China el dragon despierto
China el dragon despierto
Agregado: 26 de JUNIO de 2008 (Por
Roberto Yrago) | Palabras: 55506 |
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Autor: Roberto Yrago (ryrago@fibertel.com.ar)
CHINA
El dragón despierto
Autor
Roberto Yrago
PROLOGO
Un libro actualmente inhallable; nos animaríamos a decir que ni siquiera en las consabidas librerías de viejo, merodeadas con frecuencia por su autor, que era Bernardo Kordon, se titulaba ¨Viaje nada secreto al país de los misterios: China extraña y clara¨.
Quizá fuera ese nuestro primer acercamiento consciente hacia este sorprendente país. Porque más allá de las alabanzas o vituperios a que pueda acudirse para mensurarlo, el calificativo de sorprendente le cabe con justicia.
Acudiendo a la memoria, recordamos haber leído que Napoleón dijo en cierta oportunidad una frase premonitoria: ¨Cuando China despierte, el mundo temblará¨.
Sea cierta o falsa la autoría de tal pensamiento, el mundo no tiembla ante el despertar del gigante dormido, pero, al menos, ciertamente es asombroso.
Obviamente, Japón no ha sido ajena a China. Sus ojos se posaron en los vecinos como presa a ser devorada desde el mismo instante de la guerra sino-japonesa de 1895, pues en ella vieron el objetivo apropiado para su política expansionista en aras del espacio vital.
La victoria del ejército japonés sobre Rusia en 1905 dió a sus militares y marinos de las fuerzas imperiales una sensación de imbatibilidad. El germen del nuevo partido político a formarse con la casta de los militares había sido sembrada, y los EEUU eran una piedra en el zapato para sus ambiciones expansionistas.
Dice otra leyenda que la alusión al despertar del gigante dormido se atribuye al Almirante japonés Isoku Yamamoto, planificador de la acción de guerra contra Pearl Harbour, y dirigida a su subordinado, el vicealmirante Chuichi Nagumo, comandante de la flota imperial japonesa, que atacaría a la base americana en ¨una fecha que vivirá en la infamia¨, que correspondió al 7 de diciembre de 1941, tal como lo expresara Theodore Roosevelt, presidente de EEUU, en su discurso del día siguiente a su país, declarando el inicio de la guerra.
Es probable que, en algunas décadas, el imperio americano, hoy socio privilegiado de China, sea sustituido por este otro imperio, que ha despertado.
Según un estudio reciente del Banco de Corea, en la segunda mitad de la década de 2010, el tamaño de la economía asiática será similar a la de la Unión Europea antes de su ampliación. En la primera mitad de la década de 2020 será equivalente a los tres países norteamericanos (EEUU, Canadá y México)
Vislumbrando la economía mundial en 2040, la participación de Asia en el PBI mundial se proyecta en un 42%, mientras que se espera que las participaciones de América del Norte, Europa y otras regiones sean 23%, 16% y 20% respectivamente,
En términos de PBI, se prevé que China sobrepase a Japón alrededor del año 2020 y que esté a la par con EEUU aproximadamente en 2040, con una participación cercana al 20% en el PBI global.
India debería sobrepasar a Japón alrededor del 2030 y cerca del 2050 se proyecta que equipare la participación europea en el PBI global, la cual representa un 12%.
Por lo tanto, esperamos observar más cambios fundamentales en la economía mundial en el próximo medio siglo, que los sucedidos en los últimos 50 años.
Por nuestra parte agregamos, que dichas proyecciones seguramente tienen, como es de rigor, la consabida mención de ceteris paribus (si lo demás no varía).
Haciendo un nuevo acercamiento al libro de Kordon mencionado al inicio, merece una segunda observación y en este caso sobre el subtítulo: China extraña y clara.
Es el uso del adjetivo ¨extraña¨ lo que nos llama la atención.
Llevado por esas extrañas asociaciones de la mente recordamos el título de otro libro. Su autor, Albert Camus, a la sazón Premio Nobel de Literatura y su obra ¨El Extranjero.
Hemos podido observar que ese título ha sido también traducido como ¨El Extraño¨.
Aquí ¨extraño¨ ha sido utilizado como sinónimo de enajenado Necesariamente tenía que haber una asociación entre ambos términos, por lo cual qué mejor camino que dirigirse al diccionario de la Real Academia Española.
En su segunda acepción la R.A.E. nos dice de ¨extraño¨: 2. raro, singular y seguidamente 3. extravagante. No paremos aquí, sigamos a la cuarta acepción y vemos 4. dicho de una persona o de una cosa: Que es ajena a la naturaleza o condición de otra de la cual forma parte.
¿Porqué dejar sin nombrar la quinta? 5. Que no tiene parte en algo.
Es así que podemos afirmar que el uso de ¨extraña¨ para calificar a China, no ha sido una casualidad, sino fruto de la búsqueda intencionada de Kordon para encontrar un vocablo, que se ajustara a la definición de China.
Presumimos, que al usarla ha querido dejar de resalto, que China es rara e indócil, ajena al pensamiento occidental, del cual no forma parte.
China será hoy un país globalizado, pero sus singularidades ancestrales mantendrán ese aura de misterio, hoy pronto para ser redescubierto y gozado.
China siempre será ¨extraña y clara¨ a la vez.
Dicho lo anterior es necesario aclarar que el objetivo de este trabajo no es detenernos meramente en escribir una historia sobre China sino también, intentar descubrir las interrelaciones de las variables macroeconómicas y su influencia en el mundo globalizado como también enumerar algunas consideraciones los aspectos sociales y culturales, para lo cual China, pero también India son ejemplos paradigmáticos. Por ello, haremos referencias, obviamente necesarias a India, en especial cuando Argentina esta comenzando a recibir importantes inversiones de ese origen. En 2007 llegaron ocho firmas indias, que invirtieron US$ 800 millones, asegurando su embajador en el país, que esto es solo el principio.
Podemos presumir que el panorama mundial no es demasiado alentador, dadas las dificultades del líder EEUU, ya que como resultado de sus problemas económicos y de las elecciones presidenciales de 2008, usará su tiempo y mejores cuidados en dar un rumbo a su economía doméstica, dejando como temas marginales a los países latinoamericanos, especialmente en cuanto al área económica, no así, presumimos, la política.
Toda sociedad es influida e influye en mayor o medida a otras sociedades con las que se vincula. Y la magnitud de su influencia estará dada por la importancia de esa sociedad en el concierto de las naciones.
Con el objeto de dar un ejemplo concreto que aclare lo expuesto, podemos mostrar la influencia de la demanda china de granos y su correlato en el sector agrícola argentino, que como consecuencia impulsó a Argentina con este ¨viento de cola¨, que permitió salir antes que después de la crisis acaecida en 2001, epifanía del gobierno radical de De la Rua.
La era de las comunicaciones con las tecnologías de información y comunicación computacionales ha dado un espaldarazo colosal a la interrelación comercial y financiera, siendo el soporte técnico que permite estar informado en cualquier lugar del mundo de los aconteceres diarios, importantes o banales con una simple lap top.
Si continuáramos relatando la historia con este criterio lineal, daríamos pie a que se nos tilde de cartesianos a ultranza.
En el siglo XIX Rene Descartes escribió ¨El Discurso del Método¨, obra que dió fundamento teórico a la Modernidad.
Con sus cuatro principios metódicos daba lugar a la idea de que el progreso indefinido era posible, y que la objetividad en un mundo racional, permitiría prever los acontecimientos con premura, tomando los recaudos para aprovechar o evitar, según fuera el caso, sus influencias.
El fenómeno histórico que dió origen al inicio de la Modernidad se encuentra en el quiebre del orden feudal dando lugar a un nuevo orden y en un contexto liderado por la burguesía en ascenso. Esta nueva ideología es un saber que viene sobrepuesto sobre una clase social, que la utilizará como arma fundamental en su lucha.
La ciencia social, que es una de las armas poderosas del enfrentamiento se transforma en un saber totalizador, pretendiendo comprender toda la realidad pasada, presente y futura.
Se supera el orden vigente de la primera etapa del siglo XVIII, donde el orden feudal consideraba la idea de progreso como negatividad (no como estancamiento) dando lugar al pensamiento burgués, donde el progreso se convierte en positividad, siendo el cambio necesario y deseado.
El nuevo orden social toma la noción de etapa, y esta nueva sociedad pasa a ser considerada como una etapa más avanzada respecto de la anterior, es decir como progreso positivo.
Ha pasado el tiempo y nuevas teorías y pensamientos se han dado lugar para desmentir esa previsibilidad que daba comodidad al mundo.
Pero nuevas teorías como la del caos y el concepto de incertidumbre han obtenido un lugar privilegiado en la mente del hombre del siglo XXI.
El paradigma de complejidad de Edgard Morin, cambia el paradigma de completitud y certeza determinístico, propio del método cartesiano y a ello hay que agregarle los conceptos básicos del premio Nobel Ilya Prigogine sobre el caos.
Aquel que no se ajuste a integrar a su estructura mental tales conceptos, seguramente se verá derrotado por la realidad. La Modernidad que nos permitió Descartes ha sido declarada obsoleta.
En el contexto actual, parecería que a mayor información y comunicación el umbral de incertidumbre que caracteriza a los negocios los llevaría a la certeza.
En cambio la complejidad y el caos han hecho desembarco en el ámbito de los negocios por lo que la incertidumbre sigue subsistiendo.
El avance de las computadoras permiten el uso de herramientas matemáticas probabilísticas, que acotan la incertidumbre y permiten que los empresarios tengan estrategias, en un contexto de riesgo, con una mayor o menor probabilidad de ocurrencia; amén de planes alternativos con distintos escenarios para optar por el cambio en forma flexible y rápida.
Pero, con los dos ejemplos siguientes, podemos ver que no es suficiente y que la certeza ha muerto.
Iglesias Illa en el capítulo ¨Una historia de Wall Street¨ y con el subtítulo ¨La venganza de los nerds¨ nos cuenta que en el centro financiero mundial de Wall Street con la aparición de los derivados financieros apareció la gran revolución matemático-financiera. Los traders fueron despedidos y reemplazados, para sorpresa de casi todo el mundo, por doctores en física del MIT y de otras universidades, que llegaban a los bancos con modelos matemáticos, una ideología financiera novedosa –el mercado es racional y predecible; es posible reducir el riesgo a casi cero-.
El boom de 1992-1998 fue la consolidación de este modelo, en el que un optimismo a prueba de balas llevó a buena parte de Wall Street a creer que los mercados habían entrado en una etapa científica, donde la intuición estaba pasada de moda y todo riesgo podía ser descompuesto y medido hasta en sus partes más pequeñas.
Robert Lowenstein en When Genius Failed escribió su relato sobre Long-Term Capital Management (LTCM), el fondo de inversión patrocinado por Myron Scholes y Robert C. Merton, profesores de Stanford y Harvard respectivamente, quienes en 1997 recibirían el Premio Nobel de Economía.
LTCM ganó en sus primeros tres años un 40% cada año, sin saltos abruptos y ni un solo mes negativo. Pero los traders de LTCM, ciegos de ego e invencibilidad, no vieron que dos camiones de contramano les venían haciendo luces a toda velocidad.
Uno era el camión de la originalidad: las buenas ideas duran un día en Wall Street, después todo el mundo se pone a copiarlas hasta que pierden su atractivo.
El otro camión, que muy pocos vieron venir, fue Rusia. ¨Las potencias nucleares no defaultean¨ insistía Wall Street a principios de 1998, repitiendo la desafortunada sentencia de Walter Wriston, sobre América Latina.
Rusia finalmente devaluó y dejó de pagar sus bonos GKO, bonos de corto plazo, cuyo precio llegó a caer debajo de los cinco centavos por dólar.
LTCM apostó varias veces, durante el despeñamiento de los GKO a que en algún momento los papelitos se iban a volver ¨racionales¨ y se recuperarían. No lo hicieron o lo hicieron cuando ya era demasiado tarde. LTCM se quedó con un agujero tan grande que salió a mendigar ayuda a Wall Street, interviniendo finalmente la Reserva Federal que obligó a 14 bancos a poner un par de cientos de millones cada uno para pagar las cuentas y evitar una crisis del sistema.
El segundo y elocuente ejemplo es el siguiente.
La crisis que hoy sufre Estados Unidos, debido al mercado sub prime de hipotecas puede derivar a una recesión o incluso stagflation en el primer país del mundo. Y tal acontecer extendería su influencia hacia todo el mundo, con consecuencias, probablemente funestas, como lo fue el crack de 1930.
Nos dice Stiglitz ¨ Hasta ahora, hubo tres factores que contribuyeron a que el mundo capeara la suba de los precios del petróleo. Primero: la productividad china. Segundo: la baja de la tasa de interés en EEUU. Por ultimo, los trabajadores de todo el planeta aceptaron menores salarios reales y una baja participación en el PBI. Pero este juego ha llegado a su fin¨
Nos cabe hacer la ultima pregunta: ¿Cuál es el reaseguro para que las consecuencias no sean extremadamente dramáticas, dada la propagación a nivel planetario de las crisis?
Y la respuesta es: China, quien tiene ingentes reservas constituidas en dólares americanos. La suma de 1,4 billones de dólares americanos es apabullante.
Última reflexión: China hace poco más de un siglo todavía era un país a medias colonizado, donde los intereses particulares de comerciantes ingleses afectados por el cierre del mercado del opio, rogaban a la Corona que interviniera dando lugar, precisamente, a la Guerra del Opio.
Y los chinos, hoy cuarta potencia mundial, a casi nada de superar al tercero, Alemania, tuvo que seguir promocionado la drogadicción para que los súbditos de Su Graciosa
Majestad pudieran seguir filosofando sobre ética, a las cinco de la tarde, mientras tomaban el te con scons en Londres.
Pero, a su vez es menester aclarar, a riesgo de que se nos tache de hipócritas, que la mención anterior es un relato objetivo histórico, puesto que en el concepto de la época, donde ya existía el capitalismo salvaje como podemos apreciarlo en el ejemplo, era considerado como jugar con las reglas del juego, que incluía el dirty play.
Pondremos los mejores esfuerzos para describir breve pero exhaustivamente, estas relaciones entre el antiguo imperio chino renacido, la influencia a nivel mundial de las variables económicas interrelacionadas debido a la globalización y la participación de este actor impensado hasta hace poco; la predictibilidad pero también el caos y la incertidumbre, que concluyan en un trabajo coherente, aportando información y conocimientos adicionales y]o novedosos, o al menos entretenimiento a sus eventuales lectores.
La estrategia de desarrollo del presente trabajo será tratar separadamente estos conceptos en capítulos, para luego intentar, esperemos que con éxito, hacer la interconexión prometida.
Es decir que utilizaremos el método de las novelas de misterio. Vamos mostrando los distintos personajes en forma correlativa, para luego sorprender con un final a toda máquina. Lo decepcionante podría ser, como es usual, que el culpable sea el mayordomo. O que a la máquina le falte hulla.
Si es así….acudamos a China que tiene las mayores reservas de hulla del mundo.
El Autor
Historia Política de China
Desde la Dinastía Quing a la fecha
La historia de China, como cronología de una de las civilizaciones más antiguas del mundo, tiene sus orígenes en la cuenca del Río Amarillo, donde surgieron las primeras dinastías Xia y Shang.
La existencia de documentación escrita de larga data ha permitido la recopilación de una historiografía precisa, desde las primeras dinastías hasta la actualidad.
Para la confección de este capítulo nos hemos remitido sustancialmente a enciclopedias y otra bibliografía sugerida en la web, que figura al final del capítulo.
En nuestra consideración, la información recogida y expuesta carece de connotaciones ideológicas y políticas y se atiene al suceder histórico con rigor. Por ello podemos agregar que nuestro aporte al tema ha sido más la recopilación y ordenamiento que creación propia. Y es menester decir que nos parece adecuado, ya que somos legos en historia, como para adoptar el atrevimiento de hacer comentarios subjetivos.
La continuidad cultural y lingüística permite establecer una línea expositiva de la historia de la civilización china que, desde los textos más antiguos, como ser los clásicos confucianos, y pasando por las grandes historias dinásticas promovidas por los emperadores, ha continuado hasta el presente.
La narración tradicional china de la historia se basa en el llamado ciclo dinástico, mediante el cual los acontecimientos históricos se explican como el resultado de sucesivas dinastías de reyes y emperadores que pasan por etapas alternas de auge y declive.
Con pena desistimos de hurgar en el pasado de las dinastías chinas y directamente nos remitimos a la última de ellas, la Quing; que casi todos hemos ojeado a hurtadillas a través del genial director de cine Bertolucci , en ese magnífico film, que fue ¨El Ultimo Emperador¨.
No perdamos más tiempo y vayamos a él.
Dinastía Qing
En el año 1644, la dinastía Qing, procedente de Manchuria, conquista Pekín.
La dinastía Ching o Qing conocida también como la Dinastía Manchú, fue fundada por el clan manchú de Aisin Gioro, en el actual noreste de China expandido en la propia China y algunos territorios colindantes de Asia Interior, estableciendo así el Imperio del Gran La Ching, que fue la última de las dinastías imperiales de China
En China, la dinastía Qing ha sido considerada una dinastía opresora. Los manchúes impusieron su estilo cultural, y la lengua manchú se utilizaba para los asuntos más importantes en la corte, dominada por la clase dirigente de origen manchú.
La dinastía Qing consolidaría la expansión territorial de China, incorporando al imperio a Taiwán, Tíbet, Xinjiang y Mongolia.
A pesar de la fortaleza militar del imperio Qing, se sucedieron las rebeliones contra éste. La más importante de las rebeliones antimanchúes fue la Rebelión Taiping, que causaría millones de muertos entre 1851 y 1864.
A lo largo del siglo XIX se sucedieron las disputas comerciales con las potencias occidentales, que dieron lugar a la Primera Guerra del Opio, que enfrentó a China con el Reino Unido entre 1839 y 1842, y a la Segunda Guerra del Opio, entre 1856 y 1860, en la que una alianza franco-británica tomó la ciudad de Guangzhou. El resultado de estas guerras fue la firma de los tratados de Nanjing y de Tianjin, por los que el Reino Unido consiguió la soberanía sobre parte del actual territorio de Hong Kong, además de derechos comerciales y de navegación para las potencias occidentales.
En las últimas décadas de la dinastía Qing, bajo el mando de la poderosa Emperatriz Regente Cixi continuaron los conflictos con las potencias extranjeras por disputas comerciales. Además, la rivalidad con Japón por la influencia sobre Corea provocó la guerra chino-japonesa entre 1894 y 1895. Tras la derrota china en esta guerra, se firma el Tratado de Shimonoseki, por el que China reconocía la independencia de Corea, que pasaba a estar bajo influencia japonesa, y cedía Taiwán a Japón.
La derrota frente a Japón hizo crecer el desprestigio de la dinastía Qing. El descontento con el gobierno imperial manchú se manifestó en la aparición de numerosos movimientos revolucionarios que pedían la formación de una república.
Emperatriz regente Cixi
A finales del siglo XIX, un nuevo líder emergió. La Emperatriz Viuda Cixi, era la concubina del Emperador Xianfeng (1850-1861), la madre del Emperador Tongzhi, y la tía del Emperador Guangxu; controló con éxito el gobierno Qing y fue la gobernante de hecho de China por 47 años. Ella efectuó un golpe de estado para expulsar de la regencia a Sushun designado por el último emperador. La conocen como “gobernante detrás de la cortina” en la política de Qing.
Por los años de 1860´s, la dinastía Qing había vencido las rebeliones con la ayuda de la milicias organizadas. El gobierno Qing entonces procedió a ocuparse del problema de la modernización, que procuró con el Movimiento de Uno mismo. Formaron varios ejércitos modernizados incluyendo el Ejército Beiyang; no obstante las flotas de “Beiyang” fueron aniquiladas en la guerra Chino-Japonesa (1894-1895), que produjo las primeras llamadas para una reforma mayor y más extensa.
En los diez años del reinado del Emperador Guangxu, sobrino de la Emperatriz regente Cixi (1875 - 1908), la presión occidental en China era tan grande que ella se vió forzada a darles toda clase de poderes. En 1898 el Emperador Guangxu intentó la Reforma, en la cual se dieron nuevas leyes y algunas viejas leyes fueron suprimidas.
Pero sus ideales fueron sofocados por Cixi y Guangxu fue encarcelado en su propio palacio. Cixi, se concentró en centralizar su propia base de poder.
En 1901, después del asesinato del embajador alemán, la alianza de las Ocho Naciones entró en China con una fuerza militar unida por segunda vez.
Cixi reaccionó declarando la guerra a la alianza de las ocho naciones, sólo para perder el control de Pekín dentro de un período de tiempo corto.
Gobierno y sociedad Qing
Políticamente, el imperio estaba considerado como una inmensa familia, siendo el Emperador "Hijo del Cielo" a la vez "el padre y la madre" de su pueblo, y por consecuencia, como en la familia antigua, el señor absoluto de todos.
En Pekín su capital, vivía encerrado en una ciudad aparte, "la Ciudad Prohibida", invisible al común de sus súbditos. Asistido de un Consejo de Estado y de ministros, gobernaba por medio de ocho virreyes, entre los que estaban divididas las dieciocho provincias del Imperio. Las provincias estaban subdivididas en prefecturas, etc., gobernadas por una jerarquía de funcionarios o mandarines - nombre inventado por los portugueses.
Los mandarines se reclutaban entre los letrados, es decir entre los que habían estudiado la literatura, las ciencias y la filosofía chinas, y habían sido aprobados en numerosos exámenes.
Principios y desarrollo temprano
La riqueza del Imperio Chino era conocida, desde la Edad Media, por los europeos. Bien acogidos no tardaron en exasperar a los chinos por su rapacidad y sus violencias. De aquí que la China se cerrase casi completamente desde el siglo XVI a los "diablos extranjeros". Esta situación duró hasta 1840. Fueron necesarias dos guerras para abrir más extensamente a China al comercio europeo; la Guerra del Opio (1840-1841) y la Expedición de China (1858-1860).
La Compañía inglesa de la Indias había obtenido el primer puesto en el comercio en Cantón. Su principal artículo de venta era una droga extraída de la adormidera, el opio, que los chinos fuman y que envenena más rápido que el alcohol o el tabaco.
En 1839, se había prohibido la venta del opio y destruido un stock de 20,000 cajas depositadas en los almacenes ingleses, éstos bloquearon a Cantón y después emprendieron una guerra conocida con el nombre de Guerra del opio. La flota inglesa tomó a Cantón y Shanghai y remontó hasta Nankín. Por el tratado de Nankín, los chinos tuvieron que ceder a Inglaterra el islote de Hong Kong, enfrente de Cantón: abrieron además cinco puertos, entre ellos Shanghai al comercio británico. Los Estados Unidos y Francia obtuvieron poco después las mismas condiciones. Francia se hizo además reconocer el protectorado de las misiones católicas, cuya presencia en China se remontaba al siglo XVI.
En 1856 se suscitaron nuevas dificultades en Cantón entre Inglaterra y China. Por otra parte, un misionero había sido martirizado, y no habiendo podido obtener reparación, el gobierno inglés y Napoleón III se entendieron para castigar en común a China y obtener de ella, amenazando a Pekín, primero garantías para sus nacionales, después el establecimiento de relaciones diplomáticas regulares, y por último nuevas facilidades para el comercio. Un ejército franco-inglés de 23.000 hombres, después de haber dispersado al ejército chino, ocupó Pekín (1860).
Durante la marcha sobre Pekín, los chinos habían propuesto negociaciones, durante las cuales se apoderaron por traición de 37 europeos, de los cuales mataron a 4 e hicieron perecer a otros dieciséis en atroces suplicios.
Para vengar esta traición, los aliados pusieron a saco e incendiaron el Palacio de verano, la más preciosa de las residencias imperiales. Los chinos hicieron todas las concesiones exigidas por el Tratado de Pekín(1860). Siete nuevos puertos fueron abiertos al comercio extranjero.
A consecuencia de este nuevo descalabro, parecía que China quería transformarse un poco. Oficiales extranjeros instruyeron a las tropas chinas, hasta entonces armadas de arcos y de lanzas, al mismo tiempo que se creaba en Pekín un colegio europeo. El Emperador autorizó hasta la construcción de un ferrocarril a Shanghai (1878). Pero la masa del pueblo y los mandarines permanecían hostiles a las novedades; el gobierno se mostraba débil y vacilante.
Los brillantes éxitos que tuvo el Japón tuvieron naturalmente una gran repercusión en China. Parecían haber hecho comprender definitivamente a los chinos, que hay un gran provecho en no despreciar las "ciencias bárbaras", y que conocerlas y adaptarse a su organización es para los pueblos la condición misma de la independencia.
Bajo la dirección de instructores japoneses, China empezó a darse un ejército a la europea, regularmente reclutado, uniformemente equipado, y disponía según se decía de 250,000 hombres. Publicaba periódicos donde se ensalzaban las virtudes guerreras que eran tan despreciadas por los chinos. Multiplicó el número de estudiantes enviados a Europa y sobre todo al Japón . Reformó la organización de su enseñanza y creó colegios y universidades. Por otra parte los chinos comenzaron a querer dar valor a su país; comprando a los extranjeros las minas concedidas y hasta ciertas líneas férreas; ensayando además crear fábricas.
La importancia y la grandeza de la transformación del Japón, se enfrentaron bruscamente en un conflicto con China a propósito de Corea. Desde siglos se enfrentaron chinos y japoneses, terminando por ejercer la soberanía los unos al lado de los otros, poniendo cada nación una guarnición en Seúl, la capital. Querían los chinos en 1894 reforzar su guarnición, los japoneses empezaron la guerra sin previa declaración (julio de 1894).
La Guerra de Corea se llevó a cabo rápidamente. Con gran sorpresa por parte de Europa, los japoneses batieron a los chinos con la mayor facilidad. Después de haberlos expulsado de Corea, después de haber destruido sus acorazados en la desembocadura del Yalu (17 de septiembre) y tomado por asalto la plaza fuerte de Puerto Arturo, (noviembre), los japoneses invadieron Petchili. Los chinos firmaron la paz.
Particularmente grave para la conciencia china fue la derrota en la Primera Guerra Sino-Japonesa, que concluyó en 1895 con la firma del Tratado de Shimonoseki, por el que China perdía su influencia sobre Corea, que pasaba a ser protectorado japonés, y perdía también la soberanía sobre la isla de Taiwán, convertida en territorio japonés.
Este descontento creciente provocó el aumento del número de seguidores del movimiento republicano de Sun Yat-sen, a la sazón exiliado en Japón, que había fundado una nueva organización republicana, la Sociedad de la Alianza .
Por el Tratado de Simonoseki, abandonaban a los japoneses las dos plazas que dominaban la entrada del golfo de Petchili, al norte Puerto Arturo, con la península donde está construido, y al sur Wei-Hai-Wei; cedían además, enfrente de China meridional, la gran isla de Formosa (abril de 1895).
Entonces se produjo una intervención de Europa. So pretexto de defender "la integridad de China", Rusia, que ambicionaba para ella Puerto Arturo, supo arrastrar con ella a Francia y Alemania, y las tres potencias impusieron una revisión del Tratado de Shimonoseki. Japón tuvo que contentarse con Formosa y una indemnización de guerra.
A consecuencia de los descalabros chinos, muchos creyeron en Europa que algún día sería posible distribuirse China, como se habían distribuido África; o que por lo menos las potencias podrían ocupar allí cierto número de puntos estratégicos y establecer "zonas de influencia".
La iniciativa de esta política de desmembramiento fue tomada por Alemania. A consecuencia del asesinato de dos misioneros alemanes (1897), el Emperador Guillermo II hizo ocupar, inmediatamente y sin intimación, el puerto de Kai-Tcheu, al sur de la península de Chan-Tung, región reputada por su riqueza y sus minas de carbón.
Por su parte, los rusos negociaban y obtenían, para la terminación del ferrocarril transiberiano, la facultad de construir la vía en línea recta sobre Vladivostok, a través de la provincia china de Manchuria. Obtenían por otra parte, por noventa años la cesión en arriendo de Puerto Arturo, el puerto en aguas siempre libres, ambicionado desde hacia tantos años por Rusia: un entroncamiento debía unir este puerto al ferrocarril transiberiano (1898).
Francia e Inglaterra se hicieron ceder igualmente en arriendo Kuang-Tcheu y la otra Wei-Hai-Wei (1898).
Por otra parte las potencias obtenían la apertura de doce puertos nuevos, el derecho de establecer en ellos manufacturas y la facultad para los vapores de circular por todas las grandes vías navegables. Arrancaban del gobierno chino para sus nacionales concesiones de explotación de las minas y de construcción de ferrocarriles, casi 10,000 kilómetros: el trozo principal de Pekín a Han-Keu —1.250 kilómetros— se había concedido a una sociedad franco-belga.
Los brillantes éxitos de Japón tuvieron naturalmente una gran repercusión en China. Parecían haber hecho comprender definitivamente a los chinos que hay un gran provecho en no despreciar las "ciencias bárbaras", y que conocerlas y adaptarse a su organización es para los pueblos la condición misma de la independencia.
Era la manumisión de los bárbaros sobre China, y el derrumbamiento del antiguo Imperio. El patriotismo chino y el espíritu de rutina se sublevaron. Sociedades secretas, muy numerosas y muy activas en China, sobre todo la sociedad llamada de los Boxers, provocó un movimiento nacional que estalló en Pekín, en mayo de 1900, y se extendió a toda China del norte. Hubo doscientos extranjeros acuchillados y los ministros europeos en Pekín fueron sitiados durante dos meses en sus legaciones. Las potencias, incluidos el Japón y los Estados Unidos, decidieron obrar en común: enviaron cada uno un contingente y el ejército internacional así constituido reprimió en una corta campaña alrededor de Pekín el movimiento boxer (septiembre-octubre 1900). Los chinos tuvieron que pagar indemnizaciones y confirmar las concesiones de trabajos públicos hechos anteriormente. En cambio, renunciaban las potencias a toda idea de desmembramiento, garantizando la integridad china.
Caída de la Dinastía Qing - Levantamiento de Wuchang
El ideólogo republicano más importante de los últimos años de la dinastía Qing fue Sun Yat-sen, quien ya en 1895, tras haber fundado la Sociedad para la Regeneración de China, intentó organizar una revolución contra la dinastía Qing en la ciudad sureña de Guangzhou. La sublevación fracasó y Sun Yat-sen se vió obligado a huir de China, en un exilio que lo llevaría a Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón en los años siguientes.
El Dr. Sun Yat-sen, gran revolucionario democrático, fue el líder universalmente reconocido de la Revolución de 1911. A finales del siglo XIX, surgieron dos facciones entre los políticos burgueses chinos que abogaban por aprender de Occidente. Una reformista, encabezada por Kang Youwei, y otra revolucionaria, dirigida por Sun Yat-sen. El fracaso del Movimiento Reformista de 1898 condujo al hundimiento de la facción, la cual se había hecho la ilusión de que el gobierno de la dinastía Qing podría llevar a cabo ciertas reformas, mientras que se incrementaron rápidamente la fuerza y la influencia de la facción revolucionaria de la burguesía.
En 1905, se fundó la Tongmenghui (Liga Revolucionaria de China). En ese momento Sun Yat-sen formuló un programa revolucionario burgués, en el cual figuraban los postulados de “establecimiento de una república e igualdad de la propiedad de la tierra”. Se trataba de un proyecto de república burguesa, inspirado en el ejemplo de la burguesía occidental. En dicho programa, Sun Yat-sen abogaba por derrocar por la vía revolucionaria la dominación de la dinastía Qing para “establecer una república”. Esto correspondía, en aquella época, a las aspiraciones y las demandas de las amplias masas populares de todo el país.
Luego de fundada la Tongmenghui en Tokio, sus miembros no tardaron en retornar sucesivamente a China e ir a diversas partes del país a organizar grupos revolucionarios y, en unión con otros patriotas, a preparar levantamientos.
El Dr. Sun Yat-sen atribuyó gran importancia al trabajo militar y al trabajo dentro del ejército enemigo. Esto fue de gran importancia para la Revolución de 1911.
En la Academia Militar estudiaban más de 500 cadetes, muchos de ellos jóvenes descontentos de la situación entonces existente. Así fue como la Academia Militar de Yunnan se convirtió en una importante plaza fuerte de las fuerzas revolucionarias en esa provincia.
En 1911, se graduaron antes del plazo previsto los cien cadetes de la primera promoción de la academia. Dieciocho de ellos fueron colocados como oficiales de las tropas y se pusieron a hacer propaganda revolucionaria entre los soldados.
Los soldados del Nuevo Ejército, todos ellos reclutas procedentes del campo, ya estaban sumamente descontentos con la tiranía y la corrupción del gobierno de la dinastía Qing, con la brutal explotación de la clase terrateniente, con los castigos corporales y con los insultos que sufrían en el viejo ejército y con la práctica de los oficiales de embolsarse parte de su paga.
El 10 de octubre de 1911, estalló el Levantamiento de Wuchang, que dio un gran estímulo al pueblo en Yunnan.
Esta sublevación acabará con el derrocamiento definitivo del último Emperador Qing Puyi, en 1912.
Los revolucionarios intensificaron también allí sus actividades entre los soldados. Los gobernantes de la dinastía Qing estaban presa de pánico. Li Jingxi, gobernador general de Yunnan y de Guizhou, mandó construir fortificaciones dentro y fuera de la sede de su gobierno y dió orden de arrestar a los revolucionarios. Li Jingxi reunió un batallón de guardias, un batallón logístico y dos compañías de ametralladoras para defender la sede de su gobierno. Sin embargo, incluso entre dichas fuerzas de custodia existían fuerzas revolucionarias ocultas.
El 30 de octubre los revolucionarios se sublevaron en Kunming. Al levantamiento se sumaron también los cadetes de la Academia Militar y de la Escuela Militar Primaria así como los guardias de Li Jingxi. Bajo el mando de Cai E, las majestuosas tropas de la insurrección se pusieron inmediatamente en marcha para tomar los accesos a la ciudad. Cuando atacaron la ciudad de Kunming, el batallón de caballería, desplegado ahí por Li Jingxi para defender la ciudad, no opuso resistencia alguna, sino que, al contrario, la mayor parte de sus soldados se incorporaron a las filas rebeldes. Los cadetes de la Academia Militar que vivían dentro de la ciudad abrieron las puertas de la misma.
El 31 de octubre, se tomó sucesivamente por asalto otras dos plazas fuertes del enemigo, la colina Wuhua y el arsenal.
Poco después, se sublevaron también las tropas del Nuevo Ejército que se hallaban en Dali, Lin’an y otros lugares. Los batallones de patrullaje del enemigo que se encontraban fuera de Kunming fueron liquidados sucesivamente, y la provincia de Yunnan quedó totalmente en manos de los insurgentes. El 1° de noviembre, se fundó el gobierno militar de Yunnan.
Nacimiento de la República de China
Los acontecimientos que llevaron a la caída de la dinastía Qing, la llamada Revolución de Xinhai, se desarrollaron entre el 10 de octubre de 1911, fecha en que se produjo la insurrección conocida como Levantamiento de Wuchang, y el 12 de febrero de 1912, cuando el último emperador, Puyi, abdicó definitivamente.
La revolución que acabó con varios milenios de historia imperial se desencadenó por una explosión fortuita en la ciudad de Hankou el 9 de octubre de aquel año. Hankou es una de las tres ciudades que constituyen la triple metrópoli de Wuhan, punto estratégico en el centro de China, y en ella había una intensa actividad revolucionaria clandestina, así como un gran número de tropas del reformado Nuevo Ejército del estado Qing. Aquel 9 de octubre, un grupo de revolucionarios se encontraba manipulando explosivos que iban a ser utilizados en atentados antimonárquicos, cuando una explosión inesperada provocó varios muertos y heridos. Los intentos de rescate de los heridos pusieron a las autoridades locales al corriente de las actividades y de las identidades de muchos implicados, y aquel mismo día se llevaron a cabo diversas ejecuciones sumarias.
Sin embargo, el ejército Qing en Wuhan estaba ya infiltrado por muchos activistas republicanos que, tras el accidente, temían ser descubiertos. Éstos decidieron lanzarse a la ofensiva antes que esperar la reacción de las autoridades leales a la corte Qing, y el 10 de octubre se sublevaron contra el poder imperial en Wuchang,
De esta manera, en apenas tres días, Wuhan, la triple metrópoli del Yangzi, estaba en poder de un ejército rebelde al servicio de la causa republicana, a pesar de la falta de organización del movimiento. La fecha del 10 de octubre, el "doble 10", se convertiría en la fiesta nacional de la República de China y, aún hoy, se conmemora como tal en Taiwán.
Mientras la rebelión avanzaba, los altos mandos del ejército exigieron a la corte que aceptara una serie de reclamaciones, las "doce reclamaciones", para reducir el poder del emperador y establecer un sistema parlamentario. Entre estas reclamaciones estaba el nombramiento de un nuevo gobierno encabezado por un primer ministro. La debilitada corte manchú, consciente de que el poder se le escapaba de las manos, aceptó todas estas reclamaciones, y Yuan Shikai fué nombrado Primer Ministro del Imperio Qing.
Estas reformas suponían un intento de establecer una monarquía constitucional en China que pudiera contentar a los conservadores y a los sectores reformistas. A pesar de este intento, la revolución seguía su avance imparable, apoyada en un gran apoyo popular. El 3 de noviembre, la provincia de Jiangsu se sumaba a la rebelión republicana. Sichuan, el 22 de noviembre y Shandong, el 12 de diciembre, se unían a la lista de provincias rebeldes.
El 30 de diciembre, en Nanjing, se proclamaba la República de China, que oficialmente comenzaría el 1 de enero de 1912. El año 1912 se convertía para China en el año 1 de la república, adoptando el modelo occidental de años solares con semanas de siete días, en lugar del sistema tradicional chino de años lunares con semanas de diez días. Sun Yat-sen pasaba a ser el primer presidente de la República de China.
Sin embargo, Sun Yat-sen era consciente de la debilidad militar de la nueva república. La mayor parte del ejército se mantenía leal al poder imperial de Pekín, y Yuan Shikai mantenía su poder e influencia sobre el Ejército de Beiyang, asentado en el norte de China. Sun se vio obligado a negociar con Yuan Shikai, a quien ofreció el cargo de presidente de la república. Yuan, presionado por numerosos sectores del ejército, favorables a reconocer el nuevo orden republicano, aceptó, y forzó la abdicación del niño emperador Puyi, ocurrida finalmente el 12 de febrero de 1912.
La ambición de Yuan Shikai, que llegaría a autoproclamarse emperador en 1915, hace crecer la oposición a Sun. China se encontraba aún dividida, y Sun Yat-sen vuelve del exilio para instalarse en Guangzhou, desde donde dirige el Kuomintang, el partido político que él había fundado.
En Guangzhou, Sun Yat-sen funda la Academia Militar de Whampoa, en la que se formará el ejército que, bajo el mando de Chiang Kai-shek, sucesor de Sun Yat-sen al frente del Kuomintang, conseguirá conquistar gran parte de China y establecer en Nanjing la capital de la República de China.
Chiang Kai-shek se convierte en presidente de la República y, desde el principio, tendrá que enfrentarse a dos problemas. Por un lado, el Partido Comunista Chino, a pesar de varios periodos de colaboración con el Kuomintang, lucha por establecer un régimen comunista. Por otro lado, el imperialismo japonés presiona a China.
En 1931 Japón conquista Manchuria, y establece allí el estado títere de Manchukuo. En 1937 él ejército japonés comienza la invasión de China.
Durante la invasión japonesa, el gobierno de Chiang Kai-shek abandona la capital Nanjing, ocupada por Japón, y se repliega al interior, estableciéndose en la ciudad de Chongqing.
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, en 1945, Japón abandona sus conquistas en Asia, y China recupera Manchuria y Taiwán.
Cuando parecía que el gobierno de Chiang Kai-shek podría ya lograr consolidar la estabilidad de la república, se reanuda el enfrentamiento con los comunistas. Éste se convierte en una guerra civil total a partir de 1947. En contra de las previsiones, los comunistas logran vencer al ejército de la República. El gobierno del Kuomintang, junto a parte del ejército y muchos de sus simpatizantes, muda a Taiwán, desde donde confiaban en poder reconquistar el continente. Esta situación, sin embargo, acabaría manteniéndose y la República de China continúa existiendo en la actualidad en la isla de Taiwán.
La República de China fue el régimen político que sucedió en China a la última dinastía imperial, la Qing, en el año 1912. El periodo republicano fue una etapa de grandes convulsiones políticas y sociales, marcada por la independencia virtual de amplias zonas de China, bajo el control de los llamados "señores de la guerra", y por los numerosos enfrentamientos bélicos, especialmente la Segunda Guerra Sino-Japonesa y, a partir de 1945, la guerra civil entre el Kuomintang, el partido político que dominaba las instituciones de la República, bajo el mando de Chiang Kai-shek, y el Partido Comunista de China.
La victoria de los comunistas en la guerra civil, bajo el liderazgo de Mao Zedong, en 1949, puso fin al régimen de la República en el continente chino, con la proclamación de la nueva República Popular China. El ejército comunista, sin embargo, nunca consiguió ocupar la isla de Taiwán, única provincia china en la que se ha mantenido hasta la actualidad el régimen de la República de China.
Sun Yat-sen había accedido a ceder la presidencia a Yuan Shikai de manera temporal. La constitución provisional promulgada en marzo de 1912 estipulaba la formación de un sistema parlamentario y la celebración de elecciones parlamentarias y presidenciales en el plazo de diez meses.
Con el fin de participar en las elecciones parlamentarias, la Sociedad de la Alianza de Sun Yat-sen se convirtió en un partido político con el nombre de Partido Nacional Popular, más conocido en Occidente como "Kuomintang" (KMT).
En las elecciones parlamentarias de 1913, en las que tenían derecho a voto unos cuarenta millones de chinos, hombres mayores de veintiún años y con un cierto nivel de educación y de riqueza, el KMT logró unos excelentes resultados, con 269 de los 596 escaños de la cámara baja, y 123 de los 274 escaños del Senado para sus candidatos.
En enero de 1914, Yuan Shikai disolvió el parlamento y nombró en su lugar una asamblea de 66 miembros, que fue responsable de elaborar una constitución que ponía todo el poder en las manos del propio Yuan.
Yuan Shikai, convertido ya en dictador de China, intentó lanzar una campaña ambiciosa de reformas para modernizar la economía china. Estas reformas abarcaban numerosos ámbitos, tales como el sistema judicial, la educación, la moneda y el sistema penitenciario. La presión de las potencias occidentales sobre China disminuyó debido al inicio de la Primera Guerra Mundial en Europa, lo cual dio un respiro al régimen chino en la siempre espinosa política internacional.
Sin embargo, las ambiciones japonesas sobre el territorio chino se empezaron a notar en esa época. Los japoneses, como aliados del Reino Unido, estaban técnicamente en guerra con Alemania, y aprovecharon esa situación para atacar las concesiones alemanas en la provincia de Shandong. En enero de 1915, Japón hizo públicas una serie de reivindicaciones, conocidas como las "Veintiuna Reclamaciones", que exigían a China la concesión de todo tipo de privilegios comerciales. La agresividad japonesa provocó numerosas manifestaciones en China, pero Yuan Shikai, dado el estado precario de las arcas del estado, necesitadas de inyecciones de capital extranjero, hubo de ceder a gran parte de las pretensiones japonesas.
El estilo de gobierno de Yuan Shikai evolucionó hacia modelos cada vez más autoritarios, imitando en muchos aspectos la manera de gobernar de los emperadores Qing, y adoptando incluso los rituales religiosos de aquéllos.
En 1915, Yuan dio el paso definitivo. Apelando a un supuesto deseo popular, hizo que una Asamblea representativa nombrada por él mismo votara a favor de la restauración imperial con 1993 votos a favor y ninguno en contra. El 1 de enero de 1916, Yuan subía al trono como nuevo emperador chino.
La restauración monárquica fue muy mal recibida incluso por algunos de sus colaboradores más cercanos. Los líderes militares de varias provincias negaron el reconocimiento al nuevo emperador, y las protestas se sucedían por todo el país. Consciente de su impopularidad, Yuan Shikai abolía la monarquía en marzo de ese mismo año, menos de tres meses después de su subida al trono, y renunciaba al poder. Humillado y abandonado por sus seguidores, Yuan Shikai moría poco después, el 6 de junio de 1916.
Tras el fracaso de la restauración imperial de Yuan Shikai, se restauraba la república con Li Yuanhong como presidente. En junio de 1917, el general conservador Zhang Xun llevaba a cabo un golpe militar con el objetivo de restaurar la dinastía Qing.
El último emperador manchú, el muchacho de once años Puyi, que había seguido viviendo con su séquito en la Ciudad Prohibida, se convertía de nuevo en emperador de China. Sin embargo, esta restauración no fue aceptada por la inmensa mayor parte del ejército, y apenas un mes después, Zhang Xun era derrotado en Pekín por el ejército leal a la república, que volvía a deponer a Puyi. En estos momentos, China carecía de un poder central reconocido y el país se encontraba dividido, en manos de jefes militares, los llamados "señores de la guerra", que controlaban distintas zonas del país.
Tras el desastre de los intentos de restauración imperial en Pekín, el país entró en una fase de fragmentación, en la que el gobierno nominal de la República en Pekín, aunque reconocido como legítimo por las potencias extranjeras, apenas controlaba una pequeña zona del norte de China. Los "señores de la guerra", eran quienes tenían el poder efectivo y controlaban la administración y la recaudación de impuestos en las zonas bajo su control.
La debilidad del Gobierno de Pekín se vio agravada al final de la Primera Guerra Mundial por las cesiones económicas y territoriales hechas a Japón, que se aseguraba el control de las concesiones hasta entonces alemanas en la costa de Shandong. Estos privilegios otorgados a Japón fueron una sorpresa para la mayor parte de los chinos, incluso del gobierno, que ignoraban los acuerdos que el gobierno de Duan Qirui, en el poder hasta octubre de 1918, había alcanzado con los japoneses.
En contra de lo esperado por la opinión pública china, que veía en la derrota alemana en la Gran Guerra la oportunidad de acabar con las cesiones injustas de derechos comerciales a los alemanes, el Tratado de Versalles simplemente confirmó el traspaso de los derechos alemanes a Japón. Estos hechos provocaron un gran descontento en el país, que alcanzaría su máxima expresión en las protestas multitudinarias en Pekín el 4 de mayo de 1919.
Paradójicamente, esta etapa de crisis política y social fue, sin embargo, una etapa de gran actividad intelectual y literaria. Precisamente las protestas del 4 de mayo de 1919 dieron nombre al llamado Movimiento del Cuatro de Mayo, como se conoce a las nuevas tendencias de pensamiento político y de expresión literaria que florecieron en estos años.
Entre los pensadores más destacados del movimiento se encontraba Chen Duxiu, profesor de la Universidad de Pekín que fundó la revista Nueva Juventud, en la que se publicarían algunos de los artículos más influyentes sobre el pensamiento chino en estos años de cambio. Chen Duxiu, junto a su estrecho colaborador Li Dazhao, sería el principal responsable de la fundación del Partido Comunista de China (PCCh), formalmente fundado en Shanghai en julio de 1921 con el apoyo financiero de la Unión Soviética a través de la Komintern o "Tercera Internacional", la organización patrocinada por la Unión Soviética para difundir el comunismo en el mundo.
En el plano político, además de la fundación del PCCh, con Chen Duxiu como secretario general, la etapa de caos que siguió a la pérdida de poder de Yuan Shikai permitió a Sun Yat-sen regresar a China, estableciéndose en la ciudad sureña de Guangzhou
En Guangzhou, Sun Yat-sen fundó la Academia Militar de Whampoa, desde donde se formó un ejército con la idea de asumir el control de toda China bajo el liderazgo del Kuomintang.
Tras su retorno a China en 1916, Sun Yat-sen desarrolló el Kuomintang como un partido constituido en torno a su figura por vínculos de lealtad personal. Tras establecerse en Guangzhou y conseguir formar un gobierno que aspiraba a unificar China, Sun recurrió a la ayuda militar y económica de la Komintern, que veía en el movimiento revolucionario de Sun Yat-sen, a pesar de no ser de ideología comunista, la capacidad de lanzar una revolución de estilo soviético.
Por ello, y pese a las reticencias de Chen Duxiu, la Komintern, representada en China por su agente Borodín (pseudónimo de Mijaíl Gruzenberg), instó al aún muy débil Partido Comunista de China a colaborar con el Kuomintang.
Como resultado de esta colaboración, en la Academia Militar de Whampoa convivieron miembros del KMT leales a Sun Yat-sen con miembros del Partido Comunista de China, como Zhou Enlai, recién llegado de Francia, que ocupó el cargo de director del departamento político.
El primer comandante de la Academia, sin embargo, era Chiang Kai-shek, un joven natural de la provincia de Anhui, y muy próximo a Sun Yat-sen, que más adelante se caracterizaría por su ferviente anticomunismo. Precisamente esta rivalidad entre los leales al ala nacionalista del Kuomintang y los comunistas que intentaban atraer adeptos entre los militantes del KMT, alimentaría la tensión que desembocaría años más tarde en un conflicto abierto.
En octubre de 1924, un golpe de estado en Pekín había arrebatado el control de la capital al poderoso señor de la guerra Wu Peifu, acérrimo enemigo tanto del KMT de Sun Yat-sen como de los comunistas de Chen Duxiu. Tras el golpe de estado, la capital pasó a estar controlada por el rival de Wu Zhang Zuolin, el señor de la guerra que dominaba Manchuria, y con quien Sun Yat-sen confiaba en poder llegar a un acuerdo. Duan Qirui se convirtió en nuevo Presidente provisional de la República en Pekín, y decidió convocar una conferencia para la reunificación nacional, a la que se invitó a Sun Yat-sen, en su calidad de Presidente del gobierno revolucionario instalado en Guangzhou.
En su viaje al norte, Sun se dirigió a Japón, donde cayó gravemente enfermo. Sun Yat-sen volvió a China y se instaló en Pekín, donde recibió atención médica. Sun Yat-sen falleció en Pekín el 12 de marzo de 1925.
La inesperada muerte de Sun dejó descabezado al KMT, desencadenando una lucha por el poder entre Wang Jingwei y Chiang Kai-shek.
A pesar de esta crisis de liderazgo, la brutalidad de muchos de los señores de la guerra, unida al descontento chino con la presencia extranjera, hizo crecer el apoyo popular del movimiento revolucionario liderado por el KMT. El descontento con las concesiones a las potencias extranjeras alcanzó un momento especialmente grave el 30 de mayo de 1925, cuando soldados chinos y sikhs del destacamento británico en Shanghai abrieron fuego contra trabajadores que se manifestaban en la calle, provocando la muerte de once manifestantes. Este incidente provocó numerosas protestas en China y aumentó el prestigio del KMT, al que muchos veían como el único movimiento capaz de reunificar el país.
Mientras tanto, la tensión entre los nacionalistas del KMT y los comunistas seguía creciendo, y alcanzó un momento crítico el 20 de marzo de 1926, con el incidente del Zhongshan, un buque de guerra comandado por un militar comunista que apareció frente a la isla de Whampoa en lo que Chiang Kai-shek interpretó como un intento de atacarle, por lo que detuvo al capitán del barco y a otros comunistas y puso Guangzhou bajo estado de emergencia.
El hombre de la Komintern, Borodin, intentó mantener la frágil alianza entre los comunistas y Chiang Kai-shek que, cada vez más fortalecido como nuevo líder del KMT, decidió lanzar la ofensiva militar para reunificar China bajo el gobierno revolucionario.
Esta ofensiva militar, conocida como la Expedición del Norte, se lanzó oficialmente el 1 de julio de 1926. Las tropas comandadas por Chiang Kai-shek avanzaron hacia el norte por el corredor ferroviario de Guangzhou.
En diciembre de 1926, el territorio bajo el poder de la alianza del KMT y el Partido Comunista comprendía ya todo el sureste del país.
El gobierno del Kuomintang se trasladó de Guangzhou a Wuhan y contemplaba ya la posibilidad real de unificar el país.
Hasta principios de 1927, Chiang Kai-shek había aceptado la alianza con los comunistas, necesitado del apoyo militar y económico de la Unión Soviética. La situación cambió en la primavera de 1927 cuando las tropas de Chiang consiguieron ocupar las ciudades de Nanjing y Shanghai. En ese momento, Chiang Kai-shek rompió con el Partido Comunista y con los dirigentes del KMT partidarios de la alianza con aquéllos.
Entre el 12 y el 13 de marzo, grupos paramilitares unidos a soldados del KMT mataron a decenas de líderes sindicales y simpatizantes comunistas que se manifestaron en Shanghai.
El 18 de abril de 1927, Chiang Kai-shek establecía un gobierno en Nanjing, la ciudad que Sun Yat-sen había designado como capital de la nueva China. Así, Chiang se convertía en líder del KMT mientras un gobierno rival permanecía en Wuhan, donde los comunistas, desconcertados por la traición de Chiang, se debatían en una crisis interna que acabó con el liderazgo de Chen Duxiu.
La República bajo Chiang Kai-shek
El establecimiento del nuevo gobierno del KMT en Nanjing dividió a este partido entre la facción izquierdista, establecida en Wuhan y favorable a colaborar con los comunistas, y la facción leal a Chiang, que, instalado ya en Nanjing, se oponía a cualquier tipo de colaboración con los comunistas. A esta división en el seno del partido se unió el fracaso de las tropas de Chiang en su intento de continuar la conquista del norte.
Estas circunstancias llevaron a Chiang Kai-shek a renunciar a sus cargos en forma temporal, en agosto de 1927. En enero de 1928, Chiang Kai-shek era nombrado Comandante en Jefe y se integraba una vez más en el Comité Ejecutivo Central del KMT.
Las partes centrales y orientales de China quedaban unificadas bajo el poder de la República de China con capital en Nanjing. Ya sólo las zonas escasamente pobladas del oeste y el norte permanecían bajo el control de dirigentes locales. El gobierno republicano intentaría en los años siguientes consolidar su poder y promover el crecimiento económico y la modernización que China necesitaba.
A pesar del debilitamiento del Partido Comunista, perseguido por el nuevo régimen republicano de Nanjing, algunos miembros de este partido consiguieron establecer un embrión de sistema comunista en varias partes de la China rural.
Una de las más importantes de estas regiones bajo control comunista sería el llamado "Sóviet de Jiangxi", en la provincia de ese nombre en el sur de China, donde Mao Zedong, miembro del Partido Comunista, que había sido ampliamente criticado por los dirigentes del partido, había establecido un sistema comunista.
Desde la ciudad de Ruijin, Mao dirigía el Soviet de Jiangxi con una ideología marxista-leninista que anteponía el papel del campesinado en la revolución al de las clases urbanas.
El soviet de Jiangxi existiría durante varios años hasta que el 16 de octubre de 1934, ante la prevista invasión de las tropas de la República, los comunistas se vieron obligados a huir de la zona. Perseguidos por el ejército de Chiang Kai-shek, los dirigentes del Partido Comunista emprendieron la llamada Larga Marcha, el periplo por la China interior que llevaría a los leales al Partido Comunista a huir desde hasta la provincia de Shaanxi en el norte.
Durante la Larga Marcha, Mao, tras una histórica reunión en la ciudad de Zunyi, provincia de Guizhou, consiguió hacerse con el poder en el partido, marginando a Wang Ming, el líder que contaba con el apoyo de la Unión Soviética.
La Larga Marcha concluiría el 20 de octubre de 1935, cuando alrededor de una décima parte de los hombres que salieron de Ruijin con Mao alcanzaron la zona de Shaanxi controlada por la guerrilla comunista en el norte.
La persecución del KMT había logrado arrinconar aparentemente al Partido Comunista, pero el gobierno de Nanjing se enfrentaba a otra amenaza aun más peligrosa que los insurgentes comunistas: el avance de los japoneses.
Desde los tratados de Shimonoseki y Versalles, Japón había aumentado sus zonas de influencia sobre territorios anteriormente chinos, y mantenía presencia militar en Manchuria y Shandong para defender sus intereses. A partir del Incidente de Mukden, el 18 de septiembre de 1931, cuando se produjeron unas explosiones en la línea férrea a la entrada de esa ciudad (actual Shenyang), los japoneses aumentaron su presión sobre China al establecer un estado títere, Manchukuo, en Manchuria.
Para ello, en un intento de dar una fachada de legitimidad a este estado títere, ofrecieron a Puyi, el último emperador chino, restablecer su trono en Manchuria, como emperador de un nuevo imperio Qing. Puyi aceptó la oferta japonesa y se desplazó desde Tianjin para subir al trono en la ciudad manchú de Changchun, renombrada como Xinjing ("nueva capital").
La Segunda Guerra Sino-Japonesa
La tensión entre Japón y China, que no reconocía la independencia de Manchukuo, desembocaría en guerra abierta el 7 de julio de 1937, cuando el ejército japonés, tras algunas escaramuzas con el ejército chino en el norte, comenzó la invasión de China.
La guerra con Japón, que se lanzó a la invasión de China como parte de sus planes expansionistas en Asia en el marco de la Segunda Guerra Mundial, puso fin a los intentos de Chiang Kai-shek de unificar el país. Ante el avance japonés, el gobierno del Kuomintang se vio obligado a abandonar la capital Nanjing, replegándose hacia el interior, primero a la ciudad de Wuhan y, después, a la ciudad interior de Chongqing, lugar remoto desde el cual parecía difícil llevar a cabo una contraofensiva.
El ejército japonés ocupó la mayor parte de la franja costera oriental de China, controlando los principales centros de producción económica. Al régimen títere de Manchukuo se sumaron otros tres regímenes títeres, uno en Mongolia Interior, que los japoneses querían separar de China como habían hecho con Taiwán y Manchuria, y otros dos regímenes similares en Pekín y Nanjing.
En esta última ciudad, ocupada por el ejército japonés el 13 de diciembre de 1937, se desencadenó una campaña de extraordinaria violencia contra la población civil, la llamada masacre de Nanjing, en la que murieron miles de personas ( en China se suelen cifrar en trescientas mil las víctimas mortales).
La invasión japonesa supuso también el final de la persecución a la que el gobierno del KMT había sometido al Partido Comunista de China. El estado de crisis nacional forzó la colaboración entre el KMT y el Partido Comunista. Aunque Chiang Kai-shek era al principio reacio a esta colaboración con el Partido Comunista, tuvo que aceptarla a raíz del incidente de Xi'an, cuando el mariscal Zhang Xueliang, militar favorable a una alianza entre el KMT y el Partido Comunista que controlaba la región de Shaanxi, detuvo a Chiang Kai-shek en Xi'an, manteniéndolo prisionero hasta que aceptó el establecimiento de un frente común entre el KMT y el Partido Comunista para defenderse frente a la agresión japonesa.
La invasión japonesa permitió así al Partido Comunista reagruparse en su base norteña de Yan'an, ciudad desde la cual controlaban una parte del territorio chino.
La entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial frenó el avance japonés en China. Además, la rendición de Alemania en mayo de 1945 permitió al victorioso Ejército Rojo soviético intervenir en Manchuria el 8 de agosto de ese año, dos días después de la bomba atómica lanzada por los Estados Unidos sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y un día antes de la bomba sobre Nagasaki, que forzaría la rendición japonesa y su retirada de Asia continental.
El final de la guerra supuso la salida definitiva de Japón del territorio chino. Manchuria, Taiwán y las zonas ocupadas durante la Guerra Sino-Japonesa volvían a estar bajo soberanía nominal china, y Chiang Kai-shek restablecía el gobierno de Nanjing.
Sin embargo, las fuerzas comunistas de Yan'an, muy fortalecidas por los años de guerra y por la intervención soviética en Manchuria, aumentaban su control sobre numerosas zonas de la China rural. La salida de los japoneses dejaba paso así a una guerra civil abierta entre el KMT de Chiang Kai-shek y los comunistas de Mao Zedong.
La Guerra Civil
A pesar de los intentos de mediación de los Estados Unidos y la Unión Soviética, la tensión entre el KMT y el Partido Comunista siguió en aumento tras la derrota de Japón. Ninguna de las dos partes quería ceder en sus principios fundamentales, especialmente los comunistas, que habían afianzado su control del norte del país. La tregua entre los dos bandos se rompió en la primavera de 1946, cuando se reanudaron los combates.
A pesar de que el gobierno del KMT dominaba la mayor parte de las ciudades, el control que el Partido Comunista tenía sobre el campo y sus victorias militares en Manchuria, acabarían siendo decisivos para la victoria final de estos últimos.
El gobierno de Nanjing intentó mejorar su imagen mediante reformas políticas y económicas. Aunque las reformas políticas tuvieron cierto éxito, con la aprobación de una nueva constitución en 1947 y la celebración de elecciones, la política económica no fue capaz de controlar la hiperinflación desbocada, que aumentó el descrédito del gobierno de Chiang Kai-shek, quien por vez primera había asumido el cargo de presidente. Mientras tanto, los comunistas aumentaban el territorio bajo su control.
Ls comunistas iniciaron el avance hacia el sur y en 1948, controlaban la ciudad de Harbin en el extremo norte y casi todas las zonas rurales de Manchuria.. Ese año, los comunistas pasaron de las tácticas de guerrilla a la guerra abierta, tomando varias ciudades importantes. En enero de 1949, el ejército comunista entró en Tianjin y en Pekín. En esta última ciudad, las tropas comunistas entraron sin violencia el 31 de enero de 1949.
Bajo el control comunista, Pekín recuperó su nombre tradicional (Beijing, capital del norte, en sustitución del nombre Beiping, paz del norte, utilizado desde 1928), señal de que los comunistas pretendían establecer allí la capital del nuevo régimen.
A pesar de la ayuda económica y material, pero no militar, de los Estados Unidos, el cada vez más desmoralizado ejército de la República estaba ya abocado a la derrota.
A lo largo de 1949, los avances comunistas obligaron al gobierno de Nanjing a replegarse hacia el sur. El 26 de mayo Chiang se desplaza a Taiwán, lugar seguro desde el que intenta organizar la contraofensiva. Ya en enero de 1949, Chiang, centrado en las actividades militares, había cedido la presidencia de la República a Li Zongren.
El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong proclama en la Plaza de Tian'anmen de Pekín la República Popular China. Chiang vuelve al continente para intentar organizar la defensa de las pocas ciudades aún controladas por los nacionalistas. La capital provisional se traslada a Chongqing el 15 de octubre y, finalmente, a Chengdu el 29 de noviembre. Chiang Kai-shek participa en la defensa de esta ciudad hasta que el 10 de diciembre abandona esta ciudad, junto a su hijo Chiang Ching-kuo, en avión con rumbo a Taiwán. La caída de Chengdu suponía la victoria definitiva de los comunistas en el continente.
Mientras Chiang Kai-shek reestablecía el gobierno de la República de China en Taipei, su enemigo acérrimo Mao Zedong se convertía en el líder de la nueva República Popular China.
República Popular China
El 1 de octubre de 1949, el líder del Partido Comunista Chino Mao Zedong proclama la República Popular China desde la puerta de Tian'anmen de la Ciudad Prohibida de Pekín.
Mao fue el líder máximo de China hasta su muerte en 1976. Su periodo de gobierno estuvo marcado por profundas conmociones sociales y políticas, como las campañas del Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural.
La estructura del nuevo Estado había sido decidida durante la Conferencia Consultiva Política Popular convocada por Mao el 12 de septiembre de aquel año. Además de la ley orgánica que establecía los poderes del Estado, durante la conferencia se redactó un Programa Común, que enumeraba una serie de objetivos inmediatos, y se decidió la adopción de la nueva bandera del país, roja con una gran estrella amarilla en representación del Partido Comunista, en torno a la cual se sitúan otras cuatro estrellas más pequeñas, que simbolizan la unión de las cuatro clases sociales: los campesinos, los trabajadores, la pequeña burguesía y la gran burguesía urbana.
El nuevo Estado quedaba bajo el control total del Partido Comunista a través de sus organizaciones regionales, coordinadas por un Comité Central que en aquel momento contaba con 44 miembros. De éstos, catorce miembros formaban el Buró Político, encabezado por los cinco miembros del Comité Permanente, en quienes recaía la máxima responsabilidad de poder. Los cinco miembros iniciales del Comité Permanente, los auténticos hombres fuertes del nuevo régimen, fueron Mao Zedong, Liu Shaoqi, Zhou Enlai, Zhu De y Chen Yun.
La estabilidad del nuevo régimen se basaba en su potencia militar. Las fuerzas armadas del nuevo Estado, el Ejército Popular de Liberación, garantizaban la supremacía del Partido. El territorio chino quedó dividido en seis regiones militares desde las que algunos de los dirigentes más influyentes del Partido, controlaban la política regional.
Una de las principales prioridades del nuevo Gobierno sería la reconstrucción económica. Para ello, China buscó la colaboración de la Unión Soviética, el único aliado poderoso con el que podía contar. Mao Zedong visitó Moscú en diciembre de 1949, donde se entrevistó con el líder soviético Stalin. La Unión Soviética ofreció a China diversos programas de cooperación económica y tecnológica, así como préstamos, para afrontar la industrialización del país.
Una de las principales políticas acometidas desde un principio fue la reforma agraria, que supuso la redistribución de tierras confiscadas a los mayores terratenientes. También se acometieron reformas sociales, como la nueva ley del matrimonio, que daba mayores derechos a las mujeres. Asimismo, se llevaron a cabo planes de erradicación de la prostitución y de la adicción al opio.
Junto a las reformas sociales y económicas, la otra prioridad nacional para los comunistas era el reestablecimiento de la integridad territorial china. La isla de Hainan fue ocupada por el Ejército Popular de Liberación en abril de 1950, mientras que el Tíbet, independiente de facto desde la caída de la dinastía Qing, fue ocupado en octubre de 1950.
Sin embargo, Mao Zedong habría de ceder ante las presiones de Stalin para reconocer la independencia de la República Popular de Mongolia, conocida en China como Mongolia Exterior, y que había sido parte del imperio Qing, la última dinastía china. Con el reconocimiento de la independencia de Mongolia, el único territorio reivindicado por la República Popular que quedaba fuera del control de ésta era la isla de Taiwán, refugio del Gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek. Mao Zedong confiaba en poder invadir la isla antes del final de 1950. Los planes de invasión serían frustrados, sin embargo, por la Guerra de Corea.
Tras la muerte de Mao, el sucesor elegido por éste, Hua Guofeng, no consiguió consolidar el poder, que acabó en manos de Deng Xiaoping.
Deng Xiaoping inició un proceso de reformas económicas y apertura comercial al resto del mundo. Desde entonces, la economía china ha conseguido crecer a un ritmo espectacular, pero en forma paralela hubo una creciente libertad de expresión cuyas expresiones críticas hacen eclosión en 1989. A pesar de los éxitos económicos, la represión política se manifestó de una manera especialmente trágica en 1989, con la intervención del ejército para acabar con las protestas de la Plaza de Tian'anmen.
El 4 de junio de ese año, las protestas de la Plaza de Tian'anmen en Pekín fueron sofocadas mediante la intervención del Ejército. Los incidentes, en los que perdieron la vida cientos de personas, provocaron a un cambio en la cúpula de poder de la República Popular.
Deng Xiaoping apartó a los dirigentes reformistas como el secretario general del Partido Zhao Ziyang y favoreció al primer ministro Li Peng y, muy en especial, al entonces alcalde de Shanghai Jiang Zemin, que se convertiría en su sucesor. Tras dos años de incertidumbre y de aislamiento internacional, Deng Xiaoping tomó una de las decisiones más importantes en la historia reciente de China al intensificar el proceso de reformas económicas. Así, el Estado dominado por el Partido Comunista pasó durante los años 1990 a adoptar políticas económicas capitalistas combinadas con un fuerte autoritarismo político. Este modelo de desarrollo sería continuado por Jiang Zemin y por el sucesor de éste y actual presidente de la República Popular China Hu Jintao.
Tras la muerte de Deng, su sucesor Jiang Zemin mantuvo el poder hasta que entre los años 2002 y 2004 fue sustituido en todos sus cargos por el actual Presidente de la República Popular China Hu Jintao.
La Guerra de Corea y las campañas de masas
El 25 de junio de 1950, las tropas norcoreanas cruzaban el paralelo 38 e invadían Corea del Sur. Las Naciones Unidas aprobaron una resolución por la que se aprobaba el envío de una fuerza multinacional para repeler la invasión norcoreana. Paradójicamente, esa resolución pudo aprobarse gracias al boicot soviético a las Naciones Unidas, motivado precisamente por la presencia de la República de China (Taiwán) en ese organismo.
Bajo la bandera de las Naciones Unidas, una fuerza multinacional de numerosos países, con mayoría de tropas de los Estados Unidos, intervino en la Guerra de Corea en apoyo del régimen del sur.
El Presidente de los Estados Unidos Harry Truman, inquieto ante la posibilidad de una expansión comunista en Asia Oriental, ordenó a la Séptima Flota de la marina que se situara en el estrecho de Taiwán para impedir la temida invasión del Ejército Popular de Liberación. La presencia estadounidense en el estrecho hacía inviables los planes de invasión del Gobierno de Pekín.
Aunque la República Popular China se mantuvo neutral al principio de la guerra, la entrada de la fuerza multinacional en Corea del Norte llevó a Mao, alentado por Peng Dehuai y Gao Gang, a ordenar la intervención china en apoyo del régimen norcoreano. La entrada en el conflicto del Ejército Popular de Liberación, comandado por Peng Dehuai, repelió el avance de las fuerzas lideradas por los Estados Unidos.
La guerra finalizaría con la tregua firmada en julio de 1953. La situación volvía a ser prácticamente idéntica a la anterior al comienzo del conflicto, y China lograba así salvar al régimen norcoreano.
El precio en vidas humanas fue altísimo para China. Aunque no se conocen las cifras exactas, se estima que cerca de un millón de soldados chinos (oficialmente "voluntarios") perdieron la vida en Corea, entre ellos el propio hijo mayor de Mao Zedong, Mao Anying.
La Guerra de Corea marcaría el desarrollo posterior del nuevo régimen chino. Por un lado, la presencia estadounidense en el estrecho de Taiwán confirmaba la separación política entre la China continental y Taiwán. Además, la República Popular se distanciaba de los Estados Unidos y los países occidentales, al tiempo que se reforzaba la relación con la Unión Soviética.
La movilización bélica sirvió también para impulsar el espíritu revolucionario característico de la ideología maoísta, que tendría su expresión en las frecuentes campañas masivas de movilización social. Estas campañas recurrían a carteles propagandísticos y lemas sencillos para inculcar en la población el espíritu de sacrificio necesario para alcanzar los objetivos políticos fijados por el régimen.
Así, al movimiento de apoyo a la guerra en Corea se le llamó la campaña de "Resistir a Estados Unidos y ayudar a Corea". Durante la misma, además del apoyo militar al régimen de Corea del Norte, se persiguió a numerosos ciudadanos extranjeros instalados en China, acusados por lo general de espionaje. Esta persecución de extranjeros, en particular occidentales, que abandonarían el país, sería una manifestación más del aislacionismo internacional del nuevo régimen.
Durante la Guerra de Corea, tendrían lugar otras tres campañas de masas. En 1951, se lanza la campaña de "Eliminación de los Contrarrevolucionarios", en la que se perseguiría a pequeños empresarios y propietarios de tierras acusados de no colaborar con el Partido Comunista.
A finales de ese mismo año, otra campaña de masas, el Movimiento de los Tres Anti (anticorrupción, antidespilfarro y antiburocracia), orientada a los cuadros del Partido, se extendía a todo el país, después de haber sido lanzada en Manchuria. Esta campaña se vio complementada por el Movimiento de los Cinco Anti, dirigida a la burguesía urbana, que pretendía erradicar los sobornos, la evasión fiscal, el robo de la propiedad estatal, el incumplimiento de contratos y la revelación de secretos económicos del Estado.
Como resultado de estas campañas, el Partido Comunista extendería su control sobre los medios productivos y, de manera mucho más significativa, sobre la propia población, que había visto la contundencia de las acciones contra aquéllos que eran calificados de enemigos del pueblo. Estos métodos de propaganda y adoctrinamiento ideológico volverían a ser utilizados en otras campañas.
El Primer Plan Quinquenal
Tras el final de la Guerra de Corea, la colaboración con la Unión Soviética se vio muy reforzada, y los dirigentes de la República Popular China decidieron apostar por el modelo soviético de desarrollo.
Este modelo se basaba en la economía planificada, centrada en la industria pesada y en la producción agrícola. Como en la Unión Soviética, se decidió aplicar un plan quinquenal que establecía objetivos de crecimiento en la producción agrícola e industrial para los cinco años siguientes.
Aunque el periodo abarcado por el plan comprendía los años entre 1953 y 1957, la inexperiencia y la falta de conocimientos técnicos de los altos cargos de gobierno chinos y de los cuadros del Partido retrasarían el inicio del mismo hasta febrero de 1955.
A pesar de todas las dificultades, la colaboración soviética y la estabilidad política permitieron a China lograr un alto crecimiento económico durante estos años. Esto no detuvo, sin embargo, las convulsiones políticas propias de la época maoísta, que se sucederían sin pausa durante este periodo. Así, en 1954, se producía la primera purga en el seno del propio Partido.
Los hasta entonces poderosos militares Gao Gang, responsable de la región militar de Manchuria, y Rao Shushi, primer secretario del Partido en la región de China Oriental, eran apartados de sus cargos tras haber criticado las políticas de Zhou Enlai y Liu Shaoqi, quienes llevaban el día a día de las tareas de gobierno. Esta primera lucha por el poder acabaría con el suicidio de Gao Gang y el encarcelamiento de Rao Shushi. Además, la crisis hacía ver cómo los amplios poderes de los dirigentes de las regiones militares, como Gao y Rao, podían suponer una amenaza para la autoridad del poder central. Por ello, con el fin de reforzar la autoridad central, ese mismo año se abolían las seis regiones militares, y se reestructuraba la división administrativa del país.
Bajo el mando del poder central, China quedaba dividida en 22 provincias (23 con Taiwán), cinco regiones autónomas vinculadas a minorías étnicas, y dos municipalidades, Pekín y Shanghai, administradas directamente por el Gobierno central, división que se ha mantenido hasta la actualidad con ligeras variaciones.
Durante el Primer Plan Quinquenal, se introdujo también el sistema de cooperativas en el mundo rural, mediante el cual extensiones de cultivos hasta entonces divididas en pequeñas parcelas privadas pasaban a estar agrupadas para compartir recursos. Las cooperativas tuvieron también un éxito significativo. Sin embargo, el sistema despertaría la inquietud del Gobierno central, ya que permitía a los campesinos mantener la propiedad privada de sus parcelas e incluso disponer de una pequeña parte de la producción. El recelo ante la difusión de prácticas capitalistas que, de acuerdo con la ideología oficial, debían ser erradicadas, daría lugar a formas mucho más radicales de colectivización agraria en los años siguientes.
En 1956, durante el XX Congreso del Partido Comunista de la Unión Soviética en Moscú, al que asistieron el secretario general del partido Deng Xiaoping y el miembro del Comité Permanente del Buró Político Zhu De, el nuevo líder soviético Nikita Jrushchov atacó las políticas del ya fallecido Stalin y anunció la introducción de cambios en la manera de gobernar la Unión Soviética. Los ataques a la memoria de Stalin y el cambio de rumbo anunciado en la política soviética sembraron el desconcierto entre los dirigentes comunistas chinos, que se debatían en dudas respecto al camino que debía seguir el régimen chino.
Las "Cien Flores" y el Movimiento Antiderechista
Tras siete años de régimen comunista, comenzaban a producirse desavenencias entre los dirigentes del Partido y, de manera discreta, se empezaban a oír voces discordantes con la línea de actuación del Partido Comunista.
El primer ministro Zhou Enlai se mostró partidario de permitir una mayor libertad de expresión a los intelectuales para que se pudieran formular críticas constructivas a la gestión del Partido, las cuales permitirían conocer mejor las inquietudes y los deseos del conjunto de la sociedad.
Sería el propio Mao Zedong el que impulsaría un breve periodo de mayor libertad de expresión que se conoció con el nombre de Movimiento de las Cien Flores.
El 2 de mayo de 1956, en un discurso privado ante militantes del partido, Mao citó el famoso poema "que cien flores florezcan; que cien escuelas de pensamiento pugnen entre sí" que daría nombre al movimiento. De esta manera, Mao invitaba a los intelectuales del país a que expresaran libremente sus opiniones. Aunque algunos historiadores, especialmente en Occidente, han querido ver una intención maliciosa en el movimiento, que habría sido una maniobra para desenmascarar a quienes tenían opiniones críticas, lo más probable es que la intención fuera efectivamente aprovechar las críticas constructivas de los intelectuales para adaptar la estrategia de gobierno a las necesidades de la sociedad.
Sin embargo, el Movimiento de las Cien Flores sería muy breve.
En contra de lo que esperaban Mao y los demás dirigentes del Partido, confiados en que la estabilidad y los logros económicos y sociales en los primeros años del régimen hacían a éste realmente popular, las críticas fueron subiendo de tono y se llegaron incluso a pronunciar declaraciones abiertamente anticomunistas.
Viendo que la situación había desembocado en críticas al Partido e incluso a su persona, Mao dio un giro de política y lanzó el Movimiento Antiderechista, una de las más violentas campañas maoístas, durante la cual numerosos críticos del régimen, que se habían atrevido a criticar al partido y a Mao, fueron torturados y ejecutados. De esa forma trágica, terminaba el corto experimento con la libertad de expresión y se endurecía la censura y el control de la información.
Junto a estos profundos cambios sociales y culturales que vivía el país en los años 1950, la economía continuaba creciendo. El éxito del Primer Plan Quinquenal llevó al Gobierno a diseñar un segundo plan quinquenal mucho más ambicioso para el periodo comprendido entre los años 1958 y 1962. Sin embargo, Mao Zedong pensaba que se podía ir aun más lejos en los objetivos, e hizo un llamamiento a la movilización total de la población con el fin de aumentar la producción industrial. Esta nueva campaña, conocida como el Gran Salto Adelante, sería el mayor fracaso económico de la época maoísta.
El Gran Salto Adelante
A pesar del destacado crecimiento económico logrado durante el transcurso del Primer Plan Quinquenal, en 1957 se empezaban a percibir problemas en el modelo soviético de desarrollo.
Por un lado, las fuertes inversiones en tecnología para desarrollar la industria pesada habían requerido cuantiosos préstamos de la Unión Soviética que China tenía que devolver con intereses. Esto suponía un endeudamiento creciente para las arcas del Estado, al servicio de la Unión Soviética, que proporcionaba asistencia técnica en forma de maquinaria y de expertos técnicos establecidos en China a un precio que los dirigentes chinos consideraban demasiado alto.
En este sentido, las difíciles relaciones entre el comunismo chino y el soviético comenzaban ya a mostrar fisuras cada vez mayores, que culminarían años más tarde en un conflicto abierto.
Además, el aumento de la producción industrial se había conseguido también gracias a la reconversión de muchos campesinos como obreros en las nuevas fábricas. La consiguiente disminución de la población dedicada a la agricultura amenazaba con provocar un descenso de la producción agrícola.
Seguir impulsando el desarrollo industrial a la vez que se aseguraba el suministro de alimentos para la población era la estrategia a seguir.
Mao pensaba que la solución a estos problemas se encontraba en el espíritu revolucionario, que hacía posible que las masas aunaran esfuerzos al servicio de los objetivos marcados por el Partido.
En esta visión de Mao se reflejaba una vez más su ideología personal, que defendía la "revolución continua" como herramienta de progreso y de transformación social.
Según Mao, nunca se debía permitir que flaqueara el espíritu revolucionario. Eran precisamente los momentos de debilidad o de autocomplacencia los que permitían que reaparecieran los fantasmas del capitalismo. Frente a cualquier desviación de la ortodoxia ideológica, el Partido y las masas debían estar siempre alertas y mantener las movilizaciones y el fervor revolucionario que permitían poner el capital humano del país al servicio del bien común para avanzar hacia el ideal del comunismo.
Esta visión de las masas como motor del desarrollo fue expresada por Mao en un documento interno que circuló entre los líderes del Partido Comunista a principios de 1958. En dicho documento, Mao afirmaba que tras las diversas revoluciones sociales y económicas que se habían desarrollado desde la fundación de la República Popular, llegaba ahora el turno de una gran revolución tecnológica, en la que el esfuerzo de la población debía dedicarse al incremento de la producción agrícola e industrial. De esta manera, China podría incluso superar las cifras de producción industrial del Reino Unido en unos quince años.
Así, durante el año 1958 se movilizó a la población china para acometer los gigantescos retos de desarrollo industrial señalados por Mao. A esta nueva campaña de masas, de alcance mucho más amplio que las anteriores, se la llamó "el Gran Salto Adelante".
Dado que muchos hombres del medio rural tuvieron que abandonar sus labores en el campo, el crecimiento de la producción agrícola debía basarse en un mejor aprovechamiento de los recursos existentes. La manera de conseguir esto fue la creación del sistema de "comunas populares", que reemplazaron a las cooperativas creadas unos años antes.
Las 740.000 cooperativas existentes en el campo chino se convirtieron en tan solo 26.000 comunas, mediante la fusión de decenas de cooperativas.
Uno de los objetivos de la creación de las comunas era la incorporación de la mujer al trabajo intensivo en el campo, para reemplazar a los hombres que habían sido enviados a trabajar en fábricas y en proyectos de infraestructuras. Las comunas proporcionaban servicios de guardería para cuidar a los niños, así como enormes comedores populares, que liberaban a las mujeres de las tareas domésticas para que se pudieran dedicar al trabajo en el campo.
El Gran Salto Adelante tendría así profundos efectos sociales, al separar a numerosas familias, alterando el modo de vida tradicional del medio rural.
Las consecuencias de este ambicioso proyecto fueron nefastas. Las expectativas de crecimiento irreales hacían que los cuadros del Partido tuvieran que falsear las cifras oficiales para no perder sus puestos. Además, el empeño en aumentar la producción de acero como símbolo del desarrollo llevó a una disparatada exigencia de que las propias familias fundieran sus objetos y utensilios domésticos para producir más acero. El acero producido era en muchos casos de ínfima calidad e imposible de utilizar con fines industriales. Todo esto ocurría en el marco de una ausencia de política económica que evaluara cuáles eran realmente las posibilidades de utilizar o de vender ese acero.
Así, en contra de los principios más básicos de la economía, la producción se había convertido en un fin en sí misma, disociada de las necesidades del mercado.
Al desastre económico en la política industrial se unió el fracaso del proyecto de las comunas para el mundo rural.
El enorme tamaño de las comunas, en las que no se permitía ningún tipo de explotación privada, diluía las responsabilidades y eliminaba la motivación de los hombres y mujeres que quedaban en el campo. A los propios defectos del sistema se sumó la mala fortuna de los desastres naturales, sequía e inundaciones, que afectaron a China en aquel año.
Aunque a finales de 1958 ya algunos dirigentes habían visto el fracaso del proyecto y se desmantelaron muchas de las comunas, volviéndose en muchos lugares al modelo anterior de cooperativas, el daño ya estaba hecho. La marcha atrás emprendida por el gobierno no pudo evitar que la interrupción de los modos de vida y de trabajo tradicionales en el campo se tradujeran en un descenso de la producción agrícola entre 1958 y 1962, que provocó situaciones de hambruna en numerosos lugares de China. A pesar de las discrepancias, debido a la poca fiabilidad de los datos de nacimientos y defunciones de la época, se suelen estimar en alrededor de 30 millones las muertes debidas a la hambruna.
El efecto del Gran Salto Adelante fue el descontento de la mayor parte de dirigentes del Partido con las políticas radicales de Mao. La cancelación del Gran Salto se decidió en la reunión del Comité Permanente del Buró político celebrada en Wuhan en diciembre de 1958. En aquella reunión, Mao abandonó la jefatura del Estado, que pasó a Liu Shaoqi, nombrado Presidente de la República Popular. Mao, sin embargo, conservaba su puesto de presidente del Partido y, como referente ideológico máximo, apenas fue objeto de críticas.
Uno de los pocos dirigentes que se atrevió a criticar a Mao fue el ministro de defensa Peng Dehuai, el héroe de la Guerra de Corea, quien, amparado en su enorme influencia y prestigio, no tuvo ningún reparo en atacar abiertamente las políticas de Mao. Sin embargo, estas críticas de Peng Dehuai a la gestión de Mao, formuladas en julio de 1959 en el transcurso de una reunión de dirigentes del Partido en Lushan, en la provincia de Jiangxi, motivaron una furiosa respuesta de Mao, que acusó a Peng Dehuai de oportunista y de servir a los intereses de la Unión Soviética. Peng Dehuai fue destituido de sus cargos y Mao, aunque apartado de la gestión del Gobierno, demostraba una vez más su autoridad total en el seno del Partido.
Las críticas de Mao a Peng Dehuai como esbirro de los intereses soviéticos ponían a su vez de relieve el deterioro de las relaciones entre los dos países. El líder soviético Kruschev se había mostrado crítico con el Gran Salto Adelante y con las operaciones militares de la República Popular, que había sometido a bombardeos las islas de Matsu y Quemoy, controladas por el régimen del Kuomintang en Taiwán.
La tensión entre los dos grandes regímenes comunistas no paraba de crecer y desembocaría en un conflicto abierto durante los años 1960.
La Ruptura Sino-Soviética
El deterioro de las relaciones entre la República Popular y la Unión Soviética se haría mucho más intenso tras el fracaso del Gran Salto Adelante. En 1960, la Unión Soviética retiraba a todo su personal técnico establecido en China, y cancelaba los proyectos de cooperación entre los dos países.
A partir de ese momento, la República Popular se quedaba aun más aislada, sin apoyos en Occidente ni tampoco en el bloque soviético. Albania, el pequeño país europeo que había abandonado el modelo soviético, se convertía en su único aliado.
Al enfrentamiento ideológico entre los dos regímenes comunistas habría que añadir durante toda la década de los años 1960 las disputas territoriales, que llegarían a desembocar en un incidente armado en la frontera de Manchuria en 1969, cuando tropas chinas lanzaron un ataque contra las tropas rusas estacionadas en el islote de Zhenbao (Damanski en ruso), en el río Ussuri, el momento más crítico de las relaciones entre los dos países.
El final del Gran Salto Adelante sería uno de los momentos más difíciles de la joven República Popular.
A la hambruna y al creciente aislamiento internacional se les sumaron otros conflictos en los que se vio involucrada, como la guerra fronteriza con India en 1959, en la que los soviéticos apoyaron a India, y la insurrección armada en el Tíbet, que hizo intervenir al Ejército Popular de Liberación en una acción que provocaría numerosos muertos y la huida a India del Dalai Lama, líder espiritual tibetano.
Frente a todos estos problemas, los hombres que llevaban las riendas de la política del Estado, en especial Liu Shaoqi y Deng Xiaoping, intentaban reactivar el crecimiento económico. Mao Zedong, sin embargo, no parecía contento con el papel marginal al que había sido relegado y, apoyado en su fiel seguidor Lin Biao, lanzó una nueva campaña de movilización ideológica con el fin de recuperar el poder: La Gran Revolución Cultural Proletaria.
La Revolución Cultural
Tras el fracaso del Gran Salto Adelante, eran Liu Shaoqi y Deng Xiaoping quienes se ocupaban del día a día de las tareas de Gobierno, mientras que Mao, apartado del poder político, había asumido un papel de mero referente ideológico. Sin embargo, Mao no parecía haber aceptado de buen grado su paso a una posición simbólica, y ambicionaba retomar el poder político.
Este deseo de recuperar un papel central en el gobierno del país llegaría a hacerse realidad gracias sobre todo al apoyo de dos grupos de dirigentes con ambiciones propias. Por un lado se encontraba el Ejército Popular de Liberación, que tras la destitución de Peng Dehuai había pasado a estar dirigido por el militar Lin Biao, leal seguidor de Mao. Por otro lado, la propia esposa de Mao Jiang Qing, que había sido actriz de renombre en su juventud, ejercía una gran influencia sobre la vida cultural de la República Popular, y contaba con aliados en los círculos artísticos y periodísticos.
Las actividades de Lin Biao y de Jiang Qing serían decisivas para lograr el retorno al poder absoluto de Mao en el marco de una intensa campaña de masas que recibió el nombre de Gran Revolución Cultural Proletaria. La gestación de esta campaña tiene su origen en el culto a la personalidad en torno a la figura de Mao Zedong, promovido de manera fundamental por Lin Biao.
El propio Lin se encargaría de recopilar los discursos más importantes de Mao en un libro, las Citas del Presidente Mao, que se convertiría en obra de referencia y de lectura obligada para la población en general y, muy en especial, para el Ejército.
Además, en el año 1966 los colaboradores de Jiang Qing en Shanghai comenzaban una serie de críticas a miembros del Partido leales a Liu Shaoqi y Deng Xiaoping. Estas críticas acabarían socavando la base de apoyos de éstos hasta forzar su salida del poder.
La victoria de los maoístas en esta lucha por el poder estuvo acompañada por una intensa actividad de reafirmación ideológica en la que se acusó a numerosos dirigentes del Partido de actividades contrarrevolucionarias y de tendencias procapitalistas o prosoviéticas.
Las purgas en el poder llevaron a la marginación de unos tres millones de miembros del Partido Comunista, destruyendo el entramado organizativo del Partido y del Estado.
Junto a los dirigentes afines a la línea de Liu Shaoqi, los intelectuales fueron también víctimas de las purgas de la Revolución Cultural, que condenaron al ostracismo a la mayor parte de los escritores y artistas.
Estas purgas serían llevadas a cabo por comités revolucionarios repartidos por todo el país que sustituyeron a las estructuras de poder convencionales del Partido, junto a los guardias rojos, grupos organizados de jóvenes al servicio de la Revolución que se encargaban de velar por la ortodoxia ideológica. Precisamente los guardias rojos serían responsables de los peores excesos de la Revolución Cultural, en forma de actos violentos y de campañas de destrucción de numerosas obras de arte antiguas consideradas vestigios de la sociedad feudal anterior a la liberación socialista.
La situación de caos generada por los guardias rojos fue mucho más allá de lo que los dirigentes del Partido, con Mao a la cabeza, habían llegado a prever y, en enero de 1967, éste tuvo que ordenar al Ejército que detuviera los desmanes de los guardias rojos. La intervención del Ejército permitió a Lin Biao hacerse con el control del Partido y convertirse en el sucesor de Mao.
Sin embargo, la aparente victoria de Lin Biao sería muy breve. A pesar de que el IX Congreso del Partido confirmó el liderazgo absoluto de Mao y la condición de sucesor de Lin, la adulación extrema de este último provocó el recelo de Mao, que veía en la actitud de Lin un simple interés por hacerse con el poder. Aunque públicamente ambos eran reconocidos como los triunfadores de la Revolución Cultural, en el ámbito privado Mao había retirado ya su confianza a Lin Biao, y éste llegaría a promover dos golpes de Estado.
Tras ser descubierto el segundo intento golpista, Lin Biao intentó huir a Moscú en un avión que acabaría estrellándose cuando sobrevolaba Mongolia, según la versión oficial, sobre cuya veracidad aún existen dudas.
Si bien el IX Congreso había declarado el final de la Revolución Cultural, Mao afirmaba que la revolución debía ser algo permanente, necesario para mantener la pureza ideológica a salvo de desviaciones capitalistas o revisionistas. De hecho, la radicalización de la vida política china y las luchas por el poder continuarían hasta después de la muerte de Mao.
Así, la desaparición de Lin Biao alimentó las ambiciones de poder de la facción encabezada por Jiang Qing, años más tarde conocida como la Banda de los Cuatro, que ocupaba destacadas posiciones en el Gobierno y en el Buró Político.
Mientras tanto, la figura más importante del aparato del Estado era el primer ministro Zhou Enlai, que en los últimos años de su vida dirigiría el acercamiento de la República Popular China a los países occidentales y, muy en especial, a los Estados Unidos. De esta manera, a principios de los años 1970, al tiempo que se sucedían los conflictos internos en la lucha por suceder a Mao, China ponía fin a su política de aislamiento e iniciaba una etapa de relaciones diplomáticas y económicas con el Occidente capitalista.
La apertura al exterior
Mientras que la primera década de la República Popular había estado marcada por la estrecha colaboración con la Unión Soviética, la segunda década se caracterizó por el aislamiento internacional del régimen comunista chino, enfrentado tanto al bloque soviético como a los países occidentales, los cuales, en la mayoría de los casos, continuaban reconociendo al régimen de Taiwán como gobierno legítimo de China.
Sin embargo, a lo largo de los años 1970, se produjo un acercamiento entre la República Popular China y el conjunto de los países occidentales y Japón.
Las razones de este acercamiento fueron principalmente dos. Por un lado, la República Popular China había llevado a cabo pruebas nucleares con éxito en 1964, y el nuevo status de China como potencia nuclear hacía imposible la vieja aspiración del Gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek en Taiwán de reconquistar el continente chino.
Esto llevó a los países occidentales que aún no reconocían a las autoridades de Pekín a iniciar contactos para entablar relaciones diplomáticas con el régimen comunista. Por otro lado, la intensidad del enfrentamiento entre China y la Unión Soviética, que llegó a amenazar con derivar en una guerra abierta entre ambos, hizo que los países occidentales dejaran de ver a China y a la Unión Soviética como un único bloque monolítico.
En el contexto de la Guerra Fría, China había dejado de ser un enemigo para Occidente, y ambos compartían la visión de la Unión Soviética como adversario ideológico.
Además, la República Popular China necesitaba abandonar su aislacionismo y, enfrentada al bloque soviético, la mejora de relaciones con Occidente e incluso con Japón se convirtió en una prioridad.
El primer ministro Zhou Enlai sería el responsable hasta su muerte en 1976 de esta nueva política exterior aperturista. Esto ocurría al mismo tiempo que se sucedían las luchas por el poder en el seno del Partido y del Estado.
Particularmente compleja fue la negociación entre la República Popular y Estados Unidos para el establecimiento de relaciones diplomáticas entre ambos. Ya en los años 1960, Estados Unidos había asumido que, tarde o temprano, acabaría reconociendo al Gobierno de Pekín en detrimento de las autoridades de Taiwán.
En 1971, Estados Unidos levantó su veto a la admisión de la República Popular como miembro de la Organización de las Naciones Unidas, lo cual permitió la entrada de la República Popular a la organización, donde ocupó el asiento correspondiente a China el 25 de octubre de ese año, gracias a la resolución 2758, que transfería el reconocimiento como Gobierno legítimo de toda China a la República Popular. Hasta ese día, el asiento de China, así como la condición de miembro permanente del Consejo de Seguridad, había correspondido a la República de China, el régimen refugiado en Taiwán, que se vio entonces obligado a abandonar la organización.
Ese mismo año de 1971, el asesor de seguridad nacional de los Estados Unidos Henry Kissinger viajaba en secreto a Pekín, donde se reunía con Mao Zedong y Zhou Enlai para discutir el reconocimiento diplomático estadounidense y la futura visita a Pekín del presidente Richard Nixon, acontecimiento histórico que se produciría dos años después, en 1973. Los problemas de política interior estadounidense, como el Watergate, y la dificultad de encontrar una solución que permitiera a Estados Unidos mantener sus relaciones privilegiadas con Taiwán, retrasaría el establecimiento de relaciones diplomáticas entre los dos países hasta el 1 de enero de 1979, bajo la presidencia de Jimmy Carter.
La etapa de transición tras la muerte de Mao
La muerte de Mao Zedong el 9 de septiembre de 1976 marcaba el final de una época y abría una incierta lucha por el poder. Otros dos de los principales dirigentes del Partido Comunista, Zhou Enlai y Zhu De, morían también en 1976. El traspaso de poder a una nueva generación de líderes vendría acompañado de intensos conflictos políticos y sociales a lo largo de todo el año. La muerte de Zhou Enlai, acaecida en enero, había provocado actos de duelo que culminarían en la protesta popular del 5 de abril, conocida como el Incidente de Tian'anmen de 1976.
Con motivo de la festividad tradicional de Qingming, fiesta de los difuntos, miles de personas se habían estado congregando diariamente en la Plaza de Tian'anmen para rendir homenaje al fallecido primer ministro, dedicándole poemas y depositando coronas de flores junto al Monumento a los Mártires de la Revolución, en el centro de la emblemática plaza pekinesa. El creciente número de ciudadanos que participaba en estos actos de duelo, que muchos veían como una muestra de apoyo a Deng Xiaoping, llevaría finalmente a la policía a acordonar la plaza y retirar las coronas.
La intervención policial provocaría una protesta masiva el 5 de abril de 1976, cuando unas cien mil personas se manifestaron en la plaza, coreando slogans en recuerdo de Zhou y en apoyo de Deng Xiaoping, que sería de nuevo apartado del poder a raíz del incidente.
Estas protestas habrían sido una muestra del apoyo popular real que tenía la facción de Deng Xiaoping, a quien Zhou Enlai había rehabilitado y parecía favorecer como sucesor.
Sin embargo, Mao Zedong dependía del apoyo de los que años después serían conocidos despectivamente como la Banda de los Cuatro, la facción liderada por su mujer Jiang Qing y enfrentada a Deng Xiaoping, a quien ya habían conseguido apartar del poder durante la Revolución Cultural.
La Banda de los Cuatro, sin embargo, despertaba muchísimos recelos entre los altos mandos del Ejército, y estas rivalidades llevarían a Mao a designar a un miembro del Partido poco conocido, Hua Guofeng, como su sucesor. Precisamente tras el incidente del 5 de abril, Hua fue nombrado primer ministro y vicepresidente del Partido, y el 8 de abril, los líderes del Partido organizaban en la Plaza de Tian'anmen una manifestación de apoyo a Mao y a Hua, como respuesta a la protesta anterior de los partidarios de Zhou Enlai y Deng Xiaoping.
Mao estaba ya muy enfermo cuando nombró sucesor a Hua Guofeng, a quien dejó un mensaje por escrito, en el que le instaba a desempeñar el trabajo con calma y según los principios establecidos en los años precedentes. El mensaje manuscrito de Mao añadía una tercera frase: "Contigo al mando, me quedo tranquilo". Esta frase sería la clave de la legitimidad del ascenso al poder de Hua Guofeng. Ante la impotencia de la Banda de los Cuatro, Hua se veía avalado como sucesor de Mao Zedong.
Tras la muerte de Mao el 9 de septiembre, la ausencia de mecanismos formales para la sucesión abría una lucha por el poder entre Hua Guofeng y la Banda de los Cuatro. Hua sabía que Jiang Qing y el resto de los Cuatro querían relegarlo y hacerse con el poder. Para ello, contaban con el control de los medios de comunicación. Sin embargo, Hua sabía que el Ejército y amplios sectores del Partido y la sociedad desconfiaban de Jiang y de sus tres colaboradores, y lanzó el ataque para consolidar su poder. En la medianoche del 6 de octubre de 1976, los Cuatro fueron convocados a una reunión en la sede del Buró Político del Partido. La reunión era en realidad una trampa para detenerlos. Wang Hongwen se resistió y en el forcejeo mató a dos guardias de seguridad, pero finalmente fue reducido. Después de Wang, llegaron Zhang Chunqiao y Yao Wenyuan, que fueron detenidos de inmediato. Jiang Qing, por su parte, fue arrestada en su propio dormitorio. De esta manera, el 6 de octubre de 1976, con los Cuatro encarcelados, Hua Guofeng consolidaba su poder.
Sin embargo, la situación de Hua era bastante precaria. Su legitimidad se basaba en su condición de sucesor de Mao, pero éste había recuperado el poder durante la Revolución Cultural gracias al apoyo de, por una parte, Lin Biao y, por otra, la facción de Jiang Qing. Con Lin Biao muerto y Jiang Qing en prisión, los enemigos de Liu Shaoqi y Deng Xiaoping estaban ya fuera de la lucha por el poder. Liu Shaoqi había fallecido ya, pero Deng Xiaoping preparaba su retorno al poder.