Autor: Anónimo (info@alipso.com)
La vuelta de Martin Fierro
Cuatro palabras de conversación con los lectores
Entrego a la benevolencia pública, con el título LA VUELTA DE MARTIN FIERRO, la segunda parte de una obra que ha tenido una acogida tan generosa, que en seis años se han repetido once ediciones con un total de cuarenta y ocho mil ejemplares. Esto no es vanidad de autor, porque no rindo tributo a esa falsa diosa; ni bombo de editor, porque no lo he sido nunca de mis humildes producciones. Es un recuerdo oportuno para explicar por qué el primer tiraje del presente libro consta de 20000 ejemplares, divididos en cinco secciones o ediciones de 4000 números cada una; y agregaré que confío en que el acreditado Establecimiento Tipográfico del señor Coni hara una impresión esmerada, como las que tienen todos los libros que salen de sus talleres. Lleva también diez ilustraciones incorporadas en el texto, y creo que en los dominios de la literatura es la primera vez que una obra sale de las prensas nacionales con esta mejora. Así se empieza. Las láminas han sido dibujadas y calcadas en la piedra por don Carlos Clerice, artista compatriota que llegará a ser notable en su ramo, porque es joven, tiene escuela, sentimiento artístico y amor al trabajo. El grabado ha sido ejecutado por el señor Supot, que posee el arte, nuevo y poco generalizado todavía entre nosotros, de fijar en láminas metálicas lo que la habilidad del litógrafo ha calcado en la piedra, creando o imaginando posiciones que interpretan con claridad y sentimiento la escena descripta en el verso. No se ha omitido, pues, ningún sacrificio a fin de hacer una publicación con las mas aventajadas condiciones artisticas.
En cuanto a su parte literaria, sólo diré que no se debe perder de vista al juzgar los defectos del libro, que es copia fiel de un original que los tiene, y repetiré que muchos defectos estan allí con el objeto de hacer mas evidente y clara la imitación de los que lo son en realidad. Un libro destinado a despertar la inteligencia y el amor a la lectura en una población casi primitiva, a servir de provechoso recreo, después de las fatigosas tareas, a millares de personas que jamás han leído, debe ajustarse estrictamente a los usos y costumbres de esos mismos lectores, rendir sus ideas e interpretar sus sentimientos en su mismo lenguaje, en sus frases más usuales, en su forma más general, aunque sea incorrecta; con sus imágenes de mayor relieve, y con sus giros más característicos, a fin de que el libro se identifique con ellos de una manera tan estrecha e íntima, que su lectura no sea sino una continuación natural de su existencia. Solo así pasan sin violencia del trabajo al libro; y solo así, esa lectura puede serles amena, interesante y útil. !Ojalá hubiera un libro que gozara del dichoso privilegio de circular de mano en mano en esa inmensa población diseminada en nuestras vastas campañas, y que bajo una forma que lo hiciera agradable, que asegurara su popularidad, sirviera de ameno pasatiempo a sus lectores, pero: Enseñando que el trabajo honrado es la fuente principal de toda mejora y bienestar. Enalteciendo las virtudes morales que nacen de la ley natural y que sirven de base a todas las virtudes sociales. Inculcando en los hombres el sentimiento de veneración hacia su Creador, inclinándolos a obrar bien. Afeando las superticiones ridículas y generalizadas que nacen de una deplorable ignorancia.
Tendiendo a regularizar y dulcificar las costumbres, enseñando por medios hábilmente escondidos, la moderación y el aprecio de sí mismo; el respeto a los demás; estimulando la fortaleza por el espectáculo del infortunio acerbo, aconsejando la perseverancia en el bien y la resignación en los trabajos. Recordando a los padres los deberes que la naturaleza les impone para con sus hijos, poniendo ante sus ojos los males que produce su olvido, induciéndolos por ese medio a que mediten y calculen por sí mismos todos los beneficios de su cumplimiento. Enseñando a los hijos como deben respetar y honrar a los autores de sus días. Fomentando en el esposo el amor a su esposa, recordando a ésta los santos deberes de su estado; encareciendo la felicidad del hogar, enseńando a todos a tratarse con respeto recíproco, robusteciendo por todos estos medios los vínculos de la familia y de la sociabilidad. Afirmando en los ciudadanos el amor a la libertad, sin apartarse del respeto que es debido a los superiores y magistrados. Enseñando a los hombres con escasas nociones morales, que deben ser humanos y clementes, caritativos con el huérfano y con el desvalido; fieles a la amistad; gratos a los favores recibidos; enemigos de la holgazanería y del vicio; conformes con los cambios de fortuna; amantes de la verdad, tolerantes, justos y prudentes siempre.
Un libro que todo esto, más que esto, o parte de esto enseñara sin decirlo, sin revelar su pretensión, sin dejarla conocer siquiera, sería indudablemente un buen libro, y por cierto que levantaría el nivel moral e intelectual de sus lectores aunque dijera "naides" por "nadie", "resertor' por "desertor", "mesmo" por "mismo", u otros barbarismos semejantes, cuya enmienda le está reservada a la escuela, llamada a llenar un vacío que el poema debe respetar, y a corregir vicios y defectos de freseología que son también elementos de que se debe apoderar el arte para combatir y extirpar males morales más fundamentales y trascendentes, examinándolos bajo el punto de vista de una filosofía mas elevada y pura. El progreso de la locución no es la base del progreso social, y un libro que se propusiera tan elevados fines debería prescindir por completo de las delicadas formas de la cultura de la frase, subordinándose a las imperiosas exigencias de sus propósitos moralizadores, que serían en tal caso, el éxito buscado. Los personajes colocados en escena deberían hablar en su lenguaje peculiar y propio, con su originalidad, su gracia y sus defectos naturales, porque despojados de ese ropaje, lo serían igualmente de su carácter típico, que es lo único que los hace simpático, conservando la imitación y la verosimilitud en el fondo y en la forma. Entra también en esta parte la elección del prisma a través del cual le es permitido a cada uno estudiar tiempos. Y aceptando esos defectos como un elemento, se idealiza también, se piensa, se inclina a los demás a que piensen igualmente y se agrupan, se preparan y conservan pequeños monumentos de arte, para los que han de estudiarlo mañana y levantar el grande monumento de la historia de nuestra civilización. El gaucho no conoce ni siquiera los elementos de su propio idioma, y sería una impropiedad cuando menos, y una falta de verdad muy censurable, que quien no ha abierto jamás un libro, siga las reglas de arte de Blair, Hermosilla o la Academia. El gaucho no aprende a cantar. Su único maestro es la espléndida naturaleza que en variados y majestuosos panoramas se extiende delante de sus ojos. Canta porque hay en él cierto impulso moral, algo de métrico, de rítmico que domina en su organización, y que lo lleva hasta el extraordinario extremo de que todos sus refranes, sus dichos agudos, sus proverbios comunes, son expresados en dos versos octosílabos perfectamente medidos, acentuados con inflexible regularidad, llenos de armonía, de sentimiento y de profunda intención. Eso mismo hace muy difícil, si no de todo punto imposible, distinguir y separar cuáles son los pensamientos originales del autor, y cuáles los que son recogidos de las fuentes populares. No tengo noticia que exista ni que haya existido una raza de hombre aproximado a la naturaleza, cuya sabiduría proverbial llene todas las condiciones rítmicas de nuestros proverbios gauchos. Qué singular es, y qué digno de observación, el oír a nuestros paisanos más incultos expresar en
dos versos claros y sencillos, máximas y pensamientos morales que las naciones más antiguas, la India y la Persia, conservaban como el tesoro inestimable de su sabiduría proverbial; que los griegos escuchaban con veneración de boca de sus sabios más profundos, de Sócrates, fundador de la moral, de Platón y de Aristóteles; que entre los latinos difundió gloriosamente el afamado Séneca; que los hombres del Norte les dieron lugar preferente en su robusta y enérgica literatura, que la civilización moderna repite por medio de sus moralistas más esclarecidos, y que se hallan consagrados fundamentalmente en los códigos religiosos de todos los grandes reformadores de la humanidad. Indudablemente, que hay cierta semejanza íntima, cierta identidad misteriosa entre todas las razas del globo que sólo estudian en el gran libro de la naturaleza; pues de él deducen, y vienen deduciendo desde hace más de tres mil años, la misma enseñanza, las mismas virtudes naturales, expresadas en prosa por todos los hombres del globo, y en versos por los gauchos que habitan las vastas y fértiles comarcas que se extienden a las dos márgenes del Plata. El corazón humano y la moral son los mismos en todos los siglos. Las civilizaciones difieren esencialmente."Jamás se hará, dice el doctor don V. Lopez en su prólogo a Las Neurosis, un profesor o un catedrático europeo, de un bracma"; así debe ser: pero no ofrecería la misma dificultad el hacer de un gaucho un bracma lleno de sabiduría; si es que los bracmas hacen consistir toda su ciencia en su sabiduría proverbial, según los pinta el sabio conservador de la Biblioteca Nacional de París, en "La sabiduría popular de todas las naciones", que difundió en el nuevo mundo el americano Pazos Kanki. Saturados de ese espíritu gaucho, hay entre nosotros algunos poetas de formas muy cultas y correctas, y no ha de escasear el género, porque es una producción legítima y espontánea del país, y que, en verdad, no se manifiesta únicamente en el terreno florido de la literatura.
Concluyo aquí, dejando a la consideración de los benévolos lectores lo que yo no puedo decir sin extender demasiado este prefacio, poco necesario en las humildes coplas de un hijo del desierto. !Sea el público indulgente con él! Y acepte esta humilde produccion que le dedicamos, como que es nuestro mejor y más antiguo amigo. La originalidad de un libro debe empezar en el prólogo. Nadie se sorprenda, por lo tanto, ni de la forma ni de los objetos que éste abraza; y debemos terminarlo haciendo público nuestro agradecimiento hacia los distinguidos escritores que acaban de honrarnos con su fallo, como el señor D. Jose Tomas Guido, en una bellísima carta que acogieron deferentes "La Tribuna" y "La Prensa", y que reprodujeron en sus columnas varios periódicos de la República. El Dr. D. Miguel Navarro Viola, en la última entrega de la "Biblioteca Popular", estimulándonos, con honrosos términos, a continuar en la tarea emprendida. Diversos periódicos de la ciudad y campaña, como "EL Heraldo", del Azul, "La Patria", de Dolores, "El Oeste", de Mercedes, y otros, han adquirido también justos títulos a nuestra gratitud, que conservamos como una deuda sagrada. Terminamos esta breve reseña con "La Capital, del Rosario, que ha anunciado la VUELTA DE MARTIN FIERRO, haciendo concebir esperanzas que Dios sabe si van ha ser satisfechas. Cierrase este prologo diciendo que se llama este libro LA VUELTA DE MARTIN FIERRO, porque este título le dió el público, antes, mucho antes de haber yo pensado en escribirlo; y allá va a correr tierras con mi bendición paternal.
José Hernández
LA VUELTA DE MARTIN FIERRO
de José Hernández
I
Atención pido al silencio Y silencio a la atención, Que voy en esta ocasión, Si me ayuda la memoria, A mostrarles que a mi historia Le faltaba lo mejor.
397 Viene uno como dormido Cuando vuelve del desierto; Veré si a esplicarme acierto Entre gente tan bizzarra Y si al sentir la guitarra De mi sueño me despierto.
398 Siento que mi pecho tiembla, Que se turba mi razón, Y de la viguela al son Imploro a la alma de un sabio Que venga a mover mi labio Y alentar mi corazón
399 Si no llego a treinta y una De fijo en treinta me planto, Y esta confianza adelanto Porque recibí en mi mismo, Con el agua del bautismo, La facultá para el canto.
Tanto el pobre como el rico La razón me la han de dar; Y si llegan a escuchar Lo que esplicaré a mi modo, Digo que no han de rair todos: Algunos han de llorar.
Mucho tiene que contar El que tuvo que sufrir, Y empezaré por pedir No duden de cuanto digo; Pues debe creerse al testigo Si no pagan por mentir.
Gracias le doy a la virgen, Gracias le doy al señor, Porque entre tanto rigor Y habiendo perdido tanto, No perdí mi amor al canto Ni mi voz como cantor.
Que cante todo viviente Otorgó el Eterno Padre; Cante todo el que le cuadre Como lo hacemos los dos Pues sólo no tiene voz El ser que no tiene sangre.
Canta el pueblero... y es pueta; Canta el gaucho... y, !ay Jesús!,
Lo miran como avestruz, Su inorancia los asombra; Mas siempre sirven las sombras Para distinguir la luz.
El campo es del inorante, El pueblo del hombre estruido; Yo que en el campo he nacido Digo que mis cantos son Para los unos... sonidos, Y para otros... intención.
Yo he conocido cantores Que era un gusto el escuchar; Mas no quieren opinar Y se divierten cantando; Pero yo canto opinando,
Que es mi modo de cantar.
El que va por esta senda Cuanto sabe desembucha, Y aunque mi cencia no es mucha, Esto en mi favor previene; Yo se el corazón que tiene El que con gusto me escucha.
Lo que pinta este pincel Ni el tiempo lo ha de borrar; Ninguno se ha de animar A corregirme la plana; No pinta quien tiene gana Sino quien sabe pintar. Y no piensen los oyentes Que del saber hago alarde; He conocido aunque tarde, Sin haberme arrepentido, Que es pecado cometido El decir ciertas verdades.
Pero voy en mi camino Y nada me ladiará; He de decir la verdá; De naides soy adulón; Aqui no hay imitación; Esta es pura realidá.
Y el que me quiera enmendar Mucho tiene que saber; Tiene mucho que aprender El que me sepa escuchar; Tiene mucho que rumiar El que me quiera entender. Que reto a todos los años A que traigan el olvido.
412
Más que yo y cuantos me oigan,
Más que las cosas que tratan,
Más que los que ellos relatan,
Mis cantos han de durar;
Mucho ha habido que mascar
Para echar esta bravata.
413
Brotan quejas de mi pecho,
Brota un lamento sentido;
Y es tanto lo que he sufrido
Y males de tal tamaño
Ya verán si me despierto Cómo se compone el baile; Y no se sorprenda naides Si mayor fuego me anima; Porque quiero alzar la prima Como pa tocar al aire.
Y con la cuerda tirante Dende que ese tono elija, Yo no he de aflojar manija Mientras que la voz no pierda, Si no se corta la cuerda O no cede la clavija.
Aunque rompí el estrumento Por no volverme a tentar, Tengo tanto que contar Y cosas de tal calibre, Que Dios quiera que se libre El que me enseñó a templar
De naides sigo el ejemplo, Naides a dirigirme viene; Yo digo cuanto conviene, Y el que en tal güeya se planta, debe cantar, cuando canta, Con toda la voz que tiene
He visto rodar la bola Y no se quiere parar; Al fin de tanto rodar Me he decidido a venir A ver si puedo vivir Y me dejan trabajar.
Sé dirigir la mansera Y tambien echar un pial; Sé correr en un rodeo, Trabajar en un corral; Me se sentar en un pértigo Lo mesmo que en un bagual
Y enpriéstenmé su atención Si ansí me quieren honrar De no, tendré que callar, Pues el pájaro cantor Jamás se para de cantar En árbol que no da flor
Hay trapitos que golpiar Y de aquí no me levanto;úé Si quieren que desembuche: Tengo que decirles tanto Que les mando que me escuchen.
Déjenmé tomar un trago: Estas son otras cuarenta Mi garganta esta sedienta, Y de esto no me abochorno, Pues el viejo, como el horno, Por la boca se calienta. En la orilla de un arroyo Solitario lo pasaba, En mil cosas cavilaba Y, a una güelta repentina, Se me hacía ver a mi china O escuchar que me llamaba.
423 II Triste suena mi guitarra Y el sunto lo requiere; Ninguno alegrías espere Sino sentidos lamentos De aquel que en duros tormentos Nace, crece, vive y muere.
424 Es triste dejar sus pagos Y largarse a tierra ajena Llevándose la alma llena De tormentos y dolores; Mas nos llevan los rigores Como el pampero a la arena;
425 Irse a cruzar el desierto Lo mesmo que un forajido, Dejando aquí en el olvido, Como dejamos nosotros, Su mujer en brazos de otro Y sus hijitos perdidos
426 !Cuantas veces al cruzar En esa inmensa llanura, Al verse en tal desventura Y tan lejos de los suyos, Se tira uno entre los yuyos A llorar con amargura!
Y las aguas serenitas Bebe el pingo trago a trago, Mientras sin ningún halago Pasa uno hasta sin comer, Por pensar en su mujer, En sus hijos y en su pago. No podiamos aplacar Tan peligroso hervidero; Nos tomaron por bomberos Y nos quisieron lanciar.
429 Recordarán que con Cruz Para el desierto tiramos En la pampa nos entramos, Cayendo, por fin del viaje, A unos toldos de salvajes, Los primeros que encontramos.
430 La desgracia nos seguía: Llegamos en mal momento; Estaban de parlamento Tratando de una invasión Y el indio en tal ocasión Recela hasta de su aliento.
431 Se armó un tremendo alboroto Cuando nos vieron llegar;
Nos quitaron los caballos A los muy pocos minutos; Estaban irresolutos; !Quién sabe qué pretendían! Por los ojos nos metían Las lanzas aquellos brutos.
Y déle en su lengüeteo Hacer gestos y cabriolas; Uno desató las bolas Y se nos vino enseguida; Ya no créiamos con vida Salvar ni por carambola.
Alla no hay misericordia Ni esperanza que tener; El indio es de parecer Que siempre matar se debe, Pues la sangre que no bebe Le gusta verla correr
Cruz se dispuso a morir Peliando y me convidó. "Aguantemos", dije yo,' "El fuego hasta que nos queme". Menos los peligros teme Quien más veces lo venció.
Se debe ser mas prudente Cuando el peligro es mayor; Siempre se salva mejor Andando con alvertencia Porque no está la prudencia Reñida con el valor.
Vino al fin el lenguaraz Como a trairnos el perdón; Nos dijo:"La salvación Se la deben a un cacique; Me manda que les esplique Que se trata de un malón. Lo escuchó con atención Lo menos tres horas largas.
438 "Les ha dicho a los demás Que ustedes quedan cautivos Por si cain algunos vivos En poder de los cristianos, Rescatar a sus hermanos Con estos dos fugitivos."
439 Volvieron al parlamento A tratar de sus alianzas, O tal vez de las matanzas, Y, conforme les detallo, Hicieron cerco a caballo recostándose en las lanzas.
440 Dentra al centro un indio viejo Y alli a lengüetiar se larga; !Quién sabe qué les encarga! Pero toda la riunión
441 Pegó al fin tres alaridos Y ya principiaba otra danza; Para mostrar su pujanza Y dar pruebas de jinete, Dió riendas rayando el flete Y revoliando la lanza.
442 Recorre luego la fila, Frente a cada indio se para, Lo amenaza cara a cara Y, en su juria, aquel maldito Acompaña con su grito El cimbrar de la tacuara.
443 Se vuelve aquello un incendio Mas feo que la mesma guerra: Entre una nube de tierra Se hizo allí una mezcolanza De potros, indios y lanzas, Con alaridos que aterran.
444 Parece un baile de fieras Sigún yo me lo imagino; Era inmenso el remolino, Las voces aterradoras; Hasta que al fin de dos horas Se aplacó aquel torbellino.
445 De noche formaban cerco Y en el centro nos ponían; Para mostrar que querían Quitarnos toda esperanza, Ocho o diez filas de lanzas Alrrededor nos hacían.
446 Allí estaban vigilante Cuidandonos a porfía; Cuando roncar parecían "Huincá", gritaba cualquiera, Y toda la fila entera "Huincá", "huincá", repetía.
447 Pero el indio es dormilón Y tiene un sueño projundo; Es roncador sin segundo Y en tal confianza es su vida, Que ronca a pata tendida Aunque se de güelta el mundo.
Nos aviriguaban todo Como aquel que se previene, Porque siempre les conviene Saber las juerzas que andan, Donde estan, quienes las mandan, Que caballos y armas tienen.
A cada respuesta nuestra Uno hace una esclamación, Y luego en continuación Aquellos indios feroces, Cientos y cientos de voces Repiten al mesmo son.
Y aquella voz de un solo, Que empieza por un gruñido, Lega hasta ser alarido De toda la muchedumbre, Y ansí adquieren la costumbre De pegar esos bramidos.
III
De ese modo nos hallamos Empeñaos en la partida; No hay que darla por perdida Por dura que sea la suerte, Ni que pensar en la muerte,
Sino en soportar la vida.
Se endurece el corazón, No teme peligro alguno; Por encontrarlo oportuno Allí juramos los dos: Respetar tan sólo a Dios; De Dios abajo, a ninguno.
El mal es árbol que crece Y que cortado retoña; La gente esperta o bisoña Sufre de infinitos modos; La tierra es madre de todos, Pero también da ponzoña.
Mas todo varón prudente Sufre tranquilo sus males; Yo siempre los hallo iguales En cualquier senda que elijo; La desgracia tiene hijos, Aunque ella no tiene madre.
Y al que le toca la herencia, Donde quiera halla su ruina: Lo que la suerte destina No puede el hombre evitar, Porque el cardo ha de pinchar Es que nace con espinas.
Es el destino del pobre Un continuo zafarrancho Y pasa como el carancho, Porque el mal nunca se sacia, Si el viento de la desgracia Vuela las pajas del rancho.
Mas quien manda los pesares Manda también el consuelo: La luz que baja del cielo Alumbra al más encumbrao, Y hasta el pelo mas delgao Hace su sombra en el suelo.
Pero por más que uno sufra Un rigor que lo atormente,
No debe bajar la frente Nunca, por ningún motivo: El álamo es mas altivo Y gime constantemente.
El indio pasa la vida Robando o echao de panza; La única ley es la lanza A que se ha de someter: Lo que le falta en saber Lo suple con descondianza.
Fuera cosa de engarzarlo A un indio caritativo: Es duro con el cautivo, Le dan un trato horroroso; Es astuto y receloso, es audaz y vengativo.
No hay que pedirle favor Ni que aguardar tolerancia; Movidos por su inorancia y de puro desconfiaos, Nos pusieron separaos Bajo sutil vigilancia.
No pude tener con Cruz Ninguna conversación: No nos daban ocasión, Nos trataban como ajenos Como dos años, lo menos, Duro esta separación.
463 Relatar nuestras penurias Fuera alargar el asunto. Les diré sobre este punto Que a los dos años recién Nos hizo el cacique el bien De dejarnos vivir juntos.
464 Nos retiramos con Cruz A la orilla de un pajal; Por no pasarlo tan mal Hicimos como un bendito En el desierto infinito, Con dos cueros de bagual.
465 Fuimos a esconder allí Nuestra pobre situación, Aliviando con la unión Aquel duro cautiverio, Tristes como un cementerio Al toque de la oración.
466 Debe el hombre ser valiente Si ha rodar se determina, Primero, cuando camina; Segundo, cuando descansa; Pues en aquellas andanzas Perece el que se acoquina
467 Cuando es manso el ternerito En cualquier vaca se priende; El que es gaucho esto lo entiende Y ha de entender si le digo
Que andábamos con mi amigo Como pan que no se vende.
468 Guarecidos en el toldo Charlábamos mano a mano: Eramos dos veteranos Mansos pa las sabandijas, Arrumbaos como cubijas Cuando calienta el verano.
469 El alimento no abunda Por mas empeño que se haga; Lo pasa uno como plaga, Ejercitando la industria, Y siempre como la nutria Viviendo a la orilla del agua.
470 En semejante ejercicio Se hace diestro el cazador: Cai el piche engordador, Cai el pájaro que trina; Todo bicho que camina Va parar al asador.
471 Pues allí a los cuatro vientos La persecución se lleva; Nadie escapa de la leva Y dende que el alba asoma Ya recorre uno la loma, El bajo, el nido y la cueva.
472 El que vive de la caza A cualquier bicho se atreve, Que pluma o cáscara lleve, Pues, cuando la hambre se siente, El hombre le clava el diente A todo lo que se mueve.
473 En las sagradas alturas Esta el maistro principal Que enseña a cada animal A procurarse el sustento, Y le brinda el alimento A todo ser racional.
474 Y aves y bichos y pejes Se mantienen de mil modos: Pero el hombre en su acomodo Es curioso de oservar: Es el que sabe llorar Y es el que los come a todos.
475 IV Antes de aclarar el día Empieza el indio a aturdir La pampa con su rugir, Y en alguna madrugada, Sin que sintiéramos nada, Se largaban a invadir.
476 Primero entierran las prendas En cuevas como peludos; Y aquellos indios cerdudos, Siempre llenos de recelos, En los caballos en pelos Se vienen medio desnudos.
477 Para pegar el malón El mejor flete procuran; Y como es su arma segura Vienen con la lanza sola, Y varios pares de bolas Atados a la cintura.
478 De ese modo anda liviano No fatiga al mancarrón; Es su espuela en el malón, Después de bien afilao, Un cuernito de venao Que se amarra en el garrón.
479 El indio que tiene un pingo Que se llega a distinguir, Lo cuida hasta pa dormir; De ese cudao es esclavo. Se lo alquila a otro indio bravo Cuando vienen a invadir
480 Por vigilarlo no come Y ni aun el sueño concilia: Sólo en eso no hay desidia;
De noche les asiguro, Para tenerlo siguro Le hace cerco la familia.
Por eso habrán visto ustedes, Si en el caso se han hallao, Y si no lo han observao, Tenganló dende hoy presente, Que todo pampa valiente Anda siempre bien montao.
Marcha el indio a trote largo, Paso que rinde y que dura; Viene en dirección sigura Y jamas a su capricho; No se les escapa bicho En la noche mas escura.
Caminan entre nieblas Con un cerco bien formao; Lo estrechan con gran cuidao Y agarran, al aclarar, Ñanduces, gamas, venaos, Cuanto a podido dentrar.
Su señal es un humito Que se eleva muy arriba, Y no hay quien no lo aperciba Con esa vista que tienen; De todas partes se vienen
A engrosar la comitiva.
Ansina se van juntando, Hasta hacer esas riuniones Que cain en las invasiones En número tan crecido; Para formarla han salido De los últimos rincones.
Es guerra cruel la del indio Porque viene como fiera; Atropella donde quiera Y de asolar no se cansa; De su pingo y de su lanza Toda salvacion espera.
Debe atarse bien la faja Quien a aguardarlo se atreva; Siempre mala intención lleva, Y, como tiene alma grande, No hay plegaria que lo ablande Ni dolor que lo conmueva.
Odia de muerte al cristiano, Hace guerra sin cuartel; Para matar es sin yel, Es fiero de condición; No golpia la compasión En el pecho del infiel.
Tiene la vista del águila, Del leon la temeridá; En el desierto no habrá Animal que él no lo entienda,
Ni fiera de que no aprienda Un instinto de crueldá.
Es tenaz en su barbarie: No esperen verlo cambiar; El deseo de mejorar En su rudeza no cabe; El bárbaro solo sabe Emborracharse y peliar.
El indio nunca ríe, Y el pretenderlo es en vano, Ni cuando festeja ufano El triunfo en sus correrías; La risa en sus alegrías Le pertenece al cristiano.
Se cruzan en el desierto Como un animal feroz; Dan cada alarido atroz Que hace erizar los cabellos; Parece que a todos ellos Los ha maldecido Dios.
Todo el peso del trabajo Lo dejan a las mujeres: El indio es indio y no quiere Apiar de su condición Ha nacido indio ladrón Y como indio ladrón muere. El que envenenan sus armas Les mandan sus hechiceras; Y como ni a Dios veneran, Nada a los pampa contiene: Hasta los nombres que tienen Son de animales y fieras.
Y son, !por Cristo bendito!, Los más desasiaos del mundo: Esos indios vagabundos, Con repunancia me acuerdo, Viven lo mesmo que el cerdo En esos toldos inmundos.
Naides puede imaginar Una miseria mayor; Su pobreza causa horror; No sabe aquel indio bruto Que la tiera no da fruto Si no la riega el sudor.
V
Aquel desierto se agita Cuando la invasion regresa; Llevan miles de cabezas De vacuno y yeguarizo; Pa no afligirse es preciso Tener bastante firmeza. Aquello es un hervidero De pampas -un celemín-. Cuando riunen el botín Juntando toda la hacienda, Es cantidá tan tremenda Que no alcanza a verse el fin.
Vuelven las chinas cargadas Con las prendas en montón; Aflige esa destrucción: Acomodaos en cargueros Llevan negocios enteros Que han saquiao en la invasión.
Su pretensión es robar, No quedar en el pantano; Viene a tierra de cristianos Como juria del infierno; No se llevan al Gobierno Poerque no lo hallan a mano.
Vuelven locos de contento Cuando han venido a la fija; Antes que ninguno elija Empiezan con todo empeño, Como dijo un santiagueño,
A hacerse la repartija.
Se reparten el botín Con igualdad, sin malicia; No muestra el indio codicia,
Ninguna falta comete: Solo en eso se somete A una regla de justicia. Estas cosas y otras piores Las he visto muchos años; Pero si yo no me engaño Concluyó ese vandalaje, Y esos bárbaros salvajes No podran hacer mas daño.
503 Y cada cual con lo suyo A sus toldos enderieza; Luego la matanza empieza Tan sin razon ni motivo, Que no queda animal vivo De esos miles de cabezas.
504 Y satisfecho el salvaje De que su oficio ha cumplido, Lo pasa por ahi tendido Volviendo a su haraganiar, Y entra la china a cueriar Con un afán desmedido.
505 A veces a tierra adentro Algunas puntas se llevan; Pero hay pocos que se atrevan A hacer esas incursiones, Porque otros indios ladrones Les suelen pelar la breva.
506 Pero pienso que los pampas Deben de ser los mas rudos; Aunque andan medio desnudos Ni su conveniencia entienden: Por una vaca que venden Quinientas matan al ñudo.
Las tribus están deshechas; Los caciques más altivos Estan muertos o cautivos, Privaos de toda esperanza, Y de la chusma y de la lanza, Ya muy pocos quedan vivos.
Son salvajes por completo Hasta pa su diversión, Pues hacen una junción Que naides se la imagina; Recien le toca a la china El hacer su papelón.
Cuando el hombre es mas salvaje Trata pior a la mujer: Yo no sé que pueda haber Sin ella dicha ni goce. !Feliz el que la conoce Y logra hacerse querer!
Todo el que entiende la vida Busca a su lao los placeres; Justo es que las considere El hombre de corazón; Sólo los cobardes son Valientes con sus mujeres.
512 Pa servir a un desgraciao Pronta la mujer está; Cuando en su camino va No hay peligro que le asuste; Ni hay una a quien no le guste Una obra de caridá.
513 No se allará una mujer A la que esto no le cuadre; Yo alabo al Eterno Padre, No porque las hizo bellas, Sino porque a todas ellas Les dió corazón de madre.
514 Es piadosa y diligente Y sufrida en los trabajos; Tal vez su valor rebajo Aunque la estimo bastante; Mas los indios inorantes La trata al estropajo.
Echan la alma trabajando Bajo el mas duro rigor; El marido es su señor, Como tirano la manda, Porque el indio no se ablanda Ni siquiera en el amor.
No tiene cariño a naides Ni sabe lo que es amar. ?Ni que se puede esperar De aquellos pechos de bronce? Yo los conocí al llegar Y los calé dende entonces.
Mientras tiene qué comer Permanece sosegao; Yo que en sus toldos he estao Y sus costumbres oservo, Digo que es como aquel cuervo Que no volvio del mandao. Dentra la china ligera Como yeguada en la trilla, Y empieza allí la cuadrilla A dar güeltas en la era.
518 Es para él como un juguete Escupir un crucifijo; Pienso que Dios los maldijo Y ansina al ñudo desato: El indio, el cerdo y el gato Redaman sangre del hijo.
519 Mas ya con cuentos de pampas No ocuparé su atención; Debo pedirles perdón, Pues sin querer me distraje; Por hablar de esos salvajees Me olvidé de la junción. ..........................
520 Hacen un cerco de lanzas, Los indios quedan ajuera;
A un lao están los caciques,
Capitanejos y el trompa
Tocando con toda pompa
Como un toque de fajina;
Adentro muere la china, Sin que aquel circulo rompa.
Muchas veces se les oyen A las pobres los quejidos; Mas son lamentos perdidos: Al rededor del cercao, En el suelo están mamaos Los indios dando alaridos.
Su canto es una palabra Y de ahi no salen jamás; Llevan todas el compás "Ioká-ioká" repitiendo; Me parece estarlas viendo Mas fieras que Satanás.
Al trote dentro del cerco, Sudando, hambrientas, juriosas, Desgreñadas y rotosas, De sol a sol se lo llevan: Bailan aunque truene o llueva, Cantando la mesma cosa.
El tiempo sigue su giro Y nosotros, solitarios; De los indios sanguinarios No teníamos qué esperar; El que nos salvó al llegar Era el más hospitalario.
Mostró noble corazón, Cristiano anhelaba ser; La justicia es un deber, Y sus méritos no callo: Nos regaló unos caballos Y a veces nos vino a ver.
A la voluntad de Dios Ni con la intención resisto: El nos salvó...!ah, Cristo!, Muchas veces he deseado No nos hubiera salvado
Ni jamás haberlo visto.
Quien recibe beneficios Jamás los debe olvidar; Y al que tiene que rodar En su vida trabajosa, Le pasan a veces cosas Que son duras de pelar.
Voy dentrando poco a poco En lo triste del pasaje; Cuando es amargo el brebaje El corazón no se alegra; Dentró una virgüela negra Que los diezmó
530 Al sentir tal mortandá Los indios, desesperaos, Gritaban alborotados: "!Cristiano echando gualicho!" No quedó en los toldos bicho Que no salió redotao.
531 Sus remedios son secretos, Los tienen las adivinan; No los conocen las chinas Sino alguna ya muy vieja, Y es la que lo aconseja Con mil embustes, la indina.
532 Alli soporta el paciente Las terribles curaciones, Pues a golpes y estrujones Son los remedios aquellos: Los agarran de los cabellos Y le arrancan los mechones.
533 Les hacen mil herejías Que el presenciarlas da horror; Brama el indio de dolor Por los tormentos que pasa, Y untandolo todo de grasa Lo ponen a hervir al sol.
Y puesto allí boca arriba, Alrededor le hacen fuego; Una china biene luego Y al oido le da de gritos; Hay algunos tan malditos Que sanan con este juego.
A otros les cuecen la boca Aunque de dolores cruja; Lo agarran allí y lo estrujan, Labios le queman y diente Con un güevo bien caliente De alguna gallina bruja.
Conoce el indio el peligro Y pierde toda esperanza; Si a escapárseles alcanza Dispara como la liebre; Le da delirios la fiebre, Y ya le cain con la lanza.
Esas fiebres son terribles, Y aunque de esto no disputo Ni de saber me reputo, "Será", decíamos nosotros, "De tanta carne de potro Como comen esos brutos".
Había un gringuito cautivo Que siempre hablaba del barco, Y lo augaron en un charco Por causante de la peste; Tenía los ojos celestes Como potrillo zarco.
539 Que le dieran esa muerte Dispuso una china vieja, Y aunque se aflije y se queja, Es inútil que resista: Ponia el infeliz la vista Como la pone la oveja.
540 Nosotros nos alejamos Para no ver tanto estrago; Cruz sentia los amagos De la peste que reinaba, Y la idea nos acosaba De volver a nuestros pagos.
541 Pero contra el plan mejor El destino se rebela. !La sangre se me congela! El que nos había salvado Cayó tambien atacado De la fiebre y la virgüela.
No podiamos dudar, Al verlo en tal padecer, El fin que habia de tener, Y Cruz que era tan humano: "Vamos", me dijo,"paisano A cumplir con un deber".
Fuimos a estar a su lado Para ayudarlo a curar; Lo vinieron a buscar Y hacerle como a los otros; Lo defendimos nosotros, No lo dejamos lanciar.
Iba creciendo la plaga Y la mortandá seguía. A su lado nos tenía Cuiandolo con pacencia, Pero acabó su esistencia Al fin de unos pocos días.
El recuerdo me atormenta; Se renueva mi pesar; Me dan ganas de llorar; Nada a mis penas igualo; Cruz también cayó muy malo Ya para no levantar.
Todos pueden figurarse Cuánto tuve que sufrir; Yo no haciá sino gemir, Y aumentaba mi aflición No saber una oración Pa ayudarlo a bien morir.
Se le pasmó la virgüela, Y el pobre estaba en un grito; Me recomendó un hijito
Que en su pago había dejado:
"Ha quedado abandonado".
Me dijo, "aquel pobrecito".
548 "Si vuelve, búsquemeló", Me repetía a media voz; "En el mundo eramos dos, Pues él ya no tiene madre; Que sepa el fin de su padre Y encomiende mi alma a Dios".
549 Lo apretaba contra el pecho, Dominao por el dolor; Era su pena mayor El morir allá entre infieles Sufriendo dolores crueles Entrego su alma al Criador.
550 De rodillas a su lado Yo lo encomendé a Jesús. Faltó a mis ojos la luz, Tuve un terrible desmayo; Cai como herido del rayo Cuando lo vi muerto a Cruz.
551 VII Aquel bravo compañero En mis brazos espiró; Hombre que tanto sirvio, Varon que fue tan prudente, Por humano y por valiente En el desierto murió.
552 Y yo, con mis propias manos, Yo mesmo lo sepulté; A Dios por su alma rogué De dolor el pecho lleno, Y humedeció aquel terreno El llanto que redamé.
553 Cumplí con mi obligación; No hay falta de que me acuse, Ni deber de que se escuse, Aunque de dolor sucumba: Allá señala su tumba Una cruz que yo le puse.
554 Andaba de toldo en toldo Y todo me fastidiaba; El pesar me dominaba, Y entregao al sentimiento Se me hacía cada momento Oir a Cruz que me llamaba.
555 Cual más, cual menos, los criollos Saben lo que es amargura; En mi triste desventura No encontraba otro consuelo Que ir a tirarme en el suelo, Al lao de su sepultura.
Allí pasaba las horas Sin haber naides conmigo
Teniendo a Dios por testigo, Y mis pensamientos fijos En mi mujer y mis hijos, En mi pago y en mi amigo.
Privado de tantos bienes Y perdido en tierra ajena, Parece que se encadena El tiempo y que no pasara, Como si el sol se parara A contemplar tanta pena.
Sin saber qué hacer de mí Y entregao a mi aflición, Estando allí una ocasión, Del lao que venía el viento Oi unos tristes lamentos Que llamaron mi atención.
No son raros los quejidos En los toldos del salvaje, Pues aquél es vandalaje Donde no se arregla nada Sino a lanza y puñalada, A bolazos y coraje.
No preciso juramento, Deben creerle a Martín Fierro; He visto en este destierro A un salvaje que se irrita, Degollar a una chinita Y tirarsela a los perros.
561 He presenciado martirios, He visto muchas crueldades, Crímenes y atrocidades Que el cristiano no imagina, Pues ni el indio ni la china Sabe lo que son piedades.
562 Quise curiosiar los llantos Que llegaban hasta mí; Al punto me dirigí Al lugar de ande venían: !Me horroriza todavía El cuadro que descubrí!.
563 Era una infeliz mujer Que estaba de sangre llena, Y como una madalena Lloraba con toda gana; Conocí que era cristiana Y esto me dió mayor pena.
Cauteloso me acerqué A un indio que estaba al lao, Porque el pampa es desconfiao Siempre de todo cristiano, Y vi que tenía en la mano El rebenque ensangrentao. VIII
565 Mas tarde supe por ella, De manera positiva, Que dentró una comitiva De pampas a su partido, Mataron a su marido Y la llevaron cautiva.
566 En tan dura servidumbre Hacían dos años que estaba; Un hijito que llevaba A su lado lo tenía. La china la aborrecía Tratandola como esclava.
567 Deseaba para escaparse hacer una tentativa, Pues a la infeliz cautiva Naides la va a redimir, Y allí tiene que sufrir El tormento mientras viva.
568 Aquella china perversa, Dende el punto que llegó, Crueldá y orgullo mostró Porque el indio era valiente: Usaba un collar de dientes De cristianos que él mató.
La mandaba a trabajar, Poniendo cerca a su hijito Tiritando y dando gritos, Por la mañana temprano, Atado de pies y manos Lo mesmo que un corderito.
Ansí le imponía tarea De juntar leña y sembrar Viendo a su hijito llorar, Y hasta que no terminaba, La china no la dejaba Que le diera de mamar.
Cuando no tenían trabajo La emprestaban a otra china, "Naides", decía, "se imagina, Ni es capaz de presumir Cuanto tiene que sufrir La infeliz que esta cautiva.
Si ven crecido a su hijito, Como de piedá no entienden Y a suplicas nunca atienden, Cuando no es éste es el otro, Se lo quitan y lo venden O lo cambian por un potro.
En la crianza de los suyos Son bárbaros por demás. No lo habia visto jamás:
En una tabla los atan, Los crian así, y les achatan La cabeza por detrás.
Aunque esto parezca extraño, Ninguno lo ponga en duda: Entre aquella gente ruda, En su bárbara tropeza, Es gala que la cabeza Se les forme puntiaguda.
Aquella china malvada, Que tanto la aborrecía, Empezó a decir un día, Porque falleció una hermana, Que sin duda la cristiana Le había echado brujería
El indio la sacó al campo Y la empezó a amenazar Que le había de confesar Si la brujería era cierta; O que la iba a castigar Hasta que quedara muerta.
Llora la pobre afligida, Pero el indio, en su rigor, Le arrebató con juror Al hijo de entre sus brazos, Y del primer rebencazo La hizo crujir de dolor.
Que aquel salvaje tan cruel
Azotándola seguía;
Más y más se enfurecía
Cuanto mas la castigaba
Y la infeliz se atajaba Los golpes como podía.
Que le gritó muy furioso
"Confechando no querés;"
La dió vuelta de un revés Y, por colmar su amargura, A su tierna criatura Se la desgolló a los pies.
"Es increible" me decía, "Que tanta fiereza esista; No habrá madre que resista; Aquel salvaje inclemente Cometió tranquilamente Aquel crimen a mi vista." En cuanto al punto llegué, Quedé enterado de todo: Al mirarla de aquel modo Ni un instante tutubié.
581
Esos horrores tremendos
No los inventa el cristiano:
"Es bárbaro inhumano"
-Sollozando me lo dijo-
"Me amarró luego las manos
Con las tripitas de mi hijo."
IX
582
De ella fueron los lamentos
Que en mi soledá escuché:
583 Toda cubierta de sangre Aquella infeliz cautiva, Tenia dende abajo arriba Las marcas de los lazazos: Sus trapos echos pedazos Mostraban la carne viva.
584 Alzó los ojos al cielo En sus lágrimas bañada; Tenía las manos atadas; Su tormento estaba claro; Y me clavó una mirada Como pidiéndome amparo.
585 Yo no sé lo que pasó En mi pecho en ese instante; Estaba el indio arrognte Con una cara feroz: Para entendernos los dos La mirada fué bastante.
586 Pegó un brinco como gato Y me ganó la distancia, Aprovechó esa distancia Como fiera cazadora: Desató las boliadoras Y aguardó con vigilancia.
Aunque yo iba de curioso Y no por buscar contienda, Al pingo le até la rienda, Eché mano dende luego A éste que no yerra juego, Y ya se armó la tremenda.
El peligro en que me hallaba Al momento conocí; Nos mantuvimos ansí, Me miraba y lo miraba: Yo al indio le desconfiaba, Y él me descofiaba a mí.
Se debe ser precavido Cuando el indio se agazape: En esa postura el tape Vale por cuatro o por cinco; Como el tigre es para el brinco Y fácil que a uno lo atrape.
Peligro era atropellar Y era peligro el juir, Y más peligro seguir Esperando de ese modo, Pues otros podían venir Y carniarme allí entre todos.
A juerza de precaución Muchas veces he salvado, Pues es un trance apurado Es mortal cualquier descuido; Si Cruz hubiera vivido No habría tenido cuidado.
Un hombre junto con otro En valor y en juerza crece; El temor desaparece; Escapa de cualquier trampa; Entre dos, no digo a un pampa, A la tribu, si se ofrece.
En tamaña incertidumbre, En trance tan apurado, No podía por de contado Escarparme de otra suerte, Sino dando al indio muerte O quedando alli estirado.
Y como el tiempo pasaba Y aquel asunto me urgía, Viendo que él no se movía Me juí medio de soslayo Como a agarrarle el caballo, A ver si se me venía.
Ansí jué, no aguardó más Y me atropelló el salvaje; Es preciso que se ataje Quien con el indio pelee; El miedo de verse a pie Aumentaba su coraje.
En la dentrada no más Me largó un par de bolazos; Uno me tocó en un brazo; Si me da bien, me lo quiebra, Pues las bolas son de piedra Y vienen como balazo.
A la primer puñalada El pampa se hizo un ovillo; Era el salvaje mas pillo Que he visto en mis correrías, Y, a más de las picardías, Arisco para el cuchillo.
Las bolas las manejaba Aquel bruto con destreza; Las recogía con presteza Y me las volvía a largar, Haciéndomelas silbar Arriba de la cabeza.
Aquel indio, como todos, Era cauteloso... !ahijuna! Ahí me valió la fortuna De que peliando se apotra Me amenazaba con una Y me largaba con otra.
Me sucedió una desgracia En aquel percance amargo; En momento que lo cargo
Y que él reculando va, Me enredé en el chiripá Y caí tirao largo a largo.
Ni pa enconmendarme a Dios Tiempo el salvaje me dió; Cuanto en el suelo me vió Me saltó con ligereza: Juntito de la cabeza El bolazo retumbó.
Ni por respeto al cuchillo Dejó el indio de apretarme; Allí pretende ultimarme Sin dejarme levantar, Y no me daba lugar Ni siquiera a enderezarme.
De balde quiero moverme: Aquel indio no me suelta. Como persona resuelta Toda mi juerza ejecuto, Pero abajo de aquel bruto No podía ni darme güelta. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
!Bendito, Dios poderoso, Quien te puede comprender! Cuando a una débil mujer Le diste en esa ocación La juerza que en un varón Tal vez no pudiera haber.
Esa infeliz tan llorosa, Viendo el peligro se anima; Como una flecha se arrima Y olvidando su aflición, Le pegó al indio un tirón Que me lo sacó de encima.
Ausilio tan generoso Me libertó del apuro; Si no es ella, de siguro Que el indio me sacrifica; Y mi valor se duplica Con un ejemplo tan puro.
En cuanto me enderecé Nos volvimos a topar, No se podía descansar Y me chorriaba el sudor: En un apuro mayor Jamás me he vuelto a encontrar.
Tampoco yo le daba alce Como deben suponer; Se había aumentao mi quehacer Para impedir que el brutazo Le pegar algún bolazo De rabia a aquella mujer.
La bola en manos del indio Es terrible y muy ligera; Hace de ella lo que quiera Saltando como una cabra. Mudos, sin decir palabra, Peliábamos comos fieras.
Aquel duelo en el desierto Nunca jamás se me olvida; Iba jugando la vida Con tan terrible enemigo, Teniendo allí de testigo A una mujer afligida. Tres figuras imponentes Formábamos aquel terno: Ella en su dolor materno, Yo con la lengua dejuera, Y el salvaje como fiera Disparada del infierno.
611 Cuanto él más se enfurecía Yo más me empiezo a calmar; Mientras no logra matar El indio no se desfoga; Al fin le corté una soga Y lo empecé a aventajar.
612 Me hizo sonar las costillas De un bolazo aquel maldito; Y al tiempo que le di un grito Y le dentro como bala, Pisa el indio, y se refala En el cuerpo del chiquito.
613 Para explicar el misterio Es muy escasa mi cencia: Lo castigó, en mi conciencia, Su Divina Majestá; Donde no hay casualidá Suele estar la Providencia.
614 En cuanto trastabilló Más de firme lo cargué, Y aunque de nuevo hizo pie Lo perdió aquella pisada; Pues en esa atropellada En dos partes lo corté.
615 Al sentirse lastimao Se puso medio afligido, Pero era indio decidido, Su valor no se aquebranta; Le salían de la garganta Como una especie de aullidos.
616 Lastimao en la cabeza, La sangre lo enceguecía; De otra herida le salía Haciendo un charco ande estaba, Con los pies chapaliaba Sin aflojar todavía.
Iba conociendo el indio Que tocaban a degüello: Se le erizaba el cabello
Y los ojos revolvía; Los labios se le perdían Cuando iba a tomar resuello.
619 En una nueva dentrada Le pegué un golpe sentido, Y al verse ya malherido, Aquel indio furibundo Lanzó un terrible alrido Que retumbó como un ruido Si se sacudiera el mundo.
620 Al fin de tanto lidiar, En el cuchillo lo alcé, En peso lo levanté Aquel hijo del desierto; Ensartado lo llevé, Y allá recién lo largué Cuando ya lo sentí muerto.
621 Me persiné dando gracias De haber salvado la vida; Aquella pobre afligida, De rodillas en el suelo, Alzó sus ojos al cielo Sollozando dolorida.
Me hinqué también a su lado A dar gracias a mi santo; En su dolor y quebranto Ella, a la Madre de Dios, Le pide en su triste llanto Que nos ampare a los dos. Yo me lo senté al del pampa; Era un escuro tapao (Cuando me hallo bien montao De mis casillas me salgo), Y era un pingo como galgo Que sabía correr boliao.
623 Se alzó con pausa de leona Cuando acabó de implorar, Y, sin dejar de llorar, Envolvió en uno trapitos Los pedazos de su hijito, Que yo le ayudé a juntar.
624 X Dende ese punto era juerza Abandonar el desierto, Pues me hubieran descubierto, Y aunque lo maté en pelea, De fijo que me lancean Por vengar al indio muerto.
625 A la afligida cautiva Mi caballo le ofrecí: Era un pingo que adquirí, Y, donde quiera que estaba, En cuanto yo lo silbaba Venia a refregarse en mí.
Para correr en el campo No hallaba ningun tropiezo; Los ejercitan en eso, Y los ponen como luz, De dentrarle a un aveztruz Y boliar bajo el pescuezo.
El pampa educa al caballo Como pa un etrevero: Como rayo es de ligero En cuando el indio lo toca, Y como trompo en la boca Da gueltas sobre un cuero.
Lo varea en la madrugada (Jamas falta a este deber), Luego lo enseña a correr Entre fangos y guadales: Asina esos animales Es cuanto se puede ver.
En el caballo de un pampa No hay peligro de rodar, !Jue pucha!, y pa disparar Es pingo que no se cansa; Con prolijidad lo amansa Sin dejarlo corcoviar.
Pa quitarle las cosquillas Con cuidao lo manosea; Horas enteras emplea, Y, por fin, sólo lo deja Cuando agacha las orejas Y ya el potro ni cocea.
632 Jamás le sacude un golpe, Porque lo trata al bagual Con paciencia sin igual -Al domarlo no le pega-, Hasta que al fin se le entrega Ya dócil el animal.
633 Y aunque yo sobre los bastos Me sé sacudir el polvo, A esa costumbre me amoldo: Con pacencia lo manejan Y al día siguiente lo dejan Rienda arriba junto al toldo.
634 Ansí todo el que procure Tener un pingo modelo, Lo ha de cuidar con desvelo Y debe impedir también El que de golpes le den O tironeen en el suelo.
Muchos quieren dominarlo Con el rigor y el azote, Y, si ven al chafalote Que tiene trazas de malo, Lo embraman en algún palo Hasta que se descogote.
Todos se vuelven pretestos Y güeltas para ensillarlo; Dicen que es por quebrantarlo, Mas compriende cualquier bobo Que es de miedo del corcovo, Y no quieren confesarlo.
El animal yeguarizo -Perdónenme esta alvertencia-Es de mucha conocencia Y tiene mucho sentido; Es animal consentido: Lo cautiva la pacencia.
Aventaja a los demás El que estas cosas entienda; Es bueno que el hombre aprienda, Pues hay pocos domadores Y muchos frangoyadores Que andan de bozal y, rienda. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Me vine, como les digo, Trayendo esa compañera; Marchamos la noche entera, Haciendo nuestro camino, Sin más rumbo que el destino Que nos llevara ande quiera.
Al muerto, en un pajonal Había tratao de enterrarlo, Y después de maniobrarlo
Lo tapé bien con las pajas, Para llevar de ventaja Lo que emplearan en hallarlo.
641 En notando nuestra ausiencia Nos habían de perseguir, Y, al decidirme a venir, Con todo mi corazón Hice la resolución De peliar hasta morir.
642 Es un peligro muy serio Cruzar juyendo el desierto: Muchísimos de hambre han muerto, Pues en tal desasosiego No se puede ni hacer juego, Para no ser descubierto.
643 Sólo el albitrio del hombre Puede ayudarlo a salvar: No hay ausilio que esperar, Sólo de Dios hay amparo; En el desierto es muy raro Que uno se pueda escapar.
!Todo es cielo y horizonte En inmenso campo verde! !Pobre de aquel que se pierde O que su rumbo estravea! Si alguien cruzarlo desea, Este consejo recuerde:
645 Marque su rumbo de día Con toda fidelidá; Marche con puntualidá, Sigiéndoló con fijeza, Y, si duerme, la cabeza Ponga para el lao que va.
646 Oserve con todo esmero Adonde el sol aparece; Si hay ñeblina y le entorpece Y no lo puede oservar, Guárdese de caminar, Pues quien se pierde perece.
647 Dios le dió istintos sutiles A toditos los mortales; El hombre es uno de tales, Y en las llanuras aquelas, Lo guían el sol, las estrellas, El viento y los animales.
648 Para ocultarnos de día A la vista del salvaje, Ganábamos un paraje En que algún abrigo hubiera, A esperar que anocheciera Para seguir nuestro viaje.
649 Penurias de toda clase Y miserias padecimos: Varias veces no comimos O comimos carne cruda,
Y en otras, no tengan duda, Con raices nos mantuvimos.
Después de mucho sufrir Tan peligrosa inquietú, Alcanzamos con salú A divisar una sierra, Y al fin pisamos la tierra En donde crece el ombú.
Nueva pena sintió el pecho Por Cruz, en aquel paraje, Y en humilde vasallaje A la Majestá infinita, Besé esta tierra bendita, Que ya no pisa el salvaje.
Al fin la misericordia De Dios nos quiso amparar; Es preciso soportar Los trabajos con constancia: Alcanzamos a una estancia
Después de tanto penar.
Ah¡ mesmo me despedí De mi infeliz compañera: "Me voy", le dije,"ande quiera, Aunque me agarre el Gobierno, Pues, infierno por infierno Prefiero el de la frontera."
654
Concluyo esta relación, Ya no puedo continuar; Permítanmé descansar: Estan mis hijos presentes, Y yo ansioso porque cuenten Lo que tengan que contar.
XI
655
Y mientras que tomo un trago Pa refrescar el garguero, Y mientras tiempla el muchacho Y prepara su estrumento, Les contaré de qué modo Tuvo lugar el encuentro. Me acerqué a algunas estancias Por saber algo de cierto, Creyendo que en tantos años Esto se hubiera compuesto; Pero cuanto saqué en limpio Jué que estábamos lo mesmo. Ansí, me dejaba andar Haciéndome el chancho rengo, Porque no me convenía Revolver el avispero; Pues no inorarán ustedes Que en cuentas con el Gobierno Tarde o temprano lo llaman Al pobre a hacer el arreglo. Pero al fin tuve la suerte De hallar un amigo viejo que de todo me informó, Y por él supe al momento Que el Juez que me perseguía Hacía tiempo que era muerto: Por culpa suya he pasado Diez años de sufrimiento Y no son pocos diez años Para quien ya llega a viejo. Y los he pasado ansí, Si en mi cuenta no me yerro: Tres años en la frontera, Dos como gaucho matrero, Y cinco allá entre los indios Hacen los diez como yo cuento.
Me dijo, a más, ese amigo Que anduviera sin recelo, Que todo estaba tranquilo, Que no perseguía el Gobierno, Que ya naides se acordaba De la muerte del moreno, Aunque si yo lo maté Mucha culpa tuvo el negro. Estuve un poco imprudente, Puede ser, yo lo confieso, Pero el me precipitó, Porque me cortó primero, Y a más me cortó la cara, Que es un asunto muy serio. Me asiguró el mesmo amigo Que ya no había ni el recuerdo De aquel que en la pulpería Lo dejé mostrando el sebo. El de engreido, me buscó: Yo ninguna culpa tengo; El mismo vino a peliarme, Y tal vez me hubiera muerto Si le tengo más confianza O soy un poco más lerdo. Fue suya toda la culpa Porque ocasionó el suceso. Que ya no hablaban tampoco, Me lo dijo muy de cierto, De cuando con la partida Llegué a tener el encuentro. Esa vez me defendí Como estaba en mi derecho, Porque fueron a prenderme De noche y en campo abierto: Se me acercaron con armas, Y, sin darme voz de preso, Me amenazaron a gritos De un modo que daba miedo, Que iban a arreglar mis cuentas, Tratándome de matrero: Y no era el jefe el que hablaba Sino un cualquiera de entre ellos, Y ése, me parece a mí No es modo de hacer arreglos, Ni con el que es inocente, Ni con el culpable menos. Con semejantes noticias Yo me puse muy contento Y me presenté ande quiera Como otros pueden hacerlo. De mis hijos he encontrado Sólo a dos hasta el momento, Y de ese encuentro feliz Le doy las gracias al Cielo.
A todos cuantos hablaba Les preguntaba por ellos, Mas no me da ninguno Razón de su paradero. Casualmente, el otro día Llegó a mi conocimiento De una carrera muy grande Entre varios estancieros, Y juí como uno de tantos, Aunque no llevaba un medio. No faltaban, ya se entiende, En aquel gauchaje inmenso, Muchos que ya conocían La historia de Martín Fierro; Y allí estaban los muchachos Cuidando unos parejeros. Cuando me oyeron nombrar Se vinieron al momento, Diciéndome quiénes eran Aunque no me conocieron, Porque venía muy aindiao Y me encontraban muy viejo. La junción de los abrazos De los llantos y los besos Se deja pa las mujeres, Como que entienden el juego. Pero el hombre, que compriende Que todos hacen lo mesmo, En público canta y baila, Abraza y llora en secreto. Lo único que me han contado Es que mi mujer a muerto; Que en procuras de un muchacho Se jue la infeliz al pueblo, Donde infinitas miserias Habrá sufrido, por cierto; Que, por fin, a un hospital Jué a parar medio muriendo, Y en ese abismo de males Falleció al muy poco tiempo. Les juro que de esa pérdida Jamás he de hallar consuelo, Muchas lágrimas me cuesta Dende que supe el suceso. Mas dejemos cosas tristes Aunque alegrías no tengo; Me parece que el muchacho Ha templao y está dispuesto Vamos a ver qué tal lo hace Y a juzgar su desempeño. Ustedes no lo conocen Yo tengo confianza en ellos, No porque lleven mi sangre -Eso juera de lo menos-,
Sino porque dende chicos Han vivido padeciendo. Los dos son aficionados; Les gusta jugar con juego, Vamos a verlos correr: Son cojos... hijos de rengo.
EL HIJO MAYOR DE MARTIN FIERRO
XII
LA PENITENCIARIA
Aunque el gajo se parece Al árbol de donde sale, Solía decirlo mi madre, Y en su razón estoy fijo: "Jamás puede hablar el hijo Con la autoridad del padre".
Recordarán que quedamos Sin tener donde abrigarnos, Ni ramada ande ganarnos, Ni rincón ande meternos, Ni camisa que ponernos. Ni poncho con que taparnos.
Dichoso aquel que no sabe Lo que es vivir sin amparo; Yo con verdá les declaro, Aunque es por demás sabido, Dende chiquito he vivido En el mayor desmparo.
No le mermam el rigor Los mesmos que le socorren; tal vez porque no se borren Los decretos del destino, De todas parten lo corren Como ternero dañino.
Y vive como los bichos Buscando alguna rendija; El güerfano es sabandija Que no encuentra compasión, Y el que anda sin dirección Es guitarra sin clavija.
Sentiré que cuanto digo A algún oyente le cuadre. Ni casa tenía, ni madre, Ni parentela, ni hermanos; Y todos limpian sus manos En el que vive sin padre.
Lo cruza éste de un lazazo Lo abomba aquél de un moquete, Otro le busca el cachete, Y, entre tanto soportar, Suele a veces no encontrar Ni quien le arroje un zoquete
Si lo recogen, lo tratan Con la mayor rigidez; Piensan que es mucho tal vez, Cuando ya muestra el pellejo,
Si le dan un trapo viejo Pa cubrir su desnudez. Piensen los hombres honrados En la vergüenza y la pena De que tendría el alma llena Al verme, ya tan temprano, Igual a los que sus manos
664 Me crié, pues, como les digo, Desnudo a veces y hambriento; Me ganaba mi sustento, Y ansí los años pasaban; Al ser hombre me esperaban Otra clase de tormentos.
665 Pido a todos que no olviden Lo que les voy a decir; En la escuela del sufrir He tomado mis leciones, Y hecho muchas reflesiones Dende que empece a vivir.
666 Si alguna falta cometo La motiva mi inorancia; No vengo con arrogancia Y les diré, en conclusión, Que trabajando de pión Me encontraba en una estancia.
667 El que manda siempre puede Hacerle al pobre un calvario; A un vecino propietario Un boyero le mataron, Y aunque a mí me lo achacaron Salió cierto en el sumario.
Con el crimen envenenan.
669 Declararon otros dos Sobre el caso del dijunto, Mas no se aclaró el asunto, Y el Juez, por darlas de listo, "Amarrados como un Cristo", Nos dijo, "irán todos juntos".
670 "A la justicia ordinaria Voy a mandar a los tres." Tenia razón aquel Juez, Y cuantos ansí amenacen; Ordinaria... es como la hacen: Lo he conocido después.
671 Nos remitió, como digo, A esa Justicia Ordinaria, Y juimos con la sumaria A esa cárcel de malevos Que, por un bautismo nuevo, Le llaman Penicentiaria.
672 El porqué tiene ese nombre Naides me lo dijo a mí, Mas yo me lo esplico ansí: Le diran Penitenciaria Por la penitencia diaria, Que se sufre estando allí.
Criollo que cai en desgracia Tiene que sufrir un poco; Naides lo ampara tampoco Si no cuenta con recursos. El gringo es de más discurso: Cuando mata, se hace el loco.
No sé el tiempo que corrió En aquella sepoltura; Si de ajuera no lo apuran, El asunto va con pausa; Tienen la presa sigura Y dejan dormir la causa.
Inora el preso a que lado Se inclinará la balanza, Pero es tanta la tardanza Que yo les digo por mí: El hombre que dentre allí Deje ajuera la esperanza.
Sin perfecionar las leyes Perfecionan el rigor; Sospecho que el inventor Habrá sido algún maldito: Por grande que sea un delito, Aquella pena es mayor.
Eso es para quebrantar El corazón mas altivo;
Los llaveros son pasivos, Pero más secos y duros Tal vez que los mesmos muros En que uno gime cautivo.
678 No es en grillo ni en cadenas En lo que usté penará, Sino en una soledá Y un silencio tan projundo, Que parece que en el mundo Es el único que está.
679 El más altivo varón Y de cormillo gastao Allí se verá agobiao Y su corazón marchito, Al encontrarse encerrao A solas con su delito.
680 En esa cárcel no hay toros, Allí todos son corderos; No puede el más altanero, Al verse entre aquellas rejas, Sino amujar las orejas Y sufrir callao su encierro.
Y digo a cuantos inoran El rigor de aquellas penas, Yo, que sufrí las cadenas Del destino y su inclemencia: Que aprovechen la esperencia Del mal en cabeza ajena. !Ay! madres, las que dirigen Al hijo de sus entrañas, No piensen que las engaña, Ni que les habla un falsario Lo que es el ser presidiario No lo sabe la campaña.
Hijas, esposas, hermanas, Cuantas quieren a un varón, Díganles que esa prisión Es un infierno temido, Donde no se oye más ruido Que el latir del corazón.
Alla el día no tiene sol, La noche no tiene estrellas; Sin que le valgan querellas Encerrao lo purifican, Y sus lágrimas salpican En las paredes aquellas.
685
En soledá tan terrible
De su pecho oye el latido;
Lo sé, porque lo he sufrido,
Y, creameló el aulitorio,
Tal vez en el purgatorio
Las almas hagan más ruido.
686
Cuentan esas horas eternas
Para más atormentarse;
Su lágrima al redamarse
Calcula, en sus afliciones,
Contando sus pulsaciones, Lo que dilata en secarse.
687 Allí se amansa el más bravo, Allí se duebla el más juerte; El silencio es de tal suerte Que, cuando llegue a venir, Hasta se le han de sentir Las pisadas a la muerte.
688 Adentro mesmo del hombre Se hace una revolución: Metido en esa prisión, De tanto no mirar nada, Le nace y queda grabada La idea de la perfección.
689 En mi madre, en mis hermanos, En todos pensaba yo; Al hombre que alli dentró De memoria más ingrata, Fielmente se le retrata Todo cuanto ajuera vió.
690 Aquel que ha vivido libre De cruzar por donde quiera, Se aflige y se desespera De encontrarse allí cautivo: Es un tormento muy vivo Que abate la alma más fiera.
En esa estrecha prisión, Sin poderme conformar, No cesaba de esclamar: !Qué diera yo por tener Un caballo en que montar Y una pampa en que correr!
En un lamento constante Se encuentra siempre embretao; El castigo han inventao De encerrarlo en las tinieblas, Y alli esta como amarrao A un fierro que no se duebla.
No hay un pensamiento triste Que al preso no lo atormente; Baja un dolor permanente Agacha al fin la cabeza, Porque siempre es la tristeza Hermana de un mal presente.
Vierten lágrimas sus ojos, Pero su pena no alivia; En esa constante lidia Sin un momento de calma, Contempla con los del alma Felicidades que envidia.
Ningún consuelo penetra Detrás de aquellas murallas; El varón de mas agallas,
Aunque más duro que un perno, Metido en aquel infierno Sufre, gime, llora y calla.
De juror el corazón Se le quiere reventar, Pero no hay sino aguantar Aunque sosiego no alcance. !Dichoso, en tan duro trance, Aquel que sabe rezar!
!Dirige a Dios su plegaria El que sabe una oración! En esa tribulación Gime olvidado del mundo, Y el dolor es más projundo Cuando no halla compasión.
En tan crueles pesadumbres, En tan duro padecer, Empezaba a encanecer Después de muy pocos meses; Alli lamenté mil veces No haber aprendido a leer.
Viene primero el juror, Después la melancolia; En mi angustia no tenía Otro alivio ni consuelo, Sino regar aquel suelo Con lágrimas noche y día. !A visitar otros presos Sus familias solían ir! Naides me visitó a mí Mientras estuve encerrado. !Quien iba a costiarse allí A ver a un desamparado!
!Bendito sea el carcelero Que tiene buen corazón! Yo sé que esta bendición Pocos pueden alcanzarla, Pues si tienen compasión Su deber es ocultarla.
Jamás mi lengua podrá Espresar cuanto he sufrido; En ese encierro metido, Llaves, paredes, cerrojos Se graban tanto en los ojos Que uno los ve hasta dormido. . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
El mate no se permite; No le permiten hablar; No le permiten cantar Para aliviar su dolor, Y hasta el terrible rigor De no dejarlo fumar.
La justicia es muy severa; Suele rayar en crueldá: Sufre el pobre que allí está
Calenturas y delirios, Pues no esiste pior martirio Que esa eterna soledá.
Conversamos con las rejas Por solo el gusto de hablar, Pero nos mandan callar Y es preciso conformarnos; Pues no se debe irritar A quien puede castigarnos.
Sin poder decir palabra Sufre en silencio sus males, Y uno en condiciones tales, Se convierte en animal, Privao del don principal Que Dios hizo a los mortales.
Yo no alcanzo a comprender Por que motivo será Que el preso privado está De los dones más preciosos Que el justo Dios bondadoso Otorgó a la humanidá.
Pues que de todos los bienes, En mi inorancia lo infiero, Que le dió al hombre altanero Su Divina Majestá, La palabra es el primero, El segundo es la amistá.
709 Y es muy severa la ley Que, por un crimen o un vicio, Somete al hombre a un suplicio El más tremendo y atroz, Privado de un beneficio Que ha recebido de Dios
710 La soledá causa espanto; El silencio causa horror; Ese continuo terror Es el tormento más duro, Y en un presidio siguro Está demás tal rigor.
711 Inora uno si de allí Saldrá pa la sepoltura; El que se halla en desventura Busca a su lao otro ser, Pues siempre es güeno tener Companeros de amargura.
712 Otro más sabio podrá Encontrar razón mejor; Yo no soy rebuscador, Y ésta me sirve de luz: Se los dieron al Señor Al clavarlo en una cruz.
713 Y en las projundas tinieblas En que mi razón esiste, Mi corazón se resiste A ese tormento sin nombre,
Pues el honbre alegra al hombre Y el hablar consuela al triste. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
Grábenlo como en la piedra Cuanto he dicho en este canto, Y, aunque yo he sufrido tanto, Debo confesarlo aquí: El hombre que manda allí Es poco menos que un santo.
Y son güenos los demás (A su ejemplo se manejan), Pero por eso no dejan Las cosas de ser tremendas; Piensen todos y compriendan El sentido de mis quejas.
Y guarden en su memoria Con toda puntualidá Lo que con tal claridá Les acabo de decir: Mucho tendran que sufrir Si no creen en mi verdá
Y si atienden mis palabras No habrá calabozos llenos; Manejense como güenos; No olviden esto jamás; Aqui no hay razón de más; Mas bien las puse de menos.
Y con esto me despido (Todos han de perdonar): Ninguna debe olvidar La historia de un desgraciado. Quien ha vivido encerrado Poco tiene que contar.
EL HIJO SEGUNDO DE MARTIN FIERRO
XIII
Lo que les voy adecir Ninguno lo ponga en duda: Y aunque la cosa es peluda, Hare la resolución; Es ladino el corazón, Pero la lengua no ayuda.
El rigor de las desdichas Hemos soportado diez años, Pelegrinando entre estraños, Sin tener donde vivir, Y obligados a sufrir Una máquina de daños.
El que vive de ese modo De todos es tributario; Falta la cabeza primario Y los hijos que él sustenta Se dispersan como cuentas Cuando se corta el rasario.
722 Yo anduve ansí como todos, Hasta que al fin de sus días Supo mi suerte una tía Y me recogió a su lado; Allí viví sosegado Y de nada carecía.
723 No tenía cuidado alguno Ni que trabajar tampoco, Y como muchacho loco Lo pasaba de holgazán; Con razón dice el refrán Que lo güeno dura poco.
724 En mí todo su cuidado Y su cariño ponía; Como a un hijo me quería Con cariño verdadero, Y me nombró de heredero De los bienes que tenía.
El juez vino sin tardanza Cuanto falleció la vieja. "De los bienes que te deja", Me dijo, "yo he de cuidar: Es un rodeo regular Y dos majadas de ovejas".
Era hombre de mucha labia, Con mas leyes que un dotor, Me dijo: "Vos sos menor, Y por los años que tienes
No podés manejar bienes; Voy a nombrarte un tutor."
Tomó un recuento de todo, Porque entendía su papel, Y después que aquel pastel Lo tuvo bien amasao, Puso al frente un encargao, Y a mí me llevó con el.
Muy pronto estuvo mi poncho Lo mismo que cernidor; El chiripá estaba pior, Y aunque para el frio soy guapo Ya no me quedaba un trapo Ni pa el frío, ni pa el calor.
En tan triste desabrigo Tras de un mes, iba otro mes; Guardaba silencio el Juez, La miseria me invadía, Me acordaba de mi tía Al verme en tal desnudez.
No se decir con fijeza El tiempo que pasé allí; Y despues de andar ansí Como moro sin señor, Pasé a poder del tutor Que debia cuidar de mí. XIV
Me llevó consigo un viejo Que pronto mostró la hilacha, Dejaba ver por la facha Que era medio cimarrón, Muy renegao, muy ladrón, Y le llamaban Vizcacha.
Lo que el Juez iba buscando Sospecho, y no me equivoco; Pero este punto no toco Ni su secreto aviriguo; Mi tutor era un antiguo De los que ya quedan pocos;
Viejo lleno de camándulas, Con un empaque a lo toro, Andaba siempre en un moro Metido no sé en qué enriedos, Con las patas como loro De estribar entre los dedos.
Andaba rodiao de perros Que eran todo su placer, Jamas dejó de tener Menos de media docena, Mataba vacas ajenas Para darles de comer. Carniábamos noche a noche Alguna res en el pago, Y dejando alli el rezago Alzaba en ancas el cuero, Que se lo vendía a un pulpero Por yerba, tabaco y trago.
!Ah!, viejo más comerciante En mi vida lo he encontrado. Con ese cuero robao El arreglaba el pastel, Y allí entre el pulpero y él, Se estendía el certificao.
La echaba de comedido; En las transquilas, lo viera, Se ponía como una fiera Si cortaban una oveja; Pero de alzarse no deja Un vellón o unas tijeras.
Una vez me dió una soba Que me hizo pedir socorro, Porque lastimé a un cachorro En el rancho de unas vascas; Y al irse se alzó unas guascas: Para eso era como zorro,
"!Ahijuna!", dije entre mí, "Me has dao esta pesadumbre; Ya verás; cuanto vislumbre
Una ocasión medio güena, Te he quitar la costumbre De cerdiar yeguas ajenas."
740 Porque maté una vizcacha Otra vez me reprendió; Se lo vine a contar yo, Y no bien se lo hube dicho: "Ni me nuembres ese bicho", Me dijo, y se me enojó.
741 Al verlo tan irritao Hallé prudente callar. "Este me va a castigar", Dije entre mí, "si se agravia." Ya vi que les tenía rabia, Y no las volví a nombrar.
742 Una tarde halló una punta De yeguas medio bichocas; Despues que voltió unas pocas, Las cerdiaba con empeño: Yo vide venir al dueño, Pero me callé la boca.
743 El hombre venía jurioso Y nos cayó como un rayo; Se descolgó del caballo Revoliando el arriador, Y lo cruzó de un lazazo Ahi no más a mi tutor.
744 No atinaba don Vizcacha A qué lado disparar, Hasta que logró montar, Y, de miedo del chicote, Se lo apretó hasta el cogote, Sin pararse a contestar.
745 Ustedes creerán tal vez Que el viejo se curaría... No, señores, lo que hacía, Con mas cuidao dende entonces, Era maniarlas de día Para cerdiar a la noche.
746 Ese jué el hombre que estuvo Encargao de mi destino; Siempre anduvo en mal camino, Y todo aquel vecindario Decía que era un perdulario, Insufrible de dañino.
747 Cuando el juez me lo nombró, Al dármelo de tutor, Me dijo que era un señor El que me debía cuidar, Enseñarme a trabajar Y darme la educación.
748 !Pero que había de aprender Al lao de ese viejo paco; Que vivía como un chuncaco En los bañaos, como el tero;
Un haragán, un ratero, Y más chillón que un varraco.
Tampoco tenía más bienes Ni propiedad conocida Que una carreta podrida, Y las paredes sin techo De un rancho medio deshecho Que le servía de guarida.
Después de las trasnochadas Allí venía a descansar; Yo desiaba aviriguar Lo que tuviera escondido, Pero nunca había podido, Pues no me dejaba entrar.
Yo tenía unas jergas viejas, Que habian sido mas peludas; Y con mis carnes desnudas, El viejo, que era una fiera, Me hechaba a dormir ajuera Con unas heladas crudas.
Cuando mozo jué casao, Aunque yo lo desconfío, Y decía un amigo mío Que, de arrebatao y malo, Mató a su mujer de un palo Porque le dió un mate frío.
Y viudo por tal motivo Nunca se volvió a casar; No era fácil encontrar Ninguna que lo quisiera: Todas temerían llevar La suerte de la primera.
Soñaba siempre con ella, Sin duda por su delito, Y decía el viejo maldito, El tiempo que estuvo enfermo, Que ella dende el mesmo infierno Lo estaba llamando a gritos.
XV
Siempre andaba retobao: Con ninguno solía hablar; Se divertía en escarbar Y hacer marcas con el dedo, Y en cuanto se ponía en pedo Me empezaba a aconsejar.
Me parece que lo veo Con su poncho calamaco, Despues de echar un güen taco, Ansí principiaba a hablar: "Jamás llegues a parar Ande veas perros flacos."
"El primer cuidao del hombre Es defender el pellejo. Lleváte de mi consejo, Fijáte bien en lo que hablo: El diablo sabe por diablo, Pero más sabe por viejo."
"Hacéte amigo del juez; No le des de que quejarse; Y cuando quiera enojarse Vos te debés encoger, Pues siempre es güeno tener Palenque ande ir a rascarse."
"
Nunca le llevés la contra, Porque él manda la gavilla: Allí sentao en su silla, Ningún güey le sale bravo; A uno le da con el clavo Y a otro con la cantramilla."
760
"El hombre, hasta el más soberbio,
Con más espinas que un tala,
Aflueja andando en la mala
Y es blando como manteca:
Hasta la hacienda baguala
Cai al jagüel con la seca."
761
"No andés cambiando de cueva;
Hacé las que hace el ratón.
Conserváte en el rincón En que empezó tu esistencia: Vaca que cambia querencia
Se atrasa en la parición."
Y menudiando los tragos Aquel viejo, como cerro, No "olvidés", me decía,"Fierro, Que el hombre no debe crer En lágrimas de mujer Ni en la renguera del perro."
"No te debes afligir Aunque el mundo se desplome. Lo que más precisa el hombre Tener, según yo discurro, Es la memoria del burro, Que nunca olvida ande come.
"Deja que caliente el horno El dueño del amasijo; Lo que es yo, nunca me aflijo Y a todito me hago el sordo: El cerdo vive tan gordo, Y se come hasta los hijos."
"El zorro que ya es corrido Dende lejos la olfatea; No se apure quien desea Hacer lo que le aproveche La vaca que más rumea Es la que da mejor leche." "El que gana su comida Güeno es que en silencio coma; Ansina, vos, ni por broma Querás llamar la atención: Nunca escapa el cimarrón Si dispara por la loma."
"Yo voy donde me conviene Y jamás me descarrío; Lleváte el ejemplo mío, Y llenarás la barriga: Aprendé de las hormigas: No van a un noque vacío."
768 "A naides tengás envidia: Es muy triste el envidiar; Cuando veás a otro ganar, A estorbarlo no te metas: Cada lechón en su teta Es el modo de mamar."
769 "Ansí se alimentan muchos Mientras los pobres lo pagan; Como el cordero hay quien lo haga En la puntita, no niego; Pero otros, como el borrego, Todo entera se la tragan."
770 "Si buscás vivir tranquilo Dedicate a solteriar Más si te querés casar, Con esta alvertencia sea:
Que es muy difícil guardar Prenda que otros codicean."
77l
"Es un bicho la mujer Que yo aquí no lo destapo, Siempre quiere al hombre guapo; Mas fijate en la eleción, Porque tiene el corazón Como barriga de sapo."
772 Y gangoso con la tranca, Me solia decir: "Potrillo, Recién te apunta el cormillo, Mas te lo dice un toruno: No dejés que hombre ninguno Te gane el lao del cuchillo."
773 "Las armas son necesarias, Pero naides sabe cuándo; Ansina, si andás pasiando, Y de noche sobre todo, Debés llevarlo de modo Que al salir, salga cortando."
774 "Los que no saben guardar Son pobres aunque trabajen; Nunca, por más que se atajen, Se librarán del cimbrón: Al que nace barrigón Es al ñudo que lo fajen."
"Donde los vientos me llevan Allí estoy como en mi centro; Cuando una tristeza encuentro Tomo un trago pa alegrarme: A mí me gusta mojarme Por ajuera y por adentro."
"Vos sos pollo, y te convienen Toditas estas razones; Mis consejos y leciones No echés nunca en el olvido: En las riñas he aprendido A no peliar sin puyones."
Con estos consejos y otros Que yo en mi memoria encierro, Y que aquí no desentierro, Educándome seguía, Hasta que al fin se dormía Mesturao entre los perros.
XVI
Cuando el viejo cayó enfermo, Viendo yo que se empioraba Y que esperanza no daba De mejorarse siquiera, Le truje una culandrera A ver si lo mejoraba. No es güeno -dijo el cantor-Muchas manos en un plato Y diré al que ese barato Ha tomao de entrometido, Que no creia haber venido A hablar entre literatos.
779 En cuanto lo vió, me dijo: "Este no aguanta el sogazo: Muy poco le doy de plazo; Nos van ha dar un epetáculo, Porque debajo del brazo Le ha salido un tabernáculo."
780 Dice el refrán que en la tropa Nunca falta un güey corneta: Uno que estaba en la puerta Le pegó el grito ahi no más: "Tabernáculo,... !que bruto! Un tubérculo dirás."
781 Al verse ansí interrumpido, Al punto dijo el cantor: "No me parece ocasión De meterse los de ajuera; Tabernáculo, senor, Le decía la culandrera."
782 El de ajuera repitió, Dándole otro chaguarazo: "Allá va un nuevo bolazo Copo y se la gano en puerta A las mujeres que curan Se las llama curanderas."
Y para seguir contando La historia de mi tutor, Le pediré a ese dotor Que en mi inorancia me deje, Pues siempre encuentra el que teje Otro mejor tejedor. Nunca me le puse a tiro, Pues era de mala entraña; Y viendo herejía tamaña, Si alguna cosa le daba, De lejos se la alcanzaba En la punta de una caña.
785 Seguía enfermo, como digo, Cada vez más emperrao; Yo estaba ya acobardao Y lo espiaba dende lejos; Era la boca del viejo La boca de un condenao.
786 Allá pasamos los dos Noches terribles de invierno: El maldecía al Padre Eterno Como a los Santos benditos, Pidiendolé al diablo a gritos Que lo llevara al infierno.
787 Debe ser grande la culpa Que a tal punto mortifica; Cuando vía una reliquia Se ponía como azogado, Como si a un endemoniado Le echaran agua bendita.
"Será mejor", decía yo, "Que abandonado lo deje, Que blasfeme y que se queje, Y que siga de esta suerte, Hasta que venga la muerte Y cargue con este hereje."
Cuando ya no pudo hablar Le até en la mano un cencerro, Y al ver cercano su entierro, Arañando las paredes, espiró allí entre los perros Y este servidor de ustedes.
XVII
Le cobré un miedo terrible Después que lo vi dijunto; Llamé al alcalde, y al punto Acompañado se vino De tres o cuatro vecinos A arreglar aquel asunto.
"Anima bendita", dijo Un viejo medio ladiao
"Que Dios lo haiga perdonao, Es todo cuanto deseo, Le conocí un pastoreo De terneritos robaos."
"Ansina es", dijo el Alcalde; "Con eso empezó a poblar; Yo nunca podré olvidar Las travesuras que hizo; Hasta que al fin fué preciso Que le privasen carniar.
794 "De mozo fue muy jinete: No lo bajaba un bagual; Pa ensillar un animal Sin necesitar de otro, Se encerraba en el corral, Y alli golpiaba el potro."
795 "Se llevaba mal con todos: Era su costumbre vieja El mesturar las ovejas, Pues al hacer el aparte Sacaba la mejor parte, Y despues venía con quejas."
796 "Dios lo ampare al pobrecito", Dijo en seguida un tercero. "Siempre robaba carneros; En eso tenía destreza: Enterraba las cabezas Y despues vendía los cueros
"!Y qué costumbre tenía Cuando en el jogón estaba! Con el mate se agarraba estando los piones juntos. -Yo tallo -decía-y apunto-Y a ninguno convidaba."
"Si ensartaba algún asao -!Pobre! !como si lo viese!-, Poco antes de que estuviese primero lo maldecía, Luego después lo escupía Para que naides comiese."
"Quien le quitó esa costumbre De escupir el asador Fue un mulato resertor Que andaba de amigo suyo: Un diablo muy peliador Que le llamaban barullo."
"Una noche que les hizo Como estaba acostumbrao, Se alzó el mulato enojao Y le gritó: -!viejo indino, Yo te he de enseñar, cochino, A echar saliva al asao!-"
"Lo saltó por sobre el juego Con el cuchillo en la mano; !La pucha el pardo liviano! En la mesma atropellada Le largó una puñalada que la quitó otro paisano.:
802 "Y ya caliente barullo, Quiso seguir la chacota; Se le había erizao la mota Lo que empezó la reyerta: el viejo ganó la puerta Y apeló a las de gaviota."
803 "De esa costumbre maldita dende entonces se curó; A las casas no volvió: Se metió en un cicutal Y alli escondido pasó Esa noche sin cenar."
804 Esto hablaban los presentes, Y yo, que estaba a su lao Al oir lo que he relatao, Aunque él era un perdulario, Dije entre mí: "!Que rosario Le estan lanzando al finao!."
805 Luego comenzó el Alcalde A registrar cuanto había, Sacando mil chucherias Y guascas y trapos viejos, Temeridá de trebejos Que para nada servían.
Salieron lazos, cabrestos, Coyundas y maniadores, Una punta de arriadores, Cinchones, maneas, torzales Una porción de bozales Y un montón de tiradores.
807 Habia riendas de domar frenos, estribos quebraos; Bolas, espuelas, recaos, Unas pavas, unas ollas, Y un gran manojo de argollas De cinchas que había cortao.
808 Salieron varios cencerros, Alesnas, lonjas, cuchillos, Unos cuantos cojinillos Un alto de jergas viejas, Muchas botas desparejas Y una infinidá de anillos.
809 Había tarros de sardinas, Unos cueros de venao, Unos ponchos aujeriaos, Y en tan tremendo entrevero Apareció hasta un tintero que se perdió en el Juzgao.
Decía el alcalde muy serio: "es poco cunato se diga; Había sido como hormiga. He de darle parte al Juez. !Y que me venga después Con que no se los persiga!"
811 Yo estaba medio azorao De ver lo que sucedía; Entre ellos mesmos decían Que unas prendas eran suyas, Pero a mi me parecía que estas eran aleluyas.
812 Y cuando ya no tuvieron Rincón donde registrar, Cansaos de tanto huroniar Y de trabajar en balde, "Vámosnos", dijo el Alcalde, "Luego lo haré sepultar."
813 Y aunque mi padre no era El dueño de ese hormiguero, El, allí muy cariñero, Me dijo con muy buen modo: "Vos serás heredero Y te harás cargo de todo."
814 "Se ha de arreglar este asunto Como es preciso que sea; Voy a nombrar albacea Uno de los circustantes; Las cosas no son como antes Tan enredadas y feas."
"!Bendito Dios!', pensé yo, "Ando como un pordiosero,
Y me nuembran heredero De toditas estas guascas. !Quisiera saber primero
Lo que se han hecho mis vacas!"
XVIII
Se largaron, como he dicho, A disponer el entierro; Cuando me acuerdo me aterro: Me puse a llorar a gritos Al verme allí tan solito Con el finao y los perros.
Me saqué el escapulario, Se lo colgué al pecador, Y como hay en el señor Misericordia infinita, Rogué por la alma bendita Del que antes jué mi tutor.
No se calmaba mi duelo De verme tan solitario; Ahí le champurrié un rosario Como si juera mi padre, besando el escapulario Que me había puesto mi madre.
"Madre mía", gritaba yo, "Donde estarás padeciendo? El llanto que estoy virtiendo Lo redamarías por mí, Si vieras a tu hijo aquí Todo lo que esta sufriendo."
Y mientras ansí clamaba Sin poderme consolar, Los perros, para aumentar Mas mi miedo y mi tormento, En aquel mesmo momento
Se pusieron a llorar.
Libre Dios a los presentes De que sufran otro tanto; Con el muerto y esos llantos Les juro que faltó poco Para que me vuelva loco En medio de tanto espanto.
Decían entonces las viejas, Como que eran sabedoras, Que los perros cuando lloran Es porque ven al demonio; Yo creia en el testimonio Como cré siempre el que inora.
Ahi dejé que los ratones Comieran el guasquerío Y como anda a su albedrío Todo el que güerfano queda, Alzando lo que era mío Abandoné aquella cueva. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . Supe después que esa tarde Vino un pión y lo enterró; Ninguno lo acompañó Ni lo velaron siquiera; Y al otro día amaneció Con una mano dejuera.
Y me ha contao además El gaucho que hizo el entierro -Al recordarlo me aterro, Me da pavor este asunto-Que la mano del dijunto Se la había comido un perro.
Tal vez yo tuve la culpa Porque de asustao me fuí; Supe, despues que volví, Y asigurárselos puedo, Que los vecinos, de miedo, No pasaban por allí.
Hizo del rancho guarida La sabandija mas sucia -El cuerpo se despeluza Y hasta la razón se altera-; Pasaba la noche entera Chillando allí una lechuza.
Por mucho tiempo no pude Saber lo que me pasaba; Los trapitos con que andaba Eran puras hojarascas; Todas las noches soñaba Con viejos, perros y guascas.
XIX
Anduve a mi voluntá, Como moro sin señor; Ese jué el tiempo mejor Que yo he pasado tal vez; De miedo de otro tutor, Ni aporté por lo del Juez.
"Yo cuidaré", me había dicho, "De lo de tu propiedá: Todo se conservará, El vacuno y los rebaños, Hasta que cumplas 30 años, En que seás mayor de edá."
Y aguardando que llegase El tiempo que la ley fija, Pobre como lagartija Y sin respetar a naides, Anduve cruzando el aire Como bola sin manija.
Me hice hombre de esa manera Bajo el más duro rigor; Sufriendo tanto dolor Muchas cosas aprendí; Y, por fin, vítima fuí
Del mas desdichado amor.
833 De tantas alternativas Esta es la parte peluda Infeliz y sin ayuda, Fué estremado mi delirio, Y causaban mi martirio Los desdenes de una viuda.
834 Llora el hombre ingratitudes Sin tener un jundamento; Acusa sin miramiento A la que el mal le ocasiona, Y tal vez en su persona No hay ningún merecimiento.
835 Cuando yo mas padecía La crueldá de mi destino, Rogando al poder divino Que del dolor me separe, Me hablaron de un adivino Que curaba esos pesares.
836 Tuve recelos y miedos, Pero al fin me disolví: Hice coraje y me fuí Donde el adivino estaba, Y por ver si me curaba, Cuanto llevaba le di.
Me puse, al contar mis penas, Mas colorao que un tomate,
Y se me añudó el gaznate Cuando dijo el hermitaño: "Hermano, le han hecho daño Y se lo han hecho en un mate. Cortále a un negro tes motas Y hacélas hervir en leche."
838 "Por verse libre de usté Lo habrán querido embrujar." Despues me empezó a pasar Una pluma de avestruz, Y me dijo:"De la Cruz Recebí el don de curar.
839 "Debés maldecir", me dijo, "A todos tus conocidos; Ansina el que te ha ofendido Pronto estará decubierto, Y deben ser maldecidos Tanto vivos como muertos."
840 Y me recetó un hincao En un trapo de la viuda, Frente a una planta de ruda, Hiciera mis horaciones, Diciendo: "No tengás duda; Eso cura las pasiones."
841 A la viuda, en cuanto pude, Un trapo le manotié; Busqué la ruda y al pie, Puesto en cruz, hice mi rezo; Pero, amigos, ni por eso De mis males me curé.
842 Me recetó otra ocasión Que comiera abrojo chico; El remedio no me esplico, Mas, por desechar el mal, Al ñudo en un abrojal Fí a ensangrentarme el hocico.
843 Y con tanta medecina Me parecía que sanaba; Por momentos se aliviaba Un poco mi padecer, Mas si a la viuda encontraba, Volvia la pasión a arder.
844 Otra vez que consulté Su saber estrordinario, Recibió bien su salario, Y me recetó aquel pillo Que me colgase tres grillos Ensartaos como rosario.
845 Por fin la última ocasión Que por mi mal lo fí a ver, Me dijo: "No, mi saber No ha perdido su virtú; Yo te daré la salú: No triunfará esa mujer.
846 "Y tené fe en el remedio, Pues la cencia no es chacota; De esto no entendés ni jota. Sin que ninguno sospeche,
Yo andaba ya desconfiando De la curación maldita, Y dije: "Este no me quita La pasión que me domina; Pues que viva la gallina, Aunque sea con la pepita."
Ansí me dejaba andar, Hasta que, en una ocasión, El cura me echó un sermón, Para curarme sin duda, Diciendo que aquella viuda Era hija de confisión.
Y me dijo estas palabras Que nunca las he olvidao: "Has de saber que el finao Ordenó en su testamento Que naides de casamiento Le hablara en lo sucesivo; Y ella prestó el juramento Mientras él estaba vivo."
"Y es preciso que lo cumpla, Porque ansí lo manda Dios; Es necesario que vos No la vuelvas a buscar, Porque si llega a faltar Se condenarán los dos."
Con semejante alvertencia Se completó mi redota; Le vi los pies a la sota, Y me le alejé a la viuda, Mas curao que con la ruda, Con los grillos y las motas.
Despues me contó un amigo Que al Juez le había dicho el cura Que yo era un cabeza dura Y que era un mozo perdido; Que me echaran del partido, Que no tenía compostura.
853
Tal vez por ese consejo
Y sin que mas causa hubiera,
Ni que otro motivo diera,
Me agarraron redepente
Y en el primer contingente
Me echaron a la frontera.
854
De andar persiguiendo viudas
Me he curao el deseo;
En mil penurias me veo,
Mas pienso volver tal vez
A ver si sabe aquel Juez
Lo que se ha hecho de mi rodeo.
XX
855
Martín Fierro y sus dos hijos,
Entre tanta concurrencia,
Siguieron con alegría
Celebrando aquella fiesta.
Diez años, los más terribles, Había durado la ausencia, Y al hallarse nuevamente Era su alegría completa. En ese mesmo momento Uno que vino de ajuera, A tomar parte con ellos Suplicó aue lo almitieran. Era un mozo forastero De muy regular presencia, Y hacía poco que en le pago Andaba dando sus güeltas. Asiguran algunos Que venía de la frontera; Que había pelao a un pulpero En las últimas carreras; Pero andaba despilcho, No traia una prenda güena: Un recadito cantor Daba fe de sus pobrezas. Le pidió la bendición Al que causaba la fiesta Y, sin decirles su nombre, Les declaró con franqueza Que el nombre de Picardía Es el único que lleva. Y para contar su historia A todos pide licencia, Diciéndoles que en seguida Iban a saber quien era. Tomo al punto la guitarra, La gente se puso atenta, Y ansí cantó Picardía En cuanto templó las cuerdas:
PICARDIA
XXI
- Voy a contarles mi historia(Perdónenme tanta charla) , y les diré al principiarla, Aunque es triste hacerlo ansí:
A mi madre la perdí Antes de saber llorarla.
857 Me quedé en el desamparo, Y al hombre que me dió el ser No lo pude conocer; Ansí, pues, dende chiquito, Volé como el pajarito En busca de qué comer.
858 Que tanta gente destierra, O por causa de la guerra, Que es causa bastante seria, Los hijos de la miseria Son muchos en esta tierra.
859 Ansí, por ella empujado, No sé las cosas que haría, Y aunque con verguenza mía, Debo hacer esta alvertencia: Siendo mi madre Inocencia, Me llamaban Picardía.
860 Me llevó a su lado un hombre Para cuidar las ovejas, Pero todo el día eran quejas Y guascazos a lo loco, Y no me daba tampoco Siquiera unas jergas viejas.
861 Dende la alba hasta la noche, En el campo me tenía; Cordero que se moría -Mil veces me sucedió
Los caranchos lo comían, Pero lo pagaba yo.
862 De trato tan rigoroso Muy pronto me acobardé; El bonete me apreté Buscando los mejores fines, Y con unos volantines Me fuí para Santa Fe.
863 El pruebista principal A enseñarme me tomó, Y ya iba aprendiendo yo A bailar en la maroma, Mas me hicieron una broma Y aquello me indijustó.
864 Una vez que iba bailando, Porque estaba el calzón roto, Armaron tanto alboroto Que me hicieron perder pie; De la cuerda me largué Y casi me descogotó.
865 Ansí me encontre de nuevo Sin saber dónde meterme, Y ya pensaba volverme Cuando, por fortuna mía, Me salieron unas tías Que quisieron recogerme
866 Con aquella parentela, Para mí desconocida, Me acomodé ya en seguida, Y eran muy buenas señoras; Pero las más rezadoras Que he visto en toda mi vida.
867 Con el toque de oración Ya principiaba el rosario; Noche a noche un calendario Tenían ellas que decir, Y a rezar solían venir Muchas de aquel vecindario.
868 Lo que allí me aconteció Siempre lo he de recordar, Pues me empiezo a equivocar Y a cada paso refalo, Como si me entrara el Malo Cuanto me hincaba a rezar
869 Era como tentación Lo que yo esperimenté, Y jamas olvidaré Cuanto tuve que sufrir, Porque no podia decir "Artículos de la Fe".
870 Tenía al lao una mulata Que era nativa de allí; Se hincaba cerca de mí
Como el ángel de la guarda; !Pícara!, y era la parda La que me tentaba ansí.
"Rezá", me dijo mi tía, "Artículos de la Fe". Quise hablar y me atoré; La dificultá me aflige; Miré a la parda, y ya dije: "Artículos de Santa Fe".
Me acomodó el coscorrón Que estaba viendo venir, Yo me quise corregir, A la mulata miré Y otra vez volví a decir: "Artículos de Santa Fe".
Sin dificultá ninguna Rezaba todito el día, Y a la noche no podía Ni con un trabajo inmenso; Es por eso que yo pienso Que alguno me tentaría.
Una noche de tormenta Vi a la parda y me entró chucho; Los ojos -me asusté mucho- Eran como refocilo: Al nombrar a San Camilo,
Le dije San Camilucho.
Esta me da con el pie, Aquella otra con el codo: !Ah, viejas, por ese modo, Aunque de corazón tierno, Yo las mandaba al infierno Con oraciones y todo!
Otra vez, que como siempre La parda me perseguía, Cuando yo acordé, mis tías Me habían sacao un mechón Al pedir la estirpación De todas las herejías.
Aquella parda maldita Me tenía medio afligido, Y ansí; me había sucedido Que, al decir "estirpación", Le acomodé "entripación" Y me cayeron sin ruido
El recuerdo y el dolor Me duraron muchos días; Soñe con las herejías Que andaban por estirpar Y pedía siempre al rezar La estirpación de mis tías.
Y dale siempre rosarios, Noche a noche sin cesar; Dale siempre barajar Salves, trisagios y credos; Me aburrí de esos enriedos Y al fin me mandé mudar.
880 XXII Anduve como pelota, Y más pobre que una rata: Cuando empecé a ganar plata Se armó no sé que barullo: Yo dije: A tu tierra, grullo, Aunque sea con una pata
881 Eran duros y bastantes Los años que allá pasaron; Con lo que ellos me enseñaron Formaba mi capital; Cuanto vine, me enrolaron En la Guardia Nacional.
882 Me habia ejercitao al naipe, El juego era mi carrera; Hice alianza verdadera Y arreglé una trapisonda Con el dueño de una fonda Que entraba en la peladera.
883 Me ocupaba con esmero En floriar una baraja; El la guardaba en la caja En paquetes, como nueva; Y la media arroba lleva Quien conoce la ventaja.
Comete un error inmenso Quien de la suerte presuma; Otro mas hábil lo fuma, En un dos por tres lo pela, Y lo larga que no vuela,
Porque le falta una pluma.
Con un socio que lo entiende Se arman partidas muy güenas; Queda allí la plata ajena, Quedan prendas y botones: Siempre cain a esas riuniones Zonzos con las manos llenas.
Hay muchas trampas legales, Recursos del jugador; No cualquiera es sabedor A lo que un naipe se presta: Con una cincha bien puesta Se la pega uno al mejor.
Deja a veces ver la boca, Haciendo el que se descuida; Juega el otro hasta la vida Y es siguro que se ensarta, Porque uno muestra una carta Y tiene otra prevenida.
Al monte, las precauciones No han de olvidarse jamás; Debe afirmarse además Los dedos para el trabajo, Y buscar asiento bajo Que le dé la luz de atrás.
Pa tallar, tome la luz; Dé la sombra al alversario; Acomódese al contrario En todo juego cartiao: Tener ojo ejercitao Es siempre muy necesario.
El contrario abre los suyos, Pero nada ve el que es ciego: Dandole soga, muy luego Se deja pescar el tonto; Todo chapetón cre pronto Que sabe mucho en el juego.
Hay hombres muy inocentes Y que a las carpetas van; Cuando azariados están -Les pasa infinitas veces-Pierden en puertas y en treses, Y dándoles mamarán.
El que no sabe no gana Aunque ruegue a Santa Rita; En la carpeta a un mulita Se le conoce al sentarse, Y conmigo era matarse: No podían ni a la manchita.
En el nueve y otros juegos Llevo ventaja y no poca, Y siempre que dar me toca El mal no tiene remedio, Porque sé sacar del medio Y sentar la de la boca.
En el truco, al más pintao Solía ponerlo en apuro; Cuando aventajar procuro, Sé tener, como fajadas, Tiro a tiro el as de espadas, O flor, o envite siguro.
Yo sé defender mi plata Y lo hago como el primero: El que ha de jugar dinero Preciso es que no se atonte; Si se armaba una de monte, Tomaba parte el fondero.
Un pastel, como un paquete, Se llevarlo con limpieza; Dende quc a salir empiezan No hay carta que no recuerde; Sé cuál se gana o se pierde En cuanto cain en la mesa.
También por estas jugadas Suele uno verse en aprietos; Mas yo no me comprometo
Porque sé hacerlo con arte, Y aunque les corra el descarte No se descubre el secreto.
Si me llamaban al dao, Nunca me solía faltar Un cargado que largar, Un cruzao para el mas vivo, Y hasta atracarles un chivo Sin dejarlos maliciar.
Cargaba bien una taba, Porque la sé manejar; No era manco en el billar, Y por fin de lo que esplico, Digo que hasta con pichicos Era capaz de jugar.
Es un vicio de mal fin El de jugar, no lo niego; Todo el que vive del juego Anda a la pesca de un bobo, Y es sabido que es un robo Ponerse a jugarle a un ciego.
Y esto digo claramente Porque he dejao de jugar; Y le puedo asigurar, Como que fuí del oficio: Más cuesta aprender un vicio Que aprender a trabajar.
XXIII
Un nápoles mercachifle Que andaba con un arpista, Cayó también en la lista Sin dificultá ninguna: Lo agarré a la treinta y una Y le daba bola vista.
Se vino haciendo el chiquito, Por sacarme esa ventaja; En el pantano se encaja, Aunque robo se le hacía; Lo cegó Santa Lucía Y desocupó las cajas.
904 !Lo hubieran visto afligido Llorar por las chucherías! "Me gañao con picardía", Decía el gringo y lagrimiaba, Mientras yo en un poncho alzaba Todita su mercheria.
905 Quedó allí aliviao del peso Sollozando sin consuelo; Había caido en el anzuelo, Tal vez porque era domingo, Y esa calidá de gringo No tiene santo en el cielo.
906 Pero poco aproveché De fatura tan lucida;
El diablo no se descuida, Y a mí me seguía la pista Un ñato muy enredista Que era Oficial de partida.
Se me presentó a esigir La multa en que había incurrido, Que el juego estaba prohibido, Qus iba a llevarme al cuartel Tuve que partir con él Todo lo que había alquirido.
Empecé a tomarlo entre ojos Por esa albitrariedá; Yo había ganao, es verdá, Con recursos, eso sí; Pero el me ganaba a mí Fundao en su autoridá.
Decían que por un delito Mucho tiempo anduvo mal; Un amigo servicial Lo compuso con el Juez, Y poco tiempo después Lo pusieron de Oficial.
En recorrer el partido Continuamente se empleaba; Ningún malevo agarraba, Pero traia en un carguero Gallinas, pavos, corderos Que por ahi recoletaba.
911 No se debía permitir El abuso a tal estremo. Mes a mes hacía lo mesmo, Y ansí decía el vecindario: "Este ñato perdulario Ha resucitao el diezmo."
912 La echaba de guitarrero Y hasta de concertador: Sentao en el mostrador Lo hallé una noche cantando Y le dije: "Co...mo...quiando Con ganas de oir un cantor."
913 Me echó el ñato una mirada Que me quiso devorar, Mas no dejó de cantar Y se hizo el desentendido; Pero ya había conocido Que no lo podía pasar.
Una tarde que me hallaba De visita... vino el ñato, Y para darle un mal rato Dije juerte: "Ña...to...ribia, No cebe con la agua tibia", Y me la entendió el mulato.
Era todo en el Juzgao, Y como que se achocó, Ahi no más me contestó: "Cuanto el caso se presiente
Te he de hacer tomar caliente, Y has de saber quién soy yo."
Por causa de una mujer Se enredó más la cuestión; Le tenía el ñato afición; Ella era mujer de ley, Moza con cuerpo de güey, Muy blanda de corazón.
La hallé una vez de amasijo; Estaba hecha un embeleso, Y le dije: "Me intereso En aliviar sus quehaceres, Y ansí, señora, si quiere Yo le arrimaré los gutildeos."
Estaba el ñato presente Sentado como de adorno; Por evitar un trastorno Ella, al ver que se dijusta, Me contestó: "Si usté gusta, Arrímelos junto al horno."
Ahi se enredó la madeja Y su enemistá conmigo; Se declaró mi enemigo, Y, por aquel cumplimiento, Ya sólo buscó el momento De hacerme dar un castigo.
Yo vía que aquel maldito Me miraba con rencor, Buscando el caso mejor De poderme echar el pial; Y no vive más el lial Que lo que quiere el traidor.
No hay matrero que no caiga, Ni arisco que no se amanse; Ansí, yo, dende aquel lance, No salía de algún rincón, Tirao como el San Ramón Después que se pasa el trance.
XXIV
Me le escapé con trabajo En diversas ocasiones; Era de los adulones; Me puso mal con el Juez; Hasta que al fin una vez Me agarró en las eleciones.
Ricuerdo que esa ocasión Andaban listas diversas; Las opiniones dispersas No se podían arreglar: Decían que el Juez, por triunfar, Hacía cosas muy perversas.
Cuando si riunió la gente Vino a proclamarla el ñato, Diciendo con aparato "Que todo andaría mal, Si pretendía cada cual Votar por un candilato."
Y quiso al punto quitarme La lista que yo llevé, Mas yo se la mesquiné, Y ya me gritó: "!Anarquista! Has de votar por la lista Que ha mandao el Comiqué."
Me dió verguenza de verme Tratado de esa manera; Y como si uno se altera Ya no es fácil que se ablande, Le dije: "Mande el que mande, Yo he de votar por quien quiera.
"En las carpetas de juego Y en la mesa eletoral, A todo hombre soy igual, Respeto al que me respeta, Pero el naipe y la boleta Naides me lo ha de tocar."
Ahi no más ya me cayó A sable la polecía; Aunque era una picardía Me decidí a soportar, Y no los quise peliar Por no perderme ese día. Atravesao me agarró Y se aprovechó aquel ñato; Dende que sufrí ese trato No dentro donde no quepo; Fi a jinetiar en el cepo Por cuestión de candilatos
Injusticia tan notoria No la soporté de flojo; Una venda de mis ojos Vino el suceso a voltiar: Vi que teníamos que andar Como perro con tramojo.
Dende equellas eleciones Se siguió el batiburrillo; Aquél se volvió un ovillo Del que no había ni noticia, !Es señora la justicia.. Y anda en ancas del mas pillo!
XXV
Después de muy pocos dias, Tal vez por no dar espera Y que alguno no se juera, Hicieron citar la gente, Pa riunir un contingente Y mandar a la frontera.
933 Se puso arisco el gauchaje: La gente está acobardada; Salió la partida armada Y trujo como perdices Unos cuantos infelices Que entraron en la voltiada.
934 Decía el ñato con soberbia: !Esta es una gente indina; Yo los rodié a la sordina: No pudieron escapar; Y llevaba orden de arriar Todito lo que camina."
935 Cuando vino el Comendante Dijeron: "!Dios nos asista!" Llegó les clavó la vista (Yo estaba haciendome el zonzo); Le echó a cada uno un responso Y ya lo plantó en la lista.
936 "!Cuadráte!", le dijo a un negro. "Te estás haciendo el chiquito, Cuando sos el más maldito Que se encuentra en todo el pago. Un servicio es el que te hago, Y por eso te remito."
A OTRO No te valdrán ececiones: !Yo te voy a enderezar! "
937 "Vos no cuidás tu familia Ni le das los menesteres; Visitás otras mujeres, Y es preciso, calavera, Que aprendás en la frontera A cumplir con tus deberes."
938 A OTRO "Vos también sos trabajoso; Cuando es preciso votar Hay que mandarte llamar Y siempre andás medio alzao; Sos un desubordinao, Y yo te voy a filiar."
939 A OTRO "Cuanto tiempo hace que vos Andás en este partido? Cuantas veces has venido A la citación del Juez? No te he visto ni una vez: Has de ser algún perdido."
940 A OTRO "Este es otro barullero Que pasa en la pulpería Predicando noche y día Y anarquizando a la gente: Irás en el contingente Por tamaña picardía."
941 A OTRO "Dende la anterior remesa Vos andás medio perdido; La autoridá no ha podido Jamás hacerte votar: Cuando te mandan llamar Te pasás a otro partido."
942 A OTRO "Vos siempre andas de florcita: No tenés renta ni oficio; No has hecho ningún servicio; No has votado ni una vez. !Marchá!... para que dejés De andar haciendo perjuicio."
943 A OTRO "Dame vos tu papeleta: Yo te la voy a tener. Esta queda en mi poder; Despúes la recogerás, Y ansí, si te resertás, Todos te puedan prender."
944 A OTRO "Vos, porque sos ecetuao, Ya te querés sulevar; No vinistes a votar Cuando hubieron eleciones;
Y a éste por este motivo Y a otro por otra razón, Toditos, en conclusión, Sin que escapara ninguno, Jueron pasando uno a uno A juntarse en un rincón.
Y allí las pobres hermanas, Las madres y las esposas Redamaban cariñosas Sus lágrimas de dolor; Pero gemidos de amor No remedian estas cosas.
Nada importa que una madre Se desespere o se queje, Que un hombre a su mujer deje En el mayor desamparo; Hay que callarse, o es claro Que lo quiebran por el eje.
Dentran despúes a empeñarse Con este o aquel vecino; Y, como en el masculino, El que menos corre, vuela, Deben andar con cautela Las pobres, me lo imagino.
949 Muchas al Juez acudieron, Por salvar de la jugada; El les hizo una cuerpiada, Y, por mostrar su inocencia, Les dijo: "Tengan pacencia Pues yo no puedo hacer nada."
950 Ante aquella autoridá Permanecían suplicantes, Y, después de hablar bastante, "Yo me lavo"; dijo el Juez, "Como Pilatos los pies: Esto lo hace el Comendante."
951 De ver tanto desamparo El corazón se partía; Había madre que salía Con dos; tres hijos o más, Por delante y por detrás, Y las maletas vacías.
"Donde irán ?", pensaba yo, "A perecer de miseria? Las pobres, si de esta feria Hablan mal, tienen razón; Pues hay bastante materia Para tan justa aflición."
XXVI
953 Cuando me llegó mi turno Dije entre mí: "Ya me toca", Y aunque mi falta era poca No sé por que me asustaba; Les asiguro que estaba Con el Jesús en Ia boca.
954 Me dijo que yo era un vago, Un jugador, un perdido; Que dende que fí al partido Andaba de picaflor; Que había de ser un bandido Como mi antesucesor.
955 Puede que uno tenga un vicio Y que de él no se reforme, Mas naides esta conforme Con recebir ese trato: Yo conocí que era el ñato Quien le había dao los informes.
Me dentro curiosidá, Al ver que de esa manera Tan siguro me dijera Que jué mi padre un bandido; Luego, lo habrá conocido, Y yo inoraba quien era.
957 Me empeñé en aviriguarlo; Promesas hice a Jesús; Tuve por fin una luz Y supe con alegría Que era el autor de mis días El guapo Sargento Cruz.
958 Yo conocía bien su historia Y la tenía muy presente: Sabía que Cruz, bravamente, Yendo con una partida, Había jugado la vida Por defender a un valiente.
959 Y hoy ruego a mi Dios piadoso Que lo mantenga en su gloria; Se ha de conservar su historia En el corazón del hijo; El al morir me bendijo Yo bendigo su memoria.
Yo juré tener enmienda Y lo conseguí de veras; Puedo decir ande quiera Que, si faltas he tenido, De todas me he corregido Dende que supe quién era.
El que sabe ser güen hijo A los suyos se parece; Y aquel que a su lado crece
Y a su padre no hace honor,
Como castigo merece
De la desdicha el rigor. Y sufrí en aquel infierno Esa dura penitencia, Por una malaquerencia De un oficial subalterno.
962 Con un empeño costante Mis faltas supe enmendar; Todo conseguí olvidar, Pero, por desgracia mía, El nombre de Picardía No me lo pude quitar.
963 Aquel que tiene güen nombre Muchos dijustos se ahorra, Y entre tanta mazamorra No olviden esta alvertencia: Aprendí por esperencia Que el mal nombre no se borra.
964 XXVII He servido en la frontera En un cuerpo de milicias; No por razón de justicia Como sirve cualesquiera.
965 La bolilla me tocó De ir a pasar malos ratos Por la facultá del ñato, Que tanto me persiguió.
No repetiré las quejas De lo que se sufre allá: Son cosas muy dichas ya Y hasta olvidadas, de viejas.
Siempre el mesmo trabajar, Si