La inmensa mayoría de seres humanos creemos que no estamos solos en el Universo. Sin embargo, basamos esta creencia más en lo que publican los medios y la prensa sensacionalista que en algún fundamento científico sólido. El argumento más esgrimido es que, siendo el Universo tan vasto, sería ingenuo o ridículo pensar que no existan otras civilizaciones; en algún planeta, alrededor de alguna de las cientos de miles de estrellas, debió haberse desarrollado una civilización extraterrestre capaz de expandirse y visitarnos.
¿Estamos solos en el Universo?
dquezada@gmx.de
Definiciones básicas:
Planeta: Cuerpo
celeste que no emite luz propia. En general, están en órbitas alrededor de
estrellas. Son formados por gases y materiales rocosos. Nuestro planeta es la Tierra.
Estrella: Enorme
esfera de gas que, debido a su gran masa, colapsa sobre sí misma, produciendo
reacciones nucleares que irradian luz y calor. Tienen, en general, planetas
orbitando en torno a ellas. La
Tierra gira en torno a la estrella conocida como ‘Sol’.
Galaxia: Conjunto
masivo de estrellas. Existen alrededor 500 mil millones de Galaxias y la
nuestra, conocida como vía Láctea, está formada por 200 mil millones de
estrellas.
Universo: Todo
cuanto existe. Conjunto total de galaxias, sus estrellas y planetas.
Año Luz:
Distancia que recorre la luz durante un año.
Izquierda: Imagen del espacio profundo tomada por el
telescopio espacial Hubble. En esta fotografía, cada punto luminoso es una
galaxia, compuesta a su vez de miles de millones de estrellas. Derecha: La Galaxia Andrómeda,
la más cercana a la nuestra; dos millones de años luz. Su forma en espiral es muy
similar a nuestra Vía Láctea.
La inmensa mayoría de seres humanos creemos que no
estamos solos en el Universo. Sin embargo, basamos esta creencia más en lo que publican
los medios y la prensa sensacionalista que en algún fundamento científico
sólido. El argumento más esgrimido es que, siendo el Universo tan vasto, sería ingenuo
o ridículo pensar que no existan otras civilizaciones; en algún planeta, alrededor
de alguna de las cientos de miles de estrellas, debió haberse desarrollado una
civilización extraterrestre capaz de expandirse y visitarnos.
Sin embargo, un número ingente de estrellas está
lejos de asegurar, por sí sola, la existencia de civilizaciones. De hecho,
quienes así argumentamos, hemos pasado por alto una serie de consideraciones,
como por ejemplo: ¿De esas cientos de miles de estrellas, cuántas tienen, al
menos, un planeta girando en torno de ellas? Y de esos planetas, ¿cuántos
pueden contener los elementos mínimos para el desarrollo de la vida? Y de esos
organismos vivos, ¿cuántos logran evolucionar a civilizaciones inteligentes?
Finalmente, ¿Cuántas de estas civilizaciones inteligentes logran realmente
avanzar tecnológicamente y superar la autodestrucción?
En astronomía, esta fórmula de ‘descuentos’, fue
propuesta por el astrónomo Frank Drake y permite realizar estimaciones
cuantitativas sobre el número de civilizaciones tecnológicas presentes en el
Universo en un momento dado cualquiera, por ejemplo, hoy. En estos párrafos, intentaremos
buscar esta respuesta numérica, basándonos en supuestos estrictamente
científicos y acotando el objetivo de nuestra búsqueda, a nuestra propia
galaxia. Pero… ¡un momento! Si sabemos que existen en el universo miles de
millones de galaxias, entonces, ¿por qué
limitarnos a buscar sólo en la nuestra? Es como si deseamos buscar personas
únicamente en las casas dentro de nuestra propia ciudad, sabiendo que hay
cientos de miles de otras ciudades, en todo el mundo, donde buscar. Pues bien, la
respuesta es, básicamente, debido a las enormes distancias que separan unas
galaxias de otras. Puede decirse que una comunicación con una civilización extragaláctica
es imposible, incluso si dicha civilización existe. Recordemos que la galaxia
de Andrómeda, una de las galaxias más cercanas, se encuentra a unos dos
millones de años luz de distancia. Esto significa que un mensaje con una
civilización de Andrómeda emplearía al menos cuatro millones de años en ser respondido.
¿Alguien está dispuesto a esperar este tiempo? Aún así, más adelante,
ampliaremos el estudio a todas las galaxias.
Comencemos entonces con la búsqueda de los valores a
descontar para obtener el número de civilizaciones tecnológicamente avanzadas que,
en este preciso minuto, están allá afuera, en nuestra galaxia, esperando
ser contactadas:
Número de Estrellas en nuestra Galaxia:
Este es nuestro punto de partida. Se trata de un dato muy documentado y que conocemos
con bastante precisión gracias a las observaciones astronómicas modernas. En
nuestra Vía Láctea hay 400.000 millones de estrellas.
Fracción de estrellas que tienen planetas: Recientes descubrimientos
sobre planetas extrasolares permiten, por primera vez, realizar este cálculo; Una
de cada tres estrellas aloja, al menos, un planeta. En consecuencia, diremos
que el 33,3% de las estrellas tiene, al menos, un planeta.
Fracción de planetas habitables:
Un requisito imprescindible es que el rango de temperaturas sea tal, que permita
el surgimiento de vida. Estimamos que uno de cada diez planetas albergaría estas
condiciones mínimas. Por favor no piense que estamos considerando que las
condiciones para la vida deban ser las mismas que en la tierra, sino que nos
atenemos, estrictamente, a lo que permite la química. Análisis de espectros de
la luz emitida por las estrellas demuestra, irrefutablemente, que existen los mismos
elementos en todo el Universo. La mayoría de los planetas contienen gases
sulfurosos y temperaturas tan extremas que imposibilitan su surgimiento. En
nuestro Sistema Solar, con nueve planetas, al menos uno, el nuestro, es
habitable. La probabilidad podría ser mayor, teniendo en cuenta algunos
satélites. En consecuencia, diremos que el 12% de los planetas son habitables.
Fracción de planetas habitables en los que se
desarrolla vida:
Este término es realmente difícil de estimar. Sólo
disponemos de un caso conocido, el nuestro. Siendo muy optimistas podríamos
pensar que en cada planeta que cuenta con las condiciones necesarias para la
vida, ésta surge. Sabemos que para que la vida tenga tiempo de desarrollarse
hasta el estado evolutivo presente aquí en la Tierra, es necesaria una condición extra; Que la
estrella viva el tiempo suficiente. En efecto, las estrellas más masivas que el
Sol disponen de más combustible nuclear, pero también lo consumen a un ritmo
mucho más elevado, por lo que llegan al final de sus días en unos 500 millones
de años. En la Tierra,
por otra parte, parece que la vida comenzó hace unos 3.700 millones de años; claramente,
un tiempo mayor que la vida de algunas estrellas. Recuerde además que nuestro
Sol es de un tipo de estrella poco frecuente. Convengamos este valor en 33,3%,
es decir, en uno de cada tres planetas que cuenta con las condiciones
necesarias para la vida, ésta surge.
Fracción de planetas con vida, en los que ésta
evoluciona hacia una forma inteligente: Es posible que en muchos
mundos, donde haya surgido vida, ésta no logré desarrollar tecnología. Los
dinosaurios, por ejemplo, dominaron la tierra por millones de años, muchos más
de los que la ha dominado el hombre, y sin embargo nunca lograron evolucionar
hacia una forma inteligente. Siendo
optimistas, consideraremos este valor como de 25%. Es decir, en uno de cada
cuatro planetas donde surge la vida, esta logra desarrollar inteligencia.
Fracción de planetas con vida inteligente en los que
aparece una civilización capaz de desarrollar tecnología suficiente para
comunicarse con otras:
En principio, nada obliga a que una civilización
inteligente necesite una tecnología tan avanzada y capaz de enviar y recibir
ondas electromagnéticas como la que el hombre ha sido capaz de desarrollar. Puede
haber planetas en que sus habitantes sean grandes filósofos, poetas o pintores,
pero astrónomos indiferentes que no desarrollen interés por indagar el cosmos. Pero
todo parece indicar que, tarde o temprano, cualquier tipo de civilización da
pasos hacia una tecnología capaz de ponerla en contacto con otras. Si nuestro
planeta no hubiera tenido un cielo tan oscuro (por ejemplo porque estuviese
situado más cerca del centro de la
Galaxia), probablemente nuestra astronomía no se hubiese
desarrollado tal y como lo ha hecho. Pero no se dispone de más de un caso para realizar
estimaciones numéricas confiables. Por tanto, y fieles a nuestro optimismo,
tomaremos el valor 100%, es decir, en cada planeta donde surge vida inteligente
ésta logra desarrollar tecnología avanzada que le permita ponerse en contacto
con otras civilizaciones del espacio.
Fracción de la vida del planeta, durante la cual existe
una civilización tecnológica:
De nuevo retomamos el único caso que conocemos: el
nuestro. Nuestra civilización es capaz de enviar ondas al espacio desde hace apenas
unos 50 años. Sin embargo, las guerras mundiales, la proliferación de armas tanto
nucleares como químicas, el terrorismo organizado, nos tienen tambaleando
peligrosamente en la cuerda floja de la autodestrucción. Un intercambio nuclear
masivo, junto con su remanente radiactivo de miles de años, podría destruir por
completo nuestro planeta, eliminado cualquier posibilidad de que surjan nuevos
seres tecnológicamente avanzados. Si la edad de la tierra se estima en 4.600
millones de años, diremos entonces que esta fracción es de 50 años sobre 4.600
millones. Es decir, la fracción de tiempo que el hombre ha estado enviando
señales al espacio como proporción de la vida total de la tierra es de 50/(4.600
millones). Esto no excluye en lo absoluto que nos autodestruyamos mañana.
¿Qué valor obtenemos al descontar las fracciones
anteriormente detalladas? No olvide que hemos utilizado, deliberadamente,
los valores más optimistas posibles. Respuesta:
¡Diez, apenas diez civilizaciones! Resulta evidente que, al utilizar valores
promedio o pesimistas, el valor obtenido es cero. ¿Dónde quedaron entonces las cientos
de miles de civilizaciones que se supone podrían existir en nuestra galaxia? ¡Reducidas
tan sólo a un miserable puñado de mundos!
¿Contactar una civilización más avanzada?
Hemos encontrado el número de civilizaciones
tecnológicamente capaces de comunicarse en un momento dado; Solo diez. Esto no
necesariamente significa que sólo hayan existido diez civilizaciones en toda la
historia del Universo. Sólo dice que, en un momento dado cualquiera, se
esperaría que hubiese diez civilizaciones, en nuestra galaxia, tratando de
comunicarse. Ahora que conocemos este número ¿cuáles son las posibilidades
reales de que podamos contactarlos?
A partir del tamaño de nuestra Galaxia, y del número de
civilizaciones tecnológicas susceptibles de comunicarse, deducimos la distancia
promedio existente entre dichas civilizaciones. Así, si consideramos que en la Vía Láctea
existen diez civilizaciones tecnológicas, y están repartidas uniformemente,
entonces puede demostrase que la distancia media a la civilización tecnológica
más próxima es de unos 27.000 años luz (ver Anexo para detalle del cálculo). El
período de vida de las civilizaciones determinará si se puede establecer o no
comunicación entre ellas antes de que desaparezcan. Incluso en el caso optimista,
el pequeño número de civilizaciones indica, sin lugar a dudas, que las
civilizaciones se extinguirán mucho antes de que puedan entrar en contacto. Alguien
podría argumentar que, eventualmente, enviaríamos una misión a las estrellas
con la esperanza que, tras muchas generaciones de viajeros, pudiéramos llegar a
hacer contacto. La realidad es, sin embargo, mucho más desalentadora, pues aún
con nuestras naves espaciales más veloces (que logran alcanzar la increíble
velocidad de 180.000
kilómetros por hora) tardaríamos unos tres millones de
años. ¿Alguien se atreve a planificar un viaje con esta duración?
¿Y si ya estuvieran entre nosotros?
A pesar de lo descorazonador que resultan las
estimaciones anteriores, mucha gente se rehúsa a aceptar que podamos estar
solos. Menosprecia la capacidad de los pueblos primitivos y asegura que fueron
seres extraterrestres quienes construyeron, por ejemplo, las grandes pirámides
de Egipto o los templos mayas. La innumerable evidencia arqueológica no deja
lugar a dudas; no sólo fueron construidos por el hombre, sino que el proceso
estuvo plagado de fracasos previos (ver imágenes). Yo les pregunto: ¿Acaso una
civilización tecnológicamente avanzada viajaría miles de años luz, sólo para erigir
monumentos de piedra? Dada la tecnología espacial avanzadísima que
supuestamente deberían poseer, ¿cómo es que algunas pirámides presentaron
fallas? ¿No se habría esperado de ellos la revelación de un conocimiento y
avances más acabados y significativos que unos cuantos megalitos o círculos en
los campos de maíz?

Izquierda. Canteras de piedra caliza junto al Nilo, Egipto.
En ellas se han encontrado miles de cínceles y otros utensilios utilizados por
los egipcios. Derecha; Pirámide de
Sinki. Esta pirámide fue abandonada por los egipcios por falla estructural.
Todavía se puede ver, en la parte derecha de la fotografía, la rampa utilizada
para subir los bloques de piedra, prueba de las pirámides eran construidas de
forma convencional.
Más allá de lo fútil de esta discusión, lo concreto
es que no existe ninguna prueba irrefutable de la presencia, actual o pasada,
de seres extraterrestres de ninguna especie. De los miles de casos y reportes
de Ovnis y supuestas abducciones, ninguna ha podido aportar evidencia que nos
lleve a concluir, irrefutablemente, que existan seres extraterrestres. Si tan
solo uno, solo uno, de los supuestos abducidos pudiese presentar un
mísero pelo de estos supuestos seres, cuyo ADN demostrara no corresponder con
el desarrollo de la vida en la tierra; o bien un pedazo de tela, polvo, metal o
mineral inexistentes la tierra (como Niobio o Protactinio en configuraciones
isotópicas no presentes en la tierra) estaríamos en condiciones de aseverar, de
forma concluyente, que efectivamente pertenecen a una civilización
extraterrestre. Pero, nada; ni una sola prueba, ni siquiera en el caso Roswell,
donde el impacto de una nave sobre la tierra supondría miles de pistas y trozos
repartidos en muchos kilómetros a la redonda, dejando huellas imposibles de
encubrir en un lugar tan apartado. Incluso hoy deberíamos ser capaces de
detectar la radiación o distorsión del campo magnético que supondría la
colisión de una nave espacial; ¿cómo es que una civilización tan avanzada,
capaz de atravesar potentes corrientes gravitacionales desde los confines del
espacio, comete un error tan estúpido como estrellarse a campo abierto sobre la
superficie de nuestro insignificante planeta? Francamente no tiene sentido.
Otro
aspecto curioso es el hecho de que el primer reporte concreto de Ovnis se
registrara en 1947, coincidente el inicio de la guerra fría. La mitología
alienígena constituye un manto de desinformación perfecto para propósitos de
espionaje a escala global, la lucha por la carrera espacial y la supremacía armamentista
militar que enfrentó a los Estados Unidos con la Unión Soviética
durante los años de la guerra fría. No sorprendería entonces encontrarnos con que
esos gobiernos apoyaran discreta e indirectamente la investigación y
proliferación de estas creencias entre la población mundial como estratégica de
encubrimiento para actividades militares secretas.
Los testimonios de supuestos abducidos y la industria
cinematográfica dan cuenta de criaturas bélicas interesadas en experimentos con
seres humanos e intenciones malévolas. Si una civilización ha logrado superar
la autodestrucción y llegar hasta nosotros, significa que ha aprendido a vivir
consigo misma y con el universo, por lo que necesariamente ha de ser benigna. En
consecuencia, resulta ilógico pensar que puedan estar interesados en raptar y
asustar a unos pobres y atrasados terrícolas. También llama poderosamente la
atención, que todos los reportes hablen de seres humanoides. La vida tiene miles de formas de presentarse y la
probabilidad de que dos biologías, surgidas en lugares distantes del espacio,
tengan la misma evolución y aspecto es, en extremo remota, por no decir lisa y
llanamente imposible.
Según los psicólogos, la respuesta podría encontrarse en la capacidad del
cerebro humano para buscar, conciente o inconscientemente, objetos antropomorfos.
Es decir, existe una tendencia humana natural a ver caras o personas en las
cosas. Famoso es el caso de la esfinge que los ufólogos creen ver sobre la
superficie de Marte. Sólo se necesitan combinaciones de luz y sombra para que el
sentido de correlación del cerebro llene los detalles faltantes para dar esta
ilusión. En todas estas figuras no hay más que simples interpretaciones
mentales, tal como han demostrado las cientos de imágenes recientes de alta
resolución de la supuesta esfinge marciana.
Nuestro ferviente e irrenunciable
deseo como humanidad de no estar tan miserablemente solos en el universo es el
que sustenta, contra toda probabilidad, la existencia de seres extraterrestres
que nos visitan en Ovnis. Este anhelo, sumado a un contexto social, político y
religioso, favorece y promueve estas creencias. Siempre ha resultado más cómodo depositar la
suerte de nuestro mundo a seres superiores, llámese ángeles, extraterrestres o
Dioses que intervienen en nuestra vida diaria; preferimos abrazar el misticismo,
en lugar de asumir la responsabilidad sobre nuestro destino.
Una respuesta desconcertante…
Que no podamos comunicarnos actualmente, no impide
que podamos recibir mensajes de otras civilizaciones pasadas, que hayan existido
en edades previas del Universo, incluso fuera de nuestra Galaxia. Si consideramos
que el Universo tiene unos 13.000 millones de años, significa entonces que debieron
haber existido civilizaciones tecnológicas antiguas que, aun cuando se hubieren
extinguido hace mucho, han de haber enviado mensajes al espacio, capaces de llegarnos
hoy. Dicho de otro modo, se esperaría que el Universo estuviese atiborrado de
mensajes, cuyos emisores hubieran desaparecido hace millones de años. Necesariamente
deberían haber dejado huella; indicios de sus actividades, tal como nosotros
enviamos señales de radio todos los días al espacio, las que viajarán a las
estrellas, aun si nos autodestruyéramos mañana. ¿Cómo es entonces que el universo,
incluso mucho más allá de nuestra propia galaxia, parece absolutamente
mudo de inteligencia? Ningún indicio, nada.
Quizás otras civilizaciones tengan formas muy distintas
de comunicarse, que no podemos entender. Aquí hay un punto muy interesante: curiosamente,
sí existe un lenguaje que tendrán, necesariamente en común, todas las
civilizaciones tecnológicas, por diferentes que éstas sean: este lenguaje es la
ciencia y la matemática. Nuestras observaciones astronómicas confirman la
validez de las leyes de la física en todo el Universo y que las fuerzas
gravitacionales esperables según la teoría, son corroborarles en cualquier
lugar. Un mensaje destinado a una civilización emergente debería ser fácil de
descifrar.
La forma más sencilla, barata y rápida de enviar un
mensaje es a través de ondas de radio. Existen muchas otras como láser,
neutrinos pulsados u ondas moduladas, pero toda civilización tecnológica debe
desarrollar la capacidad de detectar radiaciones, por lo que necesariamente
deberá descubrir muy pronto las ondas de radio y sus estupendas propiedades de
propagación y baja absorción. Hemos escuchado el Universo en todas las
frecuencias durante los últimos 40 años. El proyecto más célebre en este
sentido es el proyecto Seti. ¿Qué resultados ha obtenido? Nada, absolutamente
nada. El Universo, que debiese estar vibrando con cientos de miles de mensajes
de civilizaciones lejanas, se muestra carente de vida inteligente de la manera
más categórica. ¿Cómo es esto posible?
Hay una desconcertante respuesta; Podríamos no
solamente ser los únicos en el Universo, sino que también… los primeros! El
surgimiento de la vida en el universo no pudo ser un evento temprano en
la historia del Universo. ¿Por qué? Pues, porque primero debían tenerse los
elementos químicos apropiados, los cuales son formados, por nucleosíntesis, al
interior de las estrellas. Debía esperarse primero a que se formaran las
primeras estrellas, quizás 1.000 millones de años después del Bing Bang que
originó el Universo. Luego, a que las estrellas ardieran en reacciones nucleares
de fusión. Las estrellas masivas tardan en consumirse, en promedio, unos 3.000
millones de años. Varias generaciones de estas estrellas tuvieron que quemarse
para comenzar a dispersar nuevos elementos al vacío interestelar. Después,
debía surgir un sistema estelar planetario enriquecido en los nuevos elementos.
La vida surge en la Tierra
a los 730 millones de años de haber surgido nuestro Sistema Solar, y sólo 4.600
millones de años después, la vida adopta, entre otras múltiples formas de vida,
la forma humana.
Tomando en cuenta la edad del universo como 13.000
millones de años y considerando una historia semejante en duración a la de la Tierra, una vida unicelular
pudo haber surgido en algún lugar del universo aproximadamente a los 4.730
millones de años a partir de la Gran Explosión (1.000+3.000+730 millones de años).
Esto es, después de un tiempo igual al 36% de la edad actual del universo. A
partir de aquí, una vida inteligente habría surgido recién a los 9.330 millones
de años (4.730+4.600). Es decir, después de un tiempo igual al 72% de la edad del
universo, no antes, no más temprano. No olvide que esto siendo muy optimistas.
Concluimos que el Universo se encuentra en una etapa
temprana. Es decir, el tiempo necesario para permitir la formación de vida
inteligente es muy cercano a la edad misma del Universo. Esto es una argumento
bastante sólido para avalar nuestra hipótesis de que, no solo es perfectamente
factible, sino que muy probable, que además de estar solos en el Universo,
seamos al mismo tiempo los primeros seres inteligentes en toda su historia.
Un Asunto de vida o Muerte
Todas estas conclusiones, nos hacen
reflexionar: En un mundo marcado por la desigualdad, la tortura, el femicidio, la
violación de los derechos humanos, la caza indiscriminada, el racismo, el terrorismo
y el calentamiento global; la sola comprensión de estas ideas haría hincapié en
el valor intrínseco incalculable de cada ser viviente de nuestro planeta.
Millones de años de lenta y tortuosa evolución están al borde de la extinción, gracias
a nuestro negligente y egoísta proceder como administradores del único planeta
donde sabemos existe vida. La facilidad con que el hombre desata la crueldad y
la violencia, el salvajismo con que quita la vida a sus propios congéneres,
contrastan con su pobre conciencia sobre su verdadero lugar en el Cosmos. Es
altamente probable que los únicos seres con quienes podamos comunicarnos seamos
nosotros mismos, y ni siquiera esto hacemos muy bien. La carrera armamentista
por la hegemonía militar del planeta y el fundamentalismo político-religioso
nos ha acercado peligrosamente a la autodestrucción. Año tras año cientos de
miles de millones de dólares va a parar al desarrollo de la maquinaria bélica
causante de miseria y muerte, en lugar de ser destinados a mejorar el entendimiento
y cooperación entre los pueblos, la erradicación de la pobreza o la exploración
conjunta del cosmos.
Por
eso, la próxima vez que alguien esté en desacuerdo contigo, piensa ¿qué
importa? ¡No encontrarás a nadie parecido, ni en cientos de miles de millones
de galaxias!
Bibliografía
Cosmos,
Carl Sagan
Enciclopedia
Wikipedia, www.wikipedia.com
Pirámides
del antiguo Egipto, www.piramides.org/
Planetas
Extrasolares www.planetasextrasolares.com
Anexo: Distancia media entre dos civilizaciones tecnológicas
A partir del volumen
estimado para la Galaxia
y del número N de posible de civilizaciones tecnológicas susceptibles de comunicarse,
se puede deducir la distancia media existente entre dichas civilizaciones en la Galaxia. En efecto, si llamamos
VT al volumen total de la
Galaxia, el volumen disponible que tendrá cada civilización
(VCiv) será:
VCiv=
De la siguiente figura es fácil deducir que la distancia
media entre dos civilizaciones tecnológicas será entonces d = 2r.
A partir del volumen disponible para cada civilización,
VCiv, se puede calcular r. Como el volumen de una esfera es:
Vesfera=
πr3 r =
En nuestro caso, Vesfera
= VCiv. Por tanto:
r =
=
Como d = 2r:
d = 2r =
=
Si ahora sustituimos en
esta expresión el valor del volumen estimado VT para la Galaxia (VT =
1014 años luz cúbicos) y el valor de N=10 civilizaciones capaces de comunicarse
en un momento dado en nuestra galaxia, encontramos que d ≈ 27.000
Así, si consideramos que
existen en la
Vía Láctea 10 civilizaciones tecnológicas y están repartidas
uniformemente, entonces la distancia media a la civilización tecnológica más
próxima es de unos 27.000 años luz.