Ondas estacionarias, Sonidos emitidos por una cuerda -Leyes de Mersenne-, Vibraciones libres y vibraciones forzadas.
Introducción:
Los instrumentos musicales son, en esencia sistemas en los que se
producen ondas elásticas estacionarias por métodos mecánicos o aerodinámicos.
Estas ondas estacionarias, a su vez, actúan como fuente de ondas acústicas en
que intervienen las mismas frecuencias, esencialmente con la misma proporción
(espectro).
Ondas estacionarias:
Si se sostiene una cuerda en una mano, y se le da el movimiento
indicado en la figura (1), a lo largo de la cuerda se propaga una onda. En este
caso, como el extremo no está fijo, puede oscilar libremente.
En cambio, si se excita una cuerda que esté fija en sus dos extremos,
se propaga por ella una onda que se refleja al llegar al extremo, volviendo
sobre la cuerda en sentido opuesto al anterior. Se produce una interferencia y
la cuerda toma la posición de la onda resultante.
De la interferencia de la onda reflejada con las ondas que van hacia el
extremo, hay puntos de la cuerda que
quedan sin vibrar, a ellos se los llama nodos y a los que vibran con
máxima longitud se los llama vientres.
Para que la onda sea estacionaria, tiene que cumplir una condición muy
importante: cuando la onda llegue al otro extremo, debe presentar un nodo, dado
que la omda reflejada por segunda vez se suma a la primera resultante, reforzándola
y manteniéndose los nodos y los vientres. En cambio, si la primera resultante
no presenta nodo y como la onda reflejada tiende a producir un nodo, de esta
manera se destruyen todos los nodos y vientres: es por eso que no se producen
ondas estacionarias.
Sonidos emitidos por una cuerda -Leyes de Mersenne-
Para estudiar los sonidos emitidos por la cuerda se utiliza un
instrumento antiguo llamado monocordio (2), el cual como lo dice la palabra
sólo tiene una sola cuerda, con un extremo fijo el cual pasa por una polea y en
cuyo otro extremo tiene una pesa que mantiene la cuerda constantemente tensa.
Al ser pulsada la cuerda, esta entra en vibración, haciendo que se
produzcan ondas estacionarias, y se logra percibir un sonido de una determinada
frecuencia. Pero si varía la fuerza que mantiene tensa la cuerda, también varía
la frecuencia del sonido.
Existe una ley
que explica este fenómeno:
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“La frecuencia de la vibración de una cuerda es directamente
proporcional a la raíz cuadrada de la fuerza que la tiende”
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Es por eso que los músicos que integran una
orquesta, antes de comenzar a ejecutar una pieza musical, los violinistas,
guitarristas, arpistas, etc., afinan sus instrumentos, graduando la fuerza que
tiende a cada una de las cuerdas.
A mayor fuerza, el sonido es más agudo; pero
la fuerza tiene que cuadriplicarse para obtener el sonido de frecuencia doble.
Si se varía la longitud del tramo de la
cuerda, como consecuencia varía la frecuencia del sonido sin haber variado la
fuerza. Esto se puede analizar, si se piensa que al variar la longitud de la
cuerda, necesariamente ha debido variar la longitud de las ondas que se
propagan a lo largo de la misma, y con ello, la altura del sonido emitido:
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“La frecuencia de la vibración de una
cuerda es inversamente proporcional a su longitud”
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A menor longitud, el sonido es más agudo;
para que la frecuencia sea doble, la longitud debe reducirse a la mitad.
En los violines, se aprovecha esta ley para hacer que una misma cuerda
emita distintas notas musicales graduando su longitud con los dedos.
Si uno hace que dos cuerdas se exciten (que
salgan de la posición de reposo), de longitudes iguales y tendidas por el mismo
peso, estas pueden o no emitir el mismo sonido. Esto depende de que los pesos
de las cuerdas sean o no, respectivamente iguales:
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“La frecuencia de la vibración de una
cuerda es inversamente proporcional a la raíz cuadrada de su peso”
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Es decir que en igualdad de condiciones, la
cuerda de menor peso emitirá el sonido más agudo (mayor frecuencia).
En el piano se hace muy visible la aplicación
de las tres leyes antes mencionadas, dado que las cuerdas tienen longitudes muy
variadas, así como pesos muy distintos, y no es difícil advertir que las
fuerzas que las tienden son también variadas.
Vibraciones libres y vibraciones forzadas:
Cuando una hace vibrar una cuerda con plena
libertad, esta está produciendo en cada caso un sonido que les es propio,
característico de si misma, debido a que en ella se producen ondas
estacionarias; entonces se puede decir que la cuerda ha tenido vibraciones
libres. Pero existe la posibilidad de hacer
vibrar una cuerda con frecuencias que no sean las propias, es decir, con ondas
no estacionarias, en este caso las vibraciones serían forzadas.
Retomando el ejemplo anterior, se pueden
producir vibraciones forzadas, con la ayuda del monocordio y de un diapasón:
podemos hacer sonar el diapasón, y colocarlo sobre la cuerda, esta está
obligada a acompañarlo en su movimiento y tendrá vibraciones forzadas,
emitiendo el mismo sonido que el diapasón: