un grado de pureza rara vez
alcanzado en este país y en aquellos años.
En
Barcelona, la situación es bastante similar. El papel de transición lo
desempeñan algunos supervivientes del noucentisme y ex evolucionistes: papel
progresivo y regresivo a un tiempo. La Abadía de Montserrat encarga algunas
realizaciones a artistas de clara significación catalanista. En 1943, se
celebra la primera exposición algo distinta al bodegón y retrato imperantes:
una colectiva de Fin, Rogent y Vilató. Rogent parece la figura capaz de
aglutinar a los nuevos valores, y no sólo por su dedicación pedagógica, sino
también por el impacto de su obra. Ponç le recuerda como una figura “llena de
luz’>; y llenos de luz como ningunos otros eran sus cuadros, comparados
sobre todo al gris panorama de su tiempo. Algunos de sus bodegones, sus
paisajes lisboetas (especialmente su vista del Jardín Botánico), revelan a un
matissiano que sabía lo suyo de color. Con los años se quedó aferrado a una
especie de poscubismo, por el que, como ha señalado Gabriel Ferrater, conecta
con una pintora como María Blanchard. Otros nombres en esta misma onda,
entonces renovadora, podrían ser los de Manuel Capdevila, Josep Hurtuna, Marc
Aleu, Fornells-Plá. En sus orígenes, Ráfols Casamada también cultivó este tipo
de pintura.