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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: El Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616): Agregado: 12 de ABRIL de 2000 | Palabras: 2515 | Votar! | 1 voto | Promedio: Categoría: Apuntes y Monografías > Literatura > |
El Inca
Garcilaso de la Vega (1539-1616)
Considerado uno de los más grandes cronistas de América,
el primer escritor que presintió la peruanidad antes de que el Perú existiese,
y uno de los mejores prosistas del renacimiento hispánico. Su visión del imperio
de los incas es fundamental en la historiografía colonial, porque da a las
fuentes orales y mitológicas la total validez historiográfica que antes
raramente habían alcanzado; y porque brinda una imagen armoniosa,
artísticamente idealizada y emocionalmente intensa del mundo incaico y los
primeros años de la conquista.
Nació en el Cuzco y era hijo natural pero noble por
ambas ramas: su padre fue un capitán español vinculado a ilustres familias y su
madre una ñusta (princesa) incaica, vinculada a la corte cuzqueña. Escuchó
tradiciones y relatos de los tiempos del esplendor incaico y asistió a las
primeras acciones de la conquista del Perú y las guerras civiles entre los
conquistadores; resumió esa visión del fin de una era y el comienzo de otra muy
distinta, en una frase famosa: "Trocósenos el reinar en vasallaje".
Sin derecho a usar el nombre de su padre Sebastián
Garcilaso de la Vega (llevaba el de Gómez Suárez de Figueroa), de naturaleza
tímida y reservada, la formación intelectual del Inca fue lenta, y tardía su
producción madura. Esta obra se produce enteramente en España, adonde viaja en
1560, con el propósito de reclamar el derecho a su nombre —entre sus
antepasados ilustres se encontraban el poeta Garcilaso de la Vega, Jorge
Manrique y el marqués de Santillana—, lo que consigue y al que agrega
orgullosamente el apelativo Inca, por el que se le conoce. Se
establece en Montilla (1561), donde goza de la protección de sus parientes
paternos, y luego en Córdoba (1589), donde se vinculó a los círculos de humanistas
españoles y se dedicó al estudio y la investigación que le permitirían escribir
sus crónicas. Se inició en la vida literaria con la notable traducción (1590)
de los Diálogos
de amor de León Hebreo, a partir del original italiano. Su primera
crónica, La
Florida del Inca (1605), epopeya en prosa, nada tiene que ver con el
Perú sino con la conquista de la península de ese nombre (actualmente parte de
los Estados Unidos) por Hernando de Soto, pero prueba las altas virtudes del
Inca como prosista y narrador. Su obra máxima son los Comentarios reales, cuya
primera parte (1609) trata de la historia, cultura e instituciones sociales del
imperio incaico; y la segunda, titulada Historia general del Perú (publicada
póstumamente en 1617), que se ocupa de la conquista de esas tierras y de las
guerras civiles. La crónica ofrece una síntesis ejemplar de las dos principales
culturas que configuran el Perú, integradas dentro de una concepción
providencialista de los procesos históricos, que él presenta como una marcha,
desde los oscuros tiempos de barbarie al advenimiento de la gran cultura
europea moderna. Se le considera y aprecia como excepcional y tardío
representante de la prosa renacentista, caracterizada por la mesura y el
equilibrio entre la expresión y los contenidos, por su sobria belleza formal.
La palabra renacimiento implica un concepto de resurrección,
de algo que sale de nuevo a la vida. Ese algo es el mundo clásico o, para
decirlo en términos más exactos, el mundo pagano: Grecia y Roma.
Conviene, sin embargo, precisar bien este concepto. Precisarlo
y, luego, deslindarlo de otro con el que suele ir casi siempre confundido. Nos
referimos al concepto de humanismo, hermano gemelo del Renacimiento. No todos
los hombres del Renacimiento fueron humanistas. El Inca Garcilaso de la Vega es
poeta y hombre del Renacimiento, pero no humanista.
Rasgos fundamentales
En cada país, el Renacimiento adquiere al
nacionalizarse, un perfil peculiar. Presenta, sin embargo, algunos rasgos
generales que se dan con mayor o menor relieve en todos los pueblos a donde
llegó su influjo. Estos rasgos son:
a)
Veneración de lo antiguo. El
hombre renacentista mira con asombro y cierta envidia a Grecia y a Roma. Al
comparar los productos literarios en lengua vulgar con los de aquellas
naciones, descubre en estos últimos una manifiesta superioridad.
b)
Desprecio de lo vulgar. El
Renacimiento impone la noción de arte sinónimo de aristocracia espiritual. Ni
en los temas ni en el modo de tratarlos quiere nada con el vulgo o bajo pueblo.
c)
Ruptura con la tradición. Es
consecuencia de lo anterior. El hombre del Renacimiento empieza por volver la
espalda a la Edad Media.
d)
Estudio de la naturaleza. Se
busca lo bello y se le busca en su fuente más directa y auténtica. Es el mundo
de la naturaleza el que está más cerca del hombre y a él se va, imitando en
ello como en todo a los grandes artistas grecolatinos.
e)
Antropocentrismo. La
mirada del hombre medieval, trascendiendo la vida terrena, se clavaba en lo
alto. Y allí busca sus temas y el pasto para su espíritu. Dios era el centro de
todo. Ahora el hombre se constituye en centro de sí mismo; a él se aplica su
mayor actividad investigadora.
f)
Independencia de la razón. La
inteligencia humana se libera de trabas dogmáticas: a la teología sucede la
filosofía y el estudio de las ciencias por demostración experimental; al método
deductivo, el inductivo; al magister dixit, los testimonios de la
razón y de los sentidos. La ciencia se seculariza; la cultura pasa de los
eclesiásticos a los laicos.
g)
Sentido crítico. Se buscan los textos más
antiguos; se depuran, interpretan y aclaran, poniendo a contribución todos los
instrumentos suministrados por la filología
y la lingüística.
En filosofía, actitud que hace hincapié en la
dignidad y el valor de la persona. Uno de sus principios básicos es que las
personas son seres racionales que poseen en sí mismas capacidad para hallar la
verdad y practicar el bien. El término humanismo se usa con gran frecuencia
para describir el movimiento literario y cultural que se extendió por Europa
durante los siglos XIV y XV. Este renacimiento de los estudios griegos y
romanos subrayaba el valor que tiene lo clásico por sí mismo, más que por su
importancia en el marco del cristianismo.
El movimiento humanista
comenzó en Italia, donde los escritores de finales de la edad media Dante,
Giovanni Boccaccio y Francesco de Petrarca contribuyeron en gran medida al
descubrimiento y a la conservación de las obras clásicas. Los ideales
humanistas fueron expresados con fuerza por otro estudioso italiano, Giovanni
Pico della Mirandola, en su Oración, obra que trata sobre la dignidad
del ser humano. El movimiento avanzó aún más por la influencia de los
estudiosos bizantinos llegados a Roma después de la caída de Constantinopla a
manos de los turcos en 1453, y por la creación de la Academia platónica en
Florencia. La Academia, cuyo principal pensador fue Marsilio Ficino, fue
fundada por el hombre de Estado y mecenas florentino Cosme I de Medici. Deseaba
revivir el platonismo y tuvo gran influencia en la literatura, la pintura y la
arquitectura de la época.
La recopilación y
traducción de manuscritos clásicos se generalizó, de modo muy significativo
entre el alto clero y la nobleza. La invención de la imprenta de tipos móviles,
a mediados del siglo XV, otorgó un nuevo impulso al humanismo mediante la
difusión de ediciones de los clásicos. Aunque en Italia el humanismo se
desarrolló sobre todo en campos como la literatura y el arte, en Europa
central, donde fue introducido por los estudiosos alemanes Johannes Reuchlin y
Philip Melanchthon, el movimiento penetró en ámbitos como la teología y la
educación, con lo que se convirtió en una de las principales causas subyacentes
de la Reforma.
Uno de los estudiosos
más importantes en la introducción del humanismo en Francia fue Erasmo de
Rotterdam, que también desempeñó un papel principal en su difusión por
Inglaterra. Allí, el humanismo fue divulgado en la Universidad de Oxford por
los estudiosos William Grocyn y Thomas Linacre, y en la Universidad de Cambridge
por Erasmo y san Juan Fisher. Desde las universidades se extendió por toda la
sociedad inglesa y allanó el camino para la edad de oro de la literatura y la
cultura que llegaría con el periodo isabelino.
El libro analizado trata
sobre diversos temas. Entre ellos, los más importantes son: la política de los
Incas (se refiere a los "mitimaes" y a otros métodos utilizados para
la dominación en el imperio), los lenguajes del incario (la lengua común y la
real), las fiestas celebradas y parte de la historia de los Incas.
A lo largo del texto, Garcilaso toma elementos de su lengua
natal y los compara con el castellano. Esta comparación se da, principalmente,
cuando traduce la lengua incaica al idioma de sus interlocutores. Un ejemplo de
este recurso se hace presente en frases como la que se cita a continuación: “...quinua y
chuñu, que son papas pisadas...”[1].
Este trabajo permite al lector de habla hispana entender e informarse sobre la
lengua quechua y, de esta manera, comprender el universo incaico. Pero esta
técnica no es la única que emplea con ese propósito.
Realiza, por ejemplo, explicaciones sobre la etimología de
ciertas palabras utilizadas por la civilización de la cual desciende, conjugando
lengua con historia, dos de las materias más importantes tratadas en este
libro. “El
primer barrio, que era el más principal, se llamaba Collcampata: cóllcam
debe ser de dicción de la lengua particular de los incas, no sé qué signifique;
pata quiere decir andén; también significa grada de escalera, y porque los
andenes se hacen en forma de escalera, les dieron este nombre...”[2];
“... otro
barrio llamado Pumacurcu; quiere decir viga de leones. Puma quiere decir
león; curcu, viga, porque en unas grandes vigas que había en el barrio, ataban
a los leones que presentaban al Inca, hasta domesticarlos y ponerlos donde
debían estar.”[3].
Es notoria la importancia que el Inca Garcilaso le otorga a la
cuestión de la lengua. Por ello, al hacer una descripción de ésta, intenta
utilizar las mismas argucias que un lingüista.
Podemos observar que, al referirse al lenguaje, no se pone ni
del lado de los españoles ni del de los americanos. Esto puede notarse cuando
habla de los términos. El Inca escribe “... que [los incas] llaman papa y quinuá.”, en
lugar de decir “llamamos”. Y asimismo dice “... el uchu, que los españoles llaman pimiento,...”.
Es decir, el Inca se aleja de uno y otro indistintamente, aunque demuestra un
conocimiento extenso de ambas culturas. Sin embargo, cuando está hablando de
las sílabas existentes o no en el quechua dice: “...aquella mi lengua general del
Perú...”[4]. Esto
sucede cuando el Inca está defendiendo una posición contra los traductores
españoles a los que hace una dura crítica. Por lo tanto, está utilizándolo para
apoyar su discurso, lo cual demuestra una buena retórica.
En los capítulos III y IV del Libro Séptimo, el autor habla de
la lengua cortesana del incario y explica cómo ésta se utilizaba para dominar a
los pueblos subyugados. Esta lengua sólo era utilizada por la gente que
pertenecía a la nobleza y, por lo tanto era símbolo de alcurnia. No son de gran
importancia los pormenores de la utilización de esta lengua, pero sí la
importancia que el Inca le daba a todo lo que tiene que ver con el lenguaje. Se
podría decir que le interesaba mucho difundir esta cultura para perpetuarla y
persiste en evitar que los europeos
terminaran de destruirla.
Continuando esta idea, encontramos que el Inca acusa a los
españoles de cometer errores en las traducciones pero, principalmente, en la
pronunciación. “... donde los indios dicen pampa, que es plaza, los españoles dicen
bamba y por Inca dicen Inga, y por rocro dicen locro, y otros semejantes...”[5].
También explica algunas particularidades de la lengua: la
inexistencia de letras tales como la b, la d, la f, la g, la j y otras; y la falta de sílabas como bra,
cra, cro, pla, pri, etcétera.
Fuentes orales
y escritas
A lo largo del texto el Inca cita diversas fuentes, pero la
mayoría son españolas (cronistas y misioneros). Cuando realiza citas textuales
lo hace por medio de encabezamientos y finalizaciones estructuradas que se
repiten en cada caso. Los encabezamientos se caracterizan por presentar el
nombre del autor citado y un verbo como hablar o decir. Por ejemplo “El Padre
José de Acosta (...) dice: ...”[6].
Y las finalizaciones suelen seguir la fórmula 'hasta aquí', seguida del
nombre de la autoridad. Por ejemplo “Hasta aquí es del Padre Maestro Acosta.”[7].
Otra forma que tiene de realizar citas es cuando utiliza a las
personalidades para apoyar su discurso: “Lo mismo dice Pedro Cieza...”.
Las autoridades sirven al autor para darle más solidez al
texto, al mostrar su afinidad de opiniones o para demostrar sus diferencias
para con ellas.
Las fuentes utilizadas por el autor para poner en evidencia la
veracidad de su relato, son orales. Se puede observar el uso de estas fuentes
en, por ejemplo, la descripción de Cuzco. Garcilaso aclara en este capítulo que
“... la
sabiduría incaica se transmitió por vía oral.”.
Además, en su relato, el Inca expone relatos testimoniales de
dos tipos: aquellos que él vivió y aquellos que le contaron. “Esto vi en
la carne del ganado...”; “...(según me han dicho)...”; “Yo la
conocí...”; “Yo me acuerdo de haber visto en mis niñeces...”
Descripciones,
Narraciones, y Relatos testimoniales
El Inca realiza diversas descripciones de
templos, fiestas, ciudades, etcétera. Por ejemplo, describe la ciudad de Cuzco.
Al hacer esto, intercala ciertas narraciones para embellecer la descripción y
explicar ciertos aspectos de la cultura incaica. Seguidamente realiza
paralelismos como recurso descriptivo. Hace las comparaciones de a tres
elementos, como los clásicos.
Otro recurso que utiliza reiteradamente durante las
descripciones consiste en explicar una cualidad expresando los dos adjetivos
antónimos y aclarando cual se asemeja más al objeto modificado: “... más de
frío y seco que de calor y húmedo,...”; “...poco estimada, antes aborrecida...”.
Al describir la ciudad, se detiene en cada edificio y lugar
para narrar su historia. Esto reafirma lo que se dijo acerca de intercalar
narraciones con la descripción.
En las narraciones, el Inca explica tres puntos de un mismo
suceso: el cómo, el cuándo y el porqué. A lo largo de los relatos, intercala
explicaciones para que los lectores españoles puedan comprenderlos mejor.
Explica muchos de los hechos referentes a la cotideaneidad, para demostrar que
los incas son humanos y que su cultura es tan válida como la europea. El Inca
quiere dar a conocer los pormenores de la cultura incaica.
Recurre a la primera persona en dos circunstancia. Cuando utiliza la
primera persona del singular, se refiere a los hechos en los que él estuvo
involucrado. Y, cuando utiliza la primera del plural, lo hace para organizar el
discurso: “como
ya dijimos”, “como diremos más adelante”.
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