ilosofía de la Liberación, una mirada crítica a sus postulados
Me pareción importante tratar el tema de la cultura latinoamericana y sus condiciones de posibilidad para volver encontrarle un espacio que a veces suena vacío, como es el tema de la Liberación. Esto se pensó sobre todo en la década del 70 y se continúa en estos días.
Agregado: 03 de FEBRERO de 2005 (Por
Mario Rodríguez) | Palabras: 2634 |
Votar! | 1 voto | Promedio:
(9 / 10) |
Sin comentarios |
Agregar ComentarioCategoría:
Apuntes y Monografías >
Filosofía >
Publicado por Mario Rodríguez mariodrodriguez@arnet.com.ar
Seminario: Filosofía de la Liberación. Una mirada crítica a sus postulados
Tema: Cultura y Liberación
Introducción:
Me pareció importante tratar el tema de la cultura y la liberación como un volver a encontrarle un espacio aparentemente todavía un tanto polémico que muchas veces nos suena vacío y que nos obliga en cierta manera a pensar con cabeza propia. Este es el espacio de la liberación, de un estado de cosas que debe posibilitar la emancipación. Mas concretamente es la realidad la que nos obliga y entiendo que la filosofía de la liberación intenta reubicar la reflexión filosófica en un sentido nuevo, en el sentido de pensarnos y asumirnos posibles dentro de un marco cultural y humano.
Creo que una de las aristas necesarias para enmarcar una problemática en el tratamiento de la filosofía latinoamericana tiene que ver con los postulados de la filosofía de la liberación, puesto que una de las cuestiones que se propone la misma es volver a un tratamiento sistemático y completo de su relación con la cultura propia y la necesidad de la crítica como herramienta indispensable para concebir un lugar de enunciación desde donde hacer efectivo no sólo un discurso liberador sino también retomar el re-significar de lo que es pensarnos como oprimidos y excluidos del horizonte del discurso hegemónico, buscando así un nuevo rol en el espacio del discurso filosófico recuperando el contexto cultural para posibilitar la reflexión hacia un proyecto liberador “desde afuera” de la totalidad cultural hegemónica.
Lo más inmediato en la dirección hacia esa cultura humanizante, es ese empeño por la erradicación de la alienación histórica y las raíces que la originan. La idea de este trabajo es tratar de mostrar cómo la noción de cultura al ser re-significada, es decir, al ser considerada fuera de la práctica funcional mercantilista del sistema hegemónico y recuperada, puede ser un medio que permita alcanzar la apertura hacia el encuentro de nuevos horizontes de comprensión (intersubjetivo) y de resistencia. Es de destacar la importancia de ese encuentro, para también re-significar el papel del filósofo, que al decir de Fornet-Betancourt, “se demanda del filósofo, el encuentro con su suelo cultural como criterio posible para discernir de ese fondo el sentido de la filosofía en América Latina”.
Mostraré lo que creo que la filosofía debería tener: ese sentido de búsqueda tan proclamado y tan demandado al nivel de compromiso. Y es al nivel de compromiso lo que se debe alcanzar con la búsqueda y encuentro de la cultura con el Otro, criterio antropológico fundamental que permite enmarcar tres perspectivas de la subjetividad del latinoamericano: una perspectiva metafísica, una segunda perspectiva antropológica atada a la demanda del Otro y una perspectiva ético-política que da respuesta a una “utopía factible”.
Consideraciones generales: cultura y posibilidad.
Se hace necesario convertir a veces el deseo utópico en algo que más se acerque a la realidad, y en ese sentido la filosofía de la liberación aparece como expresión fundante de un humanismo que exige la apertura, afirmación y consolidación de un proyecto de bien común enquistado en lo más profundo de la autenticidad de nuestra cultura que se expresa en la liberación de la vida misma. “Es en la praxis liberadora donde late el logos sapiencial de una sabiduría popular que encarna el ethos del pueblo”
Debemos considerar primero para todos lo que intentan, de una manera u otra pensar la problemática latinoamericana, y que buscan una salida a la misma, que es posible la liberación del pueblo latinoamericano si es posible tomar conciencia de que la inmensa mayoría del mismo es excluida de todo bien material, de todo poder de decisión de cuestiones fundamentales, y que es a través de esta conciencia que se puede cumplir con el rescate de ese bien más preciado que es la vida misma.
Es decir antes que nada: negar los principios de exclusión y opresión es una cuestión de supervivencia. Es un principio ético por sobre todas las cosas. “Ahí radica la posibilidad de descentrar la filosofía y de abrirla consiguientemente a las experiencias humanas radicales de otras culturas”
Es lo que la filosofía va a rescatar desde el punto de vista ontológico con la idea de diversidad, como primer momento. La noción ontológica de un Hay como diversidad excluida, como sujetos alienados que se ponen en marcha para rescatar la vida misma (el bien) imposibilitada por la totalidad totalizante, es “desde donde” parte el rescate de la cultura, que es el medio, a mi consideración, que tiene que ver con la propia capacidad de supervivencia, en tanto así recobre su autenticidad.
Como segundo momento necesario remarcaré: la necesidad de dar respuesta con el Otro desde la negatividad y búsqueda de la identidad, afirmación, validez y mutua aprendizaje para poder crear un ámbito de (lo común).
Y un tercer momento que tiene que ver con hacer posible un proyecto común hacia la liberación latinoamericana. Momento este que tiene que ver con lo ético político, pero también con lo social, económico y cultural. Es el mismo que busca la consolidación de nuestra cultura (bien común)
Apertura ético-crítica con la cultura
Hay que destacar que en el esquema de expresión ontológica liberador no hay di-ferencia de lo mismo, como en la totalidad hegemónica, sino que hay diversidad. En ese sentido podemos establecer dos características que nos ayudarán a comprender el lugar que la misma diversidad ocupa en el pensamiento latinoamericano, poniendo en el centro de la escena la crítica como impulso creador de espacios discursivos. Desde el punto de vista ontológico y epistemológico es importante destacar el aspecto ético comunitario que define una eticidad, que es la totalidad concreta del mundo, del horizonte cultural; esto por una parte, y el ethos, en el sentido de un sistema de virtudes o hábitos culturales, por el otro. Estas dos nociones nos resolverán el punto de partida inicial: la vida misma que es imposible bajo el dominio de los principios de exclusión y dominación, característicos de una totalidad hegemónica, porque no permite reafirmar la noción del Otro culturalmente existente, naturalmente próximo y necesariamente diverso y libre.
En este esquema de expresión crítico posibilitante de una nueva realidad, la pregunta sería: si las víctimas de este sistema sufren las consecuencias de la exclusión y la marginación, después del proceso de liberación ruptural (social, económica, política, etc) ¿se puede hablar de bien común, en un momento posterior a la liberación? o ¿en que sentido puede ser utilizado el término cultura? Creo que debe hablarse de bien en un sentido de factibilidad, en un primer momento, como algo a alcanzar, es decir trata de demostrar fehacientemente lo que para otros es la utopía pero que para nosotros debe ser lo “factible”, es decir crear condiciones de posibilidad para que así lo sea. La crítica permite hablar de condiciones subjetivas y objetivas para la liberación porque pone en juego desde un primer momento la vida misma, la relación y el encuentro con el Otro, y la maduración de una conciencia emancipatoria como hechos posibles y concretos para el rescate de la cultura misma, desde donde se debe elaborar un lugar de enunciación hacia lo Otro, como lo nuevo, lo que se debe alcanzar, el bien. Dussel, con su fundamentación analéctica para una filosofía de liberación, muestra una intencionalidad en su pensamiento que puede definirse como ruptural del orden vigente, y es por lo tanto que se propone una ética como filosofía primera que puede recuperar ese lugar perdido por el pueblo latinoamericano, desde un “desde donde” y un “hacia donde”, conceptos absolutamente necesarios para proceder a asumir cierta intersubjetividad que demuestra la incompatibilidad del orden vigente y la posibilidad de la “utopía factible”. Todo proceso de transformación cultural puede definir un telos, una teleología que demuestre un “hacia”, como motivo de natural conciencia emancipatoria y desde ese punto de vista el sentido de la idea de bien es, a su vez, génesis o punto de arranque para determinar toda crítica ética y la toma de conciencia, por el oprimido, de la negatividad de la relación con el espacio hegemónico. Al decir de Dussel: “Ésta es una ética de la vida. La negación de la vida humana es ahora nuestro tema. El punto de arranque fuerte, decisivo de toda crítica, es la relación que se produce entre la negación de la corporalidad, expresada en la corporalidad de las víctimas, y la toma de conciencia de dicha negatividad”
El rescate de la cultura popular como bien es en cierto modo no sólo una toma de conciencia en un plano material hacia la transformación, sino también una reconciliación con el Otro, una búsqueda del encuentro en la relación, un redescubrimiento, una responsabilidad con el Otro, en el cara-a-cara permanente. El bien está allí, en y con el Otro, ocupa un lugar para definir nuestra identidad como personas y como latinoamericanos. Pero es un encuentro racional no vitalista en abstracto. La vida humana no es nunca lo Otro que la razón, sino que es la condición absoluta materia esencial de la racionalidad. El bien es también validez, al ser condición de posibilidad, es lo que se expresa en la relación con el Otro. Ya la noción de cultura de la liberación no es un concepto abstracto sino que tiene una carga fuerte del bien como felicidad, libertad y como responsabilidad para con el Otro, que obliga permanentemente; se puede pensar con Levinas: “el rostro del Otro aparece como violencia por la demanda de mí”. Podríamos enmarcar a la cultura y liberación dentro del concepto distinto de la dualidad cuerpo-alma. “La libertad no es del cuerpo o del alma, sino que es del hombre en su totalidad como ser autónomo. Es un ethos distinto: no es un ethos dualista, sino un ethos de la libertad y de la liberación”
Antropología y proyecto común de liberación
Con estas nociones de apertura “hacia”, aparece el hombre concreto en toda su dimensión. El hombre es el lugar donde puede producirse la cultura en concreto, el encuentro, la relación fraterna y responsable, motivo que tiene que ser permanente de reflexión, de la filosofía de la liberación. El hombre es la posibilidad de alcanzar la cultura, el bien, la bondad, la felicidad con los demás. Se ve así claramente el sentido universalista y humanista del filósofo de la liberación. Hacia esa liberación está destinada América y el mundo oprimido en general, ese es en primera instancia el sentido de lo común y para ello es necesario fundar una nueva ética para reconocernos y para fundamentar una política “capaz de hacer patente la alteridad y el camino a seguir”.
Todo alcance de una propuesta sobre lo común va a determinar un momento ruptural necesario y otro momento ético-político indispensable sobre lo que hay que reconstruir después de de-construir: “El proyecto de liberación de los oprimidos y de los excluidos se abre desde la exterioridad del Otro, más allá de toda situación dada” ¿Es posible pensar más allá de la praxis común de liberación, sin que se parezca una mera apariencia humanista? ¿Es posible inventar la construcción en común de una sociedad de nuevos valores?. Todas preguntas que deben encontrar en la filosofía un intento de responder desde la cotidianeidad de la vida diaria y que rescata, en ese descubrir, la vida misma como lo común o anterior a cualquier análisis, fundamento de una razón ética originante, y que va a confrontar lo hegemónico para terminar universalizando la relación fraterna de los hombres, posibilitada por la emancipación. “La construcción de alternativas, aún si fuera necesaria, la de la utopía histórica, no es aplicación de un modelo ideal o trascendental, sino como un descubrimiento responsable como respuesta a la interpelación del Otro, en un lento proceso prudencial, donde el filósofo debe tomar en serio las motivaciones éticas de la liberación de los oprimidos y excluidos”
Conclusión
La idea de cultura como bien común recorre el camino que nos propusimos, que fue verlo en tres aspectos necesarios: en lo metafísico, fundante de una ética como filosofía primera y necesariamente diversa; en lo subjetivo, como rescate del humano Otro y un proceso conciente de rescate de la identidad y lo ético-político, como proyecto de una filosofía factible.
La idea de bien común, lo bueno y lo justo, nos pone en un desafío humano no sólo a alcanzar sino a un despertar sobre lo propio, en el proceso de liberación necesario para Latinoamérica. Creo que es posible avanzar remarcando las virtudes aristotélicas necesarias: rectitud y responsabilidad que nos ponen a las puertas de la conciencia intersubjetiva y movilizadora de la praxis de la liberación. Pero hay un aspecto intermedio en el encuentro con el Otro que es el rescate del aspecto cultural, o lo popular latinoamericano que reafirma la identidad (aspecto de validez práctica). Al decir de Kusch: “la cultura se reduce muchas veces a encontrar algo como el fundamento y poder fijar así un itinerario” No debe esperarse el momento culminante de la praxis de la liberación para actuar, sino que es importante comenzar ahora a mirarnos profundamente nuestros rostros y nuestras cosas e historias comunes que tenemos con los demás pueblos, para demoler las barreras que impiden ese encuentro. Lo necesario es rescatar la vida misma y la humanidad por sobre todas las cosas: la idea de bien común, en ese sentido.
Si la autorrealización pasa por la emancipación, por las condiciones que posibilita y por el empeño en un proyecto emancipador y universalista, también necesita de la autorrealización de los individuos, o de individuos en tensión transformadora: si ellos no asumen personalmente las autoexigencias para la autorrealización solidaria, sino hacen suya su propia autorrealización como tarea vital que ineludiblemente les incumbe, y que sólo cada uno de ellos puede emprender como cause para afirmar existencialmente el sentido de la vida, a pesar y contra la muerte, entonces el ideal emancipatorio se ve desfondado y bloqueado. Se puede concluir, por ello, que “desde la realidad concreta de los individuos, culturalmente mediada en su existencia social, mas no por eso menos individual, es en el interés emancipatorio y en el interés por ser (más plenamente humanos) donde radican las bases antropológicas de una cultura humanizante”. Que esta se dé depende de ellos, de sus opciones social y políticamente mediadas, desde las cuales se puedan activar los potenciales utópicos que en cada momento se generan y se heredan.
Mario Rodríguez
Estudiante de Filosofía
Universidad Nacional de Córdoba,
Argentina
mariodrodriguez@arnet.com.ar
Bibliografía de consulta:
Dussel, Enrique. Desintegración de la cristiandad colonial y liberación. Ediciones Sígueme. Salamanca. España. 1978.
Dussel, Enrique. Ética de la liberación en la edad de la globalización y la exclusión. Editorial Trotta. España. 1998.
Dussel, Enrique. La ética de la liberación. Ante el desafío de Apel, Taylor y Vattimo, con respuesta crítica inédita de K-O. Apel. Universidad Autónoma del Estado de México. 1998.
Dussel, Enrique. La problemática del bien común en el pensar griego hasta Aristóteles. Depto. Extensión universitaria y ampliación de estudios. U.N.N.E. Chaco. Argentina. 1968.
Dussel, Enrique. Método para una filosofía de la liberación. Ediciones Sígueme. Salamanca. España. 1974.
Fornet- Betancourt, Raúl. El estado de la cuestión. “La pregunta por la filosofía latinoamericana. UNAM. México 1992.
Kusch, Rodolfo. Esbozo de una antropología filosófica americana. Ediciones Castañeda. Buenos Aires. 1974.
Levinas, Emmanuel. Totalidad e infinito. Ensayo sobre la exterioridad. Ediciones Paidós. España. 1987.
Pérez Tapia, José Antonio. Filosofía y crítica de la cultura. Ediciones Trotta. España. 1997.
Zea, Leopoldo. La filosofía como compromiso. Biblioteca Ayacucho. Venezuela. 1991.
Powered by Coranto