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Catalogado en base de datos como: El ojo del poder - El panóptico: no es examen, es material de lectura
Agregado: 03 de FEBRERO de 2005 (Por Gustavo) | Palabras: 6931 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario
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    Michel Foucault

    El ojo del poder

    “El ojo del poder”,

    Entrevista con Michel Foucault, en Bentham, Jeremías: “El Panóptico”,

    Edición:

    eBooket

    www.

    eBooket.net

    2

    Jean-Pierre Barou:

    siglo XVIII que ha permanecido desconocida. Sin embargo, tú has escrito una serie de

    frases sobre ella tan sorprendentes como éstas: “Un acontecimiento en la historia del

    espíritu humano”, “Una especie de huevo de Colón en el campo de la política”. Por lo que

    se refiere a su autor, el jurista inglés Jeremías Bentham, lo has presentado como el

    “Fourier de una sociedad policial”.

    has descubierto

    El Panóptico de Jeremías Bentham es una obra editada a finales del(1) Para nosotros es un misterio. Pero, explícanos, cómoEl Panóptico.

    Michel Foucault:

    estudio sobre la arquitectura hospitalaria de la segunda mitad del siglo XVIII, en la época

    en la que se desarrolla el gran movimiento de reforma de las instituciones médicas.

    Quería saber cómo se había institucionalizado la mirada médica; cómo se había inscrito

    realmente en el espacio social; cómo la nueva forma hospitalaria era a la vez el efecto y el

    soporte de un nuevo tipo de mirada. Y examinando los diferentes proyectos

    arquitectónicos posteriores al segundo incendio del Hotel-Dieu en 1972 me di cuenta

    hasta qué punto el problema de la total visibilidad de los cuerpos, de los individuos, de las

    cosas, bajo una mirada centralizada, había sido uno de los principios básicos más

    constantes. En el caso de los hospitales este problema presentaba una dificultad

    suplementaria: era necesario evitar los contactos, los contagios, la proximidad y los

    amontonamientos, asegurando al mismo tiempo la aireación y la circulación del aire; se

    trataba a la vez de dividir el espacio y de dejarlo abierto, de asegurar una vigilancia que

    fuese global e individualizante al mismo tiempo, separando cuidadosamente a los

    individuos que debían ser vigilados. Había pensado durante mucho tiempo que estos eran

    problemas propios de la medicina del siglo XVIII y de sus concepciones teóricas.

    Después, estudiando los problemas de la penalidad, he visto que todos los grandes

    proyectos de remozamiento de las prisiones (que dicho sea de paso aparecen un poco

    más tarde, en la primera mitad del siglo XIX), retornaban al mismo tema, pero ahora

    refiriéndose casi siempre a Bentham. Casi no existían textos ni proyectos acerca de las

    prisiones en los que no se encontrase el “invento” de Bentham, es decir, el “panóptico”.

    El principio era: en la periferia un edificio circular; en el centro una torre; ésta aparece

    atravesada por amplias ventanas que se abren sobre la cara interior del círculo. El edificio

    periférico está dividido en celdas, cada una de las cuales ocupa todo el espesor del

    edificio. Estas celdas tienen dos ventanas: una abierta hacia el interior que se

    corresponde con las ventanas de la torre; y otra hacia el exterior que deja pasar la luz de

    un lado al otro de la celda. Basta pues situar un vigilante en la torre central y encerrar en

    cada celda un loco, un enfermo, un condenado, un obrero o un alumno. Mediante el

    efecto de contra-luz se pueden captar desde la torre las siluetas prisioneras en las celdas

    de la periferia proyectadas y recortadas en la luz. En suma, se invierte el principio de la

    mazmorra. La plena luz y la mirada de un vigilante captan mejor que la sombra que en

    último término cumplía una función protectora.

    Sorprende constatar que mucho antes que Bentham esta preocupación existía ya. Parece

    que uno de los primeros modelos de esta visibilidad aislante había sido puesto en práctica

    en la Escuela militar de París en 1755 en lo referente a los dormitorios. Cada uno de los

    alumnos debía disponer de una celda con cristalera a través de la cual podía ser visto

    toda la noche sin tener ningún contacto con sus condiscípulos, ni siquiera con los criados.

    Estudiando los orígenes de la medicina clínica; había pensado hacer un

    3

    Existía además un mecanismo muy complicado con el único fin de que el peluquero

    pudiese peinar a cada uno de los pensionistas sin tocarlo físicamente: la cabeza del

    alumno pasaba a través de un tragaluz, quedando el cuerpo del otro lado de un tabique

    de cristales que permitía ver todo lo que ocurría. Bentham ha contado que fue su hermano

    el que visitando la Escuela militar tuvo la idea del panóptico. El tema de todas formas

    estaba presente. Las realizaciones de Claude-Nicolas Ledoux, concretamente la salina

    que construye en Arc-et-Senans, se dirigen al mismo efecto de visibilidad, pero con un

    elemento suplementario: que exista un punto central que sea el lugar del ejercicio y, al

    mismo tiempo, el lugar de registro del saber. De todos modos si bien la idea del panóptico

    es anterior a Bentham, será él quien realmente la formule, y la bautice. El mismo nombre

    de “panóptico” parece fundamental. Designa un principio global. Bentham no ha pues

    simplemente imaginado una figura arquitectónica destinada a resolver un problema

    concreto, como el de la prisión, la escuela o el hospital. Proclama una verdadera

    invención que él mismo denomina “huevo de Colón”. Y, en efecto, lo que buscaban los

    médicos, los industriales, los educadores y los penalistas, Bentham se lo facilita: ha

    encontrado una tecnología de poder específica para resolver los problemas de vigilancia.

    Conviene destacar una cosa importante: Bentham ha pensado y dicho que su

    procedimiento óptico era

    hecho, dicha innovación ha sido ampliamente utilizada desde finales del siglo XVIII. Sin

    embargo los procedimientos de poder puestos en práctica en las sociedades modernas

    son mucho más numerosos, diversos y ricos. Sería falso decir que el principio de

    visibilidad dirige toda la tecnología de poder desde el siglo XIX.

    la gran innovación para ejercer bien y fácilmente el poder. De

    Michelle Perrot:

    arquitectura como modo de organización política? Porque en último término todo es

    espacial, no solo mentalmente, sino materialmente en este pensamiento del siglo XVIII.

    ¡Pasando por la arquitectura! ¿Qué pensar por otra parte de la

    Foucault:

    problemas de población, de salud, de urbanismo. Antes, el arte de construir respondía

    sobre todo a la necesidad de manifestar el poder, la divinidad, la fuerza. El palacio y la

    iglesia constituían las grandes formas a las que hay que añadir las plazas fuertes: se

    manifestaba el poderío, se manifestaba el soberano, se manifestaba Dios. La arquitectura

    se ha desarrollado durante mucho tiempo alrededor de estas exigencias. Pero, a finales

    del siglo XVIII, aparecen nuevos problemas: se trata de servirse de la organización del

    espacio para fines económico-políticos.

    Surge una arquitectura específica. Philippe Aries ha escrito cosas que me parecen

    importantes sobre el hecho de que la casa, hasta el siglo XVIII, es un espacio

    indiferenciado. En este espacio hay habitaciones en las que se duerme, se come, se

    recibe..., en fin poco importa. Después, poco a poco, el espacio se especifica y se hace

    funcional. Un ejemplo es el de la construcción de las ciudades obreras en los años 1830-

    1870. Se fijará a la familia obrera; se le va a prescribir un tipo de moralidad asignándole

    un espacio de vida con una habitación que es el lugar de la cocina y del comedor, otra

    habitación para los padres, que es el lugar de la procreación, y la habitación de los hijos.

    Algunas veces, en el mejor de los casos, habrá una habitación para las niñas y otra para

    los niños. Podría escribirse toda una “historia

    una “historia

    geopolítica hasta las pequeñas tácticas del habitat, de la arquitectura institucional, de la

    sala de clase o de la organización hospitalaria, pasando por las implantaciones

    Desde finales del siglo XVIII la arquitectura comienza a estar ligada a losde los espacios” -que sería al mismo tiempode los poderes”- que comprendería desde las grandes estrategias de la

    4

    económico-políticas. Sorprende ver cuánto tiempo ha hecho falta para que el problema de

    los espacios aparezca como un problema histórico-político, ya que o bien el espacio se

    reenviaba a la “naturaleza” -a lo dado, a las determinaciones primeras, a la “geografía

    física”- es decir a una especie de capa “prehistórica”, o bien se lo concebía como lugar de

    residencia o de expansión de un pueblo, de una cultura, de una lengua, o de un Estado.

    En suma, se lo analizaba o bien como

    suelo, o bien como aire; lo que importaba era el

    sustrato

    desarrolle una historia de los espacios rurales o de los espacios marítimos. Es preciso

    continuarla sin decirse simplemente que el espacio predetermina una historia que a su

    vez lo remodela y se sedimenta en él. El anclaje espacial es una forma económico-política

    que hay que estudiar en detalle. Entre todas las razones que han inducido durante tanto

    tiempo a una cierta negligencia respecto a los espacios, citaré solamente una que

    concierne al discurso de los filósofos. En el momento en el que comenzaba a

    desarrollarse una política reflexiva de los espacios (finales del siglo XVIII), las nuevas

    adquisiciones de la física teórica y experimental desalojaron a la filosofía de su viejo

    derecho de hablar del mundo, del

    ocupación del espacio por una tecnología política y por una práctica científica ha

    circunscrito la filosofía a una problemática del tiempo. Desde Kant, lo que el filósofo tiene

    que pensar es el tiempo -Hegel, Bergson, Heidegger-, con una descalificación correlativa

    del espacio que aparece del lado del entendimiento, de lo analítico, de lo conceptual, de lo

    muerto, de lo fijo, de lo inerte. Recuerdo haber hablado, hace una docena de años de

    estos problemas de una política de los espacios, y se me respondió que era bien

    reaccionario insistir tanto sobre el espacio, que el tiempo, el proyecto, era la vida y el

    progreso. Conviene decir que este reproche venía de un psicólogo -verdad y vergüenza

    de la filosofía del siglo XIX-.

    o las fronteras. Han sido necesarios Marc Bloch y Fernand Braudel para que secosmos, del espacio finito e infinito. Esta doble

    M. P.:

    señaló Ud. a propósito de la vigilancia en el caso de los militares; de nuevo aparece este

    problema con la familia obrera; es sin duda fundamental.

    De paso, me parece que la noción de sexualidad es muy importante tal como

    Foucault:

    vigilancia escolar, los controles de la sexualidad se inscriben en la arquitectura. En el caso

    de la Escuela militar las paredes hablan de la lucha contra la homosexualidad y la

    masturbación.

    Totalmente de acuerdo. En estos temas de vigilancia, y en particular de la

    M. P.:

    cuya participación social es considerable a finales del siglo XVIII, han desempeñado de

    algún modo un papel de organizadores del espacio? La higiene social nace entonces; en

    nombre de la limpieza, la salud, se controlan los lugares que ocupan unos y otros. Y los

    médicos, con el renacimiento de la medicina hipocrática, se sitúan ente los más

    sensibilizados al problema del entorno, del lugar, de la temperatura, datos que

    encontramos en la encuesta de Howard sobre las prisiones.

    Siguiendo con la arquitectura, ¿no le parece que individuos como los médicos,(2)

    Foucault

    Planteaban cuatro problemas fundamentales:

    regionales, naturaleza de los suelos, humedad y sequedad: bajo el nombre de

    “constitución”, estudiaban la combinación de los determinantes locales y de las

    variaciones de estación que favorecen en un momento dado un determinado tipo de

    enfermedad);

    : Los médicos eran entonces en cierta medida especialistas del espacio.el de los emplazamientos (climasel de las coexistencias (ya sea de los hombres entre sí: densidad y

    5

    proximidad; ya sea de los hombres y las cosas: aguas, alcantarillado, ventilación; ya sea

    de los hombres entre sí: densidad y proximidad; ya sea de los hombres y los animales:

    mataderos, establos; ya sea de los hombres y los muertos: cementerios);

    residencias

    propagación de las enfermedades). Los médicos han sido con los militares, los primeros

    gestores del espacio colectivo. Pero los militares pensaban sobre todo el espacio de las

    “campañas” (y por lo tanto el de los “pasos”) y el de las fortalezas. Los médicos han

    pensado sobre todo el espacio de las residencias y el de las ciudades. No recuerdo quién

    ha buscado en Montesquieu y en Augusto Comte las grandes etapas del pensamiento

    sociológico. Es ser bien ignorante. El saber sociológico se forma más bien en prácticas

    tales como las de los médicos. Guepin ha escrito en los mismos comienzos del siglo XIX

    un maravilloso análisis de la ciudad de Nantes.

    De hecho, si la intervención de los médicos ha sido tan capital en esta época, se debe a

    que estaba exigida por todo un conjunto de problemas políticos y económicos nuevos: la

    importancia de

    el de las(habitat, urbanismo); el de los desplazamientos (emigración de los hombres,los hechos de población.

    M. P.:

    reflexión de Bentham. En distintos sitios dice haber resuelto los problemas de disciplina

    planteados por un gran número de individuos a cargo de unos pocos.

    Es chocante además la gran cantidad de personas que se ven concernidas por la

    Foucault

    acumulación de hombres. Pero mientras que los economistas planteaban el problema en

    términos de riqueza (población-riqueza ya que mano de obra, fuente de actividad

    económica, consumo; y población-pobreza ya que excedente u ociosa), Bentham plantea

    la cuestión en términos de poder: la población como

    dominación. Se puede decir, creo, que los mecanismos de poder, que intervenían incluso

    en una monarquía administrativa tan desarrollada como la francesa, dejaban aparecer

    huecos bastante amplios: sistema lacunar, aleatorio, global, que no entra en detalles, que

    se ejerce sobre grupos solidarios o practica el método del ejemplo (como puede verse

    claramente en el sistema fiscal o en la justicia criminal); el poder tenía pues una débil

    capacidad de “resolución” como se diría en términos de fotografía, no era capaz de

    practicar un análisis individualizante y exhaustivo del cuerpo social. Ahora bien, las

    mutaciones económicas del siglo XVIII han hecho necesaria una circulación de los efectos

    de poder a través de canales cada vez más finos, hasta alcanzar a los propios individuos,

    su cuerpo, sus gestos, cada una de sus habilidades cotidianas. Que el poder, incluso

    teniendo que dirigir a una multiplicidad de hombres, sea tan eficaz como si se ejerciese

    sobre uno solo.

    : Al igual que sus contemporáneos Bentham se encuentra con el problema de lablanco de las relaciones de

    M. P.:

    de un poder semejante.

    Los crecimientos demográficos del siglo XVIII han contribuido sin duda al desarrollo

    J.-P. B.:

    personas como La Fayette, ha acogido favorablemente el proyecto del panóptico? Se

    sabe que Bentham, como premio a sus desvelos, ha sido hecho “Ciudadano francés” en

    1791.

    ¿No es sorprendente entonces saber que la Revolución francesa a través de

    Foucault

    sueño rousseauniano que ha animado a tantos revolucionarios?: el de una sociedad

    : Yo diría que Bentham es el complemento de Rousseau. ¿Cuál es, en efecto, el

    6

    transparente, visible y legible a la vez en cada una de sus partes; que no existan zonas

    oscuras, zonas ordenadas por los privilegios del poder real o por las prerrogativas de tal o

    tal cuerpo, o incluso por el desorden; que cada uno, desde el lugar que ocupa, pueda ver

    el conjunto de la sociedad; que los corazones se comuniquen unos con otros, que las

    miradas no encuentren ya obstáculos, que la opinión reine, la de cada uno sobre cada

    uno. Starobinski ha escrito páginas muy interesantes respecto a este tema en

    Transparencia y el obstáculo

    Lay en La invención de la libertad.

    Bentham es a la vez esto y todo lo contrario. Plantea el problema de la visibilidad, pero

    pensando en una visibilidad totalmente organizada alrededor de una mirada dominadora y

    vigilante. Hace funcionar el proyecto de una visibilidad universal, que actuaría en

    provecho de un poder riguroso y meticuloso. Así, sobre el gran tema rousseauniano -que

    es en alguna medida el lirismo de la Revolución- se articula la idea técnica del ejercicio de

    un poder “omnicontemplativo” que es la obsesión de Bentham. Los dos se unen y el todo

    funciona: el lirismo de Rousseau y la obsesión de Bentham.

    M. P.

    : Hay una frase en el Panóptico: “Cada camarada se convierte en un vigilante”.

    Foucault

    camarada. Véase

    también un camarada.

    : Rousseau habría dicho justamente lo inverso: que cada vigilante sea unEl Emilio: el preceptor de Emilio es un vigilante, es necesario que sea

    J.-P. B.:

    ahora sino que incluso encuentra en el proyecto de Bentham miras humanitarias.

    La Revolución francesa no sólo no hace una lectura próxima a la que hacemos

    Foucault

    para ella será la opinión. Su problema, de nuevo, no ha sido hacer que las gentes fuesen

    castigadas; sino hacer que ni siquiera puedan actuar mal en la medida en que se sentirían

    sumergidas, inmersas, en un campo de visi-bilidad total en el cual la opinión de los otros,

    la mi-rada de los otros, el discurso de los otros, les impidan obrar mal o hacer lo que es

    nocivo. Esto está presente constantemente en los textos de la Revolución.

    : Justamente, cuando la Revolución se pregunta por una nueva justicia el resorte

    M. P.:

    la Revolución: en este momento el problema de las cárceles está a la orden del día. A

    partir de 1770 tanto en Inglaterra como en Francia existe una fuerte inquietud respecto a

    este tema como puede constatarse a través de la encuesta de Howard sobre las prisiones

    traducida al francés en 1788. Hospitales y cárceles son dos grandes temas de discusión

    en los salones parisinos, en los círculos ilustrados. Se ha convertido en algo escandaloso

    el que las prisiones sean lo que son: una escuela del vicio y del crimen; y lugares tan

    desprovistos de higiene que en ellos se muere uno. Los médicos comienzan a decir cómo

    se deteriora el cuerpo, cómo se dilapida en semejantes sitios. Llegada la Revolución

    francesa, emprende a su vez una encuesta de alcance europeo. Un tal Duquesnoy es el

    encargado de hacer un informe sobre los establecimientos llamados “de humanidad”,

    vocablo que comprende hospitales y prisiones.

    El contexto inmediato ha jugado también su papel en la adopción del panóptico por

    Foucault

    oscuro, la pantalla de oscuridad que impide la entera visibilidad de las cosas, las gentes,

    las verdades. Disolver los fragmentos de noche que se oponen a la luz, hacer que no

    existan más espacios oscuros en la sociedad, demoler esas cámaras negras en las que

    : Un miedo obsesivo ha recorrido la segunda mitad del siglo XVIII: el espacio

    7

    se fomenta la arbitrariedad política, los caprichos del monarca, las supersticiones

    religiosas, los complots de los tiranos y los frailes, las ilusiones de ignorancia, las

    epidemias. Los castillos, los hospitales, los depósitos de cadáveres, las casas de

    corrección, los conventos, desde antes de la Revolución han suscitado una desconfianza

    o un odio que no fueron subestimados; el nuevo orden político y moral no puede

    instaurarse sin su desaparición. Las novelas de terror en la época de la Revolución,

    desarrollan todo un mundo fantástico de la muralla, de la sombra, de lo oculto, de la

    mazmorra, de todo aquello que protege en una complicidad significativa, a los truhanes y

    a los aristócratas, a los monjes y a los traidores: los paisajes de Ann Radcliffe son

    montañas, bosques, cuevas, castillos en ruinas, conventos en los que la oscuridad y el

    silencio dan miedo. Ahora bien, estos espacios imaginarios son como la “contra-figura” de

    las transparencias y de las visibilidades que se intentan establecer entonces. Este reino

    de “la opinión” que se invoca con tanta frecuencia en esta época, es un modo de

    funcionamiento en el que el poder podría ejercerse por el solo hecho de que las cosas se

    sabrán y las gentes serán observadas por una especie de mirada inmediata, colectiva y

    anónima. Un poder cuyo recorte principal fuese la opinión no podría tolerar regiones de

    sombra. Si se han interesado por el proyecto de Bentham se debe a que, siendo aplicable

    a tantos campos diferentes, proporcionaba la fórmula de un “poder por transparencia”, de

    un sometimiento por “proyección de claridad”. El panóptico es un poco la utilización de la

    forma “castillo: (torreón rodeado de murallas) para paradójicamente crear un espacio de

    legibilidad detallada.

    J.-P. B.:

    quiere hacer desaparecer.

    Son en definitiva los rincones ocultos del hombre lo que el Siglo de las Luces

    Foucault

    : Indudablemente.

    M. P.:

    panóptico. La mirada fundamentalmente, y también la palabra puesto que existen esos

    famosos tubos de acero -extraordinaria invención- que unen el inspector central con cada

    una de las celdas en las que se encuentran, nos dice Bentham, no un prisionero sino

    pequeños grupos de prisioneros. En último término, la importancia de la disuasión está

    muy presente en el texto de Bentham: “Ës preciso -dice- estar incesantemente bajo la

    mirada de un inspector; perder la facultad de hacer el mal y casi el pensamiento de

    quererlo”. Nos encontramos de lleno con las preocupaciones de la Revolución: impedir a

    las gentes obrar mal, quitarles las ganas de desearlo, en resumen: no poder y no querer.

    Sorprenden también las técnicas de poder que funcionan en el interior del

    Foucault

    fondo, ¿no se trata del problema del precio del poder? El poder, de hecho, no se ejerce

    sin gastos. Existe evidentemente el coste económico, y Bentham lo dice. ¿Cuántos

    vigilantes hacen falta? ¿Cuánto, en definitiva, costará la máquina? Pero está además el

    coste propiamente político. Si se es muy violento se corre el riesgo de suscitar

    insurrecciones; si se interviene de forma discontinua se arriesga uno a dejar que se

    produzcan, en los intervalos, fenómenos de resistencia de un coste político elevado. Así

    funcionaba el poder monárquico. Por ejemplo, la justicia que detenía una proporción

    irrisoria de criminales, argumentaba diciendo: conviene que el castigo sea espectacular

    para que los demás tengan miedo. Poder violento por tanto que debía, mediante el

    ejemplo, asegurar las funciones de continuidad. A esto contestan los nuevos teóricos del

    siglo XVIII: es un poder demasiado costoso y con muy pocos resultados. Se hacen

    : Estamos hablando de dos cosas: de la mirada y de la interiorización. Y, en el

    8

    grandes gastos de violencia que en realidad no tienen valor de ejemplo, se ve uno incluso

    obligado a multiplicar las violencias, de forma tal, que se multiplican las rebeliones.

    M. P.:

    Esto es lo que sucedió con las insurrecciones contra el patíbulo.

    Foucault

    necesidad de armas, de violencias físicas, de coacciones materiales. Basta una mirada.

    Una mirada que vigile, y que cada uno, sintiéndola pesar sobre sí, termine por

    interiorizarla hasta el punto de vigilarse a sí mismo; cada uno ejercerá esta vigilancia

    sobre y contra sí mismo. ¡Fórmula maravillosa: un poder continuo y de un coste, en último

    término, ridículo! Cuando Bentham considera que él lo ha conseguido, cree que es el

    huevo de Colón en el orden de la política, una fórmula exactamente inversa a la del poder

    monárquico. De hecho, en las técnicas de poder desarrolladas en la época moderna, la

    mirada ha tenido una importancia enorme, pero como ya he dicho, está lejos de ser la

    única ni siquiera la principal instrumentación puesta en práctica.

    : Por el contrario, se cuenta con la mirada que va a exigir pocos gastos. No hay

    M. P.:

    sobre todo de grupos pequeños. ¿Por qué? ¿Por qué piensa que la parte es el todo, y que

    si se logra el éxito a nivel de grupos puede luego extenderse al todo social? ¿O bien es

    que el conjunto social, el poder a nivel de todo social es algo que entonces no se

    concebía realmente? ¿Por qué?

    Parece que, respecto a esto, Bentham se plantea el problema del poder en función

    Foucault

    ocurría en el Antiguo Régimen, con las barreras que presentaban a las decisiones de

    poder los cuerpos constituidos, los privilegios de determinadas categorías, desde el clero,

    hasta las corporaciones, pasando por los magistrados. Del mismo modo que las barreras

    que, en el Antiguo Régimen presentaban los cuerpos constituidos, los privilegios de

    determinadas categorías a las decisiones de poder. La burguesía comprende

    perfectamente que una nueva legislación o una nueva Constitución no son garantía

    suficiente para mantener su hegemonía. Se da cuenta de que debe inventar una

    tecnología nueva que asegure la irrigación de todo el cuerpo social de los efectos de

    poder llegando hasta sus más ínfimos resquicios. Y en esto precisamente la burguesía ha

    hecho no sólo una revolución política sino que también ha sabido implantar una

    hegemonía social que desde entonces conserva. Esta es la razón por la que todas estas

    invenciones han sido tan importantes y han hecho de Bentham uno de los inventores más

    ejemplares de la tecnología de poder.

    : El problema consiste en evitar los obstáculos, las interrupciones; al igual que

    J.-P. B.:

    Bentham preconiza, si a los que habitan la torre central o a los que vienen a visitarla. Se

    tiene la sensación de estar ante un mundo infernal del que no escapa nadie, ni los que

    son observados ni los que observan.

    No obstante, no se sabe a quién beneficia el espacio organizado tal como

    Foucault

    aplicaciones a que ha dado lugar. No existe en ella un poder que radicaría totalmente en

    alguien y que ese alguien ejercería él solo y de forma absoluta sobre los demás; es una

    máquina en la que todo el mundo está aprisionado, tanto los que ejercen el poder como

    aquellos sobre los que el poder se ejerce. Pienso que esto es lo característico de las

    sociedades que se instauran en el siglo XIX. El poder ya no se identifica sustancialmente

    con un individuo que lo ejercería o lo poseería en virtud de su nacimiento, se convierte en

    : Esto es sin duda lo que hay de diabólico en esta idea como en todas las

    9

    una maquinaria de la que nadie es titular. Sin duda, en esta máquina nadie ocupa el

    mismo puesto, sin duda ciertos puestos son preponderantes y permiten la producción de

    efectos de supremacía. De esta forma, estos puestos pueden asegurar una dominación

    de clase en la misma medida en que disocian el poder de la potestad individual.

    M. P.:

    contradictorio. Está el inspector principal que desde la torre central vigila a los prisioneros.

    Pero, al mismo tiempo, vigila a sus subalternos, es decir, al personal; este inspector

    central no tiene ninguna confianza en los vigilantes, e incluso se refiere a ellos de un

    modo un tanto despectivo pese a que, en principio, están destinados a serle próximos.

    ¡Pensamiento, pues, aristocrático!

    Pero, al mismo tiempo, quisiera hacer esta observación en lo que se refiere al personal

    subalterno: ha constituido un problema para la sociedad industrial. No ha sido cómodo

    para los patronos encontrar capataces, ingenieros capaces de dirigir y de vigilar las

    fábricas.

    El funcionamiento del panóptico es, desde este punto de vista, un tanto

    Foucault

    constatar claramente en el caso del ejército, cuando fue necesario fabricar “suboficiales”

    que tuviesen conocimientos auténticos para organizar eficazmente las tropas en caso de

    maniobras tácticas, con frecuencia difíciles, tanto más difíciles cuanto que el fusil acababa

    de ser perfeccionado. Los movimientos, los desplazamientos, las filas, las marchas

    exigían este personal disciplinario. Más tarde los talleres vuelven a plantear a su modo el

    mismo problema; también la escuela con sus maestros, sus ayudantes, sus vigilantes. La

    iglesia era entonces uno de los raros cuerpos sociales en el que existían pequeños

    cuadros competentes. El religioso, ni muy alfabetizado ni totalmente ignorante, el cura, el

    vicario entraron en lid cuando se necesitó escolarizar a centenas de millares de niños. El

    Estado no se dotó con pequeños cuadros similares hasta mucho más tarde. Igual sucedió

    con los hospitales. No hace aún mucho que el personal subalterno hospitalario continuaba

    estando constituido en su mayoría por religiosas.

    : Es un problema considerable que se plantea en el siglo XVIII. Se puede

    M. P.:

    de las mujeres al trabajo: aquí se sitúan los famosos internados del siglo XIX en los que

    vivía y trabajaba un personal femenino bajo el control de religiosas formadas

    especialmente para ejercer la disciplina de las fábricas.

    El Panóptico está lejos de estar exento de estas preocupaciones ya que se puede

    constatar la existencia de esta vigilancia del inspector principal sobre el personal

    subalterno, y esta vigilancia sobre todos, a través de las ventanas de la torre, sucesión

    ininterrumpida de miradas que hace pensar en “cada camarada se convierte en un

    vigilante”, hasta el punto de que se tiene la impresión, un poco vertiginosa, de estar en

    presencia de una invención que en alguna medida se va de las manos de su creador.

    Bentham, en un principio, quiere confiar en un poder único: el poder central. Pero,

    leyéndolo uno se pregunta, ¿a quién mete Bentham en la torre? ¿Al ojo de Dios? Sin

    embargo Dios está poco presente en su texto; la religión no desempeña sino un papel de

    utilidad. Entonces, ¿a quién? En definitiva es preciso decir que el mismo Bentham no ve

    muy claro a quien confiar el poder.

    Estas mismas religiosas han desempeñado un papel considerable en la aplicación

    Foucault

    era el rey en el antiguo sistema, es decir, la fuente del poder y de la justicia. La teoría de

    : Bentham no puede confiar en nadie en la medida en que nadie debe ser lo que

    10

    la monarquía lo suponía. Era preciso confiar en el rey. Por su propia existencia, querida

    por Dios, él era la fuente de la justicia, de la ley, del poder.El poder que radicaba en su

    persona no podía sino ser bueno; un mal rey equivalía a un accidente de la historia o a un

    castigo del soberano absolutamente perfecto, Dios. Por el contrario, no se puede confiar

    en nadie cuando el poder está organizado como una máquina que funciona según

    engranajes complejos, en la que lo que es determinante es el puesto de cada uno, no su

    naturaleza. Si la máquina fuese tal que alguien estuviese fuera de ella, o que tuviese él

    solo la responsabilidad de su gestión, el poder se identificaría a un hombre y estaríamos

    de nuevo en un poder de tipo monárquico. En el Panóptico, cada uno, según su puesto,

    está vigilado por todos lo demás, o al menos por alguno de ellos; se está en presencia de

    un aparato de desconfianza total y circulante porque carece de un punto absoluto. La

    perfección de la vigilancia es una suma de insidias.

    J.-P. B.:

    quizá del poder de hoy. Pero, ¿cómo crees que se ha llegado hasta aquí? ¿Por voluntad

    de quién y con qué objeto?

    Una maquinaria diabólica, como has dicho, que no perdona a nadie. La imagen

    Foucault

    de legislación o de Constitución; o en términos de Estado o de aparato de Estado. El

    poder es sin duda más complicado, o de otro modo, más espeso y difuso que un conjunto

    de leyes o un aparato de Estado. No se puede comprender el desarrollo de las fuerzas

    productivas propias del capitalismo, ni imaginar su desarrollo tecnológico, si no se

    conocen al mismo tiempo los aparatos de poder. En el caso, por ejemplo, de la división de

    trabajo en los grandes talleres del siglo XVIII, ¿cómo se habría llegado a este reparto de

    tareas si no hubiese existido una nueva distribución del poder al propio nivel del

    remodelamiento de las fuerzas productivas? Lo mismo sucede con el ejército moderno: no

    basta con que exista otro tipo de armamento, ni otra forma de reclutamiento, fue

    necesario que se produjera a la vez esta nueva distribución de poder que se llama

    disciplina, con sus jerarquías, sus cuadros, sus inspecciones, sus ejercicios, sus

    condicionamientos y domes-ticaciones. Sin esto, el ejército tal como ha funcionado desde

    el siglo XVIII no hubiera sido posible.

    : La cuestión del poder se simplifica cuando se plantea únicamente en términos

    J.-P. B.:

    De todos modos, ¿existe alguien o algunos que impulsan el todo?

    Foucault

    taller o cualquier tipo de institución, la red del poder adopta una forma piramidal. Existe

    pues una cúspide. Sin embargo incluso en un caso así de simple, esta “cúspide” no es la

    “fuente” o el “principio” de donde se derivaría todo el poder como de un centro luminoso

    (esta es la imagen según la cual se representa a la monarquía). La cúspide y los

    elementos inferiores de la jerarquía están en una relación de sostén y de

    condicionamiento recíprocos; se “sostienen” (el poder como “chantaje” mutuo e

    indefinido). Pero si lo que me preguntas es si esta nueva tecnología de poder tiene

    históricamente su origen en un individuo o en un grupo de individuos determinados, que

    habrían decidido aplicarla para servir sus propios intereses y utilizar así, en su beneficio,

    el cuerpo social, te responderé: no. Estas tácticas han sido inventadas, organizadas, a

    partir de condiciones locales y de urgencias concretas. Se han perfilado palmo a palmo

    antes de que una estrategia de clase las solidifique en amplios conjuntos coherentes. Hay

    que señalar además que estos conjuntos no consisten en una homoge-neización sino

    más bien en un juego complejo de apoyos que adoptan los diferentes mecanismos de

    poder unos sobre otros permaneciendo sin embargo en su especificidad. Así,

    : Se impone una distinción. Está claro que en un dispositivo como el ejército, el

    11

    actualmente, la interrelación entre medicina, psiquiatría, psicoanálisis, escuela, justicia,

    familia, en lo que se refiere a los niños, no homogeneiza estas distintas instancias sino

    que establece entre ellas conexiones, reenvíos, complementariedades, delimitaciones, lo

    que supone que cada una conserva hasta cierto punto las modalidades que le son

    propias.

    M. P.:

    un poder que es, en cierto modo, consustancial al desarrollo de las fuerzas productivas,

    que forma parte de él.

    Ud. rechaza la idea de un poder que sería una super-estructura, pero no la idea de

    Foucault

    Panóptico era una utopía-programa. Pero ya en la época de Bentham el tema de un poder

    espacializante, vigilante, inmovilizante, en una palabra, disciplinario, estaba desbordado

    por mecanismos mucho más sutiles que permitían la regulación de los fenómenos de

    población, el control de sus oscilaciones, la compensación de sus irregularidades.

    Bentham es “arcaizante” por la importancia que da a la mirada, es muy actual por la

    importancia que concede a las técnicas de poder en general.

    : Por supuesto. Y el poder se transforma continuamente con estas fuerzas. El

    M. P.:

    instauran.

    No existe un Estado global, existen micro-sociedades, microcosmos que se

    J.-P. B.

    sociedad industrial? ¿ O conviene hacer responsable a la sociedad capitalista?

    : ¿Es preciso entonces, frente al despliegue del panóptico, poner en cuestión la

    Foucault

    diciendo que estas formas de poder se encuentran también en las sociedades socialistas:

    la transferencia ha sido inmediata. Pero, sobre este punto, preferiría que intervenga la

    historiadora.

    : ¿Sociedad industrial o sociedad capitalista? No sabría responder si no es

    M. P.:

    puesta en marcha de todo un aparato de poder. Pero no es menos cierto que un proceso

    semejante aparece de nuevo en la sociedad socialista soviética. El estalinismo, en cierto

    modo, corresponde también a un período de acumulación de capital y de instauración de

    un poder fuerte.

    Es cierto que la acumulación de capital surge por una tecnología industrial y por la

    J.-P. B.

    la máquina inhumana de Bentham se muestra como algo muy valioso, al menos para

    algunos.

    : De nuevo encontramos, como de pasada, la noción de beneficio; en este sentido,

    Foucault

    “dandys” del siglo XIX para imaginarse que la burguesía es tonta. Por el contrario,

    conviene tener en cuenta sus golpes de genio. Y, entre ellos justamente, está el hecho de

    que ha sido capaz de construir máquinas de poder que posibilitan circuitos de beneficios

    los cuales, a su vez, refuerzan y modifican los dispositivos de poder, y esto de forma

    dinámica y circular. El poder feudal, funcionando por deducciones y gasto, se minaba a sí

    mismo. El de la burguesía se mantiene no por la conservación sino mediante

    transformaciones sucesivas. De aquí se deriva que la posibilidad de su caída y de la

    Revolución formen parte de su historia prácticamente desde sus comienzos.

    : ¡Evidentemente! Habría que tener el optimismo un poco ingenuo de los

    12

    M. P.:

    se refiere una y otra vez.

    Se puede señalar que Bentham concede una enorme importancia al trabajo, al que

    Foucault

    responder a las exigencias de la producción. Me refiero a la producción en un sentido

    amplio (puede tratarse de “producir” una destrucción, como en el caso del ejército).

    : Ello responde al hecho de que las técnicas de poder se han inventado para

    J.-P. B.

    lo haces en relación al trabajo productivo.

    : Cuando, dicho sea de paso, empleas el término “trabajo” en tus libros, raramente

    Foucault

    fuera de los circuitos del trabajo productivo: los locos, los enfermos, los prisioneros, y

    actualmente los niños. El trabajo para ellos, tal como deben realizarlo, tiene un valor

    predominante disciplinario.

    : Porque se da el caso de que me he ocupado de gentes que estaban situadas

    J.-P.B.:

    El trabajo como forma de domesticación. ¿No se da siempre?

    Foucault

    productiva, función simbólica y función de domesticación o disciplinaria. La función

    productiva es sensiblemente igual a cero para las categorías de las que me ocupo,

    mientras que las funciones simbólica y disciplinaria son muy importantes. Pero, lo más

    frecuente, es que coexisten los tres componentes.

    : Por supuesto. Siempre se ha hablado de la triple función del trabajo: función

    M.P.

    penetrante de la mirada. Se tiene incluso la sensación de que no calibra muy bien el

    grado de opacidad y de resistencia del material que ha de corregir, que ha de integrar en

    la sociedad -los famosos prisioneros-. Además, ¿no es el panóptico de Bentham, en cierto

    modo, la ilusión del poder?

    : Bentham, en todo caso, me parece muy seguro de sí, muy confiado en el poder

    Foucault

    la opinión un poder considerable. Puesto que la opinión necesariamente era buena por

    ser la conciencia inmediata de cuerpo social entero, los reformadores creyeron que las

    gentes se harían virtuosas por el hecho de ser observadas. La opinión era para ellos

    como la reactualización espontánea del contrato. Desconocían las condiciones reales de

    la opinión, los “media”, una materialidad que está aprisionada en los mecanismos de la

    economía y del poder bajo la forma de la prensa, de la edición, y más tarde del cine y de

    la televisión.

    : Es la ilusión de casi todos los reformadores del siglo XVIII que han concedido a

    M. P.:

    cuenta de que les haría falta utilizarlos.

    Cuando dices que han desconocido los “media”, quieres decir que no se han dado

    Foucault

    No percibieron los componentes materiales y económicos de la opinión.

    Creyeron que la opinión sería justa por naturaleza, que se extendería por sí misma, y que

    sería una especie de vigilancia democrática. En el fondo, es el periodismo -innovación

    capital del siglo XIX- el que ha puesto de manifiesto el carácter utópico de toda esta

    política de la mirada.

    : Y que esos media estarían necesariamente dirigidos por intereses económicospolíticos.

    13

    M. P.:

    hacer “prender” su sistema. Ignoran que siempre habrá escapatorias y que las

    resistencias jugarán su papel. En el terreno de las cárceles, los detenidos no han sido

    gente pasiva; es Bentham quien nos hace pensar lo contrario. El discurso penitenciario se

    despliega como si no existiese nadie frente a él, como si no existiese más que una

    “Tábula rasa”, gente que hay que reformar para arrojar luego al circuito de la producción.

    En realidad hay un material -los detenidos- que resiste de un modo formidable. Lo mismo

    se podría decir del taylorismo, sistema que constituye una extraordinaria invención de un

    ingeniero que quiere luchar contra la gandulería, contra todo lo que hace más lento el

    ritmo de producción. Pero en última instancia, se puede uno preguntar:¿ha funcionado

    realmente alguna vez el taylorismo?

    En general los pensadores desconocen las dificultades que van a encontrar para

    Foucault

    resistencia efectiva de las gentes. Cosas que Vd., Michelle Perrot, ha estudiado. ¿Cómo

    se ha opuesto la gente en los talleres, en las ciudades, al sistema de vigilancia, de

    pesquisas continuas? ¿ Tenían conciencia del carácter coactivo, de sometimiento

    insoportable de esta vigilancia? ¿O lo aceptaban como algo natural? En suma, ¿han

    existido insurrecciones contra la mirada?

    : En efecto, otro de los elementos que sitúa también a Bentham en lo irreal es la

    M. P.:

    trabajadores a habitar las ciudades obreras es un hecho patente. Las ciudades obreras,

    durante mucho tiempo, han sido un fracaso. Lo mismo sucede con la distribución del

    tiempo tan presente en el Panóptico. La fábrica y sus horarios han suscitado durante largo

    tiempo una resistencia pasiva que se traducía en el hecho de que, simplemente, no se

    iba. Es la prodigiosa historia del San Lunes en el siglo XIX, día que los obreros habían

    inventado para “tomar aire” cada semana. Han existido múltiples formas de resistencia al

    sistema industrial obligando a los patrones a dar marcha atrás en el primer momento. Otro

    ejemplo: los sistemas de micro-poderes no se han instaurado de forma inmediata. Este

    tipo de vigilancia y de encuadramiento se ha desarrollado, en un primer tiempo, en los

    sectores mecanizados que contaban mayoritariamente con mujeres o niños, es decir, con

    personas habituadas a obedecer: la mujer a su marido, el niño a su familia. Pero en los

    sectores digamos viriles, como la metalurgia, se observa una situación muy distinta. La

    patronal no llega a implantar inmediatamente su sistema de vigilancia, y debe, durante la

    primera mitad del siglo XIX, delegar sus poderes. Establece un contrato con el equipo de

    obreros a través de su jefe que es generalmente el obrero más anciano o más cualificado.

    Se ejerce un verdadero contra-poder por parte de los obreros profesionales, contra-poder

    que comporta algunas veces dos facetas:una contra la patronal en defensa de la

    comunidad obrera, la otra, a veces, contra los mismos obreros ya que el jefecillo oprime a

    sus aprendices o a sus camaradas. En realidad, estas formas de contra-poder obrero

    existieron hasta el momento en que la patronal supo mecanizar las funciones que se le

    escapaban, pudiendo abolir así el poder del obrero profesional. Existen numerosos

    ejemplos: en el caso de los laminadores, el jefe de taller tuvo los medios para resistir al

    patrón hasta el momento en que entraron en escena máquinas casi automáticas. El golpe

    de ojo del laminador -de nuevo aquí la mirada- que juzgaba si la materia estaba a punto

    será sustituido por el control térmico; basta la lectura de un termómetro.

    Sí, han existido insurrecciones contra la mirada. La repugnancia de los

    Foucault

    términos de táctica y de estrategia, pensando que cada ofensiva que se produce en un

    lado sirve de apoyo a una contra-ofensiva del otro. El análisis de los mecanismos de

    poder no tiene como finalidad mostrar que el poder es anónimo y a la vez victorioso

    : Sabido esto, hay que analizar el conjunto de las resistencias al panóptico en

    14

    siempre. Se trata, por el contrario, de señalar las posiciones y los modos de acción de

    cada uno, las posibilidades de resistencia y de contra-ataque de unos y otros.

    J.-P. B.:

    estratega. Las resistencias al poder, ¿tendrían características esencialmente físicas?

    ¿Qué pasa con el contenido de las luchas y las aspiraciones que se manifiestan en ellas?

    Batallas, acciones, reacciones, ofensivas y contraofensivas, hablas como un

    Foucault

    una cosa: se utiliza mucho, en determinados discursos políticos el vocabulario de las

    relaciones de fuerza; el término “lucha” es uno de los que aparecen con más frecuencia.

    Ahora bien, me parece que se duda a la hora de sacar consecuencias, e incluso, a la de

    plantear el problema que subyace a este vocabulario. Quiero decir: ¿Hay que analizar

    estas “luchas” en tanto que peripecias de una guerra? ¿Hay que descifrarlas a partir de un

    código que sería el de la estrategia y de la táctica? ¿La relación de fuerzas en el orden de

    la política es una relación de guerra? Personalmente no me siento de momento preparado

    para responder sí o no de una forma definitiva. Pienso solamente que la pura y simple

    afirmación de una “lucha” no puede servir de explicación primera y última en los análisis

    de las relaciones de poder. Este tema de la lucha no es operativo más que si se establece

    concretamente, y respecto a cada caso: quién está en la lucha, en qué lugar, con qué

    instrumentos y con qué racionalidad. En otros términos, si se toma en serio la afirmación

    de que la lucha está en el corazón de las relaciones de poder, hay que tener presente que

    la brava y vieja “lógica” de la contradicción no basta, ni con mucho, para desembrollar los

    procesos reales.

    : En efecto, esa es una cuestión teórica y de método importante. Me sorprende

    M. P.:

    sociedad utópica, describe también una sociedad existente.

    Dicho de otro modo, y para volver al panóptico, Bentham no proyecta sólo una

    Foucault

    existen realmente.

    : Describe en la utopía un sistema general de mecanismos concretos que

    M. P.:

    Y, para los prisioneros, ¿tiene sentido tomar la torre central?

    Foucault

    prisioneros haciendo funcionar el panóptico y asentándose en la torre, ¿cree Ud. que

    entonces sería mucho mejor que con los vigilantes?

    : Sí, con la condición de que éste no sea el sentido final de la operación. Los

    NOTAS

    (1)

    México, 1976.

    Michel Foucault describe así El Panóptico y a Jeremías Bentham en su obra Vigilar y castigar. Siglo XXI,

    (2)

    Wales, with Preliminary Observations and an Account of some Foreign Prisions and Hospitals

    John Howard publica los resultados de su encuesta en su libro: The State of the Prisions in England and(1777).

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