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la alimentacion del ser humano

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Inicialmente, inspirado tal vez en la conducta de sus parientes más próximos —los monos antropomorfos— el hombre adoptó una comida básica mediante la ingesta de frutas, que podía obtener sin demasiado esfuerzo mientras plácidamente y con mínimos riesgos vivía y se desplazaba sobre las frondosas copas de las especies arbóreas. Más tarde, a raíz de la serie de glaciaciones que afectaron la Tierra en los últimos miles de años, se vio obligado a adaptarse a las nuevas condiciones de vida impuestas por esas variaciones climáticas.

Agregado: 05 de FEBRERO de 2010 (Por Edgardo Caramella) | Palabras: 1751 | Votar! |
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Categoría: Apuntes y Monografías > Filosofía >
Material educativo de Alipso relacionado con alimentacion del ser humano
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    Autor: Edgardo Caramella (edgardo.caramella@gmail.com)

    LA ALIMENTACIÓN DEL SER HUMANO


    UN POCO DE HISTORIA
    Inicialmente, inspirado tal vez en la conducta de sus parientes más próximos —los monos antropomorfos— el hombre adoptó una comida básica mediante la ingesta de frutas, que podía obtener sin demasiado esfuerzo mientras plácidamente y con mínimos riesgos vivía y se desplazaba sobre las frondosas copas de las especies arbóreas. Más tarde, a raíz de la serie de glaciaciones que afectaron la Tierra en los últimos miles de años, se vio obligado a adaptarse a las nuevas condiciones de vida impuestas por esas variaciones climáticas.
    El hecho de tener que bajar de los árboles para conseguir comida, produjo como consecuencia un bajar también en la calidad de los alimentos que, de acuerdo con su constitución biológica, le corresponden al ser humano.
    La observación demuestra a todo investigador imparcial que la construcción anatómica del hombre y los antropomorfos es casi igual. Nuestro esqueleto está compuesto por la misma estructura ósea, con el mismo orden y organización; hay una gran similitud muscular; existen las mismas glándulas salivares, hepáticas e intestinales para la digestión, etc...
    Cierto es que, mediante un minucioso análisis, se observan algunas diferencias, pero éstas también se dan entre los individuos humanos con independencia de la raza a la que pertenezcan. Eso no deja sin efecto el hecho de que la estructura biológica de hombres y simios sea prácticamente igual. Esta similitud es prueba más que evidente de que la alimentación de unos y otros debería también ser similar.
    En realidad, en los inicios de la vida humana, el hombre se alimentaba de frutas crudas, alimentos que casi no dejan residuos en el organismo y que además poseen un gran poder depurativo. Este sistema alimentario es el denominado frugivorismo y constituye el primero de los ocho sistemas nutricionales utilizados a lo largo de la existencia de la especie.
    Analicemos esos ocho sistemas alimentarios, a fin de comprender mejor cuál de esas opciones es la más propia del ser humano y cuál es la más acertada para que adopte un practicante de SwáSthya Yôga, el Yôga Antiguo.

    SISTEMAS ALIMENTARIOS
    Yo no sé si será cierto eso que se lee en los libros, que en la antigüedad un mono que hubiera salido de Roma saltando de un árbol a otro podía llegar a España sin tocar nunca el suelo.
    El barón rampante, Italo Calvino
    FRUGIVORISMO
    Este sistema nutricional basado en la ingesta exclusiva de frutas frescas y secas, constituyó la alimentación básica y primordial del hombre en los primeros tiempos de su existencia sobre el planeta. La vida en las copas de los árboles le permitió desarrollar la capacidad de prenderse con fuerza de las ramas, a fin de no caer. También, los recién nacidos debían desarrollar desde los primeros instantes de vida la aptitud de tomarse con fuerza de los pelos de su madre, para poder viajar con ella sin caer. Un instinto de conservación desarrollado e incorporado para preservar su vida. Éste es un rasgo que se mantuvo: basta colocar en la manito de un bebé un lápiz o algo similar y veremos cómo, a pesar de su corta edad, el niño ya se aferra y no se suelta.
    Por la necesidad de conseguir más alimentos, el hombre se vio obligado a descender de los árboles y comenzó a agregar a su fuente de alimentación básica —las frutas— otros elementos. Así se transformó en recolector, incorporando a su dieta insectos, larvas, raíces y cualquier otra sustancia que le permitiera saciar el hambre. Pero un buen día, ese hombre que había descendido de los árboles observó una apetitosa rata que podía ser su cena. Intentó cazarla, pero no lo logró por falta de velocidad.
    Cuando, al poco tiempo, apareció otra opción de cena, movido por el hambre tomó una rama y con un golpe certero y veloz consiguió evitar que su comida se escapara. Desde ese momento, comenzó a utilizar elementos para cazar y reemplazar así la falta de garras y colmillos necesarios para enfrentar a esos animales que pasarían a constituir su dieta diaria.
    Así fue desarrollando habilidades que le permitieron construir algunos instrumentos para cazar presas que, sin la ayuda del hacha o similares armas rudimentarias, no hubiese podido capturar. Esta tarea se hizo posible únicamente gracias a una característica que fue el principal factor de desarrollo del cerebro humano: el dedo pulgar oponente. La propia actividad de construcción de elementos produjo la estimulación del sistema nervioso y, por consiguiente, del cerebro.
    Así llegamos al carnivorismo.
    CARNIVORISMO
    En este sistema de alimentación, la base nutricional está constituida por carnes. Podemos citar como ejemplos clásicos de carnívoros el león, el tigre, la pantera, etc. Se trata de especies que cazan al animal que luego devorarán, y con los cuales nos gusta compararnos en virtud de que son animales elegantes y gallardos, a los que asociamos con la fuerza y la capacidad guerrera.
    Pero en la actualidad, el ser humano comedor de carne no caza su propia presa. Adquiere un trozo de carne que formó parte de un animal que fue muerto y faenado por otro.
    Este sistema es el conocido como carnicerismo, una variedad del carnivorismo que corresponde a las especies animales que no cazan sus presas, sino que se alimentan de los restos de animales que otros mataron y comieron. Son los clásicos carroñeros, y podemos citar como ejemplo la hiena, el buitre, el marabú, etc. Nadie desea ser comparado con estas especies devoradoras de los restos de carne que dejan los animales cazadores y que generalmente están ya en estado de putrefacción. Asociemos el nombre del lugar donde se vende la carne –carnicería- y el del profesional que se dedica a tan noble tarea- carnicero- con los animales indicados. Significativo, ¿no le parece?
    El hombre actual mantiene la carne por medio de cadenas de frío y la trata con gran cantidad de productos químicos que retardan su putrefacción y realzan su color para que sea más comercial.
    OMNIVORISMO
    En el omnivorismo, los animales comen de todo, incluso aquellos productos que no son verdaderos alimentos. Como ejemplos de estos animales tenemos el cerdo, el oso, el chivo, etc. Todos estos queridos animalitos tienen un rasgo en común, y es que son bastante perfumados. ¿Casualidad? No, esta característica obedece a que el cuerpo expulsa toxinas de distintas formas. En el caso del hombre, sus glándulas sudoríparas y sebáceas eliminan gran cantidad de toxinas que emanan un aroma mucho más intenso que el de los que siguen una dieta sin carne, en virtud de que la carne es el alimento que más rápidamente entra en estado de putrefacción dentro del intestino humano.
    El concepto de que el ser humano es omnívoro es esgrimido con cierto orgullo, como si ésa fuese una conducta que lo distingue como alguien superior.
    En realidad, el hombre fue degenerando su alimentación, al punto de llegar hoy a alimentarse con conservas, productos enlatados, refinados y desvitalizados, todos ellos cargados de químicos, conservantes, con grandes cantidades de sal o azúcar, o de ambas sustancias en algunos casos.
    Resumiendo: en la actualidad, el hombre se alimenta con muchas sustancias que no son alimentos y con otras sumamente empobrecidas por los procesos de transformación que sufren para su comercialización. Resultado: come más y se nutre menos.
    CEREALISMO
    Este sistema alimentario, en el que los cereales ocupan la mayor parte de la dieta, tiene su origen en el establecimiento del hombre en comunidades sedentarias; surge el concepto del trabajo y se instala de a poco la costumbre de sembrar para obtener granos y así poder conservar los alimentos para los tiempos de escasez.
    De este sistema alimentario se desprende la macrobiótica, básicamente cerealista, que considera el arroz integral como el alimento perfecto. El verdadero cerealismo utiliza sólo cereales, pero algunas vertientes recurren también a las legumbres y verduras cocidas. Las frutas prácticamente son excluidas, y los lácteos prohibidos.
    Debemos hacer una advertencia a todos los practicantes de Yôga alertándolos acerca de que la macrobiótica no sirve como régimen de alimentación para ellos. Por razones de origen, nutricionales e incluso filosóficas no se debe utilizar la macrobiótica si se realiza un trabajo serio y genuino de Yôga. Practicar SwáSthya y ser macrobiótico conducirá indefectiblemente a un fuerte choque de egrégoras y a un estado de enfermedad.
    VEGETARIANISMO (incluye lácteos y huevo)
    En este sistema de alimentación se excluye completamente todo tipo de carnes y sus derivados.
    Es muy común que no se asocie fiambres o embutidos con carnes, e incluso, que por el término carne se entienda solamente las carnes rojas, pero eso es verdaderamente una prueba clara de ausencia de sentido común y de conciencia alimentaria.
    Este tipo de alimentación está compuesto por frutas, hortalizas, cereales, productos lácteos y huevos.
    Se utilizan además especias, logrando así verdaderos manjares que combinan sabores, colores y consistencias, creando platos variados, sanos y de elevado poder nutricional.
    Es la opción más utilizada por el SwáSthya Yôga.
    VEGETALIANISMO (incluye lácteos)
    Tiene las mismas características que el sistema anterior, con la exclusión del huevo. La clara del huevo contiene gran cantidad de proteínas, y la yema es de una elevada tasa de colesterol; por ese motivo, se lo elimina de la dieta. El ser humano de hábitos urbanos y sedentarios se alimenta de productos que contienen gran cantidad de grasa, que producen el llamado colesterol malo, y de otros excesivamente ricos en valores proteicos. Esto es generador de muchos tipos de desequilibrios que terminan provocando cuadros de enfermedades.
    VEGETARIANISMO PURO (no incluye lácteos ni huevo)
    En este sistema se utilizan hortalizas, frutas y cereales, crudos y cocidos. Se excluyen todos los productos y subproductos de origen animal.
    Los practicantes de SwáSthya, el Yôga Antiguo, lo adoptan periódicamente para depurar el organismo.
    NATURISMO
    Debemos hacer la salvedad de que naturismo no debe ser confundido con naturalismo. En el primero de los casos se consumen solamente hortalizas, cereales y frutas, en su forma natural, sin previo cocimiento y sin adición de sal. Por ello, esta corriente también recibe el nombre de crudivorismo.
    En cuanto al naturalismo, podemos decir que es una tendencia casi impracticable, en virtud de que la base de la alimentación está constituida por productos integrales libres de químicos, bajo la premisa de comer natural, palabra que expresa un concepto nada claro y que hoy es muy difícil de poner en práctica.
    El naturismo no siempre sigue una línea vegetariana.

    Edgardo Caramella
    Maestro del Método DeRose
    Presidente de la Federación de Yôga de Buenos Aires (FIPPYBA)
    Autor del Libro La Dieta del Yôga, Editorial Kier, Buenos Aires
    www.metododerose.com.ar
    www.federaciondeyoga.org.ar

     
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