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    Agregado: 31 de ENERO de 2005 (Por miluki) | Palabras: 16605 | Votar! | Sin Votos | 1 comentario - Leerlo | Agregar Comentario
    Categoría: Apuntes y Monografías > Matemáticas >

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    Publicado por miluki miluki_87@hotmail.com

     

    Índice

     

    Contenido

    Página

    Índice

    1

    Consigna

    2

    Introducción

    3

    Rusia antes de la primera Guerra Mundial

    3

    Mapa de Rusia antes de la primera Guerra Mundial

    18

    Rusia durante la primera Guerra Mundial

    19

    Revolución Rusa de 1917

    20

    Mapa de la URSS del período entre guerras

    28

    URSS durante la II Guerra Mundial

    29

    URSS después de la II Guerra Mundial

    32

    Mapa de la URSS después de la II Guerra Mundial

    33

    Guerra fría

    34

    Desarrollo económico tras la II Guerra Mundial

    38

    Relaciones internacionales tras la II Guerra Mundial

    39

    Glasnost y Perestroika

    45

    El comunismo en crisis: caída de la URSS

    47

    Mapa de la CEI

    55

    Bibliografía

    56

     


     

    Rusia-URSS-CEI

     

    Material a utilizar:

    ·       Mapa antes de la primer guerra mundial

    ·       Mapa después de la segunda guerra mundial

    ·       Mapa después de 1990

     

    Contenido:

     

    ·       ¿Cuál es la extensión del territorio antes de la primer Guerra Mundial?

    ·       ¿Qué cambios territoriales se producen como consecuencia de la Revolución de 1917?

    ·       ¿Qué cambios territoriales se producen como consecuencia de la segunda Guerra Mundial?

    ·       ¿Qué diferencias territoriales hay entre la URSS y la CEI?

    Introducción.

     

                               Rusia fue un antiguo imperio que se extendía por el este de Europa, Asia septentrional y occidental. Hoy comprende el territorio que hasta 1991 estuvo dentro de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), establecida tras la Revolución Rusa de 1917. El término Rusia es utilizado para definir la Federación Rusa, que es la más grande y de mayor influencia de las quince antiguas repúblicas que constituían la URSS, además de Estado independiente desde el 25 de diciembre de 1991.

    El Imperio Ruso antes de la primera Guerra Mundial.        

                               En su sentido más estricto, el término Rusia ha sido utilizado a lo largo de la historia para referirse al antiguo Imperio Ruso (o incluso de forma más limitada, para aludir a la tierra de los ‘grandes rusos’, principal núcleo étnico de la actual Federación Rusa).

                   El Imperio Ruso comprendía en 1914 una extensión total de unos 22 millones de km2, o lo que es lo mismo, aproximadamente un sexto de la superficie del planeta, dividida en cuatro regiones: Rusia, que abarcaba la parte más oriental de Europa, además del Gran Ducado de Finlandia y la mayor parte de Polonia; el Cáucaso; Asia septentrional o Siberia y el Asia central rusa que se dividía a su vez en la región de las estepas al suroeste, y el Turkestán ruso al sureste.

                   En lo que refiere a los orígenes del pueblo ruso, durante la era precristiana, el vasto territorio que luego pasó a llamarse Rusia estuvo habitado de forma desigual por grupos de tribus nómadas, muchas de las cuales quedaron reflejadas en los escritos griegos y romanos. La gran región del norte, desconocida y repleta de bosques, estuvo poblada por tribus que luego se conocieron con el nombre colectivo de eslavos, ancestros del moderno pueblo de Rusia. Más importante fue la zona sur, donde la región no bien limitada de Escitia estuvo ocupada por una sucesión de pueblos asiáticos entre los que se encontraban por orden cronológico, los cimerios, los escitas y los sármatas. En este tiempo, los comerciantes y colonos griegos establecieron numerosos asentamientos y centros de comercio, en particular a lo largo de la costa norte del mar Negro y en Crimea.

    Los movimientos migratorios de los pueblos limítrofes fueron posibles gracias a la existencia de una amplia llanura. Estas migraciones derivaron en sucesivas invasiones, que dieron lugar a nuevos asentamientos y a la asimilación de nuevos elementos étnicos. Así, en los primeros siglos de la era cristiana, los escitas, de origen asiático, fueron desplazados por los godos, una de cuyas tribus (los ostrogodos) estableció un reino a orillas del mar Negro. En el siglo IV d.C. los hunos conquistaron y más tarde expulsaron a los godos, destruyendo Escitia. Este pueblo ocupó el actual territorio de Ucrania y la región de Besarabia (hoy dentro de la república de Moldavia), hasta su desaparición, después de varias incursiones en el oeste de Europa, en el 451. Más tarde llegaron los ávaros, seguidos de los magiares y los jázaros, quienes mantuvieron su influencia hasta la primera mitad del siglo X.

    Mientras tanto, las tribus eslavas se habían desplazado al noreste de los Cárpatos y comenzaron a realizar oleadas migratorias. En ese momento, las tribus occidentales se desarrollaron como moravos, polacos, checos y eslovacos; las tribus del sur como serbios, croatas, eslovenos y búlgaros, y las tribus orientales como los modernos rusos, ucranianos y bielorrusos. Los eslavos orientales se convirtieron en famosos comerciantes, y los ríos y vías fluviales extendidas por todo el territorio, desde los montes Valdái, facilitaron el establecimiento de centros comerciales, en especial las ciudades de Kíev al sur y Nóvgorod al norte. La región de los montes Valdái, al noroeste de Rusia, es el punto más alto de la meseta oriental europea y nacimiento de muchos de sus ríos; la facilidad para portear en esta región, favoreció el transporte de artículos desde el Báltico hasta el mar Negro y además se convirtió en el punto de partida de la expansión y de los movimientos migratorios de los eslavos orientales. El control de esta estratégica región fue un elemento importante en el dominio de Europa oriental.

     

    El antiguo imperio ruso

    La organización política de los eslavos orientales era aún de carácter tribal; crearon un sistema no unificado a través del que podían resolver los constantes conflictos tribales. Las disensiones internas y entre los feudos de los estados eslavos en torno a Nóvgorod comenzaron a ser tan virulentas que de forma voluntaria eligieron un príncipe extranjero que fuera capaz de unirlos en un único y fuerte estado. Este príncipe fue Rurik, o Ryurik, jefe escandinavo, quien en el 862 se convirtió en gobernador de Nóvgorod. Otros dos personajes escandinavos que probablemente pertenecen a la leyenda, Dir y Askold, consiguieron el control de Kíev. Los varegos o rus, también pueblo escandinavo, dieron al territorio el nombre Rossia o Rusia que quiere decir ‘la tierra de los rus’. El establecimiento de Rurik y su posterior dinastía inició un periodo de consolidación interna, expansión del territorio y del pueblo eslavo, en especial hacia el noreste y noroeste, donde el linaje finlandés había ya sido absorbido o sustituido por los eslavos.

    Rurik falleció en el 870 y dado que su hijo Ígor (reinado 912-945) era un niño, Oleg, pariente de Rurik fue nombrado regente. El príncipe Oleg, dándose cuenta de las riquezas de la región de Kíev, hizo matar a los gobernadores varegos en el 882, uniendo los dos territorios y estableciendo su capital en Kíev. Extendió el territorio del nuevo reino, para lo cual sometió a las tribus vecinas, llegando a la frontera septentrional del Imperio bizantino, con el que cerró un acuerdo comercial en el 911, el primer acontecimiento constatado de la historia de Rusia. A partir de entonces, las relaciones comerciales y culturales con Bizancio fueron estrechándose cada vez más. Ígor asumió el poder en el 912 y en el 945 fue sucedido en el trono por su viuda Olga, quien se convirtió al cristianismo en el 955. En el 964 Olga abdicó en favor de su hijo Svyátoslav. Su gobierno se centralizó en Kíev, lo que favoreció que esta ciudad alcanzara una situación privilegiada con respecto a otras ciudades rusas; Svyátoslav, que era un gran estratega, se propuso afianzar aún más la posición de Rusia en el sur. Dirigió sus tropas contra los jázaros del sureste, contra los búlgaros y contra los belicosos pechenegos, tribu de las estepas ubicada a orillas del mar Negro. Svyátoslav levantó un gran imperio y bajo su reinado prosperaron tanto el comercio como los distintos gremios de artesanos.

    El imperio se dividió entre los tres hijos del príncipe, lo que provocó conflictos dinásticos que vieron su fin en el 980, cuando Vladimiro I, el menor de los tres hijos - más tarde conocido por el nombre de Vladimiro el Grande - pasó a ser el único heredero del trono.

    Tras la muerte de Vladimiro en el 1015, sus dominios quedaron divididos entre sus hijos, lo que provocó nuevamente, disensiones internas. El primogénito de Vladimiro, Svyatopolk el Maldito (reinado 1015-1018,1019), ostentó el poder supremo y para asegurar esta posición asesinó a sus hermanos Borís y Gleb. No obstante fue más tarde depuesto por su hermano Yaroslav el Sabio, príncipe de Nóvgorod. Yaroslav consiguió reunir el imperio de su abuelo Svyátoslav hacia 1036. Con él, el estado de Kíev alcanzó su máximo esplendor; asimismo, Yaroslav convirtió la ciudad en capital imperial erigiendo suntuosos edificios entre los que destaca la catedral de Santa Sofía; también se abrieron escuelas y el gran duque hizo revisar la primera compilación legislativa rusa, el Russkaya Pravda ‘la verdad rusa’.

    La muerte de Yaroslav señaló el declive de Kíev. Sus hijos compartieron el imperio y cada príncipe intentó dividir sus tierras entre sus propios hijos. Rusia se convirtió entonces, en un grupo de pequeños estados casi siempre enfrentados. El nieto de Yaroslav, Vladimiro II Monómaco, fue el último que intentó unificar el país, pero su muerte en 1125 desbarató sus esfuerzos por conseguir esta unión y la fragmentación del reino fue inevitable. Otros estados cuestionaron la supremacía de Kíev, especialmente Galitzia y Volínia al oeste, Suzdal en la parte centro y superior de la cuenca del Volga, Chemigov y Nóvgorod-Severskiy en la cuenca del Desna, Polatsk que controlaba las cuencas del Daugava y del Bereziná, Smolensk que ocupaba la parte superior de la cuenca del Daugava y el Dniéper, y Nóvgorod el mayor de los estados, que abarcaba las tierras limítrofes con el golfo de Finlandia, el lago Peipus (receptor de las aguas del Volga), el mar Blanco y el río Dvina septentrional.

    El declive de Kíev se debió en parte a la pérdida del comercio tras el saqueo de Constantinopla durante la Cuarta Cruzada en el 1204, y a la consiguiente migración del pueblo de Kíev hacia el norte. Nóvgorod se convirtió en un próspero estado comercial que llegó a alcanzar una posición dominante y en el siglo XIII fue sede de una de las principales factorías de la Hansa Teutónica. Rusia se convirtió en un mosaico de ciudades-estado, unidas por una lengua, religión, tradiciones y costumbres comunes, pero gobernadas por miembros de las múltiples casas de los rurik que normalmente estaban en guerra. Las dificultades estuvieron también agravadas por conflictos fronterizos. Al oeste los caballeros teutónicos, los lituanos y los polacos invadían los territorios rusos, y al sur se daban constantes incursiones por parte de los nómadas polovtzy.

    A principios del siglo XIII, invasiones procedentes del este amenazaron la integridad de Rusia. En 1223 el ejército mongol de Gengis Kan inició sus incursiones por el sureste. El pueblo polovtzy llegó en ayuda de los príncipes rusos a pesar de su tradicional rivalidad. En 1240, Batu Kan, nieto de Gengis Kan, asoló la parte suroriental destruyendo Kíev tras una dura contienda. En 1242, estableció su capital en Sarai, en el curso bajo del Volga (hoy el actual Volgogrado) y fundó el kanato conocido como la Horda de Oro. La región de Kíev quedó prácticamente despoblada a causa de las masacres y del desplazamiento de la población hacia el oeste, en su intento por escapar del avance mongol. Uno de estos grupos, conocido en ocasiones como bielorrusos o ‘rusos blancos’, estuvieron culturalmente influidos por los polacos y lituanos; otro grupo, formado por la población eslava procedente de la región de Kíev y áreas vecinas, fue conocido como los pequeños rusos o ‘malorrusos’. La región del antiguo reino de Kíev pasó a llamarse Ucrania. Los habitantes del norte de Rusia se convirtieron en el grupo principal de los eslavos rusos, conocidos como los ‘grandes rusos’, y sufrieron la influencia determinante de las distintas ramas de los pueblos ugrofineses. En el mismo período de las invasiones mongolas, el noroeste de Rusia estuvo amenazado por invasores procedentes del oeste. Los suecos descendieron desde el Báltico y se adueñaron de los territorios de Nóvgorod. En 1240, el ejército sueco se lanzó sobre las orillas del Neva y el príncipe Alejandro Yaroslávevich dirigió a las tropas rusas en la lucha contra el enemigo.

    A mediados del siglo XIV, las disensiones internas debilitaron el poder de la Horda de Oro; considerando esta situación, el gran duque Dmitri Donskói encabezó con éxito la primera revuelta contra el poder de los mongoles. Mientras tanto el poder de los moscovitas fue ganando terreno.

    Luego del matrimonio celebrado entre el gran duque Iván III el Grande y Sofía Paleólogo, nieta del último emperador de Bizancio, el gran duque empezó a considerarse zar (del ruso tsar, que a su vez deriva del latín Caesar, ‘césar’) de un régimen autocrático, más que como cabeza de la nobleza. Incorporó a Moscovia (nombre con el que la historiografía occidental designa al gran ducado de Moscú) los estados de Nóvgorod en 1478 y Tver en 1485. En 1480, aprovechándose de las disensiones entre los mongoles, que habían dividido la Horda de Oro en numerosos kanatos independientes, se negó a pagar el tributo anual. Los mongoles no consiguieron el cobro de este tributo, y esa fecha fue considerada como el fin de la dominación tártara. Una vez libre del control tártaro, Iván volvió a prestar atención a la parte occidental del antiguo reino de Kíev, ocupado por Lituania y Polonia. Invadió los territorios lituanos en 1492 y 1500; con el fin de las hostilidades en 1503, Moscú pudo controlar la mayor parte de los territorios fronterizos. El sucesor e hijo de Iván, Basilio III Ivánovich, continuó la política de expansión hacia el oeste iniciada por su padre, anexionando Pskov en 1510, y continuando con la invasión de Smolensk en 1514 y la absorción del gran ducado independiente de Riazán en 1521. La política exterior rusa contribuyó así a engrandecer la importancia de Moscú, mientras que en el interior se llevó a cabo la formalización de un gobierno autocrático que vino acompañado de cambios sociales.

    Iván IV el Terrible fue proclamado soberano en 1533, a la edad de tres años; durante su minoría de edad, el Estado estuvo continuamente dividido por los enfrentamientos entre los boyardos (nobles), sobre los que se basó la anterior expansión territorial. En 1547, Iván asumió el trono y se convirtió en el primer gran duque moscovita oficialmente coronado como zar; en este mismo periodo, se casó con Anastasia Románovna, miembro de la familia de los Romanov. Iván se opuso al amplio poder de la antigua nobleza. Entre sus primeras medidas dispuso que la mitad de Moscovia fuera considerada propiedad patrimonial del zar. Este territorio, denominado Oprichnina, pasó a estar bajo control directo de Iván, que lo distribuyó entre sus seguidores como reconocimiento por los servicios personales y militares prestados, con lo que estableció un nuevo grupo social denominado oprichniki. En agradecimiento a las tierras concedidas, los oprichniki actuaron como cuerpo policial al servicio personal de Iván. Los boyardos, intentando defender su posición que veían amenazada por el ascenso de este nuevo grupo dirigente, se levantaron en su contra; tras su derrota Iván deportó a un gran número de ellos y las ejecuciones fueron masivas.

    En 1552 los ejércitos moscovitas conquistaron y anexionaron el reino tártaro de Kazán, y Astracán pasó a ser territorio ruso en 1556. La pacificación de la frontera sur y oriental facilitó la colonización rusa de los territorios orientales. La zona fronteriza de Moscovia fue ocupada poco a poco por belicosos aventureros conocidos como cosacos, muchos de los cuales eran labradores exiliados. Se concentraron en la cuenca del Don y alrededor del cauce bajo del Volga aunque algunos se dirigieron hacia el norte; en 1581, el hetman (capitán) cosaco Yermak Timoféievich encabezó una expedición financiada por la rica familia de los Stroganov hacia el este, cruzando los Urales. Iván, en un principio, advirtió a Yermak que no soliviantase a las tribus salvajes del área, pero cuando, en 1581, éste puso bajo dominio ruso toda la cuenca del río Obi le perdonó, comenzando así la conquista de Siberia. Al oeste, Iván reunió sus fuerzas en el Báltico y, durante un tiempo, logró someter Livonia; no obstante, en el momento de su muerte, ya había perdido todas sus conquistas occidentales. Iván cerró numerosos tratos comerciales con Inglaterra y reunió a un elevado número de expertos occidentales en tecnología y comercio exterior, una práctica que ha pervivido a lo largo de la historia de la monarquía rusa. Aunque ha sido conocido como Iván el Terrible por sus crueldades y excesos durante los últimos años de su reinado, también es cierto que fortaleció el Estado y estableció las bases del gobierno supremo de los zares.

    Fiódor I (Teodoro I), hijo de Iván, resultó ser enfermizo e indeciso, y durante su reinado (1584-1598) estuvo constantemente dominado por su cuñado, el boyardo Borís Godunov. Bajo la dirección de éste, el Estado ruso creció en poder y prestigio, aunque en 1597, el descontento de los labradores aumentó tras la proclamación de una ley que les ligaba a las propiedades territoriales y aprobaba la servidumbre. En 1598 con la muerte del aún niño Fiódor se puso fin a la dinastía de los rurik, y Borís fue elegido zar por la Zemski Sobor (Asamblea Nacional).

    En 1604, un pretendiente al trono conocido por el nombre de Dimitri I o Falso Dimitri, consiguió el apoyo de algunos nobles lituanos y polacos y de los cosacos. Tres meses después de la muerte de Borís en 1605, Dimitri I entró en Moscú y fue coronado zar. A pesar de su capacidad gubernativa, se enfrentó con la oposición de los boyardos que aún confiaban en la restauración del poder que ellos mismos representaban. Se levantaron en armas y asesinaron al zar, tras lo que elevaron al trono al príncipe Basilio Shuysky. Sin embargo, contaban con la oposición de los cosacos y campesinos irritados por la instauración de la servidumbre y temerosos de que la política de los boyardos agravara su situación; se produjeron revueltas en el sur de Rusia apoyando a un nuevo pretendiente al trono, Dimitri II, cuando ya estaba cerca de Moscú. Tras un largo periodo de luchas e intrigas, Basilio fue depuesto en 1610, con lo que el trono quedaba vacante. Algunos boyardos apoyaron la candidatura de Vladislav, hijo de Segismundo, y el ejército polaco entró en Moscú. El país entero cayó en un estado de total anarquía.

    Esta situación fue resuelta por la iniciativa de Kuzma Minin, un vecino de Nizni Nóvgorod que encabezó un levantamiento nacional en el noreste de Rusia. Bajo la dirección del príncipe Dmitri Mijáilovich Pozarsky, quien consiguió la ayuda de los cosacos, las tropas rebeldes avanzaron sobre Moscú y en 1612 los polacos fueron expulsados. En 1613 la Asamblea Nacional, cuyos miembros representaban a las ciudades y a la Iglesia, eligió como zar a Miguel Romanov, sobrino nieto de Anastasia Románovna. Se inició así la dinastía de los Romanov.

    Rusia, mientras tanto, se convertía en un Estado más europeo, y en los centros urbanos se hacían sentir las influencias de la Europa occidental que ponían fin al aislamiento provocado por las invasiones de los mongoles. Este cambio en las actitudes y formas de vida requería establecer una reconciliación cultural con los antiguos territorios recuperados a Polonia y Lituania. En 1654, los cosacos de Ucrania se rebelaron contra el control polaco y ofrecieron su apoyo al zar Alejo. En la consiguiente guerra con Polonia (1654-1667), Rusia salió vencedora y pudo así recuperar Smolensk (perdido en 1611), Kíev y el resto del este de Ucrania. Alejo fue sucedido por su hijo, Fiódor III, bajo cuya dirección, Rusia llevó a buen término su primera guerra contra el Imperio otomano. Tras la muerte de Fiódor en 1682, su hermano Pedro I el Grande fue proclamado zar, pero su hermana mayor, Sofía Alexeievna, ocupó el trono en nombre de su otro hermano, Iván V el Hechizado a quien declaró incompetente para gobernar, haciéndose ella con el poder. Tras un intento fallido de privar a Pedro de sus derechos al trono y de asesinarlo junto a su madre, Sofía fue obligada a abandonar el poder en 1689.

    La ascensión de Pedro I como zar en 1682 marcó el comienzo de un periodo durante el cual Rusia logró alcanzar un gran poder dentro de Europa. A lo largo de su reinado, Rusia llevó a cabo una serie de adquisiciones territoriales; sus principales campañas militares tuvieron lugar sobre todo en el oeste, y su más destacado enfrentamiento se produjo contra el mayor poder fáctico del Báltico en aquel tiempo, Suecia, en la Gran Guerra del Norte (1700-1721). Para controlar el Báltico era necesario crear una gran armada que permitiera la expansión del comercio exterior ruso, pero las fuerzas militares del zar fueron derrotadas por los suecos en Narva (hoy en Estonia) en 1700. No obstante, los suecos no persiguieron a los rusos, lo cual permitió que Pedro pudiera reorganizar sus fuerzas y atacar las bases suecas en Livonia. En 1703, comenzó la construcción de la nueva capital, San Petersburgo, sobre el territorio ganado a los suecos; el gobierno se trasladó allí desde Moscú en 1714. Pero antes, en 1709, la flota rusa venció a los suecos en Poltava, con lo que Rusia consiguió la supremacía en el Báltico. Según los términos del Tratado de Nystad (30 de agosto de 1721), Rusia adquiría Livonia, Estonia, Ingria, parte de Carelia y numerosas islas del Báltico. Con el dominio de los rusos en el norte de Europa, la concepción bizantina del zar fue reemplazada por la latina que aportaba el título de emperador. En 1721 Pedro fue proclamado "zar de todas las Rusias" dando origen al Imperio Ruso.

    El gobierno autoritario de Pedro I estuvo seguido de un periodo de debilidad. Su hijo y heredero Alejo fue condenado por alta traición y murió torturado en prisión en el año 1718. El trono pasó entonces a su segunda esposa, Catalina I. Pedro II, hijo de Alejo, fue nombrado emperador tras la muerte de Catalina y fue a su vez sucedido en 1730 por Ana Ivánovna, hija de Iván V. Ana, como duquesa de Curlandia, distribuyó los principales cargos entre sus favoritos prusianos y gobernó con despotismo; fue sucedida en el trono por Iván VI, su sobrino nieto de tan sólo ocho semanas de edad. Una conspiración palaciega colocó en el trono a la hija menor de Pedro I, Isabel Petrovna; bajo su gobierno (1741-1762) se produjo una recuperación nacional, y en una guerra contra Suecia (1741-1743), Rusia conseguía parte de Finlandia. Posteriormente se alió con Austria y Francia en la guerra de los Siete Años (1756-1763) contra Prusia. Su sobrino y sucesor Pedro III, admirador del rey Federico II de Prusia, dio por sellada la paz en el momento de su ascensión al trono en 1762; un año después, Pedro III fue depuesto y asesinado. Su esposa, una princesa alemana, subió al trono vacante con el nombre de Catalina II.

    La labor de gobierno de esta princesa germana intentó desarrollar la política iniciada por Pedro I el Grande; el éxito de sus medidas permitió la expansión de Rusia. Sus campañas militares tomaron dos direcciones; en primer lugar, dirigió sus ejércitos contra el Imperio otomano con el fin de hacerse con los puertos del mar Negro tan necesarios para el comercio ruso; en la Guerra Turco-rusa de 1768 a 1774, Rusia ocupó la región tártara de Crimea que quedó anexionada al Imperio Ruso en 1783, mientras que en un posterior enfrentamiento (entre 1787 y 1792), conseguía todos los territorios situados al oeste del río Dniéster, entre los que se encontraba el puerto de Ochakov, en el mar Negro. El segundo objetivo de su actividad militar se centró en los territorios occidentales; como resultado de las tres particiones de Polonia (1772, 1793, 1795), Rusia obtuvo 468.000 km2 de tierra y alrededor de seis millones de habitantes.

    Catalina fue sucedida en 1796 por su hijo Pablo I, quien en asuntos externos, se unió a Austria, Gran Bretaña, Nápoles y el Imperio otomano, en una segunda coalición contra Francia (1799-1802). Fue un gobernante despótico y desequilibrado que murió en su propio palacio después de una conspiración dirigida por la nobleza en 1801.

    Su hijo, Alejandro I Pavlovich, fue el favorito de su abuela, la emperatriz Catalina y sucedió a su padre. En 1805, Rusia junto a Gran Bretaña, Austria y Suecia crearon la Tercera Coalición contra Napoleón Bonaparte. Después de que los ejércitos franceses ocuparan Prusia tras la batalla de Jena, el 14 de octubre de 1806, y derrotaran a Rusia en Friedland el 14 de junio de 1807, Alejandro dio marcha atrás y buscó la alianza con Francia por el Tratado de Tilsit (1807), por el cual Alejandro colaboró en la formación del bloqueo continental dirigido contra Gran Bretaña; en recompensa obtuvo libertad de acción contra Suecia y Turquía. Tras la Guerra Turco-rusa de 1806 a 1812, Rusia ocupó Besarabia; en su enfrentamiento con Suecia en 1808 y 1809 adquirió las islas Åland y toda Finlandia. En Asia también amplió sus fronteras; después de la anexión de Georgia en 1801, en 1813 ocupó Daguestán y otras áreas. Mientras tanto, las relaciones con Francia se iban deteriorando y en 1812 Napoleón invadió Rusia. Esta campaña fue un completo desastre para el emperador francés; sus tropas entraron en Moscú el 14 de septiembre, pero la ciudad había sido ya incendiada por los propios rusos y los franceses se vieron obligados a replegarse en retirada, la cual se convirtió en una completa derrota por la exposición constante al hambre, al frío y al acoso de las guerrillas, en un país devastado por la política rusa de ‘tierra quemada’. Tras la derrota francesa, Alejandro se convirtió en la figura central de la alianza que acabó con la expulsión de Napoleón. En 1815 en el Congreso de Viena, la mayor parte del ducado de Varsovia pasó a ser propiedad rusa.

    Tras la muerte de Alejandro I en 1825 sin descendencia, el trono pasó a su hermano menor, Nicolás I. Éste hizo también numerosos esfuerzos por expandir el Imperio. Esta expansión se llevó en tres direcciones: al suroeste, hacia el Mediterráneo, interfiriendo en las provincias balcánicas de Turquía; al sur, hacia el Cáucaso y Asia central, y al este hacia el Pacífico. En 1826 empezó una guerra contra Irán, que terminó dos años después con la adquisición rusa de parte de Armenia, además de la ciudad estratégica de Ereván. Al mismo tiempo, Nicolás I apoyó a los revolucionarios griegos y la flota rusa se unió a los barcos británicos y franceses para derrotar a la flota turca en la batalla de Navarino (1827). En la Guerra Turco-rusa de 1828 y 1829, Turquía resultó vencida; por el Tratado de Adrianópolis (1829) Rusia conseguía la soberanía sobre los pueblos del Cáucaso, controlaba la desembocadura del Danubio, establecía un sistema de vigilancia sobre los nuevos principados de Moldavia y Valaquia, así como la libertad de comercio en el Imperio turco.

    En occidente, en 1830 se produjo una revolución en Polonia que demandaba su independencia. Los nacionalistas polacos expulsaron al gobernador ruso y organizaron un gobierno provisional; sin embargo, las tropas rusas sofocaron rápidamente la revuelta y Polonia se convirtió de nuevo en provincia rusa.

    El aumento de poder ruso en Oriente Próximo y en los Balcanes fue considerado como una amenaza por parte de las otras potencias europeas, especialmente después de que las tropas rusas ocuparan los Dardanelos, tras el acuerdo de 1833 con Turquía. Gran Bretaña, Francia, Prusia y Austria formaron un bloque para obstaculizar los planes rusos de un eventual dominio del decadente Imperio turco. En 1853, después de que Nicolás I invadiera los principados del Danubio (Moldavia y Valaquia), Turquía declaraba la guerra a Rusia. En la guerra de Crimea (1853-1856), Rusia se enfrentó a una coalición formada por Turquía, Gran Bretaña, Piamonte y Francia, y fue duramente doblegada.

    Nicolás I murió en 1855 y su hijo Alejandro II firmó la Paz de París (1856). Rusia fue obligada a abandonar Kars y parte de Besarabia; su posición en el mar Negro quedó neutralizada, y el protectorado ruso sobre los principados del Danubio fue abolido. A pesar de este retroceso en el suroeste, se mantuvo el avance en el Pacífico y en el golfo Pérsico. En 1850 se estableció un asentamiento ruso en el estuario del río Amur y la mitad norte de la isla de Sajalín fue ocupada en 1855. Tres años más tarde, toda la región del Amur y el área meridional (donde se fundó en 1860 la ciudad de Vladivostok) quedaron totalmente anexionadas. En Asia central, el Imperio se había extendido hasta alcanzar prácticamente la frontera con la India británica, con la anexión de Tashkent (1865), Bujara (1866), Samarcanda (1868), Jiva (1873) y Jojand (1876); Merv fue anexionada en 1884, tres años después de la muerte de Alejandro.

    Rusia reanudó su actitud agresiva contra Turquía después de 1871. El destronamiento de Napoleón III (uno de los principales oponentes a la intervención rusa en los Balcanes) permitió a Rusia ampliar allí su esfera de influencia. Cuando Serbia y Montenegro se levantaron contra Turquía en 1876, Rusia intervino en su ayuda; tras la Guerra Turco-rusa de 1877 y 1878, Alejandro II consiguió mayores concesiones de Turquía aunque fueron moderadas por parte de las potencias europeas, temerosas de la dominación rusa de los Dardanelos, en el Congreso de Berlín (1878).

    El fracaso en los objetivos bélicos exacerbó el descontento popular. Alejandro II murió asesinado por un revolucionario en un atentado en 1881. Su hijo  Alejandro III, lo sustituyó.

    Nicolás II ascendió al trono en 1894. Aunque bien intencionado, fue un gobernante débil fácilmente dominado por otros y un firme creyente en los principios autocráticos enseñados por su padre. Su esposa Alejandra le dio cuatro hijas y un hijo, Alejo, quien padecía hemofilia. En sus vanos intentos por encontrar cura para su hijo, Nicolás y Alejandra acudieron a curanderos y fanáticos religiosos, entre los que destacó el monje siberiano Grígori Yefímovich Rasputín.

    La autocracia, la opresión y el control policial crecieron aún más bajo el mandato de Nicolás II y aumentó el número de acciones terroristas. Algunos dirigentes revolucionarios exiliados, como Lenin, dirigieron el movimiento socialista. En cuanto a la política exterior, los intereses rusos en Manchuria chocaron con el Imperio Japonés en expansión, estallando la guerra en febrero de 1904.

    Necesitado de la ayuda del pueblo para hacer frente a la guerra con Japón, el gobierno permitió que un congreso de los zemstvos se reuniera en San Petersburgo en noviembre de 1904. Cuando las peticiones de reforma por parte del congreso fueron rechazadas por el gobierno, las asumieron los grupos socialistas, que organizaron varias manifestaciones. El 22 de enero de 1905, miles de personas guiadas por Gueorgui Apollónovich Gapón, un sacerdote revolucionario, marcharon pacíficamente hacia el Palacio de Invierno, en San Petersburgo, para presentar allí sus protestas; sin embargo, fueron disueltos por las tropas imperiales, muriendo cientos de ellos en lo que se dio en llamar el ‘domingo sangriento’.

    Esta masacre señaló el comienzo de la revolución; se celebraron manifestaciones y continuas huelgas en todas las áreas industrializadas del país. El fluir de los acontecimientos, combinado con el desastre de la guerra contra Japón, obligó al zar a realizar determinadas concesiones: prometió la formación de una asamblea representativa o Duma; emitió decretos que garantizaban la libertad de trabajo a los ‘viejos creyentes’ (29 de abril) y una mayor libertad para los polacos (16 de mayo). No obstante, no pudo parar la marcha de la revolución: se amotinaron los marineros del acorazado Potemkín en Odesa y la guarnición de Kronstadt y se crearon soviets (consejos obreros), cuyos delegados se reunieron en San Petersburgo, y el 14 de octubre, convocaron una huelga general. Esta huelga estuvo acompañada de movimientos nacionalistas de descontento en Finlandia y en Polonia y revueltas de campesinos, a lo que se añadió la completa derrota de Rusia en la guerra contra Japón. El gobierno envió tropas contra los revolucionarios y prestó apoyo a los grupos conservadores. El arresto de los componentes del soviet de San Petersburgo en diciembre provocó una violenta rebelión de trabajadores en Moscú, sofocada por tropas del Ejército. A principios de 1906, el gobierno se hizo de nuevo con el control del país.

     La primera Duma (asamblea legislativa de la Rusia zarista) se creó en mayo de 1906, pero ya anteriormente se habían aprobado varias leyes que garantizaban los poderes autocráticos del zar. Quedó disuelta a los dos meses de su inauguración. En 1907 se instituyó una segunda Duma que sería también disuelta al poco tiempo. Fue entonces cuando se organizó un movimiento revolucionario, que pronto se encontró con una fuerte represión. Mientras tanto, los moderados y conservadores iniciaron su cooperación con el gobierno, controlando la actividad de la tercera Duma que decretó varias reformas moderadas.

     



    Rusia durante la I Guerra Mundial

    El comienzo de la I Guerra Mundial en 1914 supuso la interrupción momentánea de las actividades revolucionarias de los radicales. La guerra estalló cuando Rusia rehusó permanecer al margen ante el ultimátum de Austria a Serbia, tras el asesinato del archiduque Francisco Fernando de Habsburgo en Sarajevo el 28 de junio de 1914. La cuarta Duma celebró entonces una única sesión para obtener el apoyo popular al gobierno.

    A finales de 1914 el Ejército ruso había ya sufrido duras derrotas ante los alemanes, especialmente en el este de Prusia. Estas derrotas aumentaron en 1915 y, a excepción de unas pocas victorias, el sentimiento de fracaso aumentó tras los desastres en Crimea y Japón. La falta de suministros y transportes junto con la ineficacia de los mandos militares desalentaron a las tropas; comenzaron a producirse deserciones y la guerra tomó un cariz impopular en toda Rusia, mientras aumentaba la represión y se mantenía la corrupción por parte del gobierno. El zar, dominado por su esposa Alejandra, alemana de nacimiento, perdió la confianza del pueblo y pasó a estar bajo el control de Rasputín, que en aquel entonces dominaba prácticamente las decisiones gubernamentales y de carácter militar. Lo arbitrario y despótico de éstas aumentó la oposición a su gobierno; en diciembre de 1916, un grupo de aristócratas, entre los que se encontraban miembros de la familia real, lo asesinaron. No obstante, la agitación revolucionaria siguió en ascenso y en febrero de 1917 comenzaron los disturbios en Moscú; las tropas, en lugar de cargar contra los revolucionarios, se unieron a ellos. Finalmente el 15 de marzo se produjeron las abdicaciones del zar Nicolás II y de su hijo, dejando la administración en manos de un gobierno provisional organizado por la cuarta Duma. Con ello se daba por finalizado el Imperio Ruso.

     

     


    Revolución Rusa de 1917

     

    A principios del siglo XX el sistema político ruso, que no había sufrido ninguna variación desde el inicio de la Edad Moderna, se mostraba completamente desfasado e incapaz de solventar las dificultades que el país planteaba. La mayoría de la población rusa era rural, un porcentaje muy grande de las tierras cultivadas estaba repartido entre la nobleza,  y las reformas que había realizado Alejandro II, abolidas luego por su hijo, Alejandro III, no habían servido, de todos modos, para elevar el miserable nivel de vida del campesinado. La situación que vivía el proletariado industrial también era crítica, ya que estos eran explotados de forma inhumana y no encontraban forma de organizarse para defender sus derechos. Los intelectuales y la pequeña burguesía se mostraban contrarios al inmovilismo político del régimen, que se rehusaba a incorporar los principios democráticos que se desarrollaban en la mayor parte de Europa. Por ese entonces, el poder se hallaba en manos del zar Nicolás II, hijo de Alejandro III.

    A fines del siglo XIX, exactamente en 1898 se creó, en Minsk, el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso (POSDR), tras sortear una de una serie de fracasos importantes, debido a la dureza de la represión. Cinco años después, en 1903, éste ya se hallaba fragmentado: la fracción más radical conformada por los bolcheviques, y la más moderada por los mencheviques.

    La derrota con Japón, la participación desmedida de personajes como Rasputín, dentro de las decisiones de la monarquía, los fracasos militares contra el frente alemán y la abolición de las efímeras medidas beneficiosas para el proletariado influyeron todas en la intensificación del movimiento revolucionario que había nacido. Entonces se comienza a gestar cierta fraternización entre trabajadores y soldados. A principios de 1917, ya era mucho más frecuente la organización de marchas, motines y huelgas que la monarquía ya no podía controlar. A partir del 4 de marzo (19 de febrero para el calendario ruso antiguo, el juliano) comenzó un fuerte movimiento popular en el cual los obreros invadieron los barrios residenciales de Petrogrado, sumándose luego a éstos, las tropas del ejército, y los huelguistas se apoderan en Moscú del Kremlin (fortaleza triangular enclavada en el centro de Moscú, que hoy día es la sede de gobierno y el centro de la iglesia ortodoxa de Rusia). De este modo, triunfa en todo el país, la Revolución de Febrero.

    El 15 de marzo (2 de marzo para el calendario antiguo ruso) abdica el zar (cae así la dinastía de los Romanov, que había reinado durante tres siglos en Rusia), y los liberales (conformados por representantes del partido constitucional democrático y otros grupos burgueses) forman un Gobierno Provisorio presidido por el príncipe Lvov. Pero a su vez, soldados y obreros, ya se habían organizado en Petrogrado y determinaron un soviet que asumió al poder; se presenta entonces lo que la historiografía llamaría después un “doble poder”. Este nuevo Gobierno Provisional decreta una serie de libertades: de prensa y asociación, derecho a la huelga, libertad religiosa, amnistía de presos políticos, retorno de los exiliados y arresto de la familia imperial.

    En abril de 1917, Lenin, máximo líder del partido bolchevique, regresa del exilio y plantea las “Tesis de Abril” en las que expone cuatro puntos básicos:

    -         Transferencia del gobierno a los soviets

    -         Cese inmediato de la guerra

    -         Ocupación inmediata de la guerra por los campesinos

    -         Control de la industria por comités obreros

    La propuesta, rechazada por los mencheviques, desató fuertes enfrentamientos en el seno de los soviets.

    Luego, dimitió Lvov y asume Kerenski, que forma un gobierno de socialistas moderados en su mayoría. El general Kornílov se había convertido en el líder contrarrevolucionario y avanza con tropas leales hacia Petrogrado. Entonces Kerenski da el pedido de captura para el general y solicita ayuda a los soviets y a los bolcheviques, a los que les facilita armas para que defiendan la ciudad. Afortunadamente, soldados y trabajadores, logran convencer a las fuerzas de Kornílov de que no avancen y finaliza el intento de golpe de Estado. Las consecuencias de este episodio son muy importantes: el cuerpo de oficiales del ejército considera traición al accionar del gobierno, por lo que este se queda sin el apoyo militar; y mientras tanto los bolcheviques tenían a su disposición a 40.000 soldados disciplinados y armados, la llamada “Guardia Roja”.

    Trotsky, que entonces presidía el soviet de Petrogrado, formó el “Comité Militar Revolucionario” y convenció a Lenin de que hiciera coincidir el alzamiento de los bolcheviques (que habían logrado la mayoría en el soviet de esa ciudad) con el II Congreso de los Soviets, convocado para el 7 de noviembre (25 de octubre para el calendario antiguo ruso). De esta forma, la noche de 6 de noviembre (24 de octubre para el antiguo calendario ruso), los revolucionarios, al frente de los soldados de la guarnición de Petrogrado, los marinos de Kronstadt y los Guardias Rojos de los obreros, se apoderaron de la mayor parte de los organismos estatales, tomaron por asalto el Palacio de Invierno, y arrestaron a los miembros del Gobierno Provisional (Kerenski logró escapar). Al día siguiente, el II Congreso de los Soviets expulsó a los socialistas moderados, aprobó la acción y entregó el poder a los bolcheviques. El nuevo gobierno tomó el nombre de “Soviet (Consejo) de Comisarios del Pueblo” (o “Sovnarkom”) y era transitorio hasta el próximo encuentro de la Asamblea Constituyente. Lenin fue elegido para presidir el Consejo, y en este gabinete también ingresaron personalidades como Trotsky y Stalin.

    El Consejo proclamó, mediante la Declaración de los Derechos de los Pueblos de Rusia, el derecho a la autodeterminación de éstos, sobre la base de la plena igualdad y soberanía, lo que abría la posibilidad de que las nacionalidades que habían sido integradas por la fuerza al imperio zarista pudieran separarse voluntariamente (la primera nación en sacar provecho de esta situación fue Finlandia, donde se estableció un gobierno nacional; además le fue reconocida la independencia del dominio ruso); además en otro de sus primeros decretos, el gobierno soviético proclamó la separación Iglesia-Estado (aunque se garantizaba la libertad religiosa individual, el Estado declaró su aconfesionalidad). También  se nacionalizaron los bancos y se concedió el control de la industria a los trabajadores, que se fue nacionalizando gradualmente.

    La Asamblea Constituyente se reunió en Petrogrado en 1918, pero fue disuelta debido a que la consideraban la fase burguesa de la revolución (había sido determinada por el Gobierno Provisional). La misma fue sustituida por el III Congreso de Soviets de toda Rusia, que aprobó la Declaración de los Derechos del Pueblo Trabajador y Explotado como preámbulo de la Constitución por la que quedó proclamada la República Soviética Federativa Socialista de Rusia (RSFSR).

                Este nuevo régimen distribuyó las tierras entre los campesinos y apoyó a los movimientos nacionalistas.

    Las negociaciones de paz con Alemania se iniciaron en diciembre de 1917. Los términos de la paz presentados por los alemanes en la Paz de Brest-Litovsk eran inaceptables, por lo cual las negociaciones quedaron rotas en febrero de 1918. Sin embargo una nueva ofensiva alemana llevó a los dirigentes soviéticos a reanudar las conversaciones y a principios de marzo se concluyó el tratado. Según sus términos, la RSFSR tuvo que ceder Ucrania, Polonia y los estados bálticos. El gobierno soviético también fue obligado a pagar unas elevadas indemnizaciones a Alemania. La firma de la Paz de Brest-Litovsk produjo una escisión en el seno del Gobierno soviético. El Partido Socialista Revolucionario, que había estado colaborando con los bolcheviques, declaró que el tratado constituía una traición a la causa de la Revolución y abandonó el gobierno. Confiando en sus tradicionales métodos de lucha política, miembros de dicho partido asesinaron al embajador alemán con la vana esperanza de provocar nuevamente el comienzo de las hostilidades. También llevaron a cabo atentados contra algunos líderes bolcheviques. Lenin fue seriamente herido por uno de estos actos terroristas, lo que provocaría su prematuro fallecimiento. Como respuesta, los bolcheviques iniciaron el llamado Terror Rojo, con la supresión del Partido Socialista Revolucionario y la ejecución de numerosos opositores políticos. Otros partidos y facciones minoritarias fueron igualmente eliminados por los bolcheviques.  La política social y económica de los bolcheviques provocó el estallido de la Guerra Civil y la intervención de potencias extranjeras. En Siberia, un Ejército compuesto por 45.000 antiguos prisioneros de guerra checos, que habían sido armados por el gobierno zarista para combatir a los alemanes, inició una ofensiva contra las autoridades soviéticas. Múrmansk y Arjanguelsk, las principales ciudades del extremo septentrional de Rusia, fueron ocupadas por tropas aliadas. El Ejército japonés ocupó Vladivostok y una fuerza expedicionaria estadounidense desembarcó en esta ciudad. Los alemanes invadieron la Rusia Blanca (una región más o menos equivalente a la actual Bielorrusia), Ucrania y el Cáucaso. En el otoño de 1918 el almirante Alexandr Vasílievich Kolchak, al mando de un ejército contrarrevolucionario, se proclamó comandante supremo de Rusia y estableció su capital en Omsk (Siberia). A comienzos de 1919 el Ejército Blanco mandado por el general Anton I. Denikin lanzó desde Ucrania una ofensiva contra las tropas soviéticas, mientras que otro, dirigido por el general Nikolái N. Yudiénich avanzó hacia Petrogrado (ahora San Petersburgo). A pesar de los reveses iniciales, los bolcheviques lograron repeler estos ataques a comienzos de 1920. En abril de ese año, el Ejército polaco lanzó un nuevo ataque con ayuda de tropas bielorrusas bajo el mando de Piotr Wrangel. Dos meses más tarde las tropas soviéticas, reorganizadas por el comisario (ministro) de la Guerra Liev Trotski en 1918 con el nombre de Ejército Rojo, iniciaron la contraofensiva. La guerra con Polonia finalizó con la firma en 1921 del Tratado de Riga por el que determinadas áreas occidentales de la Rusia Blanca y de Ucrania pasaban al control de Polonia. Tras la expulsión de las tropas de ocupación japonesas de Siberia oriental a finales de 1922, la Guerra Civil llegó a su fin. El régimen soviético no estaría ya en peligro inmediato durante largo tiempo.

    Los bolcheviques derrotaron a las tropas extranjeras y a las fuerzas contrarrevolucionarias rusas gracias a su determinación, organización y buen mando, en especial de Lenin y de Trotski, y a la desunión de sus rivales y a la renuncia de los países participantes en la guerra a seguir apoyándola.

    El denominado Comunismo de Guerra, política aplicada por los bolcheviques durante el conflicto civil, supuso la rápida nacionalización de la industria y de los medios de transporte y la confiscación de todos los suministros y equipos necesarios para la actividad bélica, lo que arruinó por completo la economía del país. Cuando cesaron las hostilidades y quedó consolidado el régimen soviético, el gobierno tuvo que hacer frente a la necesidad de restaurar la economía. Trotski y otros dirigentes preferían mantener esta rígida política de guerra para continuar la evolución hacia el comunismo. Lenin optó por reducir la gravosa economía de guerra impuesta a los agricultores, con el objetivo de estimular la producción agraria, y por mitigar los controles sobre la industria y el comercio para permitir la creación de pequeñas empresas que lograran aumentar la producción. La denominada Nueva Política Económica (NEP) de Lenin fue adoptada en 1922 por el Partido Comunista Ruso.

    En diciembre de 1922, y previa aprobación de sus respectivos Congresos de los Soviets, la RSFSR y las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Transcaucasia, Ucrania y Bielorrusia, formaron la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, entidad que surgió como tal en este momento. Durante los años siguientes, la República Transcaucásica quedó dividida en las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Georgia, Armenia y de Azerbaiyán. La creación de las repúblicas de Kazajstán y de Asia central fue resultado de su separación de la RSFSR. A su vez, la República de Asia central se dividió en las Repúblicas Socialistas Soviéticas de Turkmenistán, Uzbekistán, Tayikistán y de Kirguizistán.

    La prematura muerte de Lenin en 1924 desencadenó una dura lucha por el poder. Los principales antagonistas fueron Trotski y Iósiv Stalin, entonces secretario general del partido, los cuales se proclamaban legítimos herederos de Lenin. Gracias al control sobre el aparato del partido Stalin logró obtener el apoyo de la mayoría del Partido Comunista y consolidar así su poder. En noviembre de 1927, tras un referéndum interno, el partido repudió por completo las ideas políticas de Trotski que fue expulsado de aquél y tuvo que exiliarse en Alma Atá. Dos años más tarde Trotski fue proscrito en la Unión Soviética y en 1940 asesinado en México, presumiblemente por un agente de Stalin.

    En 1929 Stalin fue reconocido como máximo dirigente del partido y del país. A partir de ese momento inició la serie de purgas que caracterizarían sus 25 años de mandato, y que afectaron en primer lugar a sus antiguos aliados durante la pugna con Trotski. Esos dirigentes, especialmente Nikolai Ivánovich Bujarin y Alexéi Ivánovich Ríkov, fueron expulsados de los más altos órganos del partido.

    Desde entonces, Stalin sólo confió en su control del partido y de la policía y en los compañeros que él había elevado al poder.

    A mediados de la década de 1930, la política soviética estuvo caracterizada por las drásticas purgas, tanto en el seno del Partido Comunista como en el del gobierno, de todos los elementos supuestamente opuestos a la política estalinista. Las purgas se iniciaron en 1929 y alcanzaron su punto más virulento en diciembre de 1934 tras el asesinato de Serguéi M. Kírov, un leal partidario de Stalin. Entre los años 1935 y 1939 Stalin ya había desplazado a todos sus opositores de los cargos de poder. Muchos fueron encarcelados, deportados a Siberia o ejecutados. De hecho, entre 1934 y 1938 dos tercios de los miembros que tenía el Comité Central del Partido Comunista en 1934, fueron sentenciados a muerte y ejecutados. De la misma forma, entre 1936 y 1938, más de la mitad de los oficiales superiores del ejército fueron purgados. Los denominados Procesos de Moscú suscitaron críticas en todo el mundo hacia el régimen soviético, que quedó seriamente debilitado por esas numerosas ejecuciones.

    Desde el punto de vista soviético, los sucesos internacionales ocurridos durante la década de 1930 pusieron en creciente peligro la seguridad de la URSS. En el Extremo Oriente, Japón ocupó Manchuria en 1931 y las fricciones entre las tropas de ocupación japonesas y las soviéticas, estacionadas a lo largo de la frontera con dicho territorio, se hicieron cada vez más frecuentes. En 1938 los esporádicos choques armados derivaron en una seria guerra fronteriza. Al mismo tiempo, el ascenso de Hitler al poder en Alemania en 1933, y su política expansionista y anticomunista, supusieron una amenaza mayor para la seguridad soviética. Buscando establecer alianzas con otras potencias, especialmente con Francia y Gran Bretaña, la URSS ingresó en la Sociedad de Naciones en 1934. Durante los cinco años siguientes el comisario soviético de Asuntos Exteriores Maksim M. Litvinov solicitó repetidamente a los miembros de esta organización la adopción de medidas conjuntas contra las sucesivas agresiones de las potencias fascistas. La URSS intentó también obtener apoyo para la que llamó política de seguridad colectiva, consistente en promover la formación en países extranjeros de los llamados gobiernos de Frente Popular. Esta política exigía la colaboración de los grupos políticos comunistas, socialistas y centristas para hacer frente a los movimientos fascistas.

    En el verano de 1938 se originó una grave crisis cuando el gobierno alemán exigió del gobierno de Checoslovaquia la cesión de los Sudetes, una zona fronteriza con una gran minoría de población alemana. La URSS anunció su intención de ayudar a los checoslovacos en su resistencia contra tales pretensiones y pidió que Francia y Gran Bretaña ofrecieran una ayuda similar. Los gobiernos francés y británico, por el contrario, aceptaron las garantías ofrecidas por Hitler en el sentido de que con esta demanda Alemania ponía punto final a sus reivindicaciones territoriales. El resultado de la tibia postura adoptada por Francia y Gran Bretaña fue el Pacto de Munich, firmado en septiembre de 1938, que aseguraba la cesión de los territorios en litigio a Alemania. La firma de este pacto significó el fracaso de la política de seguridad colectiva soviética. En marzo de 1939 tropas alemanas, a través de los Sudetes, penetraron en Checoslovaquia y tomaron rápidamente el pleno control del territorio.

     



    La URSS durante la II Guerra Mundial

    Ocupado en una guerra fronteriza contra Japón en el Extremo Oriente y alarmado ante los progresos alemanes en Occidente, el gobierno soviético inició negociaciones secretas con Alemania para establecer un pacto de no-agresión entre ambos estados, en tanto que continuaban las conversaciones iniciadas anteriormente con Francia y Gran Bretaña para firmar una alianza contra Alemania. En agosto de 1939 se anunció de forma repentina la firma del pacto de amistad y de no-agresión entre Alemania y la URSS. Este acuerdo (conocido como Pacto Ribbentrop-Molótov) contenía una cláusula secreta que determinaba el reparto de Polonia y las esferas de influencia de ambos países en Europa oriental. El 1 de septiembre, la invasión alemana de Polonia llevó a Francia y Gran Bretaña a declarar la guerra a Alemania. Así comenzó la II Guerra Mundial. Dieciséis días más tarde el Ejército Rojo cruzaba la frontera polaca, ocupaba la parte oriental de Polonia y comenzaba la sovietización de los territorios ocupados. Cientos de miles de polacos fueron deportados a Siberia. El 29 de septiembre los gobiernos alemán y soviético firmaron un tratado por el que se delimitaban sus respectivas zonas de interés en Polonia. También reconocía la supremacía de ambas potencias en sus respectivas zonas de influencia y establecía una defensa común contra injerencias de terceros países.

    El pacto con Adolf Hitler marcó el inicio de una nueva fase en la historia de la URSS. Durante los años inmediatamente anteriores a este acuerdo, el objetivo principal de la política soviética había sido la construcción del socialismo, esto es, la industrialización del país. La ocupación del este de Polonia fue la primera de una serie de anexiones territoriales que afectaron a Estonia, Letonia, Lituania, Carelia, Besarabia y la parte septentrional de Bucovina. Los pactos de no-agresión impuestos por la URSS a los países bálticos le dieron el derecho a estacionar tropas en dichos territorios.

    A finales de 1939 el gobierno soviético exigió a Finlandia la cesión del istmo de Carelia, en la costa finesa del golfo de Finlandia y al noreste de Leningrado (ahora San Petersburgo), para poder establecer allí una base naval. El gobierno finlandés rechazó las exigencias soviéticas lo que originó la no declarada formalmente Guerra Ruso-finesa, iniciada el 30 de noviembre de 1939 al invadir la URSS el territorio finlandés. A pesar de una valerosa pero inútil resistencia, los finlandeses fueron vencidos por las tropas soviéticas, muy superiores en número. La guerra acabó el 12 de marzo de 1940. Según los acuerdos del tratado de paz, la URSS se hizo con los territorios del istmo de Carelia y el puerto de Víborg, además de con otros territorios estratégicos y compensaciones económicas.

    La expansión soviética continuó durante 1940. Entre el 15 y 16 de junio, la URSS exigió el establecimiento de gobiernos prosoviéticos en Lituania, Estonia y Letonia, y el libre paso de las tropas soviéticas por sus respectivos territorios. Sin esperar respuesta a tales exigencias, el Ejército Rojo ocupó dichos países. La URSS impuso gobiernos propicios y reprimió a todos los elementos antisoviéticos. Los tres estados quedaron anexionados a la URSS por decretos promulgados por el Soviet Supremo entre el 1 y el 8 de agosto de ese año.

    Al mismo tiempo la URSS dirigió sus objetivos hacia los Balcanes. Exigió a Rumania la devolución de Besarabia, territorio que aquel país había anexionado a costa de la RSFSR en 1918, y la entrega del norte de Bucovina. Rumania accedió a finales de junio de 1940. Los territorios cedidos pasaron a formar parte, posteriormente, de la República Socialista Soviética de Moldavia. A finales de ese año los alemanes impusieron en Rumania un gobierno títere y garantizaron la frontera rumano-soviética.

    La URSS, recelosa aún de las intenciones alemanas, tenía interés en poner fin a las hostilidades con Japón. El 13 de abril de 1941 los dos países firmaron un pacto de neutralidad valedero por cinco años.

    El 22 de junio de 1941 Alemania invadió la URSS, sorprendiendo a Stalin, que se había negado a creer en la inminencia de una ofensiva alemana. Italia y Rumania declararon la guerra a la URSS ese mismo día. De forma instantánea se transformaron todas las alianzas políticas y militares mundiales y la guerra comenzó a adquirir dimensiones globales. Alemania se enfrentaba desde ese momento a sus enemigos en el este y en el oeste, como ocurrió durante la I Guerra Mundial. Como quiera que Finlandia, Hungría, Albania y otros estados satélites de las potencias del Eje declararon también la guerra a la URSS, Gran Bretaña y Estados Unidos se comprometieron a ampliar su ayuda a la URSS. El programa estadounidense, fundamentado en la Ley de Préstamos y Arriendos, proporcionó a la URSS unos 12 millones de dólares en pertrechos y alimentos. Tras la entrada de Estados Unidos en la guerra (diciembre de 1941) las tres potencias se aliaron militarmente.

    El ataque del Eje contra la URSS se desplegó desde el océano Ártico hasta el mar Negro. Durante el resto del verano y hasta finales de 1941, las tropas alemanas avanzaron por el interior del país y llegaron a las puertas de Leningrado y Moscú