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Publicado por Valeria vale@jj72.org

El gaucho como tipo social y como personaje

 

1.   Para comenzar con esta primera cuestión, cabe aclarar que los rasgos que temáticamente constituyen la imagen del gaucho en Martín Fierro van evolucionando conforme a la transformación del protagonista y de sus experiencias a través de la historia. Para facilitar la comprensión de estas metamorfosis, hemos dividido la historia en distintas etapas y describiremos las características del personaje principal propias de cada una.

En un principio Fierro, realizando una retrospección en el relato de su historia, nos introduce en el primer estilo de vida gauchesca a considerar. Se describe a los gauchos como trabajadores de la actividad ganadera, miembros de una familia constituida, bien tratados por los patrones, poseedores de horas de ocio repartidas entre charlas y bebidas. En fin, contaban con un buen pasar. Estos gauchos no eran problemáticos y no generaban disturbios salvo que fueran agraviados.

En el inicio del relato, la situación anterior se ve modificada. Así nos introduce el propio Martín Fierro: "...y que usté quiera o no quiera,/ lo mandan a la frontera/ o lo echan a un batallón./ Ansí empezaron mis males,/ lo mesmo que los de tantos."

De esta manera, comienza una segunda etapa en la vida del protagonista en la cual, como refiere en la cita antes mencionada, es enviado a un fortín en la frontera como soldado para ocupar y defender el límite del país. En este período el gaucho es definido como una víctima, sufriendo el robo de sus pertenencias, la falta de pago de salario, hambre, falta de vestimenta adecuada y un sinfín de padecimientos, siendo sus victimarios el Estado y sus representantes. Hernández, de alguna manera, martiriza a su personaje, como sostiene Halperin Donghi, al afirmar que cuando el autor relata ciertos hechos, como la impasividad de Fierro ante su condena y envío a la frontera o su partida con sus mejores atuendos y pertenencias y otros ejemplos similares, lo único que logra es sumergir a su personaje y su historia en la inverosimilitud.

Como la tortura del fortín parecía no terminar jamás, el gaucho escapa y, ahora como desertor, vuelve a sus pagos fuera de la ley. De aquí en adelante toma las características propias del denominado "gaucho matrero". Desde entonces se destaca por ser un desposeído sin tierra ni techo, sin familia ni trabajo. Un hombre errante de las pampas descrito como un vándalo y buscapleitos. Aquí también se introduce el carácter homicida, ya que asesina a dos hombres resultado de peleas evitables (una, comenzada por él). Sin embargo, según Donghi, Hernández ejerce una retórica impune que responsabiliza a la sociedad y no al sujeto criminal, justificando así las barbaridades cometidas por Fierro, y también manteniendo la línea de víctima e, implícitamente, criticando a una sociedad que pervierte a sus hijos.

En La Vuelta, se establecen los rasgos definitivos de un Fierro reformado. Al retornar de su estadía con los indios, vemos un cambio radical entre lo que es y lo que fue antes de irse. Ahora, vuelve con esperanzas de asentarse y conseguir trabajo, de encontrar a su familia y de hacer las paces con la sociedad. Su actitud, ya no es crítica respecto de la comunidad y el Estado como antaño, se encuentra resignado, y de ello vemos como símbolo la ruptura de la guitarra. Como sostiene Halperin Donghi, Fierro vuelve a representar la figura que “había cultivado en aquel mundo inocente y feliz previo a su caída”. Estos rasgos, que se ven especialmente en la actitud que toma el protagonista al contrapuntear con el Moreno, logran reaparecer porque “ha completado ya un proceso de autopurificación que ha liberado su alma de todo aquello con que la injusta desdicha logró por una etapa contaminarla. El tiempo de cantar su desdicja por consiguiente ha pasado ya (...) y en la payada se esfuerza con éxito por recuperar el arte poético que aprendió cuando el mundo y él eran igualmente inocentes”.

A su vez, la figura del gaucho se ve representada a través de otros dos personajes: el viejo Viscacha y Picardía. El primero es un ejemplo de lo que sería el gaucho timador, haragán, embustero. El segundo, por otro lado, da cuenta de su pasado de estafador pero siendo conciente de que había cometido un error al comportarse de esa manera, que era moralmente incorrecto y que a la larga había sufrido el castigo como consecuencia de dichas actitudes; y había decidido cambiar.

Mediante estas caracterizaciones de la figura del gaucho, se puede extraer como conclusión que Hernández confiaba en la posibilidad de progreso personal y toma de conciencia de estos personajes. Este proceso, además, va de la mano con la identificación del autor con su protagonista, cuyos rasgos va modificando según la intencionalidad de su relato, basada en su posición respecto de la vida política del país en cada etapa (esto se ve claramente en la parte final del libro, cuando la nueva actitud de Fierro es el reflejo del conformismo del autor frente al orden que anteriormente había denunciado mediante el modo de obrar del gaucho reacio al sistema). Este aspecto es blanco de diversas interpretaciones a las que Halperin Donghi hace alusión en su análisis: una de ellas se da como respuesta a la postura que ve a la actitud de Fierro en la Vuelta como una resignación que significa la asunción de la derrota. Frente a esta idea, Halperin Donghi realza la idea de que esta derrota se ve anulada por “un triunfo obtenido en un plano distinto y más alto” (el abandono de la violencia a favor del diálogo).

Por otro lado, desde el Estado se describe una imagen totalmente diferente del gaucho: se lo cataloga de vago, haragán, vicioso, marginal, improductivo, en definitica, un mal ejemplo para el resto de la sociedad y una parte indeseable de ella. De esta forma, el Estado establece con él una relación utilitaria: el gaucho le sirve como carne de cañón, en la lucha contra el indio, en las peleas de frontera. Se lo ve como miembro de una clientela política manipulable, como una herramienta para mantener la situación establecida. Debido a su ignorancia, el gaucho representa, de hecho, un sujeto manejable. Esto último se ve con claridad en la forma en que el hijo segundo de Martín Fierro es engañado por las autoridades con respecto a la edad en la que podría, según la ley, gozar de sus propiedades (se le dice que sería a los treinta años cuando realmente era a los veinticinco).

 

 

2. La elección de este personaje se apoya básicamente en dos ejes. Por un lado, en la identificación del autor con el personaje, siendo paralelas la situación que Hernández vive en el exilio con la marginalidad, la calidad de paria del gaucho. Por el otro, se trata de una función concientizadora, por lo cual se opta por un personaje popular para poder llegar a un auditorio determinado, el pueblo justamente, que en su mayoría es analfabeto y ve su situación reflejada en los sufrimientos del protagonista. De todas maneras, luego de un tiempo, el texto es leído por un público ilustrado y, más tarde aún, llega a los ojos de todo el país.

Cuando escribe la Ida, José Hernández se encuentra en una posición muy desprestigiada: sufría el castigo del exilio y sus ideales y aspiraciones políticas se veían turbadas por la situación que estaba enfrentando. Es por esto que según algunos autores, el escritor se ve identificado en la figura del gaucho. Ambos son, de una forma u otra, excluidos sociales, comparten un destino desdichado y no poseen esperanzas de un futuro mejor. Es por eso que, a través del relato de la vida de Martín Fierro, el autor halla una buena forma de manifestar su rebeldía y su desprecio por el estado en que estaban las cosas en ese entonces.

Muy diferente a la situación anterior es la que coincide con la creación de la Vuelta. Hernández, que ya no era víctima del exilio, había decidido rehacer su carrera política y, obviamente, su arma más efectiva para cumplir aquel fin era la pluma. Y así pudo manifestar su nueva postura en la cual redefinía sus opiniones insertándose en el modelo que hasta ese entonces había criticado. De esta manera, vio en esta segunda parte de la historia la necesidad de reconstruir su imagen sin hacer hincapié en la rebeldía del gaucho, sino que a través del mensaje moralizador: así es que Martín Fierro pierde voz y protagonismo. Según Martínez Estrada, "el personaje de su obra contiene vivencias propias del autor; no su biografía, ni su carácter, pero sí como símbolo,.Hernández ha puesto en él el desahogo de su vida agitada y solitaria".

En el otro eje, vemos como el vocabulario, los caracteres y todo lo que hace a la forma de expresión de Martín Fierro pretende guardar verosimilitud para poder de esta forma acercarse a su auditorio. Muy diferente habían sido las creaciones de Ascasubi y Del Campo. El primero había orientado su literatura a objetivos políticos en un contexto de fuertes luchas políticas entre dos bandos claramente diferenciados: unitarios y federales. Mediante el lenguaje popular como vía directa hasta los ojos de las masas, pretendía introducir en ella su visión. Sin embargo, no se veía la identificación con los personajes como se dio luego con Hernández y su obra. Del Campo, por otro lado, fue partícipe del momento en que la gauchesca abandonó su papel de herramienta de difusión de ideas políticas, cuando el género ganó autonomía y se constituyó en una forma de presentar al personaje popular como rústico y cómico, logrando así, especialmente en su Fausto, una doble burla, tanto al gaucho tildado de ignorante como a la artificialidad y poca naturalidad de las clases “civilizadas” urbanas.

 José Hernández renueva con este texto su alianza con las clases populares, abriendo las puertas de un nuevo tipo de literatura gauchesca,  y no lo podría haber hecho sin elegir un personaje popular con el cual identificarse y encontrar un modo de reflejar, a través de los sucesos de su vida, su punto de vista respecto de la situación de entondes. En Martín Fierro se reúnen todas las características del gaucho y Hernández las logra manejar excelentemente, logrando, por ejemplo, presentar una faceta de mártir y una de cruel sin compasión, a la vez.

El efecto que produce esta elección es el de familiaridad e identificación con este personaje,  que, como ya hemos dicho, logra a través del lenguaje utilizado y de la aplicación de los caracteres mencionados: el lenguaje era el utilizado y por ende comprendido por los habitantes del campo, las costumbres podían ser vistas a diario en el mismo y los hechos narrados eran comunes. Por eso, su gran originalidad radica en relatar "males que conoces todos pero que naides contó.

Según Jorge Luis Borges, un personaje como Martín Fierro sólo puede surgir en la Argentina y Uruguay. Fue necesario para la formación de este género el carácter urbano de Buenos Aires y Montevideo en conjunción con La Pampa y las cuchillas. Son necesarias las guerras: de independencia, con Brasil, las civiles, las que hacen que la cultura civil se compenetrara con el gauchaje.

 

3) A principios del siglo XX, Argentina se encuentra ante la presencia de un enorme contingente de inmigrantes: cantidades y cantidades de extranjeros pisaron por primera vez el suelo argentino en busca del buen pasar que se les era negado por diversas razones en sus países de origen. Ante este fenómeno, el país se vio en presencia de una gran variedad cultural, de un menjunje de nacionalidades diferentes y, por ende, se buscaba controlar este fenómeno para que fuese posible la creación de una verdadera identidad nacional única.

Viendo esta urgencia, y como la literatura siempre ha sido un arma de difusión de ideas de lo más efectiva, a través de su uso se busca hallar un héroe, un tipo nacional que reúna los valores que se pretendía signar como característicos de esa identidad nacional que se intentaba fundar en la sociedad. Y, obviamente, para toparse con un héroe es necesario contar con un poema épico; al igual que Grecia con Ulises, Roma con Eneas, España medieval con el Cid Campeador, etc. Argentina encuentra este poema épico en Martín Fierro. Escribe Leopoldo Lugones que "todo poema épico es expresión de la vida heroica de una raza. En la formación de la nuestra los payadores gauchos serían los personajes claves, los más significativos, ya que en su actividad confluyeron las empresas de justicia, venganza y belleza".

Actualmente, el libro sigue manteniendo esa posición de poema épico que se ganó tiempo atrás, y, naturalmente, continúa siendo blanco del incansable análisis: se estudia la figura del gaucho, la intencionalidad con la que el texto fue escrito, la relación de aquel entonces con la sociedad de hoy en día y sus conflictos.  Según otros autores como Bonasso, "Martín Fierro es un marginado de aquella generación del ´80. Hoy existen millones de Martín Fierro condenados por la modernidad. La protesta de Martín Fierro está aún vigente". Creemos que esta última opinión es una nueva lectura, si bien válida, moderna, y no creemos que el texto en su origen haya tenido un contenido tan eminentemente político como sugiere el autor anterior. Félix Luna rechaza la opinión de Bonasso, diciendo "representa a algunos argentinos de su época, pero no creo que represente a los argentinos de hoy". Otros autores recalcan su papel como obra literaria, pero creen que como modelo no representa las mejores cualidades de la Argentina.

Es de gran importancia destacar que sólo fue establecido como libro nacional recién en la segunda década del siglo XX, por Lugones y Rojas. La escuela, muy popular en la primera mitad del siglo XX, contribuyó a esta valoración.

Es evidente que la mayoría de las lecturas políticas tienen un carácter moderno y no se basan en el contexto en el que fue escrito la obra, ni a su vez representa las luchas de los marginados a una escala que algunos autores pretenden darle.

De todas maneras, es importantísimo recalcar que la vigencia de este texto, en especial en el ámbito educativo, se debe también a que contiene una enseñanza muy profunda y marcada, en especial en cuanto a las consideraciones morales que se resaltan en la Vuelta, así como a la forma en que se da a entender que es posible superar las dificultades y los errores a los cuales deben hacer frente las personas a lo largo de su vida. Y aquí el carácter popular del texto contribuye a que hoy en día esta identificación, esta complicidad con el ya tradicional personaje literario siga vigente y continúe llegando a todo aquel que tenga la oportunidad de pasar por la experiencia de concurrir al colegio.

 

 

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