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Lunes 15 de Abril de 2024 |
 

Resumen de la visa 28°

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1. CRISIS DE REPRESENTACIÓN, A. Factores de la crisis, B. El nuevo formato representativo, 3. PÉRDIDA DE SENTIDO, DE IDENTIDAD Y DE ETICIDAD, A. POSMODERNIDAD, NUEVO IMAGINARIO Y FAMILIA POSNUCLEAR, Consumo y crisis de sentido, crisis del estado-nación.

Agregado: 24 de MAYO de 2000 (Por ) | Palabras: 4506 | Votar |
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    Resumen ficha n 28

    1.        CRISIS DE REPRESENTACIóN

    Las transformaciones operadas en la relación Estado - sociedad:

    à       Consolidación del un régimen representativo estable;

    à       Pasaje de partidos predominantes al formato bipartidista

    à       Surgimiento de partidos catch all y de nuevos movimientos sociales

    à       La decisiva presencia de los mass media en la mediación Estado - sociedad

    à       Tendencias delegativas y de baja participación en los ciudadanos

    Se está dando un fenómeno de desafección de la política.

    Los teóricos se encuentran divididos entre dos visiones polares sobre las causas de la crisis de representación:

    1)       Unos adjudican la responsabilidad principal de que esta democracia sea delegativa a las tradiciones delegativas y caudillistas y determinados estilos y liderazgos latinoamericanos.

    2)       Otros afirman que es un fenómeno más amplio y de carácter universal

    A.      Factores de la crisis

    Los factores que tradicionalmente generaban el ciclo cívico - militar tenían que ver con una conjunción histórica de:

    à       Crisis de legitimidad (falta de acuerdos en el cuerpo político sobre las características del régimen democrático)

    à       Cultura política escindida (existencia de antinomias y polarización política intensa)

    à       Actores antisistémicos (fuerzas armadas con propensión a tomar el poder, guerrilla, actores empresariales y sindicales con poco cuidado de las reglas)

    à       Alta movilización y bajo nivel de institucionalización, pretorianismo e ingobernabilidad por exceso de demandas.

    à       Contexto internacional rígido (falta de referente constitucional común)

    Al mismo tiempo que estos factores desestabilizadores van quedando atrás, se constituye un sistema político con rutinas previsibles, de carácter competitivo y de libre opinión.

    El proceso de consolidación va de la mano de un apartamiento de la gente de la política, del aumento de las apatías y la privatización de los ciudadanos que prefieren los ámbitos sociales o íntimos. En síntesis un distanciamiento entre sistema político y sociedad y una crisis de expectativas.

    Esta situación de pérdida de confiabilidad en los partidos, en el Ejecutivo, en el Parlamento y en el Poder Judicial, pero no en la democracia como sistema, puede ser definida como crisis de representación.

    La democracia actual se caracteriza por transacciones entre élites que se autonomizan de sus electores.

    Causas explicativas de esta crisis:

    -          Los sucesivos incumplimientos programáticos. La pérdida del valor de los mandos electorales, la distancia creciente entre promesas electorales y decisiones políticas.

    El incumplimiento de las promesas y la brusca liberación económica dieron lugar a una privatización de los individuos.

    El modelo político del Estado de bienestar ya no se adapta, o lo hace sólo con dificultad, a las nuevas demandas de una participación. Más independiente y de "carácter social", menos ideológica y vinculada a los medios, a una esfera pública no estatal.

    Al cambiar el proceso decisional en el marco de la globalización también se modifican los presupuestos de la teoría democrática clásica, sobre todo acerca de quiénes son los actores de las decisiones y dónde se toman las mismas. No hay política pública significativa donde no intervengan actores tales como organismos internacionales, bancos de inversión, Banco Mundial, FMI y distintas formas de financiación.

    Dado que mucho más importantes son las exigencias que establecen los organismos financieros internacionales, que los resultados de los debates parlamentarios o la opinión de la población.

    -          El fenómeno de la corrupción. Es un eje central. Ayuda a conformar una visión muy negativa de la política, cuestionadora no sólo del partido gobernante sino del conjunto de la clase política. La sospecha de una ligazón jueces - políticos - empresarios termina asociando la política a la impunidad.

    La corrupción también se vincula al desprestigio más reciente que arrostra el Poder Judicial, tanto por la sensación de impunidad de ciertos casos famosos como por la suerte de connivencia que parecería existir entre algunos políticos, jueces y policías.

    Se termina conformando una creencia cada vez más extendida acerca de la corrupción del conjunto de la clase política: la política se asocia al poder y éste a la corrupción. Esto terminó por producir un cambio de 180 en la concepción del poder en la sociedad, un pasaje de su valoración positiva en los 60 y 70, como herramienta de cambio y emancipación, a una perspectiva pesimista, como fenómeno de opacidad, transacción y corrupción. Lo cual también es favorecido por cierta visión antipolítica del liberalismo que predomina en el proceso de globalización.

    Este fenómeno genera nuevas demanda y, en consecuencia, surgen liderazgos provenientes del campo del deporte o del espectáculo.

    -          La situación social declinante de vastos sectores. En los últimos 15 años, la conformación de nuevos pobres y la ampliación de la pobreza es un punto central de la crisis de representación. Es la primera vez que el proceso democrática queda asociado a experiencias de distribución negativa del ingreso, de exclusión y sin demasiadas expectativas de reingreso.

    Han aumentado las desigualdades en un continente que ya tenía la distribución del ingreso y de las riquezas más desigual del planeta.

    Los problemas de exclusión y deterioro de las condiciones sociales, junto a la simultánea elevación del nivel de vida de la clase política, ayudaron a generalizar este cuadro de desprestigio. Esta situación facilitó la culpabilización de los políticos sobre un mundo que cambia y que genera una gran incertidumbre sobre el futuro y, si bien los políticos tienen parte de responsabilidad por su falta de ejemplaridad, la política tiende a aparecer como el chivo expiatorio de todos los males. De esta manera, se desresponsabilizan otros actores como empresarios, tecnocracias, gerentes, organismo internacionales y comunicadores que gozan de la mayor credibilidad.

    -          La mayor profesionalización y especialización técnica. Son producto del proceso de modernización, de la creciente diferenciación social y funcional.

    El proceso de globalización aumenta, al mismo tiempo, la necesidad y dificultad de dominar la complejidad. La política se distancia y, para operar, se tecnifica. En la sociedad compleja, el político debe ser full-time y profesional. La política comienza a operar como "carrera" competitiva y para pocos, lo que se contrapone a la visión vocacional y masiva anterior y a las formas de hacer política propias del modelo "militante".

    El apartamiento de la política y de la participación también responde al hecho de que las cuestiones económicas tienen una dosis de información técnica y complejidad que hacen difícil su comprensión y llevan al ciudadano y al militante a abdicar frente al experto.

    Excluidos del proceso efectivo de decisión, los partidos pierden su capacidad creadora de identidades colectivas; se diluye "el sujeto" del orden democrático, el "pueblo o la nación".

    -          La crisis de los grandes relatos. La escasa credibilidad de que gozan hoy las grandes utopías de la modernidad (el desarrollo nacional, el socialismo, la emancipación plena) significa el quiebre del imaginario revolucionario, de la conciencia de clase y de la idea de lo "nacional - popular" .

    Con la crisis del Estado benefactor , entra en declinación una forma de hacer política que se basaba en fuertes componentes normativos asociados a las utopías sociales, a cierta credibilidad sobre las garantías de éxito colectivo y en la promesa de una nueva sociedad

    La crisis de las ideologías mina el poder basado en las organizaciones populares y en la movilización, reforzando el poder asociado a la técnica, al conocimiento, a la información y a los recursos económicos. También el posmodernismo y el neoliberalismo introducen una crisis cultural que genera una orientación creciente al individualismo, preocupación por la esfera de la propia performance y de lo privado, reclusión, desestructuración de las tramas sociales y debilitamiento de orientaciones a la participación.

    -          La influencia de los medios de comunicación. Los medios de comunicación empiezan a ocupar el lugar de nexos entre el Estado y la sociedad, de mediadores de esta relación. Coinciden con una crisis del espacio público. Asumen funciones que no les son propias: generar la agenda de discusión cotidiana. Los medios simplifican los temas, a veces en forma extrema, y a la vez los politizan: determinan responsables, culpables, inocentes, les ponen nombres a las cosas. Proporcionan a los nuevos movimientos sociales oportunidades de expresarse y posicionar sus temas en la agenda favoreciendo la emergencia de un espacio público no estatal o no político. Los ciudadanos buscan en los medios lo que no logran en las burocracias estatales.

    La fuerte concentración de los multimedia y su articulación con intereses económicos otorga a pocos grupos gran capacidad de construcción de la agenda y de posicionamientos deliberados de la opinión pública. Los medios pueden construir un orden de prioridades e instaurar problemáticas que no siempre responden a los intereses reales de la sociedad. Los medios concentrados aparecen como grupos multimedia que articulan intereses empresariales, conforman negocios múltiple y oligopolizan la comunicación, también aparecen como un nuevo factor de poder.

    B.       El nuevo formato representativo

    De la misma manera que se modifica el estado de bienestar, se comienza a configurar un modelo de representación distinto. Este cambio del formato representativo se basa en tres ejes:

    1-         La democracia de lo público. La representación se instala en un esquema amplio y fuertemente mediático. El mensaje político se presenta por la vía massmediática y que es diferente al contacto personal que se tenía en la democracia parlamentaria clásica. La política, al comercializarse su operatoria y en la medida que los punteros tampoco garantizan ya la participación de la gente, termina por mostrar los límites de esas estructuras, no sólo para lograr resultados electorales sino también para gestionar políticas públicas eficaces sin un verdadero compromiso de los grupos sociales involucrados.

    2-         La emergencia de la sociedad civil y del tercer sector, significa que la participación tiende a ser más "social" o apartidaria y construida sobre redefinidas solidaridades y temas más puntuales. Ahora son mujeres las protagonistas de muchas de las organizaciones sociales.

    Es decir, mientras un primer circuito de la política representativa se consolida, ahora se constituye un segundo circuito, conformado por ONGs, movimientos sociales, organizaciones voluntarias, vecinales, que representan a vastos sectores que no se sienten contenidos ni tampoco expresados por partidos y sindicatos, que apuntan a cuestiones puntuales y no a la conquista del poder. Y este segundo circuito de la política plantea una acción colectiva "social" que se encuentra en tensión y, a la vez, en complementación con el primero.

    3-         El surgimiento de una nueva ciudadanía posmoderna o del consumidor que puede caracterizarse como:

             El posmoderno por la crisis de los grandes relatos, la falta de la dimensión utópica y del imaginario revolucionario, y la pérdida de centralidad de la política.

             El ciudadano como consumidor, usuario, cliente, contribuyente, con bajas expectativas sobre el Estado y que aspira al disfrute de los bienes y servicio de la sociedad de consumo, siendo el acceso a esos bienes su identificación ciudadana. El "consumidor2 empieza a ocupar el lugar del trabajador, aumenta la competencia en lo económico laboral, los individuos, se preocupan por el mejoramiento de su calidad de vida. Pero este individualismo posmoderno se paga con aislamiento, pérdida de identidad y de certidumbres ideológicas.

             El posnacional. La idea de nación legitimadora del Estado que se basaba en la homogeneidad económica, la tradición histórica y los proyectos políticos y, junto con ella, ala comunidad política que la constituía, se desdibujan. La educación se debilita en su función socializadora y pasando esta función más a los medios y mercados.

    Surge una nueva ciudadanía independiente, desprovista de identidades políticas permanentes que está más informada pero que es, a la vez, más confusa y escéptica.

    El liberalismo acentúa la aparición de un ciudadano más libre e independiente, y capaz de participar directamente a través de las nuevas posibilidades que ofrecen la informática, una suerte de ágora electrónica. La realidad nos muestra una ciudadanía más dependiente del mercado porque gran parte de la población está consagrada a la ya heroica tarea de sobrevivir, lo cual le deja poca energía y tiempo para participar. Y, por otro lado, la emergencia de una suerte de ciudadanía "asistida" por planes focalizados, asistenciales y de contención que reproducen la dependencia y pasividad de los individuos.

    Se produce un cambio de las relaciones de poder Estado-mercado. La globalización, junto con el endeudamiento y los programas de ajuste estructural, reduce los márgenes de autonomía del Estado-nación y la capacidad de la política para regular una economía desnacionalizada. Este proceso se agudiza en países de desarrollo por la forma en que este cambio se produce: más como ruptura y negación con el Estado de Bienestar que como superación.

    En este sentido, el desprestigio de la clase política se hace funcional al establishment, y esto, que facilitó históricamente en Argentina a los grupos económicos atentar contra la democracia en el modelo anterior invocando el "vacío de poder", ahora les facilita posicionarse desde una situación que les permite ejercer una presión continua hacia los decisores gubernamentales.

    3.        PÉRDIDA DE SENTIDO, DE IDENTIDAD Y DE ETICIDAD.

    Uno de los efectos más evidentes de la globalización se observa en la uniformación creciente de los estilos de vida, estandarización de los consumos, generalización de modas y prácticas que hacen que casi todos en diversas sociedades se vistan de una misma manera y tengan similares preferencias y aspiraciones.

    Los avances tecnológicos modifican el comportamiento de las personas y se tiende a vivir desde informaciones globales pero fragmentarias. Ello lleva a la pérdida de puntos de referencia en distintos ámbitos de la vida, de creencia y de seguridades básicas para situarse en el mundo. Se trata de una fuerte presión por el triunfo y por el ascenso individual, de aprovechamiento d la oportunidad, junto a la crisis de los grandes proyectos.

    Tres aspectos significativos de este cambio:

    a.        El primero, vinculado a un desplazamiento del marco cultural moderno (basado en la razón, visión progresiva de la historia, grandes relatos) al posmoderno (indeterminación, individualismo, subjetividad).

    b.       El segundo, por el pasaje del Estado de bienestar (basado en la igualdad social, en identificaciones fuertemente políticas y en una ética nacional), al individualismo competitivo.

    c.        Y el tercero, por el pasaje del imaginario de la sociedad industrial (el "del trabajador") al de la sociedad postindustrial (el del consumidor).

    A.      POSMODERNIDAD, NUEVO IMAGINARIO Y FAMILIA POSNUCLEAR.

    La cultura posmoderna es la que corresponde a las sociedades postindustriales. En primer lugar, el pasaje a esta cultura se caracteriza por la velocidad y radicalidad con que ocurre. En ninguna época de la humanidad se vivieron en tan corto plazo cambios tan acelerados y definitivos. Se caracteriza por la crisis de certeza. El neoindividualismo aparece como una afirmación radical de autodeterminación, desconfiando de todo lo colectivo, así como de toda forma de compromiso por una causa.

    Se exalta la transformación de lo único que hoy es posible transformar: el cuerpo y la personalidad. Y esto ha generado dos amores nuevos: las diversas terapias light y los grupos de autoayuda y de cuidado del cuerpo.

    Se trata de una situación donde no hay puntos de referencia universales ni valores absolutos o constantes, donde no predomina una gran permisividad en el campo de la conducta moral. Se produce también un resurgimiento religioso. Un resurgimiento religioso cruzado por elementos mágicos, que va da la mano con una ruptura de la hegemonía que antes tenían los símbolos e instituciones del catolicismo.

    Asistimos al pasaje del énfasis en la razón al predominio de la sensación, a una mayor valoración de lo corporal y de lo subjetivo.

    Aparición de un nuevo imaginario cultural

    Cuando se habla del fin de los grandes relatos, significa que ya no se puede descansar en la certeza acerca del sentido final de la Historia. El resultado más inmediato de la muerte de la Historia como teleología es la omniprescencia de la "desoladora contingencia": lo general ya no concede significado y sentido a lo particular que liberado de esa matriz recobra su carácter múltiple, aleatorio y diverso: contingente.

    Pasaje de la familia nuclear a la posnuclear

    Así como la modernidad industrial trajo consigo el avance de la familia nuclear sobre la ampliada, somos testigos del nacimiento de una nueva estructura familiar propia del posindustrialismo. Se hace más precoz el primer contacto sexual entre los adolescentes; se retrasa la edad de casarse; nace más tarde el primer hijo; baja la tasa de fecundidad; disminuye la nupcialidad; hay más cohabitación y se produce una mayor disolución voluntaria de las parejas; hay cada día más mujeres en la población activa, y se consolida una simetría mayor en las relaciones de poder entre los miembros adultos de la familia.

    En un mundo no de confrontación generacional sino de desconexión, los jóvenes prolongan su permanencia para la mantención de un cierto status social de consumo.

    La familia es el marco de contención y permanencia, una auténtica "seguridad social", tanto para los hijos que tardan en encontrar su primer puesto de trabajo y como para los individuos que han perdido el empleo.

    Los jóvenes gozan de un amplio grado de libertad y de tolerancia paterna. Ha disminuido el sentido de la relación sexual en términos de responsabilidad, compromiso e institución. Y sobre todo se tiende a banalizar la misma en término de seguridad e higiene.

    En este pasaje de la familia nuclear a la posnuclear avanzamos hacia una sociedad donde son tres los tipos de familiar dominantes: las familias de primeros matrimonios nucleares típicas, las monoparentales y las familias recompuestas. La familia recompuesta se integra mediante la unión de una o dos personas divorciadas y su descendencia, que aportan los hijos habido en el matrimonio anterior.

    Se observa una tendencia cultural a la constitución de una sociedad "centrada en el hogar": el ocio, esparcimiento, la educación y las compras se hacen cada vez más en la casa, vinculadas a la informática y al hecho de que es más barato y seguro "dentro" que "fuera". Pero lo cierto es que la sociedad de la información y neoliberal, más que estar centrada en la familia, lo está en el individuo.

    El cambio que se produce en las formas de amor y en las relaciones de pareja tiene una marca distintiva: el aumento de la soledad.

    Por otro lado, surge una familia con nuevas posibilidades, con formas más simétricas de relación en la pareja. Se trata de un replanteo del rol de la mujer, con hechos decisivos como su creciente incorporación al mercado de trabajo, el acceso a cargos y posiciones destinados anteriormente sólo a los hombres, y una mayor facilidad en el control de la natalidad, como así también un modelo de hombre más afectivo.

    La articulación familiar es amenaza por dos vías: la económica y la cultural. La primera, por un mundo laboral que quita tiempo para fortalecer las relaciones personales. El desempleo, la inestabilidad laboral, presupone pérdida de dignidad y de autoestima para los jefes de familia.

    La segunda, porque la sociedad de la información y de los medios está centrada en el individuo, en su autonomía y realización, y en la reivindicación de un relativismo que tiene como único logos la libertad personal y el éxito económico.

    En síntesis, la desocupación y el individualismo competitivo y el Estado ausente pesan sobre la familia como una gran amenaza. Se encuentran allí grandes necesidades económicas y afectivas insatisfechas y fuertes tensiones.

    B.       CONSUMISMO Y CRISIS DE SENTIDO

    En la "cultura consumista" el nuevo modelo de ciudadano se caracteriza por una orientación centrada en la adquisición de bienes, la exhibición y ostentación como elementos centrales de la identidad. Un afán de poseer y consumir que no deja tiempo para gozar plenamente de lo poseído, donde se tiende a la creación constante de necesidades ficticias pero que se presentan como impostergables.

    Así la sociedad en su conjunto tiene que repensarse sin el horizonte de la utopía, de valores sustantivos compartidos, y es en esta caída del imaginario donde la crisis de sentido se ve con más fuerza.

    El consumismo rompe la estructura de acción colectiva, fortaleciendo la acción individual y la competencia sobre la cooperación. Modifica el esquema de solidaridad vinculado al mundo del trabajo. En el individualismo competitivo cambia la relación público - privado: hay distanciamiento de la esfera pública y retirada hacia la privada.

    Los efectos de este modelo de acumulación sobre la cultura y la democracia. En el primer caso porque se ha impulsado una cultura donde los vencedores son los que ganan dinero y acumulan riqueza y entre ello, los más exitosos son los que hacen fortuna más rápido.

    En la elaboración permanentemente estimulada por los medios de una sociedad flexible basada en la información y en la estimulación de las necesidades, la sexualidad, con un fuerte énfasis en los derecho humanos y apuntando al máximo de elecciones, a la mínima austeridad y a la máxima realización del deseo. Este individualismo es distinto al del Estado liberal. Ahora también penetra en los sectores populares y también puede ser signo de aislamiento.

    El pasaje brusco de una cultura del trabajo protectiva, garantizada y estatal, a otra más flexible y mediocrática del mercado, pero sin garantías ni derechos.

    El modelo fortalece las diferencias y la propia culpabilización en una guerra discursiva en la cual los pobres se sienten responsables de su propia situación de marginalidad. Ello genera pérdida de autoestima, aumento de la inseguridad e incertidumbre hacia el futuro.

    Se observan los déficits del modelo en lo que se pensaba más exitoso del mismo: en lo económico. Porque la gente empieza a ver que la estabilidad de precios viene asociada a una fuerte inestabilidad social. Donde la desnacionalización de la propiedad de las empresas y decisiones, la creciente desigualdad y segmentación, los llevan a sentirse como "extranjeros en la propia tierra".

    C.       CRISIS DEL ESTADO-NACIóN

    La pérdida de identidades tiene que ver principalmente con la de los referentes políticos que constituyeran la sociedad, en términos tanto de las identidades políticas que configuraron el Estado de bienestar, como de la nación misma.

    Respecto de la educación en la actualidad, por un lado, se está configurando un sistema educativo que se vuelve cada vez más dual. No sólo por la presencia más importante de la educación privada y la declinación de la pública, sino porque la educación de excelencia se vuelve cara. El modelo económico genera, en la educación, diferencias cada vez más marcadas ente los que pueden acceder a los niveles superiores de calificación y los que quedan marginados.

    Esta crisis de identidad tiende a un refuerzo de lo local, asentidos de pertenencia depositados en las marcas del consumo, en los estilos de vida o en la relación con cierta geografía.

    La globalización postula una ciudadanía trasnacional. Pero, por otro lado, afirma también la pertenencia a lo local, a lo más cercano. Este fortalecimiento de lo local o subregional puede desembocar en una dinámica de "bote salvavidas", donde cada región o ciudad busca salvarse por sí solo realizando un corte con solidaridades más amplias.

    D.      RECONSTRUCCIóN DE UNA ÉTICA SOCIAL

    En la sociedad postradicional la problemática deja de ser una cuestión menor y casi privada, para convertirse en una dimensión política y reflexiva de mayor significación.

    Ética individual. Luego de un momento de transgresión asociado a los primeros años de la irrupción neoliberal, aparece de otra forma, no basada en la religión tradicional del deber, sino en la búsqueda de reglas justas y equitativas. En la era del vacío, se erosiona el sentido del "deber ser" absoluto. La sociedad del posdeber sería de una moral indolora. De satisfacción del deseo. Hedonista pero ordenada, de autonomía pero evitando los excesos. Coexiste con una vuelta del deber ser pero proviniendo de3 una fuerte presión por el éxito individual.

    Se debe adoptar una moral únicamente estratégica. Una ética individual como límite y no como principio, como plena de derechos pero sin obligaciones; es decir, "yo renuncio a nada, pero me conviene tener algunas consideraciones estratégicas". Está vinculada a la ética de la autenticidad, espontaneidad, franqueza, sinceridad, sentimiento, dejar traducir lo que verdaderamente se piensa, pero sin un compromiso social definido.

    Ética social. El valor social emergente en el mundo actual no tiene que ver con la igualdad sino con la solidaridad. Esta importancia que el valor solidaridad adquiere en la posmodernidad puede dar lugar, por su ambigüedad, a concepciones de solidaridad privada, esporádica y neofilantrópica, reforzada por medios y campañas televisivas.

    Hay una acentuación del carácter profesional de la ética laboral, de superación personal, de capacitación permanente, de hacer bien las cosas. Las corporaciones buscan ampliar y mejorar su imagen.

    Se promueve la ética como límite y no como principio, una construcción legalista, indolora, estética y à la carte, y como utilización estratégica de ésta, introyectando la cultura del instrumento, también una ética como imagen y posicionamiento empresario frente a la comunidad, a bajo costo.

    Ética pública. Esta ética está vinculada al Estado, vinculada a los problemas de corrupción, de falta de transparencia y opacidad del poder a partir del desprestigio de los políticos. Aparece una ética pública concebida como cumplimiento de reglas más que como parte de una ética más amplia.

    Y esta visión legalista se revela en los reiterados intentos del gobierno de reglamentar la Ley de Ética Pública. Se busca instaurar que se presenten las declaraciones patrimoniales de los funcionarios, los CEO de grandes empresas constructoras que ganan centenares de miles de dólares por mes mientras sus obreros mueren por falta de condiciones de seguridad. Se exclusiviza así una perspectiva legalista de la concepción de la equidad y la justicia, basada en reglas y derechos de propiedad, sin un verdadero planteo acerca de la responsabilidad de cada uno de los diversos actores en la configuración del bien común, o se pone el acento en la actuación del poder político y no en otros actores.

    Si sólo se entiende por ética el conjunto de normas que rigen el desempeño de la función pública, se excluye a los ciudadanos que no son funcionarios. En este sentido, una ética pública restringida a un reglamento de presentación de bienes aparece configurada a la medida de los empresarios.

    Se hace necesario distinguir además del derecho privado y el público (estatal), un derecho (público) social con sus reglas propias. Éste no se referiría a todo tipo de empresa, sino a aquellas cuyo poder afecta la vida de la comunidad económica política que se convierten en instituciones "cuasi públicas" con incidencia evidente sobre la vida cotidiana de los argentinos.

    -          Etica y comunicación. El mundo de los medios aparece como un campo totalmente desregulado, monopolizado y trasnacionalizado. Se requiere incluir aquí también el principio de sociedad civil, de institucionalizar una regulación social vía regulaciones antimonopolios, mediante audiencias organizadas, de consumidores y ciudadanos.

    -          Ética como reconstrucción del "nosotros". Lograr un cierto enraisamiento social e histórico de la perspectiva ético-cultural, un esquema de cooperación social implica la existencia de un "nosotros" como posibilidad de hacer viable una sociedad humana particular. Hay sociedad y en consecuencia hay esfera pública, en el sentido de una preocupación por lo común, por lo compartible, por el interés del conjunto. El "nosotros" se constituye así en la dimensión fundante de una sociedad.

    En la etapa de la globalización se requiere entonces generar algún sentido de pertenencia e identidad. Y ello tiene que ver con superar la imitación y el mero trasplante de una globalización universal y uniforme.

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