Monografía sobre el sol:
Sol, la
estrella que, por el efecto gravitacional de su masa, domina el sistema
planetario que incluye a la Tierra. Mediante la radiación de su energía
electromagnética, aporta directa o indirectamente toda la energía que mantiene
la vida en la Tierra, porque todo el alimento y el combustible procede en
última instancia de las plantas que utilizan la energía de la luz del Sol. .
A
causa de su proximidad a la Tierra y como es una estrella típica, el Sol es un
recurso extraordinario para el estudio de los fenómenos estelares. No se ha
estudiado ninguna otra estrella con tanto detalle. La estrella más cercana al
Sol está a 4,3 años luz (4 × 1013 km); para observar los
rasgos de su superficie comparables a los que se pueden ver de forma habitual
en el Sol, se necesitaría un telescopio de casi 30 km de diámetro. Además,
un telescopio así tendría que ser colocado en el espacio para evitar
distorsiones causadas por la atmósfera de la Tierra.
Historia de la observación
científica
Durante
la mayor parte del tiempo que los seres humanos han estado sobre la Tierra, el
Sol ha sido considerado un objeto de especial importancia. Muchas culturas
antiguas adoraron al Sol y muchas más reconocieron su importancia en el ciclo
de la vida. Aparte de su relevancia posicional para señalar, por ejemplo,
solsticios, equinoccios y eclipses , el estudio cuantitativo del Sol data del
descubrimiento de las manchas solares; el estudio de sus propiedades físicas no
comenzó hasta mucho más tarde.
Los
astrónomos chinos observaron manchas solares a simple vista ya en el año
200 a.C. Pero en 1611, Galileo utilizó el telescopio, recién inventado,
para observarlas de modo sistemático. El descubrimiento de Galileo significó el
comienzo de una nueva aproximación al estudio del Sol, que pasó a ser
considerado un cuerpo dinámico, en evolución, y sus propiedades y variaciones
pudieron ser, por tanto, comprendidas científicamente.
El
siguiente avance importante en el estudio del Sol se produjo en 1814 como
resultado directo del invento del espectroscopio por el físico alemán Joseph
von Fraunhofer . Un espectroscopio divide la luz en las longitudes de onda que
la componen, o colores. Aunque el espectro del Sol había sido observado ya en
1666 por el matemático y científico inglés Isaac Newton, la precisión del
trabajo de Fraunhofer sentó las bases para los primeros intentos de una
explicación teórica detallada de la atmósfera solar.
Parte
de la radiación de la superficie visible del Sol (la fotosfera) es absorbida
por el gas, algo más frío, que hay sobre ella. Sin embargo, sólo se absorben
longitudes de onda de radiación particulares, que dependen de las especies
atómicas presentes en la atmósfera solar. En 1859, el físico alemán Gustav
Kirchhoff demostró que la falta de radiación en ciertas longitudes de onda del
espectro solar de Fraunhofer se debía a la absorción de radiación por átomos de
algunos de los mismos elementos presentes en la Tierra. Con esto, no sólo
demostró que el Sol está compuesto de materia común, sino que también planteó
la posibilidad de obtener información detallada sobre los objetos celestes
mediante el estudio de la luz emitida por ellos. Éste fue el comienzo de la
astrofísica.
El
progreso en el conocimiento del Sol ha continuado gracias a la habilidad de los
científicos para hacer observaciones nuevas o mejorar las anteriores. Entre los
avances en instrumentos de observación que han influido de forma significativa
en la física solar están el espectroheliógrafo, que mide el espectro de los
rasgos solares individuales; el coronógrafo, que permite el estudio de la
corona solar sin eclipses, y el magnetógrafo, inventado por el astrónomo
estadounidense Horace W. Babcock en 1948, que mide la fuerza del campo
magnético de la superficie solar. El desarrollo de cohetes y satélites ha
permitido a los científicos observar la radiación en longitudes de onda no
transmitidas a través de la atmósfera de la Tierra. Entre los instrumentos
desarrollados para su uso en el espacio se encuentran los coronógrafos, los
telescopios y los espectrógrafos sensibles a una radiación ultravioleta extrema
y a los rayos X. Los instrumentos especiales han revolucionado el estudio
de la atmósfera exterior al Sol.
Composición y estructura
La
cantidad total de energía emitida por el Sol en forma de radiación es bastante
constante, y no varía más que unas pocas décimas de un 1% en varios días. Esta
energía se genera en las profundidades del Sol. Al igual que la mayoría de las
estrellas, el Sol se compone sobre todo de hidrógeno (71%); también contiene
helio (27%) y otros elementos más pesados (2%). Cerca del centro del Sol, la
temperatura es de casi 16.000.000 K y la densidad es 150 veces la del
agua. Bajo estas condiciones, los núcleos de los átomos de hidrógeno
individuales actúan entre sí, experimentando la fusión nuclear . El resultado
neto de estos procesos es que cuatro núcleos de hidrógeno se combinan para
formar un núcleo de helio, y la energía surge en forma de radiaciones gamma.
Una enorme cantidad de núcleos reacciona cada segundo, generando una energía
equivalente a la que se produciría por la explosión de 100.000 millones de
bombas de hidrógeno de un megatón por segundo. La ‘combustión’ nuclear del
hidrógeno en el centro del Sol se extiende a un 25% del radio solar.
La
energía producida de esta forma es transportada a la mayor parte de la
superficie solar por radiación. Sin embargo, más cerca de la superficie, en la
zona de convección que ocupa el último tercio del radio solar, la energía es
transportada por la mezcla turbulenta de gases. La fotosfera es la superficie
superior de la zona de convección. Se pueden ver pruebas de la turbulencia en
la zona de convección observando la fotosfera y la atmósfera situada encima de
ella.
Las
células turbulentas de la fotosfera le confieren una apariencia irregular y
heterogénea. Este modelo, conocido como granulación solar, lo provoca la
turbulencia en los niveles más altos de la zona de convección. Cada gránulo
mide unos 2.000 km de ancho. Aunque el modelo de granulación siempre está
presente, los gránulos individuales solamente duran unos 10 minutos. También se
presenta un modelo de convección mucho mayor, provocado por la turbulencia que
se extiende en las profundidades de la zona de convección. Este modelo de
sobregranulación contiene células que duran un día y tienen 30.000 km de
ancho como media.
Manchas solares
George
Ellery Hale descubrió en 1908 que las manchas solares (áreas más frías de la
fotosfera) presentan campos magnéticos fuertes. Una mancha solar común tiene
una densidad de flujo magnético de 0,25 teslas. En comparación, el campo
magnético de la Tierra tiene una densidad de flujo de menos de 0,0001 teslas.
Las manchas solares se suelen dar en parejas, con las dos manchas con campos
magnéticos que señalan sentidos opuestos. El ciclo de las manchas solares, en
el que la cantidad de manchas solares varía de menos a más y vuelve a disminuir
al cabo de unos 11 años, se conoce por lo menos desde principios del siglo
XVIII. Sin embargo, el complejo modelo magnético asociado con el ciclo solar
sólo se comprobó tras el descubrimiento del campo magnético del Sol.
De
las parejas de manchas solares del hemisferio norte, la mancha que guía a su
compañera en la dirección de rotación tiene un campo magnético en sentido
opuesto al de la mancha solar dominante del hemisferio sur. Cuando comienza un
nuevo ciclo de 11 años, se invierte el sentido del campo magnético de las
manchas solares dominantes de cada hemisferio. Así pues, el ciclo solar
completo incluyendo la polaridad del campo magnético, dura unos 22 años.
Además, las manchas solares se suelen dar en la misma latitud en cada
hemisferio. Esta latitud varía de los 45 a los 5° durante el ciclo de las
manchas solares.
Como
cada mancha solar dura como mucho unos pocos meses, el ciclo solar de 22 años
refleja los procesos asentados y de larga duración en el Sol y no las
propiedades de las manchas solares individuales. Aunque no se comprenden del
todo, los fenómenos del ciclo solar parecen ser el resultado de las
interacciones del campo magnético del Sol con la zona de convección en las
capas exteriores. Además, estas interacciones se ven afectadas por la rotación
del Sol, que no es la misma en todas las latitudes. El Sol gira una vez cada 27
días cerca del ecuador, pero una vez cada 31 días más cerca de los polos.
Campo magnético
Gran
parte del campo magnético está fuera de las manchas solares. La ausencia de
penetración del campo magnético del Sol añade complejidad, diversidad y belleza
a la atmósfera exterior del Sol. Por ejemplo, la turbulencia a mayor escala en
la zona de convección empuja gran parte del campo magnético por encima de la
fotosfera hacia los extremos de las células de supergranulación. La radiación
de la capa que está exactamente encima de la fotosfera, llamada cromosfera,
sigue este modelo con claridad. Dentro de los límites supergranulares, se
lanzan en la cromosfera chorros de materia a una altitud de 4.000 km en 10
minutos. Las llamadas espículas están producidas por la combinación de la
turbulencia y los campos magnéticos en los extremos de las moléculas
supergranulares.
Sin
embargo, cerca de las manchas solares, la radiación cromosférica es más
uniforme. Estos lugares se denominan regiones activas y las áreas circundantes,
que han distribuido suavemente la emisión cromosférica, se denominan playas.
Las regiones activas son el lugar donde surgen las erupciones solares,
explosiones provocadas por la liberación muy rápida de la energía almacenada en
el campo magnético (aunque no se conoce el mecanismo exacto). Entre los
fenómenos que acompañan a las erupciones solares están los reajustes del campo
magnético, intensos rayos X, ondas de radio y la eyección de partículas
muy energéticas que a veces llegan a la Tierra, alterando las comunicaciones de
radio y produciendo fenómenos conocidos como auroras.
La corona
La
atmósfera solar exterior que se extiende varios radios solares desde el disco
del Sol es la corona. Todos los detalles estructurales de la corona se deben al
campo magnético. La mayor parte de la corona se compone de grandes arcos de gas
caliente: arcos más pequeños dentro de las regiones activas y arcos mayores
entre ellas. Las formas arqueadas y a veces rizadas se deben al campo
magnético.
En
los años cuarenta se descubrió que la corona es mucho más cálida que la
fotosfera. La fotosfera del Sol, o superficie visible, tiene una temperatura de
casi 6.000 K. La cromosfera, que se extiende varios miles de kilómetros
por encima de la fotosfera, tiene una temperatura cercana a los 30.000 K.
Pero la corona, que se extiende desde justo encima de la cromosfera hasta el
límite con el espacio interplanetario, tiene una temperatura de
1.000.000 K. Para mantener esta temperatura, la corona necesita un
suministro de energía.
La
búsqueda del mecanismo por el cual la energía llega a la corona es uno de los
problemas clásicos de la astrofísica. Todavía está sin resolver, aunque se han
propuesto muchas explicaciones. Las recientes observaciones del espacio han
mostrado que la corona es una colección de rizos magnéticos, y cómo se
calientan estos rizos se ha convertido en el foco principal de la investigación
astrofísica.
El
campo magnético también puede retener material más frío encima de la superficie
del Sol, aunque este material sólo permanece estable unos pocos días. Estos
fenómenos se pueden observar durante un eclipse como pequeñas regiones,
conocidas como protuberancias, en el mismo extremo del Sol, como joyas de una
corona. Están en calma, pero ocasionalmente entran en erupción, arrojando
material solar al espacio.
Viento solar
En
uno o dos radios solares desde la superficie del Sol, el campo magnético de la
corona tiene la fuerza suficiente para retener el material gaseoso y caliente
de la corona en grandes circuitos. Cuanto más lejos está del Sol, el campo
magnético es más débil y el gas de la corona puede arrojar literalmente el
campo magnético al espacio exterior. Cuando sucede esto, la materia recorre
grandes distancias a lo largo del campo magnético.
El
flujo constante del material arrojado desde la corona es conocido como viento
solar y suele llegar de las regiones denominadas agujeros de la corona. Allí,
el gas es más frío y menos denso que en el resto de la corona, produciendo una
menor radiación. El viento solar de los grandes agujeros de la corona (que
puede durar varios meses) es muy fuerte. Debido a la rotación solar, estas
regiones de fuerte viento solar, conocidas como corrientes de viento solar a
gran velocidad, suelen repetirse cada 27 días vistas desde la Tierra. El viento
solar provoca alteraciones que se pueden detectar desde el campo magnético de
la Tierra.
Evolución solar
El
pasado y el futuro del Sol se han deducido de los modelos teóricos de
estructura estelar. Durante sus primeros 50 millones de años, el Sol se
contrajo hasta llegar a su tamaño actual. La energía liberada por el gas
calentaba el interior y, cuando el centro estuvo suficientemente caliente, la
contracción cesó y la combustión nuclear del hidrógeno en helio comenzó en el
centro. El Sol ha estado en esta etapa de su vida durante unos 4.500 millones
de años.
En el núcleo del Sol hay hidrógeno suficiente para durar
otros 4.500 millones de años. Cuando se gaste este combustible, el Sol
cambiará: según se vayan expandiendo las capas exteriores hasta el tamaño
actual de la órbita de la Tierra, el Sol se convertirá en una gigante roja,
algo más fría que hoy pero 10.000 veces más brillante a causa de su enorme
tamaño. Sin embargo, la Tierra no se consumirá porque se moverá en espiral
hacia afuera, como consecuencia de la pérdida de masa del Sol. El Sol seguirá
siendo una gigante roja, con reacciones nucleares de combustión de helio en el
centro, durante sólo 500 millones de años. No tiene suficiente masa para
atravesar sucesivos ciclos de combustión nuclear o un cataclismo en forma de
explosión, como les ocurre a algunas estrellas. Después de la etapa de gigante
roja, se encogerá hasta ser una enana blanca, aproximadamente del tamaño de la
Tierra, y se enfriará poco a poco durante varios millones de años.
Bibliografía utilizada:
www.lafacu.com