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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Violencia Escolar: La violencia circula en nuestro entorno en forma visible y a veces invisible. Se ha hecho algo cotidiano, a tal punto que se consideran normales la agresión física y verbal. La observamos en los medios de comunicación que se encargan de difundirla y a vec Agregado: 16 de MARZO de 2002 (Por Alicia Floreano) | Palabras: 3257 | Votar! | 4 votos | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Educación > |
Título del
trabajo:
“El primer acto de libertad es decir “no” frente a lo inaceptable;
las grandes transformaciones surgen del
rechazo absoluto a lo existente,
mucho más que de
la elaboración formal y acabada de un proyecto alternativo”
Albert Camus[1]
Desarrollado por Alicia Floreano aliciafloreano@hotmail.com
La violencia circula en nuestro
entorno en forma visible y a veces invisible. Se ha hecho algo cotidiano,
a tal punto que se consideran normales la agresión física y verbal. La observamos
en los medios de comunicación que se encargan de difundirla y a veces hasta
tenemos la sensación que se hace una apología de la violencia.
Nuestra sociedad convive día a día con otro tipo de
violencia, o mejor dicho, probablemente la generadora de la violencia
mencionada anteriormente, y que tiene poca o ninguna difusión: la mortalidad
infantil, la desnutrición, la desocupación de los adultos que trae como
consecuencia el trabajo infantil con la consecuente explotación, falta de
viviendas, carencias de servicios sociales, etc., como consecuencia de la
desaparición del Estado de Bienestar y el subsiguiente Estado post-social
neoliberal.
Desde el año 1994 Argentina incorporó la Convención de los Derechos del Niño a la
Constitución Nacional. Pese a ello las leyes no se han modificado para asegurar
que todos los niños gocen de esos derechos, y lo observamos claramente cuando
en la televisión vemos un nene rubio de ojos celeste protagonizando una
propaganda de hamburguesa extranjera que se comercializa en nuestro país y en
la calle el nene morocho de ojos marrones, casi siempre descalzo y muy mal
vestido se gana la vida limpiando parabrisas en el semáforo, llueva, truene o
refucile.
La violencia escolar es un problema mundial, no afecta
solamente a la Argentina y puede afirmarse que no hay una sola causa, aunque
algunas en determinados países sean más notorias que otras. Son una combinación
de situaciones que llevan a ella: familiar,
socioeconómicas y en ocasiones también influye el modelo pedagógico de los
establecimientos educativos.
La violencia en la escuela
“La
violencia no es un invento nuestro, quiero decir, de nuestra generación. Pero
sí, sus formas. La violencia es de este mundo, no proviene del cielo. El mundo,
en el que vivimos o sobrevivimos, es con violencias. Desafío a quién rasgue y
encuentre en la historia una sociedad sin violencias. Las violencias son como
el tiempo y la música. Están allí, desde siempre. [...] Porque las violencias
como el tiempo y la música se repiten, se suceden.”[2]
Ahora bien, ¿porqué en la
violencia en la escuela?. María Teresa Silvent, psicopedagoga y
directora de la Fundación Familia por Familia, en un reportaje que le realizó
el 11 de mayo de 1997 la periodista Julia Monferrán del Diario La Nación
(Argentina), dijo al respecto que son el colegio y la casa los dos lugares
donde más se manifiesta la violencia, ya que en ellos encuentran poca
resistencia.
Toda situación de violencia es una situación de poder,
donde se encuentran dos actores: uno sometedor y uno sometido. Los
especialistas sostienen que los violentos se pueden clasificar como violentos o
agresivos. La diferencia esta en que el violento sufre un desequilibrio
emocional y cuando la situación se presenta, se manifiesta como tal, en tanto
que el agresor, tiene la intención de arremeter, por lo tanto, generalmente
está armado o dispuesto a la agresión física. Se puede considerar como alumno
víctima, a aquel que es agredido en forma reiterada a lo largo del tiempo, por uno o
varios compañeros de escuela. Como consecuencia de esta situación, se produce
una desigualdad de fuerzas, una relación asimétrica de poder: el alumno
violentado generalmente tiene dificultades para defenderse y en cierto modo se
encuentra inerme frente a los hostigadores.
Han sido y son múltiples los intentos por erradicar la violencia
de todos los ámbitos, pero parecería que en lugar de disminuir, aumenta; que el
desprecio por la vida propia y ajena está a la vanguardia, y para eso solo basta con que miremos la
televisión, leamos los diarios y observemos las instituciones escolares en las
que trabajamos o concurren nuestros hijos.
Además tenemos que ver otro punto: el marco en que se
desarrolla la vida de la institución escolar y las relaciones internas entre
docentes y alumnos, docentes entre sí, y alumnos entre sí, docentes, alumnos y directivos, además de la
vida personal y familiar de todos estos actores juega un papel fundamental en
la generación de situaciones violentas. La crisis de la familia y los
conflictos sociales impactan en la escuela y sus efectos sobrepasan los límites
del sistema educativo. “Estamos viviendo en plena Posmodernidad. Este fenómeno
compromete al hemisferio norte y a los pobres del sur. El deslumbre del
consumo, el relativismo ético, el sentimiento de desencanto, el sabernos
escasamente solidarios, etcétera. [...] No es fácil definir a la Posmodernidad.
Más que una ideología; más que una
corriente filosófica, es un sentimiento, es una vaga sensación de frustración.
Es un mero estilo de vida. Es como decir: me siento mal y no sé de qué.”[3]¿Qué hacemos?,
¿Qué recursos y estrategias implementamos para no marginarlos para siempre?.
Responder a estas preguntas es
fundamental. El sistema educativo y los que lo integramos debemos capacitarnos
para dar respuestas lo mas acertadas posibles a aquellos que por diferentes
razones no se integran de modo pacífico a la sociedad.
“La
escuela es nuestra tierra firme y nadamos movidos por el deseo de
re-construirla. Cuando el deseo y la utopía se enlazan, los caminos empiezan a
abrirse; abrir caminos es un modo de empoderarse de la realidad y en ese
empoderamiento nos vamos haciendo con otros ... Entrelazando sueños,
preocupaciones, reflexiones, actitudes y haceres, vamos configurando una
identidad”.[4]
Las fronteras de la institución escolar han sido rebasadas
por la realidad circundante. Los adolescentes saben que si no terminan el
colegio secundario o en los planes nuevos el Polimodal, no pueden obtener
trabajo, pero también saben que la obtención del título no les garantiza
conseguir un empleo digno. Los que no se ven obligados a desertar, siguen
concurriendo con una actitud que raya en la desesperanza: ¿Para que me sirve
terminar la escuela?. De por sí, esto crea una situación de violencia
psicológica, que no se menciona, pero que circula y se disimula en el ámbito escolar.
“Las
instituciones educativas argentinas perdieron sus falsos mitos de neutralidad y
atemporalidad e intentan sobrevivir a un país en el que cada vez son más los sin parte y los sin trabajo,
en el que el poder perdió la vergüenza, en el que el Estado se
desresponsabiliza de lo público, en el que el lazo social deteriorado,
severamente dañado, impide pensar en el futuro.”[5]
Otro elemento fundamental a tener en cuenta es el lenguaje
que utilizan los adolescentes hoy día. El modo de comunicarse de los chicos y chicas poco tiene que ver con
el lenguaje escolar. En la etapa de paso de la niñez a la adolescencia, el
aspecto psicológico es fundamental. Es en este período donde se afianza el
ideal del yo, y en esa consolidación influyen los padres, los docentes y la
sociedad en su totalidad. “Adoleceré, decían los romanos, ir creciendo. Un verbo cuyo
participio es adultum, es decir que el adolescente es alguien en
tránsito hacia la adultez.”[6]
Se percibe una fractura que se ha dado entre los
adolescentes y las instituciones educativas, un descreimiento por la escuela
como institución y por parte del plantel docente y directivo se vislumbra un
sentimiento de impotencia, de no saber que hacer, mientras algunos dicen: los
chicos no nos escuchan, están en otra, no quieren aprender nada y algunos hasta
llegan a expresar que su vocación docente no es tal y que solo ve en esta
actividad un medio de vida, - cuando todos sabemos que la docencia es otra
cosa-, “total para lo que me pagan, que me voy a preocupar”. Por suerte esto
último no está en boca de muchos docentes, porque creo que es uno de los modos
de violencia verbal más importante que podemos cometer hacia los alumnos.
Dice Jaime Barylko que “El adolescente que va a la
escuela vive de por sí una etapa conflictiva de su crecimiento. Está en la
búsqueda de su identidad, de poder definir quién es, y necesita polemizar con
los adultos, buscar su lugar. Sin embargo es en esta etapa donde menos
contención encuentra. Para crecer necesita sus espacios, respeto frente a lo que
emprende, con modelos con los que pueda identificarse, sentirse seguro y a la
vez buscar quién le ponga límites.”[7]
La violencia que vive en su mundo cotidiano lo termina
trasladando al espacio escolar. Con frecuencia – y este es otro secreto a
voces-, el ámbito escolar es propicio
para el intercambio de objetos varios,
intimidar, coaccionar, reprimir, amenazar, etc.
Otro instrumento que considero violento, es la nota que
coloca el maestro o profesor como instrumento de sanción, también es frecuente
la aplicación de medidas disciplinarias que no siempre tienen el efecto que se
desea, sino que provocan un mayor distanciamiento con los alumnos, a la vez que
sienta el precedente que si no se recurre a alguna medida de fuerza, desde el
lugar de poder, no es posible resolver conflictos.
¿Quiénes son los responsables del surgimiento de la
violencia? ¿Quién tiene el poder para combatirla?. Buenas preguntas. Todos somos responsables, la sociedad completa,
desde todos los ámbitos se puede hacer algo para si no combatirla, por lo menos
mitigarla, reformularla, reverla y solucionar conflictos de una manera más
racional. Gobiernos, escuelas, padres, entidades intermedias, cada uno en su
rol tiene la obligación de hacer algo. Todos y de manera conjunta, pues como dice
el refrán “La unión hace a la fuerza”.
Posibles
soluciones
La ley Federal de Educación Argentina manifiesta claramente
qué hombre pretende lograr en las aulas “El sistema educativo posibilitará
la formación integral y permanente de
las personas guiadas por valores de vida, libertad, bien, verdad, paz,
solidaridad, tolerancia, igualdad y justicia. Ciudadanos responsables,
críticos, creadores, defensores del medio ambiente...”[8]
Las entidades gubernamentales deben primeramente
involucrarse con la entidad escolar. Luego ver la realidad, implementar
capacitación para los docentes con el fin de poder resolver algunos conflictos
en primera instancia, brindar apoyo psicológico y psicopedagógico, para todos
los miembros involucrados en cuestiones de violencia. Otro medio puede ser la publicidad, que tanta injerencia tiene en
nuestra sociedad mediática. Podrían incluirse también, por parte de los
municipios y de la provincia, proyectos culturales gratuitos que lleguen a todos
los chicos y adolescentes, no solo a los del centro sino también a los de la
periferia, donde se incorpore y trabaje esta problemática, realizando talleres,
concursos literarios, artísticos, etc. También entidades como el COMFER
deberían supervisar y regular la emisión de algunos programas televisivos y
radiales, no tanto en ésta última, sino en la primera, ya se suele ofrecer al televidente, programación de muy mala
calidad, donde los reality show y la violencia son el leit motive.
La escuela tiene un papel fundamental. En los Contenidos
Básicos Curriculares la institución escolar aparece con la responsabilidad de
promover los valores reconocidos universalmente y basados en la dignidad de la
persona, como ya lo reflejó la Ley Federal de Educación. Para lograr este
objetivo de promover los valores, se deberá trabajar desde el ingreso del niño
al instituto educativo. Deberá ser un eje transversal que atraviese todas las
áreas y disciplinas, pues siempre hay un modo de enseñar estas cuestiones que
parecen tan propias de la Educación Cívica, de la Formación Ética y Ciudadana. “Sea como sea, la responsabilidad
ética no es sino la capacidad de responder de los valores que queremos
preservar y mantener. [...] Que, sin embargo, el resultado no depende de
nosotros, es algo que Kant vio con total lucidez. ¿Qué puedo esperar si hago lo
que debo?, Se preguntó como colofón a su sistema ético. Y la pregunta fue, más
o menos, ésta: nada más que la
satisfacción de haber actuado como debía”.[9]
Las actividades grupales, el teatro, los talleres, la
lectura comunitaria rica en contenidos, el análisis de situaciones difíciles de
resolver en primera instancia. El docente debe despojarse del “acartonamiento”
en el que estuvo durante mucho tiempo, haciendo muestras de su poder, para
flexibilizarse y comprender al chico y adolescente violento o agresivo, y de
este modo poder acercarse a ellos. Como dijo Jesús “solo la verdad nos hace
libres”, y el docente suele ser a veces el único que verdaderamente llega al
alumno, ya que no siempre las situaciones familiares son óptimas para el niño.
El fin de la educación no es solo transmitir conocimientos, es enseñar a
pensar, a ser crítico, a hacer y a ser responsable.
Dentro de las hipotéticas soluciones podría citar:
1. Trabajar sobre
el problema de violencia que ya está instalado en el establecimiento.
2. Tratar el
problema desde el momento en que se detecta y no remontarse hacia atrás.
3. Partiendo de la
actualidad, incorporar la situación anterior, para tratar de desterrar en gran
parte la violencia instalada en la institución. Para esta solución sería
conveniente la creación de un Consejo de Convivencia, donde participen
integrantes de toda la comunidad educativa, al igual que para la solución 1 y
2.
4. Tomando las
tres probables soluciones anteriores, solicitar la participación y asesoramiento
de profesionales especializados en violencia, entidades intermedias, padres y
comunidad en general.
En las soluciones 1, 2 y 3 se pueden implementar charlas de
docentes y directivos con los alumnos, mostrando los resultados o consecuencias
de la violencia en sus más crudos aspectos y resultados, mediante la
utilización de revistas, diarios, televisión, etc., la teatralización, tal como
mostró la Dra. Romano creo que es un apropiado para ponerse en el lugar del
otro y reflexionar.
Pero por si sola la escuela no podrá hacer desaparecer los
signos de violencia que se manifiestan cada vez más en la sociedad. Pero esto
no puede ser motivo de inmovilidad, aún y a pesar de todo, la escuela es un
lugar preferencial para los jóvenes, para transmitirle valores diferentes a los
que prevalecen en las calles. Le cabe un papel de reconstructora de la
sociedad, tan dañada por el “sálvese quién pueda” y la falta de valores. Deberá construir normas claras de
convivencia para encauzar positivamente las manifestaciones de violencia.
Las acciones destinadas a prevenir el surgimiento de la
violencia en la institución escolar, serán más efectivas si se lleva a cabo
según la solución 4. la colaboración de instituciones intermedias y de
especialistas en la reeducación de los padres en cuanto al trato con los hijos,
brindar asistencia psicológica a padres violentos, hijos golpeados y también
brindando ayuda adecuada a los docentes para que puedan mejorar las situaciones
de violencia escolar.
También sería importante la creación de una red de sostén
para chicos con problemas de violencia y agresión, formada por personas
importantes para él, como por ejemplo padres, vecinos, amigos, hermanos,
docentes, y profesionales.
El desarrollo de programas de prevención dirigidos a niños
y adolescentes de distintas edades para que reconozcan las diferentes formas de
violencia y se conecten con modelos alternativos para resolver los problemas.
Los chicos y chicas por su parte pueden ser magníficos
mediadores teniendo a su cargo la función primordial de intervenir en cuanto
surja un conflicto, facilitando la comunicación de las partes en conflicto,
teniendo como ley básica que no haya ganadores ni perdedores.
La búsqueda de soluciones puede llegar hasta un número
infinito, pero esto llevará años de toma de conciencia. Es un compromiso que
debe asumir toda la sociedad, no solo la escuela, desde todos los estratos, de
modo que se vayan incorporando como algo definitivo y natural a nuestra cultura
métodos pacíficos de resolución y prevención de la violencia.
Alicia
G. Floreano
Conclusión
¿Será que la violencia entró y no
nos dimos cuenta por que puerta lo hizo, y cuando se instaló, el problema nos
superó, y pensamos que con negarlo dejaría de existir y de allí proviene la
indiferencia que se nota en la mayoría de los gobernantes, docentes, padres
y comunidad toda?.
Tal vez la culpa la tuvo la
post-modernidad, que nos enseñó a valorar demasiado los bienes materiales, los
triunfos personales, la competitividad, el todo vale para llegar a la meta, el
olvido y el respeto por la vida ajena.
En el pasado era el anciano el
representante de la sabiduría y la tradición. Hoy el soberano es el
adolescente, incluso los adultos parecer querer quedarse en esa edad
eternamente. Se le dio al adolescente un bien muy preciado en forma ilimitada:
La Libertad, pero nadie le mostró las consecuencias de su mal uso: el libertinaje que se convierte,
generalmente, en violencia.
Solo el compromiso hará
posible encontrar algunas soluciones
para este grave problema, que al decir de muchos historiadores, ha sido la
característica principal del corto siglo XX, un siglo plagado de guerras y
matanzas, productos de la irracionalidad humana. Creí apropiado cerrar este trabajo con la siguiente reflexión:
“
Debemos vencer nuestro miedo al futuro. Pero no podemos vencerlo del todo si no
es juntos... No debemos tener miedo del hombre... tenemos en nosotros la
capacidad de sabiduría y de virtud. Con estos dones, y con la ayuda de la
gracia de Dios, podemos construir una
civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de libertad. ¡
Podemos y debemos hacerlo !. Y haciéndolo, podremos darnos cuenta de que las
lágrimas de este siglo han ido preparando el terreno para una nueva primavera
del espíritu humano “.[10]
Bibliografía
§
BARYLKO,
J. Los hijos y los límites. Editorial
EMECE, Bs. As. 1995.
§
CAMPS, V. Los valores de la educación.
Alauda Anaya. Madrid, 1994.
§
FRIGERIO, G. – POGGI, M. – KORINFELD, D. Construyendo
un saber sobre el interior de la escuela. Ediciones Novedades
Educativas. Argentina, 1999.
§
LABAKÉ, J.C. Es posible educar.
Santillana. Bs. As. 1995.
§
Ley
Federal de Educación. 1993.
§
MAGDALENO, E. Hijos de la posmodernidad. Gram editora. Bs. As. 1996.
§
Revista “El arca del
sur” Año 9 N°76, junio de 2001.
§
OBIOLS, G. – DI SEGNI DE OBIOLS, S. Adolescencia,
posmodernidad y escuela secundaria. Kapeluz, Bs. As. 1994.
§
OLWEUS, D. Conductas de acoso y amenaza entre
escolares. Morata. Madrid, 1998.
§
PORRO,
B. La Resolución de Conflicto en el Aula. Paidos Educador, Buenos Aires, Argentina,
1999.
§
VALLEJOS y otros. Proyecto de investigación:
Escuela y marginación: doble violencia. Acción Educativa. Santa Fe,
1998.
[1] Revista “El arca del sur” Año 9 N°76, junio de 2001, Argentina, Pág.3.
[2] FRIGERIO, G. – POGGI, M. – KORIENFELD, D. “Construyendo un saber
sobre el interior de la escuela”. Ediciones Novedades Educativas. Bs. As. 1999. pág. 106.
[3] MAGDALENO, E. “Hijos de la posmodernidad”. GRAM Editora. Bs. As. 1996. Pág. 10 y
11.
[4] VALLEJOS y otros. “Proyecto de investigación: Escuela y Marginación: doble violencia”. Acción Educativa. Santa Fe. 1998, Pág. 9.
[5] ABRAMOSVICH, N. “La violencia en la escuela media”. En FRIGERIO, G.
– POGGI, M. – KORIENFELD, D. “Construyendo un saber sobre el interior de la
escuela”. Ediciones Novedades Educativas.
Bs. As. 1999.
pág.119.
[6] OBIOLS, G. – DI SEGNI DE OBIOLS, S. “Adolescencia, posmodernidad y escuela secundaria”. Kapeluz, Bs. As. 1994, Págs. 69 y 70.
[7] BARYLKO, Jaime. “Los hijos y los límites. Editorial EMECE. Bs. As. Argentina, 1995.
[8] Ley Federal de Educación. Art. 6°, 1993, Pág. 9.
[9] CAMPS, V. “Los valores de la Educación”. Alauda Anaya. Madrid, 1994. Pág. 86.
[10] Juan Pablo II, final del discurso conmemorativo del Quadragésimo aniversario de la fundación de la ONU, 14 de octubre de 1995.
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