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Extorsion

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Concepto general del delito de extorsin

Agregado: 14 de MAYO de 2007 (Por Anonimo) | Palabras: 21532 | Votar! |
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Categoría: Apuntes y Monografas > Derecho >
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  • Extorsion: Concepto general del delito de extorsin

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    Autor: Anonimo (info@alipso.com)


    Extorsin

    Cdigo Penal: Art.168. (segn ley 20.642). Ser reprimido con reclusin o prisin de cinco a diez aos, el que con intimidacin o simulando autoridad publica o falsa orden de la misma, obligue a otro a entregar, enviar, depositar o poner a su disposicin o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurdicos.

    Incurrir en la misma pena el que por los mismos medios o con violencia, obligue a otro a suscribir o destruir documentos de obligacin o de crdito.



    Concepto general del delito de extorsin


    No es posible definir el delito de extorsin en trminos que abarquen las diversas hiptesis del mismo contempladas por el Cdigo Penal1.

    Con esta salvedad, es correcto enunciar que en el delito de extorsin, existe, por obra del autor, una limitacin en la libertad de la vctima, caracterizndose la conducta por el nimo de lograr una disposicin patrimonial ilegitima y mediata, que es lo que mueve al agente.

    La extorsin, que el Cdigo Penal ubica con exactitud, entre los delitos contra la propiedad, no ha sido considerada siempre bajo este ttulo, sino que en algunas de sus formas ha sido mirada como una ofensa a la administracin pblica, a la libertad o a la propiedad, o como una y otra cosa.

    La extorsin, en sus distintas figuras, ataca la libre determinacin de la persona y su propiedad. Pero la ofensa a la libertad es solo un medio para consumar la ofensa a la propiedad, que es la que el legislador argentino, considerndola prevaleciente, ha tenido en cuenta para elegir el ttulo delictivo correspondiente al delito.



    Ubicacin histrica y sistemtica


    Origen histrico


    En Roma: Entre los delitos contra la propiedad, el hurto es el ms antiguo. Constituye el antecedente ms remoto de la extorsin.

    En Roma, la determinacin autnoma del hurto, tal como lo conocemos ahora, se realiza bajo el Imperio. En ese perodo, el hurto, como apoderamiento ilegtimo de cosa mueble ajena, se separa de otras conductas anlogas, el peculatus, o hurto cometido por un funcionario pblico, el plagium, o hurto de una persona libre, el sacrilegium, o hurto de cosas sagradas, el stellionatus o fraude penal, la violati sepulcri o despojo de cadveres, el abiegeatus o robo de animales; ms tarde, y por ltimo, el hurto violento, robo o rapia.

    La rapia o el robo con violencia sobre las personas se contrapone al hurto simple, as como el arrebato con violencia de la cosa (rapere vi et palam) se contrapone a la sustraccin clandestina y oculta (contrectare clam et oculte).

    Ms tarde aparece, muy desdibujada an, la extorsin (obtencin de dinero bajo coaccin moral) con el nombre de concussio, que no tena la significacin actual sino la de abuso de la autoridad propia de los funcionarios y la amenaza de acusar a alguien de delito2.



    Vinculacin con el inicio del procedimiento penal romano: En esa forma larvada, la extorsin se vincula a un momento decisivo dentro del desarrollo del procedimiento penal romano. En efecto, este ltimo no tuvo la amplia regulacin del procedimiento civil, porque los romanos no llegaron a establecer una sistematizacin sobre el delito y las penas, ni tampoco a dictar normas que regularan todo lo concerniente a la organizacin procesal.

    Precisamente, el derecho penal romano logra una ms armnica formulacin cuando se establecen las quaestionae perpetuae. Ahora bien, la causa de creacin de esos tribunales permanentes, obedeci a la necesidad de sancionar criminalmente las exacciones de los magistrados provinciales (repetumdae), las que se haban hecho muy frecuentes en los ltimos aos de la republica, como consecuencia de la corrupcin de las costumbres.

    Las quejas de los provinciales contra los funcionarios venales llegaron hasta el senado, quien ante la ausencia de tribunales especializados para juzgar tales delitos, procedi a nombrar un colegio de recuperatores para que investigara los hechos denunciados, y en caso de encontrar culpable al acusado, le obligara a devolver lo indebidamente percibido.

    En el ao 149 a.C., se dict un plebiscito, a proposicin del tribuno Calpurnio Pisn, que se conoce con el nombre de ley Calpurnia repetumdarum; la misma tuvo la virtud de echar las bases de la primera quaestio perpetuae. Dicha ley dispuso que el pretor peregrino deba estar a cargo de la direccin de esta clase de juicio, ordenando que se confeccionara una lista de jueces entre los cuales deban ser elegidos los miembros que formaran el jurado que deba entender en cada caso particular.



    La concussio cometida por particulares: En el ao 122 a.C., la lex Acilia repetumdarum confirma el carcter delictual de las exacciones cometidas por funcionarios pblicos y somete a la competencia de las quaestio perpetuae el juzgamiento de los crmenes de concusin. En poca de Sila se amplio la competencia de los mismos, cuando el dictador dispuso que deban tramitarse por los procedimientos de las quaestiones, los delitos sancionados por las leyes Corneliae de sicariis, Corneliae testamentaria, Corneliae de maiestatis, todas aqullas referidas a hechos considerados como violatorios de la ley penal. Desde este momento el procedimiento de las quaestiones abarca toda clase de delitos, configurndose como el verdadero procedimiento penal romano.

    Posteriormente, ciertas formas de la concussio pueden ser cometidas por particulares. La coaccin moral, la intimidacin, como mtodos para obtener un provecho ilegtimo, no se recorren como exclusivos de funcionarios. Por otra parte, la extorsin, hija de las exacciones ilegales y de la concussio, descendiente lejana del hurto, asume una condicin independiente y comienza a vivir su vida propia.



    Clasificacin de los delitos contra la propiedad. Ubicacin de la extorsin


    Existen diversas clasificaciones de los delitos contra la propiedad. Por un procedimiento de cibaje a lo largo de muchos siglos, la ofensa a la propiedad ha producido un grupo numeroso de ilcitos. En la direccin que se produzca el corte de esa materia general, diferentes napas de la conducta humana pueden ser clasificadas como delitos, partiendo de criterios diferentes.

    Carrara (Programa, 2014 y 2015) los ha dividido entre aqullos que se inspiran en el animo de venganza y aqullos que se inspiran en el animo de lucro. El criterio no parece muy feliz apenas se advierte que, mientras slo las distintas modalidades de un delito, el dao, estaran en el primer grupo, todos los dems perteneceran al segundo; entre ellos, la extorsin.

    Carmignani3, haba partido antes de otro principio ordenador. Los modos de obtener provecho ilegtimo de la propiedad, de la obtencin criminosa de esta en trminos generales, son muy diversos, dice este autor. Atendiendo a esa diversificacin, nacida de la naturaleza del bien, especialmente Carmignani distingue los delitos contra la propiedad, en delitos contra los bienes inmuebles, delitos contra los bienes muebles y delitos contra los bienes semovientes.

    Giuriati, renunciando a una divisin tajante, absoluta, insiste en el trmino prevaleciente, al formalizar su clasificacin. Dice que el hurto, que es tpica ofensa a la propiedad mobiliaria, a veces puede realizarse sobre cosas inmuebles (partiendo de una concepcin civil distinta a la nuestra); en tal sentido, manifiesta: Nadie, en efecto, duda que sea hurto arrancar rboles de un fundo para convertirlos en lea para el fuego o en madera para construccin. Viceversa, el dao, que en la hiptesis ms comn, es un ultraje a bienes races, puede tambin ser perpetrado sobre cosas muebles o animales.

    Este obstculo, que salva el criterio por el cual debe prescindirse en materia penal de la divisin hecha en el campo civil, y por el cual, contrariando su naturaleza (rbol, bien transportable, verbigracia) los bienes inmuebles lo son por accesin o por representacin (rbol, bien inmueble), le parece a Giuriati, decisivo. De esto viene como de la mano que diga que los delitos contra la propiedad, son de dos clases, delitos que ofenden prevalecientemente a la propiedad mobiliaria y delitos que ofenden prevalecientemente a la propiedad inmobiliaria.

    Hegler4 divide los delitos en desplazamiento patrimonial y delitos de sustraccin del patrimonio. Quintano Ripolls los clasifica de esta forma: 1) infracciones de apoderamiento lucrativo del patrimonio ajeno; 2) infracciones de uso abusivo del propio patrimonio; 3) infracciones de menoscabo patrimonial; 4) infracciones reguladas en leyes especiales. La extorsin se ubica en el tercer grupo5.

    Maggiore6 distingue, para clasificar los delitos contra la propiedad, entre las figuras de fraude y las de violencia.

    Esta divisin es objetada por Fontn Balestra7 con razn. El hurto, nada menos, no es exactamente ubicable dentro de ninguna de las dos categoras.

    Soler8 enuncia dos criterios de divisin. Por el primero, dice que una persona puede perder el bien que se encuentra bajo su dominio slo de dos maneras fundamentales: sin consentimiento o con consentimiento viciado.

    Sin consentimiento, cuando como en el hurto, la resistencia es puramente potencial, o como en el robo, con violencia en las personas o en las cosas, la resistencia ya es mostrada por la accin del autor.

    Con consentimiento viciado, cuando el agente activo acta sobre la voluntad de la victima, logrando que se dirija inconvenientemente para ella, como en la estafa, donde la base es el error inducido, o consiguiendo el provecho mediante el temor, como en la extorsin.

    Pero en ambos casos, el ncleo central de la cuestin es el desplazamiento injusto. El desplazamiento es as, para Soler, como para Hegler, el punto de partida de sus sistemas divisorios.

    Nez9 observa que quedan fuera de la clasificacin algunos delitos contra la propiedad donde, precisamente, no existe desplazamiento. Por otra parte, Soler haba reconocido de antemano que su criterio se circunscriba a delitos contra la propiedad donde el bien se desplazaba; por ello ese criterio era meramente orientador.

    Finalmente, este ltimo autor10 expone otra formula de clasificacin, que se basa en la accin en que consiste el delito. Con respecto a ello, la accin puede consistir en apoderarse del objeto, obligar a darlo, hacrselo dar, en quedarse con l, en quitarlo al que se le haba concedido derecho de tenerlo11.



    Consideraciones generales de la extorsin


    El ttulo de los Delitos contra la Propiedad, lleva el nombre de Extorsin. En los cuatro artculos de que consta se prevn cinco tipos distintos de extorsin: la extorsin comn (primer prrafo del Art. 168); la extorsin de documentos (segundo prrafo del Art.168); la extorsin mediante la amenaza de imputaciones contra el honor o de violacin de secretos (Art.169); el rescate (Art. 170) y el rescate de cadveres (Art.171).

    Las distintas modalidades de la extorsin que acabamos de enunciar, se caracterizan por lesionar, adems del derecho de propiedad, la libertad individual. Ello ha dado lugar a que, tanto en la doctrina como en las legislaciones, y a travs del tiempo, esas figuras hayan sido situadas en ttulos diversos.

    El medio empleado decidi a Tejedor a distinguir de entre las formas agrupadas hoy como de extorsin, las que lesionan preponderadamente la libertad, de las que atacan al derecho de propiedad. En su proyecto sita el ttulo de los Delitos contra las garantas individuales, prrafo de las amenazas y coacciones, la amenaza hecha con el objeto de que se deposite una suma de dinero12. En cambio, aparecen en el ttulo de los Delitos contra la propiedad individual prrafo de los robos y hurtos, la amenaza o intimidacin para que se descubra, entregue o no se defienda la cosa; el rescate, y la extorsin de documentos13.

    El Cdigo de 1886 sigue un sistema anlogo. En el articulo 189, situado en el captulo de los robos y hurtos, a travs de cuatro incisos, prev la amenaza o intimidacin para que se descubra, entregue o no defienda la cosa que se intenta robar; la detencin de rehenes de una persona para sacar rescate; el obligar por la violencia a firmar un documento de obligacin o de cancelacin; la simulacin de autoridad pblica. En el Art.195 se amenaza con la pena al que robase cadveres para hacerse pagar su devolucin. En el captulo de las amenazas y coacciones, correspondiente al ttulo de los Delitos contra las garantas individuales, se castiga la amenaza exigiendo una suma de dinero, si el culpable hubiese conseguido su propsito, (Art. 168, inc. 2).

    El proyecto de 1891 es el que innova en la materia, agrupando en un captulo, al que denomina Extorsin, dentro del ttulo de los Delitos contra la propiedad, las figuras que el cdigo vigente prev como de extorsin, con algunos cambios en su estructura. La Ley de reformas del ao 1903 introduce las previsiones del Proyecto de 1891, aunque con variantes, al Derecho positivo. Pero la pone en el ttulo de los Delitos contra las garantas individuales, en reemplazo del captulo en que se contemplaban las amenazas y coacciones, las que quedaron as derogadas. Los proyectos de 1906 y de 1907 mantienen el criterio del de 1891, que llega al cdigo vigente.

    La extorsin lesiona tanto el derecho de propiedad como la libertad, o si se quiere, es un ataque a la propiedad por medio de una agresin a la libertad14. El criterio que debe prevalecer en los casos de que un hecho lesione ms de un bien jurdico, y concretamente en el caso de la extorsin, es sealado por Carrara, para quien, segn el mtodo de la escuela de Carminagni, clasificando siempre los delitos segn el fin, salvo cuando exista prevalencia de gravedad objetiva en el medio sobre el fin, debe colocarse la extorsin en los delitos contra la propiedad cuando fue consumada por medio de violencia privada, que es el caso ms ordinario15.

    Restablecidas por la ley n 17.567 las amenazas y coacciones como hechas tpicos, es oportuno sealar la diferencia entre la extorsin y la coaccin. Lo mismo en una que en otra figura, se atenta contra la libertad de determinarse y de actuacin o formacin de la voluntad, puesto que en ambos casos se obliga a otro a hacer algo a lo que no esta obligado. Pero, mientras en la coaccin es indiferente la naturaleza del acto impuesto, en la extorsin ese acto debe tener carcter ilcito patrimonial, con el consiguiente perjuicio para la vctima o para un tercero16. En el parangn con el delito de amenazas, la diferencia salta a la vista, puesto que en ellas se pena la amenaza en s misma, prescindiendo de todo resultado; es un delito formal17.

    Es tambin el caso de distinguir el secuestro extorsivo del Art. 170, por el que se detiene a una persona para sacar rescate, de la modalidad agravada del delito de privacin de la libertad individual prevista en el inc. 1 del Art. 142 como el hecho de privar a otro de su libertad personal con el propsito de lucro. Al tratar el rescate, adelantamos aqu que en la figura del Art. 170, amenazada con pena mucho mayor, la privacin de libertad es un medio para lograr el fin patrimonial; se efecta con ese fin; y ella cesa o al menos debiera cesar, cuando tal fin ha sido logrado, puesto que se supedita a l.

    La caracterstica comn al modo ejecutivo de las distintas formas de extorsin esta dada por el hecho de que el desplazamiento o modificacin de carcter patrimonial se produce por accin de la propia vctima, que obra por el efecto de amenazas de distinta naturaleza. Por eso dice Carrara que la extorsin, en el sentido jurdico actual, recibe los caracteres de su especialidad de un intervalo de tiempo que debe transcurrir (aunque breve) entre la amenaza de un mal y su ejecucin, o bien entre la amenaza de mal y el apoderamiento de la cosa. Y para distinguir la extorsin del robo, recurre a los siguientes ejemplos: Para tener hurto violento, es necesario que el ladrn haya dicho: dame la cosa o te mato, o bien que con fuerza fsica haya constreido a darla. Para tener extorsin, es necesario, en cambio, que el ladrn haya dicho: dame la cosa o te matar o te quemar la casa, etctera, o bien haya dicho: promete darme la cosa o te mato. En una palabra, concluye, el mal inminente y el lucro contemporneo constituyen el hurto violento; el mal futuro o el lucro futuro constituyen la extorsin18.



    El bien jurdico protegido en la extorsin


    La extorsin como ataque a la propiedad. Utilidad de esa determinacin


    Como se ha visto, la extorsin, en sus formas originales aparece como un ataque a la administracin de justicia. Ms adelante, la libertad y la propiedad o el patrimonio resultan atacados.

    Hoy prevalece el concepto de que el bien jurdico protegido en ese delito es esencialmente la propiedad. Se ataca primeramente la libertad, pero la ofensa va dirigida ms all: va dirigida hacia la propiedad19.

    Cuando dijimos que para la interpretacin exacta de cada figura no basta el anlisis de cada uno de los elementos que proporciona, sino que es necesario tener en cuenta el bien jurdico protegido, afirmamos una verdad de la que la extorsin tambin es ejemplo. Vase, para demostrarlo, que ella habla de una obtencin que consiste en obligar a otro a entregar, enviar, depositar o poner a su disposicin o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurdicos. Pero la doctrina y la jurisprudencia han entendido que eso que as se obtiene debe ser ilegtimo; que el autor no debe tener derecho a lo que obtiene. De dnde surge ese pacfico criterio si el Art.168 nada dice al respecto...? Surge de haber dejado firme que el bien jurdico protegido por este delito es la propiedad, no la libertad. En efecto, lo que da la pauta de que el provecho en la extorsin es ilegtimo es la determinacin previa de su bien jurdico protegido: la propiedad (o el patrimonio; aqu la diferencia resulta irrelevante).

    La ms moderna doctrina argentina considera que la propiedad es el bien jurdico protegido en este delito. Prohijan este punto de vista: Nez, R. C20., Fontn Balestra, C21., y Soler, S22., Argibay Molina23, y Milln, A. S24..



    La extorsin como ataque al patrimonio


    Otros autores sostienen que el bien jurdico protegido es el patrimonio25. Peco, J. expresa: No slo se ataca la propiedad, en la acepcin del derecho civil o en su significado acadmico, sino tambin el derecho de posesin y an la mera tendencia de la cosa; hasta los derechos pecuniarios y los bienes inmateriales de valor econmico. En consecuencia, la denominacin ms exacta no es la que se reduce al bien jurdico ms importante como el de la propiedad, sino el que la extiende a todos los bienes que la componen.

    La concepcin del patrimonio como bien jurdico protegido ha sido sostenida tambin por Quintano Ripolls, A26., Jimnez de Asa, L27., Maggiore, G28.,y Manzini, V29.



    Posicin inicial de Nez; propiedad en el sentido constitucional. Dice Nez, en Delitos contra la propiedad, p. 7, que la propiedad, como bien jurdico protegido por el Cdigo Penal, no es la propiedad o dominio del Cdigo Civil (Art. 2506). El dominio es un derecho real en virtud del cual, una cosa se encuentra sometida a la voluntad y a la accin de una persona (Cd. y Art., cits.). El Cdigo Penal le confiere a la propiedad una extensin mucho mayor.

    No slo protege sigue diciendo Nez esa relacin de dominio entre las personas y las cosas, sino otras relaciones reales entre ambos, de carcter menos amplio, como lo son otros derechos reales que las leyes le reconocen al hombre sobre stas, as como tambin los llamados derechos personales y los derechos administrativos, y la vinculacin de hecho entre una persona y las cosas de posesin y tenencia.

    Lo que el Cdigo Penal protege es la propiedad en el sentido que le confiere la Constitucin, la cual le reconoce a toda persona el derecho de usar y disponer de su propiedad. Esta propiedad comprende, tratndose de los delitos contra ella, todos los intereses apreciables que una persona, fsica o jurdica, privada o pblica, tiene, fuera de los derechos de la personalidad, de los derechos de familia y de los derechos polticos, que con arreglo a su naturaleza, le pueden corresponder.



    Posicin posterior de Nez. Posteriormente, Nez modifica su posicin sobre el punto. Lo hace en Derecho penal argentino, V, p. 164. All reconoce que no puede identificarse la propiedad protegida penalmente como la propiedad a la que se refiere la Constitucin Nacional; esa identificacin dice la hicimos en Delitos contra la propiedad.

    El pensamiento de Nez vara porque admite ahora que existen bienes que constituyen una propiedad en el sentido constitucional, como, por ejemplo, las adquisiciones procsales frente a las leyes nuevas, la cosa juzgada, y los derechos de familia, y que, sin embargo, estos bienes no son la propiedad, distinta de la propiedad en sentido civil, que el Cdigo Penal protege.

    Precisa as que los bienes susceptibles de apreciacin pecuniaria pueden ser cosa u otros objetos inmateriales (derechos). Ellos son propiedad de una persona cuando el derecho se los atribuye a ttulo de tenencia, posesin o dominio, o de otro derecho real; o de derecho personal de ndole civil o de otro carcter; o a otro ttulo jurdicamente valido; o a ttulo de expectativa reconocida legalmente, como es el lucro cesante cierto (Cd. Civ., Art. 1069), o a ttulo de cualquier otra facultad jurdica.

    En todos esos casos, entre la persona y un objeto apreciable pecuniariamente media una relacin jurdica particular, en virtud de la cual el sujeto puede invocar una pertenencia particular respecto del objeto. Sin esa relacin jurdica, no media una vinculacin de propiedad entre una persona y una cosa, derecho o situacin jurdica. Por falta de esa vinculacin de propiedad, verbigracia, entre el patrimonio de una persona y la masa de sus acreedores, salvo el caso de quiebra o concurso civil, es que no constituye delito, ni el pago referente a un acreedor, ni la falta de justificacin de la salida de los bienes. Sin embargo, la persona puede hallarse en el caso de invocar una posibilidad de que stas lleguen a ser suyas. El tenedor de un billete de lotera, por ejemplo, o de un boleto de carreras autorizadas, tiene una expectativa jurdica respecto del premio, pero no ocurre as con el poseedor del billete o boleto de una lotera o juego prohibido. No obstante que este billete o boleto represente en s mismo, para su poseedor, una propiedad.

    Concluye Nez en que existe una nocin jurdica de la propiedad, de carcter penal. sta se aleja de la nocin puramente econmica sustentada sobre la posibilidad de gozar de los bienes. Incluso, esta relacin de propiedad es admisible si el ttulo que lo origina es ilcito. Esto sucede, por ejemplo, respecto de la tendencia o posesin ilegtima del ladrn, estafador o receptor, los cuales gozan de proteccin jurdica frente a terceros que, a su vez, no gocen del derecho de recobrar el objeto (caso del que hurta a un ladrn).



    Propiedad del Cdigo Penal, no identificable con propiedad del Cdigo Civil. En realidad, entonces, la proteccin que el derecho penal acuerda en referencia al bien jurdico protegido propiedad, tampoco se identifica con la propiedad del Cdigo Civil. Esa tutela se extiende a la posesin, es decir, a la tenencia por alguien de una cosa con intencin de someterla al ejercicio de un derecho de propiedad (Art. 2351) y tambin a la simple tendencia, vale decir, cuando se reconoce la propiedad de otro (Art. 2352).

    En el delito de hurto y en el de robo vemos como se protege la posesin y la mera tenencia. Incluso, la persona que sustrae del poder de otra persona, su propia cosa, que era tenida por el desapoderado, es sujeto activo del delito de hurto impropio.

    El delito de usurpacin ampara la posesin, la tenencia y los derechos reales de uso, usufructo, habitacin, servidumbre y anticresis, constituidos sobre los bienes inmuebles.

    De manera que la propiedad en sentido penal es un criterio amplio. Esa caracterstica ha sido puesta en sealamiento por la Corte Suprema de Justicia de la Nacin, en numerosas oportunidades, tal como Soler (ob. cit., IV, p. 174) lo hace notar.

    Por esta circunstancia, no ha de entenderse errada la designacin de Delitos contra la propiedad que tiene el ttulo pertinente del Cdigo Penal. La posicin que postula como bien jurdico protegido el patrimonio, no toma en suficiente y valorada mensuracin la diferencia existente entre propiedad y dominio que hemos connotado. Por otra parte, segn algunos autores (Planiol, Ripert, Boulanger) el patrimonio est integrado, no slo por los bienes, sino por los crditos y adems, las deudas (Tratado de derecho civil, 4 ed., I, n 2514). Sea esta teora aceptada o no30 (la han atacado Ennecerus-Kipp-Wolff, I, p. 16, Parte General del Derecho civil, von Thur, Derecho civil, Parte General, Depalma, Buenos Aires, I, p. 385) su sola formulacin por tan importantes maestros, trae otra razn para rechazar la proposicin del termino patrimonio para designar el bien jurdico contra el cual la accin criminosa se dirige.



    Esclarecedor sealamiento de Rodrguez Muoz. Creemos, sin embargo, que lo decisivo sobre esta cuestin lo ha dicho Rodrguez Muoz, en esclarecedoras palabras: la tacha de impresin y vaguedad que puede oponerse con respecto al termino propiedad alcanza tambin a la denominacin delitos contra el patrimonio, porque, o se configura ste con un tener material al modo de Hegler, o como el conjunto del activo y pasivo de una persona y no siendo posible un ataque al pasivo que en realidad no se traduzca en una disminucin del activo, se viene a parar en definitiva a una nocin que slo terminolgicamente se diferencia de la que usa el Cdigo31.



    La jurisprudencia. La jurisprudencia ha vacilado menos ya que mantiene pacficamente el termino propiedad: La extorsin es un delito contra la propiedad y no un simple atentado a la libertad o dignidad personal, o a la administracin de justicia, y requiere, esencialmente, una lesin dolosa del patrimonio32. Para que se configure el delito de extorsin la amenaza ha de ser injusta y fundarse en una premisa falsa e ilegal, porque el delito importa, en la economa del Cdigo Penal vigente, una accin contra los bienes de la victima; lo que se pena principalmente es el despojo, y no la lesin a la libertad como en el antiguo Cdigo33.

    Precisando, la lesin a la propiedad se produce en cuanto atae a la tenencia de las cosas, dinero o documentos (Art.168, pr. 1; 169, en relacin con aquel prrafo, 170 y 171) y a la constitucin o extincin perjudicial de derechos personales de carcter patrimonial (Art. 168, pr. 2, y 169, en relacin con ese prrafo).



    La extorsin propiamente dicha


    El artculo 168 del Cdigo penal argentino contiene dos modalidades: la extorsin propiamente dicha o comn y la llamada extorsin de documentos.



    La materialidad34 del hecho: primera parte del articulo 168 del Cdigo Penal



    El texto. El Art. 168 del Cdigo Penal argentino (Ttulo VI, Delitos contra la propiedad, Cap. III, Extorsin), en su primera parte, dice: Ser reprimido con reclusin o prisin de cinco a diez aos, el que con intimidacin o simulando autoridad pblica o falsa orden de la misma, obligue a otro a entregar, enviar, depositar o poner a su disposicin o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurdicos....



    Las modificaciones recientes. La ley 20.642, del 25/1/74, estableci la pena actual de prisin o reclusin de cinco a diez aos. La extorsin resulta as ms gravemente castigada que el robo simple.

    La pena originaria de prisin de uno a cuatro aos (Cd. de 1921) fue modificada en 1968, por el decr.-ley 17.567, que fija la pena de reclusin o prisin de dos a ocho aos. La pena de uno a cuatro aos fue despus restablecida por la ley 20.509. A ella sigui la ley 20.642, poco tiempo despus, con la actual pena, muy agravada con respecto a la anterior, por la proliferacin y gravedad del delito de extorsin en ese momento.



    Inconveniencia de la redaccin. La redaccin del Art. 168, extorsin propiamente dicha35 (Juan P. Ramos reserva este nombre para la forma llamada chantaje36), ha sido sealada como inconveniente por Soler (ob. cit., IV, p. 303, V).



    La accin y los medios


    La accin. La figura del Cdigo penal argentino describe la accin extorsiva como el hecho de obligar a otro, valindose de intimidacin o simulacin autoridad pblica o falsa orden de la misma a realizar ciertos actos con significado patrimonial: entregar, enviar, depositar o poner a su disposicin o a la de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurdicos.

    La ley selecciona medios por los cuales se obliga al sujeto pasivo a realizar actos tambin determinados. Ha de mediar relacin de causa a efecto entre el medio intimidatorio empleado y el efecto jurdico que con l se logra.



    Los medios. Los medios previstos por la ley para el logro extorsivo de una lesin patrimonial. Desde el punto e vista en general, los medios son el desarrollo o cumplimiento y su resultado de una actividad conveniente y adecuada para el logro del delito que se intenta ejecutar; en el caso, la extorsin

    El medio directo de la extorsin es la intimidacin lisa y llana; los medios indirectos son la simulacin de autoridad pblica y la falsa orden de la misma.



    La intimidacin; directa e indirecta. La intimidacin consiste en el empleo de amenazas para vencer la voluntad de la victima; para obligarla a hacer. Queda fuera de esta figura de la extorsin de violencia fsica (Esta expresamente prevista para la extorsin de documentos del segundo prrafo del Art. 168).

    En los tres medios sealados esta presente la intimidacin. No solo se intimida cuando se acta intimidando lisa y llanamente, sino cuando se simula autoridad pblica o falsa orden de la misma; en estos dos ltimos casos, la impostura del acto de autoridad o de la orden obligante, hacen innecesario que el autor concretamente intimide. Esto igual resulta como efecto psicolgico del recurso utilizado, siendo la situacin equivalente.

    A la conciencia de la ilegitimidad de la disposicin que tiene la vctima, el autor opone la intimidacin que implica el acto de autoridad. El disfraz es as el medio especifico dotado per se de efecto intimidatorio (Cm. Crim. Correc. Cap., J.A, 1959-IV-458; Cm. Crim. Apel. Rosario, J.A, Reseas, 1970-909; cfme., Laje Anaya, J., Comentarios al Cdigo Penal, II, p. 85; Camao Rosa, A., Estudios penales y procsales, Amalio Fernndez, Montevideo, 1973, p. 281, A).



    La intimidacin


    Grado de la intimidacin. Intimidar significa causar miedo o temor, crear en otro una perturbacin angustiosa del nimo, por un mal o riesgo que realmente amenaza, o el recelo de un dao futuro37.

    Las definiciones ms exigentes requieren que la intimidacin de la extorsin se manifieste hasta un grado en que la voluntad quede reducida y el sujeto pasivo sea llevado a hacer lo que el autor quiere.

    La mayor parte de la doctrina y la jurisprudencia exige menos. Moreno, R (h), El Cdigo Penal y sus antecedentes, p. 160, expresa: El Cdigo no dice que clase de intimidacin ser preciso que se emplee para que se considere ejecutado el delito, lo que significa que toda aquella que puede verosmilmente impresionar a una persona, y hacerla realizar el acto perseguido, debe considerarse suficiente.

    Tambin se ha dicho en numerosas ocasiones, que no es cualquier exigencia ms o menos injusta la que constituye intimidacin, sino aquella que tiene carcter atemorizante (lo que resulta tautolgico si apreciamos que intimidar significa literalmente atemorizar).

    Lo mas orientador es el concepto de Soler: existe intimidacin cuando la libertad se halla apreciablemente coartada (ob. cit., IV, p. 303, V)38.



    Naturaleza de la intimidacin. La intimidacin de la extorsin es un medio puramente moral39 (por lo menos en su ejercicio inmediato).

    En efecto, en la intimidacin de este delito no existe la amenaza inmediata de un despliegue fsico atacante contra el intimidado o un tercero. Sin embargo, puede amenazarse con un mal fsico futuro. As, si alguien amenaza por carta con matar a los pocos das a alguien de la familia, si no se accede a una determinada exigencia, el mal amenazado es fsico, pero es mediato. Si la amenaza de un despliegue fsico es inmediata, se trata de robo.



    Limitacin de la voluntad en la intimidacin. No se ha observado suficientemente que en la intimidacin del robo la limitacin de la voluntad es mayor.

    Basta considerar que amenazado (hoy, la amenaza con armas y exigiendo, est considerada pacficamente robo) el sujeto pasivo no puede denunciar. En cambio, en la extorsin, el sujeto, que ya ha sido intimidado, queda librado a cierta libertad de disposicin. Es cierto que su libertad est en algn sentido coartada (Soler) pero, por ejemplo, puede denunciar. Y de hecho, es lo que muchas veces ocurre (dando lugar casi siempre a la hiptesis del llamado delito experimental).

    Ese goce de oportunidad de defensa, que la vctima de robo no tiene, lo da el intervalo de tiempo existente entre la amenaza y el provecho, y que como despus veremos es una caracterstica de la extorsin.

    A eso se refiere Vannini cuando habla de voluntad viciada pero no suprimida (tamen coacta voluit), haciendo el distingo con este ltimo delito.



    Diferencias de la intimidacin de la extorsin con otros institutos anlogos



    Diferencia con la coaccin del Art. 34 inc. 2 del Cd. Penal. Debe diferenciarse la coaccin del Art. 34, inc. 2 del Cd. Penal, con la intimidacin del Art. 168 del mismo Cdigo.

    En primer lugar, la ley utiliza dos palabras diferentes. Por lo cual, siguiendo el tradicional principio, debemos distinguir donde la ley distingue40.

    Precisamente debe criticarse como muy inconveniente la practica jurisprudencial, y a veces doctrina, de insistir en el trmino coaccin cuando se habla de extorsin, lo que confunde.



    El Art. 34, inc. 2: mandato a delinquir inculpable. En segundo lugar, mientras la intimidacin es un elemento que existe dentro del tipo de mera descripcin objetiva, como medio de comisin, la coaccin es un instituto general de la teora del delito, que se aplica a un accionar delictivo desde afuera.

    La coaccin ha sido definida impecablemente por Carrara como un mandato a delinquir impuesto con la amenaza de un grave mal.

    Por este instituto se exime de culpabilidad a quien obra violentado por una fuerza fsica o amenaza de sufrir un mal grave e inminente. En esas circunstancias, la coaccin ejercida es la suprema41. En la intimidacin de la extorsin no se precisa, como hemos visto, que el mal sea grave o inminente.

    Es que para que la persona se considere realmente coaccionada, conforme a la exigencia del Art. 34, inc. 2, tiene que carecer de opcin y hallarse su voluntad totalmente reducida.

    Soler tambin ejemplifica con la amenaza de los claqueurs al artista de teatro. La silbatina no excusara del delito como respuesta. No hay coaccin. Si, en cambio, es indudable que hay intimidacin. Si se amenaza con abuchear y se hace exigencia ilegitima, hay extorsin (Soler, S., ob. cit., IV, p. 302, IV).



    La coaccin del Art. 34, inc. 2: grado inmediato a la ausencia de acto. Concluimos en que la coaccin del Art. 34, inc. 2, tiene mucha mayor gravedad que la intimidacin del Art. 168. Se trata de una absoluta restriccin de libertad, que lleva a la vctima hasta un grado inmediato a la ausencia del acto.



    Diferencias con las amenazas del Art. 149 Bis. Delito de amenazas


    La intimidacin: algo ms que amenaza. La equivalencia que suele hacerse entre amenaza e intimidacin, es incierta42.

    La amenaza es un vehculo de la intimidacin. Aqulla implica hacer llegar a una persona el conocimiento de que un mal recaer sobre ella. Pero para que haya intimidacin se necesita algo ms: que haya un efecto en el sujeto pasivo. Vale decir, por el carcter transitivo de la accin intimidar, que ha de producirse en el sujeto pasivo la transformacin de su psiquis por la incorporacin de un estado de temor, de angustia43.

    O sea que, mientras en la amenaza todo queda en el sujeto activo, el perfeccionamiento de la intimidacin se integra con el efecto producido en el sujeto pasivo: sin este efecto, no hay intimidacin.

    Ahora bien, la formulacin de las amenazas como delito y el uso de ellas para el ejercicio arbitrario de un derecho, estn reprimidas en el Art. 149 bis, parte 1 y 2, respectivamente, delitos de amenazas y coaccin.

    En la primera conformacin de esta figura, surgida de la ley 17.567, se hablaba de amenazas graves o con violenciadas. Posteriormente, por ley 20.642, el texto queda modificado, quedando amenazas y desaparecimiento los trminos graves y violencias. El texto actual mantiene exclusivamente amenazas.



    Delito de extorsin y delito de amenazas: igual gravedad de la intimidacin. Concluimos en que la gravedad de la intimidacin del Art.168 es la misma de las amenazas del Art. 149 bis.

    En la coaccin (delito) las amenazas son utilizadas para obtener algo que no es un provecho ilegtimo; en la extorsin, la intimidacin, cuyo primer paso es la amenaza, hace que la vctima acuerde un provecho ilegtimo. Legitimidad o ilegitimidad dan la diferencia; la gravedad es la misma.



    La Discontinuidad



    El despliegue fsico inmediato y mediato. La intimidacin en la extorsin es ajena a la amenaza de un despliegue fsico sobre la persona. Pero ello ocurre cuando ese despliegue fsico es inmediato. Despliegue fsico amenazado para suceder inmediatamente configura robo.

    Por eso, y a contrario sensu puede decirse que el despliegue fsico puede ser amenazado mediatamente y esto configurara extorsin.

    Ese intervalo de tiempo que va entre la amenaza y el provecho es otra faceta caracterizante de la intimidacin extorsiva. Por ello se ha dicho: el mal inminente y el lucro contemporneo constituyen el robo; el lucro futuro o el mal futuro constituyen la extorsin44.



    La discusin sobre la exigencia del intervalo de tiempo antes de la ley 17.567. Antes de la reforma de la ley 17.567, que segn Nez y Fontn Balestra reverdece la formulacin de una distincin entre robo y extorsin basada en el intervalo de tiempo (Soler insisti en la exigencia del intervalo de tiempo, aun en la poca anterior a la citada ley), Gerardo Pea Guzmn sostuvo que este requisito era ajeno a la figura, simplemente por no aparecer mencionado en ella.

    Tena opinin contraria a Pea Guzmn, Juan P. Ramos45, Rodolfo Moreno (h)46 y Sebastin Soler47.

    Opinaba, en cambio, como Pea Guzmn, Carlos P. Sagarna48, Guillermo de la Riestra49.

    Sagarna sustentaba la diferencia entre la extorsin y el robo en la forma en que la cosa pasa de la vctima al victimario: por entrega en la extorsin; por apoderamiento en el robo.

    En cuanto a Pea Guzmn, pese a la caracterstica perfeccin de sus argumentos, el lcido maestro tucumano no encuentra en este caso apoyo para lo que afirma. En efecto, despus de sealar que en las figuras del Cdigo argentino las referencias al tiempo son precisas y expresas da un ejemplo que se vuelve definitivamente contra lo que pretende demostrar; expresa: ...nadie discutir la calificacin de extorsin del hecho cometido por quien amenaza publicar un libelo difamatorio, y recibe, en el acto mismo de la primera amenaza, su dinero50.

    Nadie lo discute, pero es en realidad en el caso el intervalo de tiempo esta presente. El error de Pea Guzmn es visible; como amenaza, en sentido de expresin de la misma, y provecho, se sitan contemporneamente, no ve el maestro el intervalo de tiempo. Pero la confusin consiste en apreciar como cosas iguales, amenaza como expresin de la misma, y amenaza como el mal a acontecer. Lo que se amenaza, la publicacin del libelo, es una cosa futura. Precisamente, se trata entonces del mal amenazado futuro, mediato, que en armona con la exigencia o provecho presente o actual, definen la extorsin conforme al requerimiento de un intervalo de tiempo. El caso corresponde perfectamente a la frmula: mal futuro y lucro presente.



    Las opiniones de Soler y Nez. Soler sostuvo, en cambio, la exigencia de un intervalo de tiempo en la extorsin. Lo hace, sobre la base de los cdigos toscano e italiano de 1890. Continua diciendo que el Proyecto de 1891 mantuvo el sistema de aquellos Cdigos, y por tanto lo que con respecto a ellos se sostuviera51.

    A estas palabras de Soler, expresadas antes de la reforma de la ley 17.567, haba contestado Nez, en ese mismo perodo, con el argumento de que el Proyecto de 1891 no era seguido en su sistema por el Cdigo de 1921. Sin embargo, con respecto a ese sistema, Nez dice algo que, con el tiempo, al producirse la reforma de la ley 17.567, haba actuales y avaladas por el propio Nez -, las palabras de Soler. Dice Nez: Nuestro derecho vigente, al eliminar la intimidacin de la figura del robo, y admitirla en la de la extorsin, junto con la entrega del objeto, sin condicionarlos temporalmente (Art. 168) ha prescindido de considerar como caracterstica de la extorsin, la existencia de un intervalo de tiempo entre la amenaza y la prestacin52.

    De manera que Nez relaciona la prescindencia del intervalo de tiempo, en el sistema del Cdigo de 1921, con la eliminacin de la intimidacin en la figura del robo. Producida la ley 17.567, la intimidacin vuelve a estar en el robo; se retorna al sistema del Proyecto de 1891; ergo: indirectamente, para el momento presente, Nez da plenamente la razn a Soler.



    La mayor precisin del termino discontinuidad en sustitucin de intervalo de tiempo. Pero el intervalo de tiempo puede ser mejor precisado con el termino discontinuidad que introduce Soler.

    Esta expresin responde exactamente a la forma caracterstica desarticulada de la extorsin.

    Como lo ha observado con agudeza Gmez, el intervalo aparece tambin en el robo. No es tan claro, no obstante, que de esas palabras de Gmez deba inferirse, como seala Guillermo de la Riestra53 que Gmez rechaza absolutamente el intervalo de tiempo como elemento distintivo entre ambos delitos.

    Todo lo contrario. La intuitiva previsin de Gmez persegua oscuramente, una definicin mas prolija de manifestacin del requisito intervalo de tiempo. Que sepamos, el trmino es hallado por Soler: discontinuidad.

    Ciertamente, la amenaza ha sido continuada, persistente. En algn sentido, es indiscutible, correlativa a ella ha sido la existencia del intervalo de tiempo. A un caso como este, entendemos, quera referirse Gmez, cuando adverta, un tanto enigmticamente, porque nada aclara despus, que la exigencia del intervalo de tiempo resulta una nocin no extraa al robo54, de lo cual se ha inferido una posicin contraria al intervalo de tiempo como distintivo entre ambos delitos. Por lo que decimos, y con la mayor precisin de discontinuidad, la oposicin de Gmez no existira.

    Utilizada esta nocin el punto aparece sin sombra alguna. Soler dice: No podr computarse como intimidacin (la de la extorsin) aquel medio de violencias tcticas (poner el revolver en el pecho) que desde su comienzo hasta la terminacin del hecho no presenta intermitencia alguna, de modo que el sujeto no solo esta moralmente a disposicin del agresor, sino que lo esta tambin fsicamente.



    El desplazamiento de la cosa



    La relatividad de este modo distintivo. Pero el elemento que aparece como ms diluido en la caracterizacin del delito en estudio, es precisamente, como el ms importante por Gmez (Tratado, IV, p. 176).

    Dice este autor: Es as como puede decirse, con expresiones sintticas, que en el robo el apoderamiento se verifica aprehesivo rei, y en la extorsin, por la traditio. En efecto, mientras la materialidad del robo esta representada por el apoderamiento de la cosa mueble ajena, que el propio agente lleva a cabo, la de la extorsin consiste en obligar al ofendido, mediante la intimidacin, a entregar, enviar, etctera.

    Comparte este criterio, Carlos P. Sagarna (Art. Cit.): La diferencia fundamental entre ambos delitos, excluido el medio empleado, y que es propia de cada uno de ellos (esto fue escrito en vigencia la formula original del Cdigo de 1921) consiste en que en el robo la cosa es tomada por el delincuente, y en la extorsin, aquella es entregada por la vctima. Y lleva este criterio al extremo de afirmar que ...los casos en que, mediando violencia fsica se obliga a entregar, han quedado fuera de la ley respectiva por una omisin del legislador.

    Gonzlez Roura, que haba visto la relatividad de una separacin tan tajante, basada en los modos en que la cosa pasa de manos de la vctima al autor, es, naturalmente, menos concluyente, advirtiendo que, en realidad, en el robo es tan frecuente que el autor se apodere, como que la victima entregue: acepta la distincin, pero de una esfumada manera: El verbo entregar tiene un concepto activo, y aunque excepcionalmente, tambin un pasivo, el de no defender y dejar tomar.

    Es que en realidad, en los hechos, la tradicional frase tpica del robo: la bolsa o la vida, ilustra acerca de las debilidades del pretendido medio distintivo. Como sagazmente lo seala Soler55, el criterio comentado ...obedece a que la ley ha sido interpretada equvocamente, en la inadvertida posicin de que ella responde, en una forma arquitectnicamente perfecta, a los conceptos de violencia y coaccin, tal como estos se sistematizan en la teora de la accin y la culpabilidad. De ah pensamos nosotros, el notorio forzamiento en que incurre Gonzlez Roura.



    Las opiniones criticas de esta base de distincin; Gerardo Pea Guzmn y Ricardo C. Nez. Pea Guzmn es, en realidad, quien mejor ha criticado la pretensin de llevar al extremo esta base de distincin entre el robo y la extorsin. El modo como la cosa ajena llega al poder del delincuente, puede constituir, en regla general, una distincin entre los delitos contra el patrimonio. Pero, esa circunstancia, en nuestra ley actual (habla del Cdigo de 1921, mas lo que dice es aplicable al estado actual de la configuracin de la extorsin) no puede fundar una separacin ntida entre las figuras de robo y extorsin. Se puede adelantar que es irrelevante que el sometido a violencias fsicas (golpes, malos tratamientos) entregue al ladrn el dinero, como que este lo despoje directamente. Ha de juzgarse de igual manera la traditio de la extorsin: es indiferente que el asaltante haya seguido una u otra va para apropiarse de la cosa ajena... Si en el robo, por ejemplo, se reduce el apoderamiento a la sola aprehensio rei, excluyendo la traditio, se llega al absurdo de descartar el delito cuando la vctima sometida a golpes, entregue algn efecto al delincuente. Bastara este ejemplo para comprender el grave error metodolgico en que se incurre al borrar la distincin entre el medio de comisin y buscarlo en un elemento tan inocuo y circunstancial como el modo del apoderamiento. De igual manera, si el extorcado, en lugar de entregar la cosa por mano propia, deja que el asaltante la tome, no habra extorsin, sino un mero hurto por el apoderamiento56.

    De manera que la utilidad de este criterio distintivo, el modo en que la cosa pasa del poder de la vctima al victimario, se reduce en su aplicacin, partiendo de que, en la realidad de los hechos, en el robo, este se configura el apoderamiento y tambin con entrega; en la extorsin, slo con entrega.

    Para redondear el tema, conviene tener presente la reflexin de Nez: Los autores y los tribunales que no admiten que la extorsin y el robo se distinguen por el modo de comisin, han pretendido encontrar un criterio de distincin en el modo como el objeto pasa del poder de la vctima al autor. Pero este criterio, adems de referirse slo al caso de la extorsin que se consuma por la entrega del objeto, desconoce que tanto el apoderamiento como la entrega, sin desnaturalizar los respectivos tipos delictivos, pueden realizarse dando la vctima la cosa (como si acobardada por los golpes termina por entregarla al autor) o tomndola el autor (como si intimidada la vctima termina por dejar que el extorsionador tome la cosa)57. Como vemos, Nez va ms all, al admitir el apoderamiento como modo de extorsin.



    En sntesis:

    1- La caracterstica de la intimidacin propia de la extorsin es su carcter puramente moral58. Ello no descarta el carcter fsico de la amenaza, dado que el mal es mediato.

    2- Existe un intervalo de tiempo entre la amenaza y el provecho. Este intervalo de tiempo se expresa mejor con el termino discontinuidad.

    3- El modo como la cosa pasa de manos de la vctima al sujeto activo o autor, es un elemento inocuo y circunstancial, que a lo sumo puede coadyudar a la caracterizacin, sin tener importancia por s.





    La simulacin de autoridad pblica


    Simula autoridad pblica quien aparenta o finge que es autoridad pblica. El autor no debe ser persona que desempee una funcin pblica sino quien solamente la simula. La extorsin se comete por este medio cuando, valindose de l, se obliga a la vctima a realizar algunos de los actos previstos en el articulo 168, que no esta obligado a hacer. Es decir, que se logra algo que no tendra derecho a exigir ni la propia autoridad. El temor que resulta de la supuesta calidad del autor debe ser lo que obligue a la vctima a realizar la prestacin ilegtima. No basta el hecho de fingirse autoridad por s solo; se requiere la relacin de causalidad entre esa circunstancia, como medio de obligar, y el acto de disposicin de la vctima. Si lo que se entrega, enva, deposita o pone a disposicin, es algo que se est obligado a hacer para con la autoridad, y se lo hace por el error sobre la persona de quien lo exige, el hecho constituir una estafa. En otras palabras: el error sobre la condicin de autoridad pblica es necesario para que se configure la extorsin en la modalidad que acabamos de ver; pero no es suficiente; es preciso, adems, que lo que se obliga a hacer sea ilegtimo. La diferencia entre la extorsin y el fraude, estriba, al decir de Gonzlez Roura, en que en este ltimo se cede solo al engao y en la extorsin a lo mismo y al temor59.

    Si existe apoderamiento por parte de quien simula autoridad pblica, el delito ser de robo (Cm. Crim. Correc. Cap., Sala 3, 7/7/78, Mauad, A., LL, 13/7/79): Comete el delito de robo el polica que simulando cumplir una misin, se apropia de divisas que pretextaba buscar legtimamente, valindose para el apoderamiento de la intimidacin representada por la ausencia de autoridad y la amenaza de detencin. Asimismo: No constituye extorsin, sino robo, la conducta desplegada por tres falsos agentes de la polica que secuestran efectos y dinero (Cm. Crim. Correc. Cap., Sala 5, 24/8/76, Grigui, L.; Scim-Madueo-Almeyra).



    Falsa orden de autoridad pblica


    Se simula falsa orden de autoridad pblica, cuando se finge que se obra en cumplimiento de una orden emanada de autoridad. En este supuesto, el autor no se presenta como autoridad, sino cumpliendo una orden de ella. Ser comn que la orden se invoque simulando al mismo tiempo autoridad, pero ello no multiplica la delincuencia. La falsa orden puede ser invocada verbalmente o por escrito; en este ltimo caso, la extorsin concurre idealmente con la falsedad documental del artculo 29260.



    La disposicin patrimonial


    Los actos obligados


    Entregar, enviar, depositar y poner a disposicin. Los actos que mediante intimidacin, simulacin de autoridad o falsa orden de la misma, son impuestos al sujeto pasivo, son: entregar, enviar, depositar y poner a disposicin. Estos son los actos concretos en que se realiza la lesin dolosa patrimonial.

    La entrega es una dacin del objeto, de mano a mano. El envo consiste en que la cosa es dirigida o llevada al agente. El deposito es colocar la cosa en un lugar (sealado por el autor61); no creemos que se requiera tanto; la vctima puede depositar eligiendo ella el lugar del depsito. Basta que lo comunique al autor y sea accesible para ste. Poner a disposicin es colocar la cosa en condicin de ser dispuesta por el sujeto activo. A diferencia del deposito, en la puesta a disposicin, el objeto puede no haber sido movido del lugar, y por una orden que se comunica al autor o que se pone en manos de ste, el autor puede retirarlo.



    Actos positivos del sujeto pasivo. Dice Fontn Balestra que en todos los casos hay un comportamiento del autor constituido por actos positivos62. No estamos de acuerdo y entendemos que debe leerse del sujeto pasivo. En efecto, el sujeto pasivo es el que hace, obligado, las cosas que le impone el agente: entregar, enviar, depositar y poner a disposicin.



    Robo y entrega. Tampoco nos parece exacta la afirmacin que sigue: en el robo (...) la accin consiste en apoderarse, mientras el sujeto intimidado, tolera o deja hacer; en la extorsin, en cambio, el autor no hace, obliga a hacer al amenazado. Creemos que la distincin no es tan ntida. En el robo puede ocurrir que el autor se apodere o que la vctima entregue, intimidada por la violencia fsica o la amenaza inmediata de ella. La interpelacin la bolsa o la vida, clsica frmula del robo, y en la que evidentemente es el sujeto pasivo el que tiene la eleccin (perder la vida o entregar la bolsa) es ejemplo bien claro de lo que afirmamos.



    Extorsin y apoderamiento. Esta claro, en cambio, y en ese aspecto subsiste la validez de este criterio distintivo, que no puede decirse que en la extorsin haya apoderamiento. Esta siempre se comete por los modos de disposicin que la ley cita (entregar, enviar, depositar y poner a disposicin).

    Entonces, mientras el robo se comete por apoderamiento, o por entrega ante la intimidacin por amenaza real e inmediata, la extorsin se comete solo por disposicin.

    Es lo que Gonzlez Roura intento zanjar, diciendo: El verbo entregar tiene un concepto activo, y auque excepcionalmente, uno pasivo, el de no defender y dejar tomar.



    Los objetos concretos de la extorsin



    Los objetos que pueden ser extorsionados son: a) las cosas, b) el dinero, y c) los documentos que produzcan efectos jurdicos.



    Las cosas. 1) No se requiere valor patrimonial. Sobre lo que debe entenderse por cosas hay una teora amplia y una restringida: para la amplia, las cosas muebles e inmuebles pueden ser extorsionadas. Esta es la posicin mas antigua de nuestra doctrina, y la siguen Gonzlez Roura63, Oderigo64 y Malagarriga65.

    2) Otra teora afirma que slo los cosas muebles pueden ser motivo de extorsin. La siguen Gmez66, Molinario67, Nez68 y Fontn Balestra69. Pero estos ltimos autores precisan que el termino muebles ha de entenderse en el sentido penal, vale decir, en razn de su transportabilidad70.

    3) El Cdigo Civil distingue en cosas muebles e inmuebles. Los inmuebles son: 1) por su naturaleza; 2) por accesin, y 3) por su carcter representativo.

    Son inmuebles por su naturaleza las cosas que se encuentran por s mismas inmovilizadas, como el suelo y todas las partes slidas o fluidas que forman su superficie y profundidad: todo lo que est incorporado al suelo de manera orgnica, y todo lo que se encuentra bajo el suelo sin el hecho del hombre71.

    Son inmuebles por accesin las cosas muebles que se encuentran realmente inmovilizadas por su adhesin fsica al suelo, con tal que esta adhesin tenga el carcter de perpetuidad72.

    Son inmuebles por su carcter representativo, los instrumentos pblicos de donde constare la adquisicin de derechos reales sobre bienes inmuebles, con exclusin de los derechos reales de hipoteca y anticresis73.

    4) Ahora bien, el concepto penal de bienes muebles es distinto que el civil, abarca los bienes muebles y los inmuebles por accesin y representatividad; solo quedan excluidos los bienes por su naturaleza.

    La base distintiva es la transportabilidad del bien; as como en el hurto se habla de cosas muebles (Art. 162), en el Art. 168 no se menciona que tipo de cosas son las protegidas por el ilcito. Sin embargo, la doctrina mas moderna en el pas coincide, como hemos visto, en que se trata de bienes muebles, pero en el sentido amplio, penal. Toda cosa posible de ser transportada es mueble para el derecho penal, con prescindencia de la situacin en que se encuentra, de modo permanente o transitorio. De esta manera, bienes como la energa elctrica y el agua, son susceptibles de extorsin.

    En estos casos es admisible el comportamiento de un industrial que, necesitando agua o energa elctrica para su fabrica, amenaza a un vecino con un determinado mal si ste no le proporciona dichos elementos.



    El dinero. 1) En cuanto al dinero, su mencin ha sido criticada con justeza por Gmez: Resulta superflua la mencin del dinero, que hace el texto legal, porque l es una cosa mueble.

    Es lo mismo que dice Nez74: Por dinero ha de entenderse la moneda corriente en el pas, nacional o extranjera75 con curso legal en l o fuera de l. Las monedas que no llenen este ltimo requisito, no quedan al margen del tipo legal, porque la previsin conjunta en la figura, del genero (las cosas) y la especie (el dinero) permiten que fracasada la punibilidad en razn de dinero se la admita en razn de ser ste una cosa.

    2) Nez no siempre pens de la misma manera. En su libro Delitos contra la propiedad, escrito en 1950, en la p. 269, se lee: La extorsin puede tener por objeto el dinero. Por tal debe entenderse la moneda corriente en el pas, nacional o extranjera, metlica o de papel, y dotada de valor externo o interno. Si el dinero extorsionado carece de esas condiciones, aunque por otras causas pueda tener un valor (valor de cambio, de uso) no se debe considerar que exista una extorsin sobre una cosa, por que la enumeracin especifica del dinero al lado de la genrica, de las cosas, significa por el sentido propio de la especificacin, que tratndose de dinero, solo habr extorsin cuando el detrimento patrimonial provenga de la privacin del objeto como dinero y no como cosa.

    Esta ltima interpretacin, primera en el orden cronolgico en que fue expuesta, deviene del principio por el cual no es correcto interpretar la ley atribuyndole conceptos intiles. Creemos que esta es la interpelacin correcta. No se trata de una enumeracin simplemente ejemplificativa, la de los distintos modos de que el objeto pase de un poder a otro, en la extorsin, como es la enumeracin ejemplicativa del Art. 172, en el cual, el concepto genrico puede sustituir el defecto de otro especifico.

    Por otra parte, una interpretacin contraria atacara el principio interpretativo de la ley, por el cual se dice: In rebus novis constituendis, evidens esse utilitas debet (para establecer nuevas disposiciones ha de haber una evidente utilidad); el otro expresa: Lex non omit incaute, sed quia dictum noluit (la ley cuando quiso decir, dijo y cuando no quiso decir, call).



    Documentos que produzcan efectos jurdicos: 1) El documento es una manifestacin de la voluntad firmada, destinada originariamente a servir de prueba, o que puede servir de prueba76.

    Los documentos deben producir efectos jurdicos. Quedan excluidos todos los documentos de contenido distinto, como por ejemplo, los pergaminos que se firman en los agasajos, las actas conmemorativas, los cuales, aunque estn dotados de las calidades formales de los documentos por llevar, v. Gr., firmas, carecen, por su propio contenido, de fuerza jurdica, aunque eventualmente, por cualquier razn, pudieran ser utilizados en el derecho77.

    La primera cuestin que presenta este punto es si estos efectos jurdicos tienen que ser patrimoniales o simples efectos jurdicos en general.

    2) La opinin mayoritaria fue en un tiempo que los efectos jurdicos tenan que ser patrimoniales. Ello teniendo en cuenta el bien jurdico protegido: la propiedad. Se inclinan por este primer criterio: Moreno78, Gmez79, Ramos80, Molinario81, Fontn Balestra82, Levene83 y Nez84.

    3) Posteriormente, Nez y Fontn Balestra cambian de opinin. Sostienen, entonces, que los efectos jurdicos son generales y que no tiene porque el que sean patrimoniales85. Tambin esta es la opinin de Tern Lomas.

    El razonamiento es el siguiente: la proteccin penal del Art. 168 es la propiedad en sentido amplio. De esta manera, la propiedad constitucionalmente garantizada no puede identificarse con el bien protegido penalmente86.

    Por lo tanto, tratndose de un delito que protege la tenencia, la ofensa a la propiedad se produce cuando se ataca aquella (...) en razn del valor pecuniario que el documento representa como objeto histrico, cultural, econmico. La ley se refiere a efectos jurdicos sin hacer distincin. No es necesario que el documento produzca una lesin patrimonial; debe considerarse comprendido cualquiera que produzca efectos jurdicos que, de algn modo, puedan ser apreciado pecuniariamente, como seria una carta destinada a servir de prueba en un juicio de filiacin natural87. Los documentos deben preexistir a la extorsin88.

    4) Puede ser un documento en blanco. La firma en blanco prueba la voluntad de obligarse jurdicamente. Tambin, afirmativamente, si se halla prescripto89.

    5) En cuanto a los documentos anulables y nulos se considera lo siguiente: como objeto de extorsin se aceptan en general, los documentos anulables90 pero no los afectados de nulidad absoluta. Estos no pueden producir efectos de ninguna naturaleza.

    Naturalmente que el solo hecho de haber sido obtenido el documento forzadamente significa ya un vicio del consentimiento91. Con prescindencia de ese vicio del consentimiento, excepcin quod metus causa, la circunstancia de que el documento contenga alguna otra deficiencia que causara su anulabilidad, no quita al hecho carcter de extorsin. Sin embargo, si el documento es de nulidad absoluta, existe como tal, no es un acto inexistente92 pero carece de efectos jurdicos93.

    Sobre esto dice Carrara: Se discute si el valor obtenido debe ser real y hay quien sostiene que si era nulo el titulo cuya entrega se obtuvo, el delito no estar consumado. Sin embargo, yo dudara de tal proposicin, que, por cierto, no podra admitirse como absoluta. La afirmacin, en efecto, probara demasiado en ese sentido, porque cualquier ttulo obtenido por extorsin, es por su naturaleza anulable en virtud de la excepcin quod metus causa. La duda se ha presentado en el caso de un ttulo que sea nulo independientemente del temor, por defectos de forma o porque emane de un menor o de un interdicto, etctera. Y aplicando por analoga la regla aceptada en materia de falsedad, se ha dicho que no pudindose enriquecer el malhechor por aquel ttulo, apenas existira una tentativa punible. Pero yo no aceptara esa induccin analgica. El malhechor ha conseguido el documento que quera; lo ha conseguido con el fin de enriquecerse; si despus el enriquecimiento no se ha realizado por excepciones de formas, de interdicciones, etctera, este es un incidente ulterior que nada quita a la consumacin ya producida. Por lo dems, exista la posibilidad de que no se dedujera la excepcin contra el documento y de todas maneras se ha causado un dao patrimonial, an cuando ms no fuera, con el pleito94.

    Sin embargo, y pese a la opinin de Carrara, un documento nulo obtenido bajo las circunstancias de la extorsin, no significa extorsin; adems de los autores citados ut supra: Fontn Balestra, Tratado, V, p. 534, 119-II-5.

    Dice el ltimo autor citado, que los documentos que se ubican en este primer prrafo del Art. 168 del Cd Penal: lgicamente deben preexistir a la extorsin.

    Conforme a esto, segn Fontn Balestra, los documentos que produzcan efectos jurdicos del Art. 168, 1 parte, deben preexistir a la extorsin, mientras que los otros del Art. 168, 1 parte, deben ser subscriptos o destruidos y ser de obligacin o de crdito.

    La queja de Soler, en relacin con lo expuesto, que mantiene una reclamacin de poltica criminal distinta: En este punto, el sistema no parece ser coherente, pues la ley hace una diferencia entre obligar a firmar un documento y obligar a entregar un documento, y para este ltimo caso admite la extorsin, sea cual fuere el efecto jurdico posible. Sin embargo, siendo la extorsin un delito contra la propiedad, para admitir su existencia ser necesario que, de alguna manera, pueda afirmarse la existencia de un dao real para el patrimonio (documento valioso en s), o bien la existencia de un peligro para el patrimonio, que es lo que ocurre, por ejemplo, con el falso reconocimiento de un delito o de un acto deshonroso. Por esta razn, la doctrina italiana admite tambin la extorsin en los casos en que el documento robado contenga declaraciones que no sean de obligacin o de crdito.



    La consumacin


    Los actos de consumacin. Un delito se consuma cuando se cumplen todos los elementos del tipo delictivo. Delito consumado equivale a delito perfecto, en el sentido de haberse realizado tanto los elementos subjetivos del tipo (exigencia comn a formas perfectas e imperfectas de ejecucin) como los objetivos, y en concreto, la lesin o peligro expresamente prohibido en la norma particular violada.



    Delito de lesin y delito de resultado. El delito de extorsin es un delito de lesin (Fontn Balestra) o de resultado (Nez). Vale decir que se consuma cuando el resultado se realiza.

    El Art. 168 habla de entregar, enviar, depositar o poner a disposicin. Estas son las distintas formas de resultado de la extorsin.

    Se trata de distintos actos a que se obliga al sujeto pasivo. Pero mientras que en el caso de la entrega esta claro el momento de la consumacin, en otras formas, envi, deposito, puesta a disposicin, se plantea el problema de determinar cundo se consuma el delito; si cuando se cumple cualquiera de estos actos (desprendimiento) o cuando la cosa llega efectivamente a poder del autor.



    Momento consumativo: el desprendimiento. La doctrina argentina considera prevalentemente que el momento consumativo es el desprendimiento por parte del sujeto pasivo.

    Piensan de esta manera, Soler95 y Fontn Balestra96. Tambin Oderigo97.

    Para Gonzlez Roura, ha de requerirse que la cosa se encuentre en poder virtual del autor. Eusebio Gmez98 y Daz99 sin advertir la necesidad de que el hecho produzca un dao patrimonial, slo requieren que la victima ejecute cualquiera de los actos previstos en el Art. 168.

    Soler seala como lo hace Nez que en la doctrina italiana se piensa de otra manera, fijando el momento consumativo en el apoderamiento.



    Entrega parcial. Cuando la entrega de lo exigido en la extorsin sea parcial, el delito se ha considerado consumado.



    Extorsin de documentos


    La materialidad del hecho


    Represin de la suscripcin o destruccin forzada del documento, no de su entrega. En su segunda parte, el Art.168 del Cd. Penal se refiere a la extorsin documental, llamada tambin pseudoextorsin: ...incurrir en la misma pena el que por los mismos medios o por violencia, obligue a otro a suscribir o destruir documentos de obligacin o de crdito.

    Lo primero que hay que hacer notar es que si lo que el autor consigue es un documento que ya estaba suscripto, y este es entregado, enviado, depositado o puesto a disposicin del autor, el articulo infraccionado no es el 168, segunda parte, sino el mismo artculo en su primera parte, extorsin propiamente dicha. Lo que se reprime aqu es la suscripcin o destruccin, no la entrega del documento ya suscripto.



    Los mismos medios del Art. 168, parte 1, mas la violencia. Los medios son, adems de la violencia, que se agrega, los mismos del Art.168, en su primera parte; o sea, intimidacin, que significa todo acto de violencia moral idneo para producir temor en el nimo del sujeto pasivo, en forma tal que este se encuentre constreido a ejecutar la accin propuesta por el agente; simulacin de autoridad y falsa orden de autoridad; en ambos casos, autoridad pblica (asimilable a funcionario pblico del Art.77, del Cd. Penal).



    La violencia en este delito


    Diferencia en el efecto. Cuesta diferenciar esta violencia, la del Art. 168, parte 2, de la del robo. En su naturaleza es la misma, pero difiere en el efecto. Cuando el autor consigue la suscripcin de un documento, obligando al suscriptor, pudo haberlo hecho igual que en el robo, usando violencia fsica; pero el efecto marcara la diferencia. Lo conseguido en la extorsin documental, no puede ser usado en el acto; para darle un valor debe ser ejecutado, y la vctima tendr, entonces, un tiempo para defenderse. Por eso se ha dicho que lo que el autor consigue es un ttulo que eventualmente, tendr valor. El lucro es futuro y no actual. En el intervalo esta la oportunidad de defensa que no existe en el robo. Son aspectos caracterizantes de la extorsin100.



    Violencia absoluta, violencia fsica y violencia tcita. La vis fsica no quiere decir absoluta. Esta desplaza ntegramente la calidad de autor hacia el sujeto que ejerci la violencia sirvindose de otra persona como cuerpo.

    En funcin de lo expuesto pesamos que Soler no incurre en confusin con la vis absoluta al rechazar la violencia fsica (opinin compartida por Nez, Delitos contra la propiedad, p. 285, n. 7) y entender que el delito exige violencia tcita. Dice textualmente Soler: Interesa destacar, corroborando nuestra opinin acerca de la diferencia entre extorsin y robo, que en este punto, la ley, adems de hacer referencia a los medios anteriormente examinados, incluye tambin como medio comisivo la violencia, expresin que resultara totalmente inadecuada si solamente quisiera expresar violencia fsica, toda ves que es absolutamente imposible obtener por la violencia la firma de un documento, porque el acto de firmar debe ser voluntario. La expresin violencia en esta figura tiene exactamente el sentido de violencia tcita como una de las formas posibles del robo.

    De manera que no creemos que exista aqu confusin entre vis absoluta y violencia fsica. Simplemente que Soler niega la posibilidad de violencia fsica (expresa) porque no acepta que en medio de ella el sujeto pueda firmar. Si despus de un golpe, ha seguido la amenaza de otro, y en ese momento el sujeto firma, la violencia que Soler aprecia en el caso, es tcita: amenaza de violencia inmediata.

    Para Nez y para Fontn Balestra, la violencia es fsica. Dice este ltimo: En verdad no se ven razones para excluir la violencia fsica. Quien a golpes de puo obliga a otro a firmar un documento o que lo quite de donde lo tiene guardado y lo destruya, lo esta obligando con violencia fsica a que suscriba o destruya un documento; a que esas acciones las cumpla el extorsionado, caracterizando as la exigencia tpica de la extorsin. La expresin puede tornarse bizantina.



    Extorsin documental y robo. La diferencia con el robo se remite en este tipo de extorsin al efecto u objeto logrado por la violencia, que en la extorsin documental es el documento coactivamente suscripto, el cual incluye un valor que se concretara mas adelante: Cuando el documento se exija o se ejecute. Pero en el caso de la destruccin del documento ese aspecto diferenciativo no funciona. Estas pautas de contacto con el robo, obligan a ver la motivacin que llevo a considerar esta figura como robo. En el Cdigo de 1886, se la consignaba de esta manera en el Art.189, inc. 3: La pena (del robo) ser de tres a seis aos de presidio cuando se obligue por violencia a firmar un documento de obligacin o de cancelacin.

    El Proyecto Tejedor101 deca: El que obligue a otro con violencia o intimidacin, a firmar, entregar u otorgar una escritura publica, letra, vale o documento, que contenga obligacin o descargo, ser castigado como culpable de robo con las penas sealadas en los artculos respectivos.

    La misma previsin aparece en el Proyecto de 1951 (atr. 237, inc. 2) y con algunas modificaciones en el Proyecto Coll-Gmez (Art. 219, inc. 2). Los proyectos posteriores, prescinden sin embargo de la previsin especial. As ocurre con los Proyectos de Pece, el de Soler, de 1960, y el de 1979, que trata la extorsin en el Cap. 3, del Ttulo VII, Delitos contra la propiedad. La conducta de la que aqu nos ocupamos aprecia nsita, sin embargo, en el primero de los dos artculos de ese Cap. 3, extorsin simple, Art. 218: El que, para procurar un lucro indebido, con intimidacin o amenazas graves, obligare a otro a tomar una disposicin patrimonial perjudicial para s mismo o para un tercero, ser reprimido con reclusin o prisin de tres a ocho aos.

    Obsrvese, de paso, que la desaparicin del termino violencia y su sustitucin por amenazas graves, hace pensar que quienes proyectaron tuvieron en cuenta los reparos de Soler hacia una admisin directa de la violencia, violencia expresa, lo que no es aceptado, como dijimos ut supra, por Nez y Fontn Balestra.



    El Documento


    La sustitucin o destruccin del documento



    Qu es suscripcin y qu es destruccin. Suscribir un documento es firmarlo al pie. Mediante ese acto el firmante otorga a otro el poder jurdico para exigirle que haga, no haga, o d alguna cosa. Destruir el documento es hacer cesar su existencia material102.

    La destruccin puede realizarse rompiendo el documento, quemndolo, o ponindolo de cualquier manera fuera de la posibilidad de ser utilizado (tirarlo al ro, borrar de eficiente manera la firma). Tambin puede ocurrir, y es una practica corriente, que se rompa y se retire la parte de papel correspondiente a la firma. Si el documento es suscripto, enviado, depositado, entregado, o puesto a disposicin en forma obligada por parte del sujeto pasivo, la conducta deber entenderse no como infraccionaria del Art.168, 2 parte, sino del articulo mencionado, pero en su primera parte.

    No interesa que la vctima haya redactado de puo y letra el documento; basta que se obligue a firmarlo.



    Cuando el obligado es el perjudicado. Puede ocurrir que se obligue a alguien a suscribir un documento y el perjudicado por esa suscripcin sea otro. Puede tratarse de un menor que sea perjudicado mediante el obligar a su tutor a que suscriba un documento que a aquel lo perjudique; puede tambin ser que se obligue al director de una sociedad comercial a firmar un documento que perjudique a la sociedad. En estos casos debe tenerse en cuenta lo ya sealado: que la persona moral no puede ser intimidada; no puede intimidarse o violentarse una sociedad para perjudicar a sus miembros. Si, en cambio, a la inversa, puede intimidarse o violentase a un directivo de una sociedad annima para que suscriba algo que perjudique a aquella, en cuyo caso aquel ser el sujeto pasivo de la extorsin.

    Refirindose a esto dice Nez: La extorsin del Art. 168, 2 parte, ofende a la propiedad ajena, sea positivamente mediante la documentacin de una carga patrimonial a favor de un tercero, sea negativamente mediante la eliminacin de una carga patrimonial a costa de un tercero. E ofendido por el delito es el titular del patrimonio afectado por el documento o destruccin. Ese titular puede ser o no la vctima de la intimidacin, simulacin, falsedad o violencia. Por ejemplo, el ofendido por el delito no es la vctima del modo extorsionador, si por la vinculacin jurdica de aquella con un tercero, el documento suscripto obliga a este, o si el tenedor del documento a favor de un tercero, es obligado a destruirlo103. Rivarola tambin se refiere al punto: La creacin de ttulo de obligacin o su extincin por medio de un documento cancelatorio, causa una modificacin manifiesta en el derecho de propiedad; y es quizs en esta especialidad en que puede verse ms bien que el atentado a la posesin que caracteriza a todos los otros casos, el ataque al derecho mismo de propiedad104.



    El documento en blanco; consumacin o tentativa. Divergencias de opinin se han presentado con respecto al documento firmado en blanco. Para Soler, mientras el documento permanezca en blanco y mientras no se destruya la natural sospecha de que el objeto perseguido sea de carcter patrimonial, el hecho queda en grado de tentativa. Para Nez, no siendo el reconocimiento de una obligacin o la concesin de un crdito los contenidos indefectibles o posibles del documento en blanco, el agente estar protegido por la duda; ello con referencia al segundo prrafo del Art. 168. Sin embargo, el delito estar consumado, aunque en relacin con el Art. 168, 1 parte.

    Resulta de inters citar textualmente a ambos autores. Dice Soler: Con respecto a la extorsin de una firma en blanco, debe observarse que nuestra ley, al referirse a documentos de obligacin o de crdito, impone una solucin algo distinta a la que corresponde a una ley para la cual sea indiferente cualquier efecto jurdico. Si bien puede afirmarse que una firma en blanco prueba la voluntad de obligarse jurdicamente, no parece que con igual exactitud se puede decir que importa, en s misma, una obligacin patrimonial. Cuando las dems circunstancias del hecho no destruyen la natural sospecha de que el objeto perseguido sea de carcter patrimonial, mientras el documento permanezca en blanco, el hecho quedara en estado de tentativa. Una vez llenado el documento, el caso se identifica con cualquier otro, aunque al documento le falten algunos elementos, bastando que se haya concretado el objeto patrimonial.

    En cambio, para Nez, la solucin correcta debe partir de la base de que la tentativa exige que la intencin de cometer la extorsin coexista con los actos ejecutivos del delito. La intencin ulteriormente nacida no vuelve punible los actos materiales anteriores, vale decir, en nuestro caso, la exigencia de la firma en blanco que no tenia la finalidad patrimonial requerida por la ley. De que esa intencin coexisti con la exigencia y obtencin de la firma en blanco, no puede ser suficiente prueba, sin embargo, la sola circunstancia de estar en blanco el documento, porque, no siendo el reconocimiento de una obligacin o la concesin de un crdito los contenidos indefectibles o posibles del documento en blanco, el agente estar protegido por el principio constitucional de la duda, mientras una prueba independiente no decida sobre la intencin real que lo gui al exigir esa firma. Y tambin: En realidad, como el delito de obligar a suscribir el documento supone que este quede a disposicin del autor, incluso mediante alguno de los actos mencionados en el parag. 1 del Art. 168, si el documento cuya suscripcin ser ha compelido o forzado es en blanco, el delito consumado es el de este ltimo prrafo y no una tentativa del pr. 2.

    Sobre esto mismo dice Moreno, citando a Gonzlez Roura: Otra cuestin no menos interesante se relaciona con la firma en blanco. Segn Nypels, que en este caso sigue el parecer de Merlin, habra delito consumado, puesto que el que obtuvo la firma en blanco no tiene ms que consignar la obligacin o descargo. La Corte de Casacin francesa ha resuelto lo contrario alguna vez, sosteniendo que ni aun hay tentativa, y otra que esto ltimo, porque haba motivos para pensar que la firma en blanco se obtuvo con el objeto de formalizar un documento con efecto jurdico. Como la ley habla de documento, y una firma en blanco no es nada de esto, parece que, no obstante el razonable parecer de Nypels, en la especie nicamente podra contemplarse una mera tentativa, si hubiere motivos para ello. Apoyan esta conclusin Crivellari, Rivarola, y la casacin francesa105. El autor de El Cdigo Penal y sus antecedentes comparte el punto de vista de Gonzlez Roura, pero aclara que en todo caso, convendra tener en cuenta las circunstancias particulares.

    Gmez participa del criterio por el cual el hecho constituye tentativa si se establece que la pieza en blanco deba contener ulteriormente una obligacin o descargo. En cambio, Molinario opina que la sustraccin o destruccin de un documento en blanco constituye un delito consumado106.

    Sin embargo, ni Gmez ni Moreno hacen referencia a la posibilidad de encuadramiento de la conducta en el Art.168, 1 parte, sobre lo que se explicita particularmente, como lo hemos visto, Nez.

    Gmez se refiere adems, a la hiptesis de un documento en blanco suscripto, que le fuera dado a la vctima para llenar en el acto, como dice el Art. 1016 del Cd. Civil, y que es destruido bajo forzamiento del autor. Sobre este punto opina: Si quien recibi el papel fue facultado para extender sobre la firma una obligacin y el firmante coacciona al que tiene la pieza para que la destruya o se la entregue, cometer extorsin107.

    Creemos que el logro de un documento en blanco suscripto bajo constreimiento es tentativa de extorsin. Si no se probare particularmente una intencin de obtener un documento de obligacin o de crdito, la conducta es tentativa de extorsin (Art. 168, pr. 1). Si ello se probare, la conducta esta enmarcada en el Art. 168, pero en su 2 prrafo.



    El documento nulo. El documento no debe ser nulo y debe ser susceptible de producir algn efecto jurdico. Naturalmente que en virtud de la regla quod metus causa, el documento extorsionado siempre ser oponible en su ejercicio108. Pero si la nulidad fuera completa, la extorsin no se dar por cometida; se trata de un caso de inidoneidad del objeto o carencia de tipo109. Para Nez110 ste caso no se hace siempre ubicacin en el delito imposible (Art. 44, inc. 4); esta es la posicin prevalente. En contra, y por la punibilidad de la tentativa imposible por inidoneidad del objeto, se alinean Jos Manuel Nez111 y Gavier112.

    De conformidad con Ricardo C. Nez, Fontn Balestra piensa que El vicio de la voluntad esta nsito en esta modalidad de extorsin; pretender que el documento as firmado no adoleciera de l, significara tanto como tornar imposible el delito. Pero la palabra imposible, puede dar lugar a confusin. Maggiore113 opina refirindose a esta cuestin, que el delito seria fabuloso114.

    Naturalmente, si la invalidez que surge de la propia obtencin forzada del documento, podra ser opuesta por el malhechor para decir que el no ha cometido delito alguno porque lo que ha obtenido es un documento invalido, se producira un injusto circulo vicioso. Es a lo que se refiere Maggiore con su palabra fabuloso y tambin de lo que habla Fontn Balestra cuando dice que ello significara tornar imposible el delito115.

    Si el documento es absolutamente nulo el delito no existir, como dijimos antes116. Pero el hecho puede constituir el delito de coaccin117.



    Documento valido y contradocumento. Si el documento esta invalidado por una clusula del mismo o de un documento complementario, es invalido absolutamente. En cambio, su invalidez resulta relativa si surge de un contradocumento. En estas condiciones, si se ha obtenido la suscripcin de un documento (o su destruccin) correspondiente a la primera clase, no existir delito. Si se trata de la segunda clase, el delito ser entendido como existente. En esa hiptesis, a pesar de que el documento puede ser vuelto inocuo por un contadocumento, abstracta y potencialmente posee fuerza jurdica.

    Tambin puede cometerse la extorsin con otros documentos de obligacin o de crdito anulables o prescriptos118. Son las mismas reglas que se establecen con referencia a los documentos que produzcan efectos jurdicos del Art. 168, 1 parte.



    Consecuencias de la extorsin en casos de documentos pblicos y privados


    La falsedad ideolgica. El documento extorsionado de obligacin o de crdito puede ser pblico o privado.

    El solo hecho de que se lo ha obtenido coactivamente hace que, quien ejerce el forzamiento o constreimiento (intimidacin lisa y llana, simulacin de autoridad, falsa orden de la misma o violencia) incurra en una falsedad ideolgica respecto de todas aquellas declaraciones concernientes a un hecho que el documento debe probar, si de ella puede resultar perjuicio (Art. 293, Cd. Penal). En cuanto a la destruccin del documento por extorsin seria concurrente el Art.168 y el 294 del Cd. Penal.

    Tanto Nez119 Como Fontn Balestra120 sostuvieron primeramente en relacin con el caso de destruccin que mediaba un concurso aparente en una relacin de especialidad que hacia aplicable exclusivamente el Art. 168. Posteriormente ambos autores modificaron su opinin. Nez dice que su opinin era equivocada, pues el tipo de extorsin no es un tipo especial de falsedad documental. Adems, ello lleva al resultado ilgico de aplicar la pena menor cuando el documento es pblico (dice esto cuando la pena de la extorsin era menor a la de la falsedad documental pblica)121. Por su parte, Fontn Balestra menciona las mismas razones122 y expresa que con Nez, adopta la tesis del concurso ideal: Ya se vio en el texto que nos decidimos ahora por el concurso ideal. Una nueva razn dogmtica lleva a la aplicacin, en el caso, de la pena del Art. 168; luego de la reforma introducida por la ley 17.567, la pena mayor es la fijada para la extorsin. De tal suerte, los mismos principios del concurso ideal conducen ahora a elegir la pena amenazada para la extorsin (las reformas posteriores mantuvieron como pena mayor la de la extorsin).



    La destruccin del documento pblico. Soler, en cambio, manifiesta que en el caso de destruccin, el Art. 294 parece absorber la totalidad del hecho, y contiene una pena mas grave que la del Art. 168 (este argumento desaparecer con la modificacin de la pena en las distintas figuras). Por ello, no ve la aplicabilidad posible del Art. 168 en esta hiptesis.

    La disposicin del Art. 168 no resulta aplicable en los casos de destruccin de documentos pblicos, siempre que pueda imputarse la destruccin al interesado a ttulo de accin mediata.



    La suscripcin del documento pblico. En cuanto al caso de suscripcin de documento pblico, donde se produce una concurrencia con el Art. 293, Nez y Fontn Balestra sostienen que se trata de un concurso ideal o formal (Art. 54, Cd. Penal). Para Soler, el concurso es material123.



    El documento en blanco


    La opinin de Nez. Lo que dice Nez respecto del documento en blanco al tratar el Art. 168, inc.2, parece rozarse con un entendimiento que separa insularmente ambas especies delictivas: Art. 168, 1 parte, y el Art. 168, 2 parte, advirtiendo que una serie de casos no caen en una ni en otra disposicin, y que la base de eso es el requerimiento de la preexistencia que hace la ley en el Art. 168, 1 parte. De esta manera, no seran exactamente pacificas con los pronunciamientos que se mencionan ut supra, ni con el parecer de Soler, las siguientes expresiones de Nez: Se discute acerca de si la suscripcin y la destruccin compulsivas o forzadas de un documento en blanco, caen el parg. 2 del Art. 168. En realidad, como el delito de obligar a suscribir el documento supone que este quede a disposicin del autor, incluso mediante alguno de los actos mencionados en el parg. 1 del Art. 168, si el documento cuya suscripcin se ha compelido o forzado es en blanco, el delito consumado es el de este ultimo prrafo y no una tentativa del pr 2. El principio nunquam ex post ipso crescit prateriti criminis imputatio, impide que al llenar el blanco, el autor convierta la extorsin en la del prrafo segundo, o que establecindose que la intencin del autor era llenarlo as, el delito consumado del prrafo primero, se reduzca a la tentativa del pr. 2.



    Documento de obligacin o de crdito


    Conforme al Art. 496 del Cd. Civil, el documento puede ser de obligacin o de crdito: El derecho de existir la cosa que es objeto de la obligacin, es un cedito, y la obligacin de hacer o no hacer, o de dar una cosa, es una deuda.

    Los documentos que tienen por objeto el honor o la honestidad, por ejemplo, quedan al margen124. El caso que cita Molinario, de la confesin de un adulterio125 o la renuncia a un cargo126 si se hallan insertos en un documento, este documento no ser de obligacin o de crdito, y queda, por lo tanto, fuera de la hiptesis del Art. 168, parte 2 del Cd. Penal.



    Extorsin mediante amenaza de imputaciones contra el honor o de violacin de secretos. Articulo 169, Cdigo Penal:



    El chantaje



    Generalidades: el nombre del delito


    Los maitres chanteurs. El Art. 169 del Cd. Penal dice: Ser reprimido con reclusin o prisin de tres a ocho aos, el que por amenaza de imputaciones contra el honor o de violacin de secretos, cometiere alguno de los hechos expresados en el articulo precedente.

    Se trata del delito denominado chantaje, palabra que proviene del francs chantaje, vocablo del argot parisiense en que sonsacar dinero se llama cantar y a los que a eso se dedican se los denomina maitres chanteurs, o sea, maestros cantores. Sin embargo, hay que anotar que, como se ha observado127 la palabra chantaje es poco usada tcnicamente y difcilmente se la encontrar en un solo fallo, prefirindose el termino extorsin.



    El medio extorsivo es en esta figura prevista en el Art. 169 del Cd. Penal la amenaza de imputaciones contra el honor, o la amenaza de violacin de secretos.

    La acepcin chantaje figura en los diccionarios de uso comn bajo definiciones como las que expresan amenazas de difamacin para obtener dinero u otro provecho, pero en voz francesa con significado de amenaza de difamacin128. En nuestro pas el Proyecto de 1891 tenia en su artculo 204 una formulacin del tipo que aparece en la ley positiva de reformas al Cdigo Penal N 4189 de 1903, en su Art. 20 letra C. Con variantes se mantiene en los proyectos de 1906 y 1917. Al considerar este la Comisin especial de legislacin penal de la H. Cmara de Diputados de la Nacin (9/9/1921) se propuso una penalidad de seis meses a dos aos y se incluan expresiones como ...obligarse a otro maliciosamente a la entrega de un valor o de una cosa cualquiera, que no sea del culpable, o a contraer una obligacin o a extinguir un crdito, pero la Comisin del H. Senado modifico ese despacho poniendo pena de seis meses a cuatro aos, dejndolo en lo dems con el actual texto la pena de tres a ocho aos corresponde a la ley 20.642 -.

    El smil francs del Art. 400, prrafo 2 (13 de mayo de 1863) fue el modelo del primer injerto positivo del chantaje en nuestra ley penal en 1903129.

    Figura discutida, de tipo causista, con relacin a la genrica del Art. 168, que la comprende obviamente, podra suprimirse sin producir lagunas, fue solidamente atacada por Peco en 1941 en su Proyecto y por Soler en 1960 excluyndola tambin en el Proyecto de 1979.

    Breglia Arias, repite por dos veces130, citando a Cabanellas (Diccionario de Derecho Usual, t. I, p. 572) que la palabra chantajees poco usada tcnicamente, y difcilmente se la encontrara en un solo fallo.

    La Cmara en lo Criminal y Correccional de la Capital Sala I, se refiere sin embargo expresamente a este delito llamndolo en el conocido caso Vechiarelli131, figura tradicional chantaje....

    La sala IV del mismo tribunal, tambin lo sindica al chantaje (Rep. LA LEY, 1982, A-I, p. 1105).

    El propio Breglia Arias despus de compartir que no figura chantaje en un solo fallo, cita el caso Vechiarelli al transcribir su apndice de jurisprudencia sistematizado y como el caso N 1132.



    Los medios. La figura del Art. 169 no se diferencia de la contenida en el Art. 168 mas que por referirse especficamente a dos medios extorsivos: la amenaza de imputaciones contra el honor y la violacin de secretos133.

    La accin es la misma que para la extorsin del Art. 168, o sea obligar con la finalidad de hacer entregar, enviar, depositar o poner a disposicin del autor o de un tercero, cosas, dinero o documentos que produzcan efectos jurdicos, o a suscribir o destruir documentos de obligacin o de crdito mediante los dos expresados medios: infundir miedo por amenazas de imputaciones contra el honor y violacin de secretos.

    El codificador al fundamentar la figura deca: Se trata as de presionar al extorsionado, para que proceda ante el temor del escndalo134, o sea que el miedo extorsivo es requisito del tipo con los mismos alcances ya analizados. No olvidemos que el honor es uno de los valores fundamentales de la personalidad normal. Beccaria deca: honor es una condicin que muchsimos hombres ponen a la propia existencia135.

    Por tanto no es difcil considerar que cualquier imputacin contra ese valor personal cause impresin en grado de temor o miedo.

    Lo lamentable es que su penalidad mnima sea inferior a la figura genrica con lo que se ha podido decir que este tipo de crear miedo esta un grado ms abajo que la intimidacin136.

    El concepto jurdico del honor en el chantaje no requiere anlisis respecto de si la imputacin es verdadera o falsa, pues lo reprimible es que con amenazas se persiga un beneficio al cual no se tiene derecho137, por eso no es aplicable la exeptio veritatis. Soler138 deduce la indiferencia legal por la verdad o falsedad de la imputacin del hecho de que las amenazas han sido puestas en un pie de igualdad punitivo con la revelacin de secretos, que pueden ser hechos verdaderos, reales, ntimos, no deshonrosos.

    Aunque es delito contar la propiedad es necesario la inyeccin de miedo en la vctima, lo que es subjetivo porque no existe el miedo objetivo, por eso es indiferente la publicidad de la amenaza y discrepamos con la opinin de que la ley pretende proteger el honor objetivo139, cuando en realidad protege que no se opere un detrimento a la propiedad legitima de la vctima.

    Es correcto que la amenaza deba ser trascendente a la sola manifestacin a la vctima. Debe existir el peligro insinuado de la difusin o publicacin cosa distinta a que la publicidad se concrete140 -. Breglia Arias cita a Oderigo diciendo que este opina que ...por lo que la amenaza ha de ser pblica141, pero en realidad lo que Oderigo, (citando a Daz, p. 330) expresa es Que la amenaza debe referirse a imputacin pblica, que es cosa muy distinta142.

    Por su parte Nez hace operar ...la estimacin de terceros como demostracin del poder extorsivo143 cuando en realidad tal poder es solo subjetivo y se puede hallar en la vctima y su capacidad para sufrir por el peligro del escndalo.

    Si la vctima toma a risa la advertencia extorsiva, si no le provoca temor, la extorsin no se consumara de ningn modo pese a cualquier posicin de la estimacin de terceros. Este no es un delito contra el honor sino contra la propiedad.

    Respecto de la violacin de secretos debe tener por objeto de mencin en la accin algn hecho que pertenezca al mundo de la intimidad de la vctima y el inters de esta de que no se conozca o divulgue.

    No basta la presuncin de secreto que rodea a nuestros papeles, cartas, telegramas, conversaciones telefnicas. No siempre en alguno de esos medios de documentacin o comunicacin puede hallarse un secreto del tipo que nos ocupa. Se trata de lo ntimo y que al extorsionado pueda ocasionarle miedo que se revele, sino no habr consumacin. El dato no ser nunca objetivo sino del mbito psicolgico y espiritual de la vctima en lo que puedan gravitar hechos de todo tipo de sucesos en los que haya intervenido, o tenga inters en reservar. No hallamos razn suficiente para excluir secretos de ndole econmica que son el sostn de la vctima, como por ejemplo la frmula qumica de un producto afortunado en el mercado, que se guarda por una tradicin familiar.

    El citado caso Vechiarelli, que se resolvi por la aplicacin del Art. 169, da cuenta de que es posible que tenga por objeto aspectos econmicos e industriales, como que la forma de expresar la amenaza pueda consistir en la simple ostentacin de un sobre conteniendo papeles en blanco144.

    La pena. La penalidad fijada por el Cdigo de 1921 era de seis meses a cuatro aos para el chantaje y de uno a cuatro aos para la figura genrica. Es decir corresponda mayor mnimo para la extorsin genrica referida a bienes que as protega con prevalencia del honor y los secretos.

    Esto llevo a Nez a estimar la posibilidad de ser ese menosprecio al honor y al secreto un producto de nuestros tiempos (Delitos contra la propiedad, p. 265). Aunque la tesis legal carece de razn axiolgica no es de descuidar la posibilidad que as como el Art. 400 del Cdigo Penal francs sirvi de modelo en 1903 para incorporar la figura al derecho positivo, devenga precisamente del sistema francs esa injustificada ordenacin de la pena. En efecto, en el sistema francs la figura genrica (primer prrafo del Art. 400) penaba con la infamante frmula de travaux forcs a temps, mientras que el chantaje se penalizaba con uno a cinco aos de prisin y una multa de 50 a 3.000 francos.

    Las diferentes consecuencias de las penas en el modelo tomado por el legislador argentino era notable. El Art. 15 y el Art. 1 del Cdigo Penal francs, reglaban la pena de trabajos forzados a termino. Las condiciones eran seversimas. El condenado llevaba atada al pie una bala de can y se encontraba ligado por una cadena a un compaero y por exigencia de la ley, los trabajos deban ser penosos (le plus pnibles). No podan ser145 inferiores a cinco aos o mas o veinte aos o mas. De modo que si el tratamiento expuesto era para la figura genrica, el delito de chantaje (uno a cinco aos de pena) era benvolo. De ah entonces la orientacin injustificada de nuestra legislacin, sin perjuicio de coincidir con lo dicho por Nez.

    El Cdigo de 1921, fue modificado temporalmente por la llamada ley 17.567 que llevo la pena de seis meses a cuatro aos de prisin, por la de prisin o reclusin de uno a ocho aos, que ha sido aumentada en el mnimo por la ley 20.642 quedando de tres a ocho aos de prisin o reclusin, el mnimo sigui la tendencia que arranca desde la influencia francesa y es inferior al de la figura genrica argentina.



    Otras formas de extorsin. El chantaje de prensa particularmente en aquellas comunidades donde la prensa tiene un verdadero peso sobre la opinin pblica puede llegar a ser muy sutil y peligroso. El sistema es siempre el mismo: se publica una noticia ms o menos urticante y se advierte que en las prximas publicaciones se habr de extender sobre el punto. La vctima tiene tiempo para sopesar las ventajas de detener o no las futuras publicaciones. En el primer caso, el diario callara sobre el tema.

    Hay que tener en cuenta que hay hechos que no informan, pero que en determinadas circunstancias exponen a situaciones angustiosas. Gabriel Tarde, en su comunicacin sobre el chantaje al Congreso Penitenciario Internacional de Bruselas, deca: Amenazar a alguno en ciertas pocas y en ciertos lugares con publicar que es protestante, catlico, o que es judo, es para l el golpe ms rudo y el mas seguro para hacerle pagar. La Casacin francesa, en sentencia del 20 de enero de 1949, inspirndose en ese sentido, ha considerado como chantaje (Art. 400, del Cdigo Penal Francs) la amenaza, durante la ocupacin alemana, de revelar la condicin de israelita. Algo similar puede ocurrir con la condicin de catlico en la Irlanda de hoy.

    Existe tambin el chantaje poltico (v. Gr., condicin de marxista) y el sexual, con la denuncia sobre adulterio u homosexualidad como pivotes de la exigencia.

    Detrs de todas las modalidades existe una actitud comn de la vctima, en la que reside la mayor dificultad para el descubrimiento de los culpables: se elude la intervencin policial; no se quiere que la polica intervenga.



    El secuestro extorsivo


    El Art. 170 del Cdigo Penal contempla la forma simple y agravada del llamado secuestro extorsivo que consiste en la accin mediante la cual el autor sustrajere, retuviere u ocultare a una persona para sacar rescate.

    En el Art. 170 del Cdigo Penal argentino se describe una figura en la que la disposicin patrimonial que se impone a la vctima resulta de doblegar su voluntad mediante la privacin de libertad de una persona. Al ataque a la libertad, que en mayor o menor medida aparece en todas las modalidades de la extorsin para el sujeto pasivo, se suman en este caso el que resulta de secuestrar a una persona, como medio empleado para lograr el fin patrimonial. De tal modo, son generalmente dos las personas cuya libertad se lesiona: el sujeto pasivo de la extorsin, a quien se obliga a una prestacin a la que no esta obligado, y la persona a quien se secuestra. Esta circunstancia decidi a Jos Peco a situar en su proyecto la privacin de libertad con la mira de sacar rescate en el capitulo de los Delitos contra la libertad fsica, como una modalidad agravada de la privacin de libertad. En los dems proyectos posteriores al cdigo, el rescate se mantiene como una modalidad agravada de la extorsin, dentro del titulo de los Delitos contra la propiedad.

    La disposicin legal esta redactada en estos trminos: Se impondr reclusin o prisin de cinco a quince aos, al que secuestre a una persona para sacar rescate. La pena ser de seis a dieciocho aos, si el autor logra su propsito.

    El tipo es simple cuando no se logra el propsito. Se califica el logro del propsito del rescate. En este tema de la agravacin es correcta la observacin de Laura Damianovich146 acerca de que no se han previsto especies de calificaciones del secuestro como los casos de empleo de violencia o amenazas; el vinculo especial entre el autor y la vctima; el grave dao a la persona, a la salud o a los negocios de esta; la simulacin de autoridad pblica o falsa orden de ella emanada; la duracin del comportamiento mas all de cierto lapso; la produccin de lesiones gravsimas o muerte a la vctima sea porque las causaren los autores del hecho o porque resultaren con motivo u ocasin de este. Estas circunstancias esta, en cambio, tipificadas en los arts. 142, 142 bis, y 142 ter con respecto a la privacin de libertad del Art. 141. Y lo estn en algunos de estos casos, como el del ltimo precepto, bajo amenaza de la pena ms grave del ordenamiento.



    La materialidad del hecho


    El acto consiste en secuestrar a una persona. A esta conducta objetiva debe agregarse el aspecto subjetivo, constituido por el fin especifico de sacar rescate. De estas exigencias resulta con claridad la diferencia entre el rescate y el delito de privacin de libertad, con el que aquel se halla en relacin de especialidad. Sujeto pasivo de la extorsin, no es, por lo comn, la persona secuestrada, sino aquella a quien se exige el rescate, habida cuenta de que se trata de un delito contra la propiedad. Ambas personas pueden coincidir, cuando el rescate se le exige al rehn mismo. Pero la condicin del sujeto pasivo resultara de ser la persona a quien se le pide el rescate, y no a la vctima del secuestro. La privacin de libertad es aqu siempre un medio y no un fin, y en la estructuracin del delito, el termino del secuestro esta supeditado a la entrega del rescate.

    Secuestrar quiere decir privar de libertad fsica a otro. Una persona esta secuestrada cuando, de cualquier modo, se encuentra bajo el poder de otro ilegtimamente privada de su libertad; lo que importa es que el autor se valga de la eficacia coactiva de esa privacin de libertad como medio intimidatorio. Lo mismo da que el rescate se entregue por temor al mal que se le pueda causar al rehn o por el solo hecho de hacer cesar el secuestro. En ambos casos la disposicin patrimonial se logra coaccionando con el secuestro.

    Por la caracterstica que seala el verbo secuestrar, se trata de un delito permanente, que se consuma al privar de la libertad al sujeto pasivo, situacin que se prolonga en el tiempo y cesa solamente cuando el autor la modifica de modo que la privacin de la libertad deje de tener lugar.

    El elemento subjetivo que acompaa a la accin en el secuestro extorsivo, es el propsito de sacar rescate. Es una finalidad especifica que resulta incompatible con el dolo circunstanciado o indirecto; se requiere, pues, dolo directo. No es necesario que el fin perseguido acompae a la accin en todo momento. En virtud de la naturaleza permanente del hecho y como consecuencia de que el mvil puede concurrir en cualquier momento de la accin, un delito de privacin de libertad puede convertirse en secuestro extorsivo, y a la inversa, el abandono de esa finalidad en alguno de los momentos en que el secuestro se prolonga, puede transformar el rescate en privacin de la libertad personal147.

    Sacar rescate es obtener un precio para recobrar lo que es objeto de secuestro; en este caso, una persona. El precio constituye que el rescate puede consistir en cualquier prestacin de carcter patrimonial, y no solamente en dinero. El carcter patrimonial de la prestacin es indispensable para que tenga lugar la amenaza del bien jurdico que es de la esencia de este delito148.

    La figura genrica sufre alteraciones substanciadas con este tipo, principalmente respecto del momento consumativo. En aquella, el momento en que se consuma la extorsin coincide con el instante en que la vctima abandona lo que posee o se desprende obligado a entregarla o suscribe o destruye, en este delito del Art. 170, el mismo se consuma an cuando no se haya producido efectivamente el rescate.

    Los casos hasta ahora vistos son llamados delitos de resultado y los momentos anteriores a la accin de desprenderse de la vctima, son tentativa. Pero en el Art. 170 hay un primer resultado atentado contra la libertad para obtener otro resultado posterior y por eso se los denomina de cortado resultado.

    Todas las especies extorsivas son dolosas en los casos de los Art. 170 y 171 son delitos de ese carcter que para llegar a configurar el tipo necesitan un propsito ulterior que se refleja en ambos artculos con el trmino para y si no los integramos con ese para habr cualquier otra accin pero no extorsin.

    El dolo posterior: En la ley 11.179, el acto material estaba expresado as: ...el que detuviere en rehenes. La llamada ley 17.567 siguiendo al Art. 630 del Cdigo italiano substituy dicha expresin por la de: ...al que secuestrare... y por fin la ley 20.642 (Art. 1 inc. 12) le dio la redaccin actual: ...sustrajere, retuviere u ocultare....

    Los distintos verbos usados para expresar el medio de privacin de la libertad no son suficientes para dilucidar con exactitud si el dolo extorsivo es un requisito inicial o posterior al hecho de la privacin de libertad.

    Para Nez149 partiendo del verbo secuestrare no era necesario la presencia del dolo extorsivo al iniciarse la accin.

    La expresin secuestrare era tcnicamente mas apropiada a la configuracin del tipo que guarda una relacin de especializacin con respecto al caso del Art. 142, inc. 6 del Cdigo Penal que habla del que privare a otro de su libertad personal. El verbo sustrajere no tiene aplicacin idiomtica sobre persona sino sobre cosas y retuviere u ocultare tambin tiene una significacin inaplicable a personas. Por ello resulta desafortunada la implantacin de estos trminos por la ley 20.642 y tambin la deduccin que se hace de que a raz de tales modos verbales pueda comprenderse que el dolo extorsivo en el secuestro de personas puede tener origen posterior al hecho. Si es evidente el reconocimiento de la relacin de especialidad citada150 para mantener la coherencia semntica del ordenamiento penal y su ms fcil interpretacin debi usarse para describir el medio los mismos trminos del Art. 142 ...al que privare a otro de su libertad personal...151.

    Dejemos en claro que la critica la dirigimos contra la reforma de la ley 20.642, pero en todos los casos aceptamos que el dolo posterior es susceptible de producirse luego de la privacin de la libertad.

    Consumacin y tentativa: El delito del primer prrafo del Art. 170, se perfecciona objetivamente con el secuestro de una persona. No se exige que se logre el rescate. Ese secuestro constituye extorsin cuando va acompaado del propsito de sacar rescate: para sacar rescate dice la ley. Esta fue la opinin dominante con anterioridad a la reforma introducida por la ley n 17.567. Con posterioridad a ella, la solucin resulta mas clara, si cabe, puesto que por el segundo prrafo del Art. 170 se contempla con pena agravada el caso en que el autor logre su propsito. Las dudas de Carrara no parece que puedan producirse ante el texto claro de la ley argentina.



    El secuestrador argentino y el racketeer norteamericano


    Secuestro extorsivo y subversin. En la Argentina, entre 1970 y 1976, una figura, integrante del conjunto de las extorsiones, el secuestro extorsivo, adquiere repentinamente auge y se establece casi como cotidiana en la crnica.

    Las organizaciones subversivas que aparecen en ese momento en la escena poltica del pas se valen del secuestro extorsivo para tratar de hacer prevalecer su presin sobre el poder pblico. Ya se trate de que las vctimas sean figuras importantes del gobierno, la poltica o la industria, o bien de simples particulares, el resultado que busca el terrorismo, como lo ha sealado Mario Vargas Llosa (La lgica del terror, diario Clarn, Buenos Aires, 24 de mayo de 1981, p. 15) es el mismo: provocar la represin, obligar al rgimen a dejar de lado los mtodos legales y a responder con violencia a la violencia. En ese camino, ha dicho el notable escritor peruano, el gobierno democrtico tiene dos peligros difciles de evitar: intimidarse o excederse.

    El secuestro extorsivo como la accin subversiva busca la perdida del equilibrio gubernamental; si las vctimas de esa desorientacin son inocentes, el efecto es mas logrado. Habr una repulsa mayor hacia el gobierno, no solo por evitar el crimen (el secuestro), sino tambin por haber aceptado las reglas de juego equvocamente propuestas.

    Junto al secuestro realizado por los subversivos, aparece el realizado por los delincuentes comunes. Estos inmediatamente se aprovechan de la intimidacin preexistente de orden general provocada por la desenfadada actividad de aquellas organizaciones. Estos delincuentes comunes, que en algunas oportunidades simulan ser integrantes de las organizaciones citadas, utilizan las nuevas tcnicas o modalidades operativas practicadas por estos ltimos, con las que, por un tiempo, y hasta desarrollar sus propias estrategias que contraataquen, la actividad represora policial se ve demorada, frustrada o paralizada.



    Los momentos en el secuestro extorsivo: el secuestrador. Dentro del secuestro extorsivo, tres son los momentos claves: el secuestro propiamente dicho, o sea la aprehensin del futuro cautivo; el mantenimiento en cautiverio, que supone muchas veces el traslado del privado de libertad de un lugar a otro, y el cobro (y antes, negociacin) del rescate.

    Para el delincuente, el xito del delito radica en dar solucin a los problemas que presenta cada uno de estos momentos. En ellos actan hombres y mujeres que tienen distintas condiciones. Para el primer momento, el secuestro, se requiere destreza fsica, conocimiento en el manejo de las armas, decisin en la accin, experiencia en el accionar conjunto y sorpresivo, de tipo delictual o no. Para el segundo momento, el cautiverio, se exige en el personal que va a estar a cargo de la vigilancia y alimentacin del secuestrado, extrema prudencia para evitar cualquier desliz que signifique un dato de reconocimiento posterior, permanente celo para evitar la fuga, y un tiempo pleno de ocupacin en esas tareas. Para el tercer momento, la negociacin y cobro del rescate, es necesario que el delincuente sea hbil en la persuasin oral, sinttico al hablar, y que sepa vencer las dificultades del instante mas peligroso del delito: la percepcin del rescate.

    En estos distintos pasos, nuevas conductas, nuevos mtodos, generan un tipo delictual nuevo: el secuestrador.



    El racketeer. Otro tipo de extorsionador bien diferenciado, es el racketeer norteamericano.

    En la organizacin del crimen (Nueva Criminologa, Siglo Veintiuno Editores, Mxico, 1977), Mary McIntosh establece cuatro variedades de organizacin delictiva, que llama picaresca, maosa, de proyecto y de negocios, ubicando en la ltima al extorsionador y al suministrante de bienes y servicios ilegales. Alcanzando un determinado potencial estas actividades son denominadas rackets.

    La primera caracterstica de estos delitos en que las vctimas toleran, e incluso estimulan positivamente a los delincuentes. Sea porque desean los bienes o servicios suministrados, o porque atribuyen al extorsionador un poder mayor que a los agentes del Estado, no estn dispuestos a cooperar en la represin del delito. De esta forma, a corto plazo por lo menos, todo el peso de la represin recae exclusivamente en el Estado, y esta clase de criminal, el racketeer, aparece en conflicto con el Estado y no con individuos o compaas propietarias.

    Las empresas ilegales pueden tener necesidad del consumo de los racketeers, por ser quizs incapaces de entendrselas adecuadamente con la polica por si solas. Sin embargo, la idea de que tanto ellas como las empresas lcitas resultan vctimas de la extorsin, explica porque los racketeers se dedican a actividades legtimas, como los servicios de lavandera, maquinas de juego, o servicios de transporte. Ello es as por cuanto estas actividades se emplean sencillamente como medios de aplicar la extorsin a pequeas empresas. Constituyen una manera sumamente efectiva de obtener pagos regulares y uniformes en la situacin contempornea norteamericana, puesto que originan para el racketeer, gastos deducibles de sus impuestos, y permiten a la vctima llevar una contabilidad legtima, preservando su propia consideracin. El elemento de monopolio es muy fuerte en este genero de operaciones. Hay que impedir que los clientes opten por otro servicio de lavandera mas barato, para lo cual ellos, o bien el rival, deben ser forzados a aceptar los deseos del racketeer.



    El racketeer y la polica. A esas primeras caractersticas que hemos enunciado, se unen otras para conformar una figura harto singular. Si el racketeer pretende hacer de sus operaciones un negocio permanente, no puede eludir el control estatal mediante una labor subrepticia, como el ratero de tiendas, ni aplicar el ataque por sorpresa y la fuga veloz, como el asaltante de bancos. Ello se debe a que sus vctimas tienen que conocer de que cosa es capaz, y colaborar con el durante un periodo de tiempo. Si acta de tal manera que la polica no llegue a or de el, como lo hacen algunos abortistas, proxenetas y pequeos chantajistas, tambin sern escasos los clientes-vctimas que tengan noticia de su existencia; por lo tanto, la escala de sus negocios se vera limitada.

    Por otra parte, el frente de los recaudadores de apuestas, prostitutas, usureros, prestamistas, y traficantes de drogas, se hallan muy expuestos a la actividad de la extorsin criminalmente organizada. En el otro extremo de esta situacin, el racketeer que vive de esa extorsin, paga a la polica para que le permita desarrollar sin tropiezos su actividad. Pero esa corrupcin significa otra forma de extorsin; se trata de una extorsin efectuada por los funcionarios, y monopolizada. William Foote Whyte ve as el soborno como una exaccin por la polica; llega a destacar como los distintos departamentos policiales tienen reglas diferentes en este campo, ya que, por ejemplo, no hay ninguna cuota para la gente de narcticos; tienen que ganarse su dinero como puedan, con cualquier arresto que hagan. Un pago en ese sector levantara muchas olas.



    Caractersticas comunes del secuestrador y del racketeer. Tanto el secuestrador argentino como el racketeer norteamericano, representan tipos especiales de delincuentes, que tienen en general las siguientes caractersticas: 1) mayor intelectualizacin de la maniobra delictiva; 2) actuacin en organizacin criminal (grupos de tres o ms personas, que conforme a nuestra legislacin, puede ubicarse dentro del simple delito pluripersonal, o dentro de la asociacin ilcita, delito independiente del Art. 210 del Cdigo Penal); 3) distribucin de tareas segn las capacidades, y por tanto, distinta distribucin del provecho ilegitimo; 4) como base, la intimidacin para el logro del objeto exigido.



    Extorsin mediante sustraccin de cadver


    Generalidades: La denominacin


    El Art. 171 del Cdigo Penal dice que sufrir prisin de dos a seis aos, el que sustrajere un cadver para hacerse pagar la devolucin.

    Soler llama a este delito sustraccin de cadveres152; Fontn Balestra lo denomina rescate de cadveres153, y Nez lo menciona como sustraccin exrtorsiva de cadveres154. Preferimos llamarlo extorsin mediante sustraccin de cadveres. Las razones son las siguientes: la denominacin de Soler no incluye lo ms definitorio de la conducta que es el reclamo de rescate; el nombre dado por Fontn Balestra tambin parcializa (por referirse al otro tramo) la conducta descripta; finalmente, la expresin sustraccin extorsiva de cadveres que usa Nez- parece referirse exclusivamente al momento de la sustraccin. Es, en realidad, mediante esa sustraccin que se realiza la extorsin, pero manteniendo la situacin creada por la sustraccin, vale decir, reteniendo el cadver hasta que se pague la devolucin. De all la denominacin que damos al delito.



    La redaccin del articulo obedeci a razones circunstanciales, dice Soler, quien atribuye a ello, como ha ocurrido otras veces, que la figura no sea, mas justamente, comprensiva del agravio sin propsito de lucro. Esta tipificacin ocurri al presentarse el secuestro del cadver de Ins I. Dorrego, por una asociacin ilcita llamada Los caballeros de la noche y que motivara la absolucin de los autores por la Excma. Cmara de Apelaciones de Buenos Aires en 1883, por no hallarse tipificados los delitos de violacin de sepulcros y secuestro de cadveres en el rgimen positivo entonces vigente.

    En realidad, la conducta no estaba efectivamente tipificada. El Proyecto Tejedor inclua el atentado a un cadver como un delito contra la religin: El que exhume cadveres para mutilarlos o profanarlos de cualquier otra manera, sufrir prisin de un ao si llega a consumar la mutilacin o profanacin, y si no arresto de tres meses. Si la exhumacin se verifica con cualquier otro fin, sin licencia de la autoridad, se impondrn de quince das a tres meses de arresto, pero la disposicin habra sido suprimida al ser adaptado el Proyecto como Cdigo para la provincia de Buenos Aires (ley provincial 1140) y la Capital (leyes nacionales 1144 y 1920).

    En 1886, un ao despus del caso de Los caballeros de la noche, y como consecuencia de l, la sustraccin de un cadver, aparece en el Cdigo de ese ao como un delito contra la propiedad, especficamente robo. Ms tarde, este criterio es dejado de lado, y la figura colocada como una forma de extorsin en el Proyecto de 1891 (Art. 206). Siempre la intencin es la utilidad econmica, pero se considera, para ubicar el delito como extorsin, que la frase utilizada por el Cdigo: el que robase cadveres para hacerse pagar por su devolucin, no coincide con el concepto jurdico del robo; la intencin del agente no se dirige a hacerse dueo del cadver, sino a servirse de la ocultacin o sustraccin como medio para ejercer una violencia moral para ejecutar un delito contar la propiedad.

    Esta postura no es acogida del todo por la Ley de Reformas 4189, la que admiti, coincidiendo con el criterio del Proyecto de 1891, que la sustraccin de cadveres era una extorsin si se realizaba para hacerse pagar su devolucin (Art. 20, let.e); pero, al mismo tiempo, olvidando los motivos de ese Proyecto, consider como hurto y castigo con pena menor, la sustraccin de cadver no comprendida en esa extorsin (Art.22, let. b, n 2). A partir del Proyecto de 1906 se vuelve a la posicin del Proyecto de 1891.

    Critica a la disposicin actual: Soler critica la disposicin actual por considerarla que solo el propsito de lucro da origen al castigo en la sustraccin del cadver. Nez elabora ms su concepto: La verdad es que, a falta de otra disposicin que castigue el atentado contra un cadver, la tipificacin como extorsin agravada, de su sustraccin para hacerse pagar su devolucin, no resulta inadecuada en el sistema del Cdigo, ya que a la sustraccin que esta extorsin importa, se agrega la ofensa nsita en el medio elegido. Pero esta tipificacin si resulta redundante cuando castiga a otro ttulo el atentado contra el cadver, porque, constituyendo el hecho ulterior de exigir rescate una extorsin que concurre materialmente con ese atentado, este concurso capta y reprime de manera conveniente la doble criminalidad de la conducta del autor.



    Los Proyectos: En armona con la postura que exhibiera Soler, su Proyecto de 1960 muestra un criterio diferente. La nota al Art. 206 dice: Desde luego, era indispensable abandonar la figura del Art. 171, introducida por motivos demasiado circunstanciales, y sin examinar la legislacin comparada. La colocacin sistemtica de este delito puede ser determinada por criterios diferentes. El Cdigo toscano ubicaba estos hechos entre los delitos contra el orden pblico (218-221), sistema seguido por el Cdigo suizo. El Cdigo italiano de 1890, lo coloca entre las infracciones a la libertad de cultos. Preferimos esta ubicacin no solamente porque el culto a los muertos tiene muchas manifestaciones propiamente religiosas, sino porque constituye, en todo caso, un verdadero culto civil.

    El Proyecto de 1979 incluye un Art. 212, en el Cap. 3, del Titulo IV, Delitos contra el mbito de intimidad, que expresa: Se impondr prisin hasta tres aos: 1, al que violare o vilipendiare el lugar donde reposa un muerto o sus cenizas; 2, al que profanare o ultrajare un cadver o sus cenizas; 3, al que sustrajere u ocultare un cadver o sus cenizas; 4, al que arbitrariamente mutilare o destruyere un cadver o esparciere sus cenizas.



    La ubicacin en otros cdigos


    El Cdigo italiano de 1889 (Art. 144) prev este delito entre los delitos contra la libertad de los cultos. El Cdigo uruguayo de 1933 (Art. 309) lo ubica entre los delitos contra la libertada de cultos y el sentimiento religioso.

    El Cdigo italiano de 1930 (Art. 411) lo ve como un delito contra la piedad de los difuntos. Como un delito contra el orden pblico aparece en el Cdigo holands de 1881 (arts. 150 y 151). El Cdigo brasileo de 1940 (Art. 211) lo coloca entre los delitos contra el respeto a los muertos. Tambin ha sido visto como un delito contra la religin (Cdigos prusiano [parg. 137] y alemn [parg. 168]).

    Carrara lo considera un delito contra la salud pblica (Programa, pargs. 3184 y 3185). As aparece en los Cdigos hngaro de las contravenciones, lo es contra la salud pblica y la seguridad de las personas (1879, Art. 123).

    El Proyecto Tejedor lo sindica como delito contra la religin. Luego aparece como delito contra la propiedad, ya como robo, ya como extorsin. En el Proyecto de 1979, como dijimos, comparte el Capitulo de los Delitos contra el mbito de intimidad.



    La materialidad del hecho


    El objeto material


    El objeto material de este tipo de extorsin es el cadver sustrado. La sustraccin, dice Gmez, consiste en remover el cadver155. Nez critica esta definicin, y seala que quien cambia el atad de un lugar a otro dentro de la bveda, donde se encuentra, no lo sustrae156. Dice tambin Gmez, posteriormente, en Leyes penales anotadas, t. III, n 946, frente a nuestra critica, ha explicado convenientemente el alcance de su formula157. Concluye Nez diciendo que la sustraccin se realiza cuando el cadver ha sido extrado del lugar donde se encuentra, sea un nicho, un sepulcro, una casa, o un lugar cualquiera, aunque all haya sido dejado momentneamente.

    No nos conforma, sin embargo, esta definicin de Nez. Nos parece poco clara e innecesariamente limitada. En nuestra idea, sustraer un cadver es quitarlo del lugar donde se encuentra, de modo que el autor pueda devolverlo. De esta manera, incluso si el cadver, sin sacarlo de la bveda, se hubiera colocado dentro de un muro, y all no pudieran sospecharlo los familiares, se tratara de un sustraccin.

    Cadver son los restos de una persona muerta, aunque se trate solo de segmentos de su cuerpo. En cuanto a las cenizas, Nez piensa que ellas no son el cadver158. Requiere tambin este autor que el esqueleto conserve su estructura. No pensamos que esto sea necesario. Los huesos de una persona, siempre que se trate de un conjunto de ellos, que se tengan por sus restos, son el cadver del que habla el Cdigo. En cuanto a las cenizas, creemos que no solo la cuestin puede ser discutida, como dice Laje Anaya159 sino que, conforme los fundamentos de la infraccin dados por el Proyecto de 1891 y la racional interpretacin de la norma, no hay duda alguna de que las cenizas son sinnimo de cadver al efecto requerido.

    Tambin son cadveres las momias. Y no lo son, en cambio, los efectos que no haya alcanzado un desarrollo suficiente, para ser considerados, por sus formas, un cadver. Aunque resulte obvio, conviene precisar que objeto de la sustraccin debe ser una persona ya muerta; no lo es un moribundo, que fallece luego, en cuyo caso se cometer un atentado contra la libertad personal, aunque este se encuentre inconsciente y no haya recuperado el conocimiento hasta su muerte.

    Como lo que corrientemente se sustrae es, en realidad, el cajn donde se encuentran los restos, sin determinar su estado, es til tener en cuenta que subjetivamente la ley no impone al autor un conocimiento de que all se guardan los restos de una persona, aunque constituyan segmentos o partes del cuerpo160.



    El elemento subjetivo


    Como en el secuestro extorsivo, la accin de sustraer el cadver debe llevar nsita la intencin de solicitar dinero u otro efecto patrimonial por la devolucin. Ello significa que es en ese preciso momento, cuando se sustrae el cadver, que tiene que existir ya la intencin de solicitar algo por la devolucin; algo con valor econmico, conforme al bien jurdico protegido por el delito (cfme. Nez, Derecho penal argentino, V, 279; Finzi, M., El llamado dolo especifico en el Derecho penal argentino y comparado, p. 37; este ultimo autor dice: De otra parte, si en el momento del hecho siendo instantneo el delito no exista la intencin de lograr aquel resultado, la circunstancia de que el resultado se haya despus realizado en virtud de una resolucin posterior no vuelve punible el delito. En consecuencia de esto, y a pesar de que la tesis pueda aparecer a primera vista arriesgada, opinamos que quien sustrae un cadver con la finalidad de empleo para experimentos cientficos, si despus de los mismos pretende una remuneracin para devolverlo a las personas de la familia en consecuencia de una determinacin que no exista anteriormente, no comete el delito previsto en el Art. 171 del Cdigo Penal argentino, y esto justamente porque en el momento en el que se sustraa el cadver momento consumativo del delito no lo empujaba el intento de hacerse pagar por su devolucin. Y se puede aadir que, en rigor, no exista tampoco delito en un caso en que el agente haya tenido la representacin de la posibilidad de recibir dinero por la devolucin del cadver si tal representacin no se concreto en el deseo de conseguir este resultado, es decir, no fue el motivo que impulso al culpable a la accin. En realidad, nos parece que debe afirmarse que el llamado dolo especifico no admite la posibilidad de dolo eventual).



    La consumacin


    La cuestin consumativa se vincula con el punto anterior. Nez, en armona con lo expuesto, considera que la consumacin se concreta cuando el autor ha extrado el cadver del lugar donde se hallaba para hacerse dar dinero u otro valor econmico y para restituirlo en consecuencia. Soler, en cambio (IV, p. 290), y Fontn Balestra161, argumentan que no puede considerarse consumado el delito sino cuando se manifieste de algn modo ese propsito, porque es perfectamente posible la sustraccin con un propsito distinto. Gonzlez Roura dice que el momento consumativo se produce cuando el precio ha salido del poder de la victima.

    Pero de todas maneras el delito es instantneo, aunque de efectos permanentes162. No existe un retencin del cadver, sino un acto: la sustraccin. Piensan de esta forma: Moreno163, Gmez164, Molinario165, Oderigo166, Soler167. Por lo citado antes, este ultimo autor parecera pensar de otra forma. Sin embargo, precisa: Es una figura comisiva e instantnea, y en este sentido se diferencia considerablemente del secuestro extorsivo. La sustraccin del cadver crea un efecto que puede tener cierta duracin; pero que no es en si mismo un acto idnticamente comisivo bajo el mismo nomen juris. Esto es ms claro y coherente con lo dicho anteriormente por Fontn Balestra: El hecho esta consumado cuando, al ser sustrado el cadver, existan actos reveladores del propsito de hacerse pagar su devolucin. En estas figuras, el elemento subjetivo especifico trasciende la antijuridicidad del hecho. Por eso la ausencia del mvil no solo excluye la culpabilidad, sino tambin el delito por ausencia de tipo. Tanto es as, que el cadver puede haber sido sustrado con otro propsito y el hecho carecer de significacin penal168 y que la sustraccin del cadver de un desconocido tornara imposible la exigencia extorsiva.

    Para la opinin de Gmez, el delito es continuo, o sea permanente: Se trata de delito continuo, porque su comisin persiste hasta que se efecta la devolucin del cadver. No importa que el delincuente obtenga o no el pago que exija para la devolucin.

    Finalmente, piensa Nez que si el cadver estaba ya en el comercio y la sustraccin se realiza de manos de quien lo posee, el criterio que funda la disposicin del Art. 171, excluye que la infraccin ocurra169.

    No pensamos lo mismo: si se sustrae el cadver a un tercero, quien lo adquiri como una cosa objeto de comercio, y se tiene la intencin de obtener un precio por su devolucin, requirindoselo a los familiares, se comete el delito de extorsin mediante sustraccin de cadver, consecuentemente, no es preciso que la sustraccin se efectu a los familiares o allegados de la persona muerta.



    La obtencin del pago


    En el secuestro extorsivo la obtencin del rescate configura una forma agravada del delito. No ocurre as en la extorsin mediante sustraccin de cadver: si se obtiene el pago del rescate ello hace a la perfeccin del hecho emprendido por el autor, pero no a la consumacin del delito ni a una figura agravada. La circunstancia se toma en cuenta solo a los fines de la determinacin de la pena170.




     
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