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Autor: Tomás Grinszpun (tgrinszpun@hotmail.com)

Las Colonias Inglesas


Prof: Cristina San Román


División: 3º 4ª

Alumnos: Santiago Gestoso
Tomás Grinszpun


Año: 2005


Las colonias inglesas

La teoría de la colonización.

A principios del siglo XVII la Corona Inglesa, bajo el mandato de Jacobo I, no tenía en mente ningún proyecto definido de colonización. Esto la llevó a firmar en al año 1604 el Tratado de Londres, en el cual se manifestaba la idea de visitar los territorios no ocupados de América para así colonizarlos. A esta altura ninguna nación europea se sentía lo suficientemente fuerte como para intentar conquistar territorios españoles. Tal fue el caso, que se estimó conveniente asentar sus colonias lejos de las españolas.
En un principio se propusieron dos sitios para el establecimiento de los primeros colonos: la Guayana, un lugar muy inapropiado por sus pantanosos suelos; y Virginia, a diferencia de la primera, el lugar más apropiado a causa de su suelo y su clima. Sin embargo, hubo quienes quisieron establecerlas más al Norte como bases para industria de la pesquería. Estos proyectos fueron realizados posteriormente y de esta forma se estableció una larga franja de colonias desde Terranova hasta Barbada.
Al igual que los españoles, el objetivo de los ingleses fue el de fundar colonias permanentes donde pudieran vivir, tener tierras y crear familias; pero a diferencia, estos territorios no contaban con una gran población indígena que pudiera ser empleada como mano de obra. Por esto, los colonizadores ingleses debieron transplantar comunidades enteras con una mano de obra completa de europeos. Estas eran seducidas por los promotores de la colonización mediante la proporción de herramientas, semillas y equipo, y el pago de los gastos de su emigración. Los riesgos de invertir en este proyecto eran muy grandes, por lo que se buscó convertir la colonización en una empresa de capital mancomunado, en la cual muchos podían invertir sin aventurarse al nuevo mundo.
En el s. XVII la religión no podía quedarse atrás en cuanto a la formación de una gran empresa. Apelando al sentimiento religioso y al fervor misionero, pretendía la propagación del Evangelio como causa principal de la colonización.
El sentimiento antiespañol era un factor de poca monta para inducir al gobierno a apoyar la colonización en América, puesto que, España era una potencia que infundía respeto.
Un argumento social importante en favor de la colonización fue que las grandes ciudades inglesas estaban sobrepobladas y tenían una gran demanda de trabajo, considerando a las colonias como un escape a este exceso de población. Al mismo tiempo, causó temor el hecho de que la emigración colonial despojara a Inglaterra de la mano de obra necesaria.
Sin embargo, los argumentos más importantes eran los económicos. Las colonias enriquecían a los inversionistas y al reino en general, produciendo artículos con gran demanda en Europa; a la corona, por medio de los derechos de aduana; y a los comerciantes e industriales de Inglaterra, por servir como mercado para los productos ingleses. Los artículos principalmente buscados eran los metales preciosos, el pescado, vinos y artículos navales. Además de las consideraciones estratégicas, la opinión mercantilista acogía bien la posibilidad de importar de las colonias en lugar de hacerlo de países extranjeros y de conseguir exceso de productos para reexportar a Europa.
A pesar del gran capital requerido para explotar las riquezas americanas, se pudieron establecer colonias modestas, pero prósperas en la primera mitad del siglo XVII. Estas colonias se pueden clasificar en tres grupos: Virginia con sus vecinos y satélites inmediatos (colonias del tabaco), Nueva Inglaterra con sus pequeños grupos de poblados de emigrantes disidentes (colonias del pescado, pieles y maderas), y las islas de las Antillas (colonias del azúcar).




Las compañías colonizadoras.

La Compañía de Virginia fue creada en 1606, aunque su carta definitiva no fue expedida hasta 1609. Este documento estaba concedido a compañías mercantiles por acciones. Los accionistas constituían el gobierno general de la compañía. Estos eran quienes invertían dinero mediante la compra de acciones o quienes emigraban por su cuenta a Virginia con su familia y criados. Después de un tiempo de trabajo común, los accionistas recibían una porción de la tierra según el volumen de su inversión. La asamblea colonial, compuesta y elegida por ellos mismos, pudo hacer leyes, que no fuesen contrarias a las de Inglaterra, y establecer impuestos coloniales. Este cuerpo, sin embargo, carecía de control legal sobre el gobernador y su consejo ejecutivo.
La asamblea de Virginia representaba a una oligarquía, los propietarios. En la escala social, debajo de este grupo se encontraban los criados escriturados. Estos eran hombres que emigraban a expensas de la compañía o de patronos particulares, a cambio del trabajo durante un cierto tiempo; al mismo tiempo, esperaban la finalización de sus contratos para poder establecerse como propietarios. Con el objeto de poblar las colonias y aumentar la mano de obra, que no era suficiente, se aumentó el número de criados escriturados con criminales, cuyas penas habían sido sustituidas por las de destierro perpetuo (esclavitud). Ninguna línea clara dividía a los criminales de los criados escriturados.
Los directores y los inversionistas esperaban obtener sus dividendos de las rentas fijas, del comercio por su propia cuenta y de los derechos impuestos al comercio de otros mercaderes. Enviaban voluminosas instrucciones que nunca fueron llevadas a la práctica. Durante los primeros años, les fue muy difícil a los colonos conseguir alimento, hogar y defensa, por lo que gran parte murió. Hubieran muerto todos de no haber sido por la alentadora dirección y relaciones indígenas de John Smith y el carácter autoritario y bárbaro de los primeros gobernadores.
La colonia se salvó de la muerte económica e hizo una modesta riqueza gracias al cultivo del tabaco. Su producción era bien recibida por las autoridades ya que antes tenía que ser comprado a España. La superioridad en calidad de la hoja de tabaco de las indias españolas era soportada por los consumidores. Sin embargo, el consumo de tabaco era considerado inmoral; por eso, la compañía aprobó de mala gana el cultivo de tabaco por absoluta necesidad, ya que el suministro de tabaco era el único medio por el que los colonos podían comprar las mercancías manufacturadas que necesitaban.
La compañía, en 1623, era insolvente: no podía hacer nada para ayudar a los pobladores; y las luchas de bandería entre los directores no dejaban bien parada a la compañía, y en 1624 Jacobo I inició un proceso quo warranto contra la compañía. Por esto se revocó la carta y Virginia se convirtió en la primera colonia de la Corona: era ella quien nombraba al gobernador y al consejo ejecutivo, pero Jacobo confirmó el derecho de los colonos a elegir su propia asamblea, quien podía hacer leyes y votar impuestos.
El temor a España en las aguas del Caribe, provocaba un fuerte desprecio hacia ella y su satélite (Portugal) por parte de los ingleses, que, junto con holandeses y franceses, trazaba planes para establecimientos comerciales en el área del Caribe. Pero los españoles y los portugueses no permitían que estos planes se lleven a cabo. Sin embargo, la Compañía de la Guayana, si bien terminó en la quiebra gracias a la destrucción de sus establecimientos por parte de los españoles, pudo, indirectamente, concretar sus proyectos: las fértiles tierras de las Antillas menores estaban despobladas gracias a la peligrosidad de los indios caníbales de esa zona. Sin embargo, los ingleses quisieron poblar esta zona. En las islas de Santo Domingo y Santa Lucía, fueron rechazados por estos indios, pero la isla de San Cristóbal fue ocupada por colonos ingleses y franceses en colaboración, y en 1624 comenzó la colonización de la Barbada.
En 1627 se aplicó en América una forma de merced en desuso en Inglaterra, una concesión cuasi-feudal de territorio y jurisdicción a un noble prominente: la propiedad.
A pesar de la inseguridad política que había en Barbada, esta floreció. En los primeros años, la Corona producía tabaco, algodón y varios tintes, para cambiar la exportación de tela sin teñir por la del artículo terminado. En 1640 se introdujo el cultivo de azúcar, que al poco tiempo se transformó en el principal producto. Antes este producto era importado, entonces fue importante el cultivo del mismo ya que no sería necesario comprárselo a países extranjeros. Los emigrantes afluyeron a la Barbada, como colonos o como criados escriturados, y la isla recibió su aporte de criminales deportados. Sin embargo, el gran capital requerido para el cultivo de azúcar impuso la división de la tierra en plantaciones relativamente grandes (haciendas), cuyos principales empleados eran los esclavos. A mediados del siglo, las exportaciones de la Barbada a Inglaterra eran de muchísimo valor. Es por esto que se la conocía como “la joya más brillante de la corona real”.
El rápido progreso de las islas del azúcar tuvo dos consecuencias importantes en el dominio de la política colonial. La primera consecuencia fue el desarrollo del comercio trasatlántico de esclavos, producido por la gran demanda de trabajo. La segunda fue un marcado cambio de opinión en Inglaterra a favor de las colonias tropicales más bien que de las templadas, ya que estas últimas habían defraudado a la corona, en cuanto al mercado patrio, mientras que Barbada las había sobrepasado considerablemente.

Los puritanos

Los puritanos eran un grupo de personas con mucho dinero y que estaban interesados en América. Estas personas tenían un motivo extra para emigrar, que era la disconformidad que tenían con la política religiosa y constitucional del gobierno inglés, y la consiguiente persecución de los disconformes. Esta disconformidad fue la principal fundadora de Nueva Inglaterra.
Se creó la compañía o consejo de Nueva Inglaterra, pero gracias a sus tierras duras, pedregosas y boscosas, y un riguroso clima, fracasó en el intento de encontrar los hombres o el dinero para colonizar. Los padres Peregrinos eran gente humilde que habían obtenido el permiso para colonizar la parte norte de la Compañía de Virginia; sin embargo, fundaron su primera colonia en Nueva Playmouth. El consejo de Nueva Inglaterra, enterado de esto, les concedió un arrendamiento en condiciones fáciles, y se inició la labor de edificar una colonia.
Los padres Peregrinos tenían que luchar contra una pesada carga de deudas. Pronto, decidieron comprar el interés de los inversionistas y hacerse económicamente independientes. Este esfuerzo implicó muchos años de pobreza y la colonia fue pequeña y débil. Estas dificultades de la Nueva Playmouth, sirvieron a los puritanos ingleses como advertencia de que las colonias futuras deberían ser establecidas por compañías justamente constituidas, con adecuado respaldo financiero y social.
No todos los colonos de Nueva Inglaterra eran puritanos, pero la gran parte lo era. Gracias a la asunción al poder de Carlos I y el fin de toda esperanza de gobierno parlamentario, a la guerra cruel y destructora en Europa y una serie de malas cosechas, muchas personas de ideas puritanas quisieron invertir en la colonización, e incluso emigrar ellas mismas. En 1629 se constituyó por carta la Compañía de la Bahía de Massachussets, una asociación integrada por gran parte de puritanos que había obtenido el permiso para colonizar en Nueva España.
En Massachussets el movimiento puritano se convirtió francamente en separatista. Esto afectó a la política, ya que los colonos dirigentes se las ingeniaron para que solo los propietarios tuviesen derecho al sufragio colonial, que eran también miembros reconocidos de la iglesia separatista. Estos constituían una oligarquía relativamente pequeña; pues muchos propietarios, no deseaban abandonar la iglesia de Inglaterra o mostrar desacato a la Corona. Al excluir a estos individuos de toda vida política, los gobernantes de la colonia contravenían la ley inglesa y su propia carta
Los puritanos eran despiadados para castigar cualquier clase de oposición o heterodoxia. Este fue un factor de suma importancia en la colonización de Nueva Inglaterra, ya que muchas de las personas que luchaban contra la oligarquía dominante en Massachussets fueron expulsadas o huyeron para escapar a peores castigos. Posteriormente, esta gente fundó nuevas colonias, tales como Connecticut, Nueva Haven y Rhode Island.
Los puritanos creían que los indios estaban más allá de toda esperanza y esclavizaban a los indios apresados en rebelión o en guerra. Estaba prohibida la venta de armas de fuego y aguardiente a los indios. La conciencia cristiana y la prudencia común señalaban el mismo camino, aunque su conciencia actuaba en sentido negativo. Los indios fueron puestos aparte de un modo inexorable.
En cuanto a la economía, los colonos se dedicaron a la producción de frutos de utilidad inmediata, y en veinte años, produjeron un exceso de alimentos que vendieron a los indios y más tarde a las colonias de las Antillas. Entre los principales productos de exportación encontramos a la madera. Esta era muy voluminosa y difícil de enviar a través del atlántico con mucha esperanza de obtener una ganancia. A pesar de dársele un generoso trato, la madera de Nueva Inglaterra nunca pudo competir con la de Báltico en mercado inglés. Las pieles era un artículo valioso, de gran demanda en Inglaterra; pero las pieles de Nueva Inglaterra eran escasas y caras para competir con las procedentes de Hudson y San Lorenzo. La pesca era también importante, ya que algo del bacalao cogido por barcos de Nueva Inglaterra iba a parar a Europa, pero mucho era consumido en Nueva Inglaterra por una población que aumentaba año tras año.
En 1627 se desarrolló una guerra entre Francia e Inglaterra. La guerra era una disputa europea y no tenía nada que ver con los asuntos coloniales, pero produjo la lucha de corsarios en las colonias. En 1629 los franceses de Québec se rindieron ante los ingleses. Así, los ingleses dominaban toda la zona colonizada de Canadá, pero por el tratado de Saint-Germain-en-Laye de 1632, Carlos I devolvió todas estas tierras a los franceses.

El viejo sistema colonial.

Las colonias en 1660

A mediados del siglo XVII, al igual que los españoles en el XVI, el gobierno inglés intentaría realizar un sistema administrativo común en sus colonias. La guerra civil y los cambios sucesivos de gobierno habían debilitado la autoridad central y afectado sus posesiones coloniales. Finalizada esta guerra, La Barbada y las demás islas se rindieron a la fuerza naval y el Parlamento dejó gobernadores y asambleas. En la Virginia sucedió prácticamente lo mismo, y en Nueva Inglaterra, las asambleas coloniales declararon que la intervención del rey sería mejor recibida que la del parlamento. Massachussets estableció una casa de moneda, unió parte del territorio de Maine y Nueva Hampshire, y abrió sus puertos a los buques extranjeros.
Hasta la guerra civil, Virginia había sido la única colonia de la Corona. La Barbada y las islas Leeward pasaron a ser de la Corona y votaron un impuesto permanente de exportación para el gobierno metropolitano en consideración de haber sido liberadas de los derechos de los propietarios. Jamaica pasó a ser colonia de la Corona luego de unos cuantos años de gobierno militar. En todas estas, el rey nombraba gobernadores, consejos ejecutivos, jueces y otros altos oficiales. Más comúnmente, los consejeros eran hacendados residentes, mientras que los gobernadores venían de Inglaterra y la conservación de su cargo dependía de la voluntad del monarca. Estos cargos eran considerados como una forma de propiedad y en algunos casas hasta de investidura. A diferencia de las audiencias españolea, los tribunales coloniales no tenían poderes especiales; aplicaban el derecho común, y sus fallos se apelaban ante el consejo privado.
Dentro de la propiedades, el dueño se interponía ante la Corona y los colonos. El propietario, generalmente cortesano, nombraba al gobernador y a los oficiales superiores, que le juraban lealtad a él y no al rey.
A mediados de siglo, las concesiones a propietarios eran consideradas absurdas, por lo que el consejo privado pidió a Carlos II que dejara de realizarlas, pero este no hizo caso.
Massachussets, Connecticut y, después de 1663, Rhode Island, fueron colonias de carta. Cada una de ellas tenía una carta real en la que permitía a los propietarios elegir oficiales para las colonias. Estos gobiernos eran los más parecidos al gobierno responsable en cualquiera de los imperios coloniales de la época.
Cada colonia tenía un gobernador y un consejo ejecutivo; casi todas tenían una asamblea legislativa nombrada por elección. El derecho de sufragio estaba limitado a los propietarios de fincas, excepto cuando se trataba del gobierno municipal, que era realmente democrático. La esclavitud era legal en todas las colonias.
En el imperio inglés las instituciones representativas jugaban un papel importante. Las asambleas coloniales votaban impuestos y hacían leyes locales; pero luego de la restauración, los abogados de la Corona exigieron que estas debían ser aprobadas por el consejo privado, además de serlo por el gobernador.
El parlamento inglés legislaba particularmente en asuntos de comercio y la validez de sus leyes era a veces contradicha especialmente en Nueva Inglaterra. Además, tanto la Corona como el parlamento, podían pedirles a las asambleas que promulgaran leyes. Estas tendían a introducirse en el campo de la prerrogativa real.
El siglo XVII trajo una mayor prosperidad y estabilidad económica ya que varias industrias en desarrollo produjeron demanda de trabajo y la emigración dejó de ser fomentada como medio para extraer el exceso de población. Para compensar las desventajas de emigración, una colonia debía producir mercancías de demanda en Inglaterra, y que no fuese posible producir allí.

Las leyes de comercio

En el siglo XVII, los principales peligros para el imperio radicaban en le existencia de la guerra económica y de la posibilidad de una verdadera guerra con Holanda; en el comercio de las colonias con los extranjeros y en la indiferencia de los colonos por los intereses ingleses. La legislación de los últimos Estuardos proponía evitar estos peligros, pero formulaba una política constructiva general.
A las colonias debía otorgárseles el monopolio del mercado nacional en cuanto a sus productos característicos. Estas debían producir géneros que Inglaterra no podía y exportárselos.
Inglaterra debía controlar el comercio de transporte, por lo que la marina de guerra y la mercante debían ser aumentadas. De no ser así, el monopolio sería inútil: no habría suficientes buques para transportar los productos y no habría suficientes buques que defendieran a los mercantes.
Entre todas las leyes dictadas, se destacan tres que fueron indispensables para lograr este monopolio:
La Ley de navegación de 1660: Esta disponía que ningún artículo podía ser importado o exportado en buques que no sean considerados ingleses y si por lo menos tres cuartos de la tripulación no eran de Inglaterra o de las colonias. Además, esta poseía una cláusula de enumeración que ordenaba que el tabaco, azúcar, algodón, añil, jengibre y maderas de tinte producidas en las colonias fuesen enviados únicamente a Inglaterra u otra colonia inglesa. Esta ley fue ejecutada con un sistema de fianzas- Al capitán inglés o de las colonias, se le exigía que depositara una suma de dinero en el puerto de partida como garantía de que seguiría su rumbo cumpliendo la ley. Este dinero podía ser recuperado, luego, en el puerto de llegada mediante la presentación de un certificado que mostraba la validez del viaje.
La Ley de navegación fue seguida de una desarrollo tan rápido de la marina mercante inglesa, que algunos economistas la llamaron Magna Carta del Ma”
La Ley de mercado fijo de 1663: Esta se ocupaba de las importaciones coloniales y establecía que todos los artículos destinados a las colonias, debías ser embarcados en puerto inglés. Esta regla la exceptuaban únicamente la sal y los vinos. El objetivo era beneficiar a la Corona aumentando el rendimiento de los derechos de aduana; beneficiar a los exportadores ingleses protegiendo su mercado y sobre todo a la armada, limitando el comercio a rutas fácilmente patrulladas y protegidas.
La Ley de aduanas coloniales de 1673: esta establecía un fuerte derecho de exportación sobre todos los artículos enumerados exportados de una colonia a otra. Antes, los artículos consignados a otras colonias, podían ser llevados a puertos extranjeros y vendidos más baratos que los que habían pagado los derechos de aduana. Así, con esta ley se esperaba conseguir que tales violaciones fuesen inútiles.
El poder marítimo era la clave de la política imperial inglesa. La necesidad de protección naval indujo a los colonos a aceptar las restricciones impuestas por las leyes de comercio. Sin embargo, había dos obstáculos principales que dificultaban el cumplimiento de las leyes: la posición estratégica de Holanda en el Hudson y la falta de cooperación local.

Nueva York y Nueva Inglaterra.

En 1664, Carlos II concedió como propiedad todo el territorio comprendido entre Connecticut y Maryland a Jacobo, Duque de York. Este preparó una flota para anexionar Nueva Holanda y para realizar una investigación acerca del gobierno de Nueva Inglaterra. La anexión se llevó a cabo sin resistencia: Nueva Ámsterdam se convirtió en Nueva York; Nueva York, Nueva Jersey y Delaware se volvieron colonias de propietarios. Así, la brecha mayor del sistema de comercio inglés quedó cerrada.
La otra brecha –el contrabando de Nueva Inglaterra- reclamaba otros métodos. Las leyes de comercio eran cumplidas únicamente por oficiales ingleses nombrados y pagados por la Corona, por lo que los gobiernos de la restauración trataron al principio de reforzar la administración colonial de dos maneras: convirtiendo las propiedades en colonias de la Corona e introduciendo oficiales reales en las colonias de carta. Los colonos no veían con buenos ojos a los propietarios y estaban bastante deseosos de pasar a depender de la administración real.
Nueva Hampshire y Bermuda se convirtieron en colonias de la Corona durante el reinado de Carlos II. Nueva York, Nueva Jersey y Delaware las siguieron en 1685, y desde 1689, la Corona insistió en controlar el nombramiento de gobernadores. El crecimiento de la población en las colonias fue haciendo del gobierno de propietarios un anacronismo.
En las colonias de carta, la situación era muy diferente. Los colonos estaban celosamente apegados a sus privilegios y eran capaces de empuñar las armas para defenderlos. En 1677 la asamblea de Massachussets impuso a sus oficiales un juramento de fidelidad a la colonia que precedía al juramento de lealtad al rey.
En 1678, Edward Randolph fue nombrado primer funcionario de la corona, y en 1683 regresó a Inglaterra e incitó a iniciar procesos quo warranto(*) contra la carta de Massachussets. Las acusaciones se basaban en que la colonia había aspirado a convertirse en un cuerpo independiente. En 1684 la carta fue anulada. Después de cincuenta y cinco años de gobierno autónomo, Massachussets cayó bajo la administración de la Corona. Connecticut y Rhode Island la siguieron poco después.
No hubo resistencia; cuando llegó el momento, los habitantes de Nueva Inglaterra prefirieron la sumisión con protección a una precaria independecia. La anulación de las cartas produjo la unión de las colonias del norte, para fines de administración y defensa. Jacobo II envió a un militar –Sir Edmund Andros- como gobernador general de Nueva Inglaterra y Nueva York. Este debía suspender las asambleas coloniales y gobernar por medio de un consejo nombrado autoritariamente. Pero en 1688 Jacobo era derrocado y en Nueva Inglaterra hubo también una revolución. Andros fue arrestado y embarcado hacia Inglaterra, las asambleas colonialesvolvieron y reaparecieron las antiguas jurisdicciones separadas y las rivalidades. Connecticut y Rhode Island recobraron sus en cartas en 1690 al igual que Massachussets, sólo que el gobernador sería designado por la Corona y el derecho de sufragio sería abolido.
Los esfuerzos de los últimos Estuardos habían originado cierto control del poder central. La Corona nombraba gobernadores y algunos funcionarios. Había sido introducido un mecanismo de derechos de aduana para aplicar leyes de comercio, y los poderes feudales de los propietarios habían sido suprimidos. En 1696, Guillermo III estableció un consejo de comercio para remplazar a los comités del consejo privado.
Un factor importante mantenía unido al imperio: el temor de invasión o de cercamiento. Los españoles todavía dominaban los imperios más grandes; las colonias francesas a fines del siglo XVII estaban aumentando en poder y población y los indios eran aún una perpetua amenaza en las fronteras; y al final del siglo, parecía posible que los tres se uniesen contra los ingleses en la costa del Atlántico.

(*)El quo warranto es otra faceta de la defensa constitucional su función es instruir a un tribunal para que averigüe la legalidad del nombramiento de un funcionario publico.

La Bahía de Hudson.

En el año 1670 se fundó la Compañía Inglesa de la Bahía de Hudson. Esto generó gran descontento en los franceses, quiénes habían sido los primeros en descubrirla. Por lo que en 1682 comenzaron serios contraataques franceses. En la guerra general que siguió a la revolución inglesa de 1688, los franceses lograron grandes triunfos. Más tarde, el francés Frontenac, gobernador de Canadá, conquistó Nueva Escocia, invadida por Nueva Inglaterra en 1691, y mantuvo las fronteras de Nueva Inglaterra y Nueva York en constante temor.

Al final del siglo XVII, los holandeses empezaban a retirarse debilitados por la guerra en Europa. El poder de Portugal estaba circunscrito al Brasil, y el imperio español parecía al borde del colapso. El imperio inglés carecía de unidad y disciplina, mientras que el imperio francés, tenía un problema más grave: la falta de población.

 
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