LA NOVELA
La
novela surge en el Renacimiento, siglos XV, XVI y XVIII. En esta edad aparece
una nueva forma de narrar: en prosa y narrada para ser leída en los tiempos de
ocio de la burguesía y los cortesanos.
Ese
tipo de narrativa se basa en hechos fingidos y se le llama novela. La palabra
novela, que significa cosa nueva, nos llega de Italia y se caracteriza por
nuevos contenidos y una nueva forma de lenguaje.
La
novela es un género literario que predomina en el Renacimiento, que narra en
prosa hechos fingidos, con cierta técnica, describiendo la acción del personaje
en un ambiente determinado.
Explicando la definición de novela.
-
Género literario: es un género como la lírica y la épica entre otros. Es
literario porque su finalidad es ofrecer la belleza para el deleite del lector.
- Típico del Renacimiento: porque surge y comienza en el Renacimiento en
Italia.
- Que narra en prosa: su narración descriptiva es característica. Al hacerse en
prosa de diferencia de las epopeyas y los Cantares de Gesta.
- Hechos fingidos: la novela se basa de la imaginación y de la fantasía,
mientras que la Historia se apoya en los sentidos.
- Según una técnica especial: su propia técnica nos hace diferenciarla del
cuento. La novela describe la interacción de unos personajes dentro de un determinado
ambiente.
- Describe: no solo narra sino describe. Es pictórica, las palabras pintan; se
describe el ambiente; se describe la emoción de los personajes y a veces se
pintan los personajes en lo físico y espiritual.
- La interacción: los personajes son fuerzas vivas que se unen chocan y
comparten y para ello recurren al diálogo.
Esta acción ocurre en tres momentos:
Primero: exposición, que son las acciones iniciales;
Segundo: el nudo que es la complicación.
Tercero: el desenlace que es la solución del enredo.
- De unos personajes: el elemento humano siempre está presente y ellos se unen
o chocan para un conflicto común.
- Dentro de un ambiente: es el marco de la acción.
Se desarrolla en un lugar, que es el ambiente natural o físico; en un tiempo,
ambiente cronológico; en una sociedad, ambiente social o humano. A veces el
ambiente llega a ser el protagonista.
Hay dos corrientes novelísticas.
-
Corriente realista: ocurre cuando la novela se adhiere a la realidad; si es un
reflejo de ella. La novela siente preocupación y está comprometida con el
problema existencial del hombre.
- Corriente idealista: si la novela evade la realidad y no la refleja. A la
novela no le interesa el problema del hombre e implanta una visión idealista de
la vida.
A veces estas dos corrientes se mezclan en una novela como en Don Quijote.
Tipos de novelas
·La Novela Caballeresca
La
Literatura Caballeresca fue prolongación de la épica de los pueblos germanos,
escandinavos, anglosajones y nórdicos. Los Cantares de Gesta, relacionados con
las empresas de Carlomagno, Sigfrido y Bernardo, engendraron las novelas
fantásticas en las que caballeros de origen aristocrático realizan hazañas
fabulosas luchando contra gigantes, magos, brujos, o ayudados por ellos en
defensa del honor propio o ajeno, al servicio de su rey o de su dama,
desinteresada y heroicamente y alejados de toda preocupación vital. El
Caballero Cifar, escrito en el siglo XIV, probablemente sea la primera novela
española de Caballería.
El
Amadís de Gaula -cuya edición más antigua es de 1508-, por su contenido, es una
creación artificial que pudo aparecer en cualquier país, ya que se desarrolla
en un mundo fantástico por completo. Su autor, cuya identidad se ignora, debió
tener bastantes conocimientos de la Literatura Caballeresca de Inglaterra, de
la que derivan no sólo la geografía de la novela, sino también los nombres de
los personajes.
La
influencia de Dante Alighieri y Petrarca se deja sentir en toda Europa desde la
última década del siglo XIV, pero es creciente y vigorosa en España durante
todo el siglo XV. Entre sus características está la tendencia a conocer,
admirar, traducir e imitar lo clásico grecorromano (humanismo), la afición a
expresar el amor en forma deliciosa e idealista como lo expresaron estos poetas,
en especial éste último (Petrarquismo); el empeño de escribir obras de carácter
alegórico en que sigue más o menos de cerca la trama de la Divina Comedia
(tendencia alegoricodantesca).
Entre
los principales poetas de este siglo figuran: Enrique Villena, Juan de Mena y
Jorge Manrique.
·La Novela Sentimental
se
desarrolla a finales del siglo XV, la trama es sobre las penurias que sufren
los protagonistas por el desdén de la amada. La novela Bizantina es derivada de
la anterior.
·La Novela Pastoril, la Histórica y la
Picaresca
La
Novela Pastoril es de origen italiano como la Sentimental. Al mediar el año de
1558 apareció la primera Novela Pastoril española: La Diana, escrita por Jorge
Montemayor. El asunto de esta novela es artificioso, insincero y sin vigor en
la forma ni viveza en la descripción; pero es valiosa, a pesar de ello, por la
tersura de su prosa y por ser la primera de su género producida en España.
Posteriormente, por el éxito obtenido, surgió La Diana enamorada de Gaspár Gil
Polo. De este género, Lope de Vega escribió La Arcadia y, Miguel de Cervantes
compuso La Galatea.
La
Novela Histórica es un género en que se aprovecha elementos de la historia y de
la leyenda, con fines moralistas, satíricos o simplemente de pasatiempo. Los
elementos legendarios e históricos relacionados con las guerras de moros y
cristianos constituyeron muy valiosos recursos en los siglos XVI y XVII.
La
Novela Picaresca es el género más español, fecundo y vigoroso de los
anteriores. Se caracteriza por el realismo de los tipos que en ella se mueven,
el ambiente social en que se desarrollan las aventuras que refiere, la ironía
de que satura las situaciones y personajes que pinta y por la forma desaliñada
y auténtica del lenguaje que en ella se habla.
La
Picaresca baja en línea directa de La Celestina, El Corbacho, y El Libro de
Buen Amor. Es regularmente autobiográfica, como se necesita para que el autor
pueda expresar las interioridades del pensamiento y de la emoción del personaje
principal. Por la extracción social del protagonista, y el ser ‘una apología
negativa y humorística del hambre’, es la Picaresca el polo opuesto de la
Caballeresca que es aristocrática, artificiosa y del todo irreal.
La
primera Novela Picaresca conocida es El Lazarillo de Tormes; a ésta siguen: El
Pícaro Guzmán de Alfarache, de Mateo Alemán; La Vida del escudero Marcos de
Obregón, de Vicente Martínez Espinel; El diablo Cojuelo, de Luis Vélez de
Guevara y, La Vida del Buscón llamado Don Pablos, Ejemplo de Vagabundos y
espejos de Tacaños, de Quevedo.
La
Novela Pastoril, importada de Italia, retrata como la Caballeresca, un mundo
inexistente, de origen clásico. Los pastores y pastoras hablan de sus amores,
se desdeñan, se enamoran, hablan de sus rebaños, etc., de modo ficticio y
artificial.
La vida de Lazarillo de Tormes: y
de sus fortunas y adversidades
El Lazarillo de Tormes es una novela del tipo picaresca
aparecida por allá de 1554 en una España sumergida en literatura de caballeros
y espadachines románticos, a la obra nunca se le conoció su autor quien
posiblemente prefirió permanecer en el anonimato por el tipo de crítica que
hacía al clero, y en efecto, esta obra fue prohibida por el estado español y
catalogada por la inquisición dentro del Índice del Purgatorio. No fue hasta
1573 cuando se autorizó su publicación con la omisión de los capítulos cuatro y
cinco así como algunos párrafos de otros que la santa inquisición decidió
censurar. Esta versión incompleta fue
impresa una y otra vez hasta el siglo XIX cuando España por fin permitió a sus
habitantes conocer la obra completa. Sobre su autoría se se dicen algunos
nombres como el monje Juan de Ortega, el escritor dramático Sebastián de Orozco
y el humanista Diego Hurtado de Mendoza, aunque seguramente nunca lo sabremos
con exactitud y lo mejor sería dejarla como anónima.Edición de Burgos, 1554.
Interpolaciones de la edición de Alcalá, 1554
Tratado
primero: Cuenta Lázaro su vida, y cuyo hijo fue
Pues sepa vuestra merced
ante todas cosas que a mí llaman Lázaro de Tormes, hijo de Tome González y de
Antonia Pérez, naturales de Tejares, aldea de Salamanca. Mi nacimiento fue
dentro del río Tormes, por la cual causa tome el sobrenombre, y fue desta manera.
Mi padre, que Dios perdone, tenia cargo de proveer una molienda de una acena,
que esta ribera de aquel río, en la cual fue molinero mas de quince anos; y
estando mi madre una noche en la acena, preñada de mí, tomole el parto y
pariome allí: de manera que con verdad puedo decir nacido en el río. Pues
siendo yo niño de ocho años, achacaron a mi padre ciertas sangrías mal hechas
en los costales de los que allí a moler venían, por lo que fue preso, y confeso
y no negó y padeció persecución por justicia. Espero en Dios que esta en la
Gloria, pues el Evangelio los llama bienaventurados. En este tiempo se hizo
cierta armada contra moros, entre los cuales fue mi padre, que a la sazón
estaba desterrado por el desastre ya dicho, con cargo de acemilero de un
caballero que allá fue, y con su señor, como leal criado, feneció su vida. Mi viuda madre, como sin marido y sin abrigo
se viese, determino arrimarse a los buenos por ser uno dellos, y vinose a vivir
a la ciudad, y alquilo una casilla, y metiose a guisar de comer a ciertos
estudiantes, y lavaba la ropa a ciertos mozos de caballos del Comendador de la
Magdalena, de manera que fue frecuentando las caballerizas. Ella y un hombre
moreno de aquellos que las bestias curaban, vinieron en conocimiento. Este
algunas veces se venia a nuestra casa, y se iba a la mañana; otras veces de día
llegaba a la puerta, en achaque de comprar huevos, y entrabase en casa. Yo al
principio de su entrada, pesabame con el y habiale miedo, viendo el color y mal
gesto que tenia; mas de que vi que con su venida mejoraba el comer, fuile
queriendo bien, porque siempre traía pan, pedazos de carne, y en el invierno
leños, a que nos calentábamos. De manera que, continuando con la posada y
conversación, mi madre vino a darme un negrito muy bonito, el cual yo brincaba
y ayudaba a calentar. Y acuerdome que, estando el negro de mi padre trebejando
con el mozuelo, como el niño veía a mi madre y a mí blancos, y a él no, huía
del con miedo para mi madre, y señalando con el dedo decía: "¡Madre, coco!".Respondió
él riendo: "¡Hideputa!" Yo,
aunque bien muchacho, note aquella palabra de mi hermanico, y dije entre
mí: "¡Cuantos debe de haber en el
mundo que huyen de otros porque no se ven a sí mesmos!" Quiso nuestra fortuna que la conversación
del Zaide, que así se llamaba, llegó a oídos del mayordomo, y hecha pesquisa,
hallose que la mitad por medio de la cebada, que para las bestias le daban,
hurtaba, y salvados, lena, almohazas, mandiles, y las mantas y sabanas de los
caballos hacia perdidas, y cuando otra cosa no tenía, las bestias desherraba, y
con todo esto acudía a mi madre para criar a mi hermanico. No nos maravillemos
de un clérigo ni fraile, porque el uno hurta de los pobres y el otro de casa
para sus devotas y para ayuda de otro tanto, cuando a un pobre esclavo el amor
le animaba a esto. Y probosele cuanto digo y aun más, porque a mí con amenazas
me preguntaban, y como niño respondía, y descubría cuanto sabía con miedo,
hasta ciertas herraduras que por mandado de mi madre a un herrero vendí. Al
triste de mi padrastro azotaron y pringaron, y a mi madre pusieron pena por
justicia, sobre el acostumbrado centenario, que en casa del sobredicho
Comendador no entrase, ni al lastimado Zaide en la suya acogiese. Por no echar la soga tras el caldero, la
triste se esforzó y cumplió la sentencia; y por evitar peligro y quitarse de
malas lenguas, se fue a servir a los que al presente vivían en el mesón de la
Solana; y allí, padeciendo mil importunidades, se acabo de criar mi hermanico
hasta que supo andar, y a mí hasta ser buen mozuelo, que iba a los huéspedes
por vino y candelas y por lo demás que me mandaban. En este tiempo vino a posar
al mesón un ciego, el cual, pareciendole que yo seria para adestralle, me pidió
a mi madre, y ella me encomendó a él, diciendole como era hijo de un buen
hombre, el cual por ensalzar la fe había muerto en la de los Gelves, y que ella
confiaba en Dios no saldría peor hombre que mi padre, y que le rogaba me
tratase bien y mirase por mi, pues era huérfano. Él le respondió que así lo haría,
y que me recibía no por mozo sino por hijo. Y así le comencé a servir y
adestrar a mi nuevo y viejo amo. Como
estuvimos en Salamanca algunos días, pareciendole a mi amo que no era la
ganancia a su contento, determino irse de allí; y cuando nos hubimos de partir,
yo fui a ver a mi madre, y ambos llorando, me dio su bendición y dijo: "Hijo, ya sé que no te veré más.
Procura ser bueno, y Dios te guíe. Criado te he y con buen amo te he puesto.
Valete por ti."Y así me fui para mi amo, que esperandome estaba. Salimos
de Salamanca, y llegando a la puente, esta a la entrada della un animal de
piedra, que casi tiene forma de toro, y el ciego mandome que llegase cerca del
animal, y allí puesto, me dijo:
"Lázaro, llega el oído a este toro, y oirás gran ruido dentro
del."Yo simplemente llegue, creyendo ser ansí; y como sintió que tenia la
cabeza par de la piedra, afirmo recio la mano y diome una gran calabazada en el
diablo del toro, que más de tres días me duró el dolor de la cornada, y
dijome: "Necio, aprende que el
mozo del ciego un punto ha de saber mas que el diablo", y rió mucho la
burla. Pareciome que en aquel instante
desperté de la simpleza en que como niño dormido estaba. Dije entre mí: "Verdad dice este, que me cumple avivar
el ojo y avisar, pues solo soy, y pensar como me sepa valer." Comenzamos nuestro camino, y en muy pocos
días me mostró jerigonza, y como me viese de buen ingenio, holgabase mucho, y
decía: "Yo oro ni plata no te lo
puedo dar, mas avisos para vivir muchos te mostrare." Y fue ansí, que después de Dios este me dio
la vida, y siendo ciego me alumbro y adestró en la carrera de vivir. Huelgo de
contar a vuestra merced estas niñerías para mostrar cuanta virtud sea saber los
hombres subir siendo bajos, y dejarse bajar siendo altos cuanto vicio. Pues tornando al bueno de mi ciego y
contando sus cosas, vuestra merced sepa que desde que Dios crío el mundo,
ninguno formo más astuto ni sagaz. En su oficio era un aguila; ciento y tantas
oraciones sabia de coro: un tono bajo, reposado y muy sonable que hacia resonar
la iglesia donde rezaba, un rostro humilde y devoto que con muy buen continente
ponía cuando rezaba, sin hacer gestos ni visajes con boca ni ojos, como otros
suelen hacer. Allende desto, tenia otras mil formas y maneras para sacar el
dinero. Decía saber oraciones para muchos y diversos efectos: para mujeres que
no parían, para las que estaban de parto, para las que eran malcasadas, que sus
maridos las quisiesen bien; echaba pronósticos a las preñadas, si traía hijo o
hija. Pues en caso de medicina, decía que Galeno no supo la mitad que él para
muela, desmayos, males de madre.
Finalmente, nadie le decía padecer alguna pasión, que luego no le decía:
"Haced esto, haréis estotro, cosed tal yerba, tomad tal raíz." Con
esto andabase todo el mundo tras él, especialmente mujeres, que cuanto les
decían creían. Destas sacaba él grandes provechos con las artes que digo, y
ganaba mas en un mes que cien ciegos en un ano. Mas también quiero que sepa vuestra merced que, con todo lo que
adquiría, jamas tan avariento ni mezquino hombre no vi, tanto que me mataba a
mí de hambre, y así no me demediaba de lo necesario. Digo verdad: si con mi sotileza y buenas manas no me supiera
remediar, muchas veces me finara de hambre; mas con todo su saber y aviso le
contaminaba de tal suerte que siempre, o las mas veces, me cabía lo mas y
mejor. Para esto le hacia burlas endiabladas, de las cuales contaré algunas,
aunque no todas a mi salvo. Él traía el
pan y todas las otras cosas en un fardel de lienzo que por la boca se cerraba
con una argolla de hierro y su candado y su llave, y al meter de todas las
cosas y sacallas, era con tan gran vigilancia y tanto por contadero, que no
bastaba hombre en todo el mundo hacerle menos una migaja; mas yo tomaba aquella
lacería que él me daba, la cual en menos de dos bocados era despachada. Después que cerraba el candado y se
descuidaba pensando que yo estaba entendiendo en otras cosas, por un poco de
costura, que muchas veces del un lado del fardel descosía y tornaba a coser,
sangraba el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos,
torreznos y longaniza; y ansí buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la
chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba. Todo lo que podía
sisar y hurtar, traía en medias blancas; y cuando le mandaban rezar y le daban
blancas, como él carecía de vista, no había el que se la daba amagado con ella,
cuando yo la tenia lanzada en la boca y la media aparejada, que por presto que
el echaba la mano, ya iba de mi cambio aniquilada en la mitad del justo precio.
Quejabaseme el mal ciego, porque al tiento luego conocía y sentía que no era
blanca entera, y decía: "¿Que
diablo es esto, que después que conmigo estas no me dan sino medias blancas, y
de antes una blanca y un maravedí hartas veces me pagaban? En ti debe estar
esta desdicha." También él
abreviaba el rezar y la mitad de la oración no acababa, porque me tenia mandado
que en yendose el que la mandaba rezar, le tirase por el cabo del capuz. Yo así
lo hacia. Luego él tornaba a dar voces, diciendo: "¿Mandan rezar tal y tal
oración?", como suelen decir. Usaba poner cabe si un jarrillo de vino
cuando comíamos, y yo muy de presto le asía y daba un par de besos callados y
tornabale a su lugar. Mas turome poco, que en los tragos conocía la falta, y
por reservar su vino a salvo nunca después desamparaba el jarro, antes lo tenía
por el asa asido; mas no había piedra imán que así trajese a sí como yo con una
paja larga de centeno, que para aquel menester tenia hecha, la cual metiendola
en la boca del jarro, chupando el vino lo dejaba a buenas noches. Mas como
fuese el traidor tan astuto, pienso que me sintió, y dende en adelante mudo
proposito, y asentaba su jarro entre las piernas, y atapabale con la mano, y
ansí bebía seguro. Yo, como estaba hecho al vino, moría por él, y viendo que
aquel remedio de la paja no me aprovechaba ni valía, acorde en el suelo del
jarro hacerle una fuentecilla y agujero sotil, y delicadamente con una muy
delgada tortilla de cera taparlo, y al tiempo de comer, fingiendo haber frío,
entrabame entre las piernas del triste ciego a calentarme en la pobrecilla lumbre
que teníamos, y al calor della luego derretida la cera, por ser muy poca,
comenzaba la fuentecilla a destillarme en la boca, la cual yo de tal manera
ponía que maldita la gota se perdía. Cuando el pobreto iba a beber, no hallaba
nada: espantabase, maldecía, daba al
diablo el jarro y el vino, no sabiendo que podía ser. "No diréis, tío, que os lo bebo yo -decía-, pues no le
quitáis de la mano." Tantas
vueltas y tiento dio al jarro, que hallo la fuente y cayo en la burla; mas así
lo disimulo como si no lo hubiera sentido, y luego otro día, teniendo yo
rezumando mi jarro como solía, no pensando en el daño que me estaba aparejado
ni que el mal ciego me sentía, senteme como solía, estando recibiendo aquellos
dulces tragos, mi cara puesta hacia el cielo, un poco cerrados los ojos por
mejor gustar el sabroso licor, sintió el desesperado ciego que agora tenia
tiempo de tomar de mi venganza y con toda su fuerza, alzando con dos manos
aquel dulce y amargo jarro, le dejo caer sobre mi boca, ayudandose, como digo,
con todo su poder, de manera que el pobre Lázaro, que de nada desto se
guardaba, antes, como otras veces, estaba descuidado y gozoso, verdaderamente
me pareció que el cielo, con todo lo que en él hay, me había caído encima. Fue
tal el golpecillo, que me desatino y saco de sentido, y el jarrazo tan grande,
que los pedazos del se me metieron por la cara, rompiendomela por muchas
partes, y me quebró los dientes, sin los cuales hasta hoy día me quede. Desde aquella hora quise mal al mal ciego, y
aunque me quería y regalaba y me curaba, bien vi que se había holgado del cruel
castigo. Lavome con vino las roturas que con los pedazos del jarro me había
hecho, y sonriendose decía: "¿Que te parece, Lázaro? Lo que te enfermo te
sana y da salud", y otros donaires que a mi gusto no lo eran. Ya que estuve medio bueno de mi negra trepa
y cardenales, considerando que a pocos golpes tales el cruel ciego ahorraría de
mí, quise yo ahorrar del; mas no lo hice tan presto por hacello mas a mí salvo
y provecho. Y aunque yo quisiera asentar mi corazón y perdonalle el jarrazo, no
daba lugar el maltratamiento que el mal ciego dende allí adelante me hacia, que
sin causa ni razón me hería, dandome coscorrones y repelandome. Y si alguno le
decía por que me trataba tan mal, luego contaba el cuento del jarro,
diciendo: "¿Pensareis que este mi
mozo es algún inocente? Pues oíd si el demonio ensayara otra tal
hazana." Santiguandose los que lo
oían, decían: "¡Mira, quien pensara de un muchacho tan pequeño tal
ruindad!", y reían mucho el artificio, y decianle: "Castigaldo,
castigaldo, que de Dios lo habréis."
Y él con aquello nunca otra cosa hacia. Y en esto yo siempre le llevaba
por los peores caminos, y adrede, por le hacer mal y daño: si había piedras,
por ellas, si lodo, por lo mas alto; que aunque yo no iba por lo mas enjuto,
holgabame a mí de quebrar un ojo por quebrar dos al que ninguno tenia. Con esto
siempre con el cabo alto del tiento me atentaba el colodrillo, el cual siempre
traía lleno de tolondrones y pelado de sus manos; y aunque yo juraba no lo
hacer con malicia, sino por no hallar mejor camino, no me aprovechaba ni me
creía mas: tal era el sentido y el grandísimo entendimiento del traidor. Y porque vea vuestra merced a cuanto se
extendía el ingenio deste astuto ciego, contare un caso de muchos que con él me
acaecieron, en el cual me parece dio bien a entender su gran astucia. Cuando
salimos de Salamanca, su motivo fue venir a tierra de
Toledo, porque decía ser la gente más rica, aunque no muy limosnera.
Arrimabase a este refrán: "Mas da el duro que el desnudo." Y venimos
a este camino por los mejores lugares. Donde hallaba buena acogida y ganancia,
deteniamonos; donde no, a tercero día hacíamos Sant Juan. Acaeció que llegando a un lugar que llaman
Almorox, al tiempo que cogían las uvas, un vendimiador le dio un racimo dellas
en limosna, y como suelen ir los cestos maltratados y también porque la uva en
aquel tiempo esta muy madura, desgranabasele el racimo en la mano; para echarlo
en el fardel tornabase mosto, y lo que a él se llegaba. Acordó de hacer un
banquete, ansí por no lo poder llevar como por contentarme, que aquel día me
había dado muchos rodillazos y golpes. Sentamonos en un valladar y dijo: "Agora quiero yo usar contigo de una
liberalidad, y es que ambos comamos este racimo de uvas, y que hayas del tanta
parte como yo. Partillo hemos desta
manera: tú picaras una vez y yo otra;
con tal que me prometas no tomar cada vez mas de una uva, yo haré lo mesmo
hasta que lo acabemos, y desta suerte no habrá engaño." Hecho ansí el concierto, comenzamos; mas
luego al segundo lance; el traidor mudo de propósito y comenzó a tomar de dos
en dos, considerando que yo debería hacer lo mismo. Como vi que él quebraba la
postura, no me contente ir a la par con él, mas aun pasaba adelante: dos a dos,
y tres a tres, y como podía las comía.
Acabado el racimo, estuvo un poco con el escobajo en la mano y meneando
la cabeza dijo: "Lázaro, engañado
me has: jurare yo a Dios que has tu comido las uvas tres a tres.""No
comí -dije yo- más ¿por qué sospecháis eso?"Respondió el sagacisimo
ciego: "¿Sabes en que veo que las
comiste tres a tres? En que comía yo dos a dos y callabas." , a lo cual yo
no respondí. Yendo que ibamos ansí por debajo de unos soportales en Escalona,
adonde a la sazón estábamos en casa de un zapatero, había muchas sogas y otras
cosas que de esparto se hacen, y parte dellas dieron a mi amo en la cabeza; el
cual, alzando la mano, toco en ellas, y viendo lo que era dijome: "Anda presto, muchacho; salgamos de
entre tan mal manjar, que ahoga sin comerlo." Yo, que bien descuidado iba de aquello, mire lo que era, y como
no vi sino sogas y cinchas, que no era cosa de comer, dijele: "Tío, ¿por qué decís
eso?"Respondiome: "Calla,
sobrino; según las manas que llevas, lo sabrás y veras como digo
verdad." Y ansí pasamos adelante
por el mismo portal y llegamos a un mesón, a la puerta del cual había muchos
cuernos en la pared, donde ataban los recueros sus bestias. Y como iba tentando
si era allí el mesón, adonde él rezaba cada día por la mesonera la oración de
la emparedada, asió de un cuerno, y con un gran suspiro dijo: "¡Oh, mala cosa, peor que tienes la
hechura! !¡De cuantos eres deseado poner tu nombre sobre cabeza ajena y de cuan
pocos tenerte ni aun oír tu nombre, por ninguna veía!"Como le oí lo que
decía, dije: "Tío, ¿qué es eso que
decís?" "Calla, sobrino, que
algún día te dará este, que en la mano tengo, alguna mala comida y
cena.""No le comeré yo -dije- y no me la dará." "Yo te digo verdad; si no, verlo has,
si vives." Y ansí pasamos adelante
hasta la puerta del mesón, adonde pluguiere a Dios nunca allá llegáramos, según
lo que me sucedía en él. Era todo lo
mas que rezaba por mesoneras y por bodegoneras y turroneras y rameras y ansí por
semejantes mujercillas, que por hombre casi nunca le vi decir oración. Reime entre mi, y aunque muchacho note mucho
la discreta consideración del ciego.
Mas por no ser prolijo dejo de contar muchas cosas, así graciosas como
de notar, que con este mi primer amo me acaecieron, y quiero decir el
despidiente y con el acabar. Estábamos
en Escalona, villa del duque della, en un mesón, y diome un pedazo de longaniza
que la asase. Ya que la longaniza había pringado y comidose las pringadas, saco
un maravedí de la bolsa y mando que fuese por el de vino a la taberna. Pusome
el demonio el aparejo delante los ojos, el cual, como suelen decir, hace al
ladrón, y fue que había cabe el fuego un nabo pequeño, larguillo y ruinoso, y
tal que, por no ser para la olla, debió ser echado allí. Y como al presente nadie
estuviese sino el y yo solos, como me vi con apetito goloso, habiendome puesto
dentro el sabroso olor de la longaniza, del cual solamente sabia que había de
gozar, no mirando que me podría suceder, pospuesto todo el temor por cumplir
con el deseo, en tanto que el ciego sacaba de la bolsa el dinero, saque la
longaniza y muy presto metí el sobredicho nabo en el asador, el cual mi amo,
dandome el dinero para el vino, tomo y comenzó a dar vueltas al fuego,
queriendo asar al que de ser cocido por sus deméritos había escapado. Yo fui por el vino, con el cual no tarde en
despachar la longaniza, y cuando vine halle al pecador del ciego que tenia
entre dos rebanadas apretado el nabo, al cual aun no habia conocido por no lo
haber tentado con la mano. Como tomase las rebanadas y mordiese en ellas
pensando también llevar parte de la longaniza, hallose en frío con el frío
nabo. Alterose y dijo: "¿Que es
esto, Lazarillo?" "¡Lacerado
de mí! -dije yo-. ?¿Si queréis a mi echar algo? ?¿Yo no vengo de traer el vino?
Alguno estaba ahí, y por burlar haría esto." "No, no -dijo él-, que yo no he dejado el asador de la mano;
no es posible " Yo torne a jurar y
perjurar que estaba libre de aquel trueco y cambio; mas poco me aprovecho, pues
a las astucias del maldito ciego nada se le escondía. Levantose y asiome por la
cabeza, y llegose a olerme; y como debió sentir el huelgo, a uso de buen
podenco, por mejor satisfacerse de la verdad, y con la gran agonía que llevaba,
asiendome con las manos, abriame la boca mas de su derecho y desatentadamente
metía la nariz, la cual el tenia luenga y afilada, y a aquella sazón con el
enojo se habían aumentado un palmo, con el pico de la cual me llego a la
gulilla. Y con esto y con el gran miedo que tenia, y con la brevedad del
tiempo, la negra longaniza aun no habia hecho asiento en el estomago, y lo más
principal, con el destiento de la cumplidísima nariz medio cuasi ahogandome,
todas estas cosas se juntaron y fueron causa que el hecho y golosina se
manifestase y lo suyo fuese devuelto a su dueño: de manera que antes que el mal
ciego sacase de mi boca su trompa, tal alteración sintió mi estomago que le dio
con el hurto en ella, de suerte que su nariz y la negra malmascada longaniza a
un tiempo salieron de mi boca. ¡Oh,
gran Dios, quien estuviera aquella hora sepultado, que muerto ya lo estaba! Fue
tal el coraje del perverso ciego que, si al ruido no acudieran, pienso no me
dejara con la vida. Sacaronme de entre sus manos, dejandoselas llenas de
aquellos pocos cabellos que tenia, arañada la cara y rascuñado el pescuezo y la
garganta; y esto bien lo merecía, pues por su maldad me venían tantas
persecuciones. Contaba el mal ciego a
todos cuantos allí se allegaban mis desastres, y dabales cuenta una y otra vez,
así de la del jarro como de la del racimo, y agora de lo presente. Era la risa
de todos tan grande que toda la gente que por la calle pasaba entraba a ver la
fiesta; mas con tanta gracia y donaire recontaba el ciego mis hazanas que,
aunque yo estaba tan maltratado y llorando, me parecía que hacia sinjusticia en
no se las reír. Y en cuanto esto
pasaba, a la memoria me vino una cobardía y flojedad que hice, por que me
maldecía, y fue no dejalle sin narices, pues tan buen tiempo tuve para ello que
la mitad del camino estaba andado; que con solo apretar los dientes se me
quedaran en casa, y con ser de aquel malvado, por ventura lo retuviera mejor mi
estomago que retuvo la longaniza, y no pareciendo ellas pudiera negar la
demanda. Pluguiera a Dios que lo hubiera hecho, que eso fuera así que así. Hicieronnos
amigos la mesonera y los que allí estaban, y con el vino que para beber le
habia traído, lavaronme la cara y la garganta, sobre lo cual discantaba el mal
ciego donaires, diciendo: "Por
verdad, mas vino me gasta este mozo en lavatorios al cabo del ano que yo bebo
en dos. A lo menos, Lázaro, eres en mas cargo al vino que a tu padre, porque él
una vez te engendro, mas el vino mil te ha dado la vida." Y luego contaba cuantas veces me habia
descalabrado y arpado la cara, y con vino luego sanaba. "Yo te digo -dijo- que si un hombre en
el mundo ha de ser bienaventurado con vino, que seras tú." Y reían mucho los que me lavaban con esto,
aunque yo renegaba. Mas el pronostico del ciego no salio mentiroso, y después
aca muchas veces me acuerdo de aquel hombre, que sin duda debía tener espíritu
de profecía, y me pesa de los sinsabores que le hice, aunque bien se lo pague,
considerando lo que aquel día me dijo salirme tan verdadero como adelante
vuestra merced oirá. Visto esto y las
malas burlas que el ciego burlaba de mí, determine de todo en todo dejalle, y
como lo traía pensado y lo tenía en voluntad, con este postrer juego que me
hizo afirmelo más. Y fue ansí, que luego otro día salimos por la villa a pedir
limosna, y habia llovido mucho la noche antes; y porque el día también llovía,
y andaba rezando debajo de unos portales que en aquel pueblo habia, donde no
nos mojamos; mas como la noche se venía y el llover no cesaba, dijome el
ciego: "Lázaro, esta agua es muy
porfiada, y cuanto la noche mas cierra, más recia. Acojámonos a la posada con
tiempo." Para ir allá, habíamos de
pasar un arroyo que con la mucha agua iba grande. Yo le dije: "Tío, el arroyo va muy ancho; mas si
queréis, yo veo por donde travesemos mas aína sin nos mojar, porque se estrecha
allí mucho, y saltando pasaremos a pie enjuto."Pareciole buen consejo y
dijo: "Discreto eres; por esto te
quiero bien. Llevame a ese lugar donde el arroyo se ensangosta, que agora es
invierno y sabe mal el agua, y más llevar los pies mojados." Yo, que vi el aparejo a mi deseo, saquele
debajo de los portales, y llevelo derecho de un pilar o poste de piedra que en
la plaza estaba, sobre la cual y sobre otros cargaban saledizos de aquellas
casas, y digole: "Tío, este es el paso mas angosto que en el arroyo
hay." Como llovía recio, y el
triste se mojaba, y con la priesa que llevábamos de salir del agua que encima
de nos caía, y lo más principal, porque Dios le cegó aquella hora el
entendimiento (fue por darme del venganza), creyose de mí y dijo: "Ponme bien derecho, y salta tú el
arroyo." Yo le puse bien derecho
enfrente del pilar, y doy un salto y póngome detrás del poste como quien espera
tope de toro, y dijele: "¡Sus!
Salta todo lo que podáis, porque deis deste cabo del agua. "Aun apenas lo
habia acabado de decir cuando se abalanza el pobre ciego como cabrón, y de toda
su fuerza arremete, tomando un paso atrás de la corrida para hacer mayor salto,
y da con la cabeza en el poste, que sonó tan recio como si diera con una gran
calabaza, y cayo luego para atrás, medio muerto y hendida la cabeza. "¿Cómo, y oliste la longaniza y no el
poste? ¡Ole! ¡Ole! -le dije yo. Y dejele en poder de mucha gente que lo habia
ido a socorrer, y tome la puerta de la villa en los pies de un trote, y antes
que la noche viniese di conmigo en Torrijos. No supe mas lo que Dios del hizo,
ni cure de lo saber.