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Más sobre este recurso: Catalogado en base de datos como: La Vicaría, de Marià Fortuny i Carbó.: Identificación de la obra, Introducción histórica, Vida y obra de Marià Fortuny i Carbó, Historia de la obra, Descripción de la obra, Funcionalidad. Agregado: 29 de AGOSTO de 2000 | Palabras: 1139 | Votar! | Sin Votos | Sin comentarios | Agregar Comentario Categoría: Apuntes y Monografías > Historia del Arte > |
La obra pictórica a comentar pertenece al Romanticismo español (siglo XIX). Se trata de La vicaría de Marià Fortuny, obra culminante de la llamada pintura preciosista, que alcanzó gran éxito en toda Europa como expresión de un realismo burgués exento del carácter de crítica social.
El siglo XIX es un siglo de grandes cambios y también en el mundo del
arte. Hay numerosas revueltas sociales, en principio para reclamar atención al
pueblo obrero, muy descuidado y miserable en todos los sentidos.
También es un siglo donde comienzan los cambios en los gobiernos, bien
en repúblicas, bien en monarquías constitucionales, como en Francia y España
respectivamente, es el siglo en que el absolutismo pasará a la historia.
Respecto al arte, la capital se traslada a París, será la nueva ciudad
del arte. El artista cambia su condición social y se convierte en un personaje
sociable que asiste a reuniones convocadas por la alta sociedad parisina.
El papado constituye un factor
importante en el cambio de ciudad del arte ya que en esta época deja de ser el
principal mecenas del arte en beneficio de la burguesía parisina. También el
papado es un elemento clave en cuanto a la temática de las obras de arte que
serán de tema pagano antes que de temática religiosa aunque a esto también hay
que añadir la influencia de los ideales anticlericales procedentes del
Despotismo Ilustrado.
Hay continuos cambios en la concepción de la pintura con el objetivo de
romper con la estética clasicista, es por eso que salen a la luz corrientes
como el Impresionismo y el Expresionismo que destacan en el tratamiento de la
luz y en la concepción del color respectivamente.
En este siglo, los pintores españoles que destacarán son Fortuny y
Sorolla, uno significa un precedente del Impresionismo, el otro la madurez de
este estilo.
Nació en Reus en 1838 y fue un pintor genial, evolucionista renovador
de la pintura española. Su abuelo fue quien descubrió y estimuló sus aficiones
como pintor.
Realizó numerosos viajes (Marruecos, Roma, París, Granada, etc.) y
pintó la mayoría de sus obras fuera de España, sobre todo en ambientes
marroquíes. Murió en Roma en 1874.
Entre sus mejores obras figuran las siguientes: La batalla de Tetuán, Niños en un salón japonés, Odalisca, Fantasía árabe, La elección del modelo,
El jardín de los poetas
y La vicaría.
Por su perfección técnica, luminosidad y riqueza de colorido, "El Maestro" (como le llamaban sus contemporáneos) fue una figura cuya obra excepcional aportó horizontes de grandeza a la pintura española de la pasada centuria. Sus cuadros alcanzaron en su tiempo un éxito internacional.
La atmósfera invade su pintura, donde el dibujo prevalece a través de
una completa gama de colores, haciendo su obra inconfundible, ya se trate de un
óleo, una acuarela o un grabado al aguafuerte.
Hablar de Fortuny es hablar de luminosidad vibrante y plástica
conducido por una pincelada dinámica, característica de este pintor que sabía
definir los detalles con técnica de miniaturista de manera magistral.
Se trata de la obra más famosa del pintor catalán y se la incluye
dentro de un movimiento llamado Casacón.
La obra tiene un largo historial en todo lo referente a preparativos y
a elaboración. La génesis de este cuadro se sitúa en Madrid en el momento en
que el pintor iba a celebrar su boda con Cecilia (hija de Federico de Madrazo)
en el año 1867, fue realizando esbozos y cuando regresó del viaje de novios
empezó a pintar esta composición sobre una tabla adquirida en el Rastro de
Madrid.
Continuó el cuadro en Roma y finalmente lo terminó en París en 1869
donde fue alabado tanto por el público como por la crítica.
En el proceso actuaron a modo de público y modelos de azar
entremezclados muchos de los amigos de Fortuny en aquel entonces, su marchante,
coleccionistas y algunos devotos del pintor. El pintor optó por esta forma de
realización saliéndose de su norma de trabajo individual y un tanto aislada.
Actualmente, la obra se encuentra el Museo de Arte Moderno de
Barcelona.
Este cuadro narra el momento de la firma de un contrato matrimonial en
el interior de una sacristía, los personajes aparecen vestidos a la moda de
finales del siglo XVIII.
La relación que la obra guarda con ese momento histórico no es producto
de un capricho del pintor. Al contrario, se trata de una de las pinturas más
representativas de la integración de Fortuny a la corriente temática de los
cuadros de pequeño tamaño de tema del siglo XVIII, tan apreciados por los
marchantes y coleccionistas de su tiempo.
La disposición de los personajes que aparecen en la obra se haya
realizada en tres grupos que forman tres planos de perspectiva y que están
relacionados entre sí por objetos del mobiliario. El centro de atención es,
evidentemente, el acto de la firma en el segundo de los planos.
Abundan los tonos claros resaltados por la iluminación. Los tonos se
mantienen entre el amarillo oro y el verde intercalados en diversas gamas
saliéndose tan solo de ellos algunos ropajes femeninos, como el de la dama
vestida de rosa que se inclina sobre la novia para leer un documento.
Una luz tamizada, como si fuera un ligero cortinaje dorado, parece
estar colocada sobre el conjunto. Fortuny ha situado un solo foco en el mismo
lugar en que tiene colocado el caballete, de tal manera que la escena se
encuentra iluminada desde un solo punto, es decir, desde el lado izquierdo en
que se encuentra el pintor trabajando.
Las sombras, que resultan muy duras, inciden sobre la percepción
volumétrica agrandando las distancias y delimitando a la perfección lo físico
del espacio.
La obra contiene una enorme multitud de detalles que la hacen
indefinible Es evidente que la clave que objetiva todo el conjunto es la del
detalle, que alcanza la más alta expresión en Fortuny. Es importante destacar
el reducido tamaño del original para valorar en su justa medida la calidad del
detalle en la tela.
El pintor catalán llega a alardes de virtuoso en el traje de luces del
torero sentado, en las joyas de las señoras, en el recamado de los espejos, en
el enrejado y en los detalles de suciedad del suelo, por no hablar de los
flecos de las sillas, la alfombra vieja o la lámpara central.
Se cree que esta obra, por una parte, iba dirigida a coleccionistas y
marchantes pero otra de las versiones que también se da es la de que la hizo
después de casarse, ajustándose a
la pintura de su época y sin presión por parte de marchantes y coleccionistas.
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