Viernes 19 de Septiembre de 2014 | Hay 58 usuarios online en este momento!
 

Golpe de estado de 1976

Imprimir
Recomendar a un amigo
Recordarme el recurso
Descargar como pdf

Seguinos en en Facebook


articulo acerca del golpe militar de 1976 - 1983

Agregado: 09 de MAYO de 2005 (Por anonimo) | Palabras: 11675 | Votar! |
2 votos | Promedio: 10
| Sin comentarios | Agregar Comentario
Categoría: Apuntes y Monografas > Historia >
Material educativo de Alipso relacionado con Golpe estado 1976
  • Qu es un golpe de Estado?: Trabajo desarrollado por el Ministerio de Educacin, Ciencia y Tecnologa de la Repblica Argentina.
  • LA POLITICA Y LA LOGIA: JOSE HERNNDEZ Y SUS COINCIDENCIAS CON EL PRESIDENTE SARMIENTO EN 1870: ...
  • El derecho administrativo.: Estado, concepto, relacion con otras ramas del derecho, clasificacion de las leyes, orden de prelacion de las leyes, fuentes de derecho administrativo, administracion publica, servicio publico, etc.

  • Enlaces externos relacionados con Golpe estado 1976nalga


    Autor: anonimo (info@alipso.com)




    Captulo 68: El rgimen militar (1976-1983)

    Introduccin

    Tras el golpe del 24 de marzo de 1976 que derroc al gobierno de Mara Estela Martnez de Pern (Isabel Pern), fue instaurado un rgimen militar que sera conocido como Proceso de Reorganizacin Nacional. Una Junta Militar compuesta por los comandantes de las tres armas -general Jorge Rafael Videla, almirante Emilio Eduardo Massera y brigadier Orlando Ramn Agosti-, la cual deba nombrar al presidente, se hizo cargo del poder. Mediante el dictado de una serie de Actas Institucionales -el Acta para el proceso de reorganizacin nacional del 24 de marzo; el Acta estableciendo el propsito y los objetivos bsicos para dicho proceso, de la misma fecha; el Estatuto para el mismo proceso del 31 de marzo; y la ley 21256, que aprobaba el Reglamento para el funcionamiento de la Junta Militar, el Poder Ejecutivo Nacional y la Comisin de Asesoramiento Legislativo (CAL), del 26 de marzo de 1976-, dicha Junta estableci una seudo-legalidad. La Constitucin Nacional quedaba subordinada a los objetivos y fines del Proceso revolucionario. El presidente deba elegirse entre oficiales superiores de las fuerzas armadas y tendra atribuciones ejecutivas, legislativas y de nombramiento de funcionarios nacionales y provinciales. Dicho cargo recay en uno de los miembros de la Junta Militar, el general Videla, quien hasta agosto de 1978 fue simultneamente comandante en jefe del Ejrcito. (1)
    Las Actas Institucionales disponan la participacin de las tres armas, por partes iguales en el manejo del estado. De este modo, las distintas reas del gobierno nacional y los gobiernos provinciales fueron repartidos equitativamente. De acuerdo con este sistema, cada arma tendra 33% del poder, no slo en el poder Ejecutivo -la Junta Militar, integrada por los comandantes en jefe de las tres armas-, sino tambin en el Legislativo -la Comisin de Asesoramiento Legislativo (la CAL, rgano integrado por oficiales en actividad cuya funcin era la de estudiar la creacin de nuevas leyes)-. Asimismo, cada ministerio estuvo a cargo de un arma y cada funcionario design a sus colaboradores de acuerdo con el estricto sistema castrense de lealtades personales. Pero tambin cada ministerio a cargo de un arma tuvo delegados militares observadores de las otras dos armas, y de las tres en el caso de ministerios a cargo de civiles (como, por ejemplo, el de Economa). Este sistema particular de controles mutuos, tericamente tuvo por objetivo evitar la excesiva concentracin de poder en una determinada arma y garantizar la incorruptibilidad del sistema. (2) En la prctica, sin embargo, termin generando una estructura decisoria de alto nivel de conflictividad, donde se exacerbaron las rivalidades entre las tres armas, las internas dentro de cada arma y las luchas personales por controlar mayores espacios de poder. (3)
    Adems de reunir la mayor cantidad de recursos para reprimir la guerrilla subversiva, las fuerzas armadas se propusieron un ambicioso plan de gobierno: reorganizar la nacin, renovar sus estructuras econmicas, reformar las instituciones polticas y dar nuevos contenidos a los valores establecidos en el prembulo constitucional. Entre los objetivos bsicos se mencionaban la soberana poltica, la moral cristiana, la tradicin nacional, la dignidad de ser argentino, la seguridad nacional, la erradicacin de la subversin y de sus causas, y la insercin internacional del pas en el mundo occidental y cristiano. (4) En opinin del socilogo Torcuato Di Tella, el proceso iniciado en 1976 constituy una intervencin transformativa, que tuvo la intencin de construir una nueva Argentina a travs de la modernizacin de la economa, el disciplinamiento de los sindicatos y la liquidacin de la subversin izquierdista. Asimismo, Marcelo Cavarozzi caracteriza este rgimen como autoritario refundacional, por su propsito de transformar al conjunto de la sociedad argentina e imponer un orden econmico y social ortodoxo que eliminara todo vestigio de las polticas populistas de peronismo. (5)
    Por otra parte, el contexto regional e interno de la segunda mitad de los aos 70, caracterizado por la presencia de la actividad guerrillera, llev a los militares argentinos a adoptar la doctrina de contrainsurgencia, el eje ms conservador de la Alianza para el Progreso. Esto significaba que la Doctrina de la Seguridad Nacional y el Desarrollo pasara a ser la Doctrina de la Seguridad Nacional a secas. El objetivo hobbesiano de extirpar el cncer de la subversin izquierdista y lograr el orden a cualquier precio pas a ser la prioridad del rgimen surgido del golpe de 1976. As, en el Acta que fija el propsito y los objetivos bsicos del Proceso y en el Acta para el Proceso, el trmino desarrollo nacional aparece tan slo mencionado un par de veces y totalmente mediatizado por las frecuentes referencias a objetivos vinculados a la seguridad, como la necesidad de erradicar la subversin y sus causas y la de suspender las actividades polticas, parlamentarias y gremiales. (6)
    A pesar de sus esfuerzos por demostrar una imagen monoltica ante la opinin pblica, el nuevo rgimen militar evidenci serias fracturas internas, lo cual contradice la imagen corriente del Proceso como una dictadura militar clsica, al estilo de la castrista en Cuba o la pinochetista en Chile. En el mbito militar se distingue la presencia de dos grupos o facciones dentro de cada una de las Fuerzas Armadas: los llamados blandos o palomas y los duros o halcones. En el Ejrcito, el grupo o faccin de las palomas estuvo representado por el primer presidente del rgimen, el general Videla; el jefe de Estado Mayor, general Roberto Eduardo Viola; y un grupo de generales jvenes del Ejrcito, en su mayor parte pertenecientes a la promocin N 76, que mantena estrechos vnculos con Videla y con Viola desde mediados de la dcada de 1970. (7) Respecto de la poltica interna, las palomas, aunque respaldaron los mtodos represivos adoptados para aplastar la guerrilla izquierdista, evidenciaron cierta identificacin con algunas ideas provenientes del pensamiento liberal. (8) Ejemplo de esto fue el respaldo del presidente Videla a las recetas de ajuste liberal ortodoxo promovidas por el ministro de Economa Jos Alfredo Martnez de Hoz, o el de su sucesor Viola a las recetas gradualistas del liberal Lorenzo Sigaut. En poltica exterior, las palomas tuvieron una marcada inclinacin por la bsqueda de soluciones negociadas a los conflictos pendientes con los pases limtrofes. En este sentido, puede mencionarse el respaldo a la mediacin papal como va de solucin al diferendo argentino-chileno sobre el canal de Beagle, y la bsqueda de negociaciones para resolver las disputas pendientes en materia hidroelctrica con Brasil y Paraguay, que culmin en la firma del Acuerdo Tripartito de 1979.
    En cambio, el grupo de los duros o halcones del Ejrcito, mayoritariamente representado por los generales de divisin y comandantes de Cuerpo, como los generales Carlos Guillermo Surez Mason (I Cuerpo) y Luciano Benjamn Menndez (III Cuerpo), tuvo, en poltica interna, una marcada inclinacin por las ideas ms ortodoxas del nacionalismo y atac el sesgo liberal de las palomas, prefiriendo un Estado ms autoritario e intervencionista. Una manifestacin de esta postura fue, por ejemplo, el rechazo de los halcones a la poltica econmica de Martnez de Hoz. Asimismo, en el terreno de la poltica exterior, estos sectores crudamente nacionalistas fueron partidarios de la continuacin de hiptesis de conflicto con los pases vecinos, repudiando los esfuerzos negociadores. Clara evidencia fue la gestacin del Operativo Soberana a fines de 1978, que, impulsado por los halcones, estuvo a punto de involucrar a la Argentina en una guerra con Chile.
    Dentro de la Armada la mayor parte de sus integrantes se encolumn tras la figura de su comandante en jefe, almirante Emilio Eduardo Massera. Enfrentados con las duplas de poder conformadas por el presidente Videla y su ministro Martnez de Hoz, y por Videla y el jefe de Estado Mayor Viola, los masseristas procuraron ganar espacios de poder apelando a alianzas ideolgicamente contradictorias. Por un lado, se acercaron a los halcones del Ejrcito. Para ello, Massera y sus seguidores no dudaron en explotar cada posible veta de oposicin a Videla, Viola y Martnez de Hoz. De este modo, adoptaron un discurso duramente crtico de los intentos de apertura poltica de Videla y Viola y de la poltica econmica de Martnez de Hoz, y fuertemente nacionalista en cuestiones territoriales de la agenda externa, como Beagle y Malvinas. La retrica masserista fue, por cierto, muy agradable a los odos de los halcones del Ejrcito y de la Marina. (9)
    Pero, al mismo tiempo, Massera y los suyos intentaron su propia apertura poltica alternativa. Entraron en contactos y negociaciones con los mismos sectores populistas que generaban rechazo en los sectores duros del Ejrcito y la Marina: esto es, con dirigentes sindicales, e incluso con figuras de franca tendencia izquierdista, como el jefe de los Montoneros, Mario Firmenich. Esta paradoja se explica por el hecho de que Massera no estaba atado a ortodoxias ideolgicas, sino al deseo de llegar a la presidencia y ser un nuevo Pern que encabezara un frente amplio de connotacin anti-liberal. Para ello, no dud en captar tanto a los sectores militares ms rgidamente nacionalistas (que a la vez eran visceralmente anti-peronistas) como a los sectores populares identificados precisamente con ese pasado populista-peronista. (10)
    Cabe sealar, sin embargo, que un sector minoritario de la Armada critic la politizacin del arma orquestada por Massera, sosteniendo la necesidad de volver a la histrica posicin profesionalista y apoltica. Segn este sector, Massera no segua los intereses de la Armada sino los suyos propios. Un referente de este grupo fue el sucesor de Massera en la comandancia en jefe de la Armada, el almirante Armando Lambruschini, quien intent, no con demasiado xito, despolitizar o desmasserizar el arma. (11)
    Por ltimo, los oficiales de la Fuerza Area jugaron un papel de tercera fuerza, destinada a destrabar las numerosas impasses producidas en las internas desatadas entre duros y blandos del Ejrcito y la Marina.
    Por otro lado, la divisin de la interna militar en sectores duros y blandos mencionada no debe hacernos perder de vista otro importante eje de debate. En todo caso, la pugna entre duros y blandos constituy la extensin, en el mbito de las Fuerzas Armadas, de un debate muy anterior al golpe de 1976 entre las distintas variantes de las corrientes liberal y nacionalista, que, por cierto, siempre cont con interlocutores tanto civiles como militares. No obstante esta continuidad bsica, cabe notar que, a diferencia de las etapas anteriores, en el ciclo 1976-1983 la variante desarrollista del nacionalismo -la que pona el acento en la falta de desarrollo econmico como principal causa de la subversin- perdi peso respecto de las opciones ms extremas u ortodoxas del nacionalismo y del liberalismo.
    El liberalismo ortodoxo, plante que la mejor forma de lograr el retorno al orden era la aplicacin, en forma drstica, de medidas de ajuste anti-inflacionario, apertura econmica y privatizacin. A su vez, el nacionalismo ortodoxo apunt a suplantar un sistema liberal de partidos percibido como deficiente por un estado fuerte, de sesgo fascistoide, donde la represin lisa y llana de los grupos subversivos, los sindicatos y, en fin, el conjunto de la sociedad pas a ser un fin en s misma, ms que el medio para recuperar el orden y la estabilidad perdidos. La enorme desconfianza de los nacionalistas ortodoxos por los partidos polticos y los sindicatos -percibidos como referentes de la pesadilla populista de los aos 1973-1976- los llev a concebir un Proceso militar que no tena plazos para el retorno a la democracia.
    En la prctica, el Proceso militar fue producto de una extraa convivencia entre liberales y nacionalistas ortodoxos. En un punto, y tal como ocurriera en el caso del modelo econmico aplicado por el general Augusto Pinochet en Chile desde septiembre de 1973, la indiscriminada represin resultaba funcional a la necesidad del modelo liberal ortodoxo de disciplinar a los agentes econmicos, particularmente a aqullos beneficiados con el modelo populista del peronismo - como sindicatos o pequeos y medianos empresarios-. Pero en otro punto, la receta liberal ortodoxa entr en franca colisin con el nacionalismo ortodoxo. As, objetivos tales como el crecimiento del gasto en armamentos para sostener hiptesis de conflicto con los pases vecinos y la onerosa apuesta al Plan Nuclear argentino fueron pasos acordes con los intereses de los nacionalistas ortodoxos, que chocaron con los principios de la ortodoxia liberal de bajar el gasto pblico -incluyendo el militar- y privilegiar los mecanismos de cooperacin e integracin econmica por sobre las hiptesis de conflicto. En realidad, esta extraa convivencia entre las ortodoxias liberal y nacionalista -en tanto la primera maximizaba la soberana econmica del mercado y la segunda la del Estado- ya haba comenzado a anunciarse durante la gestin de Isabel Pern, pero constituy un rasgo definitorio en los gobiernos del Proceso militar abierto en marzo de 1976. (12)
    En trminos estrictamente polticos, existi dentro del rgimen militar una corriente liberal, partidaria, en poltica interna, de una gradual u ordenada transicin hacia una democracia. Dicha corriente se opuso a eternizar el Proceso militar como pretendan los nacionalistas ortodoxos. Esta corriente liberal -dentro de las lgicas limitaciones de aplicacin que tiene este trmino en el caso de un rgimen autoritario- ide un proceso poltico dividido en dos etapas. La primera, de necesaria represin de la guerrilla, y la segunda, donde una vez lograda la eliminacin del fenmeno subversivo, se concretara la transicin del rgimen militar hacia una democracia ordenada, cuyos protagonistas seran un partido oficial, surgido del propio Proceso militar, y los partidos polticos tradicionales. En realidad, como sostiene Mara de los Angeles Yanuzzi, tanto el discurso aperturista de Videla como el de Viola se referan a partidos pero ms en el sentido de movimientos de opinin que de partidos polticos propiamente dichos, en tanto su forma organizativa era menos estructurada que la de los ltimos. (13) Podemos mencionar como integrantes militares de esta corriente liberal con reservas al propio presidente y comandante en jefe del Ejrcito, general Jorge Rafael Videla; al jefe del Estado Mayor de dicha arma y ms tarde comandante en jefe, general Roberto Eduardo Viola; al ministro de Trabajo, general Horacio Toms Liendo, y al secretario general de la Presidencia, general Jos Rogelio Villarreal.
    No obstante, esta corriente liberal, a pesar de la comn conviccin de sus integrantes de que el Proceso no deba ser indefinido, dist mucho de ser homognea, ya que no hubo acuerdo respecto de quines seran los protagonistas de la futura democracia ordenada. Podemos distinguir, en este sentido, dos proyectos distintos de apertura poltica: el proyecto Videla-Villarreal-Yofre, y el proyecto Viola.
    El proyecto del presidente Videla, con el respaldo de Villarreal y de su segundo, el subsecretario y abogado radical Ricardo Yofre, busc la transicin hacia la democracia sobre la base de los partidos polticos ya existentes, en particular, del radicalismo, dada la particular desconfianza de Videla por el sesgo populista del peronismo. Villarreal impuls junto con Yofre el dilogo entre el presidente Videla y los partidos polticos, a fin de otorgar al primer mandatario una imagen de hombre moderado del Proceso tanto dentro como fuera de la Argentina, que lo diferenciara de los sectores duros del rgimen, opuestos a la apertura poltica. (14)
    Por cierto, un rasgo importante del proyecto liberal impulsado por Villarreal y Yofre fue la designacin de embajadores provenientes de partidos polticos tradicionales, idea que Videla acept pues ayudaba a contrarrestar las denuncias sobre derechos humanos y revertir la negativa imagen argentina en el exterior. De este modo, el gobierno de Videla incorpor como embajadores a polticos a los radicales Hctor Hidalgo Sol -titular de la legacin argentina en Venezuela-; Rubn Blanco -embajador en el Vaticano- y Toms de Anchorena -embajador en Francia-; al demcrata progresista Rafael Martnez Raymonda -embajador en Italia-; al desarrollista Oscar Camilin -embajador en Brasil-; al demcrata mendocino Francisco Moyano -quien se desempe como embajador en Colombia y asesor presidencial de Videla-; y al socialista Amrico Ghioldi -embajador en Portugal-. (15)
    Contrariando el deseo de los sectores ms ortodoxos del rgimen de prorrogar indefinidamente la etapa de tutela militar previa al inicio del dilogo con los partidos polticos y otros sectores de la sociedad civil, el presidente Videla anunci el comienzo de esta etapa dialoguista en marzo de 1977, luego de su viaje a Per, sealando que la poca del silencio ha terminado y que era necesario dar contenido poltico al Proceso. Pero, probablemente procurando evitar repercusiones negativas en la interna militar, el presidente no hizo ninguna referencia a plazos concretos, limitndose a hablar de objetivos a cumplir. (16)
    Con serias objeciones de parte de los ortodoxos del rgimen militar, la mencin de Videla del dilogo poltico reapareci en distintos momentos de su gobierno. As, en diciembre de 1979, la Junta Militar dio a conocer pblicamente las llamadas Bases Polticas de las Fuerzas Armadas para el Proceso de Reorganizacin Nacional, que sealaban el segundo semestre de 1980 como fecha para dar a conocer las normas legales sobre el rgimen de los partidos polticos y la normalizacin institucional. Quedaban excluidas del juego poltico ideologas totalitarias que tuvieran el inaceptable propsito de fomentar la lucha de clases. (17) El segundo momento fue el 6 de marzo de 1980, cuando el presidente Videla transmiti un mensaje por cadena oficial de radio y televisin, en el que seal oficialmente el inicio del llamado dilogo poltico. (18)
    Pero a pesar del discurso de Videla, el dilogo poltico tard en concretarse, debido a la poderosa resistencia que el retorno de los partidos polticos provocaba en buena parte de las Fuerzas Armadas, en virtud de la negativa experiencia de los aos 1973 a 1976. Maniatados por sus dudas y recelos respecto del desempeo de la dirigencia poltica, los militares aplazaron el dilogo poltico hasta que, por efecto de la crisis generada por la derrota en la guerra de las Malvinas, ya no tuvieron ningn espacio para condicionar la transicin a la democracia y debieron aceptar las exigencias de esa misma clase poltica.
    A diferencia del proyecto impulsado por los videlistas, que tena una impronta predominantemente radical y totalmente despojada de rasgos populistas, el llamado Movimiento de Opinin Nacional (MON), patrocinado por los sectores violistas, pretendi ser un partido integrado por numerosas fuerzas polticas donde no estaban excluidos los representantes del peronismo y otros equivalentes populistas. Estaba compuesto por alianzas de partidos provinciales bajo la jefatura explcita o implcita de la diputada jujea Mara Cristina Guzmn, representantes del sindicalismo y probables desprendimientos del radicalismo y del peronismo. Por cierto, los contactos que mantuvo el entonces jefe del Estado Mayor del Ejrcito general Viola con el sindicalismo le valieron tanto la oposicin de Massera -que precisamente rivaliz con Viola en la captacin de la dirigencia sindical-, como la de los sectores duros del Ejrcito y la Marina, que rechazaban por conviccin ideolgica lo que consideraban una inclinacin populista o peronizante de Viola. As, en una reunin de generales de divisin que tuvo lugar a mediados de 1977, los duros Luciano Benjamn Menndez, Santiago Omar Riveros, Carlos Guillermo Surez Mason y Ramn Genaro Daz Bessone se opusieron al MON porque no queremos que de sus entraas nazca un nuevo Pern. (19)
    As como Videla y Viola, a pesar de su comn pertenencia a la corriente que podemos definir como liberal con ciertas reservas, no tuvieron pensamientos coincidentes en materia de apertura poltica, tambin presentaron divergencias en lo que a poltica econmica se refiere. Mientras Videla represent la variante ortodoxa del liberalismo, Viola, opuesto a la poltica de Martnez de Hoz, fue un firme defensor de la variante heterodoxa o gradualista. As, la opcin de ajuste drstico y ortodoxo, encarnada en la poltica del ministro de Economa Martnez de Hoz, predomin durante la presidencia de Videla, entre marzo de 1976 y marzo de 1981. La del ajuste gradual, en cambio, fue defendida por Viola, quien temi que las medidas de ajuste de Martnez de Hoz provocaran un nuevo Cordobazo como el que haba sufrido el liberal Adalbert Krieger Vasena durante su gestin como ministro de Ongana. Este temor explica la eleccin de un liberal gradualista como el economista Lorenzo Sigaut durante la presidencia de Viola, entre marzo y diciembre de 1981.
    En cuanto a la poltica exterior, Videla y Martnez de Hoz consideraron prioritaria la necesidad de atraer capitales y crditos para la economa argentina. En la prctica, el titular de Economa invadi mbitos privativos de otros ministerios, como el de Relaciones Exteriores. As, actu como un superministro y utiliz sus buenos contactos con empresarios y entidades financieras en el exterior para revertir la imagen negativa de la Argentina en materia de violaciones a los derechos humanos. Asimismo, el enorme poder que Videla le otorg a Martnez de Hoz qued tambin evidenciado en el hecho de que la mayor parte de los embajadores correspondientes a pases del Primer Mundo -fuente de los crditos internacionales- dependieron del titular de la cartera econmica. (20)
    En el caso de la corriente nacionalista, la vertiente ortodoxa estuvo representada por figuras tales como el gobernador de Buenos Aires, Ibrico Saint Jean; el jefe de la polica provincial, coronel Ramn J. Camps; los comandantes de Cuerpo, generales Carlos Guillermo Surez Mason (I Cuerpo, Buenos Aires), Luciano Benjamn Menndez (III Cuerpo, Crdoba) y Ren Osvaldo Azpitarte (V Cuerpo, Baha Blanca). Fueron stos los sectores duros o halcones del mbito militar, que se inclinaron por un esquema gubernamental dictatorial de corte rgidamente anticomunista y antisemita, donde fuera desterrada toda participacin poltica o sindical como vestigio del pasado populista e izquierdista que haba que arrancar de cuajo en la sociedad argentina. En este sentido, el general Saint Jean defini claramente el mtodo y objetivos de la guerra contra la subversin desde la perspectiva de los nacionalistas ortodoxos: primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, despus (...) a sus simpatizantes, en seguida (...) a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tmidos (...). (21)
    Acorde con la ortodoxia de su pensamiento, Saint Jean present en octubre de 1976 su plan poltico, que llev el nombre de Un nuevo ciclo histrico argentino: del Proceso de Reorganizacin Nacional a la Tercera Repblica. Lineamientos para una estrategia nacional. El plan del entonces gobernador de Buenos Aires planteaba la limpieza del cauce institucional y la emergencia de una Tercera Repblica constituida por una nueva clase dirigente y donde los partidos perdern el monopolio de la representacin en la sociedad y de la conduccin del Estado. Los partidos polticos y el Parlamento eran reemplazados en este proyecto por el llamado Consejo de la Repblica, un verdadero espejo de pluralidad social, que funcionara por va de la multiplicacin de comisiones, y en donde las Fuerzas Armadas ejerceran el rol de custodios de la seguridad, disponiendo adems de poder de veto. (22)
    A su vez, el comandante del III Cuerpo de Ejrcito, general Luciano Benjamn Menndez, expuso claramente el anticomunismo militante de los sectores ortodoxos del rgimen. En su discurso del 1 de noviembre de 1977 en la Tercera Reunin Regional de Gobernadores llevada a cabo en San Juan, Menndez sostuvo que

    (...) El objetivo poltico de las Fuerzas Armadas en esta tercera guerra mundial, apartada de la tremendez material de los dos conflictos mundiales anteriores, pero en la que se utilizan procedimientos ms sutiles y totales, es aniquilar el marxismo en nuestro pas y cerrarle toda posibilidad de surgimiento futuro (...), condicin bsica sobre la que se edificar el futuro de paz y grandeza que merece nuestra Argentina. (23)

    Asimismo, el general Leopoldo Fortunato Galtieri - reemplazante de Viola en la comandancia general del Ejrcito primero, y en la presidencia despus- exiga en febrero de 1980 un recambio mental en los partidos polticos y especialmente en el peronismo, como paso previo a cualquier apertura poltica. (24) En marzo de ese ao, Galtieri, entonces comandante en jefe del Ejrcito, se opuso abiertamente al inicio del dilogo con los partidos polticos como punto de partida para una gradual apertura del rgimen. Frente a los anuncios que en este sentido haba hecho el presidente Videla, Galtieri sostuvo que las urnas estn guardadas y bien guardadas. (25) Galtieri volvi a insistir en su posicin el 29 de mayo de 1981, en ocasin del da del Ejrcito, cuando envi a sus colegas del Colegio Militar un mensaje que se opona claramente al sesgo aperturista iniciado por Viola:

    (...) Ultimamente han arreciado voces que demandan de las Fuerzas Armadas acelerar la transferencia del poder. No es voluntad de los hombres de armas prolongar de manera indefinida su paso por el Gobierno Nacional, pero slo cuando estn dadas las condiciones, slo entonces, se materializar dicha entrega, para que la misma sea exitosa y no implique el riesgo de un retorno al caos, previamente el pas deber desarrollar una labor de refundacin poltica (...)
    Entindase esto: cuando el Proceso, cumpliendo sus objetivos, sea coronado por el xito (...) habr llegado el momento de poner en ejecucin la democracia deseada, en forma gradual, o sea paso a paso, para evitar que un desliz nos precipite al abismo (...). (26)

    Otra figura renuente a la apertura del dilogo poltico fue el reemplazante de Massera en la comandancia de la Armada, el almirante Armando Lambruschini. A pesar de que Lambruschini nunca comparti la politizacin que su antecesor le imprimi al arma, paradjicamente tuvo en comn con Massera la oposicin a los contactos de Viola con los dirigentes sindicales peronistas, aunque por distintas razones. Mientras Massera se opuso a Viola porque era la gran figura poltica del Ejrcito y, por ende, un obstculo importante para su aspiracin a la presidencia, Lambruschini lo hizo por el natural prurito que senta por un general que se contactaba con elementos populistas. (27) As, en declaraciones de principios de marzo de 1980, Lambruschini sostuvo que: (...) El Proceso proceder con particular reflexin, no urgido por las circunstancias (...) como no podemos ni queremos colocar parches que seran de duracin efmera, la presencia del Proceso no ser corta. (28)
    Por ltimo, en esta nmina de representantes del nacionalismo ortodoxo ocupa un lugar especial el ministro del Interior del gobierno de Videla, general Albano Eduardo Harguindeguy. Para desazn de Videla, Harguindeguy no comparti el inters presidencial en un proceso de apertura poltica basado en los partidos polticos tradicionales aunque renovados en ideas y hombres, a fin de acelerar la transicin hacia una democracia ordenada. Ante las referencias de Videla al fin del tiempo de silencio y el inicio del dilogo poltico, Harguindeguy intent desalentar el efecto que el mensaje presidencial produjo en la dirigencia poltica, advirtiendo que dicho fin no significa bajo ningn concepto la apertura de un dilogo con las agrupaciones polticas; que el pas deber olvidarse por mucho tiempo de los partidos polticos y que este no es tiempo de partidos polticos. En noviembre de 1977, el titular de Interior mencion algunas fechas tentativas para poner en marcha el dilogo anunciado por el presidente Videla. Sin embargo, lo hizo de manera ambigua, dejando traslucir el condicionamiento de las mismas al logro de objetivos tales como la eliminacin de la subversin y un cambio en la cultura poltica argentina que impidiera el retorno de los viejos vicios populistas. Para abril de 1978, nuevamente Harguindeguy dej traslucir su rechazo a los partidos polticos tradicionales sosteniendo que no tienen cabida en la Argentina del futuro. (29)
    El ministro Harguindeguy fue reacio a la participacin de los partidos polticos, fueran stos reformados o no, lo cual lo acerc ms a la visin corporativa de los nacionalistas ortodoxos que a la liberal-partidista del presidente Videla. Si bien el titular de Interior coincidi con el primer mandatario en el absoluto respaldo al plan econmico de Martnez de Hoz, tuvo sus diferencias con Videla respecto del papel de los partidos polticos en la futura democracia. En otras palabras, Harguindeguy fue un liberal ortodoxo en cuanto a filosofa econmica, pero comparti a la vez la desconfianza de los nacionalistas ortodoxos respecto de la dirigencia poltica tradicional. Sin embargo, en un contexto donde tanto para el gobierno como para amplios sectores de la sociedad civil la continuidad del plan de estabilidad econmica justificaba la presencia de un Estado represor, la peculiar posicin ideolgica de Harguindeguy no result tan paradjica. (30) Por cierto, la falta de vocacin aperturista demostrada por el ministro Harguindeguy enfureci a los dirigentes polticos como el radical Ricardo Balbn, entusiasmados con las permanentes referencias del presidente Videla al dilogo poltico. (31)
    Por su parte, la vertiente desarrollista del nacionalismo estuvo representada en la poltica interna por la figura del ministro de Planeamiento, general Ramn Genaro Daz Bessone y los hombres de su fundacin Ao 2000. El Proyecto Nacional de Daz Bessone, quien asumi como ministro de Planeamiento a fines de octubre de 1976, estableci hacia 1990 el fin del Proceso militar y la emergencia de una Nueva Repblica. (32) El mencionado proyecto otorgaba un rol protagnico al Ministerio de Planeamiento, que controlara el proceso poltico de transicin del rgimen militar a la nueva democracia cvico-militar. Pero ni el ministro de Economa Martnez de Hoz ni el propio presidente Videla estuvieron dispuestos a ver restringidos sus respectivos espacios de poder en aras de la mana planificadora de Daz Bessone. Asimismo, la palabra planificacin atentaba contra la conviccin liberal de la dupla Videla-Martnez de Hoz. Finalmente, otro rasgo del proyecto de Daz Bessone fue su exacerbado anticomunismo, que lo llevaba a proponer constantemente la guerra contra la Unin Sovitica. En este punto, tambin el titular de Planeamiento choc con el enfoque pragmtico-comercialista del presidente y su ministro de Economa, que deseaban diversificar los contactos econmicos externos de la Argentina sin atender ningn prejuicio ideolgico. Esta serie de factores llev a una serie de roces entre Martnez de Hoz y Daz Bessone. Como el titular de Economa contaba con el respaldo del presidente Videla y del ministro del Interior Harguindeguy, Daz Bessone present su renuncia en diciembre de 1977. (33)
    En el mbito de la poltica exterior, un representante del desarrollismo, Oscar Camilin, se desempe como embajador argentino en Brasil durante el gobierno de Videla, jugando un rol protagnico en las negociaciones con Brasil y Paraguay que llevaron en 1979 a la firma del Acuerdo Tripartito. Por cierto, la decisin del presidente Videla de concretar el emprendimiento hidroelctrico de Corpus, en sociedad con el gobierno de Asuncin, fue acorde con los intereses de los sectores militares y civiles desarrollistas, que sealaban la necesidad de no quedar atrs respecto de la poltica de hacer obras emprendida por la Cancillera brasilea. Sin embargo, el largo e intrincado proceso que llev a la firma del Acuerdo Tripartito de 1979 demostr que estos vestigios de desarrollismo estuvieron en la prctica mediatizados por las abrumadoras influencias de las ortodoxias nacionalista y liberal. La primera estuvo representada por los dos primeros cancilleres del Proceso, Csar Augusto Guzzetti (24 de marzo de 1976 al 23 de mayo de 1977) y Oscar Antonio Montes (23 de mayo de 1977 al 27 de octubre de 1978), quienes, siguiendo los duros lineamientos geopolticos del entonces comandante en jefe de la Armada, almirante Emilio Massera, tuvieron poca o nula vocacin por negociar con sus colegas de Brasil y Paraguay en torno al problema de los emprendimientos hidroelctricos en la Cuenca del Plata. Por su parte, la ortodoxia liberal estuvo representada en las figuras del propio presidente Videla, del ministro de Economa Martnez de Hoz y de los sectores ligados a la burguesa terrateniente y financiera transnacional que privilegiaron la firma de un acuerdo tripartito que ceda terreno en aspectos considerados crticos por los nacionalistas tanto ortodoxos como desarrollistas, tales como la altura de la cota de la represa de Itaip o el nmero de turbinas. As, tanto unos como otros hablaron de la brasileizacin del modelo econmico argentino o del papel de la Argentina como socio menor del Brasil. (34)
    En los temas que afectaban directa o indirectamente la soberana territorial, como el anteriormente mencionado de las represas hidroelctricas en la Cuenca del Plata, el diferendo argentino-chileno por el canal de Beagle o la cuestin de las Malvinas, nacionalistas ortodoxos y desarrollistas se unieron, ms all de sus diferencias, con el fin de criticar la poltica del gobierno. Mientras el presidente y el ministro Martnez de Hoz dieron prioridad en estas cuestiones al dilogo y la bsqueda de frmulas de negociacin que superaran las hiptesis de conflicto con los pases limtrofes, los sectores nacionalistas -tanto ortodoxos como desarrollistas- coincidieron en impugnar el sesgo dialoguista de los sectores liberales. As, el general Osiris Guillermo Villegas, un nacionalista desarrollista de conocida trayectoria durante los aos de la Revolucin Argentina, ex embajador en Brasil y titular de la delegacin argentina en las negociaciones con Chile, sostuvo un discurso de duro tono geopoltico, notablemente cercano a la variante ortodoxa del nacionalismo. A fines de 1978 Osiris Villegas pronunci frases tales como hay que tomar lo que es de uno y la paz no debe ser nunca el producto de una claudicacin. (35)
    Por ltimo, la figura del almirante Massera puede ser definida como representante de una variante peculiar de la corriente nacionalista, que definiremos como un nacionalismo heterodoxo en tanto no respondi a parmetros ideolgicos fijos, sino nicamente al deseo de incrementar su poder personal. Con este fin, se opuso a las recetas liberales de Martnez de Hoz no tanto por convicciones ideolgicas sino porque percibi que esa actitud le dara un aura de popularidad que le permitira sumar a sus filas a todos los sectores opositores, desde los militares y civiles nacionalistas ortodoxos hasta los mismos peronistas. Percibindose a s mismo como nexo entre los sectores peronistas y los grupos nacionalistas ortodoxos y antiperonistas de los halcones del Ejrcito, Massera so con un proyecto populista militar, una suerte de frente nacional con base militar-popular que le permitiera ocupar el silln presidencial, desplazando del poder al trpode liberal de Videla, Viola y Martnez de Hoz. (36)
    Decidido a oponerse a cualquier estrategia que aumentara el margen de maniobra de este trpode, Massera se opuso a la apertura del dilogo poltico anunciada por el presidente Videla a principios de marzo de 1980. Durante ese mismo mes, Massera inici un gesto de acercamiento a los sectores duros u ortodoxos del Ejrcito al proclamar que lo realmente importante no era el dilogo en s mismo, sino saber qu intenciones tienen los que dialogan. (37) Posteriormente, en junio, el ex jefe naval elabor un documento fuertemente crtico de Videla y Martnez de Hoz. (38)
    Pero el blanco preferido por los ataques del masserismo fue el ministro Martnez de Hoz, por dos motivos. En primer lugar, el ministro de Economa constituy un obstculo importante para las ambiciones de Massera de llegar al poder presidencial. Ello se deba tanto a las excelentes contactos externos del ministro como al respaldo que le otorgaba el presidente Videla. Por cierto, Videla percibi cierta relacin entre su estabilidad en el poder y la del titular de la cartera econmica. Las importantes conexiones de Martnez de Hoz con los organismos financieros internacionales proveyeron a Videla de un importante aliado externo, en un momento de conflictivas relaciones con Washington por la espinosa cuestin de los derechos humanos. La segunda razn fue que, a diferencia de las figuras de Videla y Viola, que contaban con lealtades divididas en la interna militar, el enfoque liberal ortodoxo del ministro de Economa despert resistencias tanto en los duros del Ejrcito y la Marina, como en los sectores de la sociedad antes beneficiados por el modelo populista. Incluso dentro de las palomas del Ejrcito, y a pesar de la influencia del pensamiento liberal, Viola y sus seguidores no compartieron el respaldo de Videla a las medidas del ministro Martnez de Hoz. Teman que los efectos de una poltica tan drstica produjeran un rebrote subversivo y le hicieran perder consenso y estabilidad al Proceso iniciado en 1976. De esta manera, era ms fcil para Massera llevar a cabo una fuerte oposicin al ministro que al presidente, quien an disfrutaba entre sus subordinados de la imagen de eficiencia y profesionalidad que le otorgara el Operativo Independencia de lucha contra la subversin durante el ltimo gobierno peronista. El ataque a la gestin de Martnez de Hoz era una forma indirecta pero efectiva de desestabilizar a Videla sin generar efectos contraproducentes en la interna del Ejrcito. Para ello, Massera enarbol un oportunista discurso antiliberal, que tuvo la virtud de aglutinar tanto a los nacionalistas ortodoxos del Ejrcito como a muchos dirigentes peronistas. (39)
    El ataque ms importante de Massera hacia la figura de Martnez de Hoz se registr a mediados de junio de 1980, cuando sali a la luz un documento fuertemente crtico tanto hacia la poltica econmica como hacia el sesgo pragmtico y economicista de la poltica exterior de Videla. En uno de los prrafos ms significativos de este documento, Massera denunci, para satisfaccin de los nacionalistas ortodoxos la existencia de una crisis moral en la gestin de gobierno:

    (...) Cuando la defensa de nuestros derechos soberanos es una declamacin sin contenido; cuando tratamos de justificar acuerdos internacionales carentes de sentido; cuando no defendemos con vigor nuestras Malvinas y alguno las negocia; cuando no distinguimos al amigo del enemigo, sino al que compra del que no compra; cuando los intereses pecuniarios superan a los intereses nacionales. (...) (40)

    En un ataque posterior, Massera no dud incluso en vincular el surgimiento del terrorismo a polticas antinacionales como la de Martnez de Hoz. As, en una conferencia que tuvo lugar en Salta en octubre de 1982, el almirante afirm que

    El terrorismo antinacional ha sido derrotado, pero la Patria financiera lo activa (...) Ese sector (...) lo forma una minora antinacional unida porque su nico objetivo es ganar plata a costa del pas (...). Esa minora antinacional (...) desde el centro del escenario o desde las sombras, manej los resortes del poder y se benefici con una dependencia dcil y hasta gozosa de nuestro pas ante los grandes centros de decisin mundial. (41)

    En sntesis, guiado por sus apetitos de poder personal, Massera se opuso tanto a la poltica econmica liberal del ministro Martnez de Hoz -respaldada por el presidente Videla- como a la propuesta de incorporacin de dirigentes polticos al gobierno militar, como una manera de organizar la transicin hacia la democracia -idea que contaba con el aval de Videla y del comandante en jefe del Ejrcito Viola-.
    El plan poltico de Massera se termin de armar en octubre de 1977. Aunque no tuvo trascendencia oficial, apunt a la conformacin de un movimiento cvico, un partido poltico nuevo, que heredara a travs de las elecciones al gobierno militar. Para ello se propona alentar la emergencia de un movimiento de Opinin Nacional que incluyera a todos aquellos que deseen la verdadera grandeza del pas, desde una izquierda inteligente (donde el peronismo tendra un rol importante) hasta una derecha controlada. En otras palabras, Massera plante una especie de neoperonismo en donde su figura ocupara el lugar de Pern con el fin de captar a los sectores obreros, una especie de programa social-demcrata opuesto al proyecto liberal de Martnez de Hoz, cargado con fuertes dosis de oportunismo nacionalista, que le permitiran la adhesin de los sectores duros del Ejrcito y la Marina. (42)
    La guerra entre Videla y Massera tambin se desarroll en el mbito de la poltica exterior. Sintindose dueo del rea de Cancillera por lo establecido en el cuoteo, Massera se opuso a la designacin de embajadores provenientes de partidos polticos impulsada por Videla, llegando a sostener ante el presidente que los embajadores de este origen representaban el pasado de corrupcin, mediocridad y decadencia que haba puesto a la Repblica al borde del abismo y que el Proceso deba revertir. Por cierto, tras esta dialctica moralista, Massera ocult su deseo de disputarle espacios de poder a Videla y de utilizar precisamente la poltica exterior como una herramienta para su proyecto de poder personal. El jefe naval logr, en algunos casos, vetar a embajadores propuestos por los sectores videlistas -por ejemplo al peronista Hiplito Jess Paz- (43) y en otros, los hizo renunciar -caso del embajador argentino en Washington, Arnaldo Musich-. (44) En los casos donde Massera no haba logrado ni una cosa ni la otra, directamente los mand eliminar -los famosos casos de la desaparicin y posterior asesinato del embajador videlista en Venezuela, Hidalgo Sol, y de la funcionaria de la embajada argentina en Pars, Elena Holmberg-. (45)
    Asimismo, Massera dio instrucciones para que la Cancillera no colaborara con las visitas de Videla a Venezuela (mayo de 1977) y a Estados Unidos (septiembre del mismo ao), y en general tendi a objetar los viajes de Videla al exterior, pretextando o bien que el pas a visitar era una cueva de subversivos y marxistas, o que bien que la visita va a ser usada para humillar a nuestro presidente con la campaa antiargentina que elementos subversivos desarrollan en el exterior. Al mismo tiempo, el jefe naval maximiz sus propios contactos en el exterior, a fin de encontrar aliados para su proyecto poltico. Para ello dise una diplomacia paralela a la del entonces presidente, que tuvo como rasgos ms destacados las actividades en el Centro Piloto de Pars. Las entrevistas del jefe naval incluyeron adems de colegas de su arma en Amrica latina y en Europa, al jefe de la logia derechista italiana Propaganda Due o P-2, el Venerable Licio Gelli, y a figuras ubicadas en las antpodas del pensamiento anticomunista entonces predominante entre los halcones del Ejrcito y la Armada, tales como los dirigentes montoneros exiliados en Europa y el dirigente socialista rumano Nicolae Ceaucescu. (46)
    Por cierto, como el proyecto de poltica exterior masserista respondi ms a ambiciones personales que a convicciones ideolgicas, contuvo elementos que lo acercaron al pensamiento rgidamente occidentalista de los nacionalistas ortodoxos, y rasgos que lo aproximaron extraamente a la perspectiva de poltica exterior del peronismo. Un ejemplo de los primeros fue la identificacin del eurocomunismo como una forma solapada de imperialismo sovitico, que compartieron tanto Massera como los halcones del Ejrcito y la Marina. (47) A su vez, una muestra del sesgo neoperonista del discurso de poltica exterior de Massera fue el contenido de su disertacin en la Facultad de Ciencias Sociales y Econmicas de la Universidad Catlica Argentina, ocasin en la que el ex comandante en jefe naval sostuvo un discurso de tono notablemente similar al de la Tercera Posicin peronista:

    (...) Ante un socialismo colectivista y un capitalismo materialista (...) que buscan igualmente una sociedad que amenaza con la destruccin de los recursos naturales y de la calidad de vida, nosotros aspiramos a constituir un pas en que slo Dios sea ms importante que el hombre. Creemos que el mundo se encuentra oprimido por la idolatra de la riqueza en dos formas opuestas que tienen su raz en la misma adoracin de lo material: el socialismo colectivista y el capitalismo materialista. El socialismo colectivista define la justicia a costa de la libertad y, finalmente a costa de la justicia misma. El capitalismo materialista (...) define la libertad a costa de la justicia, a costa de la libertad misma (...). (48)

    Asimismo, a fines de 1982, Massera, completamente decidido a llevar adelante su proyecto poltico, mand colocar en las calles de Buenos Aires afiches de fondo azul con letras blancas que decan lo siguiente:

    1945: Pern Braden
    1982: Massera Martnez de Hoz
    Patria Colonia
    Jams el movimiento nacional ser derrotado por la antipatria (49)

    Como puede apreciarse, el mensaje de estos afiches, que fueron el punto de partida para la conformacin del partido de Massera -Partido para la Democracia Social- tena una intencional continuidad con el acento nacionalista y antiliberal que caracteriz a los afiches con los que Pern se enfrentara en 1945 a la Unin Democrtica.
    Por otra parte, tras meses de intensas deliberaciones entre los militares de las tres armas, a principios de mayo de 1978 la Junta Militar resolvi que, a partir del 1 de agosto de 1978 terminara el perodo de excepcionalidad de Videla, quien poda seguir ejerciendo la presidencia pero deba renunciar a su cargo de comandante en jefe del Ejrcito. Esto significaba la introduccin de la figura del presidente como un cuarto hombre, es decir un militar retirado, subordinado a las decisiones de los comandantes en jefe de las tres armas que integraban la Junta Militar, y era una exigencia planteada por Massera desde el inicio mismo del Proceso. (50)
    En el diseo masserista, el presidente Videla deba ser precisamente ese cuarto hombre subordinado a las decisiones de los miembros de la Junta. Sin embargo, cuando el 1 de agosto de 1978 Videla renunci a su cargo de comandante en jefe para ejercer slo el de presidente, se dio precisamente el efecto contrario al deseado por el alto jefe naval, ya que tras el nuevo reparto ministerial que tuvo lugar en los meses de octubre y noviembre, el poder de Videla, lejos de debilitarse, se vio fortalecido. A ello contribuyeron un conjunto de factores, entre ellos el nombramiento en la comandancia del Ejrcito de una figura fiel a Videla, la del general Roberto Eduardo Viola; el alejamiento de Massera de la comandancia en jefe de la Marina a mediados de septiembre y su reemplazo por una figura con un perfil ms bajo, la del almirante Armando Lambruschini; (51) la alianza de los sectores videlistas con la cpula de la Fuerza Area; la renuncia del canciller, vicealmirante Oscar Antonio Montes, y su reemplazo por una figura proveniente de la Fuerza Area, el brigadier Carlos Washington Pastor; (52) y el peso propio de la diplomacia del superministro Martnez de Hoz, que atravesaba su fase de apogeo -la conocida etapa de la llamada plata dulce-.
    El momento de mximo poder de Videla como cuarto hombre se dio particularmente entre la segunda mitad de 1978 y 1979, al comps del xito relativo del programa antiinflacionario de Martnez de Hoz. No obstante, y tal como ocurriera en el primer tramo de su gestin, Videla sigui encontrando resistencias por parte de los sectores duros del Ejrcito, aliados con Massera, quien, no dej de atacar al presidente y a su ministro de Economa Martnez de Hoz, en tanto ambos eran los dos obstculos ms importantes para su proyecto de promocin personal.
    En su pugna con Massera y los halcones del Ejrcito, Videla altern derrotas con triunfos en esta nueva etapa. Entre las primeras, vale mencionar el frustrado proyecto del presidente Videla y el secretario de la Presidencia Villarreal de formar un gabinete de gobierno ms abierto y pluralista, con participacin de militantes de distintas expresiones polticas (Martnez Raymonda en Bienestar Social, Oscar Camilin en Relaciones Exteriores; Acua Anzorena en Trabajo, Rubn Blanco en Educacin y Amadeo Frgoli en Justicia). Ante la resistencia de las dems fuerzas, Videla confeccion un gabinete con mayor participacin militar: el contraalmirante Jorge A. Fraga en Bienestar Social, el brigadier Carlos Washington Pastor en Cancillera, el contraalmirante Horacio de la Riva en Defensa. (53)
    Pero tambin Videla obtuvo importantes triunfos sobre los halcones del Ejrcito y la Marina, entre los que cabe mencionar el viaje presidencial a la ceremonia de entronizacin del Papa Juan Pablo I en Roma en septiembre de 1978; (54) la imposicin de la mediacin papal sobre la opcin blica con Chile en diciembre del mismo ao; el acatamiento de los altos mandos del Ejrcito a la resolucin de la Corte Suprema de Justicia de liberar al periodista y ex director de La Opinin, Jacobo Timerman; (55) y la neutralizacin del levantamiento del general Luciano Benjamn Menndez en septiembre de 1979. (56) Finalmente, aunque con sus limitaciones, un triunfo de Videla en su etapa como cuarto hombre fue la eleccin de Viola como su sucesor. Primero, en la comandancia en jefe del Ejrcito -desde el 1 agosto de 1978 hasta el 29 de diciembre de 1979-, y luego en la misma presidencia -a partir del 29 de marzo de 1981-.
    Durante esta segunda etapa, el retiro del almirante Massera del servicio activo, producido a mediados de septiembre de 1978, estuvo muy lejos de ser un factor que contribuyera a amenguar sus ataques al presidente Videla y a la poltica econmica de Martnez de Hoz. Massera mantuvo intacto el deseo de ser el heredero del poder que en ese momento tenan Videla y Martnez de Hoz. As, en un discurso pronunciado a comienzos de junio de 1979 en el Centro de Estudios Estratgicos de la Universidad de Georgetown, en Washington, Massera sostuvo que la poltica de Martnez de Hoz ha llevado a la industria argentina a la quiebra. El ministro de Economa, que en ese momento estaba casualmente en Nueva York, hizo serios reproches al ex comandante por ventilar en otro pas asuntos de poltica interna argentina. (57) Massera, lejos de amedrentarse, volvi a atacar a Martnez de Hoz en un documento que sali a la luz el 15 de junio de 1980, en el cual, sin mencionarlo, critic todos los aspectos de la poltica econmica del ministro. (58) Martnez de Hoz respondi a los ataques de Massera. Sin mencionar explcitamente al ex comandante en jefe de la Armada, el titular de la cartera econmica sostuvo que el pas ya est un poco cansado de afirmaciones que son de alguna manera o lugares comunes, con propsitos demaggicos, o inexactitudes muy gruesas. (59)
    El juego de fuerzas de la interna militar tuvo su innegable correlato en la poltica exterior, en donde se registraron varios triunfos de los sectores videlistas
     
    Sobre ALIPSO.COM

    Monografias, Exmenes, Universidades, Terciarios, Carreras, Cursos, Donde Estudiar, Que Estudiar y ms: Desde 1999 brindamos a los estudiantes y docentes un lugar para publicar contenido educativo y nutrirse del conocimiento.

    Contacto »
    Contacto

    Telfono: +54 (011) 3535-7242
    Email:

    Formulario de Contacto Online »
     
    Cerrar Ventana
    ALIPSO.COM
    Cursos Multimedia Online, CD y DVD