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    Monografías
      El muro de Berlín y la división ideológica
    La historia de el muro de berlin

    Agregado: 15 de FEBRERO de 2005 (Por Corina) | Palabras: 5726 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario
    Categoría: Apuntes y Monografías > Historia >

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    Publicado por Corina yo_cori@hotmail.com

    El muro de Berlín y la división ideológica

    Hace cuarenta años, un 13 de agosto de 1961, en la frontera que dividía el territorio alemán administrado por Rusia al concluir la Segunda Guerra Mundial, comenzaba la edificación del Muro de Berlín, a la sombra de una madrugada que rasgaba y separaba a los hombres en ideologías tan herméticas y contrapuestas que no daban para compartir las calles, el espacio común de una ciudad. Ese día marcó el comienzo de una época en la que mundo se etiquetó en dos contrarios, dos teorías que encerraban la realidad de forma distinta y no aceptaban al opuesto en sus preceptos, sólo lo que el manual exigía era acatado, ni un paso fuera de la línea, todo en su lugar predeterminado, capitalismo enriquecedor por un lado, socialismo que prometía equidad e igualdad por el otro, y en medio todas las injusticias, tanto orientales como occidentales, que se cometieron en el tiempo de la llamada Guerra Fría, sobre todo con el afán de evitar que el enemigo penetrase a los gobiernos de cada extremo con ideas contrarias.

    En Occidente, bajo la supervisión de los Estados Unidos de Norteamérica, se adoptó un sistema económico político y social que a la fecha resulta óptimo para los pueblos, aunque ha debido ser apuntalado y complementado por dar hoy en día la espalda al factor social, enalteciendo la economía al punto de hacerla deshumanizante, pasando por alto el bienestar humano en pro del enriquecimiento a toda costa. Asimismo, una ola de dictaduras militares en Latinoamérica y algunos países del llamado Tercer Mundo fueron necesarias para evitar que países como Chile, Argentina, Brasil, Nicaragua o El Salvador fuesen gobernados por partidos de izquierda; de esta forma, el gobierno norteamericano, con el respaldo de la CIA y del espionaje descrito en las novelas de Le Carré, encabezó el derrocamiento de la voluntad popular para favorecer el autoritarismo que tanto daño hizo a las sociedades y a la libertad en nuestro continente, para lograr con esto que el socialismo se mantuviese lo más lejos posible, o por lo menos aislado en Cuba, cuyo gobierno ya era una derrota estratégica en cuanto a la geografía política se refiere, erguida al carácter de ciencia después de la Segunda Guerra. Ciertamente, el final de este conflicto bélico fue punto de cambios fundamentales y factor que marcó indiscutiblemente al siglo XX, que elevó a personajes como Pinochet, Trujillo, Ströesner y Perón al grado de héroes nacionales, todo con tal de mantener en América Latina el mismo sistema de gobierno del norte, con tortura, amenaza, exilio y persecución como medio para lograr un fin conseguido a un precio muy alto, quizá demasiado: pueblos cuyo pasado de represión es todavía una marca que el tiempo no ha borrado de la memoria de los habitantes, quizá para bien, para evitar cometer el error del pasado y darle a la Historia algo más que el lugar de un libro: hacer de ella la experiencia que no se debe repetir, la enseñanza de lo que puede suceder cuando la voluntad de unos pocos debe ser acogida forzosamente por la mayoría.

    Al otro lado, en los países allende la Cortina de Hierro, los mismos procedimientos fueron utilizados para conseguir que el capitalismo se mantuviese del otro lado del Muro, sólo que la libertad en el Este fue opacada totalmente, sin posibilidad de expresarse en contra, sin opción distinta a la impuesta y con una pared mostrando que en un punto las ideas resultaban ajenas, no expresables siquiera, sólo obedecer lo impuesto, sumisión o castigo, un muro que se erguía para convencer al orbe de que el enemigo era tan peligroso como para aislarse, pero que en realidad fue prueba de que la libertad era peligrosa hacia adentro por dar al individuo la posibilidad de huir o razonar distinto, como tantos lo hicieron mientras pudieron, como otros más quisieron lograrlo y fueron asesinados o, en el mejor de los casos, arrestados en el intento. En fin de cuentas, lo que hace cuarenta años comenzó en un muro de ladrillos y fue una separación ideológica y humana fue también el recurso empleado por el gobierno ruso para evitar una huída masiva de la población hacia occidente, que hubiese terminado por dejar en Berlín nada más allá de los soldados, los tanques y las armas que fueron necesarias para dejar de lado la libertad y sustituirla por la imposición, el absolutismo y la represión.

    Ahora el muro ha caído y los vestigios son una placa metálica en el suelo marcada con la frase: "Berlin Wall. 1961-1989", o el puesto de vigilancia del "Check Point Charlie" en la Friedrichstrasse, el principal acceso hacia el oriente de Europa donde todavía, y en recuerdo, se lee un cartel: You are living the American side, traducido a continuación al ruso, al alemán y al francés. No obstante, es ese sitio donde también se yergue un museo en nombre de la unidad, donde se respira un aire de memoria viva, de sueño conquistado y de frases célebres de personajes tan variados como Reagan, Gorbachov, Kennedy o Rostropovich; en esa zona de Berlín se encuentra la prueba de que el socialismo sólo pudo mantenerse por la fuerza y bajo la imposición, la prueba de que una ideología y sus defensores, los ideólogos, fueron uno de los males mayores para la humanidad, y aún lo siguen siendo, pero ya en libertad, bajo regímenes que permiten la libre expresión de pensamientos que tienden a no dejar espacio para nada más que lo que el propio pensamiento dicte, un concepto de las cosas tan total que no da cabida a proposiciones ni problemas nuevos, sólo lo que pueda ser resuelto mediante la propia ideología, lo demás está fuera de la realidad. Y fue este encierro el que acabó por aniquilar al pensamiento socialista, que en no pocas ocasiones era una síntesis de la obra de Carlos Marx difundida en panfletos que intentaban resumirla en diez pasos, como si guardar toda una filosofía en diez líneas diera el conocimiento suficiente para llevarla a la práctica, defenderla y citarla como tantos lo hicieron, de forma obstinada y necia, sin dar cabida a propuestas distintas, o por lo menos nuevas. Eso se llama fanatismo, y del fanatismo pocas cosas buenas han surgido, ya sea político, ideológico religioso, pasional, etc.

    El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define la palabra ideología, en su segunda acepción, como el "conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, de un movimiento cultural, religioso, político, etc"; tomando en cuenta lo anterior, una ideología es algo pasado, algo que terminó por ser sustituido, reemplazado, es decir, un concepto que pasó de moda o, en palabras de Jesús Silva-Herzog Márquez, "el conjunto de ideas que han dejado de ser pensadas"; no una idea falsa, sino "una idea muerta". Así, el politólogo mexicano, en un artículo publicado el lunes 13 de agosto en el periódico Reforma, titulado "La evasión ideológica", tacha tal palabra de ser cobertor de quienes no piensan mucho, pues la ideología contiene las respuestas necesarias, no requiere de imaginación, sólo de apegarse a lo escrito, dicho o propuesto por el libro de cabecera o el gurú, la leyenda como ejemplo de solución a lo actual, el diagnóstico del conflicto y su remedio, sin nada que añadir o tachar. Afirma Silva-Herzog que es también algo así como el modus operandi de un marxista, un nacionalista, un tecnócrata y, por qué no, de algún parista universitario que responde sólo aquello que tiene respuesta mediante lo aprendido de los "grandes", el resto será ajeno a la realidad o simplemente no existe, por ende, no merece respuesta: "Antes de idear la estrategia de acción recurrirá al texto que contiene todos los remedios", y si no los contiene, intentará ajustar los hechos a modelos propuestos, aunque no quepan o sean desiguales al molde, total, si hay ruptura o conflicto o una solución aparente y en fin de cuentas incompleta, "el problema no será de quien forzó la entrada sino del fabricante de la pieza", y entonces se divide el asunto entre los buenos, los correctos, los sabios y los culpables, los malos y los ignorantes: en vez de dividir a quien disiente en clasificaciones morales, sería óptimo buscar una opción nueva, aunque diste de lo preescrito que, por carecer de repuesta, ya es obsoleto y debe ser modificado.

    El muro de Berlín representó, entre otras tantas cosas, una división de pensares que al final terminó por derrumbarlo, quizá por basar su construcción en ideologías que al paso del tiempo y ante nuevas problemáticas y situaciones inusitadas hicieron de su caída algo inminente, de urgencia y necesidad... La realidad de 1961 fue pasajera como todas las realidades momentáneas e intentó adaptar el futuro al instante, encerrándolo y suponiendo que el porvenir debía ser de una u otra forma, sin dejar espacio para lo desconocido, que es el futuro en fin de cuentas. Por fortuna hoy en día el mundo se une y las fronteras se representan cada vez más por líneas imaginarias y no por paredes de concreto y hierro; lo que aún persiste y parece ser una enfermedad del nuevo siglo es la ideología, el pretender que toda la realidad y su mañana serán de tal o cual modo... Una ideología, en síntesis, es una moda, y la moda es tan variable y voluble a lo venidero que pasa continuamente, cambia de un día para otro dejando atrás lo que en un momento levantó como bandera para luego criticarlo y juzgarlo como anticuado y obsoleto. Dejar que los muros caigan, que las ideologías se transformen en filosofías moldeables y adaptables a lo nuevo, un Novum Organum que no podría encerrar todo el conocimiento de la época, por ser tanto y tan voluble, pero sí marcar algunos preceptos morales, éticos, estéticos, abiertos a que en un segundo todo podría variar y tendría que modificarse, adaptarse o extinguirse, como poco a poco el socialismo, como tarde o temprano todo aquello que pretenda encerrar como realidad única el instante. (C.C.L., Ciudad de México., agosto de 2001 xsharly@hotmail.com)   

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    LA CAIDA DEL MURO DE BERLIN

    El 9 de Noviembre de 1989 es una fecha que ha quedado grabada en la historia. Ese día se anunció oficialmente, en conferencia de prensa, que a partir de la medianoche los alemanes del este podrían cruzar cualquiera de las fronteras de Alemania Democrática (RDA), incluido el Muro de Berlín, sin necesidad de contar con permisos especiales. De inmediato se corrió la voz en ambas partes de la ciudad dividida y mucho antes de la medianoche miles de expectantes berlineses se habían congregado a ambos lados del muro. En el momento esperado, los berlineses del Este, a pie o en automóvil, comenzaron a pasar sin mayor dificultad por el puesto de control. Abundaron las escenas llenas de emoción: abrazos de familiares y amigos que habían estado separados por mucho tiempo, crisis de llanto, rostros que reflejaban incredulidad, brindis con Champagna o cerveza, regalos de bienvenida a los visitantes, flores en los parabrisas de los autos que cruzaban la frontera y en los rifles de los soldados que custodiaban los puestos de vigilancia. A esta primera reacción seguirían otras de carácter político y económico.

    Muchos de los visitantes se dirigieron a los barrios elegantes de Berlín Occidental para celebrar su recién adquirida libertad, mientras que miles de berlineses prefirieron escalar el muro y, en muchos casos, armados de cuerdas, picos y cinceles, comenzaron a hacer realidad su sueño de muchos años, el derrumbamiento del muro de Berlín.

    Sin embargo, no debe de pensarse que este acontecimiento histórico ocurrió espontáneamente. Muy al contrario, tiene sus antecedentes en innumerables hechos de la vida cotidiana alemana, así como de la política internacional.

    Debe señalarse, en primer lugar, que en Alemania Democrática las organizaciones de oposición como Nuevo Foro, Partido Socialdemócrata y Alternativa Democrática se fortalecían a ritmo acelerado, tanto por el creciente número de sus simpatizantes, como por su habilidad para hacer oír su voz en todos los ámbitos del país, esto significaba una activa participación política de los ciudadanos y, por tanto, constantes demandas de cambios democráticos a los que el gobierno ya no podía prestar oídos sordos.

    Así en los primeros días de Noviembre de 1989 ocurrieron manifestaciones masivas y pacificas en ciudades como Berlín del Este, Leipzig, Dresde y Halle en que miles de alemanes alzaron su voz para exigir la dimisión de todo el gabinete en el poder, así como la celebración de elecciones libres y otras reformas.

    Por otra parte, los intentos de huir a la República Democrática Alemana, que habían ocurrido desde el momento mismo en que Alemania quedó dividida, a últimas fechas se habían incrementado a un ritmo vertiginoso.

    El 2 de mayo de 1989 los soldados húngaros comenzaron a desmantelar las barreras en la frontera con Austria, lo que constituyó la primera apertura al mundo occidental. Los principales beneficiarios fueron los Alemanes del Este, que de pronto podían pasar al mundo occidental a través de Hungría y Austria.

    A medida que miles de alemanes del este se internaban en territorio húngaro, se incrementaron las tensiones entre los dos países. El gobierno de Berlín del este exigió a Budapest enviar de regreso a os refugiados, pero los húngaros se negaron y fue así como en tan sólo tres días, a principios de septiembre, 15,000 alemanes del Este pasaron a Alemania Federal. La respuesta del gobierno alemán del Este fue prohibir el paso a Hungría, pero esto solo sirvió para que los alemanes que buscaban escapar se refugiaran en la embajada de Alemania Federal en Checoslovaquia.

    Para octubre de 1989 se vio que la revolución en Alemania Democrática era inminente. Comenzó con las marchas en pro de la libertad celebradas en Leipzig. El 9 de Octubre el jefe del partido Comunista ordenó usar toda la fuerza militar disponible para aniquilar las manifestaciones, pero Egon Krenz, el entonces jefe de seguridad, lo convenció de que retirara la orden. Nada impidió que semana tras semana aumentara el número de manifestantes. El 23 de Octubre fueron alrededor de 200,000, y para el 6 de noviembre llegaban a 480,000. Las marchas siempre pacificas se generalizaron por toda Alemania Democrática.

    Mijail Gorbachov fue la pieza clave que evitó el derramamiento de sangre. En su visita del 7 de Octubre a Berlín del este, Gorbachov advirtió a los dirigentes que no contarían con el apoyo soviético si usaban la fuerza para suprimir las manifestaciones. Once días después Honecker fue despojado de todos sus cargos y lo sustituyó Egon Krenz, quien de inmediato trató de apaciguar a los manifestantes.

    El 27 de Octubre, Krenz promulgó una amnistía para los refugiados invitándolos a regresar al país. Sin embargo, el 3 de Noviembre la RDA autorizó nuevamente a sus ciudadanos a viajar a Checoslovaquia, lo que fue aprovechado por varios miles de ciudadanos para refugiarse en la embajada de Alemania Federal en Praga.

    Ante los éxodos masivos y proliferación de manifestaciones de protesta contra el régimen, el día 7 de Noviembre renuncia todo el consejo de ministros, el organismo que regía el destino de la RDA. Dos días después, la frontera que separaba a las dos Alemanias, al igual que el muro de Berlín, pierden su significado, de modo que ya no es necesario rodear a través de otros países como Checoslovaquia, Hungría y Austria.

    El movimiento revolucionario de la República Democrática Alemana no fue un fenómeno aislado. Todos los países del bloque socialista experimentaron cambios radicales en un plazo relativamente corto.

    POLONIA

    Con una larga serie de huelgas contra el gobierno y con un sindicato de los trabajadores, Solidaridad, reconocido en 1980, Polonia fue de los primeros países comunistas que pusieron a prueba la nueva política revisionista de Moscú. A principios de 1989, el dirigente del partido polaco Wojciech Jaruzelski, señaló la necesidad de efectuar cambios radicales en el país si se deseaba salvar la economía nacional, que por años había sido dañada por paros laborales, inflación, deuda externa, recortes presupuestales y una moneda casi desprovista de valor. El sindicato Solidaridad había sido suprimido desde hacía siete años y muchos de sus dirigentes se encontraban en la cárcel o permanecían ocultos.

    Lech Walesa y otros dirigentes de Solidaridad sostuvieron pláticas con el gobierno polaco, en las que negociaron la legislación del sindicato, diversos cambios a la constitución y elecciones libres. Acto seguido, Solidaridad se convirtió en partido político de auténtica oposición. En las elecciones de julio el recién formado partido ganó casi todos los escaños del senado y la cámara baja, y en agosto Tadeuz Mazowiecki, el editor del periódico semanal de solidaridad, se convirtió en primer ministro de Polonia, el primer dirigente de Europa Oriental que no profesaba la idea comunista.

    A principios de 1990 se adoptaron importantes medidas liberalizadoras. En política, se instituyó la independencia del poder judicial y se aprobó un proyecto de enmienda a la constitución para elegir al presidente por votación popular, ésta culminó en la elección de Lech Walesa como máximo dirigente de Polonia.

    A nivel económico, se implantaron programas para instaurar una economía de mercado, controlar la inflación y reformar los sistemas bancario y fiscal, y eliminar progresivamente los controles de precios y los monopolios estatales.

    HUNGRÍA

    En 1956 se produjo un levantamiento contra la régimen estalinista que imperaba en el país. Las tropas soviéticas suprimieron la manifestación matando a miles de manifestantes. Dos años después, el primer ministro Húngaro, Imre Náry, fue ejecutado junto con varios de sus ministros. Como compensación, Moscú permitió grandes libertades a Hungría en el terreno económico, lo que produjo gran prosperidad temporal.

    En 1972 ocurrieron varias manifestaciones para protestar contra la represión y para conmemorar los hechos trágicos de 1956. Sin embargo, no es sino hasta 1988 cuando es derrocado el primer ministro János Kádar. Su lugar lo ocupó el reformados moderado Karoly Grosz. Una año después, la nueva política de Mijail Gorbachov permitió la formación de partidos políticos de oposición.

    A principios de mayo de 1989, el gobierno ordenó al ejército que comenzara a desmantelar la alambrada que marcaba la frontera con Austria. El 10 de junio el Partido Comunista Húngaro y la oposición firmaron un acuerdo que marcó la transición de Hungría hacia la democracia multipartidista.

    En 1990 se adoptaron medidas que consolidaban el proceso liberizador. En el aspecto político, se aceptó una nueva constitución que permitía el pluralismo y la democracia parlamentaria, así como las elecciones libres tanto de parlamento y de presidente.

    En el terreno económico se ha reducido la intervención estatal, las empresas estables han sido privatizadas, se estableció un mercado de valores y se abrieron las puertas a la competencia internacional y a la inversión extranjera. En el plano social se permite la libertad de ideologías y de religión.

    CHECOSLOVAQUIA

    Este país daba la impresión de ser el más fiel al sistema comunista. Sin embargo el 21 de agosto de 1989 miles de manifestantes se lanzaron a la calle en el vigésimo aniversario de la invasión a Checoslovaquia por tropas del Pacto de Varsovia, a mediados de noviembre se formó una asamblea de estudiantes que marchó sobre la plaza Wenceslas para manifestar su descontento por el sistema imperante. La policía antimotines los atacó brutalmente pero durante los siguientes días miles de ciudadanos se reunieron en la misma plaza para protestar por la represión y para exigir elecciones libres y la destitución del presidente. A pesar de ser manifestaciones pacifistas tuvieron la firmeza suficiente para provocar el derrocamiento de sus dirigentes. El Partido Comunista tuvo que ceder el poder a una mayoría no comunista. En el nuevo gabinete formado en diciembre había 11 representantes que no profesaban el comunismo. Además se legalizó la formación de partidos de oposición.

    RUMANIA

    Desde 1972 el presidente Nicolae Ceausescu había gobernado con mano de hierro, según los lineamientos estalinistas. No toleraba disensiones de los ciudadanos ni diferencias de opinión dentro del Partido. Además muchos de sus familiares incluida su esposa y su hijo ocupaban puestos clave en el gobierno.

    A mediados de diciembre de1989 se registraron manifestaciones de protesta contra el gobierno tiránico de Ceausescu. El presidente de Rumania fue el único dirigente del bloque socialista que no dudó ni por un momento en usar la fuerza para contener las manifestaciones.

    A pesar de la orden explicita de disparar en un primer enfrentamiento, los soldados se negaron a hacerlo, e incluso muchos de ellos cambiaron de bando y se unieron a los manifestantes. Ante lo que parecía una victoria del pueblo, los rumanos se lanzaron a las calles para celebrar el triunfo y en los medios de difusión se anunciaba la caída del tirano. Sin embargo, las fuerzas que se mantenían fieles al gobierno emprendieron el 21 de Diciembre una sangrienta represión en Bucarest y otras ciudades rumanas. Esa masacre encendió los ánimos de todo el pueblo rumano que contaba con el apoyo del ejército. La guerra civil continuó por algunos días hasta que el día 23 de Diciembre el Presidente y su esposa fueron aprendidos, acusados de abuso de autoridad y del asesinato de 60,000 rumanos, dos días después fueron ejecutados. Asumió el poder como gobierno interino el Frente de Salvación Nacional, constituido por antiguos comunistas que se habían opuesto a Ceausescu y por profesionistas e intelectuales disidentes.

     

     

    LA UNION SOVIETICA

    No es difícil darse cuenta de que todos estos cambios vertiginosos tienen su origen en las reformas introducidas por Mijail Gorbachov, quien fue considerado el hombre de la década de los 80 a causa de los profundos cambios que promovió.

    Cuando Gorbachov fue designado secretario general del Partido Comunista en 1985, e país se encontraba sumido en una profunda crisis política y económica. La crisis política obedecía al descontento general por el gobierno autoritario y represivo del Partido Comunista. Con el fin de aliviar estos males, Gorbachov puso en práctica una serie de reformas conocidas como "glasnost" que significa transparencia y "perestroika" reestructuración y apertura, cuyos resultados, si bien ambiguos, crearon sorpresa en todo el mundo y un sentimiento de confianza en su gobierno entre los ciudadanos soviéticos.

    Como parte de la apertura política, aumentó la tolerancia de credo y pensamiento, se permitió a los medios de publicidad divulgar los acontecimientos tanto a nivel nacional como internacional, se liberaron presos políticos como el disidente Andrei Sajarov, y se alentó la creatividad e iniciativa del individuo. Los efectos de esta apertura fueron en algunos casos tan graves como la publicación de estadísticas que pusieron de manifiesto los grandes males el país (alcoholismo, prostitución, alarmantes tasas de mortalidad infantil, escasas cosechas, etc.), y entre otros, tan positivos como la autorrevisión del sistema, la libertad de expresión, la reimpresión de autores prohibidos durante mucho tiempo, la reinstauración de los derechos humanos, el regreso de emigrantes y refugiados a la madre patria, el apoyo a las expresiones artísticas, etc.

    De as consecuencias graves para la Unión Soviética, debe señalarse el surgimiento de movimientos nacionalistas e independentistas de las repúblicas soviéticas del Báltico y del Medio Oriente, un problema al que Mijail Gorbachov tuvo que enfrentarse con firmeza pero sin recurrir a la violencia.

    La reestructuración económica tenía la finalidad de propiciar la participación individual en el proceso de producción, así como de modernizar los sistemas. Entre muchas otras medidas, Gorbachov redujo las restricciones a la pequeña libre empresa e introdujo el principio de las utilidades como principal impulso para las industrias estatales, concedió mayor independencia a los directivos de fábricas y granjas, instituyó que dichos directivos fueran elegidos por los trabajadores y que las empresas estatales invirtieran sus utilidades en la generación de otras operaciones. Asimismo, introdujo leyes para agilizar el crédito y el financiamiento y fomentar la investigación tecnológica.

    En el plano internacional, Gorbachov puso todo de su parte para terminar con la carrera armamentista y ordenó en febrero de 1989 el retiro de las tropas soviéticas que ocupaban Afganistán. Además, permitió libertades nunca antes imaginadas a los países del bloque socialista e instó a sus dirigentes a introducir cambios en su política interna. Uno tras otro cayeron los gobiernos autoritarios de Polonia, Hungría, Alemania Democrática, Checoslovaquia, Bulgaria y Rumania.

    Resulta asombroso la velocidad y la aparente facilidad con que ocurrieron todos estos cambios. Tras varios decenios de dictaduras cerradas y xenofóbicas, de pronto un cambio sirvió de catalizador a otro, dando lugar a toda una reacción en cadena en cadena. La represión que había predominado en esos países cedió el paso a una participación democrática que a veces se antojaba increíble. El muro de Berlín, hasta entonces símbolo de opresión paso a representar la imposibilidad de someter eternamente a un pueblo.

     

     

     

    Publicación del martes 3 de octubre de 1995

    Un muro psicológico separa  todavía a los alemanes del Este y Oeste, cinco años después de la  reunificación

    La fusión económica, un éxito 

        BERLIN, 2 de octubre (El País).- La Alemania unificada celebrará  mañana su quinto aniversario y puede percibir, con orgullo y  autosatisfacción, los logros económicos de la unidad, que resultó  en este terreno mucho más fácil de lo esperado. Al mismo tiempo,  observadores y políticos de todos los colores reconocen que el país  se encuentra lejos de lograr la unidad interna en las mentes de los  ciudadanos. Un muro, esta vez psicológico, separa todavía a los  alemanes del Este y Oeste, y se teme que tardará mucho en desaparecer.

       El escritor Stefan Heym publicó un extenso artículo en el  periódico Neues Deutschland (Nueva Alemania) sobre la unificación,  y resumió con una metáfora afortunada el proceso: "Es como la  serpiente que se ha tragado un erizo. El erizo desapareció, pero la  serpiente va a tener problemas de digestión".

       En el momento de la unificación, cuando la nueva Alemania surgió  en medio del júbilo y fuegos artificiales hace cinco años en torno  al legendario edificio del Reichstag y la puerta de Brandeburgo, en  Berlín, los temores se centraban sobre todo en las repercusiones  económicas de la anexión de un país en bancarrota tras el fracaso  del llamado "socialismo real". Se temía que un posible "abrazo del  oso" de la arruinada RDA arrastrase a la pujante RFA por el camino  de la inflación.

       Nada de esto ocurrió. Alemania del Este dista todavía bastante  de alcanzar los "paisajes florecientes" que prometió en su campaña  electoral de 1990 el canciller Helmut Kohl. No obstante, el auge  del territorio de la ex RDA no lo puede negar ningún observador de  buena fe, y encuentra su expresión palpable en forma de mejora en  las autopistas y en todas las estadísticas. No falta quien aventure  que, gracias a las nuevas tecnologías y a la calificación de su  mano de obra, Alemania del Este podría, al menos en algunas  regiones, convertirse en avanzada del progreso en toda Europa.

       El salario promedio en el Oeste es de 2,687 marcos (unos 1,800  dólares), y en el Este, 2,044 (unos 1,400 dólares); un 75% de los  hogares del Oeste tienen auto y sólo un 67% en el Este. Las  diferencias se miden cada vez más en términos cuantitativos, sin  que pueda hablarse de una diferencia cualitativa. El ritmo de  crecimiento del Este permite aventurar que no tardará en  registrarse la equiparación.

       Las transferencias del Oeste hacia el Este alcanzan la enorme  suma de 150,000 millones de marcos anuales (unos 120,000 millones  de dólares). Esto representa unos 10,000 marcos (6,800 dólares)  anuales por habitante de la antigua RDA. El delfín de Kohl, el jefe  del grupo parlamentario democristiano en el Bundestag, Wolfgang  Schuble, escribió en el semanario Die Zeit que se ha conseguido  bastante en la aproximación entre los dos sistemas sociales que se  fusionaron hace cinco años: "Hemos llegado hasta el límite de lo  posible en lo económico y lo político, pero la unidad interna no  llega todavía".

       La prueba irrefutable de la existencia de esa división alemana,  cinco años después de la reunificación, se encuentra en el campo de  la política, hasta un extremo que ha dejado perplejos a casi todos.  El portavoz del gobierno de Berlín, Michael Butz, comentaba estos  días durante un almuerzo con corresponsales extranjeros: "Si  alguien nos hubiera dicho hace cinco años que el partido heredero  de los antiguos comunistas iba a tener un 20% de votos en el  territorio de la dictadura desaparecida, no lo hubiéramos creído".

                                                                           Diario de Yucatán – www.yucatan.com.mx

     Publicación del martes 9 de noviembre de 1999

    Berlín rinde homenaje a Gorbachev y Bush por su decisivo  papel en la caída del Muro hace 10 años

       En una ceremonia en la alcaldía, el último presidente de  la URSS recibió la más alta orden al mérito conferida por Alemania,  y el ex mandatario de EE.UU. fue nombrado ciudadano honorario de la  capital germana.- Hoy festejan en grande el fin de la división.-  Los restos de la barrera aún marcan la vida de un artista

        BERLIN, 8 de noviembre (AP, DPA, France Presse).- Una década  después de la espectacular caída del Muro de Berlín, los tres  mandatarios que hicieron posible la reunificación de Alemania y el  fin de la Guerra Fría se reencontraron hoy para recordar ese  momento histórico.

       El ex presidente estadounidense George Bush y el ex líder  soviético Mikhail Gorbachev fueron condecorados en una ceremonia  que marca el décimo aniversario de la caída del símbolo más  prominente de la Guerra Fría, el Muro de Berlín, el 9 de noviembre  de 1989.

       Bush fue nombrado ciudadano honorario de Berlín, y el ex  canciller alemán Helmut Kohl lo elogió por no limitarse a "puras  promesas" al impulsar la reunificación de Alemania y Europa.

       Gorbachev, quien ya ha recibido esa distinción, fue galardonado  con la más alta orden al mérito conferida por Alemania, en  reconocimiento por sus reformas políticas que llevaron a Alemania a  abrir el muro, a la caída del comunismo y, por ende, al fin de la  Guerra Fría.     Gorbachev calificó la reunificación alemana como "una reacción a  la voluntad del pueblo", pero también rindió homenaje a Egon Krenz,  último jefe de la República Democrática Alemana (RDA), quien "no  estuvo contra el pueblo y permitió que el Muro cayera". Empero, en  Leipzig, un tribunal de segunda instancia confirmó hoy un fallo  contra Krenz que le condena a seis años y medio de cárcel por las  muertes de personas que intentaban cruzar la frontera interalemana.

       Bush, Gorbachov, Kohl y el alcalde de Berlín, Eberhard Diepgen,  salieron a los balcones de la alcaldía donde fueron aclamados por  los berlineses.

       Las celebraciones tendrán su punto culminante mañana, en una  sesión solemne del Parlamento alemán en el histórico edificio del  Reichstag, en el que Gorbachev, Bush y Kohl tomarán la palabra.

       También se dirigirán a los legisladores e invitados especiales  dos alemanes orientales, el presidente del Parlamento, el  socialdemócrata Wolfgang Thierse, y el teólogo y disidente Joachim  Gauck.

       Hace 10 años, miles de alemanes del Este comenzaron a  trasladarse hacia Alemania Federal, vía Austria, luego que  Checoslovaquia decidió no limitar más el paso de personas hacia  Europa occidental. Al mismo tiempo, se desató una ola de protestas  dentro de la RDA por la política aduanal del país.

       La situación motivó una nueva reglamentación de viajes al  extranjero dispuesta por el partido comunista de la RDA, la cual  entró en vigor, sorpresivamente, el 9 de noviembre de 1989, cuando  Guenther Schabowski, encargado de información del partido emitió la  célebre respuesta sobre la vigencia de las nuevas normas: "Que yo  sepa, a partir de ahora mismo". Esa frase desencadenó la caída del  Muro. Poco después, primero cientos y luego millares de personas  comenzaron a agolparse ante el muro. Las autoridades cedieron a la  presión y uno a uno se empezaron a abrir los puestos fronterizos, y  berlineses de uno y otro lado, separados durante 28 años,  celebraron emocionados. Casi un año después, el 3 de octubre de  1990, se consumó la reunificación.

       Mañana, las celebraciones comenzarán con un oficio religioso  evangélico y un acto en la alcaldía. Posteriormente se celebrarán  actos recordatorios en diversos puntos por los que se alzaba el  Muro donde se colocarán ofrendas florales en memoria de los caídos  en la frontera interalemana.

       Por la tarde tendrá lugar delante de la simbólica Puerta de  Brandenburgo una gran fiesta popular bajo el lema "Diez años sin  Muro". Durante la celebración, a la que se espera que asistan unas  100,000 personas, actuarán el cellista y director Mstislav  Rostropovich acompañado por una gran orquesta de cuerdas, la banda  de rock alemana Scorpions y el cantante Udo Lindenberg.

       Sobre la percepción de los alemanes del Este sobre la  reunificación del país, la mayoría hace un balance positivo pero no  cree que el sistema político actual sea mejor que el viejo, reveló  un sondeo publicado hoy por el periódico "Berliner Zeitung".

       Según la encuesta, 20% de los alemanes de la ex RDA cree que el  sistema del partido único que los gobernó 40 años fue mejor, y 24%  no ve cambio alguno de un sistema al otro.

       Sobre los efectos positivos del cambio, 95% de los alemanes  orientales señala la mejora en la oferta de productos y servicios;  92% saluda la posibilidad de viajar libremente y 87%, la mejor  calidad de calles y viviendas. Sin embargo, 81% de los alemanes del  Este advierte que ha empeorado drásticamente el combate a la  criminalidad, y las posibilidades de las generaciones futuras son  consideradas negativas por dos tercios de los encuestados.

       Además, 58% opina que los beneficios sociales de la actual  República Federal de Alemania son peores que los que ofrecía la  RDA.

       BERLIN, 8 de noviembre (El País).- Con paciencia bíblica,  Günther Schofer pinta y repinta una bandera alemana con la estrella  de David superpuesta sobre el Muro que dividió Berlín del 13 de  agosto de 1961 al 9 de noviembre de 1989. Su composición, que lleva  el título de "Vaterland" (Patria), es una de las 73 que decora el  mayor fragmento de Muro conservado en la capital alemana, una  superficie de 1,300 metros de longitud, bautizada con el nombre de  "East Side Gallery". Contribuyeron a la decoración 118 artirstas de  21 países en los eufóricos meses que siguieron al 9 de noviembre de  1989. Los artistas pintaban vigilados aún por los guardas  fronterizos de la República Democrática Alemana, que acabaron por  guardarles los pinceles. Pasada la euforia, muy pocos se  interesaron por el estado de su obra. Algunos la han restaurado en  alguna ocasión, pero ninguno se ha aplicado a ella con tanta  intensidad como Schofer. El artista ha saneado el trozo de muro que  le corresponde con ayuda de una constructora francesa, que  sustituyó los materiales originales, lo que permitió a Schofer  descubrir otro aspecto: "el muro no estaba planeado para durar cien  años. El hormigón era de mala calidad y el hierro se oxida y  revienta la construcción", dice.

                                                               Diario de Yucatán – www.yucatan.com.mx

     

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