Energía nuclear, El Atomo, Energía nuclear de fisión, Aspectos tecnológicos de su producción, Existen distintos tipos de reactores nucleares, La central nuclear, Seguridad y medio ambiente, Aplicaciones de la energía nuclear, Ventajas de la energía nuclea
Energía nuclear
Energía
liberada durante la fisión o fusión de núcleos atómicos. Las cantidades de
energía que pueden obtenerse mediante procesos nucleares superan con mucho a
las que pueden lograrse mediante procesos químicos, que sólo implican las regiones
externas del átomo.
El Atomo:
El átomo está
formado por un pequeño núcleo, cargado positivamente, rodeado de electrones. El
núcleo, que contiene la mayor parte de la masa del átomo, está compuesto a su
vez de neutrones y protones, unidos por fuerzas nucleares muy intensas, mucho
mayores que las fuerzas eléctricas que ligan los electrones al núcleo. El
número másico A de un núcleo expresa
el número de nucleones (neutrones y protones) que contiene; el número atómico Z es el número de protones, partículas con
carga positiva. Los núcleos se designan como “ X; la expresión U, por ejemplo, representa el uranio 235.
La energía de
enlace de un núcleo mide la intensidad con que las fuerzas nucleares mantienen
ligados a los protones y neutrones. La energía de enlace por nucleón, es decir,
la energía necesaria para separar del núcleo un neutrón o un protón, depende
del número másico A. La curva de las energías de
enlace implica que si dos núcleos
ligeros se fusionan para formar un núcleo de mayor peso (o si un núcleo pesado
se divide en dos de menor peso, los núcleos resultantes están ligados con más
fuerza, por lo que se libera energía.
La fusión de dos
núcleos ligeros libera millones de electrovoltios. También se libera energía
nuclear cuando se induce la fisión de un núcleo pesado como el ~U mediante la
absorción de un neutrón.
Una reacción de
fisión nuclear libera una energía 10 millones de veces mayor que una reacción
química típica.
Energía nuclear de
fisión
La fisión del
uranio
El uranio tiene 92 de numero atómico y 238 de masa atómica. El
numero de sus átomos es inestable.
Cuando un neutrón golpea un núcleo de uranio, este se escinde en dos núcleos de
masa atómica media, liberando una gran cantidad de energía. Las dos mitades
también son núcleos inestables y que por tanto, se desintegran fácilmente hasta
detenerse sobre núcleos estables.
La escisión afecta casi totalmente al
uranio 235, que esta presente, en porcentaje mínimo, en el uranio 238, mezcla
de 3 isótopos (se dice que dos núcleos son isótopos cuando poseyendo el mismo
numero atómico, esto es, perteneciendo a un mismo elemento, poseen distinto
numero masico; lo que significa que, si bien ambos átomos tienen el mismo numero de protones, el
numero de neutrones tiene en su núcleo es distinto de unos casos a otros). En
la escisión del núcleo de uranio 235, se emitían neutrones que chocaban con
otros núcleos, alargando así la escisión. Se inicia de este modo una reacción
en cadena que se expande en avalancha, transformando en brevisimo tiempo la
materia en una enorme cantidad de energía. El proceso requiere menos de una
millonésima de segundo.
El fenómeno de demolición del uranio recibe el nombre de fisión
(escisión). Las sustancias escindibles y generadoras de la reacción se
denominan fisiles. El único fisil natural es el uranio 235. El uranio presente
en la naturaleza solo contiene un 0,71% de uranio 235; el resto corresponde al
isótopo no fisionable uranio 238. Existen, sin embargo, sustancias artificiales
físicas, como el uranio 233 y el plutonio 239. Las condiciones para que se
realiza la fisión son las siguientes:
-Producir
uranio 235, es decir, separarlo de los otros isótopos.
-Producir
neutrones, regularizar su velocidad y la de los neutrones liberados en la
reacción en cadenas.
Aspectos tecnológicos
de su producción
Los reactores nucleares
Son dispositivos que producen
energía térmica mediante reacciones nucleares de fisión.
El reactor nuclear más usual consta básicamente de un núcleo, en
el cual se almacena el combustible nuclear, formado por una sustancia que varía
según el tipo de reactor, pero que en todas las ocasiones contiene cierta
cantidad de materia fisionable, como puede ser el U 235. Este material, en
forma de pastilla se encuentra encerrado en unas vainas metálicas perfectamente
soldadas, que impiden cualquier fuga al exterior del material radiactivo.
El conjunto formado por las distintas vaunas de material
combustible se encuentra introducidas las denominadas barras de control,
construidas de un material que tiene la propiedad de absorber neutrones, como
el Cadmio y el Boro. Estas barras son las encargadas de mantener la reacción en
cadena al ritmo deseado.
Todo núcleo de
reactor se encuentra en una sustancia que recibe el nombre de moderador y que,
según el tipo de reactor, puede ser de agua ligera, agua pesada, grafito, etc.
Finalmente, el conjunto está rodeado de una sustancia, el refrigerante, cuya
naturaleza varía también según los distintos tipos de reactores y cuya
finalidad es transmitir el calor producido en el núcleo a los sistemas que
transformarán el mismo en electricidad, manteniendo constante al mismo tiempo la temperatura del núcleo.
Según el tipo de reactor, el refrigerante suele ser agua ligera o pesada, gas,
e incluso metal líquido en los
reactores rápidos.
El reactor comienza a funcionar cuando, generalmente mediante una
fuente externa, se introducen en su núcleo neutrones capaces de producir las
primeras fisiones. Éstas dan lugar a nuevos neutrones, que, al chocar con el
moderador, reducen su velocidad hasta el valor adecuado para fisionar los
núcleos próximos. Así comienza la reacción en cadena, de forma que cada
instante el número de neutrones existente en el núcleo va aumentando
progresivamente y con él toma el número de fisiones producidas hasta un valor
constante.
Durante todo el proceso, la reacción permanente controlada por medio de la barra de
control, encargada de absorber del núcleo los neutrones precisos para que el
número de fisiones se mantenga dentro de un
nivel prefijado, sin aumentar ni
disminuir con el tiempo. Se dice entonces que el reactor se ha hecho crítico.
Las barras de control pueden funcionar de forma manual; sin
embargo, normalmente están activadas por sistemas automáticos, que mantienen
constantemente la criticidad del reactor. Si en algún momento el número de
fisiones aumentase mucho, una serie de circuitos de control obligaría a las
barras a introducirse totalmente en el núcleo, absorbiendo de esta forma un número muy elevado de
neutrones, con lo que estaría la reacción en cadena y quedaría el reactor
apagado.
Existen distintos tipos de reactores nucleares:
Reactores de agua ligera y pesada
En el reactor de agua a presión (RAP), una versión del sistema
RAL, el refrigerante es agua a una presión de unas 150 atmósferas. El agua se
bombea a través del núcleo del reactor, donde se calienta hasta unos
325 °C. El agua sobrecalentada se bombea a su vez hasta un generador de
vapor, donde a través de intercambiadores de calor calienta un circuito
secundario de agua, que se convierte en vapor. Este vapor propulsa uno o más
generadores de turbinas que producen energía eléctrica, se condensa, y es
bombeado de nuevo al generador de vapor. El circuito secundario está aislado
del agua del núcleo del reactor, por lo que no es radiactivo. Para condensar el
vapor se emplea un tercer circuito de agua, procedente de un lago, un río o una
torre de refrigeración. La vasija presurizada de un reactor típico tiene unos
15 m de altura y 5 m de diámetro, con paredes de 25 cm de espesor. El núcleo
alberga unas 80 toneladas de óxido de uranio, contenidas en tubos delgados
resistentes a la corrosión y agrupados en haces de combustible.
En el reactor de agua en ebullición (RAE), otro tipo de RAL, el
agua de refrigeración se mantiene a una presión algo menor, por lo que hierve
dentro del núcleo. El vapor producido en la vasija presurizada del reactor se
dirige directamente al generador de turbinas, se condensa y se bombea de vuelta
al reactor. Aunque el vapor es radiactivo, no existe un intercambiador de calor
entre el reactor y la turbina, con el fin de aumentar la eficiencia. Igual que
en el RAP, el agua de refrigeración del condensador procede de una fuente
independiente, como un lago o un río.
El nivel de potencia de un reactor en funcionamiento se mide constantemente
con una serie de instrumentos térmicos, nucleares y de flujo. La producción de
energía se controla insertando o retirando del núcleo un grupo de barras de
control que absorben neutrones. La posición de estas barras determina el nivel
de potencia en el que la reacción en cadena se limita a automantenerse.
Durante el funcionamiento, e incluso después de su desconexión, un
reactor grande contiene una enorme
radiactividad. La radiación emitida por el reactor durante su
funcionamiento y por los productos de la fisión después de la desconexión se
absorbe mediante blindajes de hormigón de gran espesor situados alrededor del
reactor y del sistema primario de refrigeración. Otros sistemas de seguridad
son los sistemas de emergencia para refrigeración de éste, que impiden el
sobrecalentamiento del núcleo en caso de que no funcionen los sistemas de
refrigeración principales. En la mayoría de los países también existe un gran
edificio de contención de acero y hormigón para impedir la salida al exterior
de elementos radiactivos que pudieran escapar en caso de una fuga.
En España, la tecnología adoptada en los reactores de las
centrales nucleares es del tipo de agua ligera; sólo la central de Vandellós
tiene reactor de grafito refrigerado con CO2.
Reactores de propulsión
Para la propulsión de grandes buques de superficie, como el
portaaviones estadounidense Nimitz, se emplean reactores nucleares similares al
RAP. La tecnología básica del sistema RAP fue desarrollada por primera vez en
el programa estadounidense de reactores navales dirigido por el almirante Hyman
George Rickover. Los reactores para propulsión de submarinos suelen ser más
pequeños y emplean uranio muy enriquecido para que el núcleo pueda ser más
compacto. Estados Unidos, Gran Bretaña, Rusia y Francia disponen de submarinos
nucleares equipados con este tipo de reactores.
Estados Unidos, Alemania y Japón utilizaron durante periodos
limitados tres cargueros oceánicos experimentales con propulsión nuclear.
Aunque tuvieron éxito desde el punto de vista técnico, las condiciones
económicas y las estrictas normas portuarias obligaron a suspender dichos
proyectos. Los soviéticos construyeron el primer rompehielos nuclear, el Lenin,
para emplearlo en la limpieza de los pasos navegables del Ártico.
Reactores de
investigación
En muchos países se han construido diversos reactores nucleares de
pequeño tamaño para su empleo en formación, investigación o producción de
isótopos radiactivos. Estos reactores suelen funcionar con niveles de potencia
del orden de 1 megavatio, y es más fácil conectarlos y desconectarlos que los
reactores más grandes utilizados para la producción de energía.
Una variedad muy empleada es el llamado reactor de piscina. El
núcleo está formado por material parcial o totalmente enriquecido en uranio
235, contenido en placas de aleación de aluminio y sumergido en una gran
piscina de agua que sirve al mismo tiempo de refrigerante y de moderador.
Pueden colocarse sustancias directamente en el núcleo del reactor o cerca de
éste para ser irradiadas con neutrones. Con este reactor pueden producirse
diversos isótopos radiactivos para su empleo en medicina, investigación e
industria. También pueden extraerse neutrones del núcleo del reactor mediante
tubos de haces, para utilizarlos en experimentos.
Reactores
autorregenerativos.
Existen yacimientos de uranio, la materia prima en la que se basa
la energía nuclear, en diversas regiones del mundo. No se conoce con exactitud
sus reservas totales, que podrían ser limitadas a no ser que se empleen fuentes
de muy baja concentración, como granitos y esquistos. Un sistema ordinario de
energía nuclear tiene un periodo de vida relativamente breve debido a su muy
baja eficiencia en el uso del uranio: sólo aprovecha aproximadamente el 1% del
contenido energético del uranio.
La característica fundamental de un “reactor autorregenerativo” es
que produce más combustible del que consume. Lo consigue fomentando la
absorción de los neutrones sobrantes por un llamado material fértil. Existen
varios sistemas de reactor autorregenerativo técnicamente factibles. El que más
interés ha suscitado en todo el mundo emplea uranio 238 como material fértil.
Cuando el uranio 238 absorbe neutrones en el reactor, se convierte en un nuevo
material fisionable, el plutonio, a través de un proceso nuclear conocido como
desintegración.
Cuando
el plutonio 239 absorbe un neutrón, puede producirse su fisión, y se libera un
promedio de unos 2,8 neutrones. En un reactor en funcionamiento, uno de esos
neutrones se necesita para producir la siguiente fisión y mantener en marcha la
reacción en cadena. Una media o promedio de 0,5 neutrones se pierden por
absorción en la estructura del reactor o el refrigerante. Los restantes 1,3
neutrones pueden ser absorbidos por el uranio 238 para producir más plutonio a
través de las reacciones indicadas en la ecuación (3).
El sistema autorregenerativo a cuyo desarrollo se ha dedicado más
esfuerzo es el llamado reactor autorregenerativo rápido de metal líquido
(RARML). Para maximizar la producción de plutonio 239, la velocidad de los
neutrones que causan la fisión debe mantenerse alta, con una energía igual o
muy poco menor que la que tenían al ser liberados. El reactor no puede contener
ningún material moderador, como el agua, que pueda frenar los neutrones. El
líquido refrigerante preferido es un metal fundido como el sodio líquido. El
sodio tiene muy buenas propiedades de transferencia de calor, funde a unos
100 °C y no hierve hasta unos 900 °C. Sus principales desventajas son
su reactividad química con el aire y el agua y el elevado nivel de
radiactividad que se induce en el sodio dentro del reactor.
En
uno de los diseños para una central RARML de gran tamaño, el núcleo del reactor
está formado por miles de tubos delgados de acero inoxidable que contienen un
combustible compuesto por una mezcla de óxido de plutonio y uranio: un 15% o un
20% de plutonio 239 y el resto uranio. El núcleo está rodeado por una zona
llamada capa fértil, que contiene barras similares llenas exclusivamente de
óxido de uranio. Todo el conjunto de núcleo y capa fértil mide unos 3 m de alto
por unos 5 m de diámetro, y está montado en una gran vasija que contiene sodio
líquido que sale del reactor a unos 500 °C. Esta vasija también contiene
las bombas y los intercambiadores de calor que ayudan a eliminar calor del
núcleo. El vapor se genera en un circuito secundario de sodio, separado del
circuito de refrigeración del reactor (radiactivo) por los intercambiadores de
calor intermedios de la vasija del reactor. Todo el sistema del reactor nuclear
está situado dentro de un gran edificio de contención de acero y hormigón.
La primera central a gran escala de este tipo empleada para la
generación de electricidad, la llamada Super-Phénix, comenzó a funcionar en
Francia en 1984. En las costas del mar Caspio se ha construido una central de
escala media, para producción de energía y desalinización de agua. En Escocia
existe un prototipo de gran tamaño.
El RARML produce aproximadamente un 20% más de combustible del que
consume. En un reactor grande, a lo largo de 20 años se produce suficiente
combustible para cargar otro reactor de energía similar. En el sistema RARML se
aprovecha aproximadamente el 75% de la energía contenida en el uranio natural,
frente al 1% obtenido en el RAL.
La
central nuclear.
Las centrales nucleares más usuales constan de tres bloques
claramente diferenciados, si bien esta diferencia no implica una separación
física total.
El primer bloque es el del reactor, que se halla encerrado
herméticamente en una vasija metálica, y transforma la energía de fisión en
energía calorífica. Para lograrlo, cede el calor al agua contenida en la
vasija, que en ciertos tipos de central llega a hervir (reactores de agua en
ebullición), mientras que en otros se encuentra a la presión suficiente para
que nunca llegue a producirse tal ebullición ( reactores de agua a presión).
En cualquiera de los dos casos , el vapor de agua producido pasa
a través de un intercambiador de calor
de un circuíto independiente a un segundo bloque, en el que se encuentra las
turbinas. En éstas, el vapor genera un
movimiento de giro transformándose la energía calorífica en energía mecánica.
Este movimiento de giro se transmite mediante unos ejes al tercer bloque de la
central donde los alternadores transforman la energía mecánica en energía
eléctrica que porteriormente se transmite a la red de distribución para llegar
a nuestros hogares.
El reactor y los sistemas asociados a la producción de vapor se
encuentran situados en un edificio
estanco, denominado recinto de contención, diseñado de tal forma que es capaz
de soportar terremotos o impactos de gran potencia, como puede ser la caída de
un avión. En el interior del edificio suele haber también unas piscinas para el
almacenamiento del material irradiado, así como un conjunto de sistemas de
emergencia, que están especialmente diseñados para refrigerar el reactor en
cualquier situación de peligro.
Seguridad y medio ambiente:
Combustibles y
residuos nucleares
Los combustibles peligrosos empleados en los reactores nucleares
presentan problemas para su manejo, sobre todo en el caso de los combustibles
agotados, que deben ser almacenados o eliminados de alguna forma.
El
ciclo del combustible nuclear
Cualquier central de producción de energía eléctrica es sólo parte
de un ciclo energético global. El ciclo del combustible de uranio empleado en
los sistemas RAL es actualmente el más importante en la producción mundial de
energía nuclear, y conlleva muchas etapas. El uranio, con un contenido de
aproximadamente el 0,7% de uranio 235, se obtiene en minas subterráneas o a
cielo abierto. El mineral se concentra mediante trituración y se transporta a
una planta de conversión, donde el uranio se transforma en el gas hexafluoruro
de uranio (UF6). En una planta de enriquecimiento isotópico por difusión, el
gas se hace pasar a presión por una barrera porosa. Las moléculas que contienen
uranio 235, más ligeras, atraviesan la barrera con más facilidad que las que
contienen uranio 238. Este proceso enriquece el uranio hasta alcanzar un 3% de
uranio 235. Los residuos, o uranio agotado, contienen aproximadamente el 0,3%
de uranio 235. El producto enriquecido se lleva a una planta de fabricación de
combustible, donde el gas UF6 se convierte en óxido de uranio en polvo y
posteriormente en bloques de cerámica que se cargan en barras de combustible
resistentes a la corrosión. Estas barras se agrupan en elementos de combustible
y se transportan a la central nuclear.
Un reactor de agua a presión típico de 1.000 megavatios tiene unos
200 elementos de combustible, de los que una tercera parte se sustituye cada
año debido al agotamiento del uranio 235 y a la acumulación de productos de
fisión que absorben neutrones. Al final de su vida, el combustible es
enormemente radiactivo debido a los productos de fisión que contiene, por lo
que sigue desprendiendo una cantidad de energía considerable. El combustible
extraído se coloca en piscinas de almacenamiento llenas de agua situadas en las
instalaciones de la central, donde permanece un año o más.
Al final del periodo de enfriamiento, los elementos de combustible
agotados se envían en contenedores blindados a una instalación de
almacenamiento permanente o a una planta de reprocesamiento químico, donde se
recuperan el uranio no empleado y el plutonio 239 producido en el reactor, y se
concentran los residuos radiactivos.
El combustible agotado todavía contiene casi todo el uranio 238
original, aproximadamente un tercio del uranio 235 y parte del plutonio 239
producido en el reactor. Cuando el combustible agotado se almacena de forma
permanente, se desperdicia todo este contenido potencial de energía. Cuando el
combustible se reprocesa, el uranio se recicla en la planta de difusión, y el
plutonio 239 recuperado puede sustituir parcialmente al uranio 235 en los
nuevos elementos de combustible.
En el ciclo de combustible del RARML, el plutonio generado en el
reactor siempre se recicla para emplearlo como nuevo combustible. Los
materiales utilizados en la planta de fabricación de elementos de combustible
son uranio 238 reciclado, uranio agotado procedente de la planta de separación
isotópica y parte del plutonio 239 recuperado. No es necesario extraer uranio
adicional en las minas, puesto que las existencias actuales de las plantas de
separación podrían suministrar durante siglos a los reactores
autorregenerativos. Como estos reactores producen más plutonio 239 del que
necesitan para renovar su propio combustible, aproximadamente el 20% del
plutonio recuperado se almacena para su uso posterior en el arranque de nuevos
reactores autorregenerativos.
El paso final en cualquiera de los ciclos de combustible es el
almacenamiento a largo plazo de los residuos altamente radiactivos, que
continúan presentando peligro para los seres vivos durante miles de años.
Varias tecnologías parecen satisfactorias para el almacenamiento seguro de los
residuos, pero no se han construido instalaciones a gran escala para demostrar
el proceso. Los elementos de combustible pueden almacenarse en depósitos
blindados y vigilados hasta que se tome una decisión definitiva sobre su
destino, o pueden ser transformados en compuestos muy estables, fijados en
material cerámico o vidrio, o encapsulados en bidones de acero inoxidable y
enterrados a gran profundidad en formaciones geológicas muy estables.
Seguridad nuclear
La preocupación de la opinión pública en torno a la aceptabilidad
de la energía nuclear procedente de la fisión se debe a dos características
básicas del sistema. La primera es el elevado nivel de radiactividad que existe
en diferentes fases del ciclo nuclear, incluida la eliminación de residuos. La
segunda es el hecho de que los combustibles nucleares uranio 235 y plutonio 239
son los materiales con que se fabrican las armas nucleares.
En la década de 1950 se pensó que la energía nuclear podía ofrecer
un futuro de energía barata y abundante. La industria energética confiaba en
que la energía nuclear sustituyera a los combustibles fósiles, cada vez más
escasos, y disminuyera el coste de la electricidad. Los grupos preocupados por
la conservación de los recursos naturales preveían una reducción de la
contaminación atmosférica y de la minería a cielo abierto. La opinión pública
era en general favorable a esta nueva fuente de energía, y esperaba que el uso
de la energía nuclear pasara del terreno militar al civil. Sin embargo, después
de esta euforia inicial, crecieron las reservas en torno a la energía nuclear a
medida que se estudiaban más profundamente las cuestiones de seguridad nuclear
y proliferación de armamento. En todos los países del mundo existen grupos
opuestos a la energía nuclear, y las normas estatales se han hecho complejas y
estrictas. Suecia, por ejemplo, pretende limitar su programa a unos 10
reactores. Austria ha cancelado su programa. En cambio, Gran Bretaña, Francia,
Alemania y Japón siguen avanzando en este terreno.
El Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) es el organismo encargado de
velar en España por la seguridad nuclear y la protección radiológica. Informa
sobre la concesión o retirada de autorizaciones, inspecciona la construcción,
puesta en marcha en explotación de instalaciones nucleares o radiactivas,
participa en la confección de planes de emergencia y promociona la realización
de trabajos de investigación.
Riesgos
radiológicos
Los materiales radiactivos emiten radiación ionizante penetrante
que puede dañar los tejidos vivos. La unidad que suele emplearse para medir la
dosis de radiación equivalente en los seres humanos es el milisievert. La dosis
de radiación equivalente mide la cantidad de radiación absorbida por el
organismo, corregida según la naturaleza de la radiación puesto que los
diferentes tipos de radiación son más o menos nocivos. En el Reino Unido, cada
individuo está expuesto a unos 2,5 milisieverts anuales por la radiación de
fondo procedente de fuentes naturales. Los trabajadores de la industria nuclear
están expuestos a unos 4,5 milisieverts (aproximadamente igual que las
tripulaciones aéreas, sometidas a una exposición adicional a los rayos
cósmicos). La exposición de un individuo a 5 sieverts suele causar la muerte.
Una gran población expuesta a bajos niveles de radiación experimenta
aproximadamente un caso de cáncer adicional por cada 10 sieverts de dosis
equivalente total. Por ejemplo, si una población de 10.000 personas está
expuesta a una dosis de 10 milisieverts por individuo, la dosis total será de
100 sieverts, por lo que habrá 10 casos de cáncer debidos a la radiación
(además de los cánceres producidos por otras causas).
En la mayoría de las fases del ciclo de combustible nuclear pueden
existir riesgos radiológicos. El gas radón, radiactivo, es un contaminante
frecuente en las minas subterráneas de uranio. Las operaciones de extracción y
trituración del mineral producen grandes cantidades de material que contiene
bajas concentraciones de uranio. Estos residuos tienen que ser conservados en
fosas impermeables y cubiertos por una capa de tierra de gran espesor para
evitar su liberación indiscriminada en la biosfera.
Las plantas de enriquecimiento de uranio y de fabricación de
combustible contienen grandes cantidades de hexafluoruro de uranio (UF6), un
gas corrosivo. Sin embargo, el riesgo radiológico es menor, y las precauciones
habituales que se toman con las sustancias químicas peligrosas bastan para
garantizar la seguridad.
Sistemas de seguridad
de los reactores
Se ha dedicado una enorme atención a la seguridad de los
reactores. En un reactor en funcionamiento, la mayor fuente de radiactividad,
con diferencia, son los elementos del combustible. Una serie de barreras impide
que los productos de fisión pasen a la biosfera durante el funcionamiento
normal. El combustible está en el interior de tubos resistentes a la corrosión.
Las gruesas paredes de acero del sistema de refrigeración primario del RAP
forman una segunda barrera. El propio agua de refrigeración absorbe parte de
los isótopos biológicamente importantes, como el yodo. El edificio de acero y
hormigón supone una tercera barrera.
Durante el funcionamiento de una central nuclear, es inevitable
que se liberen algunos materiales radiactivos. La exposición total de las
personas que viven en sus proximidades suele representar un porcentaje muy bajo
de la radiación natural de fondo. Sin embargo, las principales preocupaciones
se centran en la liberación de productos radiactivos causada por accidentes en
los que se daña el combustible y fallan los dispositivos de seguridad. El
principal peligro para la integridad del combustible es un accidente de pérdida
de refrigerante, en el que el combustible resulta dañado o incluso se funde.
Los productos de fisión pasan al refrigerante, y si se rompe el sistema de
refrigeración, los productos de fisión penetran en el edificio del reactor.
Los sistemas de los reactores emplean una compleja instrumentación
para vigilar constantemente su situación y controlar los sistemas de seguridad
empleados para desconectar el reactor en circunstancias anómalas. El diseño de
los RAP incluye sistemas de seguridad de refuerzo que inyectan boro en el
refrigerante para absorber neutrones y detener la reacción en cadena, con lo
que la desconexión está aún más garantizada. En los reactores de agua ligera,
el refrigerante está sometido a una presión elevada. En caso de que se
produjera una rotura importante en una tubería, gran parte del refrigerante se
convertiría en vapor, y el núcleo dejaría de estar refrigerado. Para evitar una
pérdida total de refrigeración del núcleo, los reactores están dotados con
sistemas de emergencia para refrigeración del núcleo, que empiezan a funcionar
automáticamente en cuanto se pierde presión en el circuito primario de refrigeración.
En caso de que se produzca una fuga de vapor al edificio de contención desde
una tubería rota del circuito primario de refrigeración, se ponen en marcha
refrigeradores por aspersión para condensar el vapor y evitar un peligroso
aumento de la presión en el edificio.
Accidentes
en centrales nucleares
A pesar de las numerosas medidas de seguridad, en 1979 llegó a
producirse un accidente en el RAP de Three Mile Island, cerca de Harrisburg
(Pensilvania, EEUU). Un error de mantenimiento y una válvula defectuosa
llevaron a un accidente de pérdida de refrigerante. Cuando comenzó el
accidente, el sistema de seguridad desconectó el reactor, y el sistema de
emergencia para enfriamiento del núcleo empezó a funcionar poco tiempo después
según lo prescrito. Pero entonces, como resultado de un error humano, el
sistema de refrigeración de emergencia se desconectó, lo que provocó graves
daños en el núcleo e hizo que se liberaran productos de fisión volátiles
procedentes de la vasija del reactor. Aunque sólo una pequeña cantidad de gas
radiactivo salió del edificio de contención (lo que llevó a un ligero aumento
de los niveles de exposición en los seres humanos), los daños materiales en la
instalación fueron muy grandes, de unos 1.000 millones de dólares o más, y la
tensión psicológica a la que se vio sometida la población, especialmente las
personas que vivían cerca de la central nuclear, llegó a ser muy grave en
algunos casos.
La investigación oficial sobre el accidente citó como causas
principales del mismo un error de manejo y un diseño inadecuado de la sala de
control, y no un simple fallo del equipo. Esto llevó a la entrada en vigor de
leyes que exigían a la Comisión de Regulación Nuclear estadounidense que
adoptara normas mucho más estrictas para el diseño y la construcción de
centrales nucleares, y obligaban a las compañías eléctricas a ayudar a las
administraciones de los estados y los condados a preparar planes de emergencia
para proteger a la población en caso de que se produjera otro accidente
semejante.
Desde 1981, las cargas financieras impuestas por estas exigencias
han hecho tan difícil la construcción y el funcionamiento de nuevas centrales
nucleares que las compañías eléctricas de los estados de Washington, Ohio, New
Hampshire e Indiana se vieron obligadas a abandonar centrales parcialmente
terminadas después de gastar en ellas miles de millones de dólares. En 1988, se
calculaba que el coste acumulado para la economía estadounidense por el cierre
de esas centrales, sumado a la finalización de centrales con unos costes muy
superiores a los inicialmente previstos, ascendía nada menos que a 100.000
millones de dólares.
El 26 de abril de 1986, otro grave accidente alarmó al mundo. Uno
de los cuatro reactores nucleares soviéticos de Chernobil, a unos 130 km. al
norte de Kiev (en Ucrania), explotó y ardió. Según el informe oficial emitido
en agosto, el accidente se debió a que los operadores del reactor realizaron
unas pruebas no autorizadas. El reactor quedó fuera de control; se produjeron
dos explosiones, la tapa del reactor saltó por los aires y el núcleo se inflamó
y ardió a una temperatura de 1.500 °C. Las personas más próximas al
reactor recibieron una radiación unas 50 veces superior a la de Three Mile
Island, y una nube de lluvia radiactiva se extendió hacia el oeste. La nube
radiactiva se extendió por Escandinavia y el norte de Europa, según
descubrieron observadores suecos el 28 de abril. A diferencia de la mayoría de
los reactores de los países occidentales, el reactor de Chernobil carecía de
edificio de contención. Una estructura semejante podría haber impedido que el
material saliera del reactor. Unas 135.000 personas fueron evacuadas en un
radio de 1.600 kilómetros alrededor de la central, y más de 30 resultaron
muertas. La central fue sellada con hormigón; en 1988, sin embargo, los otros
tres reactores de Chernobil ya estaban funcionando de nuevo.
En la central de Vandellós I, situada en la provincia de Tarragona
(España), y con un reactor de tipo grafito-gas, se produjo, el 19 de octubre de
1989, un accidente que se inició por un incendio en un edificio convencional de
la central, que generó una serie sucesiva de fallos de sistemas. Pese a todo,
se consiguió llevar la central a la situación de parada segura. No se produjo
eliminación de CO2 del circuito de refrigeración, ni se produjo daño alguno a
las personas que intervinieron en el control de la central.
Reprocesamiento
del combustible
La fase de reprocesamiento del combustible plantea diversos
riesgos radiológicos. Uno de ellos es la emisión accidental de productos de
fisión en caso de que se produzca una fuga en las instalaciones químicas y los
edificios que las albergan. Otro podría ser la emisión rutinaria de niveles
bajos de gases radiactivos inertes como el xenón o el criptón. Una instalación
británica llamada THORP (acrónimo inglés de Planta Térmica de Reprocesamiento
de Óxido) ha empezado a funcionar en Sellafield, en la región de Cumbria. Esta
planta reprocesará combustible agotado de centrales británicas y extranjeras.
En Francia también se lleva a cabo este proceso, y Japón está desarrollando sus
propias plantas de reprocesamiento.
Una gran preocupación en relación con el reprocesamiento químico
es la separación de plutonio 239, un material utilizado en la fabricación de
armas nucleares. En Estados Unidos por ejemplo, no se reprocesa en la
actualidad ningún combustible por temor al uso ilegal de este producto. El
empleo de medios no tanto técnicos como políticos parece ser la mejor forma de
controlar los peligros de su desviación subrepticia —o su producción secreta—
para fabricar armas. La mejora de las medidas de seguridad en los puntos
sensibles del ciclo del combustible y el aumento de la inspección internacional
por parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) parecen las
medidas más apropiadas para controlar los peligros de la desviación de
plutonio.
Almacenamiento de residuos
El último paso del ciclo del combustible nuclear, el
almacenamiento de residuos, sigue siendo uno de los más polémicos. La cuestión
principal no es tanto el peligro actual como el peligro para las generaciones
futuras. Muchos residuos nucleares mantienen su radiactividad durante miles de
años, más allá de la duración de cualquier institución humana. La tecnología
para almacenar los residuos de forma que no planteen ningún riesgo inmediato es
relativamente simple. La dificultad estriba por una parte en tener una
confianza suficiente en que las generaciones futuras estén bien protegidas y
por otra en la decisión política sobre la forma y el lugar para almacenar estos
residuos. La mejor solución parece estar en un almacenamiento permanente, pero
con posibilidad de recuperación, en formaciones geológicas a gran profundidad.
En 1988, el gobierno de Estados Unidos eligió un lugar en el desierto de Nevada
con una gruesa sección de rocas volcánicas porosas como el primer depósito
subterráneo permanente de residuos nucleares del país. En el Reino Unido no se
ha escogido ningún lugar, aunque las investigaciones geológicas se centran en
Sellafield.
Aplicaciones de la energía nuclear:
Fines
pacíficos:
En las explosiones nucleares, la energía liberada se presenta en
forma de energía cinética de las
partículas expulsadas por el combustible. El gas radiactivo se expande muy
rápidamente en forma de energía térmica, con temperaturas del orden de millones
de grados centígrados y, finalmente, en forma de radiaciones muy penetrantes.
En la actualidad la energía nuclear se utiliza sobre todo para la producción de
energía eléctrica. Los costes son todavía elevados, pero se hallan en continua disminución gracias a los grandes
procesos tecnológicos y a la construcción
de centrales nucleares de mayores dimensiones. La reciente crisis petrolífera, como es natural, dará nuevo
impulso a la búsqueda de métodos
competitivos de utilización de la energía nuclear, ya empleada en la propulsión
naval, donde las ventajas son evidentes gracias a la elevada velocidad de
desplazamiento que con ella se obtiene.
Los reactores nucleares son de enorme utilidad en zonas aisladas,
como las tierras árticas y antárticas, de difícil acceso para la energía
hidroeléctrica y térmica . Desmontados,
se transportan fácilmente en barco o
avión y, una vez en su destino se instalan de nuevo fácilmente.
También podrían convertirse en fuente de energía para los trabajos
submarinos (extracción de sustancias alimenticias o minerales de yacimientos
marinos).
Es prometedor el empleo de la energía nuclear en la desalación del
agua del mar mediante la destilación, utilizando el calor residual de los
reactores nucleares. El agua salada, aspirada hacia el interior de una serie de
tubos, se evapora con el calor y en el fondo se deposita la salmuera. El vapor
ya desprovisto de las sales , se condensa posteriormente dentro de los tubos
refrigerantes.
Existen, así mismo, proyectos para lanzar al espacio cohetes de propulsión nuclear, más pesados que los
de combustibles químicos y concebidos para viajes cada vez más largos.
Aplicaciones
de la radiactividad en medicina y agricultura.
En el campo médico se suelen utilizar las irradiaciones con
sustancias radiactivas para destruir tejidos malignos, como los productores de
cáncer.
La acción del radio se debe a los rayos g que éste emite en grandes
cantidades en el curso de sus sucesivas desintegraciones. Su empleo es muy
arriesgado, ya que en los tejidos pueden fijarse pequeñisimas cantidades que
podrían producir lesiones irreparables. Por ello, se prefiere el empleo de su
primer descendiente, el radón, cuya vida media es sólo de pocos días y su
acción contaminante mucho menor que la
del radio. En los últimos tiempos se tiende a sustituir el radio por isótopos
radiactivos, ya que la actividad de éstos cesa pronto y disminuye, por lo tanto
el peligro de lesión.
Los radioisótopos se utilizan en diagnógticos y en terapia . El
mercurio 197, por ejemplo, es un isótopo del mercurio y es radiactivo. Tiene
mucha utilidad para radiografiar el cerebro, donde se concentra. El radiólogo,
analizando las placas obtenidas desde distintos ángulos, proporciona al
cirujano la localización exacta de los tumores cerebrales. El radioisótopo del
hierro 59, se utiliza para estudiar la formación de la sangre. Se inyecta en la
médula ósea, donde se forman las nuevas células de la sangre, cuyo curso puede
seguirse mediante las radiaciones g que emite este radioisótopo.
Menos conocida es la aplicación, cada vez más amplia, que la
radiactividad está teniendo en el campo de la agricultura. La
irradiación de ciertas plantas puede
producir mutaciones genéticas
perfectamente controladas, que modifiquen determinados aspectos
perjudiciales para las cosechas. Así, se ha conseguido que con algunos cereales sometidos a irradiación
se obtengan dos cosechas al año. Es
importante resaltar que dichas plantas no poseen ningún grado de radiactividad;
son sólo descendientes de plantas que fueron irradiadas, en las que se han
producido alteraciones genéticas favorables.
Fines
bélicos:
La bomba atómica
Es el resultado de una fisión
incontrolada de un elemento como el U 235. Ahora bien, si una muestra de éste
es pequeña, la mayor parte de neutrones que libera se escapan por su superficie sin provocar nuevas reacciones, con
lo cual no tienen lugar la reacción en cadena. Para llegar a la bomba se
requiere, pues, enriquecer el uranio en su contenido de U 235 y una vez
superada una cierta masa de éste, denominada masa crítica, la cantidad de
neutrones que escapan por las paredes ya no es suficiente para impedir la
reacción en cadena. Así, al poner en contacto dos masas subcríticas de uranio
enriquecido, de manera que en conjunto supere la masa crítica, se producirá la
reacción en cadena y la explosión. La bomba atómica se consigue manteniendo
separadas dos masas subcríticas mediante un grueso tabique captador de
neutrones, el cual , en el momento en que se tiene que provocar la explosión,
se rompe mediante un explosivo convencional.
Ventajas de la energía nuclear de
fisión.
1. Es fiable. Las centrales nucleares se han encontrado con
algunas dificultades en sus inicios,
pero en la actualidad ya están corregidas. La energía de origen nuclear vio
frenado su incremento a mediados de la década de los ochenta, debido a las
grandes inversiones que necesita y a la sensibilización de la opinión
pública mundial respecto su peligro y
contaminación, a la vez que se producía
una desaceleración de las espectativas de consumo de energía.
2. El precio del kwh es
competitivo. Si el precio de construcción de las centrales nucleares es
superior al de las centrales clásicas, por el contrario, el coste de energía
producida expresado en combustible es de menos de la mitad: la economía del
combustible compensa ampliamente el
coste de producción de las centrales nucleares.
3. Permite una seguridad de provisión. El uranio contiene gran
cantidad de energía en poco volumen. Una tonelada de combustible nuclear para
reactores de agua ordinaria corresponde a 80 000 t de hulla de buena calidad.
Sin embargo la utilización de la energía nuclear, según sus detractores,
presenta riesgos importantes.
Inconvenientes:
1. Agrava, en relación a las centrales térmicas, el problema de
evacuación del calor no transformado en electricidad. El agua de los ríos
utilizada con este fin en algunas centrales sufre un aumento de la temperatura
que destruye el equilibrio ecológico.
2. Produce grandes cantidades de residuos radiactivos, algunos de
los cuales son de larga vida. De este modo, el almacenamiento durante siglos de
estos radioelementos plantea unos problemas que siguen sin resolverse. Algunos
temen fugas de consecuencias genéticas dramáticas.
3. Finalmente, utilizando plutonio, elemento muy peligroso
empleado también en las armas nucleares, para los sobreregeneradores, se crea
la necesidad de tomar medidas de seguridad muy severas, hecho que acentúa el
carácter centralizador de este sistema de producción de energía.
ENERGÍA NUCLEAR DE FUSIÓN:
La liberación de energía nuclear puede producirse en el extremo
bajo de la curva de energías de enlace
a través de la fusión de dos núcleos ligeros en uno más pesado. La
energía irradiada por el Sol se debe a reacciones de fusión de esta clase que
se producen en su interior a gran profundidad. A las enormes presiones y
temperaturas que existen allí, los núcleos de hidrógeno se combinan a través de
una serie de reacciones y producen casi toda la energía liberada por el Sol. En
estrellas más masivas que el Sol, otras reacciones llevan al mismo resultado.
La fusión nuclear artificial se consiguió por primera vez a
principios de la década de 1930, bombardeando un blanco que contenía deuterio
(el isótopo de hidrógeno de masa 2) con deuterones (núcleos de deuterio) de
alta energía mediante un ciclotrón . Para acelerar el haz de deuterones se
necesitaba una gran cantidad de energía, de la que la mayoría aparecía como
calor en el blanco. Eso hacía que no se produjera una energía útil neta. En la
década de 1950 se produjo la primera liberación a gran escala de energía de
fusión, aunque incontrolada, en las pruebas de armas termonucleares realizadas
por Estados Unidos, la URSS, Gran Bretaña y Francia. Una liberación tan breve e
incontrolada no puede emplearse para la producción de energía eléctrica.
En las reacciones de fisión estudiadas anteriormente, el neutrón,
que no tiene carga eléctrica, puede acercarse fácilmente a un núcleo fisionable
(por ejemplo, uranio 235) y reaccionar con él. En una reacción de fusión
típica, en cambio, los dos núcleos que reaccionan tienen ambos una carga
eléctrica positiva, y antes de que puedan unirse hay que superar la repulsión
natural que ejercen entre sí, llamada repulsión de Coulomb. Esto ocurre cuando
la temperatura del gas es suficientemente alta, entre 50 y 100 millones de
grados centígrados. En un gas formado por los isótopos pesados del hidrógeno,
deuterio y tritio, a esa temperatura se produce la reacción de fusión que
libera unos 17,6 MeV por cada fusión. La energía aparece en un primer momento
como energía cinética del núcleo de helio 4 y el neutrón, pero pronto se
convierte en calor en el gas y los materiales próximos.
Si la densidad del gas es suficiente —a esas temperaturas, basta
una densidad de sólo 10-5 atmósferas, casi un vacío— el núcleo de helio 4 puede
transferir su energía al gas hidrógeno circundante, con lo que mantiene la
temperatura elevada y permite que se produzca una reacción de fusión en cadena.
En esas condiciones se dice que se ha producido la 'ignición nuclear'.
Los problemas básicos para alcanzar las condiciones para la fusión
nuclear útil son: 1) calentar el gas a temperaturas tan altas;
2) confinar una cantidad suficiente de núcleos durante un tiempo lo
bastante largo para permitir la liberación de una energía mayor que la
necesaria para calentar y confinar el gas. Un problema importante que surge
después es la captura de esta energía y su conversión en electricidad.
A temperaturas superiores a los 100.000 °C, todos los átomos
de hidrógeno están ionizados. El gas está formado por un conjunto
eléctricamente neutro de núcleos con carga positiva y electrones libres con
carga negativa. Este estado de la materia se denomina plasma.
Los materiales ordinarios no pueden contener un plasma lo
suficientemente caliente para que se produzca la fusión. El plasma se enfriaría
muy rápidamente, y las paredes del recipiente se destruirían por las altas
temperaturas. Sin embargo, como el plasma está formado por núcleos y electrones
cargados, que se mueven en espiral alrededor de líneas de campo magnético
intensas, el plasma puede contenerse en una zona de campo magnético de la forma
apropiada.
Para que un dispositivo de fusión resulte útil, la energía
producida debe ser mayor que la energía necesaria para confinar y calentar el
plasma. Para que esta condición se cumpla, el producto del tiempo de
confinamiento, t, y la densidad del plasma, n, debe superar el valor 1014.
Desde 1950 se han llevado a cabo numerosos proyectos para la
confinación magnética de plasma en Estados Unidos, la antigua Unión Soviética,
Gran Bretaña, Japón y otros países. Se han observado reacciones termonucleares,
pero el número de Lawson fue pocas veces superior a 1012. Sin embargo, uno de
los dispositivos —el tokamak, sugerido originalmente en la URSS por Ígor Tamm y
Andréi Sajárov— comenzó a arrojar resultados prometedores a principios de la
década de 1960.
La cámara de confinamiento de un tokamak tiene forma toroidal con
una sección de aproximadamente 1 m de diámetro y un diámetro total de alrededor
de 3 m. En esta cámara se establece un campo magnético toroidal de unos 5
teslas mediante grandes electroimanes. La intensidad de este campo es unas
100.000 veces mayor que la del campo magnético de la Tierra en la superficie
del planeta. Las bobinas que rodean la cámara inducen en el plasma una
corriente longitudinal de varios millones de amperios. Las líneas de campo
magnético resultantes son espirales dentro de la cámara, que confinan el
plasma.
Después de que en varios laboratorios funcionaran con éxito
tokamaks pequeños, a principios de la década de 1980 se construyeron dos
dispositivos de gran tamaño, uno en la Universidad de Princeton, en Estados
Unidos, y otro en la URSS. En el tokamak, el plasma alcanza una temperatura
elevada por el calentamiento resistivo producido por la inmensa corriente
toroidal, y en los nuevos aparatos grandes, un calentamiento adicional mediante
la inyección de haces neutrales debería producir condiciones de ignición.
Otra posible vía para obtener energía de la fusión es el
confinamiento inercial. En esta técnica, el combustible (tritio o deuterio)
está contenido en una pequeña bolita que se bombardea desde distintas
direcciones con un haz láser de pulsos. Esto provoca la implosión de la bolita y
desencadena una reacción termonuclear que causa la ignición del combustible.
Los avances en la investigación de la fusión son prometedores, pero
probablemente hagan falta décadas para desarrollar sistemas prácticos que
produzcan más energía de la que consumen. Además, las investigaciones son
sumamente costosas.
Sin embargo, en los primeros años de la década de 1990 se
realizaron algunos avances. En 1991, se generó por primera vez en la historia
una potencia signyficativa (unos 1,7 megavatios) a partir de la fusión nuclear
controlada, en el laboratorio de la Cámara Toroidal Conjunta Euro