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Informe Final de Práctica Docente I

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Cátedra de Práctica Docente I - I.S.F.D. Domingo Savio - Córdoba

Agregado: 24 de NOVIEMBRE de 2006 (Por VEGAS, Ricardo Daniel) | Palabras: 2372 | Votar! |
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Categoría: Apuntes y Monografías > Educación >
Material educativo de Alipso relacionado con Informe Final Práctica Docente
  • Analisis del Sistema Educativo: Trabajo práctico de la cátedra de Sociedad y sistema educativo del Trayecto de formación docente
  • Crisis Energética Mundial: Informe destacado en el certamen de Beca Instituto Balseiro 2006 para alumnos de enseñanza media, donde claramente se trata el estado de la Crisis energética mundial en el año 2006.
  • Examen Final Analisis II up: Examen Final Analisis II, Diciembre 2004, Universidad de Palermo, Ciencias Economicas, Adriana Latorre

  • Enlaces externos relacionados con Informe Final Práctica Docentenalga


    Autor: VEGAS, Ricardo Daniel (danielvegas2001@yahoo.com.ar)


    PRÁCTICA DOCENTE I


    INFORME FINAL

    La escuela pública es, en estos días, protagonista indiscutible
    Ä porque representa la vigencia del reconocimiento estatal del derecho a la educación, en contraste con otros derechos sociales hoy desdibujados;
    Ä porque se trata de una de las instituciones menos cuestionadas por los ciudadanos, y por lo tanto una de las más reconocidas en orden a su credibilidad.
    El mundo cambió; la institución escolar mantuvo rígida su organización. El docente y el alumno, que como personas han asimilado los cambios sociales, se ven obligados a forzar sus personalidades dentro del ámbito escolar por el encorsetamiento del sistema. Sólo liberados de ataduras caducas, el docente y el alumno podrán construir una relación pedagógica que permita ir esbozando el perfil y la función del docente.

    El docente era la persona que ejercía o enseñaba una ciencia o arte, a adolescentes o jóvenes. Enseñar, significaba transmitir el conocimiento atesorado socialmente a las nuevas generaciones a través de quienes lo estudiaron a tal fin.
    Claro que la acción de enseñar requería de un método que facilitara la adquisición de los conocimientos por parte del aprendiz y que desarrollara en él la valoración del esfuerzo y el estudio. De igual manera era necesaria una organización que permitiera la puesta en práctica de este método por la cual la sociedad establecía la forma en la que iba a desarrollar su tarea el docente e iba a recibir instrucción el alumno. No menos importante era la constancia oficial del cumplimiento de las sucesivas etapas en la que estaba organizada la transmisión de conocimientos. Esto es, teníamos al docente, al alumno, al método, a la escuela, al sistema educativo en su totalidad. Estos cinco elementos conformaban el lugar, los actores, el modo y la certificación de la educación. La familia era el soporte exterior, la que actuaba como refuerzo en los niños y jóvenes para las enseñanzas escolares; aunque más no sea por la alta valoración del estudio que les inculcaba a sus hijos. A su vez, la escuela apoyaba las enseñanzas morales y de carácter que se cumplían en el hogar.

    Hasta aquí parece claro que el docente debe estar capacitado intelectual y profesionalmente para transmitir conocimientos y favorecer hábitos valorados por la sociedad en los educandos, y su función es lograr que sus alumnos adquieran conocimientos y hábitos aceptados socialmente.
    Los cambios que se dieron en los últimos años afectaron directamente aislando a la escuela de apoyos exteriores como la familia. Todo fue tan acelerado que ni los docentes ni las autoridades educativas pudieron o supieron realizar las adaptaciones necesarias.
    Hoy, el docente no es más la persona valorada por sus conocimientos, ni la escuela es respetada como el segundo hogar. Además, si la familia no puede sostenerse como institución menos podrá apoyar a la escuela. De igual manera, el lugar que antes ofrecía un marco apropiado para el proceso de enseñanza-aprendizaje, hoy es totalmente inadecuado para albergar la enorme cantidad de jóvenes y no presenta las mínimas condiciones pedagógicas para llevar adelante la tarea docente.

    La sociedad toda se ha vuelto escuela ya que políticos, periodistas, artistas, transeúntes, automovilistas, terroristas, deportistas, drogadictos, traficantes, empresarios, piqueteros, cartoneros, eclesiásticos, instituciones privadas, grandes empresas multinacionales, la televisión, el cine y los comentaristas de todo el planeta educan formal o informalmente a los niños y jóvenes. Además, las certificaciones que sigue otorgando el sistema educativo a sus egresados poco y nada dicen sobre sus saberes y habilidades.
    ¡Qué pobre y desvalido quedó el docente ante tamaña competencia!, teniendo en cuenta que se vio obligado a cumplir funciones de asistencia y contención ante la casi disolución de la familia, y además los alumnos obtienen información de distintos medios como internet, conocimientos que antes sólo él exhibía luego de arduos años de estudios.
    La docencia, y con ella la educación, están en crisis. Esto es, vivimos un momento en el que se produce un cambio muy marcado tanto entre los docentes como en la educación. Cualquiera que transite una institución escolar recogerá los signos de la violencia y el fracaso académico y humano en sus aulas y pasillos.

    Docentes y alumnos son seres humanos y concurren a la escuela con sus expectativas humanas. En consecuencia, hay dos demandas que coinciden y se refuerzan: por un lado, la demanda por enseñar y aprender y por otro, la demanda por recibir respuestas.
    Por lo tanto, podemos afirmar que la calidad ambiental o la atmósfera del aula se valora por el nivel de satisfacción que encuentran sus miembros al trabajar juntos en ella. El clima áulico es, entonces una condición que afecta el comportamiento y la identidad que adoptan las personas en la misma.
    En la práctica docente apuntaría a un clima áulico en el que entre los actores predominen percepciones como:
    -Relaciones comprometidas entre los miembros de los diferentes grupos y expresiones de ayuda mutua, que se traduzcan en niveles altos de participación.
    -Objetivos institucionales e individuales claros y compartidos, que se traduzcan en un grado adecuado de identificación y compromiso de los actores con la institución y en la realización de las actividades programadas.
    -Claridad en las normas, continuidad en su aplicación, como asimismo, posibilidades de innovación y fomento de la creatividad.

    Construir un aprendizaje basado en de las relaciones interpersonales que se establecen en el contexto escolar, el cual no depende únicamente de las características intrapersonales del alumno o del profesor o del contenido a enseñar, sino que está afectado por factores como el tipo de «transacciones” o de interacciones que mantienen los docentes y alumnos; por el modo en que se efectúa la comunicación. En definitiva, un aprendizaje que tienda a producir satisfacción y a favorecer los aspectos personales, motivacionales y actitudinales de las personas involucradas en dicho proceso.

    Como docente, considero importante que mis alumnos:
    Ä No se aburran, por efectos de la rutina y falta de focos atencionales atractivos.
    Ä No entiendan, a causa de la dispersión de los focos atencionales y no estar convencidos del sentido del conocimiento.
    Ä No participen, porque el sistema está agotado en la relación docente.
    Ä Molesten, porque el sistema los institucionalizó como amontonamiento de individuos, con vocabularios y códigos gestuales donde la burla es la norma; y no como conjunto de personas individualizadas.

    Desde mi lugar de observador y desde un punto de vista personal pude percibir en los alumnos un escaso hábito por la lectura y un lenguaje propio que obstaculiza el aprendizaje impidiendo la resolución de situaciones cotidianas.
    Estas pautas me llevan a pensar que resulta indispensable e inevitable la necesidad de abordar temas como:
    Ä Adquirir el hábito de la lectura a través del trabajo cotidiano en el aula.
    Ä Reconocer las condiciones óptimas para el estudio y el aprendizaje.
    Ä Distinguir los diversos mecanismos de la lectura.
    Ä Reconocer ideas principales y secundarias.
    Ä Aprender a confeccionar: resúmenes, síntesis, cuadros sinópticos, esquemas y redes conceptuales.
    Ä Reconocer estrategias para la organización de una exposición oral. de forma transversal, no sólo desde Lengua, sino, desde todas las asignaturas.

    Puedo mencionar como estrategia el uso de material escrito (cuadernillo de actividades) que implica el manejo de conocimientos previos de los alumnos, temas de la actualidad y contenidos de diversas asignaturas.
    Los profesores trabajan con un cuadernillo elaborado por el Área de Lengua, que consta de ejercitación adecuada al nivel y relacionada con cada asignatura que el alumno posee en cada curso del C.B.U. Las actividades parten de un texto de interés, de recreación, que incentive la lectura y que tenga relación no sólo con la asignatura a trabajar sino con las demás disciplinas; luego se promueve la expresión oral, artística y escrita, la aplicación de técnicas de estudio y el uso correcto de las normas o sistematización del lenguaje.
    El alumno trabaja con el cuadernillo, en cada una de las asignaturas (Biología, Música, Geografía, Matemática, Historia, etc.). Cada profesor corrige sus actividades considerando lectura, expresión oral y escrita, y ortografía, con una escala cualitativa; el docente de Lengua evalúa el cuadernillo completo con una calificación numérica, que constituye una nota más al momento de promediar.
    Se trata de promover, el mejoramiento de la lecto-comprensión y producción textual, a partir de un verdadero trabajo de “equipo docente”, que ejercita la aplicación de técnicas de estudio en textos de diversas asignaturas, concientizando al alumno de que “hablar y escribir bien en Lengua es hacerlo en cada disciplina y en cada momento”.

    Considero que estrategias como estas, son herramientas indispensables para brindar al alumno la posibilidad de:
    Ä Adquirir confianza en sus posibilidades para resolver problemas y formular interrogantes; estimulándolos a defender sus puntos de vista, considerando los de sus pares, debatiendo y elaborando conclusiones aceptando que los errores son propios de todo aprendizaje.
    Ä Expresar y compartir ideas, conocimientos, emociones y puntos de vista que estimulen a la comprensión del mundo y la reflexión sobre uno mismo.
    Ä Considerar al aula como un espacio para comprender lo que no entiende a través de preguntas al docente, sus pares y otras fuentes de información.
    Ä Identificar distintos actores sociales y reconocer el diálogo como instrumento para solucionar problemas.
    Ä Desarrollar una actitud comprometida con el cuidado de sí mismo y de los otros.
    Ä Sensibilizarse ante las necesidades y problemas sociales.
    Ä Leer, interpretar, reflexionar y analizar críticamente sobre las problemáticas de mayor impacto social.

    Ya que la comunicación en el aula, requiere una conversación significativa y permanente que facilite la canalización de la historia de vida de los protagonistas, ¿Cómo debo escuchar a mis alumnos?, ante todo, con toda la persona, con la mirada, captando expresiones, reacciones y preocupaciones, percibiendo donde hay necesidad de afecto, de calor. Que esto me permita discernir la intensidad de los sentimientos y el significado de los mensajes, para descubrir miedos, burlas o agresiones.
    Una de las mayores necesidades humanas es la de ser escuchados. Y siendo la educación la constatación que atraviesa vertical y horizontalmente todos los espacios de la sociedad, ello hace que a mayor conocimiento de sus realidades, exista menor indefensión para corregir la escuela y proyectarla en la identidad y el futuro de país que necesitamos y merecemos.
    Quienes mas calificados para esto que los propios docentes como artífices y protagonistas de las culturas vitales.
    Ciertamente cuando hay comunicación, el alumno ha encontrado la llave para entrar en el corazón de los docentes. Así el docente recupera la autoridad del maestro en el aula, y su prestigio se multiplica entre los alumnos y hasta se proyecta en la familia de los unos y los otros.

    El docente debe estar preparado para entrar en el mundo de los alumnos y mirar las cosas también desde sus perspectivas: sus experiencias (lo que esta acaeciendo en sus vidas); sus comportamientos (que es lo que hace o no logra hacer como consecuencia); sus emociones (como reacciona ante lo que sucede).
    La escucha se perfecciona cuando el docente hace uso de una variedad de recursos: el silencio como expresión profunda del respeto y de unión con el otro; gestos de afecto, que puedan hablar más alto que cualquier palabra; la sonrisa, como instrumento para transmitir serenidad y consuelo.

    “No desprecies al hombre que para entender lo que antes no entendía, empieza por entender que no entendía”.
    Es difícil escuchar imparcialmente, sin interferencias actitudinales como lo son: la timidez (“se van a reír de mí”), la inseguridad (“no me siento capaz”) y la incomunicación.

    El proceso de evaluación nos lleva a puntualizar lo que llamamos “el objeto de evaluación”, es decir aquellos aspectos que pondremos bajo la lupa para dialogar, comprender y mejorar.
    Mi intención es poder erradicar en el alumno, la idea de temor en torno a lo que significa para él, la idea de evaluación; poder inculcar el criterio de que la evaluación es una instancia más dentro del aprendizaje. Cuando descubrimos que hay cuestiones para mejorar, estamos reconociendo que tenemos problemas, necesidades, carencias, dificultades y que es necesario explicitarlas, resolver los problemas que obstaculizan el desarrollo de este proceso.
    Que la experiencia, a través del tiempo, me permita incluir en un instrumento de evaluación, contenidos representativos del muestreo de contenidos considerados como fundamentales en el desarrollo de la capacidad y comprensión de determinada temática. Teniendo en cuenta, por un lado, si este instrumento está centrado en la evocación, en la aplicación, en el establecimiento de relaciones, o en el lugar que tienen los procedimientos cognitivos de otras naturaleza; y por el otro, el rigor en la construcción de consignas, ya que son estas las que atentan directamente sobre la validez y la confiabilidad.

    A modo de cierre, me gustaría mencionar algo esencial, desde mi criterio, como lo es la crisis de valores existente y su incidencia en la educación, que afecta al sujeto, a la familia, a la sociedad y al sistema educativo; es fundamental insistir para orientar a actitudes coherentes con los valores. Las sociedades actuales reciben modelos que ponen el énfasis en la cultura del "tener", induciendo al consumismo y contradiciendo los valores intelectuales, estéticos, éticos y religiosos, como los relevantes para la realización personal y social.
    El acto de valorar implica una internalización y apropiación del valor y ello conlleva una toma de posición, una actitud ante las personas, sus circunstancias y los objetos involucrados; en síntesis, un compromiso.
    Los valores, en tanto son construidos socialmente y cobran realidad en la cultura, crean el marco de convivencia para una comunidad de personas y conforman los fundamentos de una nación.

    ENTONCES…
    Ä ¿Qué hacer? para insertarse en un mundo donde los cambios tecnológicos irrumpen de manera acelerada y dinámica, pero donde los procesos sociales tienen ritmos distintos, en tanto son producto de cuestiones ligadas a los tiempos propios de cada hombre, de cada comunidad.
    Ä ¿Cómo hacer? para no quedarse apartado en la defensa de un mundo que ciertamente nos pertenece, pero sin perder de vista la interacción de los procesos históricos de la sociedad de hoy con el tiempo que se fue y con lo que vendrá.
    Ä ¿Cuál es? la función de la educación en este tiempo en que los hombres viven los albores de un nuevo siglo.



    BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA
    GOBIERNO DE CÓRDOBA - MINISTERIO DE EDUCACIÓN “Cuadernos para hacer pensar y vivir la escuela”
    PEREZ GAUDIO “Enseñar la condición humana y el duro oficio de vivir”
    PRÁCTICA DOCENTE I “Apuntes de cátedra”
    BONVECCHIO DE ARUANI, Mirta – MAGGIONI, Beatriz “Evaluación de los aprendizajes – Manual para docentes” Cap. V

     
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