La inmigración 1850-1880
La inmigración en Argentina en el período 1850-1880 modifico totalmente la idiosincracia del criollo, dando lugar a un nuevo mestizaje.
Agregado: 28 de ENERO de 2005 (Por
Alicia Floreano) | Palabras: 19708 |
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Publicado por Alicia Floreano aliciafloreano@hotmail.com
LA INMIGRACIÓN (1850-1880)
Autora: Alicia Floreano.
INDICE TEMÁTCO
1. INTRODUCCIÓN.
2. EUROPA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX.
2.1. La industrialización europea.
2.2. Organización de la economía y la sociedad.
2.3. El movimiento revolucionario de 1848.
2.4. El surgimiento de la clase obrera europea.
2.5. Se origina el sindicalismo.
2.6. El nacimiento del socialismo utópico.
2.7. Orígenes de la emigración europea.
3. AMERICA LATINA ENTRE 1850-1880
3.1. Características políticas y económicas.
3.2. Hacia el capitalismo.
3.3. Capitalismo industrial y economía de exportación.
3.4. Las inversiones y los créditos extranjeros.
3.5. Antinómia civilización-barbarie.
3.6. Características sociales de Latinoamérica.
3.7. La falta de mano de obra.
3.8. Surgen las primeras soluciones.
3.9. La particular inmigración china.
3.10. Se inicia la inmigración europea.
4. ARGENTINA (1850-1880
4.1. Panorama político de la época.
4.2. Secesión de Buenos Aires y la Confederación.
4.3. Nace la República unificada.
4.4. La economía exógena y el surgimiento de un país nuevo.
5. LA INMIGRACIÓN EN ARGENTINA.
5.1. Antecedentes de la política inmigratoria.
5.2. Características sociales argentinas.
5.3. “Gobernar es poblar”.
5.4. Leyes y políticas inmigratorias.
5.5. La inmigración masiva.
5.6. Clasificación de los inmigrantes según su ocupación.
5.7. Peculiaridades del inmigrante.
5.8. La colonización en nuestro país.
5.9. Implicancias de la inmigración en Argentina.
6. INMIGRACIÓN Y COLONIZACIÓN EN SANTA FE.
6.1. Medidas nacionales y provinciales que fomentan la inmigración.
6.2. Comisión de inmigración.
6.3. Colonia Esperanza.
7. CONCLUSIÓN.
8. BIBLIOGRAFÍA.
INTRODUCCIÓN
A mediados del Siglo XIX, el mundo es objeto de cambios radicales. Europa, con las transformaciones propias de la segunda revolución industrial; América en pleno proceso de independencia y Argentina tratando de lograr su organización constitucional.-
Es en este período que comienzan a emigrar desde Europa, grandes masas humanas hacia el continente americano.
La problemática planteada en este trabajo es la siguiente: “América Latina se ha desprendido de la dominación colonial a principios del Siglo XIX, y se ha consolidado una nueva cultura, fruto del mestizaje. Con la oleada inmigratoria europea, que se asienta en la zona templada de América del Sur, se inicia un nuevo proceso que modificará lo ya establecido, no sólo en el ámbito demográfico, sino también en el cultural, social, económico, religioso, etc.
La hipótesis sustentada es la siguiente: a partir de este nuevo flujo inmigratorio proveniente de Europa, se produjo en Argentina, en el período comprendido entre los años 1850 y 1880, una sincretización cultural, o sea, una síntesis entre dos o más culturas de diferentes orígenes, que dio lugar al surgimiento de una nueva forma cultural.
El trabajo consta de cinco partes, divididas en subtítulos.
En la primera parte se investigan los acontecimientos que sucedieron en Europa a mediados del Siglo XIX, analizando la revolución industrial, con sus consecuencias sociales, económicas y políticas; el surgimiento del movimiento obrero y del socialismo, que tendrán influencia posteriormente en la Argentina con la llegada de los inmigrantes.
En la segunda parte se evalúa América Latina entre los años 1850 y 1880. las características sociales, políticas y económicas del período, la caída del régimen esclavista y la falta de mano de obra que cubrirá las nuevas necesidades surgidas de la economía exportadora que adquiere con relación a Europa y las soluciones halladas mediante políticas inmigratorias iniciadas en Europa.
En la tercera parte se analiza Argentina en el mismo período de tiempo que América. Los problemas políticos y el surgimiento de una economía exógena.
En la cuarta parte, trata de la inmigración propiamente dicha, con la política impulsora, las características sociales de Argentina y del elemento inmigrante, además la colonización del país.
En la quinta y última parte se analiza la provincia de Santa Fe, con su política inmigratoria en el ámbito provincial y nacional, y el caso particular de la primera colonia agrícola santafesina: Esperanza. Como cierre se plantean las consecuencias del proceso inmigratorio en la Argentina.
EUROPA A MEDIADOS DEL SIGLO XIX
LA INDUSTRIALIZACIÓN EUROPEA
La Revolución Industrial que se inició en Inglaterra a mediados del siglo XVIII, se extendió a vastas regiones de Europa. A este proceso se lo conoce como la etapa de industrialización y se extiende hasta 1840, año en el que se produce la primera crisis del capitalismo.
“Mientras en la Primera Revolución Industrial los inventos fueron obras, por lo menos en un comienzo, no de sabios sino de artesanos ingeniosos que a fuerza de utilizar las máquinas descubrieron sus fallas y las perfeccionaron [...], la Segunda Revolución Industrial estimuló los inventos en forma extraordinaria y ellos fueron responsables de un gran número de actividades: presionados por los técnicos más hábiles se vieron obligadas a concentrarse en la solución de los problemas que ellas planteaban”.[1]
ORGANIZACIÓN DE LA ECONOMÍA Y LA SOCIEDAD
En su mayoría las fábricas estaban dedicadas a la industria textil. Las máquinas de vapor se utilizaban casi con exclusividad en este rubro y no en otros de la industria. Por esta razón es que no desaparecen las actividades artesanales o domiciliarias, sino que conviven con las fábricas. El obrero ya no es responsable del producto final sino que pasa a ser un engranaje más de la cadena productora. “Lo que un ser humano podía hacer mecánicamente, podía hacerlo más deprisa [...] y mejor una máquina”.[2]
Surgen nuevos métodos de trabajo. Por medio de ellos, se intentaba obtener el máximo rendimiento en el tiempo más corto posible. La especialización en serie –división del trabajo- permitió que aumentara la productividad.
Las nuevas fuentes de energía, sumadas a la invención de nuevas maquinarias, dio paso a la era de la siderurgia.
Los transportes y las comunicaciones lograron un gran desarrollo gracias a los avances científicos y a la importancia lograda por la industria del acero, el carbón y el hierro. “A fines del siglo XIX, el carbón no solo constituía el corazón de la industria sino era el centro de toda la vida; su alto valor se mantuvo aún en los primeros años del siglo XX cuando la electricidad y el petróleo comenzaron a desempeñar un papel apreciable...”[3]
El barco a vapor reemplazó al velero, logrando no solo Mario rapidez, sino también mayor capacidad para transportar mercaderías a mayores distancias. Aparecen los transatlánticos con la consabida remodelación de los puertos.
Otro revolucionario invento fue el ferrocarril. En 1860 Europa estaba surcada por vías férreas que recorrían muchos miles de kilómetros. Junto con el barco a vapor, amplió el mercado internacional, ya que partían de centros industriales y agrícolas, productos exportados. Como consecuencia del desarrollo de los transportes, las comunicaciones postales adquirieron gran desarrollo con la invención del telégrafo.
“El crecimiento de la productividad se produjo por la aplicación de nuevos conocimientos tecnológicos y, gracias a una mayor experiencia productiva, que también favoreció la creación de grandes empresas en unas áreas geográficas reducidas. Así, la Revolución Industrial tuvo como consecuencia una mayor urbanización y, por tanto, procesos migratorios desde las zonas rurales a las zonas urbanas.”[4]
Un efecto de la Revolución Industrial fue el aumento demográfico. Hizo impacto en las ciudades, donde al aumentar las industrias, también aumentó el número de obreros que emigran del campo atraídos por la vida urbana. Sin embargo, en las zonas donde no llega la industrialización, sí fue alcanzada por los avances que se produjeron en torno a la agricultura.
“”La ciencia de la agricultura y la química, por ejemplo, hicieron adelantos durante el siglo XIX. Los hombres aprendieron a fertilizar el suelo de tal manera que pudiese producir cosechas cuádruples o quíntuples de las que producía en el siglo XVII.”[5]
Trilladoras, segadoras, tractores, etc., intensificaron la producción agrícola. A partir de 1850, el libre comercio y la competencia, aceleraron las transformaciones en la agricultura, además se ampliaron los mercados consumidores, surgiendo nuevos.
De este modo, van a surgir dos clases sociales nuevas: el proletariado fabril compuesto por los obreros de las fábricas, y la burguesía industrial, integrada por los empresarios y dueños de las fábricas.
EL MOVIMIENTO REVOLUCIONARIO DE 1848
El movimiento revolucionario de 1848 fue el que más se extendió por Europa, pero a excepción de Francia, los demás países –Italia, Estados Alemanes, Suiza, el Imperio de los Habsburgos- no obtuvieron un éxito notorio, ya que los antiguos gobiernos recuperaron el poder en poco tiempo y los revolucionarios fueron encarcelados o exiliados. También hubo levantamientos, aunque débiles, en España, Dinamarca, Rumania, Irlanda, Grecia e Inglaterra.
Francia fue el escenario del movimiento revolucionario. La monarquía constitucional que se estableció en 1830 negaba el sufragio universal a la baja burguesía y a los intelectuales. Los trabajadores tampoco gozaban de ese beneficio.
En 1845 se agravó la situación económica. Las malas cosechas provocaron un notable aumento de los precios de los alimentos básicos; se cerraron fábricas provocando desempleo y por consiguiente el hambre se generalizó. En casi toda Europa, la baja burguesía y los estudiantes se unieron a las protestas de los obreros.
“¿Quiénes eran los rebeldes y cuál había sido la causa de la insurrección? Marx y Tocqueville, aunque pertenecían a campos opuestos y diferían en los detalles, estuvieron completamente de acuerdo en afirmar que se había tratado de forma de gobierno sin alterar el orden de la sociedad.”[6]
En Francia, el ejército se negó a reprimir a los manifestantes, el rey abdicó y se proclamó la República. La baja burguesía pedía reformar el sistema electoral parlamentario que les permitiera una mayor participación en el gobierno, mientras que los trabajadores solicitaban soluciones al problema de la desocupación y el hambre. El gobierno provisional, contó con un ministro de trabajo que representaba a los trabajadores: Louis Blanc, un socialista. Este gobierno estableció el sufragio universal, abolió la esclavitud colonial, abolió la pena de muerte por delitos políticos, creó los Talleres Nacionales para solucionar el problema del desempleo.
Se llama a elecciones que dan como resultado una Asamblea Constituyente integrada en su mayoría por moderados. Ésta se enfrenta al gobierno provisional, cierra los Talleres Nacionales, reprimen a los revolucionarios e instaura los principios del liberalismo[7] económico. La revolución de 1848 en Francia culmina con la derrota de los trabajadores. En noviembre del mismo año se llama nuevamente a elecciones para elegir presidente de la República Francesa por medio del sufragio universal y resulta electo Luis Bonaparte.
EL SURGIMIENTO DE LA CLASE OBRERA EUROPEA
Los avances tecnológicos y los inventos, redujeron la necesidad de mano de obra; esto, unido al exceso de producción, originó la desocupación de grandes sectores de la clase obrera, que quedó reducida a la pobreza.
Con la apertura de nuevas fábricas, los trabajadores se disputaban los empleos, motivando esta competencia, la imposición por parte de los patrones de condiciones de trabajo que no beneficiaban al trabajador.
Hombres, mujeres y niños soportaban fatigosas jornadas de trabajo por el cobro de un salario mínimo, que no siempre se efectivizaba en dinero, sino que la mayoría de las veces era en vales que servían para comprar en negocios relacionados con la empresa donde trabajaban.
La higiene y la seguridad eran deplorables en las fábricas. Los obreros vivían hacinados en los suburbios de los barrios industriales. No había posibilidades para la educación, porque no había tiempo.
Aunque las rebeliones fueron derrotadas, a partir de esos movimientos de protesta comenzaron a surgir las primeras asociaciones de trabajadores que se organizan para luchar colectivamente. Los trabajadores europeos, especialmente los inglese y franceses, toman conciencia que forman una clase social e inician la creación de sindicatos, cooperativas, grupos, e incluso, periódicos para resistir a la explotación de la que son presa.
SE ORIGINA EL SINDICALISMO
Frente al liberalismo burgués, defienden su interés luchando por una sociedad cooperativa y en pos de beneficios colectivos. Además de los métodos de lucha tradicionales<: agitación callejera, panfletos, publicaciones de periódicos, motines, etc., encuentran una original: la huelga. Este es el medio de presión directa contra los dueños de fábricas.
El movimiento obrero ingles comenzó a organizarse en 1838, dando lugar al surgimiento del Movimiento Cartista. “Fue, el movimiento de mayor significación, aunque estuvo lleno de contradicciones y matices diversos [...].Cuando William Lovett y la Asociación de Trabajadores de Londres, ayudados por Francis Place, redactaron los seis puntos de la People’s Chárter (o Carta del Pueblo) en 1838, incluyendo el sufragio masculino, el pago a los miembros, el voto secreto y los parlamentos anuales, [...] la Carta era más un medio que un fin: un medio para llenar los estómagos y remediar males sociales, [...] los magros salarios, las largas jornadas de trabajo, el desempleo y el elevado costo de los alimentos.”[8]
En 1850 aparecieron los sindicatos nucleados en la Trade Unions “...a partir de 1858-1867, y desde su fundación se dedicaron a luchar por la abolición de la ley “amo y Criado” [...] en Francia [...] mejoró la condición obrera, pero limitó las condiciones de ese mismo mundo obrero. En Alemania [...] Lasalle fundó, en 1862, al Allgemeiner Deuscher Arbeiter-Verein. Siete años amas tarde, en el Congreso de Eisenbach, se funda el Partido Obrero Social Demócrata, de inspiración marxista.”[9]
EL NACIMIENTO DEL SOCIALISMO UTÓPICO
En Inglaterra, el principal socialista utópico fue Robert Owen. Produjo una importante reforma social, proponiendo un socialismo mutualista y cooperativista.
“La función útil de los socialistas utópicos no se limitó a la crítica negativa de la sociedad burguesa que educaba al proletariado; llegaron también a varias conclusiones positivas sobre la sociedad futura en que obscuramente se expresaba la necesidad de destruir las clases, de dar fin a las contradicciones entre la ciudad y el campo, de acabar con la familia, con la propiedad privada y con el trabajo asalariado, de trasformar el Estado en una simple administración de la producción. Todas estas conclusiones, contrariamente a las intenciones de los utópicos, levaban implícitamente la necesidad de destruir a las clases explotadoras.”[10]
En Francia, las duras condiciones impuestas a los trabajadores y el conflicto planteado por estos, movieron a algunos hombres a proponer reformas destinadas a cambiar las condiciones de los obreros. Sé auto denominaron socialistas, pensaban que los cambios debían surgir basándose en el cooperativismo, o bien, en la formación de comunidades que ayudaran en la trasformación de toda la sociedad.
“Los que seguían la doctrina de Saint Simon soñaban con un Estado dirigido por una aristocracia de técnicos y poseedores de suficientes medios de producción. Fourier (1772-1837) predicaba el derecho de la asociación libre y la desaparición del Estado. Louis Blanc, por el contrario, defendía la asociación libre de los obreros ayudados por el Estado en talleres sociales. Pero estos “socialistas utópicos” no intentaban apoderarse del poder.”[11]
Será un alemán llamado Karl Marx el creador del socialismo moderno. Uno de sus libros fundamentales fue “El Capital”, donde expuso su teoría política y económica.
Políticamente defiende un régimen socialista, valiéndose para ello de la dictadura del proletariado, que tiene como fin superar el sistema capitalista[12], de este modo se lograría construir una sociedad sin clases sociales. El marxismo influyó en la clase obrera. “¿Cuál sería –se preguntó Marx- el resultado de esta guerra de clases del capitalismo y el proletariado? Los aventureros del capitalismo, aducía él, debido a su inherente codicia y pugnacidad, tratarían de reunir el capital cada vez en menor número de manos, hasta concentrar al fin todos los medios de producción, comunicación, etc., en una forma asequible para los obreros, cuya conciencia de clase y solidaridad se habría ido desarrollando bajo el mismo proceso de organización y concentración de industria. Al llegar este momento, os obreros se apoderarían del capital y lo trabajarían por sí mismos. Esta sería la revolución social.”[13]
Su prédica fue decisiva para la Primera Internacional de Trabajadores que se constituyó en Londres en 1864, que aspiraba acabar con el capitalismo.
ORÍGENES DE LA EMIGRACIÓN EUROPEA
En la segunda mitad del siglo XIX aumentó considerablemente la población gracias a que desaparecieron los factores que limitaban el crecimiento, tales como la escasez de alimentos y la alta mortalidad por epidemias. El desarrollo científico permitió aumentar notablemente la producción agrícola, los transportes, agilizar las comunicaciones y reducir los índices de mortalidad gracias a los avances en la medicina y las medidas higiénicas. Los hombres dejaron de estar tan expuestos a las contingencias de la naturaleza, -sequías, inundaciones, etc.- y favoreció el crecimiento demográfico.
Allí donde se desarrolló la industria, la agricultura pasó a ocupar un lugar secundario, apelando a los países donde abundaban los recursos naturales para alimentar a la población.
“Esta población estaba animada por un particular dinamismo; parecía que el crecimiento demográfico actuaba como estimulante sobre la evolución técnica y económica de Europa, generando en su seno, movimientos que permitían una cierta adaptación de la oferta de mano de obra a la demanda del mercado de trabajo.”[14]
Al comienzo estas migraciones se realizaron dentro de las regiones industrializadas y luego entre los diferentes países de Europa, pero siempre desde el campo a la ciudad. La causa fundamental de esta dirección fue que, la agricultura, que había avanzado mucho técnicamente, relegó más mano de obra. Todo contribuyó al cambio profundo que se produjo en la población rural, que disminuyó considerablemente.
“Pero el hecho más notable en cuanto a desplazamiento de la población fue la emigración a otros continentes. En la segunda mitad del siglo XIX, los movimientos humanos alcanzaron una amplitud espectacular, cuando masas enormes cruzaron los océanos.”[15]
La población europea se encontraba agobiada por serias dificultades económicas. La probabilidad de lograr tierras libres o bien, a bajo costo, y la gran demanda de mano de obra para la explotación de riquezas en otros continentes, atrajo a los campesinos que enfrentaban el problema de la desocupación provocada por la industrialización. También unieron aquellos que no estaban afectados por los problemas de miseria, sino que ansiaban un trabajo más libre que les redituara mejores salarios.
“El desarrollo de los medios de transporte había abaratado los pasajes haciendo posible que gentes de pocos recursos, o sin ellos, se desplazaran de un continente a otro.
Muchos fueron inducidos a dejar su país de origen con la falsa promesa de que en los ‘países nuevos’ la riqueza podía lograrse fácil y rápidamente. En otros casos se utilizaron métodos menos escrupulosos para atraer a los inmigrantes, tal fue la propaganda llevada a cabo por compañías de navegación y de ferrocarril [...] esta campaña [...] se vio favorecida por la política de los mismos estados industriales que no trabaron la emigración, sino la promovieron como medio de aliviar los graves trastornos causados por la presión demográfica.”[16]
AMÉRICA LATINA ENTRE 1850-1880
CARACTERÍSTICAS POLÍTICAS Y ECONOMICAS
La clase criolla que había heredado el poder tras la independencia, abolió muchas de las instituciones, impuestos y derechos de aduana, concordando así con el liberalismo del siglo XIX; pero “...sus grandes esperanzas se desvanecieron con la crisis política y la decadencia económica que caracterizaron los primeros años de la mayoría de las nuevas naciones. A mediados del siglo XIX, los caudillos tomaron las riendas del poder político, económico y social de casi toda la región.”[17]
América Latina, en esta época, era partícipe del nuevo orden económico y comercial en el ámbito mundial, dirigido desde Europa, principalmente de Gran Bretaña. Ésta, buscó abrir mercados para ubicar los excedentes industriales que manufacturaba. “...la apertura de casi todos los puertos del mundo, no significó la desaparición del colonialismo, sino un cambio de forma del mismo. Lo que había sido relación de dependencia bajo los viejos monopolios se transformaba en sujeción a los centros dinámicos del capitalismo industrial; ...los ritmos más acelerados de la oferta y la demanda tendían a amenazar [...] las economías cerradas que habían podido resistir hasta entonces.”[18]
Entre 1850 y 1880 se establece un nuevo orden neocolonial entre América Latina y Europa, convirtiéndose la primera en productora y exportadora de alimentos y materias primas.
HACIA EL CAPITALISMO
Éste cambio significará un conjunto de modificaciones en lo económico, político y social, tendientes a organizar los estados nacionales, con gobiernos fuertes y capaces de integrarse al mercado internacional. Además, debió pasar al sistema capitalista como modo de producción, aunque con diferencias esenciales con respecto al europeo.
Los procesos que permitieron la transformación fueron: la abolición de la esclavitud, las reformas liberales y la colonización de áreas deshabitadas.
La existencia de la esclavitud mantuvo en la mayoría de los países hasta mediados de siglo y en los casos de Brasil y Cuba, solo fue abolida entre 1880 y 1890. en la mayoría de los casos el paso de esclavo a hombre libre se hizo gradualmente y a través de la legislación y solo concluyó cuando los propietarios “...comprendieron que la mercancía, es decir el negro, resultaba poco rentable y era más conveniente obtener mano de obra a través de formas alternativas como el arrendamiento o el colonato, considerando además qué, en la mayoría de las situaciones, la abolición fue acompañada de indemnización por el estado a los propietarios de esclavos.”[19]
En lo que refiere a las reformas liberales, la legislación establecida entre 1850 y 1880, proyectó la formación de un extenso mercado de tierras y la consiguiente movilidad de mano de obra, obstaculizada hasta ese momento por las comunidades indígenas y la Iglesia.
El latifundio[20] se amplió y consolidó en esos años, y a los terratenientes tradicionales se incorporaron comerciantes y militares allegados al poder. El principal problema que debieron enfrentar los gobiernos nacionales fue el siguiente: la tierra era mucha y la mano de obra escasa. Ésta última, por más que se proclamaba libre, continuó vinculada a la tierra en las formas de colonato, persistiendo las prestaciones gratuitas que beneficiaban al propietario, a la Iglesia y al Estado.
Las zonas con importantes recursos económicos, pero despobladas, y por ende, sin posibilidades de ser explotadas, dependieron de la inmigración. En algunas regiones la ocupación fue lenta, en otras más rápida, dando como consecuencia una activación notable de la economía. Se puede poner como ejemplo de esto a Argentina, Uruguay y sur de Brasil.
CAPITALISMO INDUSTRIAL Y ECONOMÍA DE EXPORTACIÓN
El progreso de las fábricas europeas en conjunción con las nuevas tecnologías de transporte y comunicación, contribuyeron a atiborrar el mercado de América Latina con mercancías de Europa, a costos más bajos que los de los mercados locales, provocando la progresiva desaparición de la industria artesanal tradicional.
“Los ponchos, sombreros, cuchillos, telas de todas clases, bebidas y los más variados útiles que llegaban por vía de importación, derrotaron en el mercado local a los que se confeccionaban en la región. Este es un fenómeno común en toda América Latina...”[21]
Obviamente que se incentivo el consumo de artículos suntuarios, solo accesibles a las clases altas, y como resultado de ello, se modificó el modo de comercializar. Se aprendió más rápidamente a consumir que a producir.
El libre comercio y la falta de medidas proteccionistas favorecieron la exportación de materias primas. “Su consecuencia lógica fue la instauración de sistemas de monocultivos en torno a algún tipo de producción dominante, lo que motivó el abandono de viejas formas de agricultura para el consumo local. [...] El monocultivo, por ora parte, colocaba en tal dependencia a la economía laboral con relación al mercado exterior que una baja de precios repercutía rápidamente [...] Estos países [...] eran presas provechosas para la especulación.”[22]
América Latina comienza a tener su lugar en las exposiciones internacionales europeas. Gruesos folletos explicativos sobre la situación, las explotaciones y las actividades que en ella se desarrolla. Al mismo tiempo que el capitalismo industrial triunfa en Europa, y prospera el transporte, la economía latinoamericana va quedando bajo la dependencia del mercado europeo.
LAS INVERSIONES Y LOS CRÉDITOS EXTRANJEROS
Se producen dos innovaciones importantes: disponibilidad de capitales y mayor cantidad de metrópolis por absorber la mercadería exportada desde Hispanoamérica. La primera se da en los créditos e inversiones de los gobiernos, lo que contribuyó al afianzamiento de los estados.
“Los préstamos a gobiernos, que cada vez más frecuentemente adoptan fórmulas de devolución a largo plazo [...], se apoyan en una visión del futuro latinoamericano (a la que contribuyen en fortificar) según la cuál la expansión constante de la economía resolverá el problema de endeudamiento. De hecho es la del crédito externo la que resuelve a su modo [...] y esa expansión está lejos de ser constante.”[23]
La inversión de capitales se rigió por diversos criterios de división internacional del trabajo: construcción de puertos y líneas ferroviarias que favorecían la introducción de productos manufacturados y la exportación de materias primas: créditos al comercio que permitían realizar un mayor número de operaciones y en lo que se refiere al monocultivo, se invertían en técnicas que ayudaran a la producción en mayor escala.
En las principales ciudades se crearon bancos que estaban capacitados para orientar sobre negocios e inversiones.
El capital extranjero fue monopolizando los servicios públicos. Controló los transportes urbanos y se encargó de la extensión de la mayor parte de ferrocarriles.
Inglaterra invirtió desde principios del siglo XIX en Argentina y Brasil, cerca de 250.000.000 libras esterlinas. Sus dineros se colocaron en empresas productoras de riquezas y no en el Estado. Por el contrario, los capitales franceses, más tardíos, tenían menos calidad, y no contribuyeron tanto a la trasformación latinoamericana. Menos poderosos aún fueron los capitales alemanes en América.
“Con 30 mil millones de francos oro invertidos, las grandes potencias de Europa occidental habían logrado imponerse en la economía del continente. Estas inversiones no dejaron de constituir un peligro APRA la independencia de las jóvenes repúblicas.”[24]
ANTINÓMIA CIVILIZACIÓN – BARBARIE
Los grupos dominantes liberales en América Latina, fuertemente atraídos por la cultura proveniente de Francia e Inglaterra, pretendían imponer esos modelos de territorios, para así desarrollar una sociedad similar a la extranjera, menospreciando lo autóctono.
Los adelantos técnicos y el desarrollo económico en crecimiento de los ingleses, sumados a los refinamientos, modos de vida y progreso intelectual de los franceses, fueron las causas de la “europeización” de Latinoamérica. Las comunicaciones y las técnicas de producción hicieron posible la divulgación de la cultura europea. Los libros, revistas, música, teatro, llegaron para regocijo de las elites, que veían en el extranjero, la cuna del progreso y la civilización.
“Esta admiración e imitación de lo europeo reforzó las teorías racistas y por entonces la aplicación del darwinismo social sirvió frecuentemente para justificar la expansión sobre las culturas consideradas inferiores o salvajes.”[25]
Los sectores sociales perjudicados fueron los mestizos, los negros y los indios de las zonas rurales, quienes veían deteriorarse día a día su standard de vida, a diferencia de los sectores medios y populares urbanos, beneficiados por el auge del comercio exportador.
Como consecuencia de esta metamorfosis, prosiguieron las revueltas protagonizadas por los indígenas (México y los Andes) y los mulatos libres y esclavos (Cuba y Brasil). A estas formas ya conocidas se le sumaron nuevas maneras de resistencia relacionadas directamente con los cambios operados, fueron las Sociedades de Igualdad y los Clubes, inspirados en ideas del socialismo utópico, anarquismo, liberalismo político y romanticismo literario. Sus precursores fueron Francisco Bilbao en Chile, Esteban Echeverría en Argentina, P.C. Rhodakanaty en México. Agruparon artesanos, maestros, obreros y trabajadores portuarios y en el año 1860 incentivaron las primeras huelgas en América Latina.
CARACTERÍSTICAS SOCIALES DE LATINOAMÉRICA
“En el origen, América Latina había sido un mundo de ciudades. Pero el campo emergió de pronto [...] la sociedad rural irrumpió como un factor de poder [...] Ciertamente [...] las ciudades se ruralizaron en alguna medida, pero solo en apariencia, en las costumbres y las normas [...] En el fondo la sociedad rural fue reducida poco a poco, [...] a los esquemas urbanos. De todos modos, después de la Independencia las ciudades dejaron de ser el centro exclusivo de las decisiones económicas y políticas. Siguieron siendo, ciertamente, los núcleos sociales más organizados, y por eso recuperaron poco a poco el poder aunque tuvieran que reemplazar las viejas elites por otras más aptas para la transacción con la sociedad rural. El campo se transformó, a su vez, en el centro de decisiones, y las ciudades debieron aceptar esa bipolaridad.”[26]
La elite rural se urbanizó tal vez en un grado mayor al que se ruralizaron las ciudades.
En las haciendas ganaderas, el elemento humano estaba compuesto por gauchos, vaqueros, huasos y llaneros (según la región geográfica, correspondía el nombre), quienes se ocupaban con mucha habilidad y maestría del manejo del ganado. Los hombres de trabajo podían pertenecer al plantel estable y residir en las estancias, o bien vagaban de campo en campo y trabajaban ocasionalmente. En las minas y las plantaciones, la nómina de trabajadores estaba compuesta por negros esclavos.
El hecho que integraría y daría oportunidad de ascenso a toda esa “plebe” rural, sería la guerra civil. Los hacendados tuvieron que participar en la conformación de los ejércitos, aportando gente; algunos se destacaron más que otros y no regresaron a su condición de origen.
Surge el bandidaje como expresión de esa plebe rural. Saqueaban caminos y haciendas, y llegaron a confundirse con el ejército. “Bandidos y soldados eran dos caras de la misma moneda. [...] Vagos y carentes de principios, [...] eran, en rigor, los que escapaban como podían de la sujeción que habían soportado largo tiempo la plebe rural. Las guerras [...] les ofrecieron la ocasión, y mientras sus patrones buscaban poder, los peones de a caballo buscaron su sustento y acaso su riqueza mediante el crimen y el robo. Lo importante era salir de la hacienda, de la dependencia, y gozar de la libertad salvaje de la tierra sin amo y de la riqueza fácil...”[27]
Otro tipo característico de esa época era el denominado “gente de a caballo”, pertenecían a las regiones de las pampas rioplatenses o peruanas, a los llanos venezolanos, a los estados mexicanos y brasileños o a los valles chilenos.
El caballo además de ser una necesidad, llegó a ser en estas zonas un lujo y un deporte. Se le prodigaban cuidados esmerados. En la Argentina, todos los gauchos contaban con uno o más caballos. Era el elemento clave que otorgaba la posibilidad de trabajo o la condición de hombre libre.
El gaucho era un personaje con muchas particularidades. No solo gastaba más de lo que tenía para engalanar su caballo, sino que, -por contar con otro objeto que cooperaba en la defensa de su libertad: el facón-, se jactaba de ser valiente, provocativo y arrogante. Participaba gustoso de los rodeos, las corridas de caballos, bebía, cantaba tonadas, enamoraba muchachas, y en cuanta ocasión tenía “se hacía notar”.
Ahora bien, junto con este personaje tan peculiar, vivía una gran mayoría de trabajadores tranquilos ocupados de las faenas campestres.
Las clases altas eran afectas a los productos franceses e ingleses. Vivían obsesionados por estar al día con la moda europea. Algunos habían heredado sus fortunas de la época de la colonia, generalmente vivían en las ciudades coloniales de Popayán, Trujillo, Puebla, Olinda o Bahía.
Otros amasaron fortunas con métodos más modernos: a expensas del poder político, con negociaciones o usurpaciones, o bien ejerciendo el comercio. El alto clero y las jerarquías militares pertenecían a la alta sociedad por derecho propio.
Las ciudades, en definitiva, comenzaron a cambiar su fisonomía. Pero fue innegable el menosprecio que sentían los “doctores” y los “señoritos” de la urbe hacia el campo, tratando de volverlo a su condición de sometido. “Cierto enfrentamiento entre la vida del campo y la ciudad se advirtió durante esta época, acaso porque el mundo rural creció en estatura y, durante un tiempo, creyó que podía desafiar al mundo urbano. Pero perdió pronto la batalla, y quedó del lance cierto recíproco resentimiento o, simplemente, la aguda percepción de que representaban dos formas distintas de vida.”[28] Dos obras importantes, como son el “Martín Fierro” de José Hernández y el “Facundo” de Sarmiento, muestran claramente el enfrentamiento ciudad-campo, que se evidenció en las contratantes formas de vida.
Otra característica que se vislumbró fue la notoria oposición de una minoría propietaria y una mayoría poblacional de escasos recursos, con bajísimo nivel de vida. Esta situación se ve atenuada en las zonas geográficas donde el latifundio tiene menor importancia.
LA FALTA DE MANO DE OBRA
Como consecuencia de la desintegración del régimen esclavista y la cada vez mayor exigencia por parte de Europa de materias primas –esto acarreaba la necesidad de aumentar la producción-, se fue haciendo cada vez más evidente la carencia de mano de obra; esto derivó en una suba general de los salarios.
La esclavitud estaba destinada a desaparecer, ya que su característica rigidez no concordaba con la dinámica de las economías capitalistas. Amén de eso, “...la creciente introducción de maquinarias fue, a la vez, causa y efecto del proceso de desintegración del régimen esclavista. Causa en la medida en que aquellas exigen técnicos o, por lo menos, obreros especializados en su manejo; efecto por que la carencia de mano de obra estimulaba la introducción de maquinarias.”[29]
Se puede inferir que la modernización que trae aparejada la economía exportadora, se da más en la teoría que en la práctica, dado que continúa estancado en un sistema de trabajo lento, que tendrá forzosamente, que dar un giro radical “...para aumentar la productividad de la mano de obra; las quejas sobre la invencible pereza del campesino hispanoamericano, en que coinciden observadores extranjeros y doctos voceros locales del nuevo orden, son testimonio de la presencia de un problema insoluble: Se trata de hacer de ese campesino una suerte de híbrido que reúna las ventajas del proletariado moderno (rapidez, eficacia surgida no solo de la voluntad genérica de trabajar, sino de una actitud racional frente al trabajo) y las del trabajador rural en América Latina ( escasas exigencias en cuanto a salarios y otras recompensas, mansedumbre para aceptar una disciplina que insuficientemente racionalizada ella misma, incluye vastos márgenes de arbitrariedad).”[30]
SURGEN LAS PRIMERAS SOLUCIONES
La gran necesidad de encontrar reemplazos para la mano de obra con que se había movido América Latina hasta que se suscitó la debacle del régimen esclavista, llevó a buscar sustitutos, ya no en África. Es así como comienzan los primeros movimientos migratorios. Los primeros contingentes no se diferenciaban demasiado de los esclavos, el trato era tanto o más inhumano que el que se les proporcionaba a aquellos. Las islas Azores y las Canarias fueron presas fáciles para “vender” maravillas que luego, cuando llegaban a la “tierra prometida” no se cumplían.
Mucho más efectiva era la propaganda que realizaban los propios inmigrantes al enviar noticias a sus familiares. Contribuía a su mayor impulso, o bien, un freno para el proceso migratorio. Alemanes llegaron a Brasil, franceses a Paraguay, polinesios a Perú, y en 1878 rusos menonitas arribaron a Brasil. Inclusive para resolver el problema de mano de obra y aumento de producción, algunos gobiernos aceptaron el ingreso de colonizadores con autonomía religiosa, exención de servicio militar o diferentes ideologías. “Tal es el caso del gobierno paraguayo, cuando favoreció la instalación de una colonia[31] socialista (Nueva Australia), formada por quienes huían de la crisis en que se encontraba Australia y que habían sido persuadidos de las ventajas de una organización colectivista.”[32]
LA PARTICULAR INMIGRACIÓN CHINA
La economía cubana, peruana, mexicana, brasileña, ecuatoriana, venezolana y panameña tuvieron aporte chino. Venezuela aprobó una ley de inmigración para solucionar el problema que tenía en los cultivos de cacao, pagando un sueldo de veinticinco pesos por cada chino que ingresaba al país.
En Perú, con la abolición de la esclavitud, se generó una fuerte crisis agrícola, debido a la falta de mano de obra. Se trajeron chinos pertenecientes a los estratos más bajos de la sociedad asiática. Al arribar al puerto de El Callao eran vendidos a los agricultores, quiénes firmaban un contrato por ocho años, se les pagaban a los coolíes un sol como salario, y el precio de cada uno ascendió de 300 a 400 soles. “En la década de 1850 llegaron a Perú unos 13.000 coolíes, y se calcula que se murieron más de 2.000 en los viajes. De 1860 a 1874 se estima que el número de chinos llegados es de 74.952 y de 7.677 el de muertos en la travesía.”[33] Los chinos eran utilizados como trabajadores agrícolas, pero también como domésticos, mozos, cocineros, etc. La gran diferencia cultural hizo que no se adaptaran al medio, esto sumado a la explotación a que eran sometidos hizo que permanecieran al margen de la vida nacional. Inclusive llegaron a rebelarse en muchas ocasiones.
En 1878 se prohibió la salida de los chinos por parte del su gobierno, y esto tuvo consecuencias terribles en la economía peruana, a tal punto que se envió al gobierno chino una misión diplomática para reestablecer el tráfico.
Cuba, para atenuar su crisis, llevó por la fuerza a indígenas mexicanos, en carácter de trabajadores contratados. Poco a poco también introdujeron chinos. Entre 1853 y 1874 habían ingresado aproximadamente 125.000 chinos, cuyo precio oscilaba entre 100 y 400 dólares.
México, animado por la experiencia peruana, ingresó trabajadores coolíes en sus haciendas. Por 1890 se produjeron frecuentes quejas dado que el trabajo de los hombres era mucho más barato, cooperando para que los sueldos mexicanos caigan mucho más, tal es así que comienzan a haber actos de violencia contra los de la raza amarilla y se piensa prohibir la inmigración, tal como lo hicieron los Estados Unidos.
SE INICIA LA INMIGRACIÓN EUROPEA
“La ola de emigrantes que abandonó Europa a partir de 1850 se dirigió, sobre todo, hacia Estados Unidos (26.180.000 se establecen allí entre 1820 y 1930) y, en menor cantidad en América Latina (unos 6.000.000). A diferencia de la que parte hacia Estados Unidos, ésta inmigración es esencialmente originaria de los países latinos del sur de Europa, más de Italia, que de España y Portugal.”[34]
La mayoría de los gobernantes de América Latina, influenciados por el éxito de la inmigración[35] en Estados Unidos y con una firme esperanza puesta en los europeos, planearon el traslado de emigrantes y su afianzamiento en colonias.
Argentina, Brasil, Uruguay y Chile fueron los países que mayor cantidad de inmigrantes acogieron. El resto de Latinoamérica recibió también, pero en cantidades mucho menores. La semejanza del clima de estos países con los de los emigrantes, y el desarrollo de los medios de transporte permitieron que las zonas despobladas fueran explotadas; demandando una gran cantidad de mano de obra. “La segunda conquista humana de América Latina por Europa permanece acantonada en la zona templada del continente.”[36]
El grueso de inmigrantes correspondía al excedente de población italiana y española que había sido “arrojada” de los campos; a éstos se le sumaron “...hombres de otros países, en particular, diversas minorías desplazadas por la política europea (polacos, franceses del sur – principalmente vascos-, portugueses –que se vuelcan hacia Brasil aprovechando la comunidad idiomática-, minorías alemanas procedentes de Rusia, judíos de diversos países, etc.)”[37]
El país que más se transformó por la inmigración europea, fue Brasil. Recibió unos 4.000.000 de inmigrantes. De haber sido un país negro e indio al comenzar el siglo XIX, pasa a ser una nación de blancos. Fueron muchas las seducciones empleadas por los gobiernos para atraer la inmigración. La ola inmigratoria europea modificó las estructuras de Brasil, desplazando hacia el sur su centro étnico (Bahía), pasando a ser Sao Paulo, gracias a los blancos. La economía del país les debe su impulso, la prosperidad del café no hubiera sido posible sin ellos.
La inmigración en América Latina fue de dos tipos: espontánea y subvencionada. Para el segundo caso, fue desde el nivel oficial el traslado, principalmente de agricultores. Se organizaron campañas, se subvencionaron los pasajes y se cuidó la inserción de los mismos en las zonas de producción.
América Latina necesitaba mano de obra, pero los europeos vieron, a su vez, las posibilidades económicas que ésta ofrecía.
“Desde la Declaración de la Independencia (1810), la Argentina se esforzó por atraer inmigrantes a sus tierras vírgenes, acordándoles casi más derechos que a sus propios ciudadanos; pero tales prescripciones no lograron todo su efecto sino hacia el 60, cuando se tendieron los primeros ferrocarriles y se instalaron los grandes saladeros (1867-1877).”[38]
ARGENTINA (1850-1880)
PANORAMA POLÍTICO DE LA ÉPOCA
Juan Manuel de Rosas gobernó el país desde 1829 prácticamente sin interrupción hasta 1852, cuando Urquiza en la batalla de Caseros, lo derrotó, refugiándose aquél en Inglaterra hasta el día de su muerte. La Federación había llegado a su fin.
El gobernador de Entre Ríos –Urquiza- luego de la mencionada batalla, entra a Buenos Aires con el firme propósito de organizar el país. Incluso los unitarios estaban de acuerdo. “Y todos estaban de acuerdo con la necesidad de la unión, porque las autonomías habían consagrado también las miserias de las regiones mediterráneas. Quizás la diversidad del desarrollo económico de las distintas regiones del paría fuera el obstáculo más grave para la tarea de unificación nacional.”[39]
Urquiza convoca a los gobernadores a reunirse en San Nicolás. Firman un acuerdo en el que se lo designa Director Provisorio de la Confederación Argentina, se reafirma el Pacto Federal y se sienta el principio federal, que se vería reflejado en medidas económicas innovadoras: Libertad de comercio en todo el territorio, libre navegación de los ríos y distribución equitativa de las rentas nacionales. Se estableció que el Congreso Constituyente se reuniría en Santa Fe y que cada provincia enviaría dos diputados. A esto debe añadirse la pretensión de nacionalizar la aduana, hasta ese momento, hegemonía de Buenos Aires. Los porteños comienzan a manifestar abiertamente su disconformidad con el Pacto de San Nicolás.
El 11 de septiembre estalla la revolución en Buenos Aires. Nombran gobernador a Valentín Alsina y se separan de la Confederación, declarando autónoma a la provincia y nulo el Pacto de San Nicolás. En Santa Fe se estaba discutiendo la Constitución Nacional, teniendo como paradigmas la Constitución de Estados Unidos y las “Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina” de Alberdi. Se sancionó finalmente el 1° de mayo de 1853 son la representación de Buenos Aires. Se consagró el sistema representativo, republicano y federal de gobierno, y se reafirmaron los puntos del Pacto de San Nicolás. Fue jurada el 9 de julio para todas las provincias, excepto Buenos Aires. Se consuma definitivamente la división.
SECESIÓN DE BUENOS AIRES Y LA CONFEDERACIÓN
La capital de la Confederación se establece en Paraná y Urquiza es el presidente. El Estado de Buenos Aires, por su parte, comenzó a organizar su vida institucional y mantuvo su organización administrativa y el monopolio aduanero, con la consabida retención de las recaudaciones en notable crecimiento. Sostenía una política netamente librecambista que había posibilitado la apertura de líneas marítimas regulares con Europa, siendo su principal producto exportable la lana. Se publicaban varios periódicos en la ciudad, tales como: “La Reforma Pacífica”, “La Tribuna”, “El Nacional”. En 1857 se inauguró el Ferrocarril del Oeste, que unía la estación de Parque y la de Flores, movido por la famosa locomotora “La porteña”.
En cambio, la Confederación no contaba con recursos para cubrir sus crecientes necesidades. El gobierno pacta con Estados Unidos, Francia, Inglaterra y Brasil para revertir la situación, pero los resultados eran lentos. Se desarrollo la enseñanza primaria, se nacionalizó la Universidad de Córdoba, pero cada vez se tomaba mas conciencia que los problemas no se resolverían mientras continuara la secesión con Buenos Aires.
“La creciente tensión entre los dos Estados desembocó en una abierta guerra económica. La Confederación resolvió en 1856 establecer los que se llamaron “Derechos Diferenciales” para las mercaderías que llegaban a su territorio directamente o los que habían pasado por Buenos Aires; estas últimas debían pagar un impuesto más alto, con lo que se suponía que se desviaría el tráfico hacia el puerto de Rosario y otros puertos menores de la Confederación.”[40]
Buenos Aires contaba con frentes opuestos con relación a la unificación del país. Uno de ellos, liderado por Mitre, pretendía la unificación del país sin perder Buenos Aires su hegemonía, y el otro, liderados por aquellos que tenían intereses mercantiles y veían en la unificación el beneficio de apertura de mercados.
En junio de 1860 se reúnen para ampliar el Pacto de San José de Flores; y no fue hasta septiembre de 1861, cuando se enfrentaron en Pavón ambos estados y Mitre vence a Urquiza –en realidad, este último se retiró del enfrentamiento sin haber sido derrotado definitivamente-. Mitre va a ejercer el control desde Buenos Aires, sobre todas las provincias, esforzándose por lograr la unificación nacional. Por medio de un acuerdo se establece la conv