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Qué son los mantras

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Los mantras son vocalizaciones de sonidos y ultrasonidos1, que producen determinados efectos en quien los vocaliza y, en menor medida, en quien los escucha. La palabra mantra se compone de la raíz man, pensar y de la partícula tra, instrumento. Tal construcción es significativa, ya que los mantras son muy utilizados como herramientas para la supresión de la inestabilidad de la conciencia, o sea, entre otras cosas, parar de pensar, definición del Yôga según Pátañjali (sabio que codificó el Yôga clásico, aproximadamente en el siglo III a. C.). Se trata de sílabas o palabras que tienen un poder vibratorio específico; fueron creados desde la más remota antigüedad por los maestros de Yôga y enseñados a sus discípulos. En el contexto de esta filosofía se vocalizan predominantemente mantras en sánscrito2, la lengua clásica de la India Antigua, hoy en día una lengua muerta.

Agregado: 05 de FEBRERO de 2010 (Por Yael Barcesat) | Palabras: 4010 | Votar! |
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    Autor: Yael Barcesat (yael.barcesat@gmail.com)

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    QuÉ son los mantras

    En un mantra no hay nada necesariamente santo ni impetratorio.
    El mantra es un poder (mantra shaktí) que
    se presta imparcialmente para cualquier uso.

    El poder serpentino, Sir John Woodroffe

    Los mantras son vocalizaciones de sonidos y ultrasonidos[1], que producen determinados efectos en quien los vocaliza y, en menor medida, en quien los escucha. La palabra mantra se compone de la raíz man, pensar y de la partícula tra, instrumento. Tal construcción es significativa, ya que los mantras son muy utilizados como herramientas para la supresión de la inestabilidad de la conciencia, o sea, entre otras cosas, parar de pensar, definición del Yôga según Pátañjali (sabio que codificó el Yôga clásico, aproximadamente en el siglo III a. C.). Se trata de sílabas o palabras que tienen un poder vibratorio específico; fueron creados desde la más remota antigüedad por los maestros de Yôga y enseñados a sus discípulos. En el contexto de esta filosofía se vocalizan predominantemente mantras en sánscrito[2], la lengua clásica de la India Antigua, hoy en día una lengua muerta.

    Mecanismo fisiológico de los mantras

    Al igual que cualquier sonido, los mantras son vibraciones físicas que se transmiten a los cuerpos ubicados a lo largo de su trayecto en el espacio. El poder de los mantras reside en la combinación específica de letras, melodías y ritmos, que nos fueron legados a través de milenios de transmisión oral.

    Durante todo el día estamos sujetos consciente o inconscientemente a la influencia de ondas de las más variadas frecuencias: ondas emitidas por aparatos electrónicos, ondas lumínicas que nos proporcionan información visual (por ejemplo, el color de los objetos), ondas de radio, ondas electromagnéticas y tantas otras. En ese universo ondulatorio, el rango de frecuencias correspondiente al sonido no siempre es audible para el ser humano, aunque eso no significa que no tenga un efecto sobre él. Al igual que los rayos X, que normalmente no detectamos, las frecuencias sonoras muy altas o muy bajas no son percibidas por nuestro oído ya que no pueden ser reproducidas por el tímpano, especie de membrana sensible a las vibraciones, que envía esa información al cerebro. Cuando las ondas sonoras alcanzan una velocidad mayor a los 20.000 ciclos por segundo (20 kilohertz) o menor a los 20 ciclos por segundo (20 hertz), el tímpano no consigue seguir el ritmo y el sonido simplemente no es percibido por el oído humano. No obstante, al igual que las demás ondas que no percibimos habitualmente, esa vibración tiene un efecto en los cuerpos con los que se cruza en su camino, ya que alcanza las moléculas que los componen, que comienzan a vibrar en sintonía con ese estímulo. El conjunto de frecuencias sonoras que el ser humano no llega a percibir con el oído hacia el extremo agudo del espectro se denomina ultrasonido.

    El ultrasonido

    Un ejemplo muy claro de utilización del ultrasonido lo constituyen los silbatos para domesticar perros. El tímpano de esos animales tiene la capacidad de acompañar una frecuencia de vibración más elevada; al hacer sonar esos silbatos, los seres humanos no escuchamos nada, pero queda muy claro que los perros lo hacen.

    Es muy sencillo producir ultrasonidos: sin proponérnoslo, lo hacemos cada vez que emitimos sonidos, ya que la onda sonora que es nuestra voz está constituida de una onda fundamental y decenas de múltiplos llamados armónicos, que se extienden incluso más allá del espectro audible por el ser humano. Por lo tanto, todos los sonidos que emitimos vienen acompañados de esa estela invisible de ultrasonidos. Los antiguos maestros de Yôga investigaban y conocían el poder de esas microvibraciones que, por ser tan sutiles, tienen un efecto muy profundo. En Yôga suele ocurrir que las técnicas más sutiles son las más poderosas. De hecho, sólo la vibración extremadamente veloz de los ultrasonidos logra desobstruir los canales energéticos que componen el cuerpo físico energético[3], por donde circula la fuerza vital que anima todos nuestros procesos biológicos.

    El cuerpo físico energético

    En forma coincidente con el cuerpo físico denso, formado por materia, tenemos un cuerpo físico energético, construido de energía. Hay una correspondencia entre los elementos que componen a uno y a otro en los distintos planos, pero son totalmente diferentes. Por ejemplo: los plexos nerviosos del cuerpo físico denso se relacionan con los chakras del cuerpo físico energético, que son centros de captación, acumulación y distribución de la energía. Así como los plexos nerviosos concentran energía nerviosa, los chakras del cuerpo físico energético concentran prána, nombre genérico con el cual el Yôga designa cualquier tipo de energía, siempre que se manifieste biológicamente[4]. Esta energía fluye a través de las nádís, término sánscrito que significa literalmente río, torrente o corriente. Las nádís son caudales de prána (bioenergía) en movimiento, que circulan por un espacio que abarca todo el cuerpo e incluso la periferia, conformando lo que llamamos espacio vital.

    Los chakras más importantes están ubicados a lo largo de una nádí coincidente con la médula espinal, denominada sushumná nádí, y son siete. Cada uno de ellos es de vital importancia para el funcionamiento correcto de todos los mecanismos biológicos, y debe ser activado para alcanzar la meta del Yôga, el estado de hiperconciencia denominado samádhi[5]. La forma antigua de hacerlo es despertando una energía poderosa, adormecida en la base de la columna en cada ser humano, denominada kundaliní. Dicha energía es estimulada mediante las técnicas del Yôga e impulsada a ascender a través de la nádí principal, sushumná; a su paso va activando los chakras y atravesando ciertas válvulas de seguridad, llamadas granthis, que impiden el retroceso una vez que la kundaliní alcanzó un nivel determinado. El estado de megalucidez llamado samádhi se obtiene cuando la energía ígnea kundaliní alcanza el último chakra, el sahásrara, ubicado en lo alto del cráneo.

     


    Gráfico extraído del libro Chakras y kundaliní, de DeRose.


    El alfabeto dêvanágarí y su relación con
    el cuerpo físico energético

    Como vimos anteriormente, las nádís (canales de bioenergía) forman vórtices de energía, es decir que generan los centros de fuerza denominados chakras. De los seis primeros chakras principales ubicados a lo largo de la sushumná nádí (meridiano sutil coincidente con la médula espinal) parten cincuenta canales sutiles menores, y cada uno de ellos emite un sonido característico producido por la circulación de la bioenergía a través de su “cuenca” (tal como el aire produce una vibración sonora –audible o no– al circular a través de una flauta). Según la tradición, estos sonidos sutiles (llamados sabda) dieron origen a las cincuenta letras del sánscrito (manifestación burda o vaikharí[6] del sabda interior). El sánscrito es una lengua muerta de la India antigua en la cual se vocalizan los mantras usados en Yôga. El alfabeto original de esa lengua es el dêvanágarí, que se traduce como “escritura de los dioses”[7].

    En las representaciones simbólicas de los chakras, cada centro es representado como una flor de loto con un número de pétalos que corresponde al número de nádís que atraviesan ese determinado chakra. En cada pétalo aparece trazado el carácter en dêvanágarí que designa el sonido producido por ese torrente de energía circulante. En el centro del chakra se encuentra una letra mayor, que representa el sonido resultante de la interacción de todas las nádís menores que confluyen en ese centro de fuerza. A ese sonido (que siempre tiene bindu, o sea, nasalización[8]) se lo llama bíjá mantra[9] o sonido semilla del chakra.

    El último de los siete chakras principales, el sahásrara, tiene propiedades y características tan diferentes de los demás que en muchos textos ni siquiera es considerado como un chakra. Simbólicamente, se lo llama el loto de los mil pétalos, es decir que de él surgen “mil nádís”, lo que equivale a decir incontables meridianos de energía.


    Tipos de mantra

    Kirtan, de efecto extroversor

    Kirtan significa “cántico”. Kirtan es el mantra que posee

     varias notas musicales, varias palabras y tiene traducción.

    Kirtan es un mantra extroversor, de actuación más

    psicológica que fisiológica y es menos poderoso que el japa.

    Texto extraído del capítulo Mantra
    del libro Yôga Avanzado, de DeRose.

    Los kirtans, mantras de tipo extroversor, desarrollan tres aspectos fundamentales para el practicante de Yôga, a quien de aquí en adelante llamaremos yôgin. El primero de ellos es la extroversión, la capacidad de relacionarse con soltura, de comunicarse. De hecho es importante explorar a fondo esa capacidad, ya que la práctica diligente de SwáSthya, el Yôga Antiguo, desenvuelve notablemente la concentración y el autoconocimiento; se hace necesario por lo tanto balancear esa tendencia con el trabajo sobre la extroversión, y una de las principales formas de adquirir o perfeccionar esa cualidad es a través de la vocalización de kirtans. Este efecto se potencia si los mantras se vocalizan en grupo, lo que usualmente se da en reuniones especiales denominadas sat sangas y en prácticas como los sat chakras[10]. Como Ricardo Melo y caio Melo afirman en su libro O poder do mantra, […]El kirtan, con su actuación más psicológica, podrá ser usado también para la canalización de las emociones y estímulo de santôsha (contentamiento, uno de los preceptos éticos del Yôga).

    Otro campo de acción de los kirtans es el desarrollo de la fidelidad, principalmente mediante el ejercicio en el que quien dirige los mantras vocaliza una vez solo y en la siguiente vuelta los asistentes se suman. En esta modalidad, el instructor da comienzo a la vocalización y el alumno reproduce enseguida, procurando hacerlo de manera impecable en términos de pronunciación del sánscrito, melodía y ritmo. Así, entrena la capacidad de repetir sin alterar el mantra, sin suprimir ni agregar nada. Si bien en la práctica del Método DeRose optamos la mayoría de las veces por vocalizar todos juntos, instructor y alumnos, creando de esa forma un continuo crescendo, el sistema descrito anteriormente puede ser utilizado para enseñar al grupo un kirtan por primera vez, o incluso como ejercicio específico de desarrollo de la fidelidad[11].

    La tercera consecuencia de la vocalización de kirtans es la ecualización cuando se usan en sat chakras[12]. Producen contagio. Se difunde la alegría entre los menos entusiastas y se aquietan los más eufóricos.

    Durante la vocalización de kirtans es habitual que se dé una aceleración de la velocidad del mantra, acompañada de un crescendo del bháva (sentimiento)[13] y de la extroversión generalizada.

    Los kirtans permiten al practicante establecer una profunda conexión con el inconsciente colectivo, al que podemos definir como la sumatoria de las experiencias vividas y sufridas por todas las personas desde el origen de la Humanidad[14], y que constituye una suerte de archivo de todo el conocimiento humano, en el cual se encuentra también el Yôga. Los kirtans de nuestra tradición funcionan como claves de acceso para penetrar en el sector del inconsciente colectivo que corresponde a esta filosofía. Una metáfora para ilustrar esta conexión es la de un aparato de radio que capta múltiples longitudes de onda; al mover el dial (lo que equivaldría a modificar las técnicas que utilizamos) sintoniza con tal o cual emisora, lo que permite al oyente captar música clásica, jazz, rock o entrevistas. En nuestro caso, sintonizamos con el Yôga Antiguo a través de la vocalización de kirtans de nuestro linaje[15], asociados con los pújás, mudrás y otras técnicas coherentes con él.

    Después de una práctica intensa de kirtan, con mucho bháva, tiene lugar una saturación de ese estado de extroversión, y la conciencia busca el reposo en la concentración y el foco. Mediante los kirtans se exploran la comunicación, la alegría, la atención dinámica; para balancear ese estado se realiza a continuación el japa.

    Japa, de efecto introversor

    Japa significa “repetición”. El japa ideal tiene una sola nota musical,

     una sola palabra, una sola sílaba y, de preferencia, no tiene traducción.

    Japa es mantra introversor, de actuación más fisiológica que psicológica,

    y es mucho más fuerte que el kirtan.

    Texto extraído del capítulo Mantra
    del libro Yôga Avanzado, de DeRose.

    Japa es “la gota de agua que horada la piedra”. No es casual que en la práctica básica de Yôga Antiguo, japa esté ubicado inmediatamente después de kirtan: el objetivo es compensar la extroversión mediante el desarrollo de la introversión. Una sensación que puede equipararse a la que sobreviene a la práctica diligente de japa es lo que se experimenta al cabo de un tiempo de nadar ininterrumpidamente: ya no hay esfuerzo muscular en el movimiento, se ingresa en un automatismo agradable y a la vez pleno de conciencia, como si por el hecho de rodearnos de ese telón sonoro consiguiéramos entrar en contacto con lo que está en las profundidades. La conciencia aumenta su poder de foco; por eso la práctica de japa es muy apropiada para profundizar la concentración con miras a alcanzar la intuición lineal (ver nota al pie de la página 11).

    Por estar generalmente compuestos de una sola sílaba, los japas tienen gran poder de enfocar la conciencia, ya que la repetición rápida de un mantra corto permite que en el mismo lapso se vocalice más cantidad de veces un japa que un kirtan.

    Sin embargo, también existe la posibilidad de vocalizar kirtan en forma de japa. Consiste en repetir a la máxima velocidad el mantra, sin melodía y sin ritmo, preferentemente en voz baja, o mejor aun, mentalmente.

    Si cuesta hacerse una idea del efecto que tienen los japas y de lo agradable que puede ser la experiencia de vocalizarlos, se puede evocar esa época de la infancia en que las palabras eran para nosotros una materia nueva y pronta a ser explorada; en momentos de ocio tomábamos esa materia sonora desconocida y la repetíamos incansablemente como para encontrar su esencia profunda, para degustar su sentido que se nos escurría entre los dedos hasta el momento en que quedaba simplemente el sonido puro, sin significado alguno. No podemos llamar japa a ese intento espontáneo, inconsciente, que llevamos a cabo en la niñez; sí al rescate voluntario de esa práctica con miras al autoconocimiento.

    Japamálá, el contador de japa

    Japamálá significa cordón (málá) de japa (repetición). El japamálá es un cordón con 108 cuentas de rudráksha[16] o de alguna otra semilla india que tenga propiedades semejantes.[…]Es utilizado como un minutero, un timer, para contar el número de repeticiones del mantra sin perderse.

    Texto extraído del capítulo Mantra
    del libro Yôga Avanzado, de DeRose.

    Se trata de una herramienta para llevar la cuenta de la cantidad de mantras vocalizados en una práctica. Para ello tiene un nudo o un penacho de algodón, destinado a “avisar” al practicante cuando concluye la vuelta.

    Además de usarse para contar, el japamálá tiene la función de fusible, ya que suele romperse si la tensión aumenta (ya sea por un incremento en los niveles de energía del practicante o por alguna circunstancia externa). Para que cumpla este objetivo, debe ser hilvanado por el yôgin que va a utilizarlo, según el procedimiento que se transmite por vía oral, y consagrado mediante 108 vueltas de vocalización de japa ÔM[17] (cada vuelta es de 108 repeticiones, es decir que serían 108 x 108 veces ÔM).

    La evolución gradual del yôgin hará que circule más energía a través del málá, volviendo necesaria la utilización de un fusible más fuerte, o sea, un hilo más grueso. Para evitar que las cuentas salgan despedidas en todas direcciones en caso de ruptura del hilo, al hilvanarlas se hace un nudo antes y después de cada una de ellas.

    Los dedos pulgar y medio son los indicados para hacer correr las cuentas del japamálá. La otra mano no debe realizar ningún mudrá[18], a fin de no descompensar la circulación de la bioenergía en el cuerpo.

    Vaikharí, el mantra vocalizado

    Vaikharí mantra son los mantras pronunciados en voz alta, ya sean de tipo kirtan (extroversores) o japa (introversores). Durante un tiempo considerable, ésta será la forma utilizada prioritariamente durante las clases, hasta que el alumno aprenda la pronunciación del sánscrito con la corrección de su instructor. Por otro lado, la pronunciación en voz alta del mantra es de fundamental importancia para que el iniciante pueda desarrollar concentración en la técnica. El propio sonido que llega a sus oídos es un estímulo más para que mantenga el foco.

    Manasika, el mantra mentalizado

    Manasika es la denominación de los mantras mentalizados. En este caso no se pronuncia ningún sonido. La emisión no es de ondas que se propagan a través del aire, sino de ondas mentales, de una sutileza mucho mayor. Por ser más sutil, esta forma de vocalización es más profunda que la anterior y también más difícil para el iniciante. Requiere un poder de concentración bastante desarrollado. Por otro lado, la discreción de esta técnica permite practicarla durante períodos más extensos, en cualquier momento y en presencia de quienquiera que sea, en forma totalmente imperceptible. Luego de un tiempo de práctica se adquiere la capacidad de acompañar cualquier tarea con la mentalización de mantras, lo que influye directamente en el estado emocional del practicante. Otra aptitud que desarrolla la práctica de manasika mantra es la disociación de actividades.

    Más allá de lo antedicho con respecto a manasika mantra, cuando abordamos este tema se abre ante nosotros el vasto dominio de manas kriyá, la mentalización. Los pensamientos tienen el poder de construirnos, o lo contrario, de acuerdo con su naturaleza. El SwáSthya Yôga permite reeducar el plano mental para que el practicante pueda moldear los acontecimientos futuros según su deseo consciente. Todo aquello que llevamos a cabo en el plano material tiene su origen en nuestro pensamiento. Los planos de una casa preceden con mucho a su concreción arquitectónica; esos diseños preliminares corresponden al pensamiento, que al ser consciente se denomina manas kriyá.

    Mentalizar puede ser sinónimo de imaginar, no obstante sea una imaginación conducida por la volición. Sin embargo, la propia palabra imaginación nos limita en un sentido: nos remite a imagen, cuando en realidad todos los sentidos intervienen en la mentalización que realiza el yôgin. Volviendo a las vibraciones, la mentalización verbal es un terreno de acción fundamental para propiciar la autosuperación en cualquier nivel. Las construcciones verbales positivas, sutiles (que la lógica no rechace[19]) nos aproximan a nuestras metas. Más allá del valor mántrico objetivo de las palabras de nuestra lengua materna, lo que se aprovecha en la mentalización verbal es su poder subjetivo evocador, íntimamente ligado a la experiencia individual del practicante. Esto obviamente requiere un gran empeño de autoobservación.

    Un poder que desarrolla la mentalización de mantras es el de alterar positivamente la atmósfera circundante. Al percibir una atmósfera enrarecida, ya sea física (por ejemplo, por falta de aire fresco en el ambiente) o emocionalmente (como cuando dos personas acaban de discutir y queda esa tensión suspendida en el lugar), está en nuestras manos transformarla positivamente. Ya que somos yôgins (o estamos en vías de serlo) y nuestros chakras están siendo estimulados a esparcir prána en derredor, distribuyendo esa energía por fuerza centrífuga, basta hacer una inspiración profunda y exhalar proyectando en el espacio que nos rodea lo mejor de nosotros mismos, mentalizando todos aquellos elementos de que esa atmósfera carece: vitalidad, alegría, belleza, fuerza… Luego de ese primer instante consolidaremos el cambio de vibración a través de un kirtan, un mantra extroversor que mentalizaremos con constancia e independientemente de las demás actividades que estemos realizando. Aquí cabe la pregunta: ¿es el ambiente lo que modificamos o nuestra percepción de él? La respuesta es otra pregunta: ¿acaso hay alguna diferencia?

    La verdad es aquella de la cual tenemos conciencia.
    DeRose


    La materia prima de los mantras

    Además de encuadrarse en los tipos anteriormente citados, para que un mantra sea considerado como tal debe contener los dos elementos básicos que se detallan a continuación.

    Kriyá, la actividad de emisión del sonido

    Kriyá significa actividad. En el caso de los mantras, el término se refiere a la actividad de emisión del sonido: en vaikharí mantra, pronunciado, se hace vibrar el aire, mientras que en manasika mantra, mental, se hace vibrar el pensamiento.

    Bháva, el sentimiento que confiere fuerza

    Éste es, probablemente, el ingrediente más importante de cualquier técnica en el contexto del SwáSthya Yôga. Significa sentimiento, conducta, amor, inclinación de la mente. Con respecto a los mantras, su relevancia es aun mayor por el hecho de tratarse de un conjunto de técnicas (en especial los kirtans) que involucran el plano emocional y lo vuelven más consciente.

    Hay un componente emocional en el bháva, y sin embargo su dominio trasciende dicho plano. El concepto de bháva está relacionado con la disciplina en los Yôgas tántricos, ya que éstos cultivan la desrepresión, y se hace necesaria una herramienta que permita desarrollar abhyása, la práctica diligente, disciplinada, diaria, que termina por disolver todos los obstáculos. Ese instrumento disciplinador es el bháva. Si su terreno fuera simplemente el emocional, cualquier veleidad de ese plano tan inestable afectaría la disciplina. Pero el bháva trasciende los límites del emocional hacia el mental y aun más allá, por lo que muchas veces un yôgin de línea tántrica logra realizar su práctica diaria, su sádhana, independientemente de su estado emocional y sin generar represión. El bháva es su aliado, es la conciencia cristalina que revela a la vez la importancia de la tarea y el placer intrínseco de estar física, mental y emocionalmente presente al llevarla a cabo.



    [1] Yôga Avanzado, DeRose.

    [2] Como excepción podemos encontrar en la India mantras vocalizados en hindi, lengua neo-sánscrita que se habla actualmente.

    [3] Ver capítulo El cuerpo físico energético, más adelante. Para más información sobre los distintos cuerpos del hombre, remitimos al lector al libro Tratado de Yôga, de DeRose, capítulo Corpos do homem e planos do universo.

    [4] Definición extraída del libro Yôga Avanzado, de DeRose.

    [5] Remitimos al lector a la obra de DeRose, Chakras y kundaliní.

    [6] Vaikharí es la denominación para los mantras que se pronuncian en forma audible. El término proviene de la raíz sánscrita vak, que significa “hablar, proferir”.

    [7] Es importante aclarar que el SwáSthya, Yôga Antiguo, no contiene ningún misticismo ni es espiritualista. Es un Yôga surgido antes de la institucionalización de las religiones en la India, en un contexto cultural totalmente naturalista.

    [8] Para más información sobre bindu, ver capítulo El sonido y su fuerza.

    [9] Para más información sobre bíjá mantra, ver capítulo Vibración por simpatía.

    [10] Sat sanga designa un tipo de reunión festiva, generalmente promovida para ejecutar kirtans. El sat chakra constituye una práctica de mentalización en círculo. Ver capítulos Sat sanga y Sat chakra.

    [11] Fidelidad es asimilar y reproducir lo escuchado ajustándose el máximo posible a la emisión original. No sólo en el caso de los mantras, sino también en la narración de un hecho o al retransmitir un mensaje, la fidelidad constituye una virtud muy valorizada que proporciona credibilidad a quien la desenvuelve.

    [12] Ver capítulo Sat chakra.

    [13] El desarrollo de este concepto se encuentra más adelante, en el capítulo Bháva, el sentimiento que confiere fuerza.

    [14] Definición citada por Sérgio Santos en su libro Pújá, a força da gratidão. Santos es Maestro de SwáSthya Yôga, también autor del libro Yôga, Tantra e Sámkhya. Para más detalles, ver capítulo Inconsciente colectivo, más adelante.

    [15] La palabra “linaje” se refiere en este caso al fundamento teórico y comportamental del tipo de Yôga en cuestión. El SwáSthya asienta sus bases en la filosofía comportamental Dakshinacharatántrika, lo cual lo hace matriarcal, sensorial y desrepresor, y en la filosofía teórica Niríshwarasámkhya, lo que lo vuelve naturalista y exento de misticismo.

    [16] Rudráksha significa lágrimas de Shiva. Es el nombre de una semilla muy reverenciada por los hindúes.

    [17] Ver capítulo El mantra matriz.

    [18] Gesto reflexológico, simbólico y magnético hecho con las manos. Constituye la primera parte o anga de la práctica ortodoxa de SwáSthya Yôga. […] El cuerpo humano, como cualquier porción de materia orgánica, posee un magnetismo y polaridades. La energía fluye en cantidades y calidades distintas por todo el organismo. Luego, no es de admirarse que en sus extremidades las manos, al modificarse la disposición, la postura, la orientación y la combinación de los dedos, se manifiesten diferentes reacciones electromagnéticas. DeRose, Tratado de Yôga, capítulo Mudrá.

    [19] Ver capítulo Programación para el éxito, del libro Tratado de Yôga, de DeRose.

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