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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Los usos del lenguage.: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 5038 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Copi: Capítulo II. Los usos del lenguaje
II.1. Las tres funciones básicas del lenguaje
El lenguaje humano puede cumplir un multitud de funciones, pero todas o
casi todas pueden agruparse en tres grandes categorías. Esta clasificación es
una simplificación, pero es útil para el estudio del lenguaje. Estos tres usos
principales del leguaje son el informativo, el expresivo y el directivo.
El primero es el que intenta comunicar información (verdadera o falsa),
y se expresa generalmente mediante la formulación de proposiciones, su
afirmación y su negación.. El discurso informativo es el usado para describir
el mundo y razonar acerca de él. La ciencia ofrece los mejores ejemplos de
lenguaje informativo.
El segundo tiene como función la expresión y la comunicación de
sentimientos y actitudes personales del hablante. La poesía suministra los
mejores ejemplos, pero también pertenecen a esta categoría las exclamaciones,
las plegarias, etc. Al lenguaje expresivo no pueden aplicársele los criterios
de verdad y falsedad. En ocasiones, el lenguaje expresivo tiene como única
finalidad la expresión; en otras, intenta a la vez expresar los propios
sentimientos y despertar ciertas emociones en los oyentes.
El tercer uso del leguaje tiene como fin el originar o impedir una acción
manifiesta. Tiene sus ejemplos más evidentes en las órdenes y pedidos. Las
preguntas también se incluyen en esta categoría, ya que constituyen un pedido
de respuesta. Al igual que el discurso expresivo, el directivo no es ni
verdadero ni falso; todo lo que puede decirse de una orden es que es razonable
o irrazonable, adecuada o inadecuada.
II.2. El discurso que cumple funciones múltiples
La división anterior no puede aplicarse mecánicamente, porque en casi
todos los casos el lenguaje cumple más de una función. Esto no se debe
generalmente a una confusión del hablante, sino que responde al hecho de que
una comunicación efectiva exige cierta combinación de funciones.
El tipo de lenguaje que mayor combinación exige es el directivo, porque
salvo situaciones especiales, es difícil lograr la conducta buscada en el otro
simplemente impartiendo una orden. Se puede conseguir una determinada acción
con informaciones que muestren que tendrá buenos resultados, o con un discurso
expresivo que despierte en los oyentes el deseo de realizar la acción, o con
ambas cosas simultáneamente.
Otro uso mixto del lenguaje es lo que ha sido llamado función
ceremonial, que comprende desde los saludos convencionales hasta los documentos
de Estado y los ritos religiosos verbales. Puede ser analizado como una
combinación de funciones más que como una función separada: por ejemplo, la
charla de las reuniones sociales sirve para manifestar la sociabilidad
(expresión) y para que la otra persona nos tenga en buen concepto (dirección).
Un uso del lenguaje relacionado con el anterior es el de la función ejecutiva,
que parece informar de una acción pero en realidad la realiza. Algunos “verbos
ejecutivos” son “prometer”, “aceptar”, “bautizar”, etc., que al ser usados en
primera persona del singular cumplen una función ejecutiva.
II.3. Las formas del discurso
Las oraciones suelen clasificarse como declarativas, imperativas,
interrogativas o exclamativas. Hay quienes identifican la forma con la función
y piensan que las oraciones declarativas son informativas, las imperativas e
interrogativas, directivas y las exclamativas, expresivas. Pero esta
identificación no es correcta y conduce a confusiones. Muchas oraciones
declarativas, especialmente las que “informan” sobre deseos, tienen una función
directiva, y es común encontrar oraciones declarativas dentro de una obra
literaria, que tiene, naturalmente, una función expresiva. Existen oraciones
exclamativas que funcionan como pedidos, y preguntas que son más expresivas que
directivas (como las retóricas). Para apreciar adecuadamente un pasaje, y
resolver si puede ser verdadero o falso, justo o injusto, o correcto o
incorrecto, debemos determinar la función o las funciones que desempeña. Es
importante también saber discriminar entre la proposición que una frase formula
y lo que su enunciación revela sobre la persona que la dice. En general, no
existe ninguna técnica mecánica que permita distinguir el discurso informativo
y demostrativo de los otros tipos de discurso.
II. 4. Palabras emotivas
Para que una oración formule una proposición, sus palabras deben tener
un significado literal o cognoscitivo referido a objetos o acontecimientos y a
sus propiedades o relaciones.. Sin embargo, cuando expresa una actitud o un
sentimiento, algunas de sus palabras pueden tener también una sugestión o
impacto emotivo. Una misma palabra o frase puede tener simultáneamente una
significación literal y un impacto emotivo, que son totalmente independientes.
Por ejemplo, las expresiones “burócrata”, “empleado del gobierno” y “servidor
público” tienen idéntica significación literal, pero el significado emotivo de
la primera es negativo, el de la segunda neutra, y el de la tercera positivo.
La propaganda se vale a menudo de los significados emotivos de las palabras; la
poesía debe muchas veces su efecto a los significados emotivos de lo que dice y
no a los literales.
II.4. Tipos de acuerdo y de desacuerdo
En la medida en que una misma situación puede ser descripta con varias
frases distintas, que expresen actitudes muy distintas, se plantea el problema
de los distintos tipos de acuerdo y de desacuerdo que pueden existir ante una
situación. Dos personas pueden diferir acerca de si un suceso determinado ha
ocurrido o no, en cuyo caso tendrían un desacuerdo acerca de las creencias. Pero
también pueden estar de acuerdo sobre la realidad del suceso, pero valorarlo de
maneras distintas. La persona que lo aprueba lo describirá con términos que
expresen aprobación, mientras que la otra eligirá palabras que expresen
desaprobación. En este caso nos encontramos con un desacuerdo en las actitudes.
Respecto de cualquier cuestión, dos personas pueden estar de acuerdo o en
desacuerdo tanto en las creencias como en las actitudes, produciéndose así
cuatro posibilidades distintas: acuerdo o desacuerdo total, acuerdo sólo en
creencias o sólo en actitudes.
Para resolver ambos tipos de desacuerdos deben utilizarse métodos
distintos. Un desacuerdo de creencias se puede resolver buscando información,
interrogando testigos, etc. Un desacuerdo que únicamente de actitudes no puede
resolverse de esta manera, sino examinando las consecuencias de las acciones,
los motivos de éstas, y otros factores morales, o mediante el uso de la persuasión
retórica.
II.6. El lenguaje emotivamente neutro
Si bien existen casos como la poesía en los cuales el reemplazo de
lenguaje con efectos emotivos por otro emotivamente neutro desvaloriza el
texto, hay también otros en los cuales el lenguaje desprovisto de significado
emotivo es altamente preferible al que lo tiene. Esto ocurre especialmente
cuando nuestra intención es conocer la verdad acerca de algo, puesto que la
existencia de fuertes emociones sobre un tema dificulta su estudio objetivo. Es
por esto que la ciencia usa un lenguaje neutro y evita el lenguaje emotivo, que
no es malo en sí mismo, pero que distrae a la mente del objetivo de conseguir
información. El uso descuidado del lenguaje lleva fácilmente a falacias.
Unidad 1 - Lenguaje y ciencia
1.1. El lenguaje
1.1.1. Concepto y clases de lenguaje
Se llama signos a los fenómenos relacionables con otros fenómenos de
modo que su presencia nos trae a la mente los otros (por ejemplo, las nubes con
la lluvia). Estos fenómenos pueden tener una relación natural de causa-efecto o
una vinculación puramente arbitraria; en este último caso, son llamados
símbolos. Los símbolos siempre son dependientes de una convención tácita entre
los miembros de un mismo grupo.
El lenguaje es un conjunto de signos estructurados de manera que sirvan
a la comunicación. Que ésta se logre depende de diversos factores: un emisor,
un receptor, un mensaje, un canal o vía por la cual el mensaje es transmitido,
y un código en el cual se transmite el mensaje, que debe ser común al emisor y
el receptor. Las interferencias en la comunicación se conocen genéricamente con
el nombre de ruido.
Existen diversos tipos de lenguaje. El lenguaje natural es el que se
formó gradualmente a través del tiempo por una sociedad humana, de forma no deliberada.
Está caracterizado, como se verá más adelante, por la vaguedad y la ambigüedad.
Pero también existen lenguajes artificiales, que pueden ser técnicos o
formales; los primeros utilizan las palabras del lenguaje natural, pero
redifiniendo sus términos en forma más precisa, en tanto que los segundos
surgen cuando existe una gran exigencia de precisión que debe subsanarse con la
creación de un lenguaje enteramente nuevo en el que todos los vocablos tengan
definiciones exactas (p.ej.: el álgebra).
1.1.2. La semiótica y los niveles del lenguaje
La semiótica es la disciplina que estudia los elementos del proceso de
comunicación. Saussure dividió el concepto de lenguaje en dos partes: la
lengua, que es el sistema de signos y de reglas que los relacionan que utiliza
una comunidad, y el habla, que es el acto individual en el que se manifiesta la
lengua. La lengua se puede estudiar de dos maneras distintas. El enfoque sincrónico
la estudia en un momento particular (es el que sirve para confeccionar un
diccionario, por ejemplo). El enfoque diacrónico, por el contrario, se ocupa de
los cambios que sufre una lengua a través del tiempo (cambios en el significado
de las palabras, adición de nuevas palabras, cambio de reglas ortográficas,
etc.).
Cuando se realiza una investigación acerca de un lenguaje, se llama a
éste el leguaje
objeto y al lenguaje en el cual se expresan los resultados de la
investigación se lo denomina metalenguaje. El metalenguaje se considera
ubicado en un nivel superior de lenguaje que el lenguaje objeto, pero una
oración que hable de este metalenguaje estará a su vez en un tercer nivel, y
así sucesivamente. La jerarquía de lenguajes no tiene fin.
1.1.3. Sintaxis
La semiótica puede dividirse en tres partes diferentes: la sintaxis, la
semántica y la pragmática. La sintaxis estudia los signos mismos con independencia
de su significado. La gramática de un lenguaje, por ejemplo, se cae dentro del
campo de estudio de la sintaxis, porque trata de la forma “correcta” de
combinar sus símbolos. Cualquier lenguaje está formado por tres tipos de
elementos: un conjunto de signos primitivos, que son aquellos que no se definen
explícitamente mediante otros signos del mismo lenguaje (las palabras); un
grupo de reglas de formación, que determinan la manera de construir mensajes
con significado a partir de los signos primitivos (el orden correcto de las
palabras dentro de una frase, por ejemplo), y un grupo de reglas de derivación,
que permiten transformar algunas expresiones en otras de igual sentido (ejemplo:
el pasaje de voz activa a voz pasiva)
1.1.4. Semántica
La semántica es el estudio de los signos en relación a los objetos
designados, es decir, es el estudio del significado. La fuente del significado
aparece en nuestra niñez, cuando aprendemos los nombres de las distintas cosas
en el idioma del lugar donde nacemos. Luego aprendemos a usar el diccionario
para encontrar el “verdadero” significado de las palabras. Pero advertimos que
la relación entre una palabra y el objeto que designa no es de ningún modo
necesaria, ya que una misma cosa se puede designar de varias maneras distintas
en los distintos idiomas, o incluso dentro de un mismo idioma (los sinónimos).
Por lo tanto, no hay nombres verdaderos, sólo nombres comúnmente aceptados.
Pero tampoco los objetos a los que damos distintos nombres corresponden a una
división auténtica de la realidad, sino que al dar nombres a las cosas
parcelamos a la realidad cortándola en “trozos” lingüísticos según el interés
que sintamos por distintas partes del mundo. Esto se advierte por las distintas
clasificaciones que hay en los distintos idiomas.
En una clasificación se agrupan los objetos individuales en conjuntos o
clases, estableciéndose que un objeto pertenecerá a una clase determinada si
reúne ciertas características. Debe recordarse que no hay clasificaciones “reales”
o “verdaderas”, sino que todas son hechos culturales que se aceptan en función
de su utilidad.
Todos los signos poseen designado, que es el criterio para su uso. Pero
no todos ellos tienen lo que se llama denotado; para tenerlo, el designado debe
ser una parte de la realidad. El signo “hombre” tiene designado y denotado; el
signo “unicornio” tiene designado (un animal semejante a un caballo con un
único cuerno) pero carece de denotado, ya que este animal no existe. La
denotación de los conceptos abstractos es un problema más complicado, pero
puede decirse que la “blancura” (por ejemplo) denota mediatamente la clase de
los objetos blancos.
Los requisitos elegidos para llamar a un objeto con cierto nombre
(palabra de clase) son determinadas características eventualmente presentes en
el objeto. Estas partes de la descripción de un objeto que a su vez forman
parte del criterio del uso del vocablo que le corresponde se llaman
características definitorias. En cambio, las características cuya ausencia o
presencia resulta irrelevante para asignar determinado nombre al objeto se
llaman características accidentales o concomitantes. Hay que tener en cuenta
que ninguna característica es definitoria o accidental por sí misma, sino sólo
en relación con un nombre particular. La característica de ser un hombre que escribe
poesía es definitoria para el término “poeta” y accidental para el término “verdulero”.
La falta de precisión en el significado (la designación) de una palabra
se llama vaguedad. Una palabra es vaga cuando hay casos en los cuales su
aplicabilidad es dudosa. Por ejemplo, la palabra “ciudad” es vaga en tanto no
sepamos cuántos habitantes debe tener un “pueblo” para convertirse en una
ciudad. Para cada palabra existe un conjunto central de casos en los que el
nombre resulta claramente aplicable, y otro conjunto infinito de casos externos
a los cuales en ningún caso aplicaríamos la palabra; pero entre ambos existe un
“cono de vaguedad” en el cual nuestros criterios resultan insuficientes y se
requiere una decisión adicional para decidir la aplicabilidad del concepto.
Otro problema de las palabras es que además de vaguedad pueden poseer
ambigüedad o polisemia, esto es, el mismo símbolo tiene más de un significado
(ejemplos: vela, partido, navegar). En la mayor parte de los casos la
ambigüedad no causa mayores problemas porque el contexto determina por sí solo
el significado correcto de la palabra; en cuanto a la vaguedad, debe señalarse que
es hasta cierto punto necesaria, porque una precisión excesiva complicaría indebidamente
la comunicación.
Sin embargo, en ocasiones el lenguaje científico requiere un nivel
menor de vaguedad y ambigüedad que el cotidiano, y es por esto que se inventan
el lenguaje técnico y el formal. En algunos casos se inventan términos
absolutamente nuevos, en otros se redefinen en forma más precisa los ya
existentes.
Esto nos lleva al problema de las definiciones, que son los actos por
los cuales se indica el significado de las palabras. A veces se distingue entre
las definiciones nominales (que definen una palabra) y las definiciones reales,
que supuestamente definen una cosa. Como las definiciones reales plantean problemas
metafísicos, no las consideraremos aquí. Existen distintas maneras de
clasificar las definiciones nominales:
a) Definiciones verbales y ostensivas. Las primeras comunican el
significado de una palabra usando otras palabras (como las definiciones de
diccionario), mientras que las segundas señalan uno o varios ejemplos de
objetos incluidos en la designación de la palabra. La primera es por lo general
mejor, ya que reduce la posibilidad de error, pero las definiciones ostensivas son
imprescindibles para empezar el estudio de un lenguaje y para definir conceptos
sensoriales como “rojo” y “dulce”.
b) Definiciones intensionales y extensionales. Las primeras definen por
designación, es decir, indicando el significado del concepto en cuestión. Las
segundas definen por denotación, enumerando todos los objetos existentes en esa
categoría. La definición intensional es por lo general preferible, puesto que no
hace falta cambiarla cada vez que se encuentra un objeto nuevo que pertenezca a
la misma categoría que los otros.
c) Definiciones informativas y estipulativas. Las primeras hablan sobre
un hecho objetivo (una costumbre lingüística), porque tienen la forma: “En el idioma
A, la palabra X significa Y” (explícita o implícitamente). Nótese que pueden
ser verdaderas o falsas. Las segundas simplemente establecen el significado
particular que dará el emisor a la palabra en cuestión en su discurso. El no
distinguir entre ambos tipos de definiciones puede llevar a confusiones o a
caer en falacias.
Para terminar el tema de la semántica, diremos que las oraciones son
secuencias significativas de palabras; que las oraciones descriptivas se
refieren a estados de cosas, y que una proposición es el significado de una
oración descriptiva una vez abstraído de las palabras concretas que lo indican.
Dos oraciones de igual significado pronunciadas en distintos idiomas son
ejemplos de la misma proposición.
1.1.5. Pragmática
La pragmática es la disciplina que estudia el discurso como un acto
humano dirigido a la producción de ciertos efectos. Puede definírsela más
ampliamente como la parte de la semiótica que trata del origen de los signos,
de sus usos y de los efectos que ellos producen en la conducta dentro de la
cual aparecen.
Las funciones del lenguaje son los distintos usos que puede tener según
la influencia que se intenta causar en el receptor. Las principales son:
a) La función descriptiva, que se usa para llevar a la mente del
receptor determinada proposición. Se usa para discutir y razonar acerca del
mundo, y procede normalmente relacionando propiedades con sujetos. Sus
proposiciones pueden ser verdaderas o falsas.
b) La función directiva, que es la cumplida por expresiones que se
emplean para provocar en otra persona ciertos comportamientos. No guarda
relación con los valores de verdad.
c) Función expresiva. La cumplen las combinaciones lingüísticas que sirven
para manifestar sentimientos o emociones. Al igual que el caso anterior, una
expresión que cumple esta función no es verdadera ni falsa.
d) Función operativa. En ella el lenguaje no describe, ordena o expresa
nada, sino que realiza por sí mismo un cambio en la realidad. El saludar, el
absolver, el despedir son ejemplos. Una vez más, estas expresiones no son ni
verdaderas ni falsas.
No debe olvidarse que en la mayoría de los casos las funciones del
lenguaje se encuentran entremezcladas, de modo que siempre hay que tener en
cuenta el contexto de una expresión para decidir su función en ese caso
particular.
Los efectos emotivos del lenguaje son las asociaciones que algunas
palabras tienen con determinadas reacciones emotivas. Pueden derivar de
condicionamientos individuales del receptor o ser fenómenos sociales. La capacidad
de una palabra de causar ciertas reacciones en las personas se conoce como
significado emotivo, que debe distinguirse del significado descriptivo. El
hecho de que palabras que significan lo mismo puedan tener asociaciones
emotivas tan distintas como las palabras “médico” y “matasanos” es usado a
menudo en la propaganda, la literatura y el humor.
Por último, debemos considerar las definiciones retóricas o
persuasivas, que no son otra cosa que cambios en la definición estipulativa de
una palabra para apoderarse de su significado emotivo. Por ejemplo, un gobierno
represivo que defina la “democracia” de forma que pueda presentarse verazmente
como democrático, por la fuerte connotación positiva de esta palabra.
Sección 1.2. El saber y la ciencia
1.2.1. Conocimiento y creencia
Las palabras “saber” y “conocer” tienen diversos significados, pero se
utilizarán aquí en el sentido de que “conocer” significa una relación entre el
sujeto que conoce y la verdad de una proposición, siendo así las proposiciones
verdaderas el objeto del conocimiento. Pero el conocimiento tiene también
un elemento subjetivo, que es la creencia. Esta es un estado de conciencia en
el cual nos sentimos poseedores de saber. Entendemos la creencia como
equivalente a la creencia en que determinada proposición es verdadera. No se
puede conocer lo falso, pero tampoco conocer lo que no se cree. Para decir que
conocemos la verdad de una preposición necesitamos dos condiciones: que esta
sea efectivamente verdadera y que creamos que lo es.
Se plantea entonces el problema ¿cómo saber que una proposición creída
es verdadera? ¿Cómo diferenciar la creencia del conocimiento? Mediante la prueba
o justificación
suficiente de una creencia, que son las circunstancias que nos hacen
elevar una creencia al rango de conocimiento.
Pero esto trae nuevos problemas. La prueba de un hecho siempre es otro
hecho distinto de éste, del cual puede exigirse a su vez otra prueba, y así
hasta el infinito. La única manera de eludir este resultado es en apariencia
suponiendo la existencia de enunciados incorregibles, que no necesitan prueba.
Pero aún nuestras creencias más firmes (como las de los hechos de la
experiencia) pueden estar equivocadas. Una solución mejor es, por el contrario,
el dar a la palabra “conocimiento” un significado más débil. En este sentido,
quien afirme saber algo considerará su creencia como pasible de refutación y no
como incontrovertiblemente cierta; para llamar a su creencia “conocimiento” se
conformará con ciertos elementos de juicio considerados suficientes.
1.2.2. Formas de conocimiento
Cuándo se pregunta cuáles son los elementos de juicio que nos permiten
decir que “sabemos” algo, existen tres respuestas que son las principales:
a) La experiencia. Es la fuente básica de conocimiento. Sabemos algo
por experiencia cuando el estado de cosas descripto por la proposición ha caído
bajo la acción de nuestros sentidos.
b) La razón. Podemos no tener experiencia directa del hecho en
cuestión, pero razonar, basándonos en otros hechos, que debe ser verdadero. El razonamiento
es el proceso por el cual se pasa del conocimiento de algunas verdades al
conocimiento de otras, y las reglas que lo rigen se llaman método. En algunos casos el
razonamiento se basa en la experiencia, en conocimientos empíricos; en otros,
es independiente de ella (por ejemplo: las matemáticas) y se llama razonamiento formal.
c) La autoridad. Se apela al argumento de autoridad cuando el
conocimiento se ha recibido de otra persona, en vez de ser elaborado por uno
mismo. Siendo una fuente derivada de conocimiento (que depende tanto de las
razones o experiencias del otro como de su sinceridad y de mi buena recepción
de su mensaje) no goza de mucha confianza. Sin embargo, resulta imprescindible,
ya que son muy pocas aquellas proposiciones que podemos verificar directamente,
ya sea por experiencia o por razonamiento. Aparte de confirmar lo que
escuchamos o leemos, lo único que podemos hacer para no ser engañados por las
“falsas autoridades” es, por un lado, confiar en aquellas que son prestigiosas
y objetivas, y, lo que es más importante, exigir a nuestras autoridades cuál es
su
fuente de conocimiento, y si esta es también la autoridad pedir la de ésta, y
así hasta llegar a un fundamento racional o empírico. Esto es, recordar que la
autoridad es sólo fuente de conocimiento derivada, no originaria.
Existen otros casos en los cuales para justificar un conocimiento no se
recurre a ninguna de estas razones, sino a la intuición, esto es, la
certidumbre emocional de la verdad de una proposición. Sin embargo, esto puede
criticarse sobre la base de que el mero estado mental en ningún caso basta para
asegurar que se posee conocimiento, sino que debe apelarse a elementos de
juicio externos a la propia creencia. A pesar de que las discusiones sobre si
la intuición puede ser fuente de conocimiento metafísico (no empírico) no
alcanzan la unanimidad absoluta, parece claro que la ciencia debe basarse en la
verificación de las creencias, y por lo tanto no puede aceptar la intuición
como fuente de conocimiento.
También suele apelarse a la fe, especialmente para justificar las
creencias religiosas. Sin embargo, la fe es también un estado mental (una
creencia muy fuerte) y por lo tanto no sirve como justificación de que esta
creencia es verdadera. Esto no significa que las creencias religiosas no sean
verdaderas, sino simplemente que no constituyen conocimiento, en el sentido en
que usamos la palabra.
1.2.3. Conocimiento necesario y conocimiento empírico
Algunas proposiciones no planten mayores problemas para determinar su
verdad o falsedad. El caso extremo lo constituyen las proposiciones necesariamente
verdaderas (cuya falsedad es imposible) y las proposiciones necesariamente
falsas (cuya verdad es imposible). La mayor parte de las
proposiciones pertenecen a estas categorías; no son ni necesarias ni
imposibles, y se llaman proposiciones contingentes.
La necesidad y la imposibilidad se dan en distintos planos: el técnico
(algo que es posible en teoría pero irrealizable en la práctica es técnicamente
imposible), el empírico (algo es obligado o imposibilitado por las leyes de la
naturaleza) y el lógico, que es el más importante. Una proposición lógicamente imposible
es aquella que contiene una descripción autocontradictoria; una proposición
lógicamente posible es aquella que contiene una descripción no contradictoria,
aunque puede ser falsa de hecho, y una proposición lógicamente necesaria es
aquella cuya negación es autocontradictoria. Ejemplos son: “Los porteños no son
porteños”, “Los precios bajan constantemente” y “Todas las mesas son mesas”,
respectivamente. Las proposiciones lógicamente necesarias se llaman a veces verdades de
razón, y las lógicamente posibles se llaman verdades de hecho. Como las
primeras se pueden conocer independientemente de la experiencia (dependen
solamente de las definiciones de las palabras) se dice también que son
cognoscibles a priori, en tanto que las verdades contingentes serían
cognoscibles únicamente a posteriori, esto es, después de
determinadas experiencias. El
conocimiento a posteriori se llama también conocimiento empírico.
1.2.4. El conocimiento científico
Algunos de nuestros conocimientos se denominan conocimientos científicos.
Las características que debe tener un conocimiento para caer dentro de esta
categoría son básicamente tres: debe ser general, social y legal. La
generalidad significa que el conocimiento científico se interesa por los
enunciados referidos a una multitud de casos, nunca a hechos particulares.
Estos últimos cuentan sólo como ejemplos o casos de una clase de hechos, que es
la que interesa al científico. El elemento social se relaciona con que el
conocimiento científico debe ser comunicable en proposiciones descriptivas y no
inefable, y además debe ser verificable, esto es, debe haber experiencias
repetibles por distintas personas que lo comprueben o lo refuten. El elemento
legal de la ciencia aparece en la forma en que se expresan sus conocimientos;
las proposiciones científicas no son meramente generales (refiriéndose a muchos hechos pasados) sino que también
pretenden predecir los hechos futuros del mismo tipo. Las leyes describen el
comportamiento de la realidad, pero debe tenerse en cuenta que existe en toda
ciencia una jerarquía de leyes, cada una
de las cuales explica los hechos y leyes de niveles inferiores.
1.2.5. Concepto y características de la ciencia
El conocimiento científico, entonces, se presenta en conglomerados de
hipótesis, de leyes o de conjuntos de leyes que buscan comprender ciertos
sectores del universo. Pero debe tenerse en cuenta que la separación entre las
distintas ciencias particulares es hasta cierto punto arbitraria, hecha por los
seres humanos para un estudio más adecuado de la realidad. Una ciencia puede
definirse como una agrupación de conocimientos científicos ordenados sistemáticamente.
Dos conceptos que resumen las pautas de las que se vale la ciencia para cumplir
su objetivo son la precisión y el método.
La precisión científica se logra mediante la introducción de términos definidos
estipulativamente, con lo cual maneja un lenguaje técnico, o mediante la
creación de lenguajes nuevos compuestos de símbolos arbitrarios (lenguaje
formal). La precisión no llega nunca a un nivel absoluto, pero la eliminación
de la ambigüedad y la vaguedad se realiza en la medida en que es necesaria para
la investigación. Otra consecuencia del afán de precisión es la paulatina
matematización de la ciencia, su deseo de medir con la mayor exactitud posible
todos los fenómenos.
La ciencia es también una actividad metódica, en el sentido de que
existen ciertos procedimientos reconocidos que le permiten obtener los
resultados deseados. Uno de los más importantes es el que permite partir de
ciertos datos o premisas para extraer las conclusiones pertinentes.
1.2.6. Ciencia formal y ciencia empírica
Existen muchas clasificaciones posibles de los distintos tipos de
ciencias existentes, pero una de ellas ha sido reconocida como la más útil. Se
trata de la distinción entre ciencias formales y ciencias empíricas o fácticas.
El objeto de estudio de las ciencias fácticas es una determinada
porción de la realidad, es decir, son siempre los hechos. Parten de la
experiencia, y su objetividad, si bien discutida, se basa en la descripción de
objetos externos. Por el contrario, el objeto de las ciencias formales no forma
parte de la realidad sensible, sino que son los conceptos abstractos,
elaborados directamente por la mente del hombre. Esta diferencia de objeto
provoca una diferencia en la fuente de sus conocimientos respectivos: las
primeras tienen su base en la experiencia (combinada con el razonamiento) y las
segundas en el razonamiento puro. La utilidad de una ciencia formal (p.ej.: la
matemática) está en que permite manejar mejor y con más orden nuestros
conceptos sobre la realidad. En cuanto a la forma que tienen las ciencias de
demostrar sus conocimientos, las primeras apelan a la verificación empírica
(que siempre es falible y provisional) y las segundas a la deducción a partir
de las premisas de un sistema lógico. El siguiente cuadro resume las
diferencias:
|
Aspecto |
Ciencia empírica |
Ciencia formal |
|
objeto |
realidad sensible |
abstracción |
|
fuente |
experiencia |
razonamiento |
|
demostración |
confirmación, refutación |
verificación lógica |
|
utilidad |
directa |
indirecta |
1.2.7. Vaguedad, prestigio y evolución
Debe señalarse que el concepto de “ciencia”, como todos, tiene algo de
vaguedad. Existen muchas actividades que se autocalifican como científicas sin
llenar todos los requisitos del punto 1.2.4. En general, una ciencia atraviesa
seis etapas sucesivas en su progreso. Estas son: la fase descriptiva, la
taxonómica (clasificatoria), la legal (descubrimiento de leyes), la cuantificación,
la formalización (matemática) y la axiomatización (construcción de un sistema
formal). Pero debe tenerse en cuenta que algunas ciencias no han pasado por
todos estos períodos; quizás la única que lo ha hecho es la física.
Trabajo
de IPC
Resumen
de las guías de la materia
Integrantes: Pablo Aire
Adrián Gutman
Jonás Mosse
Alejandro Satz
Introducción
al pensamiento científico
6º año, división “A”
Colegio Nacional de Buenos Aires
1998
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