Carlos I (de Inglaterra) (1600-1649), rey de Inglaterra,
Escocia e Irlanda (1625-1649), depuesto y ejecutado durante la Guerra Civil
inglesa.
El
acceso al trono
Nació en
Dunfermline (Escocia), el 19 de noviembre de 1600. Al ser el segundo hijo de Jacobo
I, Carlos se convirtió en heredero a la muerte de su hermano mayor Enrique, y
fue nombrado príncipe de Gales en 1616. En 1623, durante la guerra de los
Treinta Años, Carlos visitó España para negociar su matrimonio con la infanta
española María, que habría de servir como base para una alianza entre España e
Inglaterra. Sin embargo, cuando quedó claro que los españoles no tenían
intención de llevar a cabo esta alianza, comenzaron las negociaciones para la
boda con la princesa francesa Enriqueta María, e Inglaterra formó una alianza
con Francia en contra de España. En 1625, Carlos accedió al trono y se casó con
Enriqueta María, pero su matrimonio provocó las iras de sus súbditos
protestantes porque la reina consorte era católica.
El
enfrentamiento con el Parlamento
Carlos creía en
el derecho divino de los reyes y en la autoridad de la Iglesia anglicana. Estas
creencias le enfrentaron con el Parlamento y finalmente estalló una guerra
civil. Se dejó influir por su gran amigo George Villiers, duque de Buckingham,
a quien nombró secretario privado en contra de la opinión pública, y cuyos
planes de guerra acabaron ignominiosamente. Carlos disolvió tres parlamentos en
cuatro años, debido a la negativa de éstos a cumplir sus arbitrarias medidas.
Cuando el tercer Parlamento se reunió en 1628, presentó la llamada petición de
derechos, en la que se exigía que Carlos realizara ciertas reformas a cambio de
fondos para la guerra. Carlos se vio obligado a aceptar la solicitud. En 1629,
a pesar de que el asesinato de Buckingham había acallado las quejas del
Parlamento, Carlos lo disolvió y encarceló a varios líderes parlamentarios. El
Rey gobernó sin Parlamento durante los once años siguientes. Durante ese
tiempo, impuso préstamos, comisiones, impuestos y otras medidas económicas
extraordinarias con el fin de hacer frente a los gastos del gobierno.
En 1637, Carlos
trató de imponer la liturgia anglicana en Escocia, lo que provocó disturbios
por parte de los escoceses presbiterianos. No fue capaz de reprimir la
rebelión, y en 1640 convocó el llamado Parlamento Corto, con el fin de reclutar
un ejército y reunir el dinero necesario. Este órgano, que estuvo reunido
durante un mes (abril-mayo), rechazó sus peticiones, redactó una declaración de
quejas públicas e insistió en firmar la paz con Escocia. Obteniendo dinero por
diferentes medios, Carlos avanzó contra los escoceses, que habían cruzado la
frontera, dirigió su ejército hacia Newburn, y poco después ocupó Newcastle y
Durham. Una vez que se le acabó el dinero, el Rey se vio obligado a reunir a su
quinto Parlamento, conocido como el Parlamento Largo, en noviembre de 1640.
Presidido por John Pym, el Parlamento procedió contra los dos principales
consejeros del rey y aseguró el encarcelamiento y posterior ejecución de ambos,
el arzobispo de Canterbury, William Laud, y Thomas Wentworth, primer conde de
Strafford. En 1641, Carlos aprobó dos leyes que abolían los tribunales de
prerrogativas, prohibían los impuestos arbitrarios y aseguraban que el
Parlamento no sería disuelto sin su propio consentimiento. El Rey accedió
también a una mayor libertad religiosa para los escoceses. Poco después, Carlos
se vio implicado en una conspiración para asesinar a los líderes del pacto,
entre ellos Archibald Campbell, octavo conde de Argyll. Cuando visitó Escocia
en agosto de 1641, prometió a Campbell que se sometería a las peticiones del
Parlamento escocés. Estando aún en Escocia, el Rey tuvo conocimiento de una
rebelión en Irlanda en la que miles de colonos ingleses fueron asesinados. A su
regreso a Londres en el mes de noviembre, intentó que el Parlamento reclutase a
un ejército bajo sus órdenes, para reprimir la rebelión irlandesa. El
Parlamento, temiendo que esas tropas fueran utilizadas en su contra, se negó y
promulgó la que pasó a ser conocida como la ‘gran protesta’, una lista de
peticiones de reforma que incluía el derecho del Parlamento a aprobar los
nombramientos ministeriales del Rey. Carlos se presentó en la Cámara de los
Comunes con un grupo armado y trató de detener a Pym y a otros cuatro miembros.
El país se rebeló y el Rey huyó de Londres con su familia. Ambas partes se
levantaron en armas.
La
Guerra Civil y la decapitación de Carlos I
La primera
batalla de la Guerra Civil inglesa, ya inevitable, dio comienzo en Edgehill el
23 de octubre de 1642. Al principio, el triunfo pareció decantarse del lado
monárquico, pero tras una serie de derrotas, el propio Carlos se rindió al
ejército escocés el 5 de mayo de 1646. Al negarse a aceptar el
presbiterianismo, fue entregado (en junio de 1647) al Parlamento inglés. Más
tarde escapó a la isla de Wight, pero fue encarcelado allí. Por entonces, se
había producido una grave escisión entre el Parlamento y el Ejército. Oliver
Cromwell y sus seguidores obligaron al Parlamento a aprobar una ley sobre traición
para evitar futuras negociaciones con el Rey.
Finalmente,
después de que los parlamentarios moderados fueran expulsados por la fuerza por
los partidarios de Cromwell, los restantes legisladores, que formaron el
llamado Parlamento Rabadilla (Rump Parliament), nombraron un tribunal para
juzgar al Rey. El 20 de enero de 1649, dio comienzo el juicio en Westminster.
Carlos rechazó la legalidad del tribunal y se negó a declararse culpable. El 27
de enero fue sentenciado a muerte por tirano, asesino y enemigo de la nación.
Escocia protestó, la familia real suplicó y Francia y los Países Bajos
intercedieron, pero todo fue en vano. Fue decapitado en Whitehall (Londres) el
30 de enero de 1649. Posteriormente, Oliver Cromwell se convirtió en presidente
del Consejo de Estado, un organismo parlamentario que gobernó la nueva
Inglaterra republicana.