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Catalogado en base de datos como: Didactismo en Marín Fierro: Didactismo en Marín Fierro
Agregado: 07 de FEBRERO de 2005 (Por Valeria) | Palabras: 3218 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario
Categoría: Apuntes y Monografías > Filosofía >

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  • Antonio de Ulloa Científico y marino español(1716-1795)

  • Publicado por Valeria vale@jj72.org

    Didactismo

     

    Sobre todo en La Vuelta de Martín Fierro, es posible notar una cantidad importante de referencias al aprendizaje y la educación. En ella, la función de la voz de Martín Fierro es totalmente moralista. De esta forma, se cumple el concepto general del texto completo de la protesta gaucha, de la denuncia de las injusticias que, en nombre de la “civilización”, cometían las autoridades contra el hombre de campo. Ahora, el gaucho comienza a trabajar de nuevo, considerando al trabajo honrado como la principal fuente de la mejora y el bienestar:

    “He visto rodar la bola

    y no se quiere parar;

    al fin de tanto rodar

    me he decidido a venir

    a ver si puedo vivir

    y me dejan trabajar.” (133-138)

     

    En la carta de José Hernández a los editores, éste hace referencia a la actividad fundamental, la ganadería. Ésta es realizada por los mismos gauchos, que por ende, debían también ser considerados ciudadanos, y no parias, para así poder tener tanto derechos como deberes. En cuanto a esto, dice “… su rancho no debe encontrarse situado más allá del dominio y del límite de la Escuela”.

    Con lo que respecta a la Ley Natural, de ésta nacen las virtudes morales que es la base de las sociedades. El gaucho aprende del marco natural que lo rodea; no aprende a cantar, esto es innato, cotidiano, es decir, hay en él un impulso moral, métrico y rítmico que tiende a la perfección. Esto se ve reflejado en la perfección de los versos, a partir del sentimiento y de la intención.

     

    La función del libro está orientada a dos tipos de receptores: por un lado los literatos, es decir, cualquier alfabeto que pueda leerlo y con acceso más directo a las fuentes (en este sentido se da la función política). Por otro lado se encuentran los iletrados, los analfabetos, los gauchos que escuchando la historia, reconociéndose en ella, deseen poder leerla, captarla por ellos mismos.

    En este sentido, es una especie de folletín, utilizado como medio de difusión de ideas, destinados a despertar el placer por la lectura y la alfabetización social.

     

    El texto mismo, a través de los distintos personajes, como pueden ser Fierro, el Moreno, Vizcacha, emite el mensaje moral de la “buena” vida, y sus contrarios, encarnados en los consejos que da Vizcacha. Estos son:

    -   Moderación, aprecio de sí mismo.

    -   Respeto por los demás.

    -   Fortaleza ante el infortunio:

    “De este modo nos hallamos

    empeñaos en la partida:

    no hay que darla por perdida

    por dura que sea la suerte,

    ni que pensar en la muerte

    sinó soportar la vida.” (331-336)

     

                              “Al fin la misericordia

                              de Dios nos quiso amparar;

                               es preciso soportar

                              los trabajos con constancia:

                              alcanzamos a una estancia

                              después de tanto penar.” (1539-1544)

     

    “Pido a todos que no olviden

    lo que les voy a decir;

    en la escuela del sufrir

    he tomado mis leciones;

    y hecho muchas refleciones

    donde que empecé a vivir.” (1761-1766)

     

    -   Perseverancia en los trabajos

    -   Respeto Padre – Hijo:

    “Y las aguas serenitas

    bebe el pingo, trago a trago,

    mientras sin ningún halago

    pasa uno hasta sin comer

    por pensar en su mujer,

    en sus hijos y en su pago.” (193-198)

     

    “En la crianza de los suyos

    son bárbaros por demás;

    no lo había visto jamás:

    en una tabla los atan,

    los crían ansí, y les achatan

    la cabeza por detrás.” (1063-1068)

     

    “Aunque el gajo se parece

    al árbol de donde sale,

    solía decirlo mi madre

    y en su razón estoy fijo:

    `jamás puede hablar el hijo

    con la autoridá del padre´” (1707-1712)

     

    -   Amor a la libertad (penitenciario)

    -   Fidelidad en la amistad:

    “Un hombre junto con otro

    en valor y en juerza crece;

    el temor desaparece,

    escapa de cualquier trampa:

    entre dos, no digo a un pampa

    a la tribu si se ofrece.” (1177-1182)

     

    -   Respeto a los hermanos, clementes, trabajadores, amantes de la verdad, tolerantes, justos, prudentes

     

    Todos estos “postulados” los dice a través de dichos, consejos directos, antítesis (por ejemplo, mostrando las actitudes de los indios, relatando los consejos de Vizcacha, mostrando las actitudes del juez).

     

    Una de las consecuencias sociales de la “moral” en Martín Fierro fue ya que  para terminar con la delincuencia, con los “malos” (como indica Josefina Ludmer) y la desigualdad de aplicación de la ley, se formula la primera ley escrita “civilizada”. Esto es un problema para el gaucho que hasta entonces se manejaba con los códigos tradicionales orales de ellos mismos (esto tiene que ver con la intención e imitación del “mundo alfabeto”).

     

    Acerca de las tareas específicas se pueden encontrar varios ejemplos. Por ejemplo, acerca de la educación y la relación entre el gaucho y su caballo, el primero le enseña a éste a “correr boleo”, es decir, con las patas atadas: “… en cuanto yo lo silbaba venía a refregarse a mí”. Ambos llegaban a mantener una relación muy fuerte e íntima entre sí. Además, esto se relaciona con la función poética del texto ya que, como el gaucho era utilizado como instrumento para la guerra, una buena demostración de las habilidades del caballo era esencial.

    También se trata el tema de la “virgüela negra”, es decir, la viruela. Ésta era un mal terrible para los indios, quienes la veían como un castigo de Dios por sus pecados; por ello, las chinas maduras hacían curaciones: “… cuando es amargo el brebaje/ el corazón no se alegra;/ dentro una virgüela negra/ que los diezmó a los salvajes./ Al sentir tal mortandá/ los indios desesperaos/ gritaban alborotaos:/ “Cristiano echando gualicho”/ no quedó en los toldos vicho/ que no salió redotao.”.

    Con respecto al tutor, éste es utilizado como la voz de la tierra en su versión más cruda y bestial. Se encuentra aquí una similaridad con personajes de Shakespeare, generalmente encarnados en sus bufones; en el primer acto, en la primera escena de Timón de Atenas aparecen palabras que luego literalmente son repetidas por el viejo Vizcacha: “El hombre no debe creer/ ni en lágrimas de mujer/ ni en la renguera del perro”. De esta forma, se intenta poner en labios cínicos palabras cínicas que completan el panorama humano que constituye el friso de los clásicos; esto es, aceptar la realidad de los aspectos negativos “Hacete amigo del juez”, “A naides tengas envidia, es muy triste el envidiar, cuando veas a otro ganar, a estorbarlo no te metas, cada lechón con su teta, es el modo de mamar”.

     

    Con respecto al lenguaje, es importante mencionar que la voz del gaucho constituye una lección de lengua nacional, en un sentido didáctico. Son fundamentales para comprender esto fragmentos como: “Tabernáculo... qué bruto, un tubérculo dirás”; “a las mujeres que curan se las llama curanderas” (en vez de culandrera), que enuncia el doctor. Si se impusiera un estilo correcto o letrado, el género caracterizado por el lenguaje dejaría de existir. “Dice el refrán que en la tropa nunca falta un güey corneta”; “no es bueno muchas manos en un plato”; “pues siempre encuentra el que teje otro mejor tejedor”. En los refranes gauchescos se da una alianza fundada en la impersonalidad y que “combate” contra la impersonalidad de la lengua correctamente hablada (en lo citado es el doctor). Del mismo modo, se da una contraposición de saberes entre la curandera (saber de transmisión oral, relacionado a la tradición) y el doctor (saber académico). El hijo menor de Fierro pierde en un enfrentamiento de palabras: “le pedía a ese doctor que en mi ignorancia me deje, pues siempre me encuentro...”. Una probable intención del texto es, pues, enfrentar esas peleas entre la “ignorancia gauchesca” y la civilidad.

      Es trascendental mostrar que a su vez Dios es un maestro para el gaucho (religión rústica): “En las sagradas alturas/ está el maestro principal/ que enseña a cada animal/ a procurarse el sustento/ y le brinda el alimento/ a todo ser racional”.

      Por otra parte, las enseñanzas que pretenden dejar los emisores de este texto funcionan como conversiones. Todos han tenido un castigo, todos han permanecido dentro de una forma disciplinaria (cárcel, exilio, ejército) y narran el pasado con la promesa de estar corregidos para el futuro. En este sentido, prueba del cambio que se da en Fierro es el segundo enfrentamiento que se produce con el segundo moreno: ya no pelea en un duelo de cuchillos, sino que elige el duelo verbal de la payada, donde vence por su experiencia, por sus saberes en materia del campo. De este modo La Vuelta es un texto didáctico que pretende terminar con la desigualdad, y para dirigirse al gaucho lo hace en su lenguaje, pues es el único medio que tiene de ser comprendida; y ese es el lugar final de los consejos y de los proverbios.

     

    Particularmente el trabajo, junto a un conjunto de valoraciones morales en torno de él, ocupa un lugar muy significativo en La Vuelta. Martín Fierro muestra una valoración muy positiva de él. Enuncia los deberes del campo y la importancia del mismo; esto se puede entender a partir de que La Vuelta representa la reforma del texto y la estatización del género impuesto por Hernández, quien sufre un cambio en su vida política y social con respecto a la que tenía en el momento de escribir La Ida. Toda esta situación se ve reflejada en el nuevo pacto que surge entre el gaucho y el Estado.

    “Sé dirigir la mansera,/ y también echar un pial;/ sé correr en un rodeo,/ trabajar en un corral;/ me sé sentar en un pértigo/ lo mesmo que en un bagual.” En este fragmento citado se hace evidente la nueva alusión positiva al trabajo, consistente en el cambio de Fierro y su paso de gaucho matrero a gaucho manso. En ellos se alude a los trabajos del campo de los cuales es capaz el gaucho, fundamentándose así la sabiduría (como se ve luego en la payada) en quien sabe hacer las tareas campestres.

    Como consecuencia del fin de la utilización del gaucho en el ejército y de la finalización de la cruzada contra el indio, el gaucho ahora viene a trabajar al campo y se convierte en la mano de obra de los hacendados. Así se plantea la necesidad de incluir al gaucho dentro de la labor del Estado, empleándolo. Mientras que en La Ida el gaucho era rechazado en el sistema, por ir en contra de la ley y del régimen, en  La Vuelta se hace clara una intención de incorporarlo en él, aunque con algunos cambios, intentando adecuarse a la ley, así como incorporando propósitos del Estado a la ley tradicional (lo cual se evidencia, por ejemplo, en los consejos de Fierro).

    Sin embargo, la nueva situación que brinda Hernández genera una oposición al proyecto de civilización de Sarmiento que quería la incorporación de mano de obra inmigrante (la coyuntura política de la época nos muestra los frentes erigidos entre Sarmiento y el autor de Martín Fierro). La oposición también radica en el descrédito que se les da a los extranjeros en la obra, lo cual se evidencia en las burlas constantes a ellos.

    En lo que atañe al indio, en La Vuelta es planteado en el escalón más bajo de la jerarquía de los roles (que establece en el más alto al letrado y, en el medio, al gaucho). Esta jerarquía social es utilizada por el gaucho para compararse con el indio y despreciarlo principalmente debido a su falta de voluntad para el trabajo y su inutilidad, dejándole la mayoría de los labores a las mujeres. “El indio pasa la vida/ robando o echao de panza./ La única ley, es, -la lanza-,/ a que se ha de someter./ Lo que le falta en saber,/ lo suple con desconfianza.” “Naides puede imaginar/ una miseria mayor./ Su pobreza causa horror./ No sabe, aquel indio bruto,/ que la tierra no da fruto/ si no la riega el sudor.” En el verso 637 se puede observar cómo Martín Fierro desvaloriza el código social utilizado por los indios: “Se reparten el botín/ con igualdá, sin malicia;/ no muestra el indio codicia;/ ninguna falta comete:/ sólo en esto se somete/ a una regla de justicia”.

    Por otra parte, se puede observar en el hijo segundo de Martín Fierro que no posee la misma actitud con respecto al trabajo que la de su padre ya que no fue criado por la nueva figura del gaucho “bueno” que ahora posee Fierro, sino que pasó por distintas manos hasta caer finalmente en manos de Vizcacha (su tutor), el antihéroe que se sitúa por debajo del pacto y es por eso que no se encuentra integrado todavía al sistema estatal sino que posee el código de la comunidad gauchesca. En él también se ve la contraposición a lo expuesto por Fierro: “Los que no saben guardar/ son pobres aunque trabajen;/ nunca, por más que se atajen,/ se librarán del cimbrón: al que nace barrigón/ es al ñudo que lo fajen.”

     

    Las sentencias y refranes, como géneros discursivos, tienen un lugar preponderante en las voces de La Vuelta. Éstos son de origen típicamente campestre, lo cual se ve desde el lenguaje con que se construyen. Son, además, una herramienta que Hernández usa para enseñar, mostrar el campo a los lectores, y en donde lo que se dice está en relación con los modos en que está dicho. Justamente, es la vivencia rústica del campo la que genera el lenguaje: las imágenes, las comparaciones, y globalmente, los modos de pensar, son edificados a partir de la campiña. Las sentencias y refranes cumplen, pues, una función ilustrativa: “ ‘Aguantemos, -dije yo-,/ el fuego hasta que nos queme.’/ Menos los peligros teme,/ quien más veces los venció”, que alude a una ocasión en que Fierro y Cruz se ven en una situación de peligro frente a los indios.

    Aquí y en todo el texto se muestra una visión idealizada del indio (aunque negativamente) como un ser salvaje, brutal, malvado, e incapaz de trabajar. Cuando leemos versos como “El mal es árbol que nace, / y que, cortado, retoña”; “El álamo es más altivo, / y gime constantemente”, no hacemos más que leer conceptos (como la maldad, en el primer caso) apoyados en elementos del campo, aunque también se puede pensar a la inversa: son éstos los que guían el pensamiento. Se trata, pues, de una forma de sabiduría gauchesca, relacionada con la experiencia, y en donde el emisor es evidentemente un gaucho. Es importante, que en este sentido en el que de ha venido escribiendo, con respecto al lenguaje, el emisor no es sólo Fierro sino todos los gauchos, la comunidad gaucha mostrando su dialecto en uno de sus hombres. Desde otro punto de vista, es claro, además, que el texto está dirigido de gauchos hacia gauchos (desde una posición ficticia: Fierro se dirige a los gauchos), por lo que este lenguaje está construido para ser comprendido por gauchos. Cuando Fierro y Cruz estaban prisioneros en manos de los indios, Fierro nos dice: “Cuando es manso el ternerito,/ en cualquier vaca se priende./ El que es gaucho esto lo entiende;/ y ha de entender si le digo/ que andábamos, con mi amigo,/ como pan que nos se vende”; de la misma forma, también nos explica: “Todo vicho que camina,/ va a parar al asador”; “La tierra no da fruto/ si no la riega el sudor” aludiendo a la fuerza del trabajo; no son sino muestras de lo anteriormente explicado.

    Lo mismo se puede decir de los versos que salen de la boca del hijo mayor de Fierro: “Aunque el gajo se parece/ al árbol de donde sale,/ solía decirlo mi madre,/ -y en su razón estoy fijo-/ jamás puede hablar el hijo,/ con la autoridá del padre”; “(...) con razón dice el refrán ,/ que lo bueno dura poco” ; “pues siempre es bueno tener/ un compañero en la amargura”; “el hombre alegra al hombre,/ y el hablar consuela al triste”.

       Podemos decir que el texto de algún modo también cumple una función escolar; las sentencias, como los refranes, muchas veces funcionan como lecciones, ejemplos, deberes, errores y equivocaciones, indagaciones y exámenes, calificaciones buenas y malas, confesiones y penitencias, prohibiciones, etc.

     

      Con respecto al lugar de los consejos de La Vuelta, hay que remarcar la separación existente entre los de Martín Fierro y los de Vizcacha, en donde los de este último cumplen más bien el papel de “anti-consejos”, es decir, lo que no hay que imitar. A pesar de esto, también hay semejanzas: ambos se basan en la experiencia y en la vejez (de modo claro, Vizcacha dice: “el diablo sabe por diablo, pero más sabe por viejo”). Constituyen un resumen de toda lo obra en tanto retoman los temas que se tratan todo a lo largo de ella. Vizcacha nos explica lo que no se debe hacer, lo cual coincide significativamente con muchas de las cosas realizadas por Martín Fierro en La Ida. En cambio, este último nos dice lo que sí hay que hacer, corrigiendo su propio pasado (sus malos hábitos).

    Mientras que Vizcacha enseña, como tutor, al hijo menor de Fierro, el protagonista del relato se encarga del mayor. Sin embargo, a pesar de que el objetivo era que ambos hijos alcanzaran igual desarrollo, la contraposición entre el tipo de consejos de Vizcacha y Fierro se ven cuando el mismo hijo de Fierro se da cuenta que no aprendería nada de él. De este modo, nos dice: “¡Pero qué habría de aprender /al lado de ese viejo paco, /que vivía como el chumaco / en los bañaos, como el tero; /un haragán, un ratero, /y más chillón que el barraco!”

     De este modo se desmerecen los consejos de Vizcacha: no es su sabiduría la que debe seguir el oyente cuando aconseja cosas tales como: hacerse amigo del juez por conveniencia, quedarse en el lugar donde uno nació, no creer en lágrimas de mujer, la memoria, no compartir, andar por conveniencia, el hecho de que la mujer es considerada como un bicho, saber guardar. No son de fiar estos consejos inspirados en animales (recordemos que su nombre es el de un animal, y que él roba animales). A modo de ejemplo, Vizcacha nos dice: “tiene el corazón como barriga de sapo” (refiriéndose a la mujer); “cada lechón en su teta es el modo de mamar”; “lo que más precisa tener es la memoria del burro”.

    Lo que en Vizcacha es falta de escrúpulos puede tomarse por cinismo por parte de Hernández; sin embargo, esto por el lector común es tomado por verismo, por espontaneidad campechana de Vizcacha. Es importante remarcar que Hernández prioriza, como marca Tulio Halperín Donghi, al público iletrado por sus intenciones pedagógicas.

      En distinta dirección corren los consejos de Fierro, que van de la mano con la ley: no robar, no matar, no beber, trabajar, y ser moderado y prudente son sus pilares. La experiencia ha dicho a Fierro que hay que vivir con precaución, sin codicia ni miedos, aprender cosas nobles, ver los buenos aspectos de las gentes, cosechar la amistad y la hermandad, respetar a los ancianos, cuidar la astucia como guía, proceder con juicio, no ofender a las mujeres, y cantar con sentimiento verdadero.

      Algunas citas que aluden a esto son : “Se debe ser más prudente  /cuanto el peligro es mayor; /siempre se salva mejor /andando con advertencia, /porque no está la prudencia, /reñida con el valor”; “El trabajar es la ley,/ porque es preciso alquirir;/ no se espongan a sufrir/ una triste situación,/ -sangra mucho el corazón/ del que tiene que pedir-.”; “Debe trabajar, el hombre,/ para ganarse su pan,/ pues la miseria, en su afán/ de perseguir de mil modos,/ llama en la puerta de todos,/ y entra en la del haragán.”

     

     

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