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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La lluvia radiactiva: Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2034 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Ecología > |
TRABAJO PRACTICO SOBRE LA LLUVIA RADIACTIVA
Lluvia radiactiva,
deposición de partículas radiactivas, liberadas en la atmósfera por explosiones
nucleares o escapes de instalaciones y centrales nucleares, sobre la superficie
de la Tierra . El interés de la opinión pública se ha centrado sobre todo en
los efectos de la lluvia radiactiva desde el periodo de las pruebas nucleares
atmosféricas a gran escala realizadas en las décadas de 1950 y comienzos de la
de 1960. Se hicieron alegatos sobre sus efectos dañinos durante muchos años,
pero hasta 1984 no se adoptó una decisión trascendental, cuando un juez federal
de Utah dictaminó que 10 personas habían enfermado de cáncer debido a la
negligencia del gobierno en lo referente a la exposición de los ciudadanos a la
lluvia radiactiva en aquel estado. En 1985 el Tribunal de apelación de
pensiones de Inglaterra y Gales llegó a una conclusión similar en el caso de un
veterano de las pruebas nucleares británicas en las islas Christmas durante la
década de 1950.
Desde
la firma del tratado de limitación de pruebas nucleares en 1963, los niveles de
lluvia radiactiva han disminuido en todo el mundo. El accidente nuclear de
Chernobil produjo cierta cantidad de lluvia radiactiva.
Mecanismo
El
material del que se compone la lluvia radiactiva se produce por fisión nuclear
y por la activación del suelo, el aire, el agua y otros materiales en las
inmediaciones del lugar de la detonación.
Las
partículas radiactivas individuales son invisibles, y tan ligeras que podrían
dar vueltas una y otra vez en torno al planeta sin llegar a descender a la
superficie. No obstante, esta situación sólo se daría si una bomba nuclear
fuera detonada a una distancia considerable de la atmósfera. Cuando un arma
nuclear es detonada cerca de la superficie terrestre, la violencia de la
explosión pulveriza ingentes cantidades de material, que en buena parte es
absorbido hacia la bola de fuego y por tanto hacia la masa caliente que se
eleva formando la característica nube en forma de hongo. En el interior de la
bola de fuego y en el tallo de la nube de la bomba, las partículas radiactivas
se adhieren a partículas más pesadas, que actúan como lastre.
Las
partículas de materia de mayor masa caen de vuelta a la tierra en cuestión de
minutos, formando una lluvia radiactiva muy localizada. Las partículas de masa
menor, pero fácilmente visibles, arrastradas por el viento, caen a tierra al
cabo de varias horas, y reciben el nombre de lluvia radiactiva local. La
naturaleza y extensión de ésta dependen del tipo y potencia de la explosión, la
altitud de la detonación y la fuerza y dirección del viento.
Las
partículas microscópicas permanecen suspendidas durante periodos más largos. Si
la explosión es de escasa potencia o de potencia media, la nube de la bomba
puede no alcanzar la tropopausa, es decir, la capa atmosférica situada entre la
troposfera y la estratosfera. En casos así, se produce la llamada lluvia
radiactiva troposférica, y los fragmentos de la bomba se desplazan en torno a
la tierra siguiendo la latitud donde se produjo la detonación, cayendo a la
superficie cuando la lluvia y otras formas de precipitación arrastran la
materia extraña de la atmósfera.
Si la
potencia de la explosión es suficiente como para introducir residuos de la
bomba en la estratosfera, muchas de las partículas pequeñas permanecen en ella,
y quedan sometidas a la acción de los vientos estratosféricos. La lluvia
producida en este caso recibe el nombre de lluvia atómica estratosférica o
global. Dado que en la estratosfera no existen precipitaciones, estas
partículas permanecen en suspensión durante considerables periodos. Se
dispersan horizontalmente, por lo que algunas partículas, tras haber dado
varias vueltas al planeta, acaban distribuidas por toda la estratosfera. La
mezcla vertical, sobre todo en las regiones polares en invierno y a comienzos
de la primavera, devuelve el material a la troposfera, donde se comporta como
la lluvia radiactiva troposférica.
Persistencia de la
lluvia radiactiva
Las
partículas producidas por la fisión de átomos de uranio o plutonio y los
materiales activados por los neutrones constituyen unos 300 isótopos
radiactivos diferentes. Cada radioisótopo se caracteriza por su vida media, es
decir, el tiempo necesario para que la mitad de la materia radiactiva se
desintegre espontáneamente. En el plazo de una hora tras la explosión, la mayor
parte de las sustancias de vida muy corta, es decir aquellas cuya vida media se
mide en segundos y minutos, se desintegran, y la radiactividad total producida
por la bomba disminuye en un factor superior a cien.
Transcurrida
la primera hora, la radiactividad remanente se disipa a un ritmo cada vez
menor. Los productos de vida más larga de la fisión son los que producen la
mayor parte de la radiactividad residual. Unos pocos productos de la fisión
tienen una vida muy larga; por ejemplo, el radioisótopo estroncio 90 (símbolo 90Sr), también llamado radioestroncio, tiene una vida media de 28 años.
Estas partículas de vida larga son la causa del riesgo radiactivo a largo
plazo.
Efectos biológicos de
la lluvia radiactiva global
La
retención a largo plazo de residuos radiactivos en la atmósfera permite que
algunos de los productos de vida corta se disipen en la atmósfera. En el caso
de la lluvia radiactiva troposférica, se produce cierto grado de desintegración
radiactiva en la atmósfera, lo que reduce algo la dosis de radiactividad a la
que se ven expuestos quienes se encuentran en la superficie de la Tierra.
Con
todo, los radioisótopos de vida larga, como el 90Sr, no se desintegran apreciablemente durante el tiempo que permanecen en
la estratosfera, y por tanto, pueden seguir siendo un riesgo potencial durante
muchos años, sobre todo a través de los alimentos contaminados y destinados al
consumo humano.
Estroncio 90
El
estroncio radiactivo se comporta, químicamente, de forma similar al calcio,
incluyendo su incorporación a los huesos humanos. La mayor parte de los
sistemas biológicos prefieren el calcio al estroncio; por lo tanto, la cantidad
de 90Sr absorbido por las raíces de las
plantas y por los animales depende de la disponibilidad de calcio. Cuando el 90Sr se deposita directamente sobre las plantas durante la lluvia
radiactiva, no obstante, las plantas absorben más cantidad de éste que si sólo
lo hubieran hecho a través de las raíces y, por tanto, transmiten más 90Sr a los animales y al hombre. Además, aunque la leche se usa como
indicador del contenido en 90Sr de los alimentos, debido a que
contiene mucho calcio, el cuerpo humano absorbe menos 90Sr de la leche que de otros alimentos con menor contenido en calcio. La
mayor parte del resto de alimentos proceden de una serie de áreas geográficas
con tasas variables de deposición por lluvia radiactiva y de acumulación en el
suelo de 90Sr. Este hecho, junto con las
diferencias según los periodos de crecimiento y los suelos, produce niveles de 90Sr en la dieta, en relación con el calcio, inferiores en algunas áreas y
superiores en otras a las que cabría esperar sobre la base de la cantidad de
lluvia radiactiva.
Cuando
el 90Sr penetra en el organismo, parte
es excretado y el resto se deposita en el tejido óseo nuevo junto con el
calcio. En los huesos jóvenes, el 90Sr y el calcio son
reemplazados sin cesar al ir creciendo el hueso. En los huesos adultos la
sustitución es escasa; se deposita poco 90Sr y su eliminación es muy lenta. La cantidad de 90Sr que permanece en el hueso depende de las cantidades de 90Sr y calcio ingeridos con la dieta durante los periodos de crecimiento
óseo. El largo tiempo de retención del 90Sr en el hueso es la
base de su peligrosidad potencial. En experimentos realizados con animales, y
en casos de envenenamiento humano, en los que se depositan en los huesos
cantidades suficientes de materias radiactivas, se detecta mayor incidencia de
leucemia y cáncer. Los niveles actuales de 90Sr en el hombre son, con mucho, excesivamente bajos para que se detecten
tales efectos.
Otros radioisótopos
Aunque
el yodo 131, un isótopo radiactivo, tiene una vida muy corta (vida media, ocho
días), es una de las fuentes potencialmente importantes de exposición interna a
las radiaciones, debido a que se concentra en la glándula tiroides. Poco tiempo
después de un accidente o explosión nucleares, la hierba contaminada con yodo
131 es consumida por las vacas; el isótopo aparece rápidamente en la leche.
Debido a que la leche suele consumirse pocos días después de su producción, la
gente puede consumir cantidades significativas de yodo 131 sin darse cuenta.
Otros alimentos suelen consumirse transcurrido un intervalo más largo, por lo
que la radiactividad ha disminuido apreciablemente. Cuando se acumulan
cantidades significativas de yodo radiactivo en el tiroides, se produce un
aumento en la incidencia del cáncer de tiroides; hasta la fecha, los niveles
acumulados debido a la lluvia radiactiva son demasiado bajos, o la exposición a
ellos demasiado reciente, como para que se detecte tal efecto.
El
cesio 137, que tiene una vida media de 30 años, se incorpora también a la
cadena alimentaria y penetra, por lo tanto, en el organismo humano. Como el
potasio, al que químicamente se parece, se dispersa por todo el cuerpo,
irradiándolo. No obstante, el cesio radiactivo sólo permanece en el organismo
unos pocos meses. El carbono 14, que tiene una vida media de 5.760 años, se
produce sobre todo por activación de los átomos de nitrógeno del aire durante
las detonaciones nucleares. También se produce de forma continua y natural por
acción de los rayos cósmicos. Desciende a la superficie de la Tierra en forma
de dióxido de carbono, y como tal es absorbido por las plantas, distribuyéndose
por último en toda la materia orgánica. El carbono radiactivo, es pues otro
radioisótopo que irradia la totalidad del organismo. El cesio 137, el carbono
14, y los isótopos depositados en la tierra que irradian el organismo desde el
exterior, contribuyen a la dosis total de irradiación corporal. Esta
irradiación es un riesgo genético en potencia, y también afecta al organismo en
sí.
Efectos genéticos de la
lluvia radiactiva
A la
hora de evaluar los efectos a largo plazo de la lluvia radiactiva, es esencial
considerar los efectos genéticos de la radiación. La radiación puede producir
mutaciones, es decir, cambios en las células reproductoras que transmiten las
características heredadas de una generación a la siguiente. Casi todas las
mutaciones inducidas por las radiaciones son dañinas, y sus efectos nocivos
persisten en sucesivas generaciones.
Riesgos potenciales
La evaluación de los riesgos potenciales de la radiación
procedente de la lluvia radiactiva implica en gran medida las mismas consideraciones
que otros riesgos que afectan a grandes poblaciones. Estas evaluaciones son
complejas y están relacionadas con posibles beneficios y otros riesgos. En el
caso de la lluvia radiactiva, el riego potencial es global e implica múltiples
incertidumbres relacionadas con las dosis de irradiación y sus efectos; la
cambiante situación internacional debe ser evaluada continuamente.
El
riesgo que representaría la lluvia radiactiva en una guerra nuclear sería mucho
más serio que en una prueba nuclear. Habría que considerar los efectos letales
inmediatos, así como los efectos a largo plazo. Los estudios de este tipo han
llevado a la construcción de refugios nucleares como parte de los planes de
defensa civil. Se están desarrollando sistemas para descontaminar el agua, la
tierra y los alimentos con el fin de combatir los posibles efectos de la lluvia
radiactiva durante y después de un ataque nuclear. Muchas investigaciones
independientes, no obstante, sugieren que incluso aunque algunos seres humanos
sobrevivieran a una guerra nuclear a gran escala y al probable invierno
nuclear, probablemente serían estériles.
Riesgos de las
centrales nucleares
El
creciente empleo de la energía nuclear como fuente de energía plantea ciertos
problemas relacionados con el control de los riesgos radiactivos. Los productos
de la fisión controlada empleada en los reactores son peligrosos para el medio
ambiente si se liberan en grandes cantidades, como ocurrió en Chernobil en
1986. En caso de producirse un accidente en una central con liberación de
residuos radiactivos, la tierra podría quedar contaminada en muchos kilómetros
a la redonda. Para impedir esto, los ingenieros nucleares diseñan los sistemas
intentando minimizar el riesgo de fugas accidentales.
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