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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: Literatura española del siglo XVIII: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 12528 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
Estudio preliminar y notas: Alicia María Zorrilla
B siglo XVIII es, en toda Europa, una época de notables cambios y reformas que se caracteriza por un análisis intelectual de la naturaleza humana y por el anhelo de saber.
En cada país, los intelectuales estimulan ese proceso de renovación.
En Francia se reúnen en torno del llamado enciclopedismo, en Inglaterra, surgen clubes, en los países germánicos, el movimiento se denomina Aufklärung, que significa "ilustración" o "iluminación''.
El Siglo de las Luces o Ilustración es una "corriente filosófica un tanto optimista, en virtud de la cual se confiaba en el poder de la razón humana y en la bondad natural del hombre, afectando a las costumbres, educación y legislación, promoviendo la filantropía y la tolerancia religiosa, y preocupándose por el estudio de la naturaleza, las ciencias, los asuntos políticos y económicos e instituciones aptas para fomentar e) bien de la humanidad".
Las distintas monarquías se hallan orientadas hacia el despotismo ilustrado, ya no de "derecho divino", que adquiere auge en la segunda mitad del siglo con la fórmula: ''Todo para el pueblo, pero sin el pueblo", principio que se refería a la restauración de la riqueza nacional y a la mejora moral e intelectual del pueblo.
País
REINADO
Francia
Luis XV
La dinastía Hannoveriana:
Gran Bretaña
Jorge; Jorge III, Jorge III
Federico Guillermo 1
Prusia
Federico II
María Teresa
imperio Austro-húngaro
José II
Casa de Borbón-Anjou.
España
Felipe V, Fernando VI,
Carlos III, Carlos IV.
Se generaliza el interés por la ciencia aplicada y por los problemas económico-políticos, y se multiplican las academias en diversos países; en ellas se reúnen espíritus escogidos, amantes de las letras y las artes. Además, un profundo espíritu crítico, principal timbre del siglo, anima la obra de reconstrucción de los más distinguidos pensadores.
Francia ocupa en este siglo una brillante posición frente al resto de los estados europeos. Su nombre es sinónimo de cultura y, desde su intervención en la independencia de los Estados Unidos, sinónimo de libertad.
La Ilustración quiere reunir todos los conocimientos científicos y hacerlos asequibles a los grandes círculos. El órgano que difunde la filosofía y la ciencia es la Enciclopedia. B primer representante de este movimiento es Pierre Bayle (1647-1706), autor del Dictionnaire historique et critique. La Enciclopedia debía ser la traducción de un diccionario inglés, pero Denise Diderot, al advertir que el vocabulario inglés poseía demasiadas lagunas como para servir de modelo, decide redactar el plan de una obra de absoluta originalidad. El segundo redactor es Jean Le Rond d'Alembert, uno de los más destacados matemáticos de Francia. El objetivo de los autores es exponer en forma constructiva todo cuanto constituye la unidad íntima de la cultura y del pensamiento humano,
En la Enciclopedia colaboran con sus artículos, entre otros, Montesquieu, Quesnay, Turgot, Buffon, Voltaire, Marmontal y Holbach. Los temas de dichos artículos giran en torno de la Filosofía, la Religión y la Literatura.
El título completo de la obra es Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers (1751-1780) y consta de treinta y cinco volúmenes.
El comienzo del siglo XVIII coincide en España con la instauración de la dinastía borbónica, que procede de una antigua casa feudal francesa que tomó su nombre del castillo de Bourbon (en el Bourbonnais), señorío que ya existía en el siglo VIII.
La nueva casa reinante da otra orientación a la política interior y exterior españolas. Además, su procedencia explica la estrecha relación que nace entre España y Francia.
Desde el punto de vista histórico, la España en la que viven Samaniego e Iriarte se caracteriza por una acentuada decadencia política y cultural, aunque surgen mejoras en el orden económico y social.
Felipe V (1700-1724): Hijo segundo del Gran Delfín, recibe de su abuelo, Luis XIV, el título de duque de Anjou. Su reinado es beneficioso para España, pues durante el mismo el país resurge de la postración en que se hallaba al morir el último de los Austria, Carlos II (1665-1700). Las letras continúan en decadencia, aunque se llevan a cabo importantes creaciones: la Biblioteca Real (hoy Biblioteca Nacional de Madrid), en 1712, y la Real Academia Española, en 1713.
Felipe modifica la sucesión al trono establecida en las Partidas, de Alfonso el Sabio, con la publicación del Auto Acordado (1713), que excluye del trono a las mujeres mientras vivan descendientes varones del rey en línea directa o colateral.
Desde el punto de vista industrial, comienzan a funcionar fábricas de tejidos y tapices. Además, el rey manda construir, para su solaz, un palacio en el real sitio de San ldelfonso (La Granja), en tierras segovianas de Balsain, a imitación del de Versalles. Trabajan, a su servicio, pintores, escultores y jardineros franceses, así como tejedores flamencos y arquitectos italianos.
Luis I (1724): Hijo de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya. Su reinado es efímero, debido a unas viruelas que acaban con su vida cuando sólo cuenta dieciséis años.
Segundo reinado de Felipe V (1724-1746): Se caracteriza, desde el punto de vista político, por las ambiciones monárquicas de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, respecto de sus hijos Carlos y Felipe, Se lleva a cabo la fundación de la Academia de Medicina (1734), el Jardín Botánico, en Madrid, y el Observatorio Astronómico (1735), en Cádiz; la Academia de la Historia (1738) y la Academia de Bellas Artes de San Fernando (1744): La Real Academia Española publica el Diccionario de Autoridades (1726-1739) y la Ortografía (1741).
Fernando VI (1746-1759): Hijo de Felipe V y María Luisa Gabriela de Saboya, estimula la economía del país y fomenta las ciencias, las bellas letras, la música y la pintura. Su reinado constituye el más largo período de paz de que disfrutó España desde la época de Felipe II.
Carlos III (1759-1778). Hijo de Felipe V e Isabel de Farnesio. Se destaca por su cultura y es influido por las ideas enciclopedistas de su tiempo. Introduce en España el despotismo ilustrado. Dos acontecimientos de suma importancia se producen durante su gobierno: el motín de Esquilache (1764), y la expulsión de los jesuitas (1 de abril de 1767) de España y de todas sus colonias. El monarca fomenta el desarrollo de las ciencias, de las letras y las artes; crea las Sociedades Económicas de Amigos de/ País; funda las Compañías de Comercio con Indias y el Banco de San Carlos; estimula el progreso industrial (manufacturas de tapices, telas, alfarería fina, vidrios, etc ). Su ministro Campomanes recomienda que se traduzcan y circulen por España los artículos de la Enciclopedia sobre artes y oficios.
En 1771, la Real Academia Española publica su Gramática.
Carlos IV (1778-1808): Hijo de Carlos III y de Maria Amalia de Sajonia, Reina durante un período en que Europa está conmocionada por las ideas de la Revolución Francesa. Reprime los abusos de los acaparadores de granos y favorece el desarrollo de la ciencia y del trabajo,
Este reinado es absorbido por la privanza de Godoy, favorito de la reina Maria Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Firma éste un tratado de alianza ofensiva y defensiva con la República Francesa, cuya consecuencia es una guerra con Inglaterra y la pérdida de la flota española en Trafalgar. La omnipotencia de Godoy provoca la formación de un partido en torno del príncipe de Asturias, más tarde Fernando VII. En medio de intrigas familiares, Napoleón se convierte en árbitro de España. La corte se traslada, entonces, a Aranjuez con el propósito de partir desde allí a Sevilla y luego viajar a América. Cuando el pueblo conoce estos proyectos se amotina en Aranjuez (1808) y pide la destitución de Godoy. Carlos IV accede y, finalmente, debido a su creciente impopularidad, deja el trono en manos de su hijo Fernando.
La historia. En este siglo, la Historia deja de ser literaria para convertirse en documental, erudita y crítica. Se crea la Rea/ Academia de la Historia, se lleva a cabo la empresa de un Diccionario histórico critico de España y se publica la España Sagrada, del Padre Enrique Florez (1702-1773), en veintinueve volúmenes.
La arqueología. Los estudios paleográficos empiezan en este siglo con la publicación de la Biblioteca Nacional de Polygraphia española, del archivero de la Catedral de Ávila, Cristóbal Rodríguez.
Como Carlos III, cuando era rey de Nápoles, había iniciado las excavaciones de Pompeya y Herculano, corre por su reino la afición a las antigüedades y se excava en la Península (Termes, Numancia) y en América (Palenque, Trujillo).
La economía. El mercantilismo se inicia en España en el siglo XVI. A esta tendencia pertenece Jerónimo de Uztáriz, autor de Theoria y práctica del comercio y de la marina (1724).
El siglo XVIII reacciona contra esa tendencia y se abre paso al liberalismo económico, al que contribuyen el marqués de Ensenada, Floridablanca, Campomanes y Jovellanos. Las ideas de la escuela fisiocrática se advierten en la discusión de la Ley agraria, en la que descuella el Informe en el expediente de la Ley agraria, escrito por Gaspar Melchor de Jovellanos.
El derecho y la sociología. Tiene personalidad el derecho genuinamente nacional. Se crean Academias de Derecho. Se publican obras como las Cartas, de Cabarrús; los Discursos, de Campomanes; y las Empresas políticas, de Pozuelo.
Desde el punto de vista sociológico, Campomanes cifra el porvenir de España en su desarrollo económico, y Jovellanos relaciona el derecho a la vida con el derecho al trabajo.
Las ciencias exactas, físicas y naturales. Resurge la ciencia española. Los reyes de la Casa de Borbón traen a España investigadores extranjeros. Se destacan como naturalistas: Antonio José Cavanilles, autor de una Historia Natural del Reino de Valencia, José Celestino Mutis, que estudia la flora y la fauna de Nueva Granada (Colombia) y funda los observatorios astronómicos de Bogotá y Madrid; y Félix de Azara, explorador de América Meridional. Entre los geógrafos, se destaca Isidoro de Antiflón.
Se crea el Depósito de Hidrografía (1797), donde se coleccionan mapas, descripciones de viajes, etc. El geógrafo Tomás López publica una Colección de Mapas de las provincias de España, y Villaseñor, Alcedo Herrera y Alcedo Bajarano, obras sobre geografía americana.
El matemático Jorge Juan redacta el Examen marítimo y Compendio de Navegación y funda el Observatorio Astronómico de Cádiz (1754). Además, son notables los viajes científicos y de exploración de la Armada española en expediciones dirigidas por Alejandro Malaspina y José de Bustamante, desde el Río de la Plata, por el Cabo de Hornos, hasta Alaska y mares de Oceanía.
Entre los médicos descuellan Balmis y Salvá
La pedagogía. El Padre Martín Sarmiento (1695-1772) defiende, en Educación de los niños y Educación de la juventud, el método intuitivo y las lecciones de cosas, y se declara partidario de la enseñanza simultánea de la lectura y la escritura,
Carlos III, verdadero protector de la enseñanza pública, creó en 1770 los Reales Estudios de San Isidro. De esta época es el importante documento pedagógico titulado Discurso sobre la Educación popular de los artesanos y su fomento, cuyo autor es Campomanes, y la tradición caligráfica se mantiene con Torío de la Riva, autor de Arte de escribir por reglas y con muestras (1798). En 1806 se abre en Madrid, bajo la protección de Godoy, el Real Instituto Militar Pestalozziano.
Gaspar Melchor de Jovellanos publica su Memoria sobre educación pública. La enseñanza secundaria se imparte en los colegios mayores y menores, y en las escuelas de latinidad. La enseñanza universitaria es un recuerdo de a francesa, ya que se orientan los estudios superiores hacia el cultivo y desarrollo de las ciencias experimentales y positivas, muy en boga en las universidades europeas de este siglo.
El arte. En la primera mitad del siglo XVIII continúa imperando el Barroco, junto al recargado estilo churrigueresco, cuyo nombre proviene del madrileño José de Churriguera (1665-1725). Luego, ejercen su influencia el rococó francés o estilo Luis XV y el seudoclasicismo italiano.
La arquitectura. El estilo neoclásico surge como reacción contra el Barroco y prevalece en la segunda mitad del siglo y principios de[ siguiente,
Entre las figuras más destacadas se halla el madrileño Juan de Villanueva, autor del Museo del Prado, el Jardín Botánico, el Observatorio Astronómico (Madrid), la Iglesia del Caballero de Gracia y la Casita del Príncipe, y el italiano Francisco Sabatini, arquitecto preferido de Carlos 111, que planea la Puerta de Alcalá y el Ministerio de Hacienda, en la capital española.
La escultura: Los Borbones crean un arte frío y amanerado. Luis Salvador Carmona y Juan Pascual de Mena cultivan la escultura religiosa policromada, pero el representante característico del Neoclasicismo es Manuel Álvarez, autor de la Fuente de Apolo, una de las más bellas de Madrid.
La pintura. Surge en España el arte extranjero, especialmente francés, y la pintura académica fruto de la enseñanza oficial. El italiano Giambattista Tiépolo es pintor oficial de Carlos IIl. A pesar de ello, Francisco de Goya y Lucientes pone fin a ese arte inexpresivo y abre el camino al arte pictórico contemporáneo. En 1789 es nombrado pintor de cámara por Carlos N, cargo en el que continúa durante el brevísimo reinado de José Bonaparte, y durante el de Fernando Vil. Entre sus cuadros más famosos figuran: la Familia de Carlos W; el Dos de Mayo, la Mala desnuda, y la Última Comunión de San José de Calasanz.
La música. Penetra en España la influencia italiana. El cantante Carlos Broschi, el gran Farinelli, llega a ser protagonista de la vida política. En 1703 aparece en Madrid la primera compañía italiana de ópera.
Para contrarrestar esta influencia, Luis Misón impone la tonadilla escénica, breve obra de teatro montada sobre la caricatura de las costumbres de la época y base de la zarzuela renovada.
Las capillas de las catedrales siguen siendo el centro de la actividad musical.
Florecen el villancico y el oratorio, de polifonía clásica, gracias a los compositores Nebra, en Madrid, Valis, en Barcelona, y el padre Antonio Soler, maestro de capilla de El Escorial. El padre Feijóo reacciona contra el italianismo y propugna la sencillez en el canto eclesiástico. Sobre la base de esa sencillez construye una teoría musical en la que, tal vez, se hallan sus mejores aciertos de escritor: "La música, acompañada de la virtud, hace de la tierra noviciado del cielo".
Respecto de la música instrumental, proliferan las orquestas en los coros, catedrales y en las cámaras principescas; magníficos compositores, como José Ellas, renuevan la orgánica de Madrid.
En 1770 se establece en dicha ciudad la primera imprenta de música que publica obras de compositores españoles y extranjeros.
La literatura. Como las otras artes, las letras españolas se hallan entre dos fuerzas que se contraponen y complementan: la tradición nacional, salida del Barroco, y la influencia neoclásica y academicista, nutrida por lo francés.
El siglo XVIII, más reflexivo que creativo, es, desde el punto de vista estético, un siglo francés. La influencia de Francia comienza antes del advenimiento de la casa de Borbón al trono y se acentúa después de este hecho.
Esa tendencia da origen al Neoclasicismo, fomentado en las escuelas por las órdenes docentes que enseñan las teorías de Aristóteles y de Horacio, y por publicaciones, como el Diario de los literatos de España (1737-1742)`(1).
Ignacio de Luzán (1702-1754), educado en Italia y Francia, introduce en su Poética (1737) las tres unidades de Boileau -tiempo, lugar, acción- que secan la rica vena española y acaban con el carácter espontáneo y original de las obras. La literatura debe respetar, entonces, los modelos griegos y latinos, las poéticas de Horacio y de Aristóteles, como ya lo habían hecho los escritores franceses del siglo XVI l.
Se ponen de moda los estudios eruditos, El más notable representante de esta tendencia es Fray Benito Jerónimo de Feijóo y Montenegro (1676-1764), autor del Teatro crítico universal y de las Cartas eruditas y curiosas, e introductor del espíritu crítico de los enciclopedistas franceses.
El jesuita José Francisco de Isla (1703-1781) publica su novela acerca de[ famoso predicador Fray Gerundio de Campazas, alias Zotes, y traduce el Gil Blas, de Lesage (tragedia).
El teatro aceptó las tres unidades en obras como Hormesinda, de Nicolás Fernández de Moratín (1737-1780) y La comedia nueva y El Sí de las Niñas, de Leandro Fernández de Moratín (1760-1828), que tiene por modelo a Moliére.
La mejor tragedia del siglo XVI lI es "Raquel", de García de la Huerta.
La lírica (2) se halla representada por Félix María de Samaniego (1745-1801) y por Tomás de Iriarte (1750-1791); con ellos florece la fábula.
Juan Pablo Forner (1756-1797), polemista violento y certero, adopta la forma bucólica en El Asno erudito, pero es más conocido por su obra póstuma, Exequias de la lengua castellana.
En 1789, Leandro Fernández de Moratín lanza su crítica a la afectación, característica de este siglo, en La derrota de los pedantes.
En 1793, José Vargas Ponce escribe su Declamación contra los abusos introducidos en el castellano, paraselar las causas que habían provocado la decadencia de la lengua española: el olvido de los más eminentes clásicos; el desdén hacia las lenguas clásicas; la amplia influencia del francés; las endebles traducciones de sermonarios y de novelas; el escaso cultivo de la poesía; el predominio del teatro italiano; el lujo foráneo de la moda femenina.
Juan Meléndez Valdés (1754-1817) escribe sus Besos de amor y su oda A las artes, además de anacreónticas, elegías y endechas.
El dramaturgo Ramón de la Cruz (1731-1794) pinta en sus sainetes la vida de los barrios bajos de Madrid: La pradera de San Isidro; Los panaderos, etc.
José Cadalso y Vázquez (1741-1782) y Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811) son prerrománticos en este mismo siglo. El primero es autor de las Noches lúgubres, de las Cartas marruecas (3) y de Los eruditos a la violeta, El segundo, hombre de vasta cultura, escribe El Pelayo, El delincuente honrado, Informe sobre la Ley agraria, etc. Dice Martín Alonso que si "en Jovellanos aparecen reunidas las condiciones de la sintaxis clásica con los elementos nuevos que era menester para reflejar el pensamiento moderno, en un lenguaje libre de galicismos y aliviado del peso barroco del XVII, en Torres de Villarroel (1696-1758) hallamos al "hombre inquieto del Neoclasicismo, de postura independiente y pesimista". Su novela de carácter picaresco, Vida, ascendencia, nacimiento, crianza y aventuras del doctor don Diego Torres de Villarroel (1743), refleja ese pesimismo, fruto de la experiencia, y es punto intermedio entre la prosa de Quevedo y la autoconfesión de Rousseau.
Este siglo se caracteriza también por la iniciación de los trabajos de compilación de la obra literaria. La empieza Mohedano con una Historia literaria de España (1776), a la que siguen otras obras del mismo fondo: Biblioteca de traductores, de Antonio Pellicer; Orígenes de la lengua castellana, de Luis Velázquez; Memorias para la historia de la poesía y poetas españoles, de Martín Sarmiento (1695-1771): Colección de poesías castellanas anteriores al siglo XV, del bibliotecario, crítico y filólogo Tomás Antonio Sánchez, en la que se da a conocer por primera vez el Poema de Mío Cid.
Contribuyó poderosamente al progreso de los estudios del idioma la creación de la Real Academia Española (1713).
El problema del origen del español vuelve a ser planteado por Mayáns y Síscar en sus Orígenes de la lengua española; además, es de gran interés el Ensayo de los sinónimos de M Deudo y Ávila (1757).
A partir de 1750, cobra importancia la figura del arabista Miguel Casiri bibliotecario de El Escorial quien publica la Biblioteca hispanoarábiga
NOTAS
(1) los periódicos fomentan un nuevo tipo de lectura; relacionados con ellos surgieron el ensayo reducido y la carta.
(2 Dice Martín Alonso: "Los poetas neoclásicos no buscaban el lujo decorativo de Góngora, pero tampoco la expresión sencilla, sino el tono solemne y humanístico lleno de latinismos. Tres cosas atan a la ficción poética: la razón, la verdad y la imitación grecolatina. Todo lo que en el Barroco era pasión v libertad, es aquí disciplina y cálculo" (En Evolución sintáctica del español, Aguilar, S.A. de Ediciones, Madrid, 1962, Pág. 305).
3) En el siglo XVIII español se escriben varias obras en forma de cartas ( siguiendo el ejemplo de Montesquieu, Goldsmith, Rousseau y Richardson: Cartas de Ibrahim, de Meléndez Valdés; La Serafina, de Mor de Fuentes; El evangelio en triunfo o historia de un filósofo desengañador, de Pablo de Olavide.
El estado en que se halla hoy la Lengua Castellana
es capaz de que se enseñen en ella las más superiores
ciencias y las más exquisitas facultades
(Diccionario de Autoridades XLII)
Ha dicho con justeza Guillermo Díaz Plaja que el siglo XVIII "representa un momento de ordenación y de estudio".'
En contraposición al laberíntico estilo barroco, el neoclasicismo busca la sencillez expresiva y el equilibrio del siglo XVI.
El reinado de Felipe V --como dijimos- favorece la introducción de los gustos y modas francesas, por ende, los escritores españoles comienzan a usar vocablos de esa procedencia que se conocen con el nombre de galicismos (2), y que luego se incorporan al idioma:
"toaleta", "bufete", "petimetre", "corsé", “equipaje", "coqueta", "irreprochable", "libertinaje", 1ibertino" y otros. Por eso, dice Tomás de Iriarte en su fábula V: "El francés del español / tomó voces, aunque pocas; el español al francés, casi se las tomó todas". Este hecho provoca la reacción de los puristas que procuran mantener la integridad de la lengua, y explica también el porqué de la creación de la Real Academia Española, por iniciativa de don Juan Manuel Fernández Pacheco, Marqués de Villena3. La nueva entidad da a luz su Diccionario de la lengua castellana en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua (1726-1739), título que refleja, por su prolijo carácter descriptivo, el amaneramiento de la época. Esta obra es más conocida con el nombre de Diccionario de Autoridades, porque cada una de sus acepciones es autorizada por una cita de los mejores autores desde Mío Cid hasta su época.
"El principal fin, que tuvo la Real Academia Española para su formación, fue hacer un Diccionario copioso y exacto, en que se viese la grandeza y poder de la lengua, la hermosura y fecundidad de sus voces, y que ninguna otra la excede en elegancia, phrases, y pureza_" (4).
Su constante preocupación por el idioma se manifiesta en dos publicaciones posteriores: la Ortografía (1741) y la Gramática (1771). Respecto de esta última, dos obras se adelantan a los propósitos académicos: Gramática de la lengua castellana (1743), de Martínez Gayoso, y Arte de romance castellano, dispuesto según sus principios generales y uso de los mejores autores (1769), del padre Benito de San Pedro.
La Academia, que se autodenomina española, habla de lengua castellana: "La Lengua Castellana, que por usarse en la mayor y mejor parte de España, suelen comúnmente llamar Española los Extranjeros, en nada cede a las más cultivadas con los afanes del arte, y del estudio" (5).
La razón de esta preferencia radica, sin duda, como bien dice Amado Alonso, en que "en Castilla se formó" y "en Castilla es donde, por lo general, se habla mejor" (6). Además, responde a la índole de las ideas dieciochescas: erudición, racionalismo, propósito purista, empeño casticista, centralismo uniformador con su corte castellana.
Así como a comienzos del siglo XVI la importancia que había asumido España frente al mundo hizo circular el neologismo "español" con un significado más alto que castellano, en el siglo XVIII, esta denominación reemplaza a aquélla, pero la conlleva: es el "español de Castilla".(7)
1 Historia del español a través de la imagen y el ejemplo.
2 Voz que proviene de Galia, nombre propio con que antiguamente se designaba a Francia.
3 La fundación de la Academia fue aprobada por Real Cédula del rey don Felipe V, expedida el 3 de octubre de 1714. Adoptó por divisa un crisol puesto al fuego, con la leyenda "Limpia, fija y da esplendor"
4 Véase pág. 1 del Diccionario de Autoridades.
5 "Discurso Proemial sobre el origen de la Lengua Castellana", en Diccionario de Autoridades, pág. XIIL
6 Castellano, español, idioma nacional. Historia espiritual de tres nombres, Editorial Losada, S.A., 4a edición, Buenos Aires, 1968, pág. 91.
Definición
La palabra "fábula" proviene del latín fábula y significa "rumores, hablillas, habladurías, conversaciones de las gentes o del vulgo". Sin duda, el término se relaciona con el verbo latino fabuláre, de donde nació nuestro verbo "hablar" (fablare - fablar - hablar), con el adjetivo fabulosus, "fabuloso", "dícese de lo que da pábulo a la fábula" y con el sustantivo fabulator, "el inventor de fábulas, el fabulador.
Ignacio de Luzán nos dice, en su Poética, que la palabra se aplica a "varias significaciones". "Por eso se da el nombre de fábulas poéticas a las transformaciones que refiere Ovidio, y a todo lo demás que cuentan los poetas gentiles de sus dioses, semidioses, héroes y ninfas. Pero si se atiende a su etimología del verbo fari, que significa "hablar", parece se queda neutral entre- la verdad y la mentira, pudiendo muy bien una y otra ser asunto de nuestros razonamientos. Así vemos que en uno y otro sentido la han usado los latinos, tanto para significar un hecho todo fingido, como un hecho verdadero e histórico."
Los escritores latinos (Horacio, Terencio) llaman fábulas a los poemas épicos y a los dramas.
Aristóteles, en su Poética, considera que es la acción de una tragedia, comedia o poema épico; por tal motivo dice que ha de ser grande, verosímil y entera: "La imitación de la acción es la fábula, pues llamo fábula en este sentido a la composición misma de las acciones"; "La fábula es el principio y como el alma de la tragedia..."; "La fábula no es una, como creen algunos, cuando trata de un solo personaje, puesto que a un solo personaje suceden muchas e infinitas.
Cosas. Y, como para Aristóteles la belleza consiste "en la medida y en el orden", sostiene que para que la fábula sea bella debe poseer una "extensión tal que pueda ser retenida por la memoria".
Advertimos, además, que su concepto de fábula se aleja del que nos atañe, cuando leemos que "el poeta debe ser creador de fábulas antes que de versos, por cuanto es poeta de acuerdo con la imitación e imita acciones......
El Diccionario de Autoridades nos ofrece las distintas acepciones que poseía ya la palabra en el siglo XVIII:
o "El rumor y hablilla del Pueblo, y lo que comúnmente se dice y habla de algún particular".
o "Ficción artificiosa con que se procura encubrir o disimular alguna verdad filosófica o moral",
o "Cuento o narración de cosa que ni es verdad ni tiene sombra de ella, inventado para deleitar, ya sea con enseñanza o sin ella: las de la primera especie se llaman Apólogas y las de la segunda Milesias. En el capítulo 47 de la primera parte del Quijote, leemos: "Y según a mí me parece, este género de escritura y composición cae debajo de aquel de las fábulas que llaman milesias, que son cuentos disparatados, que atienden solamente a deleitar, y no a enseñar: al contrario de lo que hacen las fábulas apólogas, que deleitan y enseñan juntamente".
• Mentira.
• Metafóricamente se toma como sinónimo de burla con que se provoca a risa a costa de una persona o cosa.
En cada una de estas definiciones hallamos un aspecto que conviene a la composición literaria de la que hablaremos:
a) es lo que se dice sobre algo;
b) encubre una verdad, generalmente, moral;
c) es una narración inventada para enseñar deleitando;
d) participa de la mentira en lo que atañe a la actuación casi humana de los animales:
e) mueve a risa, a veces.
Se consideran sinónimos de la palabra "fábula" otras palabras como apólogo, alegoría, cuento, ficción, invención, mito, leyenda, parábola, quimera, proverbio, anécdota.
- El apólogo (del latín apologus, tomado del griego apólogos) w define como "cuento", "fábula", "relato detallado".
- La alegoría (del griego alegoría, "metáfora", "decir otras cosas en la asamblea"), consiste en hacer patentes en el discurso, mediante metáforas consecutivas, un sentido recto y otro figurado, con el fin de dar a entender una cosa, expresando otra diferente.
- El cuento es la relación o noticia de alguna cosa sucedida y por extensión -según el Diccionario de Autoridades- se llaman también así las fábulas o consejas que se suelen contar a los niños para divertirlos.
- La ficción es una invención poética, una simulación con que se pretende encubrir la verdad o hacer creer lo que no es cierto.
- La invención es engaño, ficción.
-El mito (del griego mitos,"palabra")es fábula, leyenda, ficción alegórica.
-- La leyenda (del latín legere, Ieer") es la relación de sucesos que tienen más de maravillosos o tradicionales que de históricos o verdaderos, También se la define como composición poética de alguna extensión, en que se narra un suceso de esa clase.
- La parábola (del griego parabolé, "arrojar al lado, comparar) es la narración de un suceso fingido, del que se deduce, por comparación o semejanza, una verdad importante o una enseñanza moral La fábula es una forma especial de parábola. Juan Baltasar Gracián, en su Agudeza y arte de ingenio, escribe que las parábolas "son especies de alegorías, muy a propósito para enseñar, por ser más graves que los apólogos, y no menos gustosas, participan algo de enigmas; también se funda su artificio por semejanza, son como una pintura narrada, que representa el intento que se pretende". Y agrega: "En la parábola, todos los sujetos que se introducen son humanos, y en eso se distingue de la fábula; aun las virtudes o vicios de que se trata, se fingen en personajes. .". Esta comparación de la fábula con la parábola nos remite a las parábolas evangélicas. Recordemos ésta, por ejemplo:
"Decía: El reino de Dios es como un hombre que arroja la semilla en la tierra, y ya duerma, ya vele, de noche y de día, la semilla germina y crece, sin que él sepa cómo. De sí misma da fruto la tierra: primero la hierba, luego la espiga, enseguida el trigo que llena la espiga; y cuando el fruto está maduro, se mete la hoz, porque la mies está en sazón." ("La parábola de la semilla que crece"), A imitación de ellas, los escritores cristianos solían fundamentar sus explicaciones doctrinales con fábulas que tenían el valor de ejemplos. San Ambrosio (siglo IV), entre ellos, consideraba que Ios ejemplos persuaden más que las palabras". Desde el siglo VIII se aconseja el empleo de ejemplos en la predicación. Los sermones introducen breves narraciones de distinto origen, en las que la historia se confunde con lo fabuloso, con el objeto de aclarar aspectos morales. Las fuentes de estos ejemplos son: la literatura sacra (Antiguo y Nuevo Testamento; la patrística; las vidas de Santos; los milagros de la Virgen, etc.), la literatura profana (fabularios, leyendas, apólogos orientales, etc.), anécdotas contemporáneas, historias de animales, etc. La mayor parte de los mismos se halla escrita en latín, otros, en lengua vulgar, como el Libro de los Exemplos, de Clemente Sánchez, que data de comienzos del siglo XY
- El proverbio (del latín proverbium; de pro, "en lugar de" y verbum, "verbo") es una sentencia, adagio o refrán. Obra dramática cuyo objeto es poner en acción un proverbio o refrán. En la Biblia leemos: "Hijo mío, no la pierdas nunca de vista; guarda siempre la prudencia y el consejo, que serán vida para tu alma / y gracia para tu cuello Entonces irás confiado tu camino y no tropezará tu pie. Cuando te acostares no sentirás temor;-/ te acostarás y dormirás dulce sueño. No tendrás temor de repentinos pavores 1 ni de la ruina de los impíos cuando venga. Porque Yahvé será tu confianza y preservará tu pie de quedar preso". ("Felicidad del justo").
- La quimera (del griego, "animal fabuloso con cabeza de león, vientre de cabra y cola de dragón") es lo que se propone a la imaginación como posible o verdadero, no siéndolo.
- La anécdota (del griego, "inédito") es la relación, breve, de algún rasgo o suceso particular más o menos notable.
Félix María de Samaniego, en el "Prólogo" que escribe para sus fábulas, emplea indistintamente los términos "fábula" y "apólogo".
Sin duda, ninguno de sus aparentes sinónimos pueden definirla cabalmente. De ahí, que muchos consideren que la fábula no posee una definición. Jean de La Fontaine (1621-1695), el mejor poeta francés del siglo XVIi, afirma que es una amplia comedia de cien actos diversos, en que la escena es el universo.
Miguel Agustín Príncipe sostiene que sus límites son vagos, pero reconoce que responden a ciertas reglas: no ofuscar la moralidad; deducción ingeniosa de la misma; verdad de caracteres; saber contar, dialogar y pintar; lenguaje claro, sencillo y natural.
Otros aseguran que la auténtica fábula debe ser escrita en prosa. Respecto de esto, Samaniego aclara en su "Prólogo": "Confesaré sinceramente que no he acertado a aprovecharme de ella, si en mi colección no se halla más de la mitad de fábulas que en la claridad y sencillez de estilo, no pueda apostárselas a la prosa más trivial.
Se han ensayado otras definiciones: las fábulas son las composiciones que enseñan "el modo correcto de comportarse en este mundo"; "relatan mediante palabras, actos o sucesos -fabulosos, si bien pueden acontecer- lo que uno debería hacer; son "cuentos populares que han ido pasando de generación en generación"; narraciones en las que, "con fines moralistas, unos seres irracionales, y a veces inanimados, actúan y hablan como si tuvieran intereses y pasiones humanas".
También se la ha denominado "cuento admonitorio", es decir, que amonesta, aconseja o exhorta,
Algunos críticos afirman que "cuando se considera por una parte lo que fue el apólogo en la antigüedad asiática, donde tuvo su cuna, y, por otra, que la versificación no es, en la fábula, sino una envoltura graciosa y pintoresca de un pensamiento ante todo simbólico, sensato y filosófico. Cuesta trabajo convencerse de que deba ser tenida por un género sinceramente poético, en la acepción propia y elevada de esta palabra. La fábula es cuento, emblema, lección, sátira; es todo menos verdadera poesía".
En síntesis, podemos concretarlos distintos puntos de vista, definiéndola como una composición literaria, generalmente en verso, en /a que, mediante una ficción alegórica y la participación de seres humanos o la personificación de animales, seres inanimados o abstractos, se da una enseñanza útil o moral.
La fábula es, sin duda, una manifestación del alma popular. Pertenece al folklore (folk, "pueblo"; lore, "saber"), pues, como otras expresiones de esta índole, contiene el sentimiento y la sabiduría del pueblo. Tiene su origen en Oriente. Las narraciones fabulísticas que nacen y se desarrollan en la India nos ofrecen los más antiguos relatos que, luego, resurgen en el folklore de pueblos diversos y muy distantes. Los fabularios indios están escritos en prosa y, a veces, en ella aparecen intercalados versos que, a modo de sentencia, presentan la moraleja de la narración. B escritor indio -dice Martín de Riquer- nos presenta una serie inacabable de apólogos en los que muestra su interés por lo humanamente universal y desligado del tiempo, en oposición a lo particular, real y concreto de la historia, género que sólo concibe poéticamente y del que no sabe ni quiere separar la leyenda; su fantasía le lleva a crear pequeños cuadros tomados del mundo circundante o del mundo de la maravilla y del prodigio en los que plantea problemas morales e incluso prácticos."
El libro de apólogos más antiguo y conocido es el Patchatantra ("Los cinco libros"), cuyas primeras redacciones se fechan entre los siglos 11 y VI, pero cuyo origen seguramente es anterior. La obra, de carácter doctrinal, consta de setenta narraciones. Con ella, un sabio, Visinnusarman, considerado el verdadero autor de la misma, instruye a los hijos de un rey sobre ciencia política y moral práctica. Los apólogos son casi todos animalísticos. El chacal Damanaka, que protagoniza varias historias, desempeña la misma función que el astuto zorro de los ciclos occidentales.
En el siglo VI este fabulario es traducido al persa y esta versión, hoy perdida, se utiliza para realizar una traducción al árabe en el año 750. De ésta nace el Calila e Dimna (dos lobos hermanos), fabulario castellano del siglo XIII, debido a la labor de Alfonso X, el Sabio, creador de la Escuela de Traductores de Toledo, y el fabulario hebreo, que es traducido al latín por Juan de Capua. Esta nueva versión es trasladada a algunas lenguas modernas. Sobre la versión árabe también se traduce el Sendebar o Libro de los engaños et los asayamientos de las mujeres, que se divulga por todo. Occidente.
Del Pañtchatantra deriva el Hitopadesa ("La buena instrucción"), redactado, tal vez, entre los siglos X y XIV, por Narayana, un conjunto de fábulas, cuentos y apólogos breves, cuyo objetivo es la enseñanza moral.
En Grecia, la prosa se cultiva después que la poesía. Los primeros textos de prosa griega surgen en el siglo VI a.C.; en esta época se ubica también la figura del fabulista Esopo, cuya existencia parece dudosa debido a la falta de documentos que la atestigüen y a las contradictorias leyendas que en torno de él se tejieron. Algunos autores griegos lo consideran natural de Tracia; otros, de la ciudad de Frigia. Herócloto, que es la primera fuente existente sobre Esopo, afirma que el fabulista vivió entre 570-526 a.C., Heraclio de Ponto cree que en 540 a.C, Fedro y otros, entre 612-527 a.C.:
A Esopo se atribuyen breves narraciones en prosa con intención moralizante. "Aparte de su valor como textos de moral popular -dice Martín de Riquer- las fábulas esópicas, que ponen en movimiento animales y les hacen obrar y hablar como hombres, parecen brevísimas escenas de comedia y constituyen un documento precioso para comprender la intimidad y la vida cotidiana de los griegos." Leamos una de ellas: "Una zorra y un leopardo a propósito de su belleza discutían. El leopardo a cada momento exaltaba la variedad de su pelaje; la zorra respondiendo dijo: "¡Qué por encima de ti estoy yo en belleza, yo que soy variada, no de pelaje, sino de espíritu!" La fábula muestra que el adorno de la inteligencia es mejor que la belleza corporal". ("La zorra y el leopardo".)
Fedro, que nace esclavo como Esopo, atribuye a éste la creación de la fábula: "Esopo, creador de la fábula, halló el asunto, que yo he pulido en versos senarios". ("Prólogo", Libro Primero.) Se ignora la fecha de su nacimiento. Algunos sostienen que vio la luz en Tracia; otros, en la colonia romana de Pinilippi. En Roma forma parte de la servidumbre de la familia de los Césares. Es liberado de la esclavitud por el emperador Augusto. De ahí que sus fábulas, dispuestas en cinco libros, lleven como titulo: Phaedri Augusti Liberti Fabularum Aesopiarum Liber (Libro de las Fábulas esópicas de/ liberto de Augusto, Fedro). Según se cree, murió en el año 69 de la Era Cristiana.
En el ''Prólogo" del Libro Primero, Fedro explica sus ventajas: mueve a reír y al prudente enseña la vida con el consejo".
En el "Prólogo" del Libro Segundo, advierte que ''el género literario creado por Esopo está compuesto de ejemplos, y no se busca otra cosa con las fábulas, sino corregir los errores de los mortales y estimular su propia atención y actividad. En el Epílogo" de este mismo libro, aclara que "Esopo, esclavo temeroso, no atreviéndose a decir lo que quería, tradujo en fábulas sus propios sentimientos, burlando a la calumnia con graciosas ficciones. Yo, por mi parte, convertí su senda en amplia vía, imaginando más fábulas de las que él dejara e inventando otras para mi desgracia". Su propósito es concreto: ''mostrar la misma vida y las costumbres de los hombres". En el "Prólogo" del Libro Cuarto, reconoce que él se sirve de un "género antiguo, pero con asuntos nuevos".
En la Edad Media, la fábula grecolatina de carácter moralizador alcanza una gran difusión. Las fábulas de Fedro dan origen a un fabulario denominado Romulus. Otra obra de la misma índole, el Romulus anglo-latino, es redactada en