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Sábado 23 de Octubre de 2021 |
 

Locura en el Quijote

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Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura >
Material educativo de Alipso relacionado con Locura Quijote
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  • Enlaces externos relacionados con Locura Quijote

    Locura en el Quijote:

    Don Quijote es un hidalgo "de unos cincuenta años y de mediana posición, de complexión recia, seco de carnes, gran madrugador y amigo de la casa. Los ratos que estaba ocioso (que eran los más del año), se daba a leer libros de caballería con tanta afección y gusto; y llegó a tanta su curiosidad y desatino en esto que vendió muchas tierras para comprar libros de caballerías en que leer"[1]

    Fue este mismo entusiasmo que lo llevó a la locura. Esta postura se contradice con la que sostiene Vicente Gaos, quien dice: "Don Quijote no está rematadamente loco"[2]. Sin embargo para afirmar que si está loco el protagonista nos basta con remitirnos a la obra que nos dice: "En efecto, rematado ya su juicio, vino a dar en el más extraño pensamiento que jamás dio loco en el mundo"[3], entre otros parlamentos de los distintos personajes.

    La locura llevó a este hidalgo a dos conclusiones:

            Que todo cuanto leía en aquellos libros de caballerías era verdad histórica y fiel narración de hechos que en realidad ocurrieron y hazañas que llevaron a término auténticos caballeros en tiempo antiguo.

            Que en su época (comienzo del siglo XVII)era posible resucitar la vida caballeresca de antaño de los libros de caballería en defensa de los ideales medievales de justicia y equidad[4] .

    Creemos conveniente dividir en dos categorías a las personas que se encuentran al rededor de Don Quijote durante la obra. En primer término, los sensatos e inteligentes, que advierten que es un loco que se cree caballero. Todos estos personajes han estado diciendo y repitiendo a Don Quijote que en el mundo no existen caballeros andantes, por lo menos en tiempos modernos, que no son más que fantasías de los autores de libros vanos y mentirosos. Finalmente los tontos o simples, que se creen que se hallan frente a un caballero andante.

    Analizaremos a continuación el comportamiento de los tres personajes principales de la obra, Don Quijote, Sancho y Dulcinea. A pesar de que este último sea un personaje que no aparece personalmente su participación es fundamental ya que entorno a su falsa persona se desarrollan los cambios de personalidad de los otros dos personajes. "la locura de Don Quijote como asunto narrativo corría el riesgo de convertirse en una payasada (...) si no se le daba una aspiración superior, y ello Cervantes lo solucionó magnificamente con la creación de Dulcinea del Toboso"[5]. Siguiendo el ideal caballeresco, se vio precisado " a buscar de quien enamorarse, porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas, y sin fruto, y cuerpo sin alma"[6]. Ante esta necesidad Don quijote escoge como dama a una moza labradora de la que algún tiempo estuvo enamorado, aunque ella nunca lo supo. Su nombre era Aldonza Lorenza, pero Don Quijote la convertía en su imaginación en la princesa Dulcinea del Toboso.

    Al salir por segunda vez de su aldea Don Quijote lleva consigo a un escudero, Sancho Panza. Este decide acompañar al hidalgo por la promesa del gobierno de una ínsula.

    El papel de Sancho a lo largo de esta segunda salida es aportar la realidad; se producirá un constante choque entre el ideal caballeresco y la realidad, la locura. Este personaje tendría que ser ubicado en el segundo grupo de personajes ya que él cree que Don Quijote es un caballero andante, a pesar de su sentido común. Uno de los ejemplos más claros para mostrar el contraste entre el hidalgo y su escudero es el de los molinos de viento.

    Como dice Emlio Orozco, en las obras del barroco encontramos profundidad, gravedad y trascendencia, a demás de la irrupción de lo real, humano y afectivo. Por último resalta el sentido trascendente del realismo. Esto es lo que vemos en Don Quijote, la realidad del personaje. "Cervantes acomoda el lenguaje a la realidad del mundo moderno"[7]. Como dice José de Armos en el Quijote y su época, Don Quijote no comete locuras porque ama un ideal al que le dedicó toda una vida. Su locura consiste en suponer que puede reparar la injusticia, defender a los débiles, y castigar a los malvados, siendo un hombre solo, viejo y con antiguas armas. Todo esto es lo que convierte en alusiones las ideas de Don Quijote.

    Asiente Agustín Basave Fernández del Valle cuando dice que la novela de Cervantes "es la mejor novela realista moderna"[8]. Con pie en los hidalgos españoles, dice del Valle, de su tiempo, el genio Cervantes prototipiza en Don Quijote la figura ideal de caballero hispánico.

    Sin embargo Don Quijote vive en constante tensión con la dura realidad, ya que es un hombre medieval que vive en el siglo XVII. El choca con el realismo, ya que cree que puede resucitar la caballería andante; está loco porque no piensa como toda la gente, no se acomoda a la realidad de todos los días.

    Del Valle dice que en el Quijote son visibles las dos corrientes de la sensibilidad que al cruzarse en el espíritu de Cervantes han producido el alzamiento culminante de la figura del caballero. Una consiste en la experiencia realista, otra en sus gestiones poéticas.

    Sancho le advertirá constantemente a su compañero la realidad que éste último no ve a causa de su locura. Le advierte que es venta lo que Don Quijote cree castillo, le informa que son rebaños lo que él toma por ejércitos, entre otras cosas.

    En el episodio de la libertad de los galeotes, estos se burlarán de Don Quijote y lo apedrearán. Sancho queda con temor de la Santa Hermandad, por haberle su hidalgo concebido la libertad. Luego de esta aventura Sancho y Don Quijote se retiran a Sierra Morena, donde el hidalgo da muestras de cordura, ya que en el momento que quiere hacer locuras revela que procede desde la razón. Luego Don Quijote y Sancho mantienen una conversación muy interesante en la que el hidalgo le dice que Dulcinea ha sido sublimada e idealizada por su imaginación poética. "Yo imagino que todo lo que digo es así, sin que sobre ni falte nada, y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad"[9].

    Es un paréntesis de cordura, que nos revela hasta que punto es literaria la locura de Don Quijote, ya que confiesa que su Dulcinea es equivalente a las idealizaciones de los poetas[10].

    Pero luego Don Quijote permanece fiel a su locura caballeresca y le pregunta a su escudero si hallo "aquella reina de la hermosura...ensartando perlas o bordando alguna empresa con oro de cañutillo, para este su cautivo caballero"[11].

    Cabe resaltar que en un principio, Sancho había estado totalmente convencido de que su amo estaba enamorado de una princesa llamada Dulcinea, habitante del Toboso, aunque esto le asombrará ya que nunca había oído hablar de una princesa que viviese en una aldea tan cerca a la suya.

    Pero Sancho se ve obligado a mentirle a Don Quijote y asegurarle que ha cumplido su encargo. El escudero no puede inventar una escena de tipo caballeresco y contar a su amo que halló en el Toboso un palacio y a la princesa ya que Don Quijote había confesado su idealización de Dulcinea. En consecuencia Sancho inventará una escena con la auténtica Aldonza, escena lo más aproximada posible a la que hubiera podido ocurrir si hubiera llevado la carta, pero Don Quijote resistirá en la creencia de que Dulcinea es una alta dama.

    En conclusión se han contrapuesto dos ficciones diferentes entorno a Aldonza Lorenzo - Dulcinea: la idealizadora de Don Quijote y la realista de Sancho, y si aquel se ha mantenido en su locura caballeresca, este, que ahora ha comprendido de su amo. Se ha esforzado en inventar una escena y unos detalles que correspondes exactamente a los que hubiera sido lógico que ocurriera si hubiese cumplido su misión. Esta es la primera invención de Sancho respecto a Dulcinea.

    Comenzando la segunda parte de la novela de Cervantes escrita en 1616, Don quijote daba muestras de estar en su entero juicio, y a fin de asegurarse ello el cura y el barbero van a visitarlo y conversan amigablemente. El diálogo transcurre dentro de la más elegante discreción hasta que se toca el tema caballeresco, que hace disparatar al hidalgo quien así pone de manifiesto que su enfermedad está muy lejos de haberse curado

    "al cabo de ese tiempo acudieron el cura y el barbero, y se sorprendieron al ver su aspecto sosegado y la sensatez de la conversación. Sin embargo el cura para poner a prueba su cordura le comenta que corrían noticias de la llegada del turco con una poderosa escuadra (...)las palabras del hidalgo hicieron caer en cuenta a los dos amigos que Don Quijote seguía tan loco como antes."[12]

    Luego de emprender la tercera salida Don Quijote envía a Sancho con el encargo de solicitar de Dulcinea licencia para que el caballero la vea y reciba su bendición. Sancho se separa de su amo y reflexiona. La solución que halla para resolver su comprometida situación, es tomar a tres labradoras y presentárselas al hidalgo, diciéndole que una de ellas es Dulcinea. Don Quijote le manifiesta a su escudero que "solo ve tres labradoras montadas en tres borricos"[13]

    Las labradoras siguen su camino y Don Quijote y Sancho comentan el encuentro, este último insiste en resaltar que se trata de las tres altas damas y pondera la belleza, riqueza y buen olor de Dulcinea; Don Quijote confiesa que no ha conseguido ver sino tres labradoras y que Dulcinea era fea y olía mal.

    Por segunda vez Sancho presenta ante su amo una ficción de Dulcinea. La primera vez había sido, como ya dijimos cuando le relató su fingido mensaje y amoldó su mentira a la realidad de Aldonza Lorenzo. Ahora, una labradora realmente fea la ha convertido en Dulcinea encantada.

    En este episodio se produce otra evolución en la locura de Don Quijote. La situación es exactamente contraria a las que se nos han ofrecido en la primera parte, donde Don Quijote ante la realidad vulgar y corriente, se imagina un mundo ideal y caballeresco. Hasta aquí lo que era normal es que Sancho, ha hecho todo lo posible para desengañarlo de su error. Pero ahora en la tercera salida de Don Quijote, observamos que este aspecto se ha invertido, Sancho lo pone ante tres feas labradoras y sostiene que él está viendo a tres encantadoras damas, y ahora, precisamente, los sentidos no engañan a Don Quijote, que ve la realidad tal cual es.

    Esta diferencia se puede advertir en dos fases paralelas: cuando Don Quijote afirmó que veía dos inmensos ejércitos a punto de entrar en batalla y que oía relinchar los caballos y sonar los clarines, Sancho respondió: "No oigo otra cosa sino muchos balidos de ovejas y carneros"[14].

    Sin embargo cuando Sancho le insiste en que avanzan por el camino Dulcinea y sus dos doncellas, Don Quijote afirma: "Yo no veo sino a tres labradoras sobre tres borricos."[15]

    Don Quijote, Sancho y el primo llegan a una venta "no sin gusto de Sancho, por ver su amo la juzgó de venta, y no por castillo como solía"[16], observación que revela que Cervantes ha cambiado decididamente la técnica de su novela en esta segunda parte y tercera salida de Don Quijote. Ahora ve las ventas tal como son, de la misma forma que vio a las labradoras como tales.

    Llega a la venta el maese Pedro, quien se dirige a Don Quijote y lo saluda como "el resucitado insigne de la ya puesta en olvido andante caballería"[17]. Se hace una representación de títeres, la que Don Quijote presencia con serenidad y agrado y realiza atinados comentarios como es observar que no es propio de una ciudad mora, que tañen en ella las campanas. Pero cuando la pareja Galperos y Melisenda huye perseguida por los moros Don Quijote desenvaina la espada y arremete a cuchilladas contra los títeres, estropeando gran parte de ellos y derribando todo el teatro.

    A continuación nos referiremos a la actitud que toman los personajes secundario en torno a la locura de Don Quijote.

    Como dijimos anteriormente podemos dividir en dos grupos a los personajes del Quijote, los que reconocen su locura y aprovechan para burlarse y los que se convencen de que es un caballero andante. Dentro de todos los personajes secundarios se destacan los que se burlan de Don Quijote, lo que da aspecto cómico e interesante a la novela.

    El hecho de que la mayoría de los personajes pertenecientes al primer grupo se burlen de Don Quijote, nace de él mismo ya que para hacerse caballero se coloca armas pertenecientes a sus bisabuelos, lo que marca un importante anacronismo o como dice Riguer "el protagonista se transforma en un arcaismo viviente"[18], lo que provocará la risa de sus contemporáneos. El aspecto grotesco se acrecentará significativamente cuando el hidalgo cubra su cabeza con una bacía de barbero. Otro punto burlesco es su caballo, un viejo rocín que le pertenece, al que llama Rocinante por parecerle "alto, sonoro y significativo"[19]a pesar de que en realidad sea escuálido y menguado corredor.

    Ya en la primer aventura, Don Quijote se encuentra con un personaje socarrón que había notado la falta de juicio del hidalgo, es el ventero que le jugará una burla en el momento en que es armado caballero.

    Luego volverían a burlarse del hidalgo los mercaderes toledanos, a quienes, Don Quijote les exige reconozcan a Dulcinea del Toboso como la más hermosa doncella del mundo. Los mercaderes dejan a Don Quijote muy lastimado y sin que pueda levantarse. Aquí es cuando se produce un nuevo aspecto de la locura del protagonista: los desdoblamientos, es decir, cree ser otra persona. Primero cree ser Valdovinos y luego se cree Abindarráez.

    Más adelante, durante el pleito de la albarda y el yelmo, los amigos de Don Quijote (el cura y el barbero) interviene y afirman que se trata de un yelmo, no sólo para darle la razón a su amigo sino también por pura diversión. El barbero a quien le habían robado la bacía queda sorprendido cuando ve que tanta gente honrada sostenga semejante disparate en favor de un loco.

    Es el mismo cura quien resuelve el conflicto con los cuadrilleros que tienen que llevar a Don Quijote a prisión por la liberación de los Galeotes, convenciéndoles de que el hidalgo está completamente loco.

    El cura y el barbero de acuerdo con Sansón Carrasco, acuerdan el envío de éste último a combatir, disfrazado de caballero, con la intención de buscar a Don Quijote, obligarlo a combatir, vencerlo y exigirle se volviera a su pueblo y permanecer un largo rato allí sin salir, con lo que se contaba, el hidalgo podría sanar de su locura. Pero Don Quijote gana la batalla y queda convencido de que existen caballeros andantes, de que se daban en realidad lances como los de los libros de caballería y que los malignos encantadores seguían deformándole lo que percibía con los sentidos, ahora cuando estos no lo engañaban. Con esto se demuestra que sigue la locura en el protagonista de la novela.

    Luego Don Quijote deseoso de visitar la cueva de Montesinos consigue como guía al primo de un licenciado que antes había encontrado en el camino. Se trata de una especie de Don Quijote de la erudición, ya que este alocado personaje está escribiendo un libro que se llama "Metamorfoseos".

    Este loco de la erudición entabla muy buenas relaciones con el hidalgo Don Quijote, a quien toma en serio incluso cuando dice los mayores disparates y de cuyo juicio no duda jamás. Don Quijote y el primo son tal para cual y se avienen perfectamente.

    Desde el capítulo 30 hasta el 57 de esta segunda parte Don Quijote y Sancho son acogidos por unos duques. Estos duques han leído la primera parte del "Quijote", y en consecuencia cuando conocen al hidalgo y a su escudero Sancho, saben perfectamente que los caracteriza: la locura caballeresca y el ingenio de Don Quijote y la ambición y lealtad de Sancho. Ricos aristócratas con una verdadero corte de servidores y criados. Los duques deciden aprovechar el paso de Don Quijote y Sancho por sus propiedades para divertirse a costa de ellos. Así el duque ordena a toda su servidumbre que siga la locura del hidalgo y que se comporten al estilo de los libros de caballería. Un colaborador eficaz en la burla a Don Quijote será el mayordomo, conocedor de las aventuras caballerescas.

    Los duques no se fijarán en las dificultades de hacerles creer que unen el ambiente de los libros de caballería y harán una complicada imitación del mundo caballeresco y de sus aventuras, que sin necesidad de desfigurar la realidad, revivirán artificialmente a Don Quijote y Sancho.

    A la duquesa le hace mucha gracia los modales y la conversación de Sancho, quien llegará a sentir un gran afecto por la dama sin percibir que para ella no era más que un objeto de diversión.

    Al lado de los duques, Don Quijote y Sancho están por primera vez rodeados de un mundo aristocrático y refinado y conviven con la nobleza. El mundo de venteros, cabreros, pastores y labradores más o menos acomodados, en el que hasta ahora estaban inmersos casi siempre, se sustituye por la suntuosidad y el poder de una auténtica corte, que aunque reproduce con toda fidelidad el esplendor de algunas cosas nobles de principios del siglo XVII, por su magnificencia, elegancia y apego a una vieja tradición, conserva elementos y actitudes que en cierto modo se asemejan a la vida medieval descrito en los libros de caballería. Ya no será preciso que Don Quijote imagine un mundo irreal, pues el que le circunda se amolda a sus sueños literarios. Por otra parte las órdenes del duque acrecentarán este ambiente novelesco, que Cervantes ha creado con sumo cuidado y sin olvidar ni un solo momento la más elemental verosimilitud.[20]

    Sólo dos personas del palacio se excluyen de las órdenes dadas por el duque: el eclesiástico, que malhumoradamente interpela a Don Quijote por sus sandeces y reconviene a su señor por organizar tal farsa, y cierta dama de honor de la duquesa, llamada doña Rodriguez. En este personaje Cervantes a pintado magistralmente a la mujer tonta y la ha hecho obrar y hablar de la manera más estúpida posible. Doña Rodriguez cree con seguridad que Don Quijote es un caballero andante.

    Pero el afán burlón del duque llega al extremo de convertir en fugaz y ficticia realidad la suprema ambición de Sancho: ser gobernador de una ínsula. Antes de tomar posesión del cargo le informan que es costumbre que el nuevo gobernador responda dos preguntas difíciles a fin de medir su ingenio. Se le exponen tres casos en litigio, y en todos, Sancho demuestra tener un ingenio vivo y despierto a demás de un gran sentido común. Con ello Cervantes no ha deformado la figura de este personaje ya que los tres juicios de Sancho ponen de manifiesto una auténtica sabiduría, muy posible en un hombre con buen sentido práctico.

    Luego Sancho abandona la ínsula y parte junto a Don Quijote hacia Barcelona, en cuyas playas, Don Quijote es vencido por el caballero de la blanca luna, Sansón Carrasco. Derrotado el hidalgo, regresa a su aldea.

    Mientras espera el desencanto de Dulcinea enferma y tras un largo sueño despierta recuperado de su locura. "bendito sea el dios que tanto bien me ha hecho (...) ya tengo juicio..."[21]

    Reconoce no ser más Don Quijote, sino Alonso Quijada cuyas costumbres dieron el nombre de bueno. En el momento de realizar su testamento aclara dejar su hacienda a su sobrina, pero con la condición de que si algún día se casase, no fuera con un hombre que conociese a cerca de los libros de caballería. Entendemos que esto se debe a que él reconoce que las novelas de caballería lo han llevado a la locura, pero en el momento de morir, recuperada su cordura, quiere desentenderse de ellas, incluso después de muerto por medio de su familia.

    En conclusión la locura de Don Quijote sufre una alta variación a lo largo de toda la obra. Durante la primera salida, Don Quijote desfigura la realidad que percibe siguiendo el ideal caballeresco por él conocido. También sufre cambios de personalidad. En la segunda salida aparece su compañero Sancho, quien nos ayuda a conocer la realidad que sigue transfigurando Don Quijote. En la tercera salida los sentidos no engañan a Don Quijote pero el que si lo engaña es su escudero y los duques.

    Como dijimos con anterioridad los personajes que se topan con él se dividen en dos categorías, los sensatos e inteligentes, como por ejemplo encontramos al ventero, los duques, etc. y los tontos que creen que Don Quijote es un caballero andante como Doña Rodriguez, el primo, entre otros.

    Bibliografía utilizada:

    Cervantes, Don Quijote de la Mancha. 1980, Barcelona. Ed. Planeta

    Vicente Gaos, Claves de la literatura española.1971, Madrid.

    Riguer, Aproximación al Quijote. 1969, Barcelona. Ed. Salvat

    Agustín Del Valle, Filosofía del Quijote. 1959, Mexico. Ed. Espasa

    Emilio Orozco, Barroco y manierismo

    Trabajo Práctico:

    Don Quijote de la Mancha (1605 y 1615)

    Tema: la locura tomando como eje la alteración sufrida por Don Quijote analice las reacciones, actitudes y posiciones de los demás personajes que rodean al caballero

    ALUMNOS: Fernández, Juan Pablo

    Fernández Bugna, Agustín

    42da -1999-



    [1] Don Quijote de la Mancha, Parte I cap. 1

    [2] Vicente Gaos, Claves de la Literatura española

    [3] Don Quijote de la Mancha, Parte I cap. 1

    [4] Aproximación al Quijote

    [5] Don Quijote de la Mancha, nota de editores

    [6] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 1

    [7] Las voces del Quijote

    [8] Filosofía del quijote

    [9] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 25

    [10] Aproximación al Quijote

    [11] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 25

    [12] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 1

    [13] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 10

    [14] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 18

    [15] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 10

    [16] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 24

    [17] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap. 25

    [18] Aproximación al Quijote

    [19] Don Quijote de la Mancha. Parte I cap. 1

    [20] Aproximación al Quijote

    [21] Don Quijote de la Mancha. Parte II cap último

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