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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La Iglesia cristiana durante la Temprana Edad Media.: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 822 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia > |
La
Iglesia cristiana durante la Temprana Edad Media
En la gran crisis que
siguió a la caída del Imperio Romano de Occidente, la Iglesia consiguió
mantener su organización y adquirió un inmenso prestigio. A partir de entonces,
su papel en la vida de occidente fue de primera magnitud. Junto a los reinos
romano - germánicos, inestables y a veces anarquizados, la Iglesia afirmaba su
organización internacional y centralizada, porque, mientras más crecía su área
de acción, más importancia adquiría el obispo de Roma, a quien reconocían ya
como potestad suprema otros muchos de los obispos.
De
este modo, la Iglesia parecía conservar la tradición del Imperio Romano; no
sólo era Roma su centro, sino que su división regional y administrativa
coincidía con la antigua división imperial; pero además mantenía la tradición
del Imperio en cuanto conservaba la idea de que, pese a la diversificación de
los distintos reinos germánicos, seguía existiendo una unidad en el Occidente:
la unidad espiritual basada en la comunidad de la fe.
La conversión de los
bárbaros al cristianismo
Ya antes de San
Gregorio la Iglesia había obtenido dos triunfos importantes con las
conversiones de los francos, en la época de Clovis, y de los visigodos, en
tiempos de Recaredo; el siglo VI había sido, pues, fértil en conquistas
espirituales para la Iglesia, que contaba ahora con la adhesión de los dos
reinos romano - germánicos más importantes.
Por
su parte, San Gregorio se preocupó por lograr la conversión de los
anglosajones; enviado por él, el monje Agustín predicó la doctrina cristiana en
los reinos sajones y logró los primeros éxitos, fundando luego el arzobispado
de Canterbury. Más tarde fueron convertidos también los anglos.
Finalmente, en el
siglo VIII y con el auxilio de los Heristal, el papado emprendió la conversión
de las otras conversiones germánicas que permanecían en el paganismo,
especialmente los sajones; el triunfo de sus planes se debió a la tesonera
acción de San Bonifacio y al apoyo de los conquistadores francos.
Origen del poder
temporal de los papas
Con la conversión de
todos los pueblos germánicos, la Iglesia vio colmada sus aspiraciones
espirituales; pero desde el siglo V se advertían también los signos de sus
pretensiones territoriales, pretensiones que estimularon algunas de las
circunstancias ya señaladas. En efecto, en el siglo VIII, el papado poseía de
hecho la religión italiana de Ravena que, de derecho, pertenecía al Imperio
Bizantino. Cuando, por esa misma época, los lombardos querían apoderarse de
territorios, el papado recurrió al auxilio de los reyes francos, quienes
obligaron a los lombardos a contener sus impulsos; fue entonces cuando Pipino
el Breve otorgó al papado en propiedad la región que ya poseía de hecho, basado
en su derecho de conquista y en una donación que Constantino habría hecho a la
Iglesia al legalizar su existencia en el siglo IV. Desde entonces el papado fue
un estado entre los varios que actuaron en Italia y, por ello, debió afrontar
todas las situaciones que la soberanía traía consigo: Alianzas y hostilidades
pusieron al papado en un mismo plano con los poderes laicos.
La Iglesia y el estado
civil; las obras sociales y la vida intelectual
La tesis que quería
establecer Gregorio VII estaba forzosa - mente impuesta por la doctrina cristiana
si se las llevaba a sus últimas consecuencias.
Pero si esta doctrina
llegó a tener posibilidades de triunfo, fue por el prestigio que alcanzó la
Iglesia en la alta Edad Media. Cuando el poder civil estaba en manos de una
aristocracia guerrera que ignoraba o aprovechaba la miseria de los
desheredados, la Iglesia era la única que, por sus recursos y su autoridad
moral, podía atenuar los males de las clases menesterosas.
La Iglesia, en efecto,
cumplió esta misión. Sostuvo hospitales, asilos y se preocupó por el socorro de
los necesitados mediante la distribución de limosnas o de socorros adecuados
cuando la miseria o las enfermedades acrecentaban las ya desgraciadas
condiciones de vida de los desposeídos; así, en la Iglesia se divisaba una
esperanza para esas gentes que todo lo que esperaban de ella y que, en cambio,
seguían sus consejos y se sumaban a sus opiniones proporcionándole una
influencia social incontrastable.
También obtuvo la
Iglesia su prestigio por la
superioridad intelectual del clero; en los monasterios estaban las únicas
personas que se preocupaban por el estudio, y el poder civil debía recurrir a
ellas cada vez que necesitaba fundar una actitud en antecedentes jurídicos o
doctrinarios o resolver un grave problema que exigiera maduros conocimientos.
Así, pese a sus desviaciones transitorias, la Iglesia constituía el reducto de
las formas más altas de la vida espiritual y así debía reconocerlo el poder
civil que no siempre podía competir con ella en cuanto a prestigio moral.
Bibliografía: Historia de la Antigüedad y de la Edad
Media - José
Luis Romero
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